"Lo que necesito para sobrevivir no es el fuego de Gale, encendido por la rabia y el odio. Lo que necesito es el diente de león en la primavera… y sólo Peeta puede darme eso." – Sinsajo.
"Tengo que recordarme que Gale está en el 2 con un trabajo lujoso, probablemente besando otro par de labios". - Sinsajo
Capitulo nueve – falsas sensaciones
Regresan al apartamento a última hora de la tarde.
"No sé tú", dice Gale, lanzando las llaves al recipiente del mueble junto a la puerta. "Pero es casi la hora de cenar, así que…".
Katniss camina a través de la sala de estar cuando su estómago comienza a rugir. Mueve las manos hacia su tripa instintivamente y levanta la vista a Gale.
Gale sonríe con aire de suficiencia y avanza hacia la cocina. "El mío siente lo mismo".
Ella no cree que sus mejillas se hayan enrojecido, pero siente calor en el cuello, y mira hacia abajo a su estómago. Gale espera expectante a que le siga, ella suspira, y se permite seguirlo.
Él abre la nevera una vez que están dentro."Ya que no te agradan mis opciones…", dice detrás de la puerta. "Te dejaré decidir esta vez. ¿Qué te apetece?. Tengo pollo y – ".
"Eso está bien".
Gale asoma por encima de la puerta para verla. "¿Vas a comértelo?".
"Sí, voy a comérmelo".
"También tengo bistec".
"El pollo está bien".
Gale mete la mano en la nevera. "Muy bien. ¿Te gusta cocinado con…?"
"Preferiblemente cocinado"
Gale se ríe, coloca la carne congelada sobre la encimera y se agacha para coger una sartén del armario inferior.
"Da igual. Ya se me ocurrirá algo", dice, de vuelta a la nevera para coger algo más.
Katniss sale una vez que él empieza a estar ocupado. Va a su habitación. Se sienta en la cama, saca el diario del bolso y busca una pluma perdida en la parte inferior del mismo. Lo abre por una página al azar, dejándose caer sobre las almohadas. Lo observa durante unos instantes, toma aire, y pone la punta de la pluma sobre la página en blanco. No entiende por qué es tan difícil escribir. Vuelve a la página con las tres líneas que había escrito anteriormente, coloca la pluma debajo de la última. Tarda un rato hasta que la pluma deja de resistirse contra el papel.
Lo aparta a un lado de la cama una vez que termina, mirando el techo e inhalando los olores que se filtran a través de la puerta abierta de la cocina. No le gusta admitirlo, pero su estómago se encoge. Está demasiado acostumbrada a no pasar hambre – sobre todo por culpa de Peeta, que se asegura de que coma en cada una de las comidas. Es la primera vez desde la Guerra que se ha saltado alguna.
El timbre suena un segundo después. Katniss escucha las botas de Gale caminar hacia la puerta, deteniéndose para abrirla.
"Reeva", le escucha decir. Su tono no oculta la sorpresa.
"Hola", contesta ella. "Iba a llamar, pero acabo de salir de la oficina y tu apartamento está de camino a casa… ".
"Um", escucha a Gale dudar. "No, está bien… estaba muy ocupado hoy. Todavía tengo que terminar papeleo antes de mañana, así que – ".
"¿Y estás haciendo la cena?", dice Reeva. Katniss la imagina levantando una ceja. "¿Cuándo fue la última vez que cocinaste para ti mismo?".
Gale está callado por unos segundos. "Necesitaba un descanso", explica con suavidad. "No tenía ganas de pedir que la trajeran".
"Hmm", murmura ella. "Bueno, se me ocurre algo para relajarte".
Gale se ríe. "Es un poco pronto".
"Gale, es domingo", le dice un poco más persuasiva.
Gale se mantiene de nuevo en silencio unos segundos. "¿Qué tal si termino con la cena, trabajo en algunos papeles más, y después voy a tu casa?".
"Yo podría ayudarte con tus papeles".
"Ambos sabemos que eso no es cierto"
"¿Te distraería demasiado?"
"… un poco".
"Hmm…".
Katniss se descubre a sí misma en el pasillo, caminando sigilosamente hacia la puerta que conduce a la sala de estar. No está segura de por qué pero cree, por la manera en que él se comporta, que su novia no sabe que ella está viviendo allí. Se desliza hacia la apertura y echa un ligero vistazo a través de la esquina.
Están en el interior de la sala, cerca del reposabrazos de sofá. Reeva está impulsándose ligeramente por encima de los tacones, sus antebrazos descansan sobre de los hombros de Gale y presiona con dulzura los labios contra los de él. Él tiene una mano elevando suavemente su barbilla, los dedos rozándole la garganta, la otra mano perdida en sus caderas.
Katniss no ha pensado en eso desde hace mucho, mucho tiempo. Nunca ha querido pensar en eso. Ya no es algo relevante, sin embargo se pregunta cómo se sentirá Reeva; con sus manos lascivas y sus cálidos labios sobre ella. Si es que siente algo. Recuerda no ser capaz de saber lo que sentía aquella vez, en la salida del bosque, cuando atrapó su cara y la besó. Lo que se sintió obligada a sentir más tarde, cuando decidió quedarse junto a él.
En comparación con el calor que siente con Peeta, no cree haber sentido nada. Aunque por los sonidos que hace Reeva, Katniss supone que ella sí que lo hace.
Las manos de Reeva se mueven hacia el pelo de Gale cuando la mano de Gale la empuja con más fuerza contra él. Su otra mano se desliza desde su barbilla a la parte de atrás de su nuca, sus dedos se enredan entre el pelo rojizo. Su beso lento comienza a acelerarse, se vuelve más necesitado, más apasionado, más codicioso por el deseo.
Una mano de Reeva comienza a arrastrarse por debajo de la camisa de Gale alcanzando el botón de sus vaqueros, y Katniss se desplaza rápidamente de nuevo al pasillo, presionando la espalda contra la pared. Exhala y cierra fuertemente los ojos, tratando de olvidar la escena que sucede a pocos metros. Luego se da prisa en regresar a la tranquilidad de su cuarto.
Su mente se pregunta apresuradamente por los besos de Peeta. Piensa en cómo siempre son lentos y dulces. Pueden ser apasionados, pero nunca tempestuosos o agresivos. Siempre son suaves, y agradables, y siempre hay algo quemándose lentamente en la boca de su estómago. Recuerda cuanto tiempo le llevo sentir ese calor; enamorarse de él y reconocer que se había enamorado. Sus besos no son una obligación sino algo que necesita para sentirse segura.
Los besos de Gale y Reeva son todo lo que los de Peeta no son.
Después escucha Gale balbucear: "Reeva, para. No puedo en este momento".
Katniss frena en seco a la entrada de su habitación, sus dedos se agarran al marco de la puerta.
"Gale", escucha decir a Reeva con voz acaramelada.
"Más tarde", Gale insiste. "Te lo prometo".
Gale y todas sus promesas – piensa, preguntándose si será capaz de mantenerlas.
"Te necesito", continúa ella. Su voz parece urgente. "Paylor nunca te presiona para que tengas hechos todos los deberes".
"Sólo porque suelo hacerlos a tiempo. Te llamare está noche, ¿vale?".
Reeva termina con un escueto 'ok', y pasan unos minutos hasta que Katniss oye como la puerta se abre y se cierra de nuevo. Gale suspira en voz alta y sus botas hacen el camino de regreso a la cocina.
Katniss se empuja dentro de su habitación tratando de no hacer ruido al cerrar la puerta. No sabe por qué está tan sorprendida por el autocontrol de Gale. No sabe por qué está… furiosa. No cree que le haya hecho eso a su novia sólo porque ella está allí. No pensó que no fuera a decirle a su novia que ella estaba viviendo temporalmente con él en su apartamento.
En cualquier caso, no debería suponer un problema. Son sus decisiones. A ella no le importa lo que él decida hacer.
Gale llama a su puerta veinte minutos más tarde para comunicar que la cena está lista.
Katniss se sirve un plato, igual que hizo la noche anterior, y aunque duda ligeramente cuando ve el lugar vacio en la mesa, camina a su cuarto.
Más tarde se da cuenta de que está esperando escuchar como él deja el apartamento, o escuchar su llamada a Reeva. Pero se queda dormida oyendo el sonido del agua – fría – a través de la puerta del baño, sin que ninguna de las dos cosas haya llegado a suceder.
Las seis y media llegan rápido la mañana siguiente. Katniss odia despertarse tan temprano pero parece que no puede evitarlo. Cuando consiguió acostumbrarse a las rutinas de Peeta, se convirtieron también en las suyas, y aún cuando le gusta hacerlo en casa, en el Distrito 12, desearía no tener esas mismas rutinas allí. Quiere que pertenezcan exclusivamente al 12.
Se queda en su cama un rato más, sólo para sentir la agudeza del silencio, y no conseguir dormir en absoluto. Se imagina que Gale se ha ido de nuevo. La puerta que conecta su dormitorio con el cuarto de baño está abierta, igual que el día anterior. Está tratando de construir sus propias rutinas: darse una ducha, y lavarse los dientes para después encender el televisor, y ver las predicciones meteorológicas desde el sofá de la sala de estar hasta que él vuelva de… de lo que sea que hace.
Cuando él camina a través de la puerta esta vez, su respiración es pesada y tiene la camiseta completamente pegada al cuerpo por el sudor. Katniss se le queda mirando mientras él levanta la parte inferior para secarse la cara. La acción deja entrever su estomago.
"Hey", dice sin aliento, dirigiéndose al baño y saliendo con una toalla en la mano. "Había olvidado la toalla hoy", explica en respuesta a su mirada confusa.
"¿Qué haces por las mañanas?", pregunta ella finalmente.
"Ah", dice como si hubiera olvidado comentárselo. "El Equipo va a entrenar todas las mañanas. Desde las cinco y media hasta las ocho".
"¿Cada mañana?".
Gale sonríe ligeramente. "Me gusta ir todos los días. Aclara mi mente".
Le observa secarse lo mejor que puede, luego levanta la vista hacia ella. "¿Todavía quieres ir al antiguo centro de la ciudad?".
Ella vacila. "Sí", dice lentamente.
Gale la mira por un momento. A continuación se excusa para darse una ducha y Katniss va a su cuarto para cambiar sus pantalones de chándal por unos vaqueros.
Cuando Gale aparece en la sala de estar lleva una sencilla camisa blanca y pantalones negros de vestir. Parece… extraño con ropa formal. Ella mira su camiseta y sus vaqueros, y se pregunta si debería cambiarse. O tal vez quitarse los vaqueros. En realidad no llevó nada elegante.
Él se afloja los puños de la camisa mientras camina para agarrar una chaqueta del armario de la entrada.
"Vamos a tener que tomar un taxi", dice, metiendo los brazos a través del abrigo. "El viaje es de unos veinte minutos cuando no hay tráfico. Normalmente no es demasiado malo sobre las nueve en punto"
Katniss echa un vistazo al reloj encima del televisor. Las ocho y cincuenta.
"Puede que sea un poco aburrido para ti", dice mirándola de frente. "Tengo que supervisar expedientes, firmar documentos, e ir a reuniones a veces". Se encoge de hombros. "Pero te llevaré a dar una vuelta por el lugar".
Gale consigue parar un taxi sin demasiados problemas. El coche está pintado de amarillo por fuera, con una franja horizontal en negro hacia la mitad, que se curva formando la palabra 'taxi'. Su interior es sofocante – tapizado en cuero negro y con una nube de humo que se extiende desde el asiento del conductor a todo el vehículo. Sin embargo las ventanas dejan pasar la luz de manera agradable y Katniss está más que acostumbrada al olor del humo como para dejar que eso sea una molestia. Gale se recuesta contra el asiento cómodamente y le dice al hombre al volante hacia donde quiere ir.
Katniss se pasa el trayecto mirando por la ventanilla. A veces nota como el conductor la observa a través del espejo retrovisor, pero decide ignorarlo e intentar disfrutar de las vistas. Continúa habiendo edificios extravagantes: algunos reconstruidos y otros completamente nuevos. Hay una suntuosa fuente en la mitad de un gran lago al que rodean varias calles. Colores brillantes adornan las avenidas más cercanas, colores difíciles de ignorar porque se mueven con la gente, la cual viste de la misma forma ridícula de años atrás, aunque hay excepciones.
Ve muchos edificios, amontonados entre sí. Gale le indica cuales son los edificios del Gobierno, los pisos de nueva construcción, los hoteles, los restaurantes, las tiendas. La ciudad está diseñada en torno a círculos concéntricos, cada uno de ellos ocupado por un sector diferente: hostelería, comercio, instituciones…. Los restaurantes se encuentran por todas partes, la zona comercial está a la izquierda, los hoteles, los apartamentos y las zonas peatonales están pasada la zona comercial, los edificios más altos se encuentran inmediatamente después, y así sucesivamente.
La calle en la que se encuentran es una de las que conduce directamente al centro que ella recuerda.
Katniss está un poco impresionada por lo nuevo que parece todo. Sus últimos recuerdos de aquel lugar eran humo, tonos grises, trampas, Fuerzas de Paz tratando de matarla – la matanza pintando el hormigón de rojo y negro, la ceniza incrustada en sus ojos, en sus pulmones.
Pero esta vez es diferente. Hay perspectivas. Todavía está en la cúspide de la extravagancia, pero tal vez… podría mejorar. Ella espera que lo haga, no puede evitarlo, pero tampoco quiere que todo aquello llegue a gustarle demasiado. Advierte un ligero cosquilleo en la cara, ansiando sonreír a las vistas. Pero no puede. No debería pensar en cosas buenas antes de tiempo.
"¿Su primera vez en el Capitolio, Señorita?", escucha preguntar al conductor. Desvía brevemente su atención al espejo retrovisor delantero. Katniss mantiene el rostro impasible y gira de nuevo la cabeza hacia la ventanilla, "No. No lo es".
"Ah", dice él. "Bueno, ahora es aún más bonito de lo que solía ser, si es que eso es posible. Hay un montón de sitios agradables por aquí. ¿Le ha mostrado ya las vistas al Valle?", dirige la pregunta a Gale.
Gale niega con la cabeza. "Aún no", dice, "Esperemos que ella me permita hacerlo".
El hombre se ríe ante eso como si fuera la cosa más divertida del mundo. Katniss se queda mirando la parte de atrás del asiento del conductor bastante molesta.
"Definitivamente lo hará. ¿Verdad, Señorita?".
"Me llamo Katniss, y probablemente no", deja escapar entre dientes, más furiosa de lo que le gustaría.
Las risas del hombre se van atenuando y terminan con un farfullo para sí mismo. Permanece callado el resto del camino. Katniss no lo ve, pero Gale oculta una sonrisa mientras mira por su ventanilla.
Se detienen tras diez minutos de silencio, justo frente a uno de uno de los grandes edificios. Katniss baja del coche y estira el cuello todo lo que puede, tratando de ver la parte superior.
"¿En qué piso estás?", pregunta, girando la cabeza hacia la entrada. La gente entra y sale con coloridas tazas de café, portapapeles, maletines de formas raras y trajes estrafalarios. La indumentaria de Gale palidece comparada con la de todas esas personas.
"Treinta y seis", contesta él, metiéndose las manos en los bolsillos después de cerrar la puerta del taxi. "Si tenemos suerte no habrá demasiada gente esperando para subir al ascensor", añade.
Caminan a través de las puertas giratorias, y Katniss casi choca contra el cristal. Gale observa su torpeza con diversión.
"No sabía que fueras tan descoordinada".
Ella hace una mueca. "Tampoco es como si hubiera estado aquí antes". Observa a la gente pasar a su lado y puede ver como ellos también la estudian. "¿Qué es esto, de todos modos?".
"Es sólo un edificio gubernamental. Hay diferentes tipos de oficinas en cada piso. En el que yo trabajo hay cinco departamentos, algo menos que en el resto, pero igual de importantes".
Algunas personas saludan a Gale mientras caminan hacia el ascensor. Otras sólo la observan a ella. Se pregunta si se habrán dado cuenta de quién es, o si sólo la miran por llevar ropa demasiado aburrida.
Probablemente lo último – sospecha, y tiene que poner los ojos en blanco.
Y él tenía razón: el ascensor se detiene repetidamente mientras suben. Una de las veces, una multitud tratando de entrar la empuja contra Gale, su brazo contra su brazo, y tiene que evitar estremecerse. Contiene el aire dentro de los pulmones hasta que algunos bajan, y puede volver a moverse y respirar con normalidad.
Su planta no es lo que ella esperaba. Pensó que tendría un aspecto diferente a la primera planta, pero casi parece la misma. Los mismos pasillos tejidos alrededor de habitaciones acristaladas, ocultas tras persianas, algunas con puertas de distintos colores y formas geométricas. Otras con nombres grabados con letras personalizadas. Las paredes parecen cubiertas con papel de regalo plateado, brillando en los puntos en los que impacta el sol que se cuela por las ventanas.
El lugar centellea.
Pasan por delante de algunas oficinistas, lamiendo sobres o embalando paquetes, o llamando nerviosas a las puertas de sus jefes. Le recuerdan a Effie: con sus pelucas ridículas, y sus joyas, y sus tacones imposibles.
Caminan hasta el final del pasillo. El despacho de Gale parece un poco más grande que el resto, con la puerta en tono oscuro, verde bosque, y su nombre en letras negras en la mitad superior.
"Mi otra casa", dice él con sarcasmo. "Me hicieron pintar la puerta".
"¿Quieres decir que no te gusta este precioso color verde?", replica ella con indiferencia cuando la abre.
"Supongo que tuve suerte", Gale niega con la cabeza a la vez que camina dentro de la habitación. "Fue el último color que había para elegir".
Ella va detrás de él, calibrando el lugar. Es muy simple, con un escritorio de caoba y una silla grande y enrevesada. Las paredes recuerdan a las de su apartamento, en tonos cálidos mezclados con el blanco. La alfombra es negra, compacta, y muy mullida, y el ventanal que hay detrás de su silla está cubierto persianas. De hecho, las persianas se extienden por todo al tramo de pared, y el efecto de la luz a través de ellas es bastante fascinante. No puede evitar preguntarse por qué tendrá las persianas bajadas. También hay dos elegantes sillas afelpadas frente a su mesa, un ordenador a mano derecha y una pila de papeles en el medio. Tiene algunos marcos para fotos al lado izquierdo, pero sólo puede ver la parte trasera. Imagina que deben ser de su familia.
Ella permanece en el centro de la habitación, mirando a las paredes desnudas de ambos lados, mientras él se sienta en la gran silla de cuero detrás de su escritorio. Se da cuenta de que hay algunos armarios para archivos en las esquinas, otro pequeño pupitre y una lámpara en la parte superior del mismo.
"Puedes sentarte aquí si quieres", dice señalando las butacas frente a él.
Katniss avanza ellas y se sienta en una, deslizándose fácilmente a una postura casi tumbada. Es menos firme que el sofá de su apartamento, como si mucha gente se hubiera sentado antes. Trata de enderezarse, pero parece que el mullido respaldo la obliga a inclinarse cada vez más hacia atrás.
Gale comienza a reorganizar algunos papeles de su escritorio, mirando unos por encima, frunciendo el ceño a otros. Hace dos montones, el primero mucho mayor que el segundo.
"¿Para qué son éstos?", pregunta ella, señalando uno de los montoncitos.
Gale mira hacia arriba para verla observando los documentos. Le gusta que muestre interés, aunque sea muy leve, y que le haga preguntas, en lugar de tener que obligarse a hacerlas él y a dar todo tipo de explicaciones.
Se aclara la garganta. "Estos", dice señalando el montón más pequeño", son documentos de confirmación. Sólo tengo que firmarlos. Pero estos", dice con disgusto, "son los que tengo que leer más detenidamente. Contienen sugerencias sobre el tipo de cultivos que quieren que se envíen a las compañías procesadoras de alimentos en los Distritos, y cifras estimadas en cuanto a cantidades. Tengo que mirarlos por encima y reajustar lo necesario". Suspira. "Y si hay que hacer grandes recortes de lo que piden, por lo general es necesaria una reunión para llegar a algún tipo de acuerdo".
O escuchar argumentos a favor durante un par de horas – piensa con amargura.
Ella parece estar meditando un rato. "¿Vas tu solo a las reuniones?".
"A veces", contesta. "Siempre hay algún representante más para acompañarme, dependiendo de las demandas del Distrito. Cualquiera de los Distritos a los que viajo, tiene aquí un representante especializado".
"No suena muy divertido", dice ella.
"Los viajes están bien", responde Gale encogiéndose de hombros. "Este trabajo significa no tener que estar atado a la oficina demasiado tiempo. Siempre hay gente reclamando cosas que no puede tener".
Ella percibe la inmediata incomodidad en su mirada tras lo que acaba de decir, aunque quizá haya interpretado mal la mirada. Se mueve un poco y baja la vista a su regazo.
"¿Así que eres el portador de malas noticias?".
Gale, sin darse cuenta, dobla el borde de uno de los documentos cuando va a coger una pluma del bote que hay cerca del ordenador.
"En su mayoría, pero no siempre", responde. "Podemos satisfacer algunas demandas de vez en cuando". Él clava los ojos en el documento que tiene en frente, es evidente que no lo está leyendo. "Pero nunca podemos satisfacer todas al mismo tiempo".
"¿Por qué no?", pregunta ella. "¿Realmente piden tanto?".
Gale levanta la vista del extremo del papel, su mirada es dura. "Sí. Lo hacen. Todos lo hacen. Este país no puede permitirse el lujo de dar a todo el mundo lo que quiere. Podríamos endeudarnos, y ahora mismo, no queremos preocuparnos por el déficit si eso es evitable". Sus ojos se deslizan de nuevo al papel, y garabatea algo con la pluma.
"Se trata de un sacrificio", dice. "Si un Distrito puede cultivar trigo y distintos cereales, como el 11, y otro Distrito sólo puede producir carbón, como el 12, tenemos que obviar algunas necesidades del 11 con el fin de ayudar al 12. Si hay sobreproducción de algún tipo de cultivo, podemos permitirnos enviar alimentos de otro tipo al Distrito 11 en compensación; no tendrán lo quieren, pero tendrán algo".
Acaba con otro de los documentos, y pronto el montón más pequeño está casi archivado. "Te sorprendería lo codiciosos y exigentes que pueden llegar a ser los Distritos cuando no obtienen los productos específicos que han solicitado. Siempre hay personas tan cegadas por los problemas de un solo Distrito que no pueden comprender los problemas del resto".
Katniss ve la musculatura de su mandíbula en tensión, como si estuviera apretando los dientes. De repente se da cuenta de lo mucho que a él le molesta todo esto. Casi puede verlo durante la cena, una semana atrás, cuando les estaba explicando su trabajo. Pero entonces parecía estar feliz de lo que hacía, sonriendo a Vick y burlándose de Posy sin ningún esfuerzo.
Sin embargo ahora, mira todos esos documentos conteniendo la irritación que realmente siente.
"Por lo menos… estás ayudando. Como dijiste", ella trata de ignorar su mirada penetrante al papel que tiene en frente, y sonar cordial.
"A lo único que estoy ayudado es a contener el apetito de la gente", dice él. Sus ojos se oscurecen a medida que habla. "Es un ciclo sin fin, incansable. Nada cambia excepto lo que decidimos darles".
Su tono es intimidante, y ella ya no se atreve a decir nada más. Le deja con su trabajo durante unos minutos, y lo único que rompe el silencio es el sonido nítido del teclado del ordenador y el de los papeles golpeando su escritorio.
"Lo siento", dice él, una vez que el aire entre ellos se enfría y sus ojos están un poco más luminosos que antes. Su rostro cuenta con más serenidad que su voz. "Supongo que aún puedo estar furioso por todo. Sin opresión y con un tanque de libre voluntad, y la gente no puede manejarlo. Cree que puede tenerlo todo".
"No todo el mundo piensa así".
"Tienes razón", contesta él, empujándose hacia atrás con las manos. "Sólo la gente importante. O la gente con la que hablo. Eso hace que parezca todo el mundo".
"Pero no lo es", alega ella, sorprendida por su tono riguroso. Parece severo e insensible a todo.
"Lo sé", responde de inmediato. "Solo estoy diciendo que puede ser difícil leer entre líneas en estos malditos documentos".
Gale levanta la vista hacia ella después de un minuto, arqueando una ceja. "¿Quieres leer uno?".
"No, gracias", dice ágilmente. "El trabajo es todo tuyo".
"Vas a estar aburrida sentada ahí hasta…", mira el reloj de la pared. "El mediodía".
"Si estoy muriéndome, te lo haré saber".
"Fantástico. Te doy veinte minutos".
"¿Eso es todo?"
"O… espera, ¿te has traído las agujas para hacer punto?"
Ante esto, él recibe una mirada asesina. Se burla con una carcajada, con las manos levantadas fingiendo defenderse.
"Estaba bromeando. Relájate".
"No eren quien para hablar", le dice volviendo los ojos. "Odiando tu trabajo, y todo eso".
"Yo no he dicho tal cosa", dice a la defensiva.
"¿A quién tratas de de engañar?"
En ese momento, Katniss prácticamente es testigo de su pelo erizado, desafiándola a decir algo más.
Sin embargo ella sabe perfectamente que lo que él diga o haga no es para hacerla daño. No puede permitirse el lujo de hacerlo, y tiene la sensación de que él no quiere decirle cosas hirientes. Porque supondría salirse del camino que ha escogido de ser acogedor y amable con ella, aunque todavía no tiene claro en qué medida es real y en qué medida fingido; cuanto es por Peeta y cuanto es porque realmente quiere hacerlo.
Gale parece estar luchando por una respuesta, y ella se pregunta cómo va a argumentar.
"Mira", suspira. "Puede ser frustrante, seguro, y puede ser agotador. Pero tiene aspectos positivos. En los viajes tengo la oportunidad de conocer los Distritos y ver como lo están haciendo. Soy capaz de ver las cosas buenas. Siempre vale la pena al final y, además", añade, "trabajar directamente para Paylor tiene sus ventajas".
Su respuesta no es que exactamente le sorprenda. Por supuesto, es un golpe suave, como una píldora en lugar de una bala. Pero ella… se decide a darle una mirada inquisitiva. "¿Qué tipo de ventajas?"
"Descuentos, indulgencia… cortes de pelo gratuitos", le contesta.
Evita fácilmente responder a la cuestión – igual que hizo en la cena. Y ella se pregunta por qué. ¿Por qué tratar de ignorar una simple pregunta?. Él siempre fue honesto; bueno, solía ser honesto. Decía lo que tenía en la cabeza cuando quería. Es algo que no puede olvidar de él, incluso si quisiera. Le ha conoció demasiado tiempo para olvidar.
Ella mira hacia arriba ante su respuesta.
"Eso no parece suficiente para evitar que lo odies".
La boca de Gale vacila en una sonrisa, una en la que ella puede ver los extremos de sus dientes. No es una sonrisa amistosa.
"Deja de intentar provocarme, Catnip", dice con notas de peligrosidad en su voz – como represalia. "No va a funcionar".
Su cara se contorsiona ante esa antigua palabra cariñosa, su viejo apodo la quema en los oídos igual que un insulto. Necesita tragar saliva, pero replica con voz mordaz. "Yo creo que está funcionando, por cómo actúas".
"Creo que sólo actúo así por tu culpa, Catnip".
Vuelve a encogerse. "Deja de llamarme de esa forma".
Él se reclina sobre su silla, mirándola, desafiante. "¿Por qué habría de hacerlo?".
Su rostro, su tono de voz, y su todo la obligan a ponerse de pié y golpear las manos contra el escritorio que tiene enfrente. Siente el calor en los ojos y las mejillas ardiendo febrilmente a causa de todas las emociones: la ira, y la ansiedad, y una necesidad desesperada de ponerlo en su lugar y alejarlo de ella.
Los últimos días no han servido para nada más que la incomodidad, y el malestar, y el insomnio. Siente que no ha dormido en meses, después de sólo tres días. Sabía que no iba a ser fácil, y quizá ella tomó la decisión precipitadamente, pero…
"Porque no tienes derecho a hacerlo nunca más", eleva la cabeza para gritarle. "Ya lo sabes, ¿Por qué preguntas?".
"Quiero oírtelo decir", responde sin alterar la voz. "¿Por qué no tengo derecho?".
Hay un silencio. Katniss escucha su propia respiración irregular a través de su boca, los pulmones agitándose en el pecho. Los ojos de Gale la están perforando, y se obliga a mantener su mirada. No puede permitirse mirar a otro lado, no está vez, y necesita darlo todo de sí misma para ignorar el instinto que le dice que rompa el contacto visual, abra el cerrojo de la puerta y se aleje de él para siempre.
"Porque", susurra, su voz de repente se vuelve ronca. "Prim está muerta", se quiebra al decir su nombre. Ha pasado mucho tiempo, sin embargo aún tartamudea al pronunciarlo. "Porque ya no eres mi amigo", continúa. "No me gustas, pero aún así estoy aquí. Así que debes respetar lo que te pido".
Ambos sostienen la mirada más de lo que puede soportar. Es una victoria sin sentido cuando él parpadea y aleja los ojos de ella en primer lugar.
"No ha sido tan difícil decirlo, ¿verdad?", murmura él después de unos segundos más de silencio. Su voz permanece en calma, su rostro rígido, sus labios neutrales, como si lo que le ha dicho no le importase.
Eso la enciende aún más, quiere abalanzarse sobre él, agarrarle por la garganta y estrangularle. Tiene un deseo inexplicable, la necesidad de hacerle mostrar algún tipo de dolor. Él no ha mostrado pena alguna desde que lo volvió a ver, ni siquiera en el 12. Y ella quiere verlo, lo necesita. Necesita ver y sentir su angustia porque él se la merece. ¿No es así?
Pero Katniss ve todo tipo de cosas en su lugar. Molestia, rabia, compasión – ha visto todo eso. Sonrisas fáciles, sonrisas ensayadas, y un rostro blindado la mayoría del tiempo.
Antes de que pueda hacer nada, hay un soniquete de golpes contra la puerta y una voz muy aguda llamando a Gale.
"Entra, Miranda", dice Gale. Katniss, a regañadientes, se sienta de nuevo en su silla.
La chica, Miranda, camina hacia dentro con unos folios en la mano. Se mueve como un robot por la estrechez de su ropa. No lleva un vestido, pero Katniss es incapaz de distinguir donde termina la camisa y donde empieza la falda. La tela rosa oscura, estampada con flores, se entreteje desde el pecho a las nalgas, haciéndola contonearse de una manera que ella tampoco trata de disimular. Katniss diría que incluso la exagera, por como balancea las caderas y los brazos.
"Señor Hawthorne", dice alegremente. "Acabo de recibir esta carta desde el Distrito 4. ¡Es una invitación!".
Ella se sobresalta al toparse con Katniss cuando dirigía la mirada hacia Gale.
"¡Oh, Dios!, exclama, llevándose la mano hasta el pecho por la sorpresa, mientras sus labios dorados enfatizan exageradamente el 'oh'. "¡No era consciente de que tenía una invitada! Disculpe mis modales, señorita".
"No te preocupes", Gale dice a Miranda para calmar su ansiedad. "Ella sólo es… mi prima".
Eso consigue otra mirada llena de odio por parte de Katniss.
"¡Oh!, Bien, es un placer conocerla entonces…". Miranda se arrastra a pequeños pasos, tendiéndole la mano.
"Katniss", responde, agarrando su mano.
Miranda sólo asiente y sonríe. Su mirada está hueca.
Katniss trata de devolverle la sonrisa, pero no puede superar el hecho de que la mujer que está frente a ella es la primera persona que parece no saber quién es. Eso mejora su el estado anímico de forma exponencial.
"Gracias, Miranda", dice Gale a modo de despedida, ya con el documento en sus manos.
Ella asiente con la cabeza. "Por supuesto. Si necesitas algo, cualquier cosa", ella le guiña un ojo; "¡ya sabes dónde encontrarme, cariño!". Luego sale de la habitación de la misma manera que entró.
Katniss se queda mirando la puerta por un momento, demasiado asombrada como para estar disgustada por el 'cariño' que le ha dicho a Gale. A continuación, se escucha susurrar sin aliento: "¿Ella no me conoce…?".
Es más una afirmación que una pregunta, pero Gale responde de todos modos.
"No te hagas ilusiones", su voz parece distraída mientras lee la carta que Miranda le ha entregado. "Miranda no sabría distinguir un mosquito de una mosca, y mucho menos una persona real de alguien que salió en la televisión hace cinco años".
Ante la información, el estado de ánimo – casi feliz – que sentía Katniss, es reemplazado por acritud en un instante. Cruza los brazos, frunce los labios, y no vuelven a dirigirse la palabra hasta la hora del almuerzo.
Suben al ascensor en silencio, y así se mantienen todo el trayecto hasta la primera planta. Ella se sorprende cuando la conduce a una cafetería en la parte izquierda del edificio. Es más elegante que cualquiera de las que haya visto, aunque no ha visto demasiadas, aparte de las bandejas del Distrito 13, y los teatrales montajes de comida antes de los Juegos. Hay varias personas repartidas por las mesas, algunas sentadas solas, con documentos de trabajo como única compañía. Otras con compañeros de trabajo, charlando y riendo. El lugar es muy ruidoso. El dorado suave de las paredes hace rebotar las palabras en una maraña de sonidos.
Gale mira a su alrededor unos instantes hasta que reconoce a alguien a lo lejos y sonríe. Los ojos de Katniss encuentran un hombre mientras se acercan a una de las mesas; él ya cuenta con una bandeja repleta de carne y patatas. El tipo levanta la cabeza sonriendo a Gale, saludándole en voz alta cuando llegan. Leva una camisa blanca de vestir, igual que Gale, pero usa corbata, suelta y colgándole por debajo del cuello. Su pelo es castaño oscuro, desordenado, con el flequillo descuidadamente esparcido por la frente y cayendo en parte sobre sus ojos. Son agudos, azules, pero abiertos y amistosos. No puede tener más de treinta.
Ella está al margen de la conversación hasta que Gale gira la cabeza y la presenta.
"Katniss, este es mi amigo Anton, uno de mis compañeros de Equipo. Anton, esta es Katniss".
Él le da una amplia sonrisa, extendiendo la mano para estrechar la suya. "Es un honor conocerte, Katniss".
La sinceridad en sus palabras casi la conmueve. "Lo mismo digo".
Él se ríe. "No tienes que mentir. Tú has hecho muchas más cosas buenas que yo".
"No seas tan modesto", exclama Gale. "No te creerá".
Katniss intenta imitar la agradable sonrisa que recibe de Anton antes de que Gale la guie a las hileras de alimentos, y le indique en que sección está cada uno de ellos. Tarda tanto en decidir que Gale acaba riéndose de ella, y comentando que el pastel de pollo no está nada mal. Ella hace caso omiso de la sugerencia, y decide que comerá una ensalada.
Cuando vuelven a la mesa, Anton casi ha terminado con su comida.
"¿Abrumada por las opciones?", pregunta mientras toman asiento.
"Algo así, responde Gale mirando de reojo a Katniss, que le continua ignorando para centrase en su ensalada.
"No te preocupes", dice Anton a Katniss. "No quiero ni contarte el tiempo que todavía necesito para saber lo que quiero".
Katniss le ofrece una pequeña sonrisa y un encogimiento de hombros.
"¿Y qué te trae por aquí, Katniss?", pregunta Anton, tomando un bocado de su propia comida. "Gale no mencionó ninguna visita especial".
Katniss mueve un poco la ensalada con el tenedor y mira con desagrado todas esas hojas verdes, preguntándose por qué no habría escogido el conejo o el bistec. Ve cómo Gale da grandes bocados a su comida por el rabillo del ojo, y asume que no tendrá la amabilidad de contestar por ella. Esto le resulta ligeramente sospechoso; no cree que sea buena idea hablarle a Anton de su situación real.
"Bueno…", habla lentamente. "Quería ver que tal lo están haciendo los Distritos. El 12 está bastante lejos de todos los demás".
Gale la mira fijamente, sorprendido por la respuesta. Aunque ella sigue ignorándole.
Anton no se percata de la mirada de Gale, y asiente con la cabeza hacia ella. "Me gusta pensar que este país lo está haciendo bastante bien en estos momentos. Aún así, Gale – ", se gira hacia él, "casi nunca está satisfecho".
"Si estuviera satisfecho no estaría motivado para trabajar".
"Eso también es cierto", reconoce Anton.
"Pero creo que lo estamos haciendo lo mejor que podemos", añade Gale. "Dadas las circunstancias".
Antón masculla algo, pero luego se encoge de hombros "Ehh. Yo no me quejo", dice sonriendo. "¿Crees que atraparemos a ese grupo de resistencia a corto plazo?, Jack tiene un montón de teorías rondándole la cabeza".
Gale resopla. "La imaginación de Jack es… extravagante".
"Jack consigue que lo imposible suene probable. Vamos, es divertido perder el tiempo con eso de vez en cuando".
"Lo único que quiere es seducir a una misteriosa mujer".
"¿No es lo que queremos todos?", Anton se ríe. "Ah, se me olvidaba, Gale. Tu ya has hecho todo eso".
Gale se queja en voz muy baja. "Cállate".
Anton se inclina hacia atrás, mirando a Katniss. "Supongo que le conoces mejor que yo, Katniss", dice mientras guiña un ojo. "¿Dirías que este tipo es un mujeriego?".
El rostro de Gale parece molesto, pero Antón consigue sacarle a ella una sonrisa fácil. Apoya un codo sobre la mesa. "Yo diría que sí".
Gale apuñala su pollo, cabreado, mientras Antón se ríe. "¿Lo ves, Gale?, incluso Katniss lo piensa.
"De hecho", ella continúa, mirando a Gale con una especie de brillo en los ojos. "Sus hermanos son exactamente iguales".
Los ojos de Gale la descuartizan con despecho, mientras Antón no puede evitar reírse a carcajadas ante su enfado.
"¿Por qué no me sorprende?".
"Sí, los Hawthorne no podemos evitarlo", dice Gale volteando los ojos.
"Hablando en serio, ¿cómo está tu familia, Gale?. ¿El pasado año les trató bien?".
"Están bien", Gale responde, aunque suspira. "Es un poco más difícil cada vez".
Antón termina su comida y dirige la mirada hacia él. "Sabes que siempre puedo arreglar algo… para que te visiten cada vez que puedan, o cuando quieran hacerlo. Sería así de sencillo".
"Lo sé", dice Gale, pero Katniss apostaría a que nunca aceptará su oferta. Su voz es demasiado artificial y comedida para hacerle pensar lo contrario. Cree que Anton piensa lo mismo, y que quizá no sea la primera vez que hace una sugerencia de ese tipo a Gale. La respuesta acarrea un pequeño silencio hasta que Katniss decide romperlo.
"¿También trabajas aquí, Anton?".
Él sonríe a su pregunta. "Lo hago. Trabajo para el Distrito 6".
"El 6 se ocupa de los transportes, ¿verdad?".
"Claro. Y me considero afortunado. Soy del Distrito 6, y es agradable saber que les estoy ayudando. Asegurarles los suministros que necesitan para mantener la fabricación de automóviles o aviones, o lo que sea que decidan construir".
"¿Alguna vez les visitas?", le pregunta.
"En realidad, no", dice él "No tengo a quien visitar. Mi familia murió durante la Guerra".
Dice esas palabras fácilmente, como si no le afectasen… y tal vez no lo hacen. Su cara tampoco se ha inmutado, igual que si estuviera hablando del tiempo, y ella se pregunta si realmente puede estar tan bien con eso.
Ella desde luego no está bien. No puede entender como Anton sí que puede estarlo.
"Lo siento", murmura en voz baja, mirándole a la cara. Él sólo sonríe.
"No, Katniss. Ellos murieron luchando por lo que querían, y contra algo que odiaban. Me gustaría que todavía estuvieran aquí, pero no están". Se encoge de hombros. "Estoy orgulloso de pertenecer a mi familia. El duelo no es una de mis cosas favoritas. Ya no".
Katniss inmediatamente decide que le gusta Anton. Le gusta su honestidad descarada, y la sinceridad de sus palabras, como si no tuviera ningún problema con lo sucedido. Le gusta su mirada brillante y feliz. Siente envidia, porque él no lleva todavía esa pesada carga. Le recuerda un poco a Peeta, y siente que podría llegar a ser un buen amigo.
Se había olvidado de lo que significaba hacer un amigo. Ha pasado demasiado tiempo desde esa especie de camaradería que sintió durante y después de los Juegos. Y él parece lo suficientemente relajado como para ir haciendo amigos dondequiera que va. También siente envidia por eso. Los amigos nunca llegaron fácilmente para ella; los verdaderos amigos, prácticamente nunca.
Mira a Gale por el rabillo del ojo, y piensa que podría recordar cuando aún eran amigos, si desbloqueara su mente, si ella quisiera hacerlo.
Pero no quiere. Fue hace mucho tiempo y de todas maneras, no cree que lo recuerde bien
"¿Qué pasa con tu fam… – ?, Antón empieza, pero se ahoga con la última palabra, su rostro se retuerce de dolor. Mira a Gale desconcertado, pero Gale sólo le contesta con una mirada que da a entender lo inapropiado de la pregunta.
Katniss pestañea examinándoles a ambos, demasiado enfrascada en sus propios pensamientos como para saber exactamente qué ha pasado.
"¿Y… tu novio?", él cambia rápidamente de tema, tragando saliva e intentando parecer normal.
"Katniss frunce el ceño. "¿Cómo sabías que tengo…?".
"Bueno, ya sabes", dice frotándose la parte posterior de la cabeza. "Fui uno de los que siguieron esa historia entre vosotros dos". Se ríe avergonzado. "Soy un entusiasta de los romances prohibidos y todo eso".
Katniss lo mira con recelo, preguntándose si realmente dice la verdad. Ella roba una mirada Gale, solo para verlo sin prestar atención a la conversación. Parece distraído con algo que ocurre al otro lado del comedor.
"Creía que la gente se habría olvidado de ese tema a estas alturas", dice en vez de contestar a su pregunta.
"Yo no soy una persona normal", contesta él, mostrando su impecable sonrisa. "Formo parte de un Equipo-Altamente-Cualificado, ya sabes".
"SÍ, ya sé", repite ella con sequedad. "Bueno, él… lo está haciendo bien"
"Seguramente, si está contigo, es porque lo está haciendo mejor que bien.
"Tal vez lo hace. Es feliz".
"Más que feliz, probablemente". Anton se inclina sobre la mesa, acercándose más a Katniss.
Su facilidad para el flirteo hace que se pregunte si no es exactamente igual que Gale en sus hazañas con las mujeres. Ella pone los ojos en blanco, y puede decir que él casi se ofende por su reacción.
"Ya está bien, Antón", espeta Gale, deteniendo de manera efectiva su ataque. Él levanta una ceja con las palabras.
"¿Qué pasa, Gale?, pregunta sonriendo, con un brillo deliberado en los ojos. "¿No te gustan las decisiones de Katniss en cuanto a hombres?"
"No son asunto mío", responde rápidamente. "Pero ella no es de las que se mueren por ligar".
Anton sonríe a Katniss de forma amistosa. "Sí, ya lo he notado. Pero eso está bien. Sé cuando parar".
"No, no lo sabes".
Antón se ríe. "Tienes razón. No lo sé".
Antón tiene que irse poco después, pero antes de salir, besa la mano de Katniss y promete que volverán a verse pronto. Ella casi se ríe por su dramatismo.
"Ah, y Gale, vamos a reunirnos todos esta noche en el bar de Eddie. Jack probablemente va a llamarte, así que no hagas planes. …,¡e invita a Katniss!".
t/n: quería aclarar algo; las barras para monos del capítulo anterior son las típicas de los parques. En USA las llaman así: 'Monkey bars'. La autora hace un juego de palabras con éstas y los bares. Mantuve la traducción literal para tratar respetarlo.
