Hoy es mi baby shower, bueno, el de Bobby.
Apenas tengo siete meses, sin embargo Sally dijo que era mejor hacerlo así con tiempo para que pudiera disfrutar la fiesta, no sé, supongo que tiene razón, ella es la experta en estas cosas.
Sherlock no parece muy contento pero no lo culpo, más de tres personas a su alrededor para él ya son una multitud.
- ¿Lista señora?-
Rachel está afuera esperando a que salga de bañarme, le contesto que sí y me envuelvo en la bata, mi panza aún es muy pequeña, me preocupa que Bobby no esté creciendo adecuadamente pero el doctor dice que todo marcha bien, debo confiar en su criterio.
La enfermera entra y me muestra el vestido que John me regaló, es precioso, de cuadros escoceses color rojo y gris, me llega justo debajo de las rodillas; Rachel me ayuda a vestirme, tenemos especiales problemas para ponerme los mallones pero al final lo conseguimos, incluso me ayuda a peinarme y maquillarme.
- Quedó preciosa- me dice, sonriendo – sus invitados no tardan en llegar, la señorita Sally ya decoró todo, ¿quiere ir a ver?-
- Me encantaría-
Sally lo dejó bellísimo, todo en color celeste, hay conejitos por todos lados, sonrío al ver al conejo con el sombrero de la famosa foto de Sherlock.
- Quiero arrancar ese maldito conejo- dice Sherlock, bufando – te queda bien el vestido, un poco grande, pero bien-
- Gracias- le digo.
- Cállate, Sherlock, le queda precioso- replica John.
- Bueno, por hoy yo me retiro- anuncia Rachel – ayudé a la señorita Sally con los bocadillos y creo que todo quedó listo-
- No, quédate- le pido – vamos, como amiga-
- Me gustaría, pero no puedo- me contesta, sonriendo – pero…- Rachel toma su bolso y me entrega un paquete – no quería irme sin dejarle un regalo-
Sonrío y reviso el contenido, me quedo muda unos instantes, sostengo los zapatitos, luego la gorrita y la camisita, todo tejido a mano.
- ¿Los hiciste tú, Rachel?- le pregunto, emocionada – son hermosos, muchísimas gracias, no debiste tomarte la molestia-
- Ya tengo práctica, señora, no fue ninguna molestia, lo hice con mucho gusto, sé que no es la gran cosa pero…-
- No, Rachel, no digas eso- continúo, abrazando a mi nueva amiga – gracias, de verdad-
- ¿Tienes hijos, Rachel?- le pregunta John.
Rachel sonríe, nos muestra una foto en su celular, es un niño hermoso, debe tener unos dos o tres años, tiene los mismos rasgos de su madre, salvo que su tez es blanca, además de un par de ojos grises preciosos.
- Se llama Thomas- dice Rachel – tiene 3 años-
- Debe ser el orgullo de su papá- dice John.
- Su padre murió poco antes de que Tom naciera- responde Rachel, guardando su teléfono – bueno, que la pasen muy bien, me voy-
- Perdona, no quería incomodarte- se disculpa John – te acompaño a la puerta-
Me quedo un poco triste por Rachel, aunque Bobby tampoco tendrá un padre en su vida por lo menos sabrá quién es y que está vivo, trato de no pensar más en ello y busco con qué distraerme, de alguna manera Sherlock, John, Sally y yo terminamos viendo telenovelas coreanas en mi laptop.
- Por Dios, es obvio que Min-Hyug es el mismo que Jung-Sang, ¿por qué demonios no se da cuenta?- gruñe Sherlock, no ha dejado de gritarle a la computadora todo este tiempo.
- ¿Quién es qué?-
Dejamos la telenovela de lado al ver a Greg, sonríe y pasa, la señora Hudson lo acompaña.
- Anderson y Dimmock venían detrás de mí- dice Greg.
Sherlock hace una mueca, sé que detesta a Anderson, Sally se ríe de él; a los pocos minutos llegan los susodichos, además del siempre formal Mycroft Holmes, acompañado por una muchacha guapísima a la que John llamó Anthea, ella apenas lo miró.
Sally sirve los bocadillos y las bebidas mientras la plática se anima, obviamente Sherlock está enfurruñado en un sillón, tampoco es como que su hermano participe mucho.
- Bien, es hora de abrir los regalos- anuncia Sally – abre primero el mío-
Es un álbum para el bebé, incluso tiene una página para anotar el nombre, la hora y la fecha en que nació, su peso y demás detalles.
- Debes buscarle un nombre pero ya- dice Sally – en menos de lo que crees cumplirás los nueve meses y lo tendrás contigo-
- En realidad son 40 semanas- dice Greg – cosas que uno aprende…-
Sherlock rueda los ojos y masculla algo que no entiendo.
- Creo que abriré este- digo, tomando un paquete forrado de papel brillante – es de…Charlie Dimmock, muchas gracias-
Recuerdo haber visto estas cosas en las revistas de maternidad que John me regala, les dicen monitor para bebés, una especie de walkie talkies para saber si tu bebé llora.
- Espero que te sirvan- dice Dimmock.
- Gracias, los usaré-
- Sigue abriendo regalos- insiste Sally, sonriendo.
Elijo una bolsa con un dibujo de osito.
- Este es de Greg- anuncio.
Es un juego de toallas y una batita de baño con dibujos de patitos.
- Muchas gracias, me encantan- tomo otro regalo – este es de la señora Hudson-
Son cuentos, hermosos cuentos ilustrados para mi bebé, los hojeo con cuidado y los muestro para que todos los vean.
- Son preciosos, muchas gracias-
Se escucha un bip de mensaje, Mycroft revisa su celular y sonríe.
- Llegaron mis regalos- anuncia – Anthea, por favor…-
- ¿Qué?, ah, sí-
La muchacha se levanta sin dejar de mensajear, abre la puerta y al menos una decena de uniformados entran y dejan paquetes en la sala, Sherlock gruñe y John se queda con la boca abierta, yo no sé qué decir.
- ¿No vas a abrirlos?- pregunta Mycroft.
Comienzo a revisar mis regalos: un purificador de biberones, una cuna, un moisés, al menos una docena de zapatitos, cajas de pañales de diferente etapa, muchísimas latas de leche en polvo, carriola, un oso de peluche gigante y un cambiador de pañales.
- Oh…muchas gracias, de verdad…pero creo que es demasiado, no debiste…-
- Para mi sobrino no hay demasiado de nada-
Sonrío, al menos Bobby siempre podrá contar con el tío Mycroft.
- Sólo falta el de Anderson- comenta Greg, pasándome el paquete.
- Es algo pequeño, pero me pareció que les gustaría, es decir, a Sherlock y a ti- comenta Anderson, algo rojo, entendible después del despliegue de regalos de Mycroft.
Lo abro y sonrío, es un móvil para la cuna del sistema solar, Sherlock frunce el entrecejo e insulta a Anderson por lo bajo, a mí me parece un excelente detalle.
- Es genial, me encanta- digo, haciendo girar el juguete.
- Al menos él sí conocerá el sistema solar- comenta Anderson, haciendo reír a todos, a todos menos a Sherlock y a Mycroft, quien apenas dibuja una sonrisa.
- Bueno, Molly, es hora de que le hables a Bobby- dice Sally.
- ¿Qué haga qué?-
- Que le dediques unas palabras a tu bebé, ya puede oírte, dile algo lindo como… qué es lo que quieres darle, cómo lo estás esperando, algo así-
- Oh, no Sally, no podría-
- Anda, sí puedes, vámos-
- Mhhh…bueno…yo…sólo quiero que Bobby sea muy feliz, quiero darle una vida tranquila, que sepa que siempre contará con su madre en las buenas y en las malas, que no está solo y que lo amaré sin importar nada-
- Eso es muy lindo, Molly- dice John.
- Aburrido- comenta Sherlock - ¿seguridad?, todos los niños en el mundo pueden tener eso, la seguridad es aburrida, si fuera por mí, le daría miles de retos para agudizar su mente, cosas para pensar, para cuestionarse, le daría aventuras y cosas que hacer para dormir cansado, tantos casos como él quisiera, eso es lo que le daría, ¿cómo que seguridad, Molly?, lo matarás de aburrimiento-
- Bueno, Sherlock, un bebé debe tener un lugar tranquilo, al menos sus primeros años- le contesto, sonriendo –pero después podrías llevarlo en alguna de tus aventuras junto con John-
- Y para eso no necesitaría el maldito sistema solar-
- Es para relajarlo, así duerme mejor- digo.
- No te creo nada, no es más que una burla de Anderson, él tal vez sepa todos los planetas del mugroso sistema solar pero no podría resolver ni el más sencillo de mis casos-
Me río, Sherlock es como un niño pequeño.
Todos la pasamos bien en la pequeña fiesta, cerca de las ocho se han ido todos, Sherlock sigue un poco enfurruñado por el regalo de Anderson.
- Yo no me creo eso de que es para dormir bebés, falacias, puras falacias- gruñe Sherlock, dejándose caer en el sillón.
- A ver…- suspiro, acercándome – quédate así-
Sostengo el móvil sobre Sherlock y lo hago girar despacio, él frunce el ceño pero se queda quieto, de repente, y para mi sorpresa, lo veo bostezar.
- Eso no prueba nada- dice.
Se queda dormido en menos de veinte minutos, creo que Bobby tendrá que prestarle su juguete nuevo a Sherlock, al menos hasta que nazca.
