–Ajá –se limitó a contestar Dennis, tan perplejo como los demás–. Bien, veamos… Ahora le tocaría a Bott. Equipo azul.

No era una sorpresa para Sasha, pero en cambio Marco sí pareció que oía aquello por primera vez. Mientras Armin limpiaba las dianas, el pecoso se acercó a ellos.

–Bueno, ya nos hemos "puesto al día", por así decirlo. A ver en qué equipos caen los otros –se acercó un poco más a Mikasa y bajó la voz–. Si te sirve de consuelo, creo que por la forma en que lo dijo antes, él y ella irán en equipos distintos.

No debió servirle de mucho a Ackerman, porque se hizo un silencio algo incómodo… Marco tragó saliva y no perdió tiempo para colocarse en posición cuando Arlert hubo terminado de limpiar. Hizo sus tres disparos, sin la elegancia de Mikasa y sin "exagerar" como Armin, pero con eficacia; las marcas fueron apareciendo un poco por encima del blanco y Sasha pensó, algo inquieta, que si en vez de una diana fuese un enemigo… no estaría dándole en el pecho sino en el cuello o la cabeza.

"¡Vaya! Menos mal que va en nuestro equipo… Al menos se le ve tranquilo, no tiene esa cara rara de antes."

–No está mal –aprobó Eibringer–. A ver… Ahora es el turno de Braun. ¡El primero del equipo gris!

–¡El mejor de los tres! –contestó el muchacho animado, avanzando al frente mientras cargaba su arma–. Ve limpiando las dianas, Marco, te prometo que no te daré…

–Por si acaso, mejor esperar a que haya terminado –sugirió el policía.

–De acuerdo, de acuerdo…

Reiner disparó media docena de veces y acertó otras tantas, dos en cada blanco, con rapidez y bastante precisión. ¡Otro duro rival! Luego sonrió a Sasha con ferocidad, como diciendo "¡tú serás la siguiente!", y ella le devolvió la sonrisa. Después de lavar las dianas, el "hermano mayor" de la 104 se situó también en un lateral, pero apartado de los "azules".

"Ahí está otra vez, esa separación invisible… Hace un momento estábamos todos juntos en esto. ¡Sí que nos cuesta poco convertir al amigo en enemigo, sólo porque nos lo han dicho!"

Bertolt seguía en la fila de los "sin equipo"; parecía algo desamparado, sin Reiner a su lado. Quizás por eso había ido acercándose poco a poco a Annie, que tenía su expresión aburrida habitual; pero Sasha sabía que Leonhart no estaba perdiéndose ni un solo detalle, en realidad atenta como una fiera que se hace la dormida para pillar desprevenida a su presa.

"Si fuera en mi equipo, me quedaría mucho más tranquila. Pero después de lo que le hizo a Mikasa… una parte de mí quiere tenerla en el otro bando. Una parte de mí quiere destruirla."

Le inquietó un poco sentir algo así contra una de sus camaradas.

Dennis fue diciendo el nombre de la siguiente cadete, también del equipo gris: Mina Carolina. Sasha no tenía una relación muy estrecha con ella, pero le caía bien: era sincera, amable, entusiasta, siempre procuraba animar a los demás… Lo extraño era que la chica morena era de las pocas cuya presencia toleraba la Leona, sin mandarla volando por los aires; no podría haber dos personas más distintas, pero cuando Mina tuvo alguna dificultad al principio para disparar su arma, fue precisamente Annie quien se acercó a ella y le dio discretamente algunas indicaciones. Carolina le cogió el truco pronto, aunque sin hacer tantos disparos ni tantas pruebas como Arlert.

A continuación, le tocó en el equipo marrón a Daz, quien solía parecer más un viejo que un chico; no sólo por el cabello gris, sino también por su eterna actitud temerosa, como si creyera que en cualquier momento le iba a caer encima el Titán Colosal. El problema era que luego, para compensar, actuaba a veces con temeridad y corría demasiados riegos; así conseguía provocar el tipo de situaciones que había estado intentando evitar desde el principio.

Por ejemplo, durante unos ejercicios de invierno, el chico había estado a punto de morir congelado… aunque sólo había oído rumores sobre lo que había pasado realmente. Una vez le preguntó a Ymir y ésta le contestó, con una enorme sonrisa, si de verdad quería saberlo; incluso sin estar segura del porqué, allí también siguió su instinto y no volvió a sacar el tema.

Desde luego, a Ymir no hacía falta darle abrazos; al fin y al cabo, sólo le interesaban los que pudiera darle Krista. "Otras dos que no podrían ser más distintas. Y sin embargo..." Lo cierto era que las dos chicas y Sasha pasaban bastante tiempo juntas, más del que pudiera creerse; no tanto como con Connie, pero las tres solían obtener las mismas calificaciones y estaban a un nivel parecido.

Sasha sabía que lo que Ymir sentía por Krista era, como mínimo, adoración. ¡Cómo no adorar al "ángel" de la 104! Más buena que el pan… y precisamente había sido ella quien le había dado de comer y de beber en aquella primera noche fatídica, cuando castigaron a la cazadora de Dauper a dar vueltas a la pista todo el día; en ese momento, verdaderamente había creído que era una diosa.

"Y por lo visto, hay varios chicos que también la llaman así… ¿Será que a ellos también les da pan? Pero es lo que decía Ymir ayer por la noche, si le da su comida a todo el mundo, ¿con qué se queda ella?"

Aunque si alguien intentara aprovecharse alguna vez de la candidez y la bondad de Krista, allí estaría Ymir para "disuadirles". Cierto que las ordenanzas no alentaban la "confraternización" entre cadetes, pero tampoco la prohibían expresamente y la cosa no iba más allá de establecer dormitorios separados. Sin embargo, para tantos admiradores como tenía, pocos trataban de ir más allá de la mera camaradería con Lenz; por un lado, pronto serían soldados y se les suponía centrados en otras cosas… pero seguramente también influía el hecho de que Ymir no se apartase de la rubita y dedicase un aura demoníaca a cualquier chico que se acercase, haciendo que incluso los más valientes diesen media vuelta.

"Entonces, ¿van siempre juntas porque son como el día y la noche? Es verdad que cuando se pone el sol siempre aparece la luna… ¿Le pasará lo mismo a Annie con Mina?"

A todo esto, Daz había hecho unos cuantos disparos, sin pena ni gloria, y se había colocado junto a Armin; éste le explicaba algo animadamente y Daz asentía con la cabeza, ya más tranquilo. Era algo que ella admiraba en Arlert: no importaba de quién se tratase, nunca miraría por encima del hombro a nadie y siempre trataría de ayudar a sus compañeros en los temas que sí dominaba, como los exámenes teóricos.

"Aunque Marco también me ha ayudado alguna vez. Pero si Marco es listo, Armin es un genio. ¡No sé cómo pueden caberle tantas cosas en la cabeza!"

Luego fue el turno de Hannah Diamant, la chica pelirroja que casi siempre estaba al lado del enorme Franz Kefka. No eran "el día y la noche", sino auténticas almas gemelas: risueños, optimistas, amables… ¡y qué buena pareja hacían! Aunque, cuando alguien les sacaba el tema, los dos se ponían rojos como tomates y lo negaban todo.

"Igual les pasa lo mismo que a mí… Es mejor no tomar aún ciertas decisiones, cuando ni siquiera sabemos dónde vamos a terminar."

Hannah, a quien le había tocado en el equipo marrón, hizo unos cuantos disparos bastante buenos, pero se veía que no lo suficiente para ella. Franz se le acercó, trató de consolarla y debió de tener éxito, porque en los labios de ella apareció una sonrisa; algunos observaban la escena con cierta condescendencia, como diciendo "¡y luego lo niegan!"… Sin embargo, la chica se situó con Armin y Daz, los tres un poco apartados de los otros equipos en los laterales; quienes faltaban por asignar seguían de frente, mirando hacia las dianas.

"No eran imaginaciones mías, la separación ya está ahí… ¡y ni siquiera nos han dado todavía las chaquetas!"

A continuación, le tocó a Ruth DuKlein, en el equipo gris; no habría recordado su nombre si Dennis no lo hubiera dicho antes en voz alta. La chica del pañuelo verde se las apañaba, de algún modo, para pasar desapercibida incluso sin proponérselo; ni siquiera daba la impresión de ser el tipo de persona que se proponía hacer cosas, simplemente "estaba allí". Sin embargo, la pelirroja solía andar cerca de Mina y Annie; cuando hizo sus disparos, bastante buenos por cierto, recibió la cálida sonrisa de la morena y la silenciosa aprobación de la rubia.

El siguiente fue Bertolt, en el mismo equipo. Sasha se extrañó de que todos los "grises" se llevasen tan bien entre ellos y hubiesen terminado juntos; nada que ver con lo que iba a pasar con Eren y Mikasa en unos momentos. No le pareció justo, sobre todo para su amiga… como si alguien lo hubiera hecho a propósito.

"Bueno, tampoco es cuestión de ver conspiraciones por todos lados..."

Hoover se aproximó a la línea de tiro, nervioso como siempre. Reiner, desde uno de los laterales, le hizo un gesto de ánimo levantando el pulgar; Bertolt pareció tranquilizarse y consiguió hacer sus disparos con bastante precisión. El chico podía ser tímido, casi siempre pegado a su amigo, pero sus calificaciones eran muy buenas; ninguno de los dos tendría problemas para conseguir uno de los ansiados puestos en la Policía Militar.

A continuación, a Franz Kefka se le iluminó la cara de alegría, cuando le dijeron que él iba en el equipo marrón con su Hannah; Sasha empezó a pensar que igual sí que se trataba de alguna conspiración. Además, el chico no se inquietó sabiendo que le observaba la pelirroja, más bien lo contrario; también hizo buenos disparos.

"Por lo menos, con lo grande que es, será fácil acertarle… Claro que igual ellos se dan cuenta y lo usan de escudo, entonces sí que sería un problema..."

–A ver, el siguiente –continuó Eibringer–. ¡Cadete Kirstein! Te toca en el equipo azul.

Pudo oír el suspiro de alivio de Marco; al menos hoy, los dos amigos no tendrían que enfrentarse entre ellos. Mikasa, en cambio, contenía las emociones en el rostro pero iba apretando su bufanda cada vez con más fuerza; casi tenía los nudillos blancos. Sasha se acercó a ella y le cogió la mano que tenía libre, con lo que su compañera pareció volver en sí; la miró sorprendida, pero enseguida apareció una sonrisa cálida en sus labios.

Entonces ocurrió algo extraño. Jean, que no dejaba de mirar de reojo a sus compañeros del equipo azul, había estado haciendo buenos disparos; pero justo cuando Mikasa sonrió, el chico disparó con tanta rapidez que pareció habérsele escapado… y acertó de lleno en la segunda diana. Sin embargo, por la cara de pasmo que puso, Sasha estaba convencida de que no era allí donde había apuntado. Después de limpiar las dianas, Caracaballo se acercó a ellos, todavía algo tenso.

–Espero –dijo mirando fijamente a Sasha–, que no vayamos a tener problemas entre nosotros…

Parecía un tipo duro, con los ojos entrecerrados y los dientes apretados; pero su expresión se convirtió en una de perplejidad cuando miró hacia abajo… hacia las manos de Mikasa y Sasha, todavía unidas. Por un momento, la cazadora se planteó darle un beso a su amiga, sólo para ver la cara que pondría Kirstein… pero decidió que aquello sería ir demasiado lejos y simplemente le soltó la mano, aunque no pudo evitar una enorme sonrisa; mientras tanto, la oriental se las apañó para mantener su habitual expresión estoica.

Jean, sin palabras y todavía con los ojos bien abiertos, se limitó a colocarse junto a Marco, para observar a los siguientes tiradores en silencio; pareció animarse un poco cuando su amigo le dio una palmada en la espalda, con una sonrisa que nada tenía que envidiar a la de Sasha.

–Cadete Lenz, va usted en el equipo gris –siguió Dennis.

–¡Bien! –se oyó decir a Reiner.

Ymir fulminó al rubio con la mirada y luego, antes de que Krista se acercase a su posición de tiro, se inclinó sobre ella y le susurró unas palabras al oído. La rubita se quedó seria, mucho más de lo habitual; se colocó en posición, los demás sonreían al ver a su "ángel" apuntando con el arma a las dianas…

… y las sonrisas se congelaron cuando Lenz acertó de lleno en la segunda diana, sin tan siquiera pestañear. Esta vez no había sido un accidente.

Durante unos instantes permaneció en su sitio sin moverse; no obstante, cuando por fin reaccionó y se volvió hacia los demás, era de nuevo la criatura feliz y angelical que hacía que casi todos los chicos (y también alguna chica) suspirasen al verla, prácticamente iluminada por un rayo de sol.

–¡Gracias a todos! –dijo con su vocecita entre avergonzada y dulce–. Estoy aprendiendo muchísimo… y estoy segura de que todos nos esforzaremos al máximo. ¡Buena suerte y que gane el mejor!

Se colocó junto a sus compañeros del equipo azul. Reiner estaba radiante e ignoraba los puñales que le lanzaba Ymir (figuradamente); mientras tanto, Krista se quedó con la mirada perdida, con una sonrisa que no le llegaba del todo a sus grandes ojos azules.

"Otra que tiene un lado implacable… Debe ser que desarrollas esa faceta cuando te entrenas para ser un soldado. A mí también me pasa, ¿verdad? Sobre todo, habiendo comida de por medio..."

–¡Cadete Leonhart! –el oficial interrumpió sus pensamientos–. Equipo gris.

"Venga ya, ¡nos van a machacar! En serio, ¿quién puñetas ha hecho la distribución?"

Por algunos murmullos a su alrededor, no parecía ser la única que pensaba lo mismo; pero Annie los ignoró y se acercó a la línea de tiro mientras cargaba su arma tranquilamente, casi con pereza, como si la cosa no fuese con ella.

"Vale, en el cuerpo a cuerpo es buena, pero eso no significa que..."

Annie Leonhart apuntó, disparó... y acertó de lleno en la última diana.

"Pues ya está. Se acabó. Ha llegado el día en que las bestias devuelven los tiros. Yo lo dejo. Dejo lo del ejército, dejo lo de cazar y me vuelvo con mi padre al pueblo, a labrar los campos."

Casi esperaba que la Leona se girase hacia ella y dijese algo por el estilo de "acabaré con todos vosotros", seguido de una risa malvada… pero no ocurrió nada de eso; la rubia letal ni se dignó a mirar de reojo a los rivales y se fue junto a sus compañeros del equipo gris, todavía con la misma expresión de aburrimiento de siempre. Sasha sintió que algo se encendía dentro de ella.

"¿Así que crees que puedes ignorarnos sin más? ¿Encima después de todo lo que has hecho? Annie, has cometido un error… ¡Nunca subestimes a una cazadora de Dauper! Me da igual no ganar el juego. Voy a por ti, Leonhart."

Esta vez fue Mikasa la que tuvo que sujetar de la mano a su amiga para que se calmase. Le pareció oír que Jean empezaba a toser mucho de repente, como si se hubiese atragantado con algo…

–¡H-ha sido un disparo increíble! –felicitaba Bertolt a Annie, quien se limitó a encogerse de hombros, dando a entender que no había sido para tanto; el chico pareció avergonzarse y fue él quien se encargó de limpiar las dianas, después de los disparos de Lenz y Leonhart, aunque nadie había dicho nada al respecto.

A continuación, le tocó a Samuel Linke-Jackson, en el equipo azul; Sasha se alegró. El chico tenía un notable parecido con Marco, si bien un carácter mucho más serio y reservado. Aun así, Samuel era de los pocos que no ponían los ojos en blanco cuando la cazadora hacía alguna de las suyas; como cuando ella se ponía a comer durante las clases teóricas, tapándose con el libro para que no la viese el profesor. El chico se incomodaba al principio en esas ocasiones, pero luego terminaba esbozando una sonrisa cómplice, e incluso se ofrecía a echarle una mano si no había mucho riesgo; él era más bien prudente, no llegaba al arrojo temerario de Connie ni de lejos.

Samuel hizo unos disparos normalitos, pero Sasha se iba dando cuenta cada vez más de que, en aquellos juegos de guerra, no iban a disparar a unos blancos inmóviles… Sonrió al chico cuando llegó donde estaban ellos, después de limpiar las dianas; él le devolvió la sonrisa con timidez.

Luego fue el turno de Connie. ¡También en el equipo azul! Sasha estuvo a punto de saltar de alegría, pero se contuvo cuando recordó la situación de Mikasa; pero como él no lo sabía, se alegró por los dos, sin cortarse… aunque la sonrisa se le borró de la cara cuando intentó disparar y no salió la bala.

Antes de que empezasen a oírse murmullos o Shadis, impaciente, agarrase de la cabeza a Connie (no sería la primera vez), Sasha se acercó a su amigo a paso rápido.

–Da igual –le dijo con tranquilidad–, no intentes averiguar qué se te ha olvidado. Tú empieza desde el principio otra vez y ya está.

Él la miró un momento, extrañado, pero reaccionó enseguida y repitió los movimientos. El chico metió la mano en su bolsa de municiones… y entonces cayó.

–Antes se me ha olvidado meter la bala –confesó en un susurro, avergonzado–. Se me ha ido la cabeza, creí que esto era como el equipo de maniobras y…

–No importa –Sasha reconoció, para sus adentros, que a ella podría haberle pasado lo mismo–. Venga, ¡machaca a esas dianas!

Connie hizo buenos disparos: dos tiros en cada diana, con bastante rapidez y centrados.

–¡Se te da tan bien como a mí! –le felicitó la chica.

–¿Hago como Armin y disparo mientras doy una voltereta, a ver qué tal me sale? –propuso él, con una sonrisa, levantando una ceja.

Por toda respuesta, Sasha le pasó una mano por encima del hombro y se lo llevó donde estaban los demás del equipo azul. Marco puso los ojos en blanco, aunque sin dejar de sonreír, y fue él quien se encargó de limpiar las dianas esta vez.

–Estaba pensando... –comentó Braus, mientras tanto–. Podríamos hacer algo parecido a lo de esta mañana, durante el combate.

–¿Ir a caballito? –Springer la miró ilusionado–. ¡Un plan brillante!

Se oyó el resoplido despectivo de Kirstein; pero antes de que éste diese su opinión sobre las ocurrencias de "los paletos de pueblo", o antes de que los otros dos hiciesen al menos media docena de bromas a costa del "capullo de ciudad", Samuel venció su timidez habitual y se atrevió a aportar su granito de arena.

–Es verdad que, en otros tiempos, se consideraba que la caballería tenía ventaja sobre la infantería...

–No lo dirás en serio –otra vez se pintó la perplejidad en el rostro de Jean.

–Las cosas han cambiado bastante desde entonces, lo sé –continuó el moreno, algo más confiado–. Pero oye, podría funcionar, sobre todo si los demás no se lo esperan.

El rubio ceniza se quedó sin palabras; a Sasha le recordó un pez boqueando fuera del agua.

–¿Leíste algún libro interesante sobre el tema? –preguntó Marco, que ya había vuelto y les había oído.

–Bueno… –continuó Samuel, llevándose una mano a la nuca–. Más bien, hum… ¿Recordáis aquel juego de mesa? Las fichas de caballeros valen más que las de soldados a pie. Por algo será, ¿no?

Sasha y Connie se miraron entre ellos y tuvieron que hacer un esfuerzo para no reírse.

–Pero sí he echado algún que otro vistazo a la biblioteca –se defendió Linke-Jackson–. Hay un libro sobre "tácticas de combate urbanas", o algo por el estilo, que merece la pena. Ideas interesantes… Por ejemplo, usar el equipo de maniobras para llegar rápidamente a una posición elevada y, desde allí, controlar el terreno y disparar a los objetivos.

–Entonces estamos hablando de tácticas, pero no contra titanes –ahora Jean parecía preocupado.

–Supongo que no. Más bien labor policial: control del orden público, mantener la paz, etcétera. ¿No era una de las lecturas recomendadas? Al menos, para quien quiera entrar en la Brigada…

–Lo que molaría sería poder moverte por el aire a la vez que disparas… –Connie pensaba en voz alta, perdido en sus ensoñaciones–. Y si fueran rifles con los que poder matar titanes, ¡imagínate!

–No seas ridículo –gruñó Jean–. Ya me dirás cómo vas a manejar un equipo de maniobras y disparar al mismo tiempo...

–Pues oye, pistolas en vez de rifles…

–Es lo mismo, terminarías pegándote un tiro en la cara…

Sasha se dio cuenta de que Armin, no muy lejos de ellos, inclinaba ligeramente la cabeza, como intentando seguir aquella conversación, que debía resultarle interesante… También se percató de que Nac Tius y Thomas Wagner ya estaban con los del equipo marrón.

"Vaya. ¿Tanto me he abstraído en la conversación?"

Mikasa no había dicho ni una sola palabra y seguía observándolo todo, sin perderse un solo detalle; casi parecía haber dejado de respirar. Sasha habría creído que era una estatua, si no fuera porque vio que aún parpadeaba; la inquietud de sus ojos negros era cada vez mayor. No era difícil adivinar en qué estaba pensando, teniendo en cuenta quién era el siguiente cadete, por orden alfabético.

–¿Qué tal lo han hecho Nac y Thomas? –le preguntó para intentar distraerla.

–Normal –contestó la morena–. No podemos confiarnos, pero tampoco son los más peligrosos.

Mientras decía aquello, miraba fijamente a alguien. Sasha siguió su mirada y se topó con Annie y su cara "paso de todo (marca registrada)".

–Oye –le susurró a Mikasa, acercándosele al oído–. Ponte a la cola. Leonhart es mía.

Su amiga se giró hacia ella, con los ojos bien abiertos; ya no había inquietud, sino sorpresa en ellos.

–Tengo una bala con su nombre –insistió Sasha, intentando (sin éxito) sonar amenazadora–. Bueno, todavía no… pero puedo tenerla lista en un minuto, si eso es lo que hace falta. ¡El caso es que me la he pedido yo primero! Que conste.

–Creía que venías de un pueblo de cazadores –Mikasa sonrió levemente–. Sabes que lo de "me la pido" no vale.

–Entonces –Sasha le devolvió la sonrisa–, la que llegue antes…

Y fue en ese momento cuando les interrumpieron las palabras del oficial Eibringer.

–¡Cadete Yeager! Te ha tocado en el equipo marrón.