Ha tardado un poco, pero ¡Aquí está el nuevo capítulo! Muchas gracias por vuestros comentarios y por vuestra enorme paciencia.
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Tyler acompañó a Elena hacia una puerta trasera del local, donde les recogió un par de hombres musculosos y cara de pocos amigos. Tyler se sentó con la chica en los asientos traseros y, sin necesidad de indicación alguna, el conductor del coche arrancó el vehículo rumbo a un lugar desconocido para Elena.
Se dirigieron a las afueras de la ciudad, a un barrio residencial de personas adineradas, de enormes mansiones y mucha seguridad privada.
El vehículo se detuvo en la entrada de la mansión más apartada del resto y a la vez la más espectacular. El dueño de aquello tenía que ser alguien muy importante, puesto que había seguridad por todas partes.
-Vamos, Elena –le dijo Tyler a esta bajando del coche-. Nos están esperando.
Nada más entrar en el hall, la chica fue claro testigo del tipo de negocios que se llevaban a cabo en aquel lugar. Allí donde mirase había tipos muy bien vestidos acompañados por jóvenes mujeres medio desnudas, seguramente prostitutas forzadas como ella, y drogas. Muchas drogas. Todo este escaparate ilegal de sexo y drogas movía mucho dinero, dinero que se contaba en grandes cantidades. Un ejemplo de ello fue ver en otro sala a un par de hombres sentados en una mesa contando fajos de billetes como si se tratasen de caramelos. Uno de estos hombres alzó la cabeza al verles y se dirigió directamente a Elena:
-Silas te está esperando –le informó con un gruñido-. Y está deseando probarte.
-Yo tengo que regresar al club –intervino Tyler-. ¿Por qué no la lleváis vosotros con el jefe?
El hombre que había hablado antes, le hizo una señal con la cabeza a su compañero y este se levantó de mala gana, agarró a Elena del brazo bruscamente y se la llevó a la planta de arriba.
-Ya hablaremos de tarifas tú y yo cuando termines tu trabajillo con Silas –le dijo el tipo a la joven haciéndole entrar en una habitación y encerrándola allí.
Se trataba de un enorme dormitorio con una amplia cama en el centro de este. Elena no podía estar más atemorizada por el hecho de saber que, en cualquier momento, el tal Silas entraría en la habitación y la forzaría a tener relaciones sexuales con él.
Aun sabiendo que era inútil, Elena cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas que Damon acudiera en su ayuda, que la rodeara con sus protectores brazos y la sacara de allí.
Un portazo despertó a la chica de su idílica fantasía.
-Al fin tú y yo solos –dijo una voz que ella conocía muy bien, mientras el dueño de esta entraba en la habitación y cerraba con llave tras él.
Elena se quedó de piedra al ver de quién se trataba, no esperando encontrarse a esa persona allí.
-Stefan… -susurró ella con un hilo de voz por el asombro.
-No sabes la de veces que he fantaseado con este momento –prosiguió este con su discurso, ignorándole-, con probar a la chica que ha convertido mi burdel de mala muerte en algo más.
-No lo entiendo, creí que me habían enviado con Silas.
-Y así es.
-¿Tú…? ¿Tú eres Silas?
-El único e inigualable. ¿Por qué te sorprendes tanto? No creías que un mero dueño de un burdel podría ser alguien tan importante, ¿verdad? Esa es la idea, que nadie lo vea venir.
"No hay nada que los hombres teman y respeten más que aquello que no pueden ver, por eso creé la figura de Silas. Mientras él se dedica al contrabando de drogas, armas y personas, Stefan solo regenta un local donde bailan chicas.
-La imagen de Stefan no está limpia. Nos obligas a prostituirnos. Todo el mundo lo sabe.
-No hay pruebas contra mí por ese dinerito extra. Los clientes alquilan las habitaciones, vosotras les hacéis compañía libremente y sin transacción económica. Además, "trabajo" para Silas, todos le temen demasiado como para testificar en su contra.
-¿No tienes miedo de que alguien saque a la luz la verdad sobre Silas?
-Los pocos que me conocen en persona, tienen tanto dinero en sus bolsillos que no se arriesgarían a perderlo.
-¿Y qué hay de mí? Me lo has contado, podría hablar.
-¿Con quién? No pienso dejarte salir de esta mansión jamás. Ahora eres mía, preciosa. Toda mía.
-Creía que me querías para tus mejores clientes.
-Eso fue antes de que tu noviete La Farmacia se pasara de listo y te metiera en su cama sin pagar por tus servicios.
-Damon no…
-¡Calla! –le interrumpió Stefan enfurecido-. ¿Sabes la de veces que he fantaseado con follarte? Tus clientes no dejaban de hablar de lo buena que eras en la cama, de lo inocente y obediente que eras…
"Dios, me moría de ganas por follarte; pero temía que, si lo hacía, querría tenerte solo para mí. La cagada de La Farmacia fue la oportunidad perfecta para hacer aquello que siempre he querido. Así que, ya sabes a quién tienes que darle las gracias cuando acabe contigo.
Stefan comenzó a desnudarse y, tras quedarse con tan solo los bóxers, caminó hacia Elena cual pantera acechando a una gacela, y le rasgó bruscamente la blusa, dejando al descubierto la suave y fina piel de la joven. Después agarró a Elena de los brazos con tanta fuerza que esta supo que le dejaría marca, posiblemente en forma de moratón, y, sin ningún tipo de delicadeza, la tiró a la cama.
-Voy a disfrutar de esto hasta el más mínimo segundo –dijo Stefan con deseo reflejado en su voz.
Un gran alboroto comenzó a escucharse por toda la mansión: gritos, cristales rompiéndose y objetos cayendo; pero, lo que más llamó la atención de los dos que estaban en la habitación, fueron disparos.
-Pero, ¿qué coño…? –gruñó él claramente confuso.
Stefan cogió su móvil para llamar a los suyos para preguntar qué estaba ocurriendo, llamada que se vio interrumpida cuando, de una fuerte patada, la puerta de la habitación se abrió.
-¡Tú deberías estar muerto! –gritó Stefan realmente cabreado.
-Qué más quisieras tú… -respondió con chulería el recién llegado.
Damon miró a Elena, quien estaba semidesnuda sobre la cama y con lágrimas en los ojos, imagen que le rompió el corazón. Sintió tanto odio por Stefan que no pudo contener su rabia y se abalanzó sobre este para golpearle con todas sus fuerzas.
Alaric, que entró en la sala justo después de Damon, tuvo que intervenir para que este no se sobrepasase pegando al tipo.
-¡Damon, déjalo ya! –le dijo su compañero tirando de él para separarle de Stefan-. Pagará por sus crímenes, te lo prometo, pero así no.
Sabiendo que su amigo tenía razón, Damon dejó a Alaric esposando a Stefan mientras él corría a abrazar a Elena, quien se apretó con fuerza a su cuerpo y lloró de alegría, feliz de estar a salvo entre sus brazos.
-Ya pasó, Elena –le susurró el chico dulcemente-. No permitiré que nadie te vuelva a hacer daño. Yo cuidaré de ti. Lo prometo.
-Stefan es Silas –le contó ella ahora algo más calmada-. Son la misma persona.
Damon le dio un beso en la sien y se separó ligeramente para mirarla a los ojos.
-Si conseguimos demostrar eso, no volverá a ver la luz del sol en su vida –sonrió él mostrándole a la joven la placa policial que llevaba colgando del cuello.
Tras comprobar que Elena no estaba herida, Damon le puso su chaqueta del FBI para cubrir su desnudez y la rodeó con sus brazos para sacarla de allí.
-Sabía que eras de los buenos -le sonrió ella contra su cuello, acomodándose mejor contra su cuerpo para sentir la calidez de su piel.
El chico le devolvió la sonrisa y le dio un beso en la coronilla, para luego apretarla más a él por la necesidad de protegerla.
Nada más salir a la calle, un equipo médico inspeccionó a Elena, mientras el Capitán y a la vez jefe de Damon, Mikael Mikaelson, le pedía a este un informe de lo sucedido.
-Has arriesgado mucho por esa chica –le dijo el jefe a modo de reprimenda-. Podías haber echado todo a perder.
-Pero no ha sido así, hemos conseguido pruebas suficientes para desmantelar el negocio de Silas.
-Sí, eso es cierto. Pero, ¿qué hubiese ocurrido si no hubiésemos conseguido la orden de registro? ¿Hubieses entrado de igual modo a por la chica? ¿Aún sabiendas de que podrías haber acabado con el operativo?
-Voy a serle sincero, señor. Y, por eso, le diré que sí. Hubiese entrado ahí de todos modos.
-¿Por qué?
-Le prometí a Elena que no permitiría que le ocurriese algo malo. Y soy un hombre de palabra.
-Y esa palabra casi nos cuesta algo que llevamos años preparando.
Una mujer policía se acercó a ellos para informarle al Capitán que habían detenido a todos los de la casa y que un equipo estaba registrando ya la mansión para recolectar pruebas.
-Puedes retirarte, Salvatore –le dijo Mikael al chico.
-¿Qué hay de Elena? ¿A dónde la vais a llevar?
-Es una testigo, así que debería estar bajo custodia hasta que le tomemos declaración. Pero la comisaría va a estar muy abarrotada ahora con tantos detenidos, así que si no te importa…
-Me encargaré de custodiarla personalmente –asintió Damon conforme a la propuesta de su jefe-. Además, le vendrá bien descansar un poco. Hoy ha sido un día muy duro para ella.
Sin más demora, el joven policía fue donde Elena, quien estaba sentada en la parte trasera de una ambulancia siendo atendida por un paramédico.
-¿Todo bien? –le preguntó Damon al hombre.
-Tiene la tensión algo alta, pero es normal teniendo en cuenta lo sucedido. Por lo demás, está perfecta.
-¿Nos vamos entonces, Elena? –preguntó esta vez el chico dirigiéndose a la joven, sonriéndole ampliamente.
Esta, que aún llevaba puesta la chaqueta de Damon, se abrazó a él cuando este le rodeó los hombros con un brazo y le codujo hacia un coche patrulla para irse de allí de una vez por todas y alejarla de aquel oscuro mundo donde había estado los últimos años de su vida.
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La casa de Damon era muy pequeña y apenas tenía decoración, casi parecía que se acababa de mudar, pero aún así para Elena era el lugar más acogedor del mundo. Damon le ofreció a la joven tomarse una cálida ducha, le mostró dónde guardaba las toallas y le entregó ropa suya para que se cambiase después del baño.
El chico estaba en el salón, sentado en el salón con la televisión encendida, cuando Elena se reunió a este tras darse una relajante ducha.
-Te queda un poco grande –comentó él divertido al ver que le arrastraban los bajos del pantalón.
-Sí, pero me gusta –le aseguró ella, quien se sentía muy cómoda con la ropa de este.
Damon le hizo un gesto a Elena invitándola a unirse a él y esta se sentó a su lado, siendo rodeada por los brazos del chico de inmediato.
-¿Por qué te infiltraste? –le preguntó ella enterrando la cabeza en el pecho de Damon.
-Llevábamos tiempo siguiéndole la pista a Silas pero no teníamos ni una simple foto de él –le explicó este jugando con el cabello de Elena-. Hartos de esperar, mis jefes decidieron que debía infiltrarse alguien en la organización.
-¿Por qué tú? Eres muy joven y esta misión era mi peligrosa, ¿por qué no enviaron alguien con más experiencia?
-Ya te dije que yo no tenía a nadie. Por eso mismo era el tipo ideal, nada me ataba. Podía arriesgarme a todo porque no tenía que temer que hiriesen a un ser querido mío. Además así, si me pasaba algo, nadie me echaría de menos.
-Eso suena muy triste… -murmuró la chica apenada.
-Y muy paradójico también. Entré en esto porque no tenía a nadie por quien preocuparme pero, desde el primer momento que te vi, solo podía pensar en que haría lo que fuese por cuidar de ti.
Elena le dio un beso en el cuello en agradecimiento e instintivamente se pegó más contra él.
-¿Qué va a ser de mí ahora? -preguntó ella con miedo al mañana-. Sigo siendo inmigrante ilegal.
-Hay algo que podemos hacer al respecto -le dijo el chico acariciándole el cabello para tranquilizarla.
-¿El qué? -volvió a preguntar Elena ahora algo ilusionada, separándose un poco para mirarle a los ojos.
-Cásate conmigo. En cuanto te den la nacionalidad, podrás irte si quieres -se apresuró a añadir él con cierto nerviosismo en la voz.
-¿Y por qué iba a querer irme teniendo al mejor marido del universo? -sonrió ella alegremente, alzando la cabeza para unir sus labios en un romántico beso.
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El próximo capítulo será el epílogo, el punto y final de esta historia. Espero que la estéis disfrutando hasta el momento. Prometo no decepcionaros con el final.
