Capítulo 9_Sólo un beso más.
-Menudo aburrimiento- exclamó Blank.
Estaba tumbado boca arriba en su cama. Gabranth estaba sentado en el borde de la misma.
-¿Qué sucede, Bassalard?
-Es que me aburro, Gabranth. Llevo dos días aquí y ya estoy arto. Muy arto. Lo único que hago es comer, dormir y contar historias. Echo de menos un poco de acción.
-¿Te gustaría darme la revancha?
-Tus heridas aún no han sanado del todo. Prefiero esperar a que te recuperes.
-Ya estoy bien.
-No, no estás bien. Aún no.
-Pero...
-Nada de peros. No lo estás. Aún tienes que llevar los vendajes. Cuando puedas quitártelos, tal vez piense en tu revancha.
-Está bien.
-... Me gustaría que mis nakama de Tantalus viniesen ya... pero en fin.
-¿Y por qué no vas a buscarlos ahora?
-Porque no. Si lo hago me tomarán el pelo. Dirán cosas como "Ah, ¿Qué pasa, no puedes vivir sin nosotros?" o cosas así. Se ponen insoportables cuando quieren. Y no tengo ganas de aguantarlos.
-...En el fondo si parece que no puedes vivir sin ellos.
-Bah, olvídame.
-¿Y cuándo vas a mandar a buscarlos?
-No sé. Pero me gustaría que vinieran conmigo a Alexandría.
-¿Por qué?
-No sé. Simplemente, me apetece. Tal vez con ellos se me haga más llevadera la estancia. Además, seguro que les hace ilusión visitar el castillo sin tener que hacerlo a escondidas.
-¿Ya habéis estado en el castillo antes?
-Sip. Y nadie nos vio.
-Menudo riesgo. Si te hubieran pillado, habrían descubierto tu identidad.
-Me gusta el riesgo. Además, todo salió bien. Nadie nos vio. Somos los mejores en lo nuestro.
-... sigue sin caberme en la cabeza que un príncipe lo dejara todo atrás para volverse un vulgar ladrón.
-No un vulgar ladrón. Uno de los mejores. Además, nunca robé a nadie que no pudiera permitírselo.
-Muy al estilo Robbin Hood ¿Y nunca vinisteis a Sarmag?
-Nunca. Por lo menos yo. Ellos vinieron un par de veces. Yo siempre me escabullía. El riesgo tiene un límite incluso para mí. No soy tan idiota como para meterme de lleno en un país en el que soy la persona más buscada.
-¿Y a tus nakama de Tantalus no les pareció extraño que se les uniera un chico justo cuando había desaparecido un importante miembro de la realeza, que además encajaba con la descripción?
-Bueno, no me uní a Tantalus nada más escaparme. Pasé bastante tiempo en la aldea Dalí. Allí no llegan demasiadas noticias y cuando lo hacen, lo hacen bastante tarde. Pero cuando empezaron a llegar chismes sobre mí, desaparecí de nuevo.
-¿Y adónde fuiste?
-Al continente Olvidado. Estuve mucho tiempo en Daguerreo, como aprendiz de alquimista. Casi un año entero que estuve por ahí. Aprendí mucho y muy rápido. Aventajé con diferencia a estudiantes que llevaban más de cinco años allí. En Daguerreo estaba bastante a salvo. Es una ciudad donde nadie hace demasiadas preguntas. Mucha gente llega allí en busca de una segunda oportunidad tras haber llevado una mala vida. Claro que, como todo lo bueno, terminó. Con el tiempo, también llegaron emisarios de Sarmag a buscarme. Pero no me reconocieron.
-¿Cómo?
-Pues porque me disfracé. Me teñí el pelo de negro y me puse unas gafas falsas. Adopté un acento inventado, algo así como del norte del continente Olvidado y andaba algo encorvado. Fue bestial. No me hubieras reconocido ni tú.
-¿Y por qué no te dejaste puesto el disfraz?
-Porque era molesto. Además, cuando me uní a Tantalus, lo hubieran descubierto tarde o temprano. No se puede tratar de embaucar a un embaucador. Total, que un año y pico pasó desde mi huída, y yo seguía en Daguerreo. El caso es que cometí uno de los errores más grandes que se pueden cometer.
-¿Qué error?
-Tratar de robarle a un ladrón. Como aprendiz de alquimista, disponía de una cama y comida caliente todos los días, pero a los aprendices, por muy buenos y útiles que sean, no se les paga mucho hasta que se consolidan como verdaderos alquimistas. Y yo andaba escasito de dinero. Bastante escasito. Poca gente confiaba en un aprendiz tan joven como lo era yo, a pesar de ser bueno. Así que no me encargaban demasiados trabajos. Así que desarrollé un arte alternativo.
-No sé yo si al hurto se le puede considerar un arte.
-Créeme, es todo un arte. Las primeras veces que lo intenté no lo hice en Daguerreo. Si me pillaban podrían expulsarme del gremio. Y eso significaría adiós a mi estilo de vida. No. Aprendí a hacerlo cuando nuestro maestro nos llevaba de viaje. Entonces me quitaba el disfraz, por si acaso. Salíamos una vez al mes o cada dos meses. Lo bueno era que no nos quedábamos mucho tiempo en un mismo lugar. Un par de días o así. La primera vez me pillaron, pero me escabullí y no dieron conmigo. La segunda, casi lo hacen. A la tercera, ya era todo un experto en deslizar mi mano en bolsillos ajenos. Aprendí a diferenciar a la gente que merecía la pena de la que no y en qué bolsillos solían guardarse las cosas de más valor. Era todo un pillastre.
-¿Y a partir de tu tercera vez no te pillaron?
-Nunca. Hasta que intenté robarle a Yitán. Fue en Daguerreo. Me pareció una presa muy fácil. Era un chavalito, de más o menos mi edad. Y llevaba una bolsa de dinero colgada sin más en el cinturón. Pedía a gritos que le robaran. El caso fue que me pilló. Pero en lugar de ponerse a armar escándalo, me miró fijamente y se rió. Me dijo que aún me faltaba mucho por aprender. Entonces, noté como algo afilado se clavaba en mi costado, bajo mi capa. Me amenazó con abrirme en canal si no iba con él, y me llevó ante Bakú. Ahí empezó todo.
-Ya veo. Así que él era más fuerte que tú.
-Je. Ya le gustaría ser la mitad de lo que soy yo. Pero no podía armar escándalo, o todo se iría al garete.
-¿Y te fuiste de Daguerreo, así sin más? ¿Dejando atrás tu aprendizaje como alquimista?
-Ya sabía de sobra. Además, estaba harto de ser más pobre que las ratas. Tantalus me ofrecía un estilo de vida mil veces mejor ¿Y tú que has hecho estos ocho años?
-Bueno... no gran cosa. Cuando te fuiste, no me lo podía creer. Me eché la culpa. Pensé que debería haberte protegido mejor, que debería haberte vigilado más.
-No seas idiota. No fue culpa tuya, nunca fue culpa tuya. Si fue culpa de alguien fue solo mía, y no me arrepiento de nada. De hecho, fuiste una de las razones que me empujaban a quedarme, que me hicieron dudar, al igual que mi familia.
-... pero no fui suficiente, por lo visto...
-... Gabranth... por favor, déjalo.
-Es que es verdad. Si no fui suficiente para hacer que te quedaras es que hice algo mal.
-No hiciste nada mal. No seas idiota.
-...
-Eh, Gabranth...- se incorporó y se quedó sentado-... Gabranth, no seas así. No seas crío.
Gabranth no lo miraba. Le daba la espalda. Gateó hasta él y se sentó a su lado.
-Gabranth, mírame cuando te hablo.
A regañadientes, giró el rostro. Una pequeña lágrima se deslizaba por su mejilla.
-¿Qué te sucede, Gabranth?
Posó con suavidad una mano sobre su cara, limpiando la solitaria lágrima. Se ruborizó pero no deshizo el contacto. El lugar de eso, puso una mano sobre la de Blank. Cerró los ojos.
-¿Por qué, Gabranth?
-... es que... no sé. No debería actuar así. Es inadecuado.
-Actúa como quieras, Gabranth. Pero dime qué te pasa.
-... no puedo.
-Claro que puedes. Cuéntame lo que sea. No voy a juzgarte. Soy el último que debería juzgar a nadie.
-Déjalo, por favor. Olvídalo.
-Algo está mal. No puedo olvidarlo. ¿Qué es, Gabranth?
-No puedo... no debo...
-¿No debes qué?
-Basta, por favor.
Trató de levantarse pero Blank lo sujetó.
-Suéltame.
-No quiero. Explícate. ¿Qué es lo que no puedes ni debes hacer o decir?
-¡No! ¡Basta! ¡Te he dicho que me sueltes!
-¿Es una orden?
Gabranth forcejeó con más fuerza. Blank lo tumbó bruscamente y le sujetó las manos por encima de la cabeza, sentado sobre él.
-¿Se puede saber qué sucede contigo?
Entonces dejó de forcejear y más lágrimas asomaron a sus ojos. Procuraba no mirarlo. Entonces, algo acudió a la mente de Blank Deberías procurar no jugar demasiado con los sentimientos de Gabranth ¿Qué sentimientos? ¿De verdad no te has dado cuenta? Gabranth nunca lo admitirá, pero es cierto. Así que, por favor, no le hagas daño. Es un buen hombre. No se merece que juegues con él. ¿Sería verdad al fin y al cabo?
-Gabranth... ¿Es cierto que...
-¡Basta! ¡Basta! ¡Quiero que me sueltes ahora! ¡No tienes derecho a esto! ¡Ningún derecho! ¡Por muy de la realeza que seas!
-¿De verdad piensas que aprovecharía mi posición para algo así? Dime, ¿De verdad lo piensas? ¿Piensas que caería tan bajo?
-... No.
-¿Entonces?
-... Yo... lo siento, no puedo.
-Sólo dilo y ya está. Y te dejaré en paz. Estoy dispuesto a olvidarlo todo según vaya saliendo de tus labios. Lo prometo.
-¿De verdad tengo que decirlo? Creo que ya lo sabes.
-... Tienes razón. No debería obligarte a hacerlo. Solo te haría daño. Lo siento, he sido muy egoísta. Perdóname. Lo siento mucho.
Empezó a retirarse. Cuando tuvo libre una de sus manos, Gabranth la deslizó por la nuca de Blank y lo atrajo hacia sí. Cerró los ojos y lo besó. Fue a penas un roce. Se separó de él sin abrir los ojos todavía.
-Lo siento... sé que ha estado mal... pero...
No lo dejó acabar. Blank se abalanzó sobre él y lo besó con furia. Gabranth en un principio se quedó quieto, sin saber qué hacer. Luego, lo correspondió como pudo. Hasta que empezó a necesitar aire. Entonces agarró la camisa de Blank y tiró de ella hacia atrás, separándolos. Cogió aire a grandes bocanadas. Pensó que iba a asfixiarse.
-Esto no puede ser- dijo entre jadeos.
-¿Por qué no puede ser?
-Porque no puede. No está bien.
-Podría llegar a estarlo.
-Pero tú... no me quieres. No así.
-Me oíste ayer, ¿Verdad? Nos oíste hablar a Galbor y a mí.
-...
-Niégalo.
-...
-Lo sabía. ¿Cómo sabes que no mentía para quitarme a Galbor de encima?
-Porque lo noto. Además es obvio que quieres a otra persona.
Blank suspiró. ¿Qué si amaba a otra persona?... Aunque había tratado de desechar tales sentimientos, de enterrarlos en algún rincón profundo de sí mismo, habían acabado por salir a flote y darle una sonora bofetada, haciéndolo admitir, aunque hasta ahora no lo había dicho jamás en voz alta, que estaba enamorado.
Pues sí. Estaba enamorado. Enamorado, de Yitán.
-Aún así, te quiero mucho, Gabranth- dijo tratando de salirse por la tangente.
-Pero no me amas. No es lo mismo.
-Aunque así sea, eso no cambiará nada. Él nunca me aceptaría, Gabranth.
-¿Por qué no?
-Porque él no es así. Yitán es todo un donjuán mujeriego. ¿De verdad crees que cambiará de repente?
-¿Alguna vez se lo has dicho?
-No. Y no pienso hacerlo.
-¿Por qué no?
-Porque… es complicado. Mira, estas cosas son nuevas para mí. Nunca antes había estado enamorado, incluso me ha costado lo mío aceptar este hecho… es, por así decirlo, algo que recién me he permitido pensar… además, prefiero dejar las cosas como están a me rechace. No podría con eso, Gabranth. No podría soportar que se enfadase conmigo. Prefiero ser su amigo antes de que me aparte de si… es algo que todavía no puedo encarar correctamente, algo en lo que apenas me he permitido pensar, cuanto más hablar de ello.
-Entonces... ¿Yo qué papel juego?
-No lo sé, Gabranth. Ni siquiera he pensado en ello. Ni siquiera había pensado siquiera que esto podría pasar.
-Eso lo dice todo. Ahora, haz el favor de dejarme ir.
-No.
-¿Por qué?
-No puedo dejar las cosas así…
-Claro que puedes. De hecho, sería lo mejor. Hacer como si esta conversación no hubiera tenido lugar jamás. Volver a lo de antes.
-No puedo hacer eso, Gabranth. No ahora.
-¿Por qué no? Si continuamos con esto solo nos hará daño. A ambos.
-¿Por qué debería ser así?
-Porque es lo más lógico. No me quieres. Quieres a otra persona. Eso es suficiente para que todo salga mal.
-También podrías hacer que me olvidara de él...
-¿Cómo puedes decir algo así?
-Porque es lo que siento. Hazme olvidar, Gabranth. Haz que solo tú existas para mí. Por favor.
Volvió a besarlo de forma más profunda, más apasionadamente.
-No puedo hacerlo, Bassalard. De verdad que no puedo. No puedo hacer algo así. No puedes pedirme tanto...
-No te lo estoy pidiendo, te lo estoy suplicando. Haz que me olvide de él, Gabranth. Es un amor condenado a naufragar antes incluso de salir de puerto. Haz que todos estos sentimientos se esfumen…
-No podría soportarlo. No podría soportar la idea de ser un simple reemplazo. De que cada vez que estés conmigo pensarás en él. De que no será a mí a quien ames, si no a él. No puedo, Bassalard. Sería demasiado para mí. Me partiría el corazón.
-...
-Haremos una cosa.
-¿Qué cosa?
-Inténtalo. Declárate. Si él te rechaza, entonces... será como tú quieras. Pero solo si te rechaza.
-¿Qué? No puedo hacer algo así...
-Claro que puedes. ¿Desde cuándo eres un cobarde? Debes intentarlo por lo menos. Nunca sabrás que pudo pasar si no lo haces.
-... Es que... no sé. No sé qué decir, ni como decirlo. Además Gabranth, estoy seguro de que me rechazará...
-Pues obtén la confirmación. Solo entonces seré tuyo. No antes ni de ningún otro modo.
-¿Sabes cuales son las consecuencias de tus palabras, verdad?
-... si. Lo sé.
-... Está bien. Lo haré. Pero vete preparando, porque estoy seguro de que me va a rechazar. Y entonces...
-Eso está por ver.
-... ¿No puedes darme un pequeño aperitivo?
-No. De eso nada. Ahora déjame ir.
-...
-Bassalard, déjame ir. Si no lo haces, te odiaré.
-Tú no puedes odiarme.
-Claro que puedo. ¿Por qué no iba a poder?
-Sólo un beso más.
-¿Sólo eso?
-Sí. Y te dejo en paz.
-... está bien. Solo uno.
Blank lo besó. Fue un beso profundo y lento. Gabranth lo disfrutó tanto como le fue posible, pues era consciente de que podía ser el último beso que le diera en su vida.
