Como lo prometido es deuda y quiero empezar bien este hermoso mes de julio, aquí les traigo el capítulo número 9, wow, pero ni yo me creo que hay escrito tanto, por cierto ¿alguien más que yo anda super emocionada por el capítulo 213? Emmm... olviden mi pregunta, creo que todos...

Como siempre agradecemos y tomo prestados a los personajes de Skip Beat! de Yoshiki Nakamura (amo a esa mujer, jaja)...


-Vamos Chitose, acéptalo disfrutas el masaje –dijo sonriendo Tsugumi.

-Si, seguro, ¿a quién podría no gustarle?

-Además, ¿no le gustan los animales? –interrogó Kaoru.

-¡No! ¡Basta! Por favor –gritó sacudiendo las piernas.

-¡Oye! Vas a lastimar a las hormigas –respondió Yumika.

-¡Basta! Por favor, no me gustan las hormigas. ¡Aiquel-san! —gritó al verlo salir a la azotea.

Cuando Nadir se acercó al grupo Natsu salió de las sombras y se encaminó hacia él con una radiante sonrisa.

-Nadir, me sorprende verte por acá.

-Veo que no pierdes el tiempo –dijo señalando hacia donde se encontraba Chitose.

-Acompáñame –dijo dirigiéndose nuevamente a la protección de la sombra que proyectaba el edificio.

-No entiendo…

-Lo sé, por ello te lo explicaré…

-¿Lo harás?

-Kaoru, luego de un masaje, ¿qué se necesita?

-Humectar la piel, por supuesto –respondió la aludida rápidamente.

-He oído que la salsa de soya… -murmuró Nadir.

-Sería una lástima para sus medias –le interrumpió Tsugumi, a lo cual las demás soltaron una carcajada.

-¡Bien! Hagan que nuestra querida Chitose reciba el tratamiento completo de nuestro spa –dijo Natsu.

Las tres llevaron casi a rastras a Chitose que lloraba tratando de librarse, hacia el interior del edificio.

-Vaya, no pensé que tú…

-Quería hablar contigo.

-Entonces, ¿qué quieres saber? –continuó Natsu sin mirarlo.

-¿Por qué haces esto?

-Si te dijera que no tengo motivos, lo hago simplemente por diversión, ¿me creerías? –interrogó batiendo coquetamente sus largas pestañas.

-Te creo –dijo suspirando.

-¿Ah, si? –preguntó ligeramente sorprendida.

-Si.

-¿Puedo preguntar el por qué?

-Porque eres –dijo acercándose y tomando firmemente su rostro, mientras lo acariciaba con el pulgar-… hermosa y endemoniadamente astuta.

Ante esas palabras Kyoko se sonrojó y Natsu no fue lo suficientemente rápida para ocultarlo ante quienes la observaban.

Nadir sonrió sugestivamente ante la reacción de ella, pero Natsu no era alguien tímida o una cobarde que huyera de situaciones como estas, así que tomó a Nadir por la corbata roja y perfectamente anudada, acercándolo más a su rostro y a escasos milímetros de sus labios, comenzó a hablar.

-¿Qué piensas de hacer un pacto con el demonio?

-Perdería mi alma, ¿qué ganaría con eso?

-Podría abrirte las puertas a cualquier posibilidad, el demonio domina este lugar.

Antes de siquiera abrir la boca para responder, un hombre calvo, de unos cuarenta años, abrió de golpe la puerta, y los señaló con unos papeles que llevaba en su mano.

-¡Ustedes dos!

-Sakai-sensei.

-¡Nada de Sakai-sensei, señorita Kitogawa!

-¿Prefiere que le llame de otra manera? –preguntó fingiendo inocencia.

-Prefiero que tú y tu "amiguito" se larguen de la azotea. Además ¿qué hacen ustedes dos tan cerca?

-¡Oh! No es lo que cree, le ayudaba a anudarla, es un estudiante extranjero, no está acostumbrado a nuestras costumbres –sonrió gentilmente, viendo momentáneamente a Nadir.

-¡Oh! Era eso –dijo bajando la voz-, pero aun así no deben estar en la azotea, los veré después de clases, les espera un entretenido castigo.

Cuando el profesor se dio la vuelta Natsu cambió de expresión, la sonrisa gentil se transformó en una gélida mirada, Nadir sonrió satisfecho.

-¿Los dominios del demonio? –susurró al oído de Natsu.

Al oír la palabra "¡Corte!", ambos se alejaron un paso ente sí, la cercanía de las escenas era abrumadora, ambos corazones latían desbocadamente, no era una escena muy íntima, pero para dos personas que no aceptaban sus sentimientos era algo que simplemente no podía ocurrir, por lo menos hasta saber el pensamiento del otro.

Si tan sólo pudieran verse con los ojos del contrario, jamás se hubieran separado, no había incomodidad, eran nervios, nervios no hacia el otro, sino de sus propios y "no correspondidos" sentimientos.

Kyoko se dirigió hacia su camerino, no podía ver a Ren en esos momentos, no con ese sonrojo tan visible y su corazón corriendo como locomotora, pero al llegar a su puerta se topó con la pequeña, dulce y oscura María.

-¡Kyoko-chan! –gritó María lanzándose a sus brazos.

-María-chan, ¿qué haces aquí?

-Vine a verte, luego de ver el primer capítulo y de ver la entrevista, no pude resistir el venir a verte.

-¿Has venido sola? –se aventuró a preguntar.

-Kotonami-san, vino conmigo, pero se fue hace unos minutos.

-Ya veo…

-Por cierto, Kyoko-chan te ves tan elegante y hermosa y malévola y dominante y… y… ¡eres genial! Por cierto, vi la escena que hiciste con Ren-san, se veían perfectos, ¡oh, Ren-san! Es todo un caballero oscuro.

Kyoko rió apagadamente, para no revelar sus pensamientos a María, ésta por su parte estaba en una profunda ensoñación en su mundo mágicamente oscuro donde su Príncipe Negro era Ren Tsuruga.

¿Quién pensaría que justamente tras ellas se encontraba parado el Príncipe Negro, el Emperador de la Noche? ¿Quién pensaría que deseaba una plática privada con Kyoko Mogami?


Si desean matarme, tiene todo el derecho, capítulo corto, en una subida vampírica (casi es media noche en mi país), pero tengo la promesa de reeditarlo, no pensaba darle ese final al capítulo, pero aun tengo trabajo y me estoy muriendo del sueño...

Nuevamente agradesco a los fieles lectores, son muy amables, agradesco especialemente a quienes se toman el tiempo de escribirme sus comentarios, sinceramente me animan a seguir, además que... bueno, me hacen mejorar si se debe hacer...

Así que nos leemos en esta semana, con la reedición, besos y abrazos.