HISTORIAS PERDIDAS DE LOS ASGARDIANOS.
DISCLAIMER: Los nombres de los personajes y la historia pasada de cada uno de ellos pertenecen al señor Stan Lee, y a MARVEL.
Aunque los tres personajes principales de esta historia, Thor, Loki y Sif, pertenecen a su vez a la mitología nórdica.
Lo único que me pertenece es la historia que aquí les presento.
Nota del Autor: Ciertos acontecimientos conocidos sobre la vida y relaciones de algunos personajes han sido modificados según la historia aquí presentada.
N/A: Agradecimientos a Noelia y a Astoria Potter por sus comentarios y alientos para continuar con la historia.
Lo prometido es deuda, este capítulo es relatado por Loki.
Capitulo 9: Prisionero.
"Malditos enanos." –murmuré luego de que los guardias me dejaran solo en la prisión. Después de todo lo que había hecho, después de las alianzas que había logrado, aquí estaba yo, encerrado en una habitación pequeña, inhabilitado para usar mis hechizos para liberarme de aquí, y volver a mis planes.
Y la culpa de todo la tenía el viejo Odin, ya me las iba a pagar pronto cuando lograra destruirlo, cuando por fin el trono de Asgard cayera en mis manos como debía ser. Thor no se merecía nada de lo que tenía. "¡Nada!" –grité de pronto furioso con mis pensamientos y por la posición en la que me encontraba. Si esos malditos gigantes no hubieran dicho que yo había sido quién los había hecho entrar en Asgard ahora todo sería diferente y yo sería libre.
Esos pensamientos no me habían dejado en paz desde que había sido encarcelado en esta prisión absurda, con estas absurdas esposas y ese estúpido casco que me inhabilitaban para usar mis poderes, si yo pudiera escaparme, Odin lo lamentaría, Thor lo lamentaría. Y yo sería el rey.
Inmediatamente interrumpí mis pensamientos cuando escuché que la puerta se abría y levanté mi mirada para descubrir quién sería la persona que se atrevía a venir. Enseguida que vi la sombra de su silueta desvié la mirada, era Frigga, mi madre, a la única persona que no me atrevería a mirar a los ojos después de todo lo que había sucedido.
"Loki, cariño." –me llamó con aquella suave voz que solo ella tenía en todo el reino. Aún así no me atreví a mirarla. "¿Te molesta mi compañía?" –preguntó ella acercándose más a mí.
"No… no esperaba que vinieras… a verme así." –susurré al sentir su cuerpo más cerca de mí, pero aún no me atrevía a mirarla.
Su suave mano, aquella mano que siempre me había demostrado cariño, se acercó a una de mis manos y la tomó apretándola con suavidad. "Quería verte después de todo este tiempo sin saber nada sobre ti." –susurró también. "Quería ver a mi pequeño hijo."
"¿A pesar de todo lo que he hecho?" –pregunté con un tono de burla que no quería utilizar con ella, pero el odio que sentía en ese momento era demasiado fuerte.
Ella suspiró y sentí que se me partía el corazón por lastimarla así. "A pesar de todas las decisiones que has tomado, eres mi hijo, y nunca dejarás de serlo."
"Mientes." –le dije, necesitaba lastimarla, lastimar a la única persona que siempre me había amado, necesitaba que ella sintiera el dolor que yo sentía. "Tú jamás fuiste mi madre. ¿Te olvidas que soy hijo de tus enemigos?" –el tono de burla e ironía fue inevitable.
"Siempre te consideré como un hijo propio Loki." –susurró ella con la voz ahogada. "Y a pesar de las cosas que has hecho, y de lo que harás, nunca voy a dejar de considerarte mi hijo."
Me odié más en ese momento, no estaba preparado para recibir cariño, no ahora, no cuando me encontraba en esta situación. Apreté más su mano, y me atreví a mirarla. Tenía los ojos vidriosos, como si estuviera intentando no llorar, seguro le daba lástima verme así. "No necesito de tu lastima." –mi voz sonó fría como el hielo.
"Loki tú eres más inteligente que esto, sabes que no es lastima lo que siento, me preocupas, quiero encontrarme con el Loki que yo conocí." –anunció ella apretando mi mano con más fuerza. "Quiero ver a mi hijo."
"Nunca fui tu hijo, y lo que viste de mí, fue otro de mis engaños." –no era verdad todas esas palabras, no eran verdad, pero quería hacerla sufrir como un veneno que mis labios querían expulsar.
Ella suspiró nuevamente. "Sé que estás enojado por lo que está sucediendo contigo, lamento todo esto, pero es necesario. Por ahora."
"¿Necesario?" –pregunté con ironía.
Frigga asintió. "Sí cariño, los gigantes saben que tú quisiste destruir su planeta y pensamos que ellos vendrán por ti, y cuando la guerra comience tú estarás a salvo aquí."
"No si no puedo protegerme." –repliqué.
"No podemos permitir que uses tu magia, o podrías escapar y ahora no es el mejor momento." –susurró intentando que yo viera el lado positivo de estar en prisión.
"Ningún guardia se hará cargo de mi cuando la guerra llegue a Asgard." –anuncié mirándola, ella tenía que entender que mientras yo estuviera con este casco y esas esposas, no habría forma de que yo pudiera protegerme por si los gigantes venían por mí.
"De hecho, Odin te ha asignado un guerrero que estará aquí para protegerte, llegado el momento." –explicó mientras su mano libre se acercaba a acariciar mi mejilla. "Yo le pedí que hiciera eso."
"¿Quién será ese guerrero?" –pregunté sonriendo con picardía, seguramente ninguno de los Tres Guerreros, por lo tanto sería fácil de persuadir y lograr salir de aquí.
"Lady Sif." –anunció ella respondiendo a mi pregunta. Y eso me sorprendió de verdad.
No estaba esperando que Sif fuera quien me protegería de los gigantes, ella estaría en peligro por mí. "¿Sif? ¿Porqué ella?" –pregunté sorprendido.
"Porque soy la única que tú no podrás persuadir para escapar." –anunció ella entrando en la celda.
Frigga sonrió mirándome y se levantó apartándose de mí. "Será mejor que ustedes dos hablen."
La miré no muy seguro de porqué ella quería que yo hablara con Sif, cuando ninguno de los dos teníamos nada que decir.
Sif se acercó a mí luego de hacerle una reverencia a mi madre y ocupó el lugar donde Frigga había estado sentada.
Mi madre sonriendo saludó a Sif con un simple asentimiento y una extraña sonrisa de complicidad que yo no pude entender en el momento.
Cuando nos quedamos solos, no esperé a que ella hablara. "Me halaga que se haya ofrecido a cuidar de mí, tal vez se pierda la batalla."
Vi como ella se encogía de hombros. "Tú eres más importante."
La miré sorprendido, ¿había escuchado bien? ¿Acaso ella estaba diciendo eso? Mi corazón no dudó en palpitar con fuerza, pero mi voz siguió sonando fría, como siempre con ella. "Buen intento, ya me había tratado de confundir en Midgard, Lady Sif. ¿Ahora sería tan amable de decirme por qué usted? ¿O digamos que fue el tonto de Odin quién decidió que usted debía vigilarme?"
Sif me regaló una media sonrisa. "De hecho fue tu madre, y ella tendrá sus motivos." –respondió misteriosamente.
Sonreí con frialdad. "Mi madre se preocupa mucho por mí."
"No es la única." –respondió ella para mi sorpresa, y no dudé en mirarla.
"Dudo que alguien más se preocupe por mí en estos momentos." –repliqué sin demostrar mi confusión.
"Loki" –pronunció mi nombre y sentí que se me erizaba la piel. "Leí la carta… la carta donde me decías la verdad sobre lo que sucedió aquella noche, y debo decirte que me has decepcionado."
No me sorprendió ese comentario, era obvio que ella iba a decirme eso, después de todo, esa noche había puesto en marcha mis planes. "Lo entiendo." –fue lo único que le dije, ya quería estar solo.
"Hubiera preferido que lo que me hiciste creer fuera verdad." –replicó, noté enseguida que no me había hablado con frialdad en todo momento, más bien estaba tanteando el terreno por algo.
"¿Qué dices?" –ni siquiera supe que preguntarle.
Ella suspiró. "Sé todo Loki, sé lo que sientes por mí."
"Frigga." –pensé desviando mis ojos del rostro de Sif, al fin ella también me traicionaba, pero no lo vi por mucho tiempo como una traición. "¿Vas a burlarte?" –pregunté aún sin mirarla.
Inmediatamente sentí su mano sobre la mía, y cerré los ojos, jamás había recibido un gesto amable de nadie que no fuera mi madre, o la mujer que yo consideraba como mi madre. Y menos había recibido una caricia de Sif.
"Yo también siento lo mismo por ti… y sí, me he convertido en una buena mentirosa gracias a que he ocultado esta verdad durante años." –me confesó en un susurro, como si tuviera miedo de ser escuchada.
No podía creer lo que me estaba diciendo, Lady Sif, la futura esposa de mi hermano, la guerrera de Asgard, la mujer a la cual yo le había hecho tantas maldades, la cual había jurado odiarme para siempre, de hecho estaba enamorada de mí, tanto como yo de ella. Era ciertamente imposible.
"No juegues conmigo, soy más astuto que tú." –le dije sin mirarla.
"Pues no estoy jugando Loki, es la verdad." –se defendió de pronto.
La miré definitivamente no parecía estar jugando conmigo, pero esto parecía no ser del todo verdad. "¿Qué es lo que quieres conseguir al decirme esto?"
Tomó una postura defensiva en ese momento y yo me maldije interiormente por haber causado eso. Su mano se separó de la mía, aunque yo hubiera preferido seguir sosteniéndola.
"Nada, olvídalo, ¿sí? Solo haré mi trabajo. Debí haberme casado con Thor cuando pude." –mencionó y comenzó a levantarse para irse.
"¡Espera!" –no sé porqué la llamaba pero ya lo había hecho, ella se giró para mirarme. "¿Porqué no te casaste con Thor? Durante todo este tiempo habías tenido oportunidad."
Ella suspiró. "Porque no es a él a quién amo." –reveló y no pude evitar la felicidad que sentí en ese momento.
Me levanté de la cama al notar que ella no se acercaría y caminé hacia ella. "Y ¿quién es esa persona que amas y no es mi hermano?"
"Eres tú." –no vaciló en responder y no pude evitar la sonrisa, después de todo este tiempo, después de todos los deseos ocultos, e incluso después de todo el daño que le había hecho, ella estaba enamorada de mí.
Le extendí una mano, no podía abrazarla mientras usaba las esposas, apenas podía mover mis brazos, ella tomó mi mano sonriendo, y yo no podía creerlo, en el día más oscuro de mi maldita vida a la sombra de Thor, había un rayo de esperanza brillando para mí.
Nos miramos durante un segundo más sin decir nada hasta que sentí sus labios sobre los míos y no dudé en corresponder ese beso.
Esto traería complicaciones, pero mis planes no se detendrían. A pesar de todo, no podía dejar de lastimarla.
