Era sábado en la mañana cuando Alya se dirigía a la panadería Dupain en busca de pasar un rato con su mejor amiga. Entró al negocio de la familia, encontrándose con el señor Dupain quien, tras un saludo caluroso, le permitió el acceso a la casa para que entrará a la habitación de su hija.

—¡Marinette, ya levántate chica! —grito animadamente mientras entraba a la habitación, —¡Pero que rayos! —no pudo evitar su expresión al ver la habitación de la azabache, la cual por el susto cayó de la cama.

—¿¡Dónde está el akuma!? —grito al instante en el que se incorporaba y giraba a todos lados hasta que su mirada se posó en la morena que tenía la boca abierta mientras caminaba buscando en toda la habitación.

—Marinette, ¿qué paso? ¿Y las fotos de Adrien? No me digas que ya no te gusta, no puede dejar de gustarte, si ya hasta tenías planeada la boda. ¿Qué va a pasar con la hermosa casa? ¿Y los pequeños Emma, Louis y Hugo? ¿¡Y EL HAMSTER!? ¡TU ADORAS A LOS HAMSTERS! —Mientras Alya decía todo esto se acercaba a Marinette para tomarla de los hombros y moverla de un lado a otro pidiendo una explicación.

—¡Alya respira! Te explicare todo, pero por favor, cálmate —la chica de ojos color cielo no sabía qué le diría a su mejor amiga.
No podía contarle que Chat Noir había empezado a visitarla de un día para otro y que ella con tal de que no supiera sobre sus sentimientos quito todas las fotografías del joven Agreste.

—Pues comienza a explicar niña —la morena se sentó en la cama de la azabache y se cruzó de brazos, esperando pacientemente cualquier comentario que su amiga tuviera que hacer. Marinette se encontraba en un aprieto.

—Sí, bueno, yo... —la azabache se puso a jugar con sus manos, intentando pensar a la velocidad de la luz alguna razón que sonara lo suficientemente creíble como para que su amiga no preguntara más.

—Marinette, mi cielo —se escuchó una tercera voz en la habitación —¿podrías bajar a ayudarnos? Necesito comprar algunas cosas que hacen falta y no quiero dejar solo a tu padre.

La adolescente estuvo a punto de ir y abrazar a su madre en ese preciso momento. Le había dado sin querer una excusa para dejar el tema de su habitación y poder pensar en algo.

—¡Claro mamá! Me cambio y en este momento bajo —se apresuró a decir al ver que su madre estaba a punto de comentar algo más; seguramente decirle que no se preocupara al notar la presencia de Alya. —Alya, hablamos después ¿vale? —Marinette intentaba sonar lo más tranquila posible.

—No te salvaras de esta.

La advertencia fue hecha por lo bajo y un segundo después, su mejor amiga había desaparecido junto a su madre, permitiendo que el alma de la azabache regresa a su cuerpo al tiempo que se tumbaba sobre su cama esperando calmarse.

—Ese gato solo ocasiona problemas —decía mientras tikki se acercaba a ella —¿Qué voy a hacer con Alya ahora Tikki? —Todo aquello le resultaba amargo a la chica de ojos color cielo, ella siempre decía que odiaba las mentiras y tener que decirlas le hacía sentir como una persona con doble moral.

—Ánimo Marinette, ya verás que encontrarás algo que decirle a Alya —la pequeña criatura rojiza intentaba dar su apoyo de la mejor manera posible a la chica que debía proteger París —Por ahora deberías apurarte, tus padres te necesitan.

—Tienes razón Tikki —Marinette soltó un suspiro antes de levantarse de la cama y cambiarse de ropa, le agradaba ayudar a sus padres en la panadería a pesar de lo cansado que le resultaba.

Al otro lado de la ciudad se encontraba Adrien realizando una sesión de fotos para la nueva campaña de su padre. A finales de Septiembre siempre eran los días más productivos de Gabriel Agreste, quien había aprendido a resguardarse en el trabajo y olvidar así el dolor que aún le invadía.

Cuando se acercaba el aniversario de su esposa parecía que no existía para el señor Agreste otra cosa que no fuera el trabajo. Lo cuál era sorprendente, el resto del año podía verse más relajado; al menos lo suficiente como para reprender a Adrien al no realizar alguna de sus actividades como él hubiese querido.

Todo esto terminaba con mucho trabajo para Adrien durante todo Octubre, quien al ser el modelo estrella de la compañía de su padre se encontraba con revisiones de vestuarios, sesiones de fotos y viajes para las campañas que hacían más pesadas aquellas fechas que lo hacían sentirse emocionalmente cansado.

La muerte de su madre había sucedido en los primeros días de Octubre pero eso no evitaba que todo el mes estuviera pensando en ello. En cómo las cosas habían transcurrido, pensando que quizás pudo haber hecho algo más, ¿y si hubiera llegado antes a la cocina? No. sabía que nada de eso estaba en sus manos, sólo se lastimaba pensando en ello.

¿Qué tan masoquista se podía ser? Culpándose de una situación que no estaba en su poder, diciéndose a sí mismo que está bien cuando su padre lo mantenía en casa lejos del mundo, enamorándose de una chica que no le permite conocerla. ¿Qué estaría haciendo Ladybug en este momento?

—Muy bien joven Agreste, con eso hemos terminado las sesiones para esta campaña. Pronto podrá disfrutar de otra fiesta por el éxito de su padre —decía el hombre con acento italiano sacando a Adrien de sus pensamientos.

—Gracias a usted.

El joven Agreste intento ser cortés, si el hombre supiera lo mucho que odiaba esas fiestas posiblemente no se lo diría tan animado. Estaba cansado y se sentía de algún modo dolido, pero en ese momento se le ocurrió, podría ir a ver a Marinette. De algún modo verla lo ponía de buen humor.
Plagg se había mantenido en la maleta de Adrien, comiendo camembert y durmiendo mientras el chico trabajaba. El gatito se sentía muy afortunado, durante esos días Adrien le había dado tanto camembert como él quisiera y podía burlarse del chico quien no le hacía mayor caso mientras pensaba en lo que Plagg catalogaba como ¨cosas de humanos¨.

Le encantaba parecer indiferente, pero le dolía ver al rubio lleno de dolor, nunca lo admitiría, pero le importaba, así como le había importado cada uno de sus portadores y los futuros. Tampoco aceptaría que él buscaría el modo de mantener la transformación de Adrien tanto como le fuera posible mientras fuera a ver a Marinette (a pesar de no tener tanto queso para comer o que su miraculous ya hubiera empezado a sonar), pues podía notar cómo el chico sonreía, quizás más sinceramente de lo que lo había hecho desde que lo conocía.

Regresaron a la mansión Agreste, Adrien cenó nuevamente sólo en medio de un gran comedor antes de darse un buen baño e ir en busca de la chica de ojos color cielo que sin saberlo, le había brindado un hogar.


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