CAPÍTULO 8
TOLERANCIA AL ALCOHOL
Wanda caminó en completo silencio luego de eso, volviendo al apartamento. Loki no rompió el mutismo tampoco, porque estaba pensando en cómo se escondería de Thor, si llegaba el caso en que venía a buscarlo. Loki tenía un hechizo permanente encima, ilustrado por las runas que rodeaban su muñeca izquierda bajo el eterno brazalete de oro. Era un encanto que nublaba la visión de Heimdall, por lo que no podía ser encontrado si él no lo permitía. Sin embargo, el guardián del Bifrost sería capaz de ver la imagen de Loki en dondequiera que fuera difundida su foto con Wanda Maximoff. Y de ahí sería fácil dar con su paradero, incluso aunque no pudiese verlo directamente.
Confiaba en sus habilidades e instintos, aunque no tanto en su magia, que parecía seguir dormida. Esperaba recobrarla para cuando fuera necesario, pero no podía depositar sus esperanzas en ella; él no confiaba en las cosas que podían fallarle, y en este momento su fiel magia lo había decepcionado.
La bruja, en cuanto entraron al apartamento, dirigió sus pasos hacia el dormitorio, dejando a Loki atrás.
—¿Qué vas a hacer? —inquirió el dios, alzando ligeramente el tono y rompiendo al fin el silencio que había durado todo el camino desde el supermercado.
—Estar sola, Loki —susurró Wanda con firmeza, sin siquiera darse la vuelta para mirarlo. Siguió su camino, y se metió en su habitación, cerrando la puerta detrás de sí.
Loki caminó hacia el baño y se lavó con cuidado la cara, quitando la sangre seca producto del golpe con el zapato en su nariz. No le dolía, pero era un desastre. En cuanto estuvo presentable, volvió sobre sus pasos, y en lugar de concederle a Wanda la privacidad que había pedido, se acercó a la puerta, la abrió en silencio y se apoyó de costado en el marco de madera, observándola.
La mujer estaba tendida de espaldas sobre el colchón, con las piernas colgando y los brazos apoyados sobre su abdomen. Tenía los ojos cerrados, los párpados apretados y la mandíbula tensa. Todo su gesto denotaba rabia y molestia. Y no era sólo eso; su cuerpo entero brillaba con hilos rojos de su magia, sus ojos cerrados tenían el tono de la misma sangre que Loki acababa de lavar de su rostro. Loki frunció ligeramente el ceño, pero se esforzó por no hacer notar su preocupación completa en su rostro.
—¿Wanda? ¿Qué te pasa?
Ella dio un leve respingo; no lo había escuchado venir, tal como él suponía.
—Nada. No sucede nada —afirmó ella, pero su voz era apenas un hilo. Loki reprimió las ganas de soltar un bufido escéptico. Ella abrió los ojos un momento para confirmar que él estaba ahí, mirándola, y luego volvió a cerrar los ojos. Loki quería leer su mente, pero para eso necesitaba hacer contacto físico, y estaban demasiado alejados uno del otro. Y de todos modos, sabía que ella no se lo tomaría bien, y no parecía el momento correcto para molestarla.
—¿Segura? —dijo, con un tono serio que hizo que ella le prestase atención—. Estabas brillando en hilos escarlatas. Incluso tus párpados cerrados estaban en una tonalidad sangre. ¿En qué pensabas?
Ella pareció dudar un momento, pero luego contestó.
—En que eres un idiota.
Loki enarcó ambas cejas, sorprendido. No se esperaba eso. Su instinto de mentiroso le dijo que esa no era la verdad, y esta vez sí soltó un bufido, separándose del marco de la puerta y avanzando hacia ella, quien seguía tendida en la cama.
—¿Ahora yo qué tengo que ver contigo? ¿De veras te crees capaz de engañarme? ¿Crees que tú, simple midgardiana, puedes engañar al Dios que ha engañado a los Dioses más grandes del Yggdrasil? Estás loca. ¿Puedo saber qué pasa, bruja patética?
Wanda lo observó sin abrir la boca, como si estuviese discutiendo consigo misma sobre si gritarle o no. Todo quedó tranquilo, inmóvil, con sus ojos unidos en una mirada fija e intensa. Loki sentía curiosidad, mucha. Él siempre quería saber, todo lo que le concerniese y también lo que no. Especialmente lo que no.
Wanda se sentó de forma brusca en la cama, cortando el silencio y la inmovilidad con una ceja alzada.
—Vamos al balcón. Tengo ganas de tomar un buen vino.
—No creo que sea buena idea —replicó el dios, dejando salir un suspiro a medias exasperado y a medias escéptico—. Estás muy rara.
—¿Por qué nunca estás de acuerdo conmigo, Laufeyson?
—Quizás porque tus ideas son una porquería.
Wanda empezó a reírse, y los labios de Loki se curvaron instintivamente hacia arriba mientras su postura rígida se distendía. De una forma extraña, y era algo que nunca admitiría en voz alta, le gustaba oírla reír. Después de lo que había visto en su mente, ella merecía reír todo lo que pudiese.
—Idiota —dijo ella.
—Patética.
Loki recibió un puñetazo en el pecho, el pequeño puño de Wanda cerrado con poca fuerza. Quiso decirle que pegaba como una niña, pero el zapato en su nariz era un recuerdo aún patente, y optó por callarse y dejar que ella siguiera riéndose todo lo que le viniera en gana.
Observó sin intervenir ni ayudar mientras Wanda buscaba el vino, dos copas, una mesa y dos sillas, y llevaba todo al balcón. A él, el alcohol midgardiano no le hacía ni cosquillas, y tampoco disfrutaba demasiado el sabor del vino; lo suyo era el hidromiel, y tal vez la cerveza. Sin embargo, no se negó, y se sentó al lado de Wanda cuando ella ocupó una de las sillas, dejando que le llenase una copa. Frente a ellos se extendía la ciudad, clara a la luz del sol de mediodía. Loki se preguntó cuándo irían a almorzar, pero decidió no sacar ese tema para no revivir las discusiones de más temprano sobre la capacidad de su estómago, así que preguntó cualquier otra cosa con tal de romper el silencio.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer en el resto de la semana?
Wanda tomó un sorbo de su vino tinto y Loki la imitó, sintiendo el sabor en su lengua. Sí, definitivamente no era su bebida favorita, y el alcohol ni se sentía.
—No lo sé. Antes de que tú llegaras a mi vida, vivía todos mis días iguales. Jamás planificaba ni una sola cosa —la bruja lo miró con más intensidad de la necesaria, y enarcó su ceja derecha—. Propongo ir a entrenar a un callejón. Sería genial desquitarme con un poco de golpes.
Loki no pudo reprimir una carcajada. De hecho, ni se esforzó por reprimirla. Alejó la copa de sus labios para evitar un desastre, y recién bebió otro sorbo cuando pudo dejar de reír.
—¿Qué vas a hacer? ¿Tirarme tus zapatos a la cara? —la burló, ladeando la cabeza y mirándola con un brillo problemático en sus ojos verdes—. Porque pegando puñetazos apestas, y probablemente tus patadas tampoco tengan mucha potencia. A menos que hables de tu magia, y ahí sabes que te estarías aprovechando porque la mía no funcio... ¡AH!
Se llevó la mano a la pantorrilla, donde el pie de Wanda acababa de golpear certeramente en el punto justo. Siseó entre dientes mirando a la bruja, quien balanceaba su pierna con una sonrisa de satisfacción mientras observaba su copa como quien no quiere la cosa.
—¿Decías? —comentó ella, mirándolo e imitando su tonito burlón.
—Te odio —espetó Loki, frotando el punto que le dolía y enderezándose luego para fulminarla con la mirada.
—¿Por qué? Soy encantadora.
—Encantadoramente imbécil.
—Ah, admitiste que soy encantadora.
—Cuando juntas "encantadora" con "imbécil", el elogio se anula, no sé si lo sabías.
Wanda se empezó a reír de nuevo, y el agraviado Loki intentó seguir enojado todo el tiempo posible, pero su cuerpo lo traicionó y sus labios volvieron a curvarse hacia arriba. La situación era tan ridícula que ni siquiera podía molestarse en serio.
—Tómate todo el vino, yo no quiero —dijo, sabiendo que sonaba como un niño encaprichado—. Y ojalá te ahogues y te mueras y dejes de molestar y todo el apartamento quede para mí solo.
—Llorón —Wanda soltó un bufido y puso los ojos en blanco. Terminó su copa y volvió a llenarla. Luego miró al dios con curiosidad—. ¿No quieres vino porque tienes miedo de embriagarte y ponerte a llorar en mi hombro?
—¡Ja! —Loki dejó salir un sonido exagerado de risa—. ¿Llorar en tu hombro? No, gracias. Y no, no tomo porque, número uno, no me gusta el sabor, y número dos, el alcohol humano no me afecta, puedo beberme todo tu vino y mi cuerpo ni siquiera va a reaccionar. ¿Quieres que lo malgaste así? Hasta hace un rato estabas lloriqueando porque el dinero no te alcanza.
—Yo no lloriqueé nada, y no te creo. Seguro que estás mintiendo para evitar embriagarte.
Loki esbozó una sonrisa ladeada, molesto a medias.
—¿Me estás proponiendo un reto?
—No espero que lo aceptes, porque eres tan estirado y aburrido que...
Loki se inclinó hacia adelante y llenó su copa de vino. De un solo trago, la vació hasta el fondo, manteniendo una expresión neutral en su rostro. Una sonrisa se formó lentamente en los labios de Wanda, al tiempo que terminaba su propia copa de la misma manera. Su gesto se torció, aunque intentó disimularlo, y Loki soltó una ligera risa.
Sin mediar palabra, ambos volvieron a llenar sus copas en sincronía e hicieron fondo blanco. De nuevo, el rostro de Loki siguió perfectamente tranquilo, mientras los labios de Wanda denotaban la incomodidad al beber tan de golpe. Loki se empezó a cansar del sabor del vino para el momento en que la botella se vació, y Wanda convocó otra con su magia sin levantarse de la silla. Ella hizo parecer como si lo hiciese por alardear, pero Loki estaba casi cien por ciento seguro de que era para ocultar el mareo y las piernas temblorosas. Podía ver que sus ojos ya empezaban a nublarse y perderse. Él, en cambio, seguía en un estado físico normal, y lo seguiría estando por muchas copas que tomara.
Cuando iban por la mitad de la segunda botella, Wanda sacó el labio inferior y frunció el ceño como una niña con una rabieta, mientras miraba a Loki con ojos compungidos.
—¿Por qué eres mucho mejor que yo bebiendo? —se quejó, mirando a la copa vacía de Loki y luego a la suya propia, a la que le quedaba la mitad de vino.
—Seamos honestos —Loki le regaló una amplia sonrisa ganadora—, soy mejor que tú en TODO.
—Punto.
—¿Acabas de estar de acuerdo conmigo? —preguntó, enarcando ambas cejas—. Definitivamente estás ebria.
—¿Y qué? —espetó ella, con un tono bravucón. Contempló su copa un poco más y luego se la terminó de un trago. Arrugó hasta la nariz, provocando una risa de parte de Loki—. Si tienes razón, ¿qué más voy a hacer? Yo apesto en todo. Apesto en beber, apesto en educación, apesto en tener éxito, apesto hasta en mandar a los idiotas a la calle cuando me los encuentro en un callejón medio muertos. Apesto. Y tú eres lo más genial en todo —hizo un gesto abarcando un mundo imaginario, exagerando el movimiento. Sí, estaba más borracha que una cuba. Loki no sabía si reírse o sentir pena—. Eres más atractivo, eres más educado, no te emborrachas, consigues que todos te sirvan, eres un príncipe y todo. ¿Qué queda para mí?
—Estás divagando, Wanda. Tienes que darte una ducha fría —dijo Loki, intentando ser cortés y no aprovecharse de la situación.
—Lo dices porque quieres verme desnuda, tú, tú —ella lo señaló con un dedo acusador, frunciendo el ceño—, tú me quieres ver desnuda en la ducha porque eres un degenerado...
—¿No acabas de decir que soy genial? ¿En qué quedamos? —cuestionó Loki, aguantando a duras penas las ganas de reír hasta quedarse sin garganta.
—Eres genial hasta en ser degenerado —contestó Wanda con simpleza, como si esa fuera la respuesta más coherente que zanjase a cuestión. Loki se mordió el interior de la mejilla con fuerza.
—Primero, te voy a meter a la ducha con ropa. Y segundo, no necesito emborracharte para verte desnuda. Puedo hacerlo cuando me dé la gana.
—¡VES! ¡LO ADMITES! ¡QUIERES VERME DESNUDA! —chilló la bruja, señalándolo y dejando su dedo a milímetros de la nariz de Loki. Él agarró su mano con firmeza y se puso de pie, levantando a Wanda con él.
—Deja de gritar cosas que igual ya sabías —dijo con un tono burlón, poniendo los ojos en blanco. Ella era un peso muerto, ni siquiera hacía un esfuerzo para caminar; el dios rodeó su cintura con un brazo y la llevó sin esfuerzo hasta el baño. La dejó sentada en la bañera y luego abrió el agua fría directamente sobre su cabeza, abriendo también apenas la caliente para que ella no se congelara.
Wanda intentó levantarse y chillar apenas la tocó el agua fría, pero las manos de Loki en sus hombros la obligaron a seguir sentada. Pronto dejó de revolverse como una lombriz, y se quedó quieta, con las manos sobre el regazo y la cabeza gacha, totalmente mojada mientras el agua caía sobre su cabello rojizo. Sus hombros se empezaron a sacudir rítmicamente y Loki tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba llorando en silencio. Se frotó el entrecejo y suspiró sentándose en el borde de la bañera. Sus mangas estaban mojadas hasta el codo por sostener a Wanda bajo la ducha, y no la había soltado, aunque ella hubiera dejado de oponerse.
—Vamos, bruja loca, ¿por qué lloras ahora? —dijo, pero a pesar de usar ese apodo, su tono era amable.
—Yo que sé —contestó ella con un hilo de voz—. Porque todo es una mierda.
Loki cerró el agua para que hubiese silencio. Una de sus manos seguía estando posada en el hombro de ella, y no la retiró.
—Cálmate, estás ebria. No piensas correctamente.
—¿Qué no? Pietro está muerto y mi vida es una porquería aburrida en la que nunca tengo nada que hacer. Y encima ahora estás tú con tus aires de grandeza y estupidez, y tu historia deprimente, y ya no sé qué hacer. Nada tiene sentido.
—Primero, sólo yo tengo derecho a decir que mi historia es deprimente —replicó Loki, bufando como gato enojado—. Y segundo, no soy estúpido. Y tercero, tu vida no es aburrida. Estar conmigo nunca es algo aburrido, tiene que ser el mejor momento de tu existencia.
Ella ni siquiera se rió. Mala señal. Loki se empezó a preocupar en serio ahora. Retiró la mano de su hombro para ir a buscar una toalla y luego volvió a su lado.
—¿Puedes secarte y cambiarte sola la ropa? ¿O necesitas que lo haga yo? —empezó con un tono irónico, tendiéndole la toalla, pero la gracia desapareció de golpe cuando Wanda lo agarró de la mano y tiró hacia ella. Loki trastabilló y logró estabilizarse antes de caer sobre la mujer. Apoyándose con una mano en la pared, fue arrastrado hasta que ella logró esconder la cara en el pecho de él, sujetándolo por el brazo sin dar señales de soltarlo. Era obvio que la bruja estaba llorando, y Loki no tenía mucha experiencia en eso. Se quedó en esa posición, incómoda para él, dejando que ella dejase caer todas las lágrimas que tenía que llorar sin interrumpirla. Cuando finalmente los hombros de ella dejaron de sacudirse, el dios se deshizo con suavidad de su agarre y le dejó la toalla en las manos.
—Te traeré ropa seca —dijo, evitándole la mirada. De pronto, la situación se había vuelto incómoda, y aunque él no hacía más que provocarla diciendo que la quería ver desnuda y demás, esta escena era demasiado íntima, demasiado personal. Dio la vuelta sobre sus talones y pasó por la puerta que comunicaba el baño con el dormitorio. Buscó en los ordenados cajones de Wanda hasta dar con una camisa y un pantalón negro. Ni siquiera abrió los cajones de ropa interior, no iba a elegir nada de eso. Entró de nuevo al baño y dejó las prendas sobre la mesita al lado de la bañera. Wanda seguía ahí, mirando la nada con la toalla en sus manos.
—Me quedaré en la sala de estar —dijo el dios. No recibió respuesta, así que se dio la vuelta y salió, cerrando la puerta detrás de sí.
