CAPÍTULO 9 – NOCHE DE CHICAS
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Quinn estuvo tentada de marcharse de allí. Era lo más fácil y probablemente también lo más inteligente, pero a Santana le temblaba la barbilla y supo que hablaba en serio cuando le dijo que si se iba no serían amigas nunca más.
Miró a Rachel y Brittany que observaban la escena paralizadas, esperando la respuesta de Quinn.
- Bah, me quedo – dijo, como si, en realidad, lo que decidiese no tuviera importancia.
Brittany sonrió. Rachel dijo algo sobre la cena y desapareció por una puerta que Quinn imaginó que sería la cocina. Iba a sentarse en un sofá que había a su espalda pero Santana se acercó a ella como si fuera a abrazarla.
Quinn no estaba acostumbrada a recibir abrazos, aparte de los abrazos grupales de las Cheerios, así que se quedó quieta y muy nerviosa. Santana, que tampoco tenía la costumbre de abrazar a la gente, intentó hacerlo, pero se quedó también parada, muy cerca de Quinn, sin saber cómo actuar o qué hacer con las manos.
- Venga, chicas – dijo Brittany saltando sobre ellas y abrazándolas a ambas a la vez.
Quinn sintió el brazo de Brittany rodándole los hombros y tirando de ella. El de Santana le acarició la cintura. Y cuando se quiso dar cuenta, ella misma las abrazaba con todas sus fuerzas. Suspiró e intentó contener un sollozo.
- Lo siento – les dijo.
- Somos la Unholy Trinity – dijo Santana.
- ¡Los Angeles de Charlie! – exclamó Brittany.
-¿Sí? ¿Y quién es Charlie? – preguntó Quinn dibujando una sonrisa.
- ¡Rachel! – respondieron Brittany y Santana al unísono.
- ¿Qué? – preguntó Rachel asomando la cabeza por la puerta de la cocina. Les había escuchado gritar su nombre.
Las tres animadoras se empezaron a reír.
- Y aún no hemos bebido – comentó Santana entre risas - ¿Tienes alcohol, no Berry?
Rachel puso cara de preocupación.
- Tenemos vino pero…
- Nada de peros – le dijo Quinn acercándose a ella – Podemos bebernos una botella, seguro que tus padres no lo notan - le propuso.
- Ya, pero no debemos beber hasta que cumplamos los veintiuno.
A Quinn le volvió a dar la risa.
- ¿En serio?
- Venga Rachel – las interrumpió Santana – No es como si bebiéramos vodka. El vino apenas tiene alcohol, se toma con las comidas.
Rachel no estaba muy convencida, pero sacó una botella de vino tinto que sus padres habían traído de un viaje a España.
- Tus padres están todo el día viajando – le dijo Santana alucinada, cuando se enteró de donde venía la botella.
- Sí, la verdad es que sí – pensó en voz alta.
El primer trago no le supo del todo bien. Era fuerte, dulce y áspero, todo a la vez. Era un sabor extraño, pero el paladar se adaptó a la bebida tras unos cuantos sorbos.
Pusieron la mesa entre las cuatro y regaron un delicioso plato de fetuccini al dente con la botella de vino. Para el postre, Rachel había preparado una tarta de chocolate y sus tres comensales la llenaron de elogios por su talento en la cocina. Pensó en cantar algo al piano cuando terminaron la tarta, pero se contuvo por si acaso. Kurt y ella hacían fiestas de pijamas todo el tiempo y cantaban después de cenar; sin embargo, el público que tenía hoy era diferente y no pensaba meter la pata de ninguna de las maneras. Y menos cuando tenía a Quinn en su casa, hablando, bromeando y más guapa de lo que había estado nunca.
- ¿Desde cuándo lo sabías? – le preguntó Santana a Quinn refiriéndose a su relación con Brittany.
Santana estaba sentada al lado de Rachel, y Quinn y Brittany estaban en frente de ellas, al otro lado de la mesa.
- No sé – respondió Quinn pensativa – No es que lo supiera realmente ¿sabes a lo que me refiero?
Santana asintió. Brittany y Rachel seguían atentamente la conversación. Bueno, Rachel no se estaba enterando de mucho, porque Quinn tenía el pelo recogido y le brillaban los labios una barbaridad. Se estaba mareando de lo mucho que le brillaban los labios, o quizás era el vino.
- Cómo os hablabais, cómo actuabais entre vosotras… - siguió diciendo Quinn - no sé, todo. Es algo que notas.
- ¿Cómo si tuvieras un radar en la cabeza para averiguar estas cosas? – le preguntó Brittany.
- Eso es un gaydar, Brittany, te lo he dicho muchas veces – la interrumpió Santana sonriendo. – La que no tenía ni idea es esta de aquí – comentó señalando a Rachel.
Rachel no había estado demasiado atenta, decían algo de un radar gay y Santana la estaba señalando.
-¿Qué? – dijo rápidamente.
- Que tú no te habías dado cuenta de lo mío con Brittany - le aclaró Santana.
- Bueno, tampoco tenía mucha relación con vosotras, ¿no? – dijo Quinn en su defensa. Rachel le dedicó una sonrisa tímida y Quinn se la devolvió con la misma timidez.
- Ya – prosiguió Santana – pero es que debería estar al tanto de estas cosas. Al fin y al cabo ella sí es gay.
Rachel se giró hacia Santana como un resorte. No se podía creer que lo hubiera dicho en voz alta. Delante de Quinn.
- Espera – dijo Quinn llevándose las manos a la cara y mirando hacia Rachel - ¿Tú eres gay?
Rachel no supo qué contestar. Se le salía el corazón por la boca. No sabía qué hacer, qué decir. Lo único que se le ocurrió fue salir corriendo en dirección a su cuarto.
Santana se quedó mirando la puerta por la que acababa de salir Rachel sin comprender muy bien qué había pasado.
- ¿Qué mosca le ha picado? – acertó a decir en voz alta, completamente desconcertada.
- Me parece que la acabas de sacar del armario – le aclaró Quinn.
Santana se mordió el labio pensativa.
- Joder – exclamó – no me he dado cuenta.
- Deberías disculparte – le aconsejó Brittany.
- Creo que me voy ya a casa – anunció Quinn levantándose de la mesa - ¿Quieres que te acerque a la tuya? – dijo dirigiéndose a Brittany.
- No podéis iros ahora – protestó Santana – aún es temprano.
- Rachel quizás prefiera que nos vayamos, Santana – le dijo Brittany tocándole la cintura y besándole en la mejilla a modo de despedida.
Santana las acompañó hasta el coche y suspiró con disgusto mientras regresaba a la cocina tras despedirse de ellas.
Menuda metedura de pata. Si hubiera sabido tener la boca cerrada aún podrían estar charlando en la sobremesa y posiblemente habría tenido la oportunidad de estar un rato a solas con Brittany más tarde. Pero esa bocaza suya había conseguido estropearlo todo.
Rachel debía estar enfadada con ella. La mejor opción sería marcharse a su casa, pero tampoco quería dejar las cosas así. Subió las escaleras un poco insegura. Probablemente se habría encerrado en su cuarto y debía estar muy enfadada con ella.
Tocó en la puerta de la habitación, que estaba entreabierta.
- ¿Puedo pasar? - preguntó con cautela.
No esperó su respuesta. Entró y la encontró tumbada boca abajo sobre la cama, con la almohada apretada sobre la nuca.
- Hey – le dijo sentándose junto a ella sintiéndose culpable.
Rachel no se movió.
- Vete – le dijo con la voz ahogada.
- Lo siento.
- Déjame en paz y vete.
- Venga Rachel. De verdad lo siento – insistió – no se va a acabar el mundo por esto.
Rachel se dio la vuelta y se incorporó sobre la cama. Tenía los ojos hinchados por el llanto.
- ¿Qué no se va a acabar el mundo? – le dijo señalándole con un dedo acusador. - ¿Y si el Lunes me paseo por el campo de football durante el entrenamiento y le cuento a todo el equipo de Cheerios que te van las tías? Tampoco se acaba el mundo, ¿verdad?
Santana apretó los labios con fuerza y apartó la mirada.
- No se acabaría el mundo – reconoció - pero sería una putada.
Rachel se sentó a su lado y se sorbió la nariz. Santana le acercó un pañuelo que encontró sobre la mesita de noche.
- ¿Bordas todos tus pañuelos? – le preguntó mirando el trozo de tela con incredulidad.
- Idea de mis padres – asintió Rachel.
Santana se quedó pensativa un momento, mientras Rachel se sonaba la nariz.
- ¿Y las bragas? – preguntó con curiosidad.
Rachel se volvió hacia ella flipada por la pregunta.
- ¡Santana! – le dijo escandalizada, riéndose, aún con lágrimas en los ojos.
- Lo siento de verdad, Rachel – le dijo Santana aprovechando el cambio de humor. – Lo he hecho sin darme cuenta. No quería hacerte daño.
Las palabras de Santana parecían sinceras y Rachel la creyó. No podía seguir enfadada con ella, pero seguía sintiéndose mal.
- Quinn va a odiarme – se lamentó tumbándose sobre la cama.
- Yo también soy gay y no se lo ha tomado tan mal – la consoló Santana tendiéndose a su lado.
- Ya, pero tú eres su amiga de toda la vida.
A Santana le dio la risa.
- Sí, somos amigas los días pares, enemigas los impares y familia los fines de semana.
Rachel la miró extrañada, no había entendido lo que quería decir.
- Nuestra amistad tiene muchos altibajos – aclaró Santana – Yo la quiero y ella me quiere, pero no siempre somos honestas la una con la otra y estamos más tiempo discutiendo que pasándolo bien.
- ¿Por qué? – preguntó Rachel un poco confusa. – Yo casi nunca me peleo con Kurt y siempre nos decimos la verdad.
- ¿Le has contado que te gusta Quinn?
- No.
- Entonces no estás siendo honesta con él.
-No le he mentido – se defendió.
- No decir la verdad, cuando se trata de algo tan importante, es tan grave como mentir – sentenció Santana
Rachel meditó por un momento.
- Creo que tienes razón.- concluyó - quizás deba contarle como me siento.
- Lo que no entiendo es por qué no se lo has contado antes. Él es gay, ¿no? – preguntó Santana – ya sabías que no se lo iba a tomar mal.
- Lo sé – dijo Rachel pensativa – pero yo no tengo ningún problema por ser gay. Sé que alguna gente lo tendrá, pero espero poder manejarlo. No es eso lo que realmente me angustia…
Santana se movió y se quedó de costado mirando a Rachel interesada.
- ¿Entonces? – la apremió.
-No sé. Me da miedo sentirme así por alguien. No es eso lo que quiero. Yo quiero ir a Nueva York cuando acabe el instituto y…
- Sí, convertirte en una gran estrella, blablablá. – la interrumpió Santana – ¿eso qué tiene que ver?
- Pues que ese es mi sueño. Es el propósito que me saca de la cama todas las mañanas. Es lo que me empuja a esforzarme en los estudios y en el coro. Lo que me protege cuando no encuentro a nadie que me entienda, o cuando la gente se burla de mí.
Rachel hablaba muy rápido y Santana, por primera vez, en lugar de aburrirse con uno de sus discursos, la miraba con expectación esperando una conclusión lógica a lo que le estaba contando.
- Desde hace un tiempo Quinn se cuela en mis pensamientos – prosiguió – y cuando antes tenía la mente puesta en Broadway, ahora pienso en lo bonita que está cuando sonríe. Y ya no me concentro igual en los ensayos del coro, ni en ninguna clase en realidad. Es Quinn y Quinn y otra vez Quinn bailando en mi cabeza – le dijo con tono de protesta – a veces literalmente – añadió circunspecta.
Santana sonrió.
- ¿Y eso te da miedo?
- Eso me aterroriza. - admitió - ¿Pero sabes qué me da aún más miedo?
- ¿Qué? – le preguntó Santana.
- Que ella no sienta lo mismo por mí.
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Quinn y Brittany se encontraron en la entrada de la casa de Brittany con sus padres, que venían de dar una vuelta e insistieron a Quinn para que pasara a tomar un tentempié. No tuvo más remedio que entrar, porque ya sabía por experiencia que era imposible discutir con la madre de Brittany.
Le ofrecieron muffins de chocolate rellenos de crema mascarpone y Quinn no pudo resistirse a aquella delicatesen, aún a sabiendas de que todo el azúcar acabaría en sus caderas y tendría pesadillas en las que la entrenadora Sylvester la echaba del equipo por comer más postres de la cuenta.
- Quinn ya sabe lo mío con Santana, mamá – dijo Brittany inesperadamente.
Quinn no llegó a morder el muffin y se quedó con la boca abierta mirando a Brittany son sorpresa. No se podía creer que estuviera hablando de ese tema, tan tranquila, con sus padres delante.
- ¿Y tú qué piensas de todo esto? – le preguntó interesada la señora Pierce a Quinn..
- Pues… - Quinn no sabía muy bien qué decir – Me parece bien.
La señora Pierce le sonrió
- Ya, cariño. Me refiero al hecho de que estén peleadas.
- No estamos peleadas, mamá – protestó Brittany
- Pero entonces, ¿estáis o no estáis juntas?
Brittany meditó durante un momento.
- Bueno, estamos peleadas – admitió – Ven aquí, Lord Tubbington, cosa bonita – dijo agachándose y cogiendo a su gato, que estaba tres veces más gordo que la última vez que Quinn lo había visto.
La madre de Brittany estaba mirándola esperando una respuesta.
- Creo que Santana debería admitir lo que siente por ella y deberían volver juntas. Porque hacen una pareja encantadora – dijo Quinn un poco nerviosa por la conversación, intentando ser lo más honesta posible.
- Rachel y tú también hacéis una pareja muy bonita – dijo Brittany mientras acariciaba a su gato.
A Quinn se le cayó el muffin de las manos.
- ¡Qué! – dijo estupefacta.
- ¿Rachel es la chica esa que canta en el coro con vosotras, no? – Le preguntó la señora Pierce a su hija.
- Sí, esa que es morena y bajita y siempre hace los solos.
- Ah, sí – recordó la señora Pierce – parece simpática.
Quinn las miraba con la boca abierta y la mano alzada, como si aún estuviera agarrando el muffin. Brittany se dio cuenta, lo cogió de la mesa y se lo volvió a poner en la mano.
- Gracias – dijo Quinn estupefacta.
No fue capaz de explicarle a la señora Pierce que, en realidad, ella y Rachel no tenían nada. Lo intentó, pero la señora Pierce la miró con condescendencia como si Quinn estuviera intentando negar una verdad universal y al final no tuvo más remedio que darse por vencida.
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Entró en su casa cuando el reloj aún no había marcado la medianoche.
- Buenas noches, Cenicienta – le dijo su madre sorprendida cuando la vio dejando las llaves en el recibidor de la entrada - ¿No es muy temprano?
- Estoy cansada – le dijo como toda explicación. – ¡Ah!, la madre de Brittany te manda recuerdos – le gritó mientras subía la escalera hacia su cuarto.
Cerró la puerta y echó el cerrojo. Necesitaba aislarse del mundo.
Cuando Santana la invitó a la fiesta no le dijo que era en casa de Rachel, pero Quinn reconoció inmediatamente la dirección. No es que hubiera estado allí antes, pero sabía dónde vivía. Sabía muchísimas cosas de Rachel. Tantas que se moriría si alguien lo averiguara.
Sabía cuál era su café preferido, a qué colegio había ido antes del instituto. Sabía incluso la marca de su champú, porque Rachel se sentaba detrás suya en francés y un olor vibrante a frambuesas flotaba hacia ella cada vez que se movía.
Había acudido nerviosa y había perdido el temple tan rápido como cruzó el umbral de la puerta. No sabía por qué se había puesto tan estúpida con ellas. Pensaba hacerse la sorprendida cuando "descubriera" que en realidad había ido a la casa de Rachel, pero su plan de interpretación se le había ido de las manos.
Estaba segura de que Santana y Rachel no habían sospechado nada pero tenía la sensación de que Brittany lo sabía. La mayoría de la gente pensaba que era tonta, pero en realidad era la única que podría haberlo sospechado, porque era la única que pensaba diferente.
Le empezó a doler la cabeza. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado?
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N/A: Al final hemos tenido noche de chicas. No sé si era lo que esperabais pero espero que lo hayáis disfrutado :)
He dudado mucho sobre el título del capítulo y he dejado "Noche de chicas" porque ya lo había adelantado, pero también me gustaba "Muffins" x))
