Hola queridos lectores.
Aquí está el capitulo especial acerca de Nadeshiko y Fujitaka. La verdad acerca de su historia de amor. Esto fue algo complicado para mi por la poca información que tenemos acerca de la madre de Touya, pero hice lo posible por adaptarla a como la imagino. Una mujer apasionada, amable y cariñosa que a parte era algo torpe en ocasiones, pero que sobretodo tenía un gran corazón y un aura y personalidad tan atrayente como la de Sakura. Pero que claro está era algo terca y obstinada como cualquier Amamiya. Espero haber logrado mi objetivo y que aparte puedan comprender y hasta imaginar cada una de las situaciones. Y más que todo presten atención a los detalles pues este relato determinará varios puntos importantes de la historia en el futuro. Esta narrado en presente y futuro simultáneamente así que espero que no se me enreden. En fin, espero que les guste.
Los Amamiya
Capítulo 9: Verdad.
-Para contarte la historia mía y de Nadeshiko, debo comenzar inevitablemente con el día en que la conocí. Pero no te preocupes te contaré lo que en verdad pasó. - Señaló a la vez que daba un sorbo a su café mientras Touya lo miraba con gran interés.- Verás. Cuando estudiaba mi maestría conocí a un profesor de historia con muchos años de experiencia llamado Shiyo Aoyama. Tan pronto me gradué el me recomendó para ser el nuevo maestro de Historia de la preparatoria en que el trabajaba, con el objetivo de cubrir su retiro. Esa preparatoria era la misma en la que estudiaba Nadeshiko y en la que años después tu estudiaste.
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-¿Necesita que le explique algo más o todo está claro?- Indagó al joven que tenía frente a él sin poder evitar fruncir ligeramente el ceño. Realmente valoraba el trabajo y la experiencia de el Maestro Aoyama y lo consideraba un hombre hábil y perspicaz con mucho discernimiento, sin embargo cuando le dijo que le recomendaría un maestro que supliera su ausencia, jamás imaginó que se tratara de aquel jovenzuelo.
-Todo está más que claro Señor Haruno. Si necesito cualquier otra explicación pasaré por la dirección.- Confirmó el joven a la vez que sonreía. El regordete señor lo examinó una vez más de pies a cabeza y sin ser capaz aún de sentirse conforme con aquella decisión, lo animó a retirarse a la vez que le recomendaba aprovechar los últimos minutos antes de iniciar las clases para ubicar cada una de las aulas que estarían a su cargo.
Obedeciendo de inmediato Fujitaka abandonó la dirección y comenzó a discurrir por los pasillos de la preparatoria. Emprendió su camino buscando encontrar la primera aula en que daría docencia y con ese fin atravesó él campus de aquella preparatoria. Pasó junto a varios grupos de estudiantes que lo miraban con curiosidad, y cruzando entre la pequeña arboleda consiguió acercarse lo suficiente a la otra parte del plantel.
-¡Es muy peligroso Nadeshiko, baja de ahí enseguida! - Escuchó demandar a una estudiante de cabello corto y rojo unos pasos más allá de él. Cuando intentó dirigir su mirada hacía el lugar donde ella gritaba que era justo sobre su cabeza notó que alguien venía cayendo estrepitosamente hacia él, a una velocidad en que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, derribándolo sin remedio.
En cuanto consiguió aclarar su mente y entender lo que estaba pasando, trató de incorporarse notando así a una delgada jovencita hecha un ovillo sobre su pecho, aún asustada por el golpe que creía se daría en cualquier instante.
-Oye, ¿Te encuentras bien?- Le preguntó para llamar su atención y entonces se encontró con aquellos grandes ojos esmeraldas que lo miraban con asombro y embeleso.
-Si…- La escuchó susurrar algo distraída mientras continuaba mirándolo embobada. Reaccionando a los pocos segundos al oír la voz de la otra jovencita que se acercaba llamándola a voces. - Lo siento mucho. -Se disculpó mientras se ponía de pie y le extendía una mano para que se levantara.
Con una sonrisa tomó aquella delgada mano y procuró ponerse de pie.
-Por un momento pensé que había caído un ángel del cielo.- Comentó espontáneamente sin borrar la sonrisa de su rostro mientras la examinaba con la mirada. Si bien ella no era un ángel, realmente parecía uno. No sólo tenía una belleza física impresionante sino que desprendía una agradable aura que le transmitía cierta paz que no podía explicar. La jovencita movió sus labios tratando de decirle algo mientras aún lo miraba fijamente, pero fue interrumpida por la joven pelirroja que tan pronto llegó a su lado la tomó de los hombros y girándola hacia ella comenzó a sacudirla una y otra vez.
-¿Estás bien?¿Te hiciste daño? ¡Eres demasiado terca, nunca me haces caso! - Comenzó a farfullar de forma histérica a la vez que pasaba de estar preocupada a estar profundamente enojada. Clavó los ojos en Fujitaka al notar como Nadeshiko ni siquiera se molestaba en reparar en ella si no que continuaba embelesada mirándolo.
-¿Quien rayos eres tú?- Le gritó de repente mientras lo señalaba de manera amenazante. Él intentó responder su pregunta pero antes de que si quiera pudiera abrir la boca ella lo interrumpió .
-Deberías fijarte cuando pasas debajo de los árboles, no sabes que loca está trepada en alguno. Y tú, niña atolondrada, seguiremos hablando de esto más tarde, ya sonó el timbre y sabes como se pone la maestra Shizune cuando llegamos tarde. Así que vamos.
-¡Espera Sonomi! Déjame…- Escuchó suplicar a la joven de ojos esmeraldas mientras era arrastrada a toda velocidad por los pasillos por la pelirroja y se perdía en la distancia ante la mirada confundida de él. Fujitaka dirigió su mirada al árbol que yacía a su lado mientras se preguntaba que rayos haría aquella jovencita trepada allí, notando un pequeño nido de pájaros en una de las ramas, y algunos pajaritos intentando volar. Sonrió al deducir lo que había ocurrido y percibir que definitivamente esa jovencita tenía un gran corazón.
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-Así que Sonomi siempre ha estado loca.- Concluyó Touya a la vez que lanzaba un suspiro lleno de cansancio haciendo que su padre se riera.
-Siempre ha sido alguien muy entusiasta y sincera. Aparte de eso se consideraba la protectora de Nadeshiko así que se pasaba la mayor parte del tiempo espantando a todo el que se le acercaba. Y yo me convertí en el primero de su lista desde el primer día ya que por cierto me asignaron como encargado de su aula, así que nos veíamos la cara casi todos los días.
-Y tú, por supuesto, no te despegabas de mamá.
-Bueno lo de que siempre me acercaba a Nadeshiko es cierto, pero no es por lo que tu piensas. En realidad la memoria de tu madre era algo defectuosa, así que necesitaba que le explicaran las cosas varias veces para entenderlas.- Comentó a la vez que rascaba su cabeza recordando como gritaba frustrada cada vez que sacaba una mala nota en un examen. - Sin embargo jamás dejaba de esforzarse, ni mucho menos se rendía, así que siempre estaba dispuesto a responder todas sus dudas. Aunque si bien ella no era buena con los números o las fechas tenía un gran genio artístico, tocaba casi cualquier instrumento, pintaba y más que todo tenía una voz preciosa. ¿Sabes quien me acuerda mucho a ella? Tomoyo. Aunque según tengo entendido ella es muy buena estudiante, pero se destaca sobre todo por su gran talento artístico. A veces creo que Sonomi de alguna manera influyó en su hija para que se pareciera a Nadeshiko debido al gran cariño que le tenía.
-Tal vez.- Murmuró Touya a la vez que pensaba en aquello. En realidad Tomoyo tenía muchas cosas similares a su madre, no sólo era su talento. Su carácter, su personalidad, esos modales y forma de actuar. Según parecía era un sello personal de las Amamiya, que claro está había pasado de largo a Sonomi.
-Pero en fin. Me estoy saliendo del tema. ¿En que iba? ¡Ah, si! Tu madre y su talento artístico. Descubrí eso un día mientras me retiraba de la escuela y pasé frente al salón de música.
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No pudo evitar ralentizar sus pasos para poder disfrutar de aquella hermosa melodía que salía del salón de música y que consistía en una voz casi angelical con un gran sentimiento, acompañada de una magnifica interpretación a piano.
Se asomó a la puerta y pudo apreciar a una jovencita moviendo con gran destreza sus dedos en el piano a la vez que llenaba el salón con su melodiosa voz.
Sin explicación aparente sintió que su corazón se llenaba de una agradable sensación al reconocerla. En un impulso casi inconsciente se adentró en el salón de música y aprovechando el hecho de que ella estuviera tan concentrada al punto de no notar su presencia se quedó a unos centímetros de ella, cerrando los ojos para poder concentrarse en cada palabra que salía de sus labios y que por alguna razón conseguía erizar su piel.
-Pro… profesor Kinomoto.- La escuchó decir tartamudeando a la vez que dejaba de tocar y cantar, provocando que el abriera los ojos y mirara su rostro que ahora estaba cubierto de un ligero carmesí.
-Buenas Tardes Señorita Amamiya. Espero no estarla incomodando. Pasaba por aquí y no pude evitar sentir curiosidad por quien tenía tan hermosa voz. Es quien pondrá fin al festival escolar, ¿No es así?- La vio asentir algo avergonzada. – Estaré ansioso de escucharla entonces, imagino que su interpretación será maravillosa. Tienes un gran talento. - Aseguró mientras le brindaba una dulce sonrisa de esas que por alguna razón le salían del corazón cuando se trataba de ella. La notó bajar la mirada y juntar sus manos apretándolas frente a su pecho y después de unos segundos mirarlo con gran nerviosismo.
-Profesor Kinomoto, yo…- Intentó decir cuando llegó Sonomi dando voces y colocándose entre ella y Fujitaka.
-¿Qué haces aquí con Nadeshiko, Kinomoto?- Preguntó con cara de pocos amigos como ya era una costumbre.
-Yo estaba pasando por aquí y...
-Lo que sea. ¡Vámonos Nadeshiko! - Gritó a la vez que tomaba la mano de ella y la sacaba del salón a toda prisa mientras Nadeshiko miraba a Fujitaka con tristeza mientras se alejaba. Según parecía Sonomi jamás iba a permitir que se lo dijera.
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Su mirada se posó en la jovencita que miraba con interés a la pequeña familia de patitos cruzando el estanque, de cuclillas en la orilla. Parecía tan concentrada y contenta que seguramente pasaría por su lado y ella no se daría cuenta. Era obvio que tenía un delirio especial por los animales, aún recordaba lo emocionada que se veía en la última visita que habían hecho al zoológico. Mientras los demás estudiantes se quejaban de que aquello era demasiado aburrido, ella recorría cada pabellón con gran ilusión tomando miles de fotos a cada mínima oruga o insecto.
-Señorita Amamiya.- Susurró mientras le colocaba una mano en el hombro, sosteniéndola del brazo al notar que estaba a punto de caer en el estanque de la impresión, consiguiendo detenerla a tiempo y ayudarla a levantarse. -¿Estás bien?- Preguntó de inmediato y la jovencita asintió eufóricamente, mientras sus mejillas se teñían de carmesí.
-Profesor Kinomoto. ¿Qué... qué hace aquí?- Balbuceó nerviosa mientras desviaba la mirada. Fujitaka sonrió al verla tener aquella reacción tan adorable, a veces en serio se preguntaba cómo era posible que una chica de su edad aún conservara tanta inocencia.
-Bueno… yo vivo por esta zona. Lo que se me hace raro es que este aquí sola tan tarde. ¿Donde está su prima Sonomi? Es extraño que no estén juntas. – Preguntó echando de menos los gritos de la pelirroja.
-Ella no vino a la escuela hoy. Tiene un resfriado.
-Ya veo. Si ella ha dejado que venga sola a la escuela debe estar muy enferma. ¿No es así?- La jovencita asintió con gran tristeza. - ¿Crees que habría problema si la visito para ver como sigue? Así de paso podría acompañarte a tu casa. - Sugirió con una sonrisa haciendo que el rostro de la jovencita se iluminara lleno de alegría.
-Eso sería maravilloso. Ella se alegrará mucho. - Exclamó emocionada mientras le brindaba una sonrisa llena de ternura y tomaba su mano para guiarlo por el camino, soltándola casi de inmediato percibiendo que aquello había sido demasiado espontáneo.
-Yo… yo vivo por aquí. – Le señaló mientras caminaba en esa dirección y trataba de controlar su sonrojo, un sonrojo que si se lo preguntaban a él la hacía ver increíblemente hermosa.
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Caminaron un buen trecho en silencio, mientras de vez en cuando Nadeshiko dirigía su mirada a él sonrojándose cada vez que él lo notaba y le sonreía. Rompería un nuevo récord mundial si seguía a ese paso.
-Profesor Kinomoto. Usted no es de Tomoeda, ¿Cierto?- Indagó por fin mientras continuaban caminando.
-No. Me mudé aquí cuando comencé a trabajar en la preparatoria.
- Entonces… tiene algún pariente en Tomoeda.
-No en realidad.
-¿Y donde viven sus parientes?- Fujitaka se detuvo unos segundos al escuchar su pregunta, sin saber realmente si contestar o no. No era de su agrado hablar del tema. De hecho jamás lo hacía a menos que no fuera necesario.
-Lo siento. Estoy preguntando demasiado ¿verdad?- La escuchó concluir, evidenciando que había notado su incomodidad. Él trató de sonreírle colocando una mano sobre su cabeza conciliadoramente.
-No. No es eso. No me molesta que preguntes, es solo que es algo triste para mi hablar de eso.
-Ya veo... Bueno, mi padre siempre decía que las penas compartidas duelen la mitad, así que tal vez si me lo cuenta se pueda sentir menos triste.
-Podría ser.- Susurró a la vez que consideraba aquella hipótesis. En realidad de alguna forma la personalidad de Nadeshiko era tan agradable que lo alentaba a hablarle con toda sinceridad. - Verás, en realidad mi madre falleció hace unos 10 años y bueno jamás conocí a mi padre. No tengo hermanos y tampoco conocí a ningún otro familiar. Así que yo... en realidad no tengo parientes en ningún lugar.- Reconoció sin poder evitar que su rostro se llenara de tristeza al recordar lo que había sido su vida después que su madre falleció. Jamás había podido superar por completo aquella pérdida. Con su esfuerzo y perseverancia había conseguido salir adelante y alcanzar una buena parte de los sueños que se había propuesto en su niñez y que su madre siempre le había alentado a alcanzar. Pero aún así él...
-¡Ha estado solo después que su madre murió!- La escuchó exclamar completando su propia reflexión. Fujitaka asintió algo acongojado, quedándose sorprendido al sentirla rodearlo con sus brazos a la vez que sus ojos esmeraldas se llenaban de lágrimas. -Yo... lo siento... siento tanto que tuviera que pasar por todo eso sólo. - La escuchó decirle en medio de sollozos y no pudo menos que sentirse profundamente conmovido de que ella sintiera tanta empatía por él. Acarició su cabeza con dulzura haciendo que ella levantara la cabeza para mirarlo.
-En realidad no estoy tan sólo. He conocido a muchas personas maravillosas que se han convertido en mi familia. Personas muy especiales para mi, así como lo eres tú Nadeshiko. Me alegro mucho de haberte conocido.- Le aseguró con una sonrisa a la vez que colocaba una mano en su mejilla. Se había acostumbrado a sonreír siempre sin importar lo mal que se sintiera, pero cuando se trataba de ella sus sonrisas le salían de lo más profundo de su corazón. Sonreía porque en serio deseaba sonreírle.
-Usted también es alguien muy especial para mi. - La escuchó decirle mientras lo miraba a los ojos y colocaba su mano sobre la que él tenía posada en su mejilla, llenando su corazón de una extraña calidez. La vio vacilar unos segundos y luego agarrando la falda de su uniforme con fuerza comenzar a balbucear. -Profesor Kinomoto… yo... yo...
-¡¡Nadeshiko!!!- Escucharon gritar a unos metros de ellos y antes de que se dieran cuenta Sonomi había separado a Nadeshiko de Fujitaka colocándola detrás de sus espaldas mientras miraba al joven de mirada avellana con cara de pocos amigos lanzando humo hasta por las orejas.
- Sonomi, ¿Qué haces fuera de la cama? Se nota a kilómetros que aún tienes fiebre. -Reclamó Nadeshiko entre la frustración y la preocupación, pensando en que ni enferma Sonomi la dejaba de interrumpir.
-Escucha bien Kinomoto. – Exigió a la vez que señalaba a Fujitaka con su dedo anular amenazantemente e ignoraba los reclamos de Nadeshiko. -
Mañana, en el puente del estanque, 3:30 pm, competiremos en una carrera en la que si yo gano no volverá a dirigirle la palabra a mi prima. Así que prepárate por que voy a barrer el piso contigo.
-Pero señorita Amamiya yo... – Intentó protestar cuando la vio salir corriendo a toda prisa tomando a Nadeshiko de la mano, mientras esta luchaba por no caerse en el proceso. Lanzó un suspiro lleno de cansancio mientras pensaba en la conversación de hace unos minutos. Era la segunda vez que Nadeshiko se quedaba a medias y se ponía tan nerviosa al tratar de decirle algo. ¿Qué podía ser tan importante?
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-Vas a decirme que no te diste cuenta de que mamá estaba colada por ti. -Indagó Touya mientras enarcaba una ceja incrédulo.
-No es que no me diera cuenta, sabía que sus reacciones no eran del todo usuales pero preferí pensar que sólo eran reflejo de su gran inocencia, por que una parte de mi estaba convencido de que era imposible que alguno de los dos desarrollara sentimientos por el otro.- Lo escuchó explicarle y no pudo evitar sentirse identificado con aquella forma de pensar, con respecto a cierta amatista. Pero claro, su situación era totalmente diferente, así que no, definitivamente no tenía nada que ver con aquello.
-Sin embargo...- Escuchó a su padre decirle interrumpiendo su reflexión.- Sonomi sembró dudas en mi acerca de eso al día siguiente. Tal y como había prometido me esperó en el puente del estanque al día siguiente y por más que intenté disuadirla de aquel extraño reto ella insistió hasta que me vi obligado a participar.
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-¡Demonios! ¿Cómo es posible que sea tan rápido? Mírese ¡Es un anciano!- Gritó Sonomi furiosa mientras llegaba a duras penas a la meta que ella misma había impuesto. No sólo Fujitaka la había sobrepasado si no que parecía no haberse cansado ni un poco, y peor aún la esperaba con una sonrisa en el rostro.
-Le dije que era una mala idea. Aún está débil por las fiebres del día de ayer. – Comentó divertido a la vez que la veía pisotear el suelo con furia. Levantó la vista y a lo lejos, casi como un punto en la distancia distinguió a Nadeshiko que venía tambaleándose mientras intentaba alcanzarlos. La pobre no era buena en eso de los deportes así que si Sonomi estaba tan exhausta, ella debía estar a punto de colapsar de cansancio. Comenzó a caminar dispuesto a alcanzarla y ayudarla, cuando sintió a Sonomi tomarlo del brazo para detenerlo a lo que él lo miró confundido.
-¿Pasa algo
-Escúchame bien Kinomoto. Entiendo que no hayas podido evitar enamorarte de la hermosa Nadeshiko pero por tu propio bienestar, aléjate de ella.
-¿Enamorarme? Lo siento, pero creo que me está malinterpretando.- Replicó sorprendido de aquella repentina acusación. Eso era imposible, él no...
-No estoy malinterpretando nada.- Aseguró a la vez que ponía sus manos en su cintura y lo miraba furiosa. - Me doy cuenta como la mira, como le sonríe. Si no le gusta ¿porque sigue intentando acercarse a ella?
-¡Sonomi! ¡Profesor Kinomoto!... ¡Wao!... Son demasiado rápidos…- Escucharon gritar a Nadeshiko mientras se acercaba jadeando, casi arrastrándose del cansancio, interrumpiendo sin darse cuenta la conversación que estaban teniendo. Intercambió su mirada a ambos algo extrañada por el repentino silencio, notando que contrario a tener su sonrisa sempiterna Fujitaka se veía conmocionado. -¿Quien ganó?
-Kinomoto tuvo suerte esta vez, pero que ni crea que vencerá en la próxima ocasión. ¡Vámonos Nadeshiko!- Demandó a la vez que la tomaba de la mano y comenzaba a caminar despacio incapaz de emprender sus famosas huidas a toda velocidad por el cansancio del que era víctima.
-¡Felicidades por su victoria!- Escuchó gritar a Nadeshiko mientras agitaba su mano libre y le regalaba una dulce sonrisa, una hermosa sonrisa que no pudo menos que dejarlo embobado incapaz de decir algo coherente. Su corazón latía con demasiada prisa y sentía que le faltaba la respiración. Normalmente hubiera atribuido aquella reacción de su cuerpo a la intensa carrera de hace unos minutos pero en el fondo sabía que aquello sólo era una vana justificación. No, aquello se debía a algo más, algo aún más profundo y más que todo peligroso.
¡Rayos! No podía ser verdad.
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-Entonces no fue amor a primera vista después de todo.- Concluyó Touya a la vez que sacaba sus propias conclusiones acerca de lo que era o no cierto en la historia que le habían contado cuando niño.
-Yo jamás he dicho eso.- Murmuró Fujitaka mientras daba un sorbo a su taza de café, dejando a Touya con un signo de interrogación en el rostro. -Sólo estoy diciendo que no me di cuenta de lo que en verdad sentía por ella, hasta ese momento. Claro que sabía que sentía un cariño especial hacía ella pero pensaba que solo la veía como una hermana o algo así. Pero después de analizar mis sentimientos con la cabeza fría me di cuenta de que lo que sentía era algo muy diferente a lo que había sentido por nadie más. Yo en serio me había enamorado de ella, de su belleza, de su alma, de su corazón y por más vueltas que le daba no conseguía encontrar una razón para dejar de quererla, ni siquiera aunque sabía que tenía un gran defecto.
-¿Defecto?
-Si. Era demasiado joven. -Soltó en medio de un suspiro lleno de pesar. - Descubrir aquello me hizo considerar la posibilidad de que ella también tuviera sentimientos hacia mi y me di cuenta de que no podía seguir igual que antes, que debía trazar un límite entre nosotros antes de que las cosas tomaran un rumbo inadecuado. Traté de guardar distancias con ella, de evitar tener conversaciones o encuentros innecesarios, con el objetivo de que mis sentimientos no siguieran aumentando, confiando en que cuando menos lo esperara se me pasaría aquel letargo amoroso. Pero el destino tenía planes diferentes. -Relató mientras su mirada se perdía en el líquido negro que contenía su taza. - Tiempo después llegó el festival de verano de la escuela y yo tuve que trabajar tras bambalinas arreglando algunos vestuarios de la obra que se presentaría dado que habían sufrido algunos daños. Así que me quedé casi todo el evento en aquel lugar atendiendo todos los imprevistos. Nadeshiko también estaba allí esperando el momento de presentarse y entonces se acercó a mi cuando faltaban unos segundos para que llegara su turno de subir al escenario. Me dijo que aquella canción me la dedicaba a mí y me regaló una de sus hermosas sonrisas. No soy capaz de describir lo que sentí mientras la escuchaba y veía cantar, mientras la escuchaba confesarme su amor de una manera tan sublime. Me sentí tentado a echar todo a la basura, esperarla allí mismo donde estaba parado y confesarle todo lo que sentía por ella, pedirle que se quedara junto a mi a partir de ese momento. Pero tuve un momento de cordura y en vez de hacer eso, me disculpé con los demás maestros y me fui de la escuela.
- ¿Es decir que huiste?- Preguntó extrañado, sorprendido de aquella reacción de su padre que era del tipo de personas que siempre sabían que hacer y decir en cada situación.
-Fue lo que me pareció más sabio en ese momento. Estaba demasiado confundido, demasiado extasiado, me creía capaz de cualquier locura y aquel no era ni el momento ni el lugar para revelar una información tan delicada. Estaba rodeado de maestros, estudiantes y padres, si hacia un sólo movimiento en falso, si decía algo que revelara lo que estaba ocurriendo, tal vez aquel sería mi ultimo día en esa preparatoria. Sea lo que sea que fuera a responderle no era una buena idea decir o hacer nada allí, así que le pedí a la maestra Shizune que le comunicara a Nadeshiko que hablaríamos después acerca de lo que me había consultado y me marché. A partir de ese día eran las vacaciones de verano así que durante varias semanas no volví a verla. Sin embargo no era capaz de olvidarlo, de pensar en otra cosa. Mi corazón deseaba corresponder a su amor, estar junto a ella, pero mi conciencia me recordaba una y otra vez que aquello estaba terriblemente mal. Estaba metido en un verdadero lio. A veces sentía que de veras enloquecería. Pero bueno, al final terminé tomando una decisión.
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Era su tercera vuelta de la mañana. Después de iniciadas las vacaciones de verano había adoptado la costumbre de salir a correr y gastar energías en aquel paraje para relajar su cuerpo y su mente. Últimamente estaba demasiado ansioso así que quedarse en su departamento sin nada más que hacer que leer un libro sobre civilizaciones antiguas era con mucho una mala idea, ya que después de todo ya no podía concentrarse ni siquiera en eso.
Se detuvo unos segundos sobre el puente y apoyó sus manos en sus rodillas tratando de recuperar el aliento. Ahora que había terminado su ultima vuelta se recostaría en aquel árbol cerca del estanque y con suerte tal vez hasta se quedaría dormido como en ocasiones anteriores embriagado por aquella calma que se respiraba en aquel lugar.
Miró a la distancia buscando su destino sin ser capaz de pasar como desapercibida a la delgada figura que yacía tumbada contra el tronco de aquel árbol totalmente ajena al mundo a su alrededor. Sintió la tentación de volver sobre sus pasos y regresar a su casa, pero una parte de él le decía que aquella era una excelente oportunidad, después de todo, aún después de que iniciaran las clases con Sonomi y los demás docentes y estudiantes no sabía cuando tendría una oportunidad para hablarle. Aún faltaba una media hora para que las personas comenzaran a concurrir a aquel lugar, así que tal vez allí en ese momento podría tener esa conversación pendiente con ella y acabar con su agonía.
Después de pensarlo unos segundos, se acercó a ella lentamente algo inseguro y sentándose sobre la hierba se quedó mirándola fijamente. Se veía tan relajada que no podía evitar preguntarse con que estaría soñando, debía ser algo realmente bueno para tener esa expresión de sosiego en su rostro.
-Fujitaka.- La escuchó murmurar aún dormida mientras esbozaba una sonrisa dejándolo sorprendido. Hasta ese momento jamás le había llamado de esa manera y escuchar su nombre de sus labios le hizo sentir una felicidad indescriptible. Tomó la mano de ella que yacía tendida en la hierba y con dulzura la llevó a sus labios depositando un beso en su dorso acariciando con sus dedos aquella pequeña parte de su tersa piel, provocando que ella abriera los ojos lentamente.
-Pro... profesor Kinomoto... -Balbuceó tan pronto como sus esmeraldas consiguieron reconocerlo.
-Perdona Nadeshiko. No quería despertarte.- Le susurró sin soltar su mano a la vez que trataba de encontrar el valor para iniciar aquella conversación.
-Yo… no se preocupe.- La escuchó balbucear nuevamente a la vez que bajaba la mirada ruborizada sin poder salir de su estado de estupor, sin saber como reaccionar ante aquello, ante su repentina presencia y el contacto de su mano. Sintió los dedos de él posarse en su mejilla moviendo con delicadeza su rostro para invitarla a mirarlo y su corazón se saltó un latido al encontrarse con sus pupilas avellanas.
-Nadeshiko… yo... yo también te quiero.- Le aseguró mientras le sostenía la mirada provocando que ella abriera los ojos sorprendida sin saber si aun estaba soñando o aquello en serio estaba sucediendo. Intentó abrir la boca para decir algo, para expresar su alegría por aquella revelación o tal vez sus dudas acerca de su comportamiento el día de su presentación. Pero el brillo triste que había en los ojos de Fujitaka, le hacía sospechar que había algo más detrás de esa confesión. Algo que a él le costaba decir y que ella sentía el presentimiento de que no le gustaría.
-Pero...- Lo escuchó decir mientras bajaba la mirada.- Aunque compartamos los mismos sentimientos hay muchas razones por la que esto no está bien… por las que simplemente, esto no puede ser. - Aclaró notando como la luz de los ojos de ella se apagaba y ella volvía a bajar la mirada, susurrando un "ya veo" lleno de melancolía.
-¿Y no hay nada que podamos hacer? ¿No hay ninguna solución?- La escuchó indagar por fin y pensó en todo lo que había meditado en esos días. Había analizado todas las posibilidades y siempre llegaba a la misma conclusión.
-No hay ninguna. Al menos no de manera inmediata. Si aún siguiéramos sintiendo lo mismo después que termines la escuela tal vez..
-¿Podríamos estar juntos?
-Si eso es lo que tu deseas entonces. A mi no me importaría esperarte, pero… aún eres joven y puedes cambiar de pensar, así que si luego te gusta alguien más yo lo entendería.
-Eso no va a pasar.- Aseguró la joven de ojos esmeraldas mientras colocaba su mano sobre la de él. - Lo que yo siento por usted es algo que jamás había sentido por nadie. Es difícil describirlo, pero cuando pienso en usted yo solo deseo quedarme a su lado sin importar el tiempo o las barreras que nos separen. Por que cuando estoy a su lado, yo me siento verdaderamente feliz.
-Yo también siento lo mismo. -Susurró a la vez que la miraba y sonreía, colocando con dulzura algunos mechones de su cabello detrás de su oreja, a la vez que se perdía en aquellos luceros verdes que le llenaban de tanta paz. Dirigió su mirada a sus labios y casi de manera autómata comenzó a acercar su rostro al de ella haciendo que Nadeshiko contuviera la respiración y cerrara los ojos sospechando cuales eran sus intenciones. La notó tragando en seco y se detuvo sólo a unos centímetros de sus labios pensando en que en realidad aún no tenía derecho a besarle, así que cambió la trayectoria de su rostro y terminó depositando el beso en su mejilla.
-Entonces un año más. -Susurró a la vez que volvía a su posición original y le sonreía, haciendo que Nadeshiko se sonrojara de pies a cabeza pensando en la manera en que se había quedado con los labios extendidos.
-Si, si... Un año más...- Balbuceó nerviosa a la vez que trataba de ponerse de pie para marcharse, tropezando en el proceso de manera casi inexplicable con sus propios pies. Fujitaka consiguió reaccionar a tiempo y atraparla terminando con ella entre sus brazos con sus caras una frente a la otra.
Ambos se quedaron mirándose unos segundos y embriagados con la cercanía y el anhelo, antes de darse cuenta sus labios estaban uno sobre el otro fundidos en un cálido y tenue beso. Se separaron unos segundos después mirándose algo sorprendidos y se sonrieron a la vez que ponían sus frentes una contra la otra.
-Después de todo si me calló un ángel del cielo. - Murmuró Fujitaka haciendo que ella soltara una leve risilla y para su sorpresa se acurrucara en su pecho, a lo que él la rodeó con sus brazos y dejó que su aroma llenara sus pulmones y relajara su alma. Sabía que aquello no estaba del todo bien pero no deseaba separarse de ella aún. Tal vez pasaría todo un año antes de que pudieran estar tan cerca así que por ese momento, solo por ese instante, quería sentirla tan cerca de él como fuera posible.
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Touya miraba a su padre con una sonrisa mientras relataba esos sucesos y es que Fujitaka no podía quitar esa sonrisa boba de sus labios al rememorar aquel momento. Era reconfortante ver como aún después de todo lo que había sucedido su padre podía recordar aquello con tanta alegría. Parecía un adolescente enamorado.
-Y supongo que luego llegó la desquiciada de Sonomi.- Comentó con algo de malicia queriendo ver la expresión de su padre al relatar como fue sorprendido en pleno momento romántico, pero contrario a eso su padre negó con la cabeza.
-De hecho no. Sonomi estaba en Tokio con Masaki tomando un pequeño entrenamiento en la empresa, se suponía que Nadeshiko también iría pero ella no se sentía bien aquella mañana y ellos la dejaron quedarse en casa, por lo que ella aprovechó para ir al estanque. -Tuviste mucha suerte entonces. Si se encontraba con aquella imagen seguramente te hubiera asesinado.
-Te aseguro que miraba a mi alrededor cada 5 segundos esperando que apareciera en cualquier momento. Sonomi tenía un olfato especial para esas situaciones.- Comentó algo divertido mientras veía como su hijo dibujaba una sonrisa maliciosa en sus labios.
-¿Situaciones? Así que esa no fue la única vez que se encontraron a solas.- Preguntó de manera maliciosa intentando ponerlo en un aprieto. Su padre imitó su sonrisa maliciosa.
-Esa pregunta esta un poco fuera de lugar ¿No crees?- Aclaró a la vez lo miraba fijamente haciendo que Touya desviara la mirada algo avergonzado. Él había sido concebido en aquel entonces así que se supone que ellos... -No pienses tan mal de nosotros hijo.- Señaló a la vez que lanzaba una carcajada al ver al moreno incómodo por pensar en ellos en una situación comprometedora. - Cuando hablo de situaciones como esa me refiero a momentos en que coincidíamos como algo más que maestro y alumna. Claro en esas ocasiones nos veíamos para conversar y bueno... de vez en cuando intercambiábamos una que otra expresión de cariño. -Reconoció mientras rascaba su cabeza apenado. - Pero eso era muy rara vez, donde quiera había un maestro o estudiante metiche así que siempre andábamos con mucho cuidado. Era frustrante. - Bufó a la vez que fruncía el ceño inconforme como un niño al que no lo dejan salir a jugar o comer dulces, haciendo que Touya lanzara una carcajada.
-Y si sus encuentros eran tan inocentes, ¿como se supone que nací yo?- Indagó haciendo que su padre volviera a su estado de seriedad y lanzara un enorme suspiro evidenciando que a partir de ahí las cosas empezaban a complicarse. - Unos días antes de las vacaciones de primavera, el rector me ofreció un traslado a la preparatoria de Tokio con la promesa de recomendarme para ser maestro de una de las universidades de la capital dado que el rector de aquel plantel tenía muchos contactos dentro de varias instituciones. Así que después de hablarlo con Nadeshiko y llegar a un acuerdo con ella decidí aceptarlo, confirmándole mi promesa de regresar cuando ella terminara la escuela para hacernos pareja y más allá de eso, casarnos un tiempo después. De hecho el último día en que nos vimos le regalé una alianza como seguridad de mi promesa. Sin embargo, pasados dos meses mis cartas dejaron de recibir respuesta de manera abrupta y unos días después recibí una carta de su misma dirección pero de parte de el propio Masaki.
Él había leído una de las cartas que le había enviado a Nadeshiko y desde entonces las había estado interceptando. Me dijo muchas cosas en aquella carta. Pero en resumen me hizo reflexionar en el impacto que tendría en la vida de Nadeshiko aquella relación que yo le estaba ofreciendo. Me dijo que aunque a mis ojos conocer a Nadeshiko fuera lo mejor que me había pasado, lo mismo no podía decirse de ella que de repente había sustituido sus deseos de ser una gran artista y trabajar en la empresa familiar por casarse conmigo y tener hijos. Que mi insensatez causaría que el futuro de Nadeshiko terminara arruinándose y que ella al final estuviera llena de remordimientos por haber tomado una decisión tan delicada sin tener la madurez necesaria. Que si en verdad me importaba su felicidad lo mejor era que desapareciera de su vida y la dejara terminar de crecer. Me vi en un verdadero dilema en ese momento. Yo en verdad amaba a Nadeshiko y estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero en realidad ella era demasiado joven. Mi deseo era hacerla feliz y darle todo lo que necesitara pero la realidad es que sin importar cuanto trabajara por ello jamás le llegaría a los talones a lo que ella poseía y podía poseer en el futuro. Yo en realidad estaba siendo un bache en su camino, un obstáculo en su futuro. Así que con todo el dolor de mi corazón me vi obligado a obedecer aquella petición. Pasaron dos semanas, dos semanas que parecieron años y yo me sumí en una profunda depresión, sentía que había perdido el sentido de mi vida y que ya no valía la pena seguirme esforzando tanto, pero aun así corté todo el contacto con ella y traté de olvidarla. Pero entonces aquel 28 de julio...
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El agudo sonido de la lluvia contra la pequeña ventana, era el único sonido que lo acompañaba en aquel atardecer mientras miraba el techo y pensaba, solo pensaba…
Llevaba 2 semanas intentando acostumbrarse a la idea de que Nadeshiko ya no fuera parte de su vida pero… simplemente no podía. Ella estaba en sus pensamientos, en sus días, en sus noches, ella era la razón de sus desvelos, de su ansiedad, de su poco común pero ahora constante malhumor, porque si, sentía que la vida había perdido color y gracia después que había decidido sacarla de su vida y sus planes. ¿Para que seguir luchando?¿Para que seguir esforzándose? Si al fin y al cabo, todo lo que consiguiera, lo que lograra no podría compartirlo con ella. Eso… eso era tan inútil que dolía. Dolía demasiado…
-Sin tan solo todo hubiera sido diferente. - Susurró al viento mientras cerraba los ojos sobre su cama, dispuesto a que si sus lastimeras reflexiones lo dejaban, caer en un sueño profundo hasta el día siguiente. No debían ser siquiera las 7 pm pero no tenía ánimos de hacer nada más aquel día, solo deseaba que el agradable clima que producía aquel fuerte aguacero lo condujeran en un agradable descanso que lo ayudara a no pensar en lo que pudo haber sido, pero no fue.
Para su sorpresa escuchó tres ligeros toques contra la puerta y luego una dulce voz llamando su nombre. Se incorporó de inmediato sin poder creer lo que había escuchado… ¿sería posible?
-No… eso no puede ser. Debe ser mi imaginación. - Murmuró a la vez que volvía a tumbarse en la cama y cerraba los ojos nuevamente, procurando ignorar aquello que entendía era creación de su subconsciente atormentado, levantándose con prisa al escucharla llamar nuevamente.
Caminó con sigilo hasta la puerta y acercando su oído a la misma procuró escuchar mejor los matices de aquella voz, deteniéndose unos segundos antes de dar vuelta a la perilla con ansiedad. ¿Qué rayos estaba haciendo? ¿En que diablos estaba pensando? Él no podía recibirla, no debía verla, aquel encuentro, en su estado emocional y sus circunstancias no terminarían en nada bueno, de eso estaba seguro. Si la veía, si tan solo la contemplaba, no sería capaz de dejarla ir de su lado. De alejarse de ella otra vez.
-Nadeshiko… -Susurró tratando de comprobar su identidad, sintiendo un agudo dolor en el pecho al escucharla responder con alegría.
-Gracias al cielo. Pensé que no estabas, no te imaginas todo lo que me ha pasado mientras he venido hasta acá, definitivamente no soy buena para seguir direcciones.
-No debiste venir aquí. Es mejor que regreses a tu casa. Tu abuelo y tu prima deben estar preocupados. - Señaló a la vez que colocaba su frente contra la puerta y sentía que su corazón se deshacía en pedazos en el proceso. Estaba lloviendo a cántaros, acababa de anochecer y Tomoeda quedaba bastante lejos de allí, haber venido sola de día era peligroso indiscutiblemente así que marcharse sola de noche era peor.
-Ellos no saben que me he marchado. El abuelo está de viaje y Sonomi y yo hemos tenido una discusión. Nadie notará mi ausencia hasta mañana en el almuerzo, porque yo... bueno... estoy pasando mucho tiempo encerrada en mi habitación últimamente. - La escuchó explicarle y no pudo evitar sentirse aún peor. Nadeshiko era una persona tan pacífica y alegre que no podía siquiera imaginársela aislada o discutiendo con alguien más, no podía evitar pensar que al igual que había pasado con él aquella separación forzosa le había causado mucho dolor, al punto de cambiar su estado de humor.
- Eso no esta bien Nadeshiko. Debes regresar.
-Fujitaka… se que el abuelo te ha enviado una carta, se que te pidió que te alejaras de mi, que te dijo que estás arruinando mi futuro, yo... yo he obligado a Sonomi a decirme lo que estaba pasando. Por eso he venido hasta aquí para que sepas que yo...
-Él solo me ayudó a ver la realidad Nadeshiko. Al final yo fui quien decidí alejarme. Así que no tiene sentido que hayas venido. - Replicó con angustia mientras intentaba ser lo más firme posible. Quería que ella perdiera todas las esperanzas en aquella relación, que jamás volviera a intentar buscarlo, que comprendiera que aquello había muerto mucho antes de siquiera nacer.
-¿Por qué? ¿Por qué decidiste hacerlo? La última vez que nos vimos me dijiste que querías casarte conmigo y en tus cartas siempre me confirmabas aquel deseo. ¿Entonces porque de repente…?- La escuchó preguntar llena de dolor mientras su voz parecía estar a punto de quebrarse.
-Porque me di cuenta de la realidad, de que las cosas no eran como yo pensé que serían. De que jamás debí enamorarme de ti, que esto, esto es un error.- Soltó para luego ahogar un sollozo al pensar en todo el dolor que le estaba causando, en como le estaba rompiendo el corazón a la persona que tanto amaba. No sólo se marcharía, no sólo pensaría que sus sentimientos no eran sinceros, ella... ella seguramente lo odiaría el resto de su vida.
-Eso no es cierto. Eso no es lo que piensas realmente. Si es lo que en verdad quieres, si es lo que en verdad decidiste ¿Porque no quieres verme? ¿Por qué no quieres abrir la puerta? Yo sé que me amas tanto como yo a ti, que no quieres hacer esto.
-Escúchame Nadeshiko… A veces el amor no es suficiente para mantener una relación, hay muchas cosas implicadas, hay muchas cosas que no eres capaz de percibir por que aún eres demasiado joven. Tienes un gran futuro por delante. Vas a conocer a muchas personas a medida que crezcas y entre ellas también habrán otros chicos de tu edad que van a gustarte y te aseguro que…
-¿Por qué todos usan la misma excusa? ¿Por qué todos se empeñan en decidir que es lo mejor para mi aún en contra de mi voluntad? Se que soy joven, se que hay muchas cosas que aún no entiendo, pero estoy segura de lo que quiero, de lo que estoy sintiendo, y yo te quiero a ti Fujitaka. No deseo conocer a nadie más, no deseo querer a nadie más. No quiero tener un futuro diferente, yo solo… yo solo quiero estar contigo… -La escuchó aclarar llena de impotencia. Entendía su dolor, su angustia, era frustrante sentir que no tienes el control de tu propias decisiones, de tus propios anhelos, que las cosas no son como uno las desea. Pero en eso consistía la vida, en eso consistía crecer, había que aceptar que no todo sale como uno lo desea, que hay cosas que simplemente no pueden ser. Por mucho que duela.
-Lo siento Nadeshiko... Pero yo... ya no puedo quererte. -Le explicó a la vez que sentía que se moría de dolor y que en cualquier momento se quebraría y prorrumpiría en llanto.
-De acuerdo… Si en realidad lo que quieres es que me vaya, está bien lo haré. Pero necesito que me lo pidas mientras me miras. De lo contrario no me marcharé de aquí hasta que cambies de opinión. Por que yo... yo no creo en nada de lo que me estás diciendo, yo sé que sólo me estas mintiendo porque crees que estaré mejor sin ti. Pero eso no es cierto. Yo... yo me voy a morir sin ti. - La escuchó prorrumpir en llanto mientras decía aquellas palabras. -Fujitaka por favor... Sólo... Déjame verte por última vez. -Suplicó en medio de sollozos provocando que él no pudiera contenerse más.
Abrió la puerta de un solo tirón, y mandando al demonio su resolución, su cordura, su ética, sus dudas salió hasta donde ella estaba, quedándose paralizado al ver aquella figura de ojos esmeraldas empapada de pies a cabeza, sosteniendo sus zapatos en una de sus manos, conteniendo sus sollozos con su mano libre y con la mitad de la ropa sucia de barro. Seguramente había sufrido una de sus famosas caídas en el camino mientras caminaba bajo la lluvia en un lugar totalmente desconocido para ella, solo Dios sabía todas las vicisitudes que había tenido que pasar para encontrarlo y sin embargo ahí estaba él, echándola de su vida como todo un cobarde. Solo porque sentía que a lo que se enfrentaba era más grande que él mismo, sólo porque no se sentía capaz de cargar con el peso de su decepción.
Sus pies y manos se movieron casi por inercia y antes de darse cuenta tenía su rostro apresado entre sus manos mientras la besaba con ansiedad.
-Lo siento… lo siento tanto.- Le susurró mientras colocaba su frente contra la de ella y cerraba los párpados al sentir que sus ojos se cristalizaban. Él no acostumbraba llorar pero en esos momentos se sentía tan desolado como cuando su madre falleció. Sentía que estaba perdiendo algo sumamente valioso, que una parte de su vida se esfumaba frente a sus ojos. Nadeshiko era lo más bonito que le había pasado desde ese entonces, era lo único que le había devuelto las ganas de vivir, de anhelar el futuro. Ahora, ahora se sentía como si no le quedara nada más, como si su vida se estuviera acabando.
La sintió dejar de llorar a la vez que escuchaba sus zapatos caer al suelo y sentía sus delicados dedos deslizándose entre su pelo, acariciando con dulzura la parte que con su baja estatura lograba alcanzar.
-No te disculpes, no quiero que te disculpes más.- Solicitó a la vez que colocaba una de sus manos en su mejilla y lo invitaba a mirarla. -Entiendo como te sientes, yo también me siento así. Pero se que saldremos de esta, que todo al final saldrá bien. Por eso déjame quedarme contigo, déjame que por una vez en la vida pueda tomar mis propias decisiones, que por una vez pueda actuar como una adulta. Yo lo único que deseo es que tu me quieras como si no existiera ninguna barrera entre nosotros, como si fuera la mujer a quien tú amas.
-Eres la mujer a quien amo… Eres lo que más deseo en el mundo.- Aseguró a la vez que la miraba a los ojos y colocaba su mano sobre la de ella.- Hay muchas cosas que quisiera compartir contigo, que vivir a tu lado… pero la medida de mi amor es aún muy grande para ti. Si fueras más adulta yo… yo no dejaría que te fueras de mi lado, no contendría todo lo que siento en estos momentos.
-Pues imagina que soy más adulta. -Solicitó a la vez que se empinaba un poco y colgándose de su cuello, depositaba un beso en sus labios haciendo que él cerrara los ojos.- Yo quiero que hoy... solo por está vez, dejes de contenerte y me quieras como deseas quererme. Que me demuestres todo el amor que sientes por mi.
Él dejó salir un enorme suspiro al escuchar su solicitud tratando de hacer acopio de toda su cordura, pero en esos momentos no tenía fuerzas para seguir luchando contra si mismo, contra su corazón.
Sólo quería aprovechar aquel momento, sólo quería recuperar el tiempo perdido. Dejar salir de su cuerpo todo el amor y el deseo que había estado conteniendo. Todo lo que sentía por Nadeshiko y que jamás habia experimentado por nadie más.
Procuró mirarla a los ojos buscando un atisbo de duda en ellos, una razón para no dar ni un paso más, pero no halló más que unos esmeraldas llenos de amor, de seguridad. Mañana se arrepentiría de ello seguramente pero él… en esos momentos sólo…
-Prométeme que me pedirás que pare si voy demasiado lejos.- Solicitó con seriedad y al verla asentir, sin perder un segundo abordó sus labios nueva vez, esta vez con más ansiedad que nunca. La tomó en brazos y dando unos pasos hacia atrás y cerró la puerta tras de sí, dispuesto a dejar salir todos sus deseos, sus sentimientos, su frustración.
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-No creo que sea necesario decirte que tu madre jamás me detuvo. Aunque a decir verdad no se si hubiera podido parar si me lo pedía. -Explicó con algo de pesar mientras miraba fijamente su taza. - El asunto es que teníamos que esperar 15 días Hasta que su abuelo regresara de viaje, el mismo tiempo que debía pasar antes de hacerle la prueba de embarazo. Así que Nadeshiko me recomendó enviarla de nuevo a su hogar pues si Sonomi llamaba a su abuelo diciéndole que ella había desaparecido no hace falta decir que las cosas se hubieran complicado aún más. Ambos guardamos el secreto ese tiempo hasta que 15 días más tarde ella se hizo la prueba y recibimos la noticia de que efectivamente tendríamos un hijo. Así que ese mismo día hablé con Masaki y le dije que desde aquel día Nadeshiko sería mi esposa y viviría conmigo, aunque claro está me vi obligado a explicarle lo de su embarazo para que la dejara irse. No hace falta decir que quería matarme cuando lo supo y no es para menos, ese fue el día que nos conocimos en persona y bueno no solo me lleve a Nadeshiko, también le digo que arruiné su futuro de la manera más vil. Su decepción y rabia fue tan inmensa que nos dijo que no quería saber nada más acerca de nosotros, ni de nuestros hijos y bueno, conoces el resto de la historia. -Comentó Fujitaka a la vez que se levantaba de la mesa y recogía los platos del desayuno, mientras Touya seguía sus pasos con su mirada aún sin poder recuperarse de la intensidad de aquel relato. Definitivamente aquella historia ponía en duda muchas cosas en las que creía, que sentía, pero sobre todo sobre lo que él mismo era, lo que él mismo significaba en todo aquel asunto, lo que su padre sentía con respecto a él.
-Papá, ¿Sentiste miedo cuando te dijeron que ibas a ser padre?
-Siendo sincero la única vez que sentí tanto miedo fue cuando el doctor me dijo que Nadeshiko no sobreviviría. Siempre he sido del tipo de personas que le gusta tener todo cuidadosamente planificado. Tener a mi cuidado a una esposa joven y un bebé en camino tan de repente era algo colosal para mí. Había momentos en que en serio no sabía que hacer.
-¿Y te arrepientes?- Indagó Touya a la vez que bajaba la mirada temiendo la respuesta. Escuchar de la boca de su padre que él había sido un error y que hubiera deseado tener una oportunidad de cambiar el pasado sería un golpe muy duro para él. Pero sentía que no podía vivir en esa incertidumbre, que necesitaba oír lo que significó su nacimiento para su padre en realidad. Sintió la mano de Fujitaka posarse en su cabeza y levantando la mirada se encontró con su amable sonrisa.
-Bueno… mirando al pasado hay muchas cosas que hubiera hecho de manera diferente.- Comentó a la vez que veía a su hijo apretar los puños sobre la mesa. - Pero si lo que quieres saber es si me arrepiento de tenerte a ti y a tu madre, la respuesta es que no. Si las cosas se repitieran tal vez cambiaría el momento o las circunstancias, pero jamás la elección. Ustedes dieron a mi vida un rumbo, una razón y eso, eso es algo que nadie más podía ofrecerme. Así que no, no tengo nada de que arrepentirme. Al contrario ustedes fueron lo mejor que me pasó en la vida.
-Gra... gracias… papá.- Lo escuchó balbucear a la vez que bajaba la cabeza y secaba con algo de torpeza sus ojos y no pudo evitar sentir ternura hacía él. ¿Hace cuantos años no veía a su hijo llorar?
-Gracias a ti por darle sentido a mi vida.- Murmuró a la vez que lo rodeaba con sus brazos y recordaba aquel 29 de febrero en que lo tuvo por primera vez en sus brazos después de 7 complicados meses. El momento en que comprendió a todas luces que a partir de entonces jamás estaría sólo.
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Un capítulo con muchas cosas ¿no?. Fujitaka fue muy sincero con Touya y tal como prometió no se guardó nada de su pasado con Nadeshiko. Es evidente que detrás de ese nombre amable y sonriente hay una persona que ha pasado por mucho pero que ha aprendido a ser feliz a pesar de los embates de la vida.
Esta nueva información cambiará la manera de Touya de ver muchas cosas y aparte a él le toca enfrentarse a varias cosas más aquel día que apenas comienza (Porque recuerden que apenas es el desayuno).
Espero que les haya gustado el capítulo y me den su opinión. Y claro está nos leemos pronto.
•Att: Leah05
