CAPÍTULO 7
NO TEMAS AL LOBO
La puerta se abrió. Los ojos de Cole se abrieron mucho, y luego se dirigieron a Jordan.
- Maldito chupasangre-gritó, antes de lanzarse sobre él.
Ambos cayeron al suelo, con Cole sobre Jordan, que no parecía querer resistirse, aunque en aquellos momentos fuera mucho más fuerte que el otro chico. Cole le dio un puñetazo en la nariz, rompiéndola y haciendo que la cabeza de él girara. Entonces, Cole agarró uno de sus hombros, y de un golpe, lo aplastó contra el suelo, haciendo que este se rompiera. Jordan no pudo evitar gruñir, pero siguió sin responder al ataque.
Y entonces, Caroline empezó a despertar.
Lo que vio en cuanto abrió los ojos la sorprendió. Siempre había tenido muy buena vista, pero no era comparable a todo lo que podía ver en aquel momento. Cualquier mota de polvo, y cualquier pequeña marca que hubiera en la madera de las vigas. También oía mucho mejor: era capaz de identificar dos respiraciones diferentes a su derecha. Pero, del mismo modo, también sentía dolor. Sentía como si su corazón estuviera ardiendo, y eso la estaba haciendo débil. Aun así, se giró con intención de descubrir quién se encontraba en aquella habitación.
La chica soltó un grito ahogado y se levantó de la cama, ignorando su dolor. Se lanzó sobre aquellos dos hombres, y separó a su hermano de Jordan, que parecía tener varias costillas fracturadas y el hombro que no estaba roto dislocado. Cole, que parecía seguir queriendo atacar a Jordan, se lanzó sobre él, sin preocuparse por la intervención de su hermana. Esta, con furia, lo agarró por el cuello de la cazadora, y lo lanzó contra la pared. Seguidamente, cogió a Jordan y lo dejó suavemente en la cama. Agarró su hombro dislocado, y lo colocó de manera correcta. Luego, se giró hacia su hermano.
Este parecía mucho más sereno, pero seguía teniendo una expresión enfadada. Cogió el pequeño bolso que su hermana traía, y, sin decir absolutamente nada, se marchó de la habitación. Caroline miró al reloj que había en la mesilla. Sólo faltaban dos horas para que tuvieran que marcharse a Seattle, y todavía no sabía qué hacer para curar a Jordan.
Nahuel se encontraba en la espaciosa suite presidencial del hotel Four Seasons de Seattle, recostado en la cama. Estaba a punto de marcharse de esa ciudad, rumbo a Brasil, dónde se encontraría con los demás miembros de su manada y dónde podría decirles la verdad sobre su naturaleza a los dos lobos Quileute que se habían llevado.
El hombre sonrió. Su plan era brillante, y pronto podría conseguir los miembros más fuertes y poderosos que una manada querría. Aquellos hombres, los Quileute, serían los licántropos más fuertes que nadie hubiera conseguido jamás; y entonces, podrían derrotar a sus enemigos. Aquellos que intentaron exterminarlos años atrás. Y casi lo lograron.
Un ruido lo sobresaltó. No era capaz de decir qué era aquel sonido, pero estaba completamente seguro de que provenía del baño de la suite. Pero él era el único que estaba alojado en aquella habitación, y varios licántropos se encargaban de que nadie anduviera siquiera por todo el pasillo de aquella planta del hotel. El chico se levantó, y se dirigió al baño. Estuviera quien estuviera, el era más fuerte. Estaba seguro de ello. Él era el mejor.
El baño estaba vacío. Nahuel frunció las cejas, y observó a su alrededor. A lo mejor se lo había imaginado. Volvió a la cama, y se tumbó, observando el techo. Repentinamente, sintió una presencia a su lado. Se giró rápidamente, y vio a una chica, tumbada, mirando al techo con expresión impasible. Era una chica guapa, que pegaba mucho en aquella habitación. Llevaba un vestido amarillo que contrastaba con su pálida piel y unos zapatos de tacón altísimo blancos. Había una cazadora de cuero blanco colgando del respaldo de una silla. Se giró hacia él, y Nahuel se sintió repentinamente inmóvil. Había algo en aquella mirada que podría conseguir que el chico se arrodillara a sus pies. La chica sonrió, como si supiera de los últimos pensamientos del chico, y como si los estuviera sopesando.
- Mi nombre es Isabella. Tu eres Nahuel, supongo-saludó la chica, sin dejar de sonreír. Se levantó, y se acercó al otro lado de la cama. La mirada de Nahuel se movió por voluntad propia hacia la chica-. Tienes algo que no te pertenece, lobito. Dámelo.
Nahuel no supo de qué hablaba la chica. Él tenía muchas cosas, pero no sabía qué podría servirle a aquella chica que él nunca había visto. En aquel momento, lo único que el licántropo sabía era que no sabía quién o qué era Isabella, como ella se había presentado; pero estaba dispuesto a darle lo que ella quisiera. Sentía verdadero pánico.
- Así que no sabes qué quiero. Es muy sencillo. Dame a los Quileute, y te dejaré en paz. Tal y como dejé a Zafrina por información sobre tu localización. La verdad, esa perra fue muy fácil de convencer.
- Yo…-empezó el chico, forzando una voz que no parecía querer salir-. No puedo dártelos. Ellos son míos ahora.
- ¿Sí?-preguntó la chica, cambiando su expresión a una no tan amistosa. Agarró el cuello de Nahuel, casi ahogándolo, y repentinamente tenía el puñal de plata en la mano-. ¿Qué te parece si utilizo este cuchillo para convencerte de que no lo son?
Sin darle tiempo a contestar, Bella clavó el cuchillo en el pecho del chico, atravesando la camiseta. Nahuel quiso gritar, pero su voz parecía haber desaparecido. La chica volvió a sonreír, aunque aquella era más bien macabra. Deslizó el cuchillo por ambas muñecas del chico, aunque no de la manera en la que este pudiera matarlo. Sólo quería hacerlo sufrir.
- Vale, vale, vale-susurró Nahuel al final. Llevaba horas siendo torturado con Bella, cuya imaginación parecía crecer con el paso del rato. Había conseguido polvo de plata, aunque Nahuel no sabía cómo, y se la iba colocando sobre las heridas que le hacía previamente con el cuchillo, haciendo la herida insoportable e incurable-. Te los entregaré. Pero quiero algo a cambio.
- No estamos negociando, pequeño lobito. O me los das, o te mato lentamente.
- Estoy seguro de que darme lo que te pido no te costará nada-dijo Nahuel, suplicando en su interior porque la chica le diera lo que él quería.
- Dime lo que quieres.
- Sé que no te costará nada. Sólo quiero que me ayudes a matar a los que intentaron exterminar a mi raza. A los Vulturi.
- Parece que tenemos un enemigo común. Te ayudaré. Ahora, llévame con los Quileute.
- ¡Bella!-gritó Jacob cuando la vio. Se acercó a ella y le dio un abrazo. Quil se quedó cerca de ellos, algo incómodo y terriblemente cansado.
Bella se giró a Nahuel, que seguía aterrorizado. Se acercó a él, y tomó su cara entre las manos. Lo miró fijamente a los ojos, y le dijo:
- Olvida que me propusiste aquel trato. Sólo aceptaste después de que te hiriera. Olvida esta conversación-se separó de él, y agarró a cada uno de los Quileute por un brazo-. Ha sido un placer hacer negocios contigo.
Finalmente, Caroline no había curado a Jordan, porque ella no tenía ni idea sobre qué hacer, y prefería esperar a ver al doctor Cullen. Sin embargo, había conseguido unos sedantes, que conseguirían disminuir el dolor. Cuando subieron al avión, varios de los pasajeros miraron curiosamente al chico dormido que se apoyaba sobre la chica. Ella les devolvía las miradas, y entonces estos se volvían, avergonzados. Caroline no era capaz de recordar cuántas veces había hecho lo mismo.
Cuando llegaron a Forks, se dirigieron rápidamente a casa de los Cullen. Allí, todos estaban reunidos, incluidos los Quileute, pensando en su siguiente movimiento en contra de Hera. Aun así, la reunión se suspendió cuando llegaron Caroline, Cole y Jordan, ya que Carlisle se llevó a Jordan a su despacho para encargarse de sus heridas y sus costillas rotas. Este, que se acababa de despertar, parecía un poco atontado, pero todos pudieron escuchar sus gritos cuando Carlisle le fue arreglando los huesos poco a poco.
Cuando volvieron a bajar, Jordan era capaz de caminar sin ayuda, pero aun así, Caroline se acercó a él y le ayudó a sentarse en uno de los sofás. Luego, se sentó junto a él. Cole también estaba sentado, pero en un sillón apartado de ellos, y los Quileute ocupaban el otro sofá. Todos los vampiros permanecían de pie.
- ¿Y ahora qué vamos a hacer?-preguntó Renesmee. Bella suspiró antes de sentarse al lado de Cole y contestar.
- Se me han acabado las ideas. Por ahora, planeo descansar por varios días. Probablemente me vaya a algún lado sola. Allí podré pensar, y cuando vuelva, se me ocurrirá alguno de mis típicos planes perfectos.
- ¿Y entonces qué hacemos aquí?-preguntó Alec, que parecía bastante a disgusto. Y sediento.
- Ponernos al día. Desearnos buenas vacaciones. Tocarnos las narices-respondió Bella, dirigiéndose solamente a Alec-. Me voy. Necesito descansar. Si alguien quiere hablar conmigo, que espere, porque no voy a hacerle caso.
New York, dos días después
El chico cayó al suelo, muerto. Un pequeño hilo de sangre permanecía en su muñeca. La chica se arrodilló rápidamente y chupó la sangre, disfrutándola como si no hubiera comido nada en años. Luego, cuando estuvo segura de que a su víctima no le quedaba una sola gota de sangre, se levantó, y se giró hacia la mujer joven que estaba acuclillada en una esquina de la habitación. Sollozaba suavemente, sabiendo que no le faltaba mucho para que aquella psicópata la matara.
- ¿Cómo te llamas?-preguntó la psicópata. La chica levantó la vista un momento para saber si su asesina estaba hablando con ella. Asumió que sí, dado que la miraba fijamente. Tenía la boca rodeada de sangre. Ella nunca había visto nada más asqueroso.
- Ashley Logan.
- Bien. ¿Tienes familia?
- Estoy casada y tengo una hija de un año.
- Qué bonito. Entonces, piensa que te estás sacrificando por ellos. Si no te mato a ti, tendré hambre, y tendré que ir en busca de ellos. Los mataré. ¿Tú quieres eso? Contesta-dijo, cuando vio que Ashley no respondía.
- No.
- Bien. Coge este cuchillo, y corta tu muñeca. No lo hagas hacia arriba. Saldrá demasiada sangre. Hazlo en horizontal, mejor.
Ashley cogió el cuchillo que su asesina le ofrecía, e hizo lo que ella le ordenaba. Cuando sintió el dolor, estuvo a punto de detenerse, pero pensó en Anna, su hija, y terminó de cortar su muñeca. Entonces, su asesina se dirigió a ella y empezó a beber su sangre.
Minutos después, la chica se levantó, dejando a Ashley muerta en el suelo. Antes de marcharse de la habitación, se giró hacia los dos cuerpos que se encontraban tirados en el suelo.
- No me he presentado. Me llamo Bella.
Hera presentía que algo no iba bien. Isabella estaba matando a demasiada gente. Y la diosa era incapaz de saber por qué. Pero tenía que averiguarlo, y de paso, llevársela con ella. Tenía que espiarla sin que ella lo supiera. Por eso, supo que necesitaba la ayuda de alguien nuevo. Alguien a quien ella no pudiera reconocer. Llamó al elegido.
Isabella era una mujer débil. Hera sabía que el elegido la seduciría, y que pronto la tendría otra vez con ella. Por fin podría cumplir su venganza. La diosa sonrió cuando vio al hermoso chico que se encontraba arrodillado frente a ella.
- Levántate, Sergei.
Aquel chico ruso de 19 años era tan guapo que Isabella caería rendida a sus pies. El chico tenía el pelo corto y oscuro, y unos hermosos ojos azules. Era alto y musculoso, y tenía una sonrisa que había enamorado a las chicas cuando él estaba vivo. Hera estaba segura de que varias de sus siervas ya estaban suspirando por aquel recién llegado con tanto potencial.
- Sé que acabas de llegar aquí, pero tengo una muy importante misión para ti. Vas a atraer a Isabella Swan a mí.
Ya he vuelto con otro capítulo... ¿qué os ha parecido? ¿Qué pensáis sobre Nahuel? Este personaje volverá a aparecer dentro de unos cuantos capítulos. ¿Qué creéis que le pasará a Bella?
Quiero agradecer a todo el que dedica un trocito de su tiempo para escribir reviews o para añadir esta historia a sus favoritos y alerts. Quiero que sepáis que de verdad lo agradezco, y que me hace muy feliz leer los e-mails que me llegan.
Aunque lo dijera en una nota que publiqué, quiero que sepáis que voy a preparar un nuevo outtake, y que vosotros podéis darme ideas sobre en quién centrarme durante ese outtake. Por favor, dadme ideas.
Espero que os haya gustado este capítulo. El siguiente se llamará: "Rehabilitación".
Nos vemos =)
