El drabble de hoy es la segunda parte de Chasing butterflies, del día 5, es más serio que los otros días, por favor lean las advertencias y absténganse de leer si no es de su agrado. Para los que se animen a leerlo, espero les guste. La tercera y última parte de esta historia la publicaré el próximo sábado.

Día 9

Tema: Doing something together / Haciendo algo juntos

Advertencias: Trastornos mentales, manipulación, secuestro, síndrome de Estocolmo.

1012 palabras

Summary: Era una nueva vida, totalmente diferente a la anterior. Y le gustaba.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


With you

¿Cuántos días habían pasado ya? La habitación era tan oscura que no podía saberlo. Había tratado de calcular el tiempo en base a las visitas de Erwin, pero pronto se dio cuenta de que no funcionaría. El mismo Erwin le había dicho que estaban muy lejos de la ciudad y que había renunciado a su trabajo en la universidad. Las pocas veces que salía, era para hacer las compras.

Levi no sabía cuánto tiempo llevaba en ese lugar, pero no era tan malo como había pensado al inicio. Erwin era muy amable con él, le cuidaba, alimentaba y aseaba, a Levi no le hacía falta nada. Aunque todo el tiempo le mantenía desnudo, el cuarto era cálido, y aunque le mantenía encadenado, las cadenas eran suficientemente largas para permitirle moverse por todo el cuarto.

El cuarto era bastante amplio. No había ventanas, pero había un tragaluz en el techo que iluminaba durante todo el día y le permitía ver el cielo. Había una cocina, un pequeño comedor, un par de sillones y una cama bastante amplia y cómoda. Tenía todo lo que podía necesitar, si quería otra cosa, Erwin la conseguía para él. Era simplemente perfecto.

Los primeros días aún pensaba en su vieja vida, en las personas que había dejado atrás, pero pronto descubrió que realmente no importaba. Nunca conoció a su padre, su madre había muerto cuando apenas era un niño y su tío, aunque se encargó de él tan bien como pudo, estaba lejos de ser un hombre ejemplar. A sus amigos, por otro lado, los extrañaba algunas veces.

Aún recordaba cuando les había hablado de su relación con Erwin y como intentaron hacer que terminara esa relación según ellos "enfermiza". Que un hombre de casi cuarenta años saliera con un chico de diecisiete no podía ser algo normal. Levi les había ignorado, acusándolos de no querer verle feliz pues, pese a todo, estaba seguro de que su felicidad estaba junto al profesor Smith. Erwin le trataba bien, le hacía sentir amado, le trataba con delicadeza, pero al mismo tiempo creía en él y le impulsaba a alcanzar sus metas. Fue Erwin quien le devolvió las ganas de soñar. Y luego le arrebató todo.

—Erwin... —le llamó, aunque pocas veces hablaba cuando estaban en esa situación. —Hagamos algo juntos.

Erwin le miró a los ojos por un momento antes de volver a mirar en silencio su cuerpo. Levi estaba inmovilizado contra la pared, sus manos sujetas sobre su cabeza y sus piernas separadas por una barra metálica que le impedía cerrarlas; le había hecho beber un estimulante, por lo que se dedicaba a observarle mientras hacía efecto. Su piel se encontraba cubierta de una fina capa de sudor, su respiración era pesada y sus ojos estaban llenos de lágrimas. Una imagen digna de admirar.

—Eres tan hermoso… No me canso de admirarte. —Susurro mientras se acercaba a él, recorriendo su piel con sus manos y sintiéndole temblar bajo su toque. Tantas veces había deseado tenerle de esa forma... Comenzó a besarle el cuello lentamente, ansioso por sentir que Levi le pertenecía. —Tengamos una cita. Te llevaré al parque, saldremos a cenar, lo que tú quieras…

Levi no esperaba aquello, pero no iba a negar que, aunque no le creía del todo, le hacía feliz su propuesta. Quiso abrazarle y besar sus labios por la emoción, después de todo era sólo un niño viviendo su primer amor, pero las restricciones en sus muñecas le impidieron hacerlo. No importaba, Erwin sabía cuánto lo amaba.

Erwin no amaba a Levi. Desde que fue diagnosticado con trastorno de personalidad antisocial durante su adolescencia, supo que nunca sería capaz de sentir nada por nadie. Era incapaz de sentir empatía por otras personas y a menudo no le importaba pasar sobre los demás para conseguir lo que quería, sin embargo, con Levi era diferente. Sí, había cedido a su impulso egoísta de monopolizarlo, pero estaba seguro de que lo que sentía por él era lo más cercano al amor que jamás podría experimentar.

Con Levi podía ignorar sus demonios internos, su voz se alzaba por sobre todas las voces en su mente, en sus ojos desaparecían sus alucinaciones, el sabor de su piel resaltaba sobre la amargura de su vida. Levi era todo lo que siempre deseo, lo que necesitaba para sentirse realmente humano. Lo que sentía por él no lo sentiría nunca por nadie más, y la única forma que tenía para demostrárselo era hacerle feliz. Después de todo, le había robado todo con tal de tenerlo sólo para él. Luego de casi tres meses, Erwin aún se preguntaba por qué había aceptado su confinamiento con tanta facilidad.

No obtuvo respuesta de su parte, pero interpretó el brillo en sus ojos como una respuesta positiva. Erwin sonrió, era sólo un niño, era un ángel. Para sorpresa de Levi, le liberó de las cadenas y demás restricciones, lo tomó en sus brazos y lo llevó hasta la cama, deseando hacerle el amor con ternura, como la primera vez que lo tuvo entre sus brazos, con toda la delicadeza que merecía.

Levi, aunque no entendía el repentino cambio en su actitud, estaba demasiado excitado como para pensar en cualquier cosa. Necesitaba de Erwin y su forma de amarle...


Aunque siempre dormían juntos, era la primera vez que Levi no estaba encadenado y, sorpresivamente, en ningún momento intentó o siquiera pensó en huir. Estaba bien con Erwin, con su nueva vida, totalmente diferente a la anterior. Más feliz, más plena.

Tuvieron su cita el día siguiente. Erwin le compró ropa para la ocasión e hicieron todas las cosas que había prometido, incluso le llevó a bailar después de cenar. Ambos disfrutaron de ese tiempo juntos como nunca antes, sin miedo a ser descubiertos, sin explicaciones o excusas sobre su relación.

A esa cita siguieron muchas más. Levi aun prefería mantenerse desnudo cuando estaba en casa, Erwin aun amaba verle encadenado a la pared, pero se complementaban de una forma que nadie más entendería. Eran sólo ellos dos, ellos y su pequeño mundo de cuatro paredes.