Aquí están de nuevo…Ya sé que Draco está celoso, irracionalmente celoso, pero es un vampiro, y no sé si su carácter posesivo como Malfoy ha mejorado o empeorado con su conversión. Un Malfoy puede ser mas celoso que un vampiro, llegado el caso!

HARRY VERSUS DRACO

Draco se sentó, ceñudo y aun emanando celos y enojo, aunque ya no estaba furioso, en la cama que se encontraba de su lado, mientras Harry permanecía de pie, tenso y triste a la vez, observando el recinto, de espaldas al vampiro. Las paredes de piedra estaban desnudas y un ventanuco enrejado daba paso al aire y la luz. Un lavamanos y un wáter, separados del resto de la estancia por un muro bajo en un rincón, y un camastro – apenas un colchón sobre un banco de piedra adosado a la pared - y unas mantas eran todo el mobiliario en su lado. Del otro lado de la sólida reja, todo era igual excepto que también había una mesa con unas sillas y unas antorchas en la pared.

Harry tenía un nudo en la garganta. Draco representaba todo su mundo ahora, y no quería enojarle, pero el vampiro estaba siendo injusto…egoísta respecto a sus necesidades. Había estado encerrado sin quejas entre los muros del castillo desde su llegada, un sitio extraño, amenazador y el moreno no estaba habituado a permanecer tanto tiempo dentro y tampoco le gustaba sentirse asustado. Su vida en la granja de sus padres discurría al aire libre, gran parte de su tiempo dedicada a ocuparse de ganados y cosechas, y además, el lobo en el adoraba correr libre por los bosques cercanos, sin rendir cuentas a nadie, siempre que sus tareas estuvieses completas.

Se sentó cabizbajo en el suelo un rato, bajo la ventana, y después, suspirando pesadamente, comenzó a desnudarse, de espaldas al vampiro, que le observaba ceñudo y terco, por el rabillo del ojo, atrayendo su atención. Su espalda cubierta de cicatrices despertó su instinto protector, sobrepasando sus celos y su enojo por el momento y Draco se serenó un poco. Ignorándole por completo, el muchacho, ahora en ropa interior, se acercó a las rejas del ventanuco y aspiró el aroma de la brisa nocturna. Faltaba poco para que saliera la luna, podía sentirlo en sus venas, y sus ojos, mezcla de verde y dorado, aunque este último iba ganando dominio, se dilataron. Aferrando los barrotes, el joven exhaló un suave quejido, y su cuerpo se tensó, tornándose rígido. Draco observaba fascinado todo el proceso, ahora lamentando haberse enfadado con el joven moreno. En pocos minutos, un chasquido anunció el inicio de la transformación, y las articulaciones de sus piernas comenzaron a cambiar y recolocarse. Su piel ligeramente dorada se cubrió de denso pelaje negro, y su rostro se deformó, convirtiéndose en un prolongado hocico. Todo el cambio ocurrió tan rápido, que Draco apenas pudo seguirlo. Donde antes el joven se aferraba a los barrotes, un lobo casi adulto, aun con el cuerpo desgarbado de un lobato, se erguía sobre sus patas traseras, el hocico apuntando a las estrellas. El pelaje relumbró bajo la luz de la luna, negro y brillante como azabache, y los ojos, verdes y llenos de fuego dorado íntimamente mezclado en ellos, le observaron por un segundo. El animal se sentó y emitió un largo aullido, que erizó la piel de Draco, triste y melancólico, lleno de dolor y agonía.

Desde fuera, otras voces contestaron su reclamo, y aunque las nerviosas orejas se removieron para escuchar, Harry no contestó al coro de aullidos que respondió a su lamento. Con pasos cuidadosos, recorrió la pared mas alejada de Draco, trepó a la cama y dedicándole una breve e intensa mirada, se enroscó sobre si mismo, cubriéndose el hocico con la cola.

Draco estaba desconcertado. Esperaba a un feroz animal, tal vez no dispuesto a atacarle, pero si agresivo, pero aquella calma y mansedumbre le habían desconcertado. Muchos licántropos no se comportaban tan equilibradamente ni con la matalobos, así que Harry seguía asombrándole. En la mesa reposaba una bandeja con cena para dos, ya que el joven vampiro no había podido probar bocado, preocupado hasta lo indecible por la nueva desaparición de Harry, su compañero. Al cabo de un rato, Draco decidió que la comida era una buena manera de intentar reconciliarse con Harry, que le ignoraba decididamente.

-¿Harry? ¿Cachorro?

Su voz era serena y tranquila, muy diferente a sus gritos de antes, pero el lobo negro no se inmutó.

-Deberías comer algo, vas a enfermarte si sigues así…

Las orejas se alzaron levemente, pero volvieron a abatirse, y los ojos verdes se cerraron con firmeza. Draco hubiera jurado que por un momento habían relucido aun más intensamente, pero no estaba seguro. Destapó uno de los platos, calientes gracias a la magia, y el aroma de la carne asada con verdura se esparció por la habitación. Nada aun. Suspiró interiormente y murmuró:

-Venga Harry…no me obligues a

El enojo anterior del muchacho regresó súbitamente. En un saltó se abalanzó contra las rejas, chocando violentamente con ellas, haciéndolas temblar, un gruñido salvaje brotando de su garganta, haciendo retroceder al sorprendido vampiro. Las fauces entreabiertas y replegadas dejaban ver una poderosa y afilada dentadura, el pelaje erizado y la cabeza inclinada hacia él hablaban de agresividad. Las mandíbulas se cerraron con un chasquido y el lobo le gruñó sordamente, recorriendo la reja con nervosismo. Después, volviéndose de espaldas y con un movimiento de rabo que no podía ser descrito más que como desairado, el lobo trepó de nuevo en el colchón, se enroscó tras unas vueltas y cerró los ojos con firmeza.

Draco suspiró pesadamente, era claro que tenían algo pendiente entre ellos y el vampiro no estaba muy seguro de cómo tratar al joven en su presente estado. Finalmente, tras un rato de silencio meditativo, optó por lo más simple, y le pidió perdón con sinceridad.

-¿Harry? No estoy seguro de que es lo que te ha molestado pero…prometo no volver a hacerlo, o al menos intentarlo. Por favor…

El lobo le ignoró, pero su respiración se detuvo un momento, como si no quisiera perderse ninguna palabra y Draco prosiguió, alentado y acerándose de nuevo a la reja.

-Siento haberte gritado antes Harry…

El vampiro bajó los ojos apesadumbrado, y su expresión se hizo compleja, mezcla de tristeza y dolor. Sus brillantes ojos plateados se apagaron y musitó:

-No tengo excusa, pero esto también es nuevo para mí, Harry. Estaba…furioso y enfadado, pero también asustado.

Una negra oreja se alzó, y los parpados fuertemente cerrados perdieron su tensión. A través de las rendijas de sus párpados apenas visibles, el lobo observó a su compañero, olfateando discretamente. "¿Qué había asustado al vampiro?" Aferrándose a los barrotes de la reja, y apoyando su frente en el duro metal, el joven rubio murmuró:

-Nunca me había sentido…celoso. Molly me entregó tu informe médico y me sorprendió ver que eres parte sirena…Las sirenas no son buenas parejas y temí…que cambiaras de opinión…

El lobo había alzado las dos orejas por completo y le miraba con la cabeza reposando sobre las patas delanteras, atento, pero inmóvil. Draco continuó suavemente, los ojos fijos en el suelo:

-No podía encontrarte, en ningún lado, y entonces…

La voz de Draco se quebró y tras un instante, el joven murmuró desalentado:

-Alguien me dijo que habías cogido tu caballo…

Alzando los ojos de plata, ahora húmedos de emoción, el vampiro murmuró con voz cargada de tristeza:

-Creí que te habías marchado Cachorro, que ya no me querías…

El lobo emitió un leve gañido, apenas audible y se relajó en su postura. "¡Como iba él a abandonarle! Draco es mi compañero!" Las lágrimas rodaron con lentitud por las mejillas de Draco, cuando este añadió, suplicante:

-No huyas de mí, por favor…Prometo ser más paciente, y no presionarte Harry, trataré con todas mis fuerzas de no enojarme, pero no me dejes…

Alzándose ligeramente y deslizándose al suelo, el lobo se arrastró sobre el vientre entre gañidos lastimeros, suplicando de la única manera posible, aproximándose a la reja sumiso. Cuando estuvo frente a Draco, le miró gimiendo suavemente y arañó los barrotes con una zarpa, arrancando ásperos sonidos al metal. El rubio se secó las lágrimas en las mangas de la túnica y se puso de rodillas frente a su compañero, y un hocico negro y húmedo se coló entre los barrotes, olfateando y gimiendo con desconsuelo. Una lengua tibia y rosada lamió las mejillas del vampiro y una tímida sonrisa iluminó el rostro el rubio vampiro.

-¿Me perdonas Cachorro?

Preguntó, acariciando la suave capa de pelo color azabache. El lobo redobló sus lengüetazos, y se dejó caer al suelo, exponiendo su vientre y garganta, doblando las patas delanteras en signo de sumisión. Draco acarició brevemente el pelaje esponjoso de su cuello y pecho y se incorporó. Se encaminó a la puerta y la abrió decidido, provocando que el lobo retrocediera hacia el baño, arrinconándose y alejándose de él. Draco le siguió, y el animal, acorralado, le gruñó sin despegarse de la pared, en advertencia. Con una sonrisa, el vampiro murmuró:

-Vamos Cachorro, no eres peligroso para mí, estoy seguro. Nunca he visto un hombre lobo tan controlado en este estado, te lo aseguro…

El lobo negro azabache que era Harry vaciló, removiéndose inquieto, pero acabó por acercarse a Draco lentamente. Al llegar junto a él, se alzó sobre sus patas traseras y apoyó las enormes zarpas en su pecho, cubriéndole a lametones el rostro mientras agitaba alegremente la cola con entusiasmo, los ojos relucientes, llenos de amor. Cuando Draco se sentó a la mesa, Harry se sentó junto a él, y Draco fue dándole porciones escogidas de su comida, mientras cenaba, hasta que estuvieron llenos.

El vampiro apartó la bandeja y se lavó las manos, atentamente observado por el lobo y cuando el rubio se sentó en la cama, Harry trepó a ella de un saltó, sentándose junto a él, disfrutando de sus suaves caricias. Le olfateó cuidadosamente, y lamió detrás de sus orejas, y en el cuello, para deleite del vampiro, que se recostó contra el cálido y peludo cuerpo.

-Te quiero Harry

Susurró en su oído el vampiro, abrazándole con fuerza. El lobo gimió suavemente, lamiéndole de nuevo la cara y el vampiro desplegó sus alas, envolviéndoles a ambos en ellas. La pelambre del lobo cosquilleó deliciosamente en sus alas, recordándole la alentadora y positiva respuesta del joven la noche anterior, y al cabo de un rato, a Draco le pareció que Harry jadeaba ligeramente. Le observó con atención, olfateando con cuidado además, y descubrió, que, en efecto, el lobo parecía estar claramente excitado. Era algo…inesperado, nunca había oído hablar de semejante reacción, pero tampoco es que hubiese mucha información sobre parejas como la suya. Y Draco reaccionó igualmente, explorando más la nueva anatomía de su amante. Después de todo, seguía siendo su amado Harry, su Cachorro, no?

Faltaba grasa y algo de músculo para terminar de rellenar aquel cuerpo, al igual que su contrapartida humana, pero el vampiro acarició cada centímetro a su alcance. Harry entrecerró los ojos cuando rascó suavemente detrás de sus orejas, pero su respiración se aceleró cuando sus manos comenzaron a deslizarse por su pecho, sus flancos y patas traseras. El vampiro no estaba seguro de si el joven aceptaría caricias más íntimas, pero insinuó un camino lento desde su amplio pecho hacia su vientre, y los jadeos se intensificaron. Sus dedos largos y finos juguetearon con la funda de piel de su miembro, ahora ligeramente expuesto, y volaron hacia sus testículos, arrancando un leve gemido a un lobo estremecido. Durante un rato, el joven vampiro le dedicó más caricias, provocando una respuesta aun más intensa y la plena erección del otro, que ahora resoplaba pesadamente, muy incómodo. Desesperado, el lobo acabó por incorporarse y alejarse un poco, para sentarse de nuevo y lamerse el hinchado miembro, irritado y reseco por la exposición. Después de todo, su anatomía no estaba realmente preparada para caricias como aquellas. Los lengüetazos aliviaron algo la molestia, aunque no aplacaron su deseo y toda la situación le hizo sentirse profundamente avergonzado. Especialmente cuando los ojos de su compañero le contemplaban con ojos llenos de deseo, y su aroma era claramente sensual. Una idea surgió en su mente, descabellada, pero que le hizo mirar con ojos curiosos al vampiro, ladeando ligeramente la cabeza.

Se levantó y avanzó de nuevo hacia él, pero esta vez, olfateó con su negro hocico la entrepierna de Draco, bastante ruidosamente, y atreviéndose a tocarle con la húmeda trufa por encima de las ropas al ver la sonrisa y el brillo de los ojos del rubio. Tras masajearle un poco, notando bajo la ropa la erección del vampiro, gruñó levemente y enganchó con los dientes muy delicadamente la ropa, tironeando un poco, expectante y moviendo abiertamente la cola de lado a lado con suavidad. Draco le entendió perfectamente y se apresuró a descubrirse, sin recelo alguno.

La noche anterior Harry había reaccionado con miedo ante la idea de un Draco desnudo, pero ahora, era él el que lo había demandado. Draco le vio sentarse observando atentamente mientras se deshacía de sus pantalones, camisa y finalmente sus bóxers. Harry no había visto mas cuerpos masculinos desnudos, pero el de Draco le pareció perfecto. Su miembro rígido, suave y de buen tamaño, emergía orgulloso y sonrosado, envuelto en un nido de rizos dorados. El frío hocico resopló, arrojando aire cálido y húmedo sobre él, y suavemente lo rozó, deslizándose hasta hundirse en su escroto, olfateando una y otra vez, arrancando un gemido al rubio. El lobo comenzó a lamer, lenta y cuidadosamente tan delicada zona, dejando que sus instintos trabajasen por él, arrancándole gemidos cada vez más intensos a su rubio y vampírico amante. El líquido seminal, salado y trasparente, le hizo redoblar los esfuerzos, y al cabo de pocos minutos, el vampiro sucumbió a las sensaciones, y se corrió ahogando un grito, aferrado a su pelaje, mientras el lobo lamía intensamente su glande.

El lobo limpio cuidadosamente hasta la última gota de semen derramado, relamiéndose golosamente. Estaba complacido, aunque muy acalorado, y el lobo se giró para lamerse de nuevo. Esta vez, su compañero le interrumpió suavemente y le empujó, incitándole a tumbarse con suavidad. Acarició su miembro, intensamente rosado y turgente, con sus manos. Las caricias le hicieron gemir, agitando las patas, y pronto, su propia eyaculación comenzó a brotar. Al estar en su forma lobuna, el proceso era más lento, y su erección congestionada mantuvo ocupado al vampiro durante largo rato.

Ahora relajado, el lobo se limpio a si mismo cuidadosamente y lamió las manos de su pareja, hasta estar satisfecho con ellas también. Con un hondo suspiro, dejó reposar su cabeza en el regazo del joven y colocó una zarpa posesiva sobre sus piernas. Cansados, se relajaron y prepararon para dormir, mientras las alas de Draco les envolvían protectoramente a ambos.

Cuando el rubio vampiro despertó a la mañana siguiente, aun muy temprano, de madrugada, volvió a asombrarse de haber pasado la noche con su amante y de todo lo que habían hecho juntos, pese a la timidez del muchacho. El lobo de color azabache reposaba junto a él, su cabeza sobre su brazo, y su lomo tendido junto a su costado, totalmente dormido. Con un temblor, la figura comenzó a desdibujarse, y lentamente, la figura desnuda de Harry lo reemplazó entre sus fuertes brazos con suavidad.

La piel del muchacho relucía, ahora intacta de señales y cicatrices, y Draco la recorrió sutilmente con las yemas de los dedos, arrancándole un murmullo incoherente al joven dormido. Sonriendo, se abrazó a él estrechamente, y sintió su calor, su suavidad y dándole un breve beso en la nuca, cerró los ojos de nuevo, sorprendido de la suavidad de su transformación, ya que el joven ni se había quejado y continuó durmiendo plácidamente.