Pareja: Kai&Takao
Otras parejas: Rei&Takao, Kai&Max, Rei&Max, Kai&Takao.
Advertencia: Shounen –ai, Lemon y Mpreg
"Pensamientos"
–Diálogos.
CONFUSIÓN
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Kai&Takao&&&
Max y Kai discutían en el coche camino a casa.
–Max, por última vez, no ha pasado nada –intentó hacer entrar en razón al rubio.
–Claro, Kai –dijo sarcástico–. Seguro que si ese tal Rei no llega a aparecer vete a saber lo que hubiera pasado con ese... ese... Takao. –masculló enfadado.
Kai bufó desesperado–. No hubiera pasado nada Max, y ya cálmate.
–¿¡Qué me calme!? ¡Ja! ¡Cuando me dé la gana! –Respiró hondo, intentado tranquilizarse- ¿Qué hacías con él? Si os separasteis ha sido porque ya no os soportáis. No entiendo porqué demonios parecías un tonto cuando lo viste y porqué estabas sentado a su lado para hablar con él. –Kai no dijo ni una palabra, no quería discutir todavía hasta que no llegara a su casa–. Kai, que no se te olvide que estás conmigo –le recordó, viendo que el otro parecía estar más pendiente de conducir que de escucharle-, al parecer eso no te importa.
–Max, deja esta estúpida discusión para después, ¿quieres? Ya hablaremos en casa.
&&&Kai&Takao&&&
Takao y Rei acababan de entrar en la habitación. El ambiente estaba muy tenso, ninguno de los dos habían articulado palabra desde que salieron del centro comercial. Rei por intentar calmarse por sus celos y Takao por miedo a otro rechazo de Rei.
–Prepararé la cena –avisó abandonando al joven de cabellos azules en la silla de ruedas–. Métete en la cama –avisó antes de salir por la puerta.
Entró rápido a la cocina y allí golpeó la encimera con rabia, para después apoyar ambas manos sobre la misma. Respiró hondo para intentar tranquilizarse y poder aclarar sus ideas. No le había gustado para nada que el menor se hubiese dejado acariciar por Kai, eso lo ponía de los nervios, sólo él tenía ahora ese derecho ahora. Con lo perfecto que estaba resultando ese día y ahora... ese imbécil lo había echado todo a perder. Por su culpa Takao y él habían tenido que dejar de ver ese centro.
Ahora que lo pensaba, Takao había estado muy silencioso y no sólo eso, él se había portado como un idiota celoso y posesivo. Le había hablado de mala manera y ni siquiera le había ayudado a levantarse de la silla para que se metiera en la cama, sabiendo que ha Takao le costaba algo de trabajo. Negó con la cabeza varias veces y cerró los ojos un momento para recriminarse mentalmente por su acto con el chico de cabeza azulada.
Abrió los ojos y caminó despacio y en silencio por el pasillo para ir a la habitación a pedirle perdón por su comportamiento. Un sollozo lo detuvo haciendo que se sintiera culpable. Se asomó por el marco de la puerta y lo que vio le hizo sentirse peor.
Takao estaba sentado en la cama, intentando ahogar el llanto para llorar en silencio, limpiándose las lágrimas con un pañuelo, mientras con su mano libre apretaba un cojín que estaba puesto en sus piernas.
Rei entró entonces a la habitación, haciendo que Takao lo mirase y girara la cara para limpiarse rápido las lágrimas.
–Snif... –se puso el flequillo más hacia la cara, para ocultar sus ojos y que Rei no se diera cuenta de nada.
Rei puso una media sonrisa en los labios y se acercó hasta él, sentándose en la cama. Acercó su mano hasta ese flequillo juguetón que le impedía ver bien los ojos y las facciones del chico de cabeza azulada. Lentamente le fue girando el rostro y levantando la cabeza para que le mirase a los ojos. Le limpió una pequeña lágrima que se había dejado resbalar por su sonrojada mejilla.
–Ta... –fue interrumpido por el menor.
–Rei, perdóname, por favor.
El pelinegro abrió los ojos en señal de sorpresa. Esa frase sólo podía significar una cosa, y era que Takao lo iba a abandonar.
–¿Qué? –llegó a articular.
–No sé lo que he hecho mal, pero... snif... por favor, perdóname.
Al oír esas palabras el pelinegro sintió un gran alivio en su corazón, pero a la vez un sentimiento de culpa.
–No has hecho nada mal. He sido yo –lo abrazó–. Me he puesto muy celoso, lo siento de verdad. Tranquilízate, no llores. La culpa ha sido sólo mía. Me daría mucho miedo volverte a perder. He sido un egoísta tratándote cómo lo he hecho hace un rato –se separó lentamente de él para mirarle a los ojos–. Perdóname, te prometo que no lo haré más –sonrió– ¿vale?
Takao asintió para volverlo a abrazar de nuevo.
&&&Kai&Takao&&&
Kai abrió la puerta de su casa, seguido por un Max de brazos cruzados que lo seguía hasta el comedor.
–Siéntate, por favor –le pidió amablemente Kai.
–¡No gracias, estoy muy bien de pie!
–Max, no sé porqué te enfadas, ya te he dicho que no ha pasado nada.
–¡Claro! ¡Porque yo os he interrumpido! –habló en su defensa.
–Max, debes de comprender que Takao ha sido mi esposo y que hemos pasado por mucho. –le explicaba, pero estaba seguro de que Max no lo entendería por más que lo hiciera.
–¿¡Por qué fuiste a buscarlo!? ¡Hasta donde yo sé! ¡Tu ex, ya tiene pareja! ¡Y es ese tal... Rei!
–Me preocupo por él, es normal. –decía exasperado de tanta pregunta como si fuese lo más normal del mundo.
–¡Creo que no deberías! ¡Ya se preocupa por él su novio!
–Pero eso no tiene nada de malo, además está embarazado.
–¡Pues bien por ellos que van a ser padres! ¡Pero eso a ti no te concierne, ni a mí tampoco!
–¿Por qué eres tan inseguro? –decidió preguntarle al ver esas escenitas de celos que dudaba que fuesen a terminar.
–No lo soy –dijo más relajado.
–¡Je! Sí, que lo eres y además estás celoso cuando no deberías. –aclaró con evidencia.
–¿Tú no lo estarías si yo estuviera acariciando la mejilla de mi ex y poniendo cara de idiota?
–No, porque confío en ti y sé que no me engañarías –se adelantó unos pasos y se puso frente a él para estirar las manos hasta ponerlas sobre los hombros del rubio.
–No sé si creerte –agachó la mirada.
–Max, no me gusta que peleemos por una tontería así, yo... pensaba que por el simple hecho de darle ánimos a Takao con su embarazo, no iba a suceder algo así. Yo simplemente quiero que sepa que aunque estamos separados cuenta conmigo para lo que necesite y que no quiero matarlo o asesinarlo por haberse divorciado de mi. Quiero tener una relación normal de amistad –le levantó la tez para que lo mirase con su mano derecha–. Max, confía en mí. No seas tan celoso.
–¿Quién es celoso? Yo no. –habló en su defensa.
–¿Qué no eres celoso? Jajaja, pero si cuando voy de compras y los cajeros son amables, bebo un café de la cafetería y me mira la gente o me siento frente a un ejecutivo atractivo o al lado, te pones celoso y te enfadas.
–Es que intentan ligar contigo y no te das cuenta. –aclaró.
–Pero eso a mí me da igual, no voy a hacerles caso.
–Pero les sonríes.
–Sólo por ser amable. Max, piensa un poco, ¿con quién estoy saliendo en estos momentos? –le preguntó con calma, intentando hacer ver a Max que no viese fantasmas donde no los había.
–Conmigo.
–Exacto –le sonrió–. Lo siento. Me refiero a lo de hoy.
Max puso su mano sobre la de Kai–. Me puse celoso porque bueno, estabas tan pegado a Takao que pensaba que ibas a besarlo. Jeje, qué tontería. Perdóname tú a mí, intentaré ser menos celoso.
–Pero, ¿me perdonas? –volvió a preguntarle Kai.
–Claro que sí. –Max lo besó con rapidez, sintiendo cómo Kai lo abrazaba por la cintura–. Te quiero –dijo una vez que sus labios estaban libres del otro, para abrazarle efusivamente.
&&&Kai&Takao&&&
Un mes después en la oficina...
–Max, quiero que canceles todo tipo de reunión para hoy –le habló el bicolor nada más entrar a la oficina con unas gafas de sol puestas y su traje.
–Está bien.
–También quiero que no me pases llamadas –caminó rápido por el pasillo entrando a su sección donde estaban sus compañeras/os de trabajo en sus puestos–. Buenos días –saludó.
–Buenas días jefe –contestaron.
–Buenos días –les saludó el rubio.
–Buenos días, Max –saludaron.
Kai abrió la puerta de sus oficina, seguido por Max, quien al entrar en el despacho, cerró la puerta tras de sí.
–Kai.
–Dime –contestó abriendo la cortina para que entrara luz en el despacho.
–¿Te encuentras bien?
–Sí, ¿por?
–Porque llevas unos días que... te encuentro algo diferente, como más serio, distante.
–No me pasa nada –empezó a encender el ordenador.
–Bueno, ¿qué excusa le doy entonces a los que te llamen?
–Diles que estoy en una reunión y que no sabes a qué hora acabaré.
–¿Y a la gente con la que tenías la reunión?
–Diles que he salido. Que tenía una cita a la que no puedo faltar, pero que quizás más tarde regrese.
–Está bien, pero ¿por qué les vas a mentir?
–No es una mentira, por eso quiero que lo canceles todo.
–Espera un momento –lo miró incrédulo–. Explícame eso –intentó tranquilizarse–. Antes de que me ponga celoso.
–Mira Max, ahora no puedo explicártelo. No tengo mucho tiempo, quiero tenerlo todo listo antes de irme.
–Al menos ¿podrías decirme a quien vas a ver con tanta prisa?
–Bueno yo... –le costaba articular palabra.
–No será a Takao, ¿verdad?
–No, a él no.
–Qué bien –agregó con sarcasmo–. Ahora me quedo más tranquilo –puso las manos sobre la mesa–. Hazme un favor –dijo mirándole–. Quítate esas gafas, no sé cómo demonios puedes ver –dijo saliendo del despacho, cerrando la puerta con algo de brusquedad.
–Genial –rulo la vista. "Si digo que voy a ver a Takao, se enfada, si digo que no lo voy a ver, también se enfada", suspiró. "No puedo faltar a esa cita tan importante, no me lo perdonaría. Creo que si Max no se entera será mejor para los dos. Así que por el momento no le diré nada." Empezó a marcar un número de teléfono que se sabía de memoria.
&&&Kai&Takao&&&
Varios toques en la puerta le hicieron salir de sus pensamientos.
–Takao, ¿estás ya listo?
–Sí, ya puedes pasar.
El pelinegro no tardó mucho en entrar a la habitación y contemplar a su chico, sentado en el bordillo de la cama, con una blusa de color miel muy bajo y unos pantalones de color azul vaquero. Caminó hasta él poniéndole las manos para que el menor las cogiera y ayudarlo a levantarse para cambiarlo a la silla de ruedas.
Una vez que con mucho cuidado acomodó al silencioso menor en la silla de ruedas, le dio un beso en la frente.
–¿Estás listo? –le preguntó haciendo que el joven de cabeza azulada asintiera.
–Me gustaría ir a la floristería, antes de ir allí.
–Claro, iremos a dónde tú quieras.
–¿Llevas las llaves de la casa?
–Sí, lo tengo todo listo.
–Bien, pues cuando quieras. Yo ya estoy.
–Entonces, vamos –se posicionó detrás de la silla y empezó a empujarla para salir de allí.
&&&Kai&Takao&&&
Max estaba terminando de fotocopiar unos impresos cuando vio a un chico entrar a la oficina.
–Perdonen –hizo llamar toda la atención de los presentes– ¿Esta aquí Kai Hiwatari?
–Soy su secretario, ¿para qué lo quería? –le preguntó acercándose hasta él, dejando lo que estaba haciendo para atender al chico.
–Nos ha hecho un encargo y venía a traérselo.
"Qué raro, no me ha dicho nada", pensó–. Creo que está en una reunión, y no sé si podrá atenderle. Déjeme ver un momento –tocó el botón del teléfono para contactar con el bicolor el cual no tardó en hablar.
–¿Sí?
–Aquí hay un chico que te busca, dice que les has encargado algo.
–Ah, ¿está ahí?
–Claro.
–Hazlo pasar a mi despacho.
–Está bien –cortó la línea–. Puede pasar.
–¿Y dónde es?
–Es esa puerta –le indicó ya que no tenía perdida al encontrarse justo al lado
–Está bien, gracias –con pasos ligeros fue caminando hasta tocar la puerta y sentir un "adelante" que le hizo abrir la puerta.
Max no perdió detalle, pero se preguntaba que encargo era, ya que el chico no traía nada en la mano. La curiosidad le picaba, pero estaba seguro de que el bicolor se lo diría.
No pasó más de cinco minutos cuando vio al bicolor y al chico salir del despacho.
"¿A dónde irán? ¿Será que tiene la cita con ese tipo? No lo creo, no es del tipo de Kai... ¿pero en qué estoy pensando? Kai me dijo que confiara en él. Es imposible que me haga daño de esa forma, ¿verdad? Ya me estoy muriendo de los celos... a ver Max, analiza la situación. Ese chico ha dicho que traía un encargo así que supongo que a lo mejor será algo que hace falta para la empresa... ¿a quién engaño? Me muero de los celos.
¿Y si Kai me ha engañado y va a verse con Takao? El chico es atractivo, para qué negarlo. Pero ahora Kai me pertenece a mí y pobre de él si se interpone en mi camino. No señor, en cuanto venga Kai le voy a exigir una explicación".
Quince minutos después, Kai entró al despacho sin ni siquiera mirar a Max y eso al rubio le extrañó. Siempre le miraba cuando pasaba o le guiñaba el ojo haciendo que el rubio le sonriera. Claro, que con esas gafas oscuras tampoco podía verle los ojos. Eso era otra cosa que no entendía, hasta para cenar, Kai llevaba las gafas puestas y eso no era normal en nadie.
&&&Kai&Takao&&&
Takao estaba siendo guiado por Rei. Los dos permanecían callados, Takao encerrado en sus pensamientos y Rei observando al menor, no sabía qué decir o qué hacer. No le gustaba ver al chico de cabellos azules así de triste y decaído, pero claro, después de todo era normal, y no sabía que le podía dar ánimos en esos momentos.
–Rei. –lo llamó con suavidad.
–Dime.
–¿Crees que le gustará las margaritas y los nardos? –le preguntó mirando el ramo de flores que llevaba en las manos.
–Seguro que sí, son unas flores muy bonitas.
–Me hubiese gustado comprarle más, quizás lo haga otro día.
–Está bien.
El camino siguió siendo silencioso hasta que por fin, llegaron a su destino. Rei miraba a su alrededor, había tantas que si Takao no le guiaba pronto, se perdería.
–Sigue recto, yo te indicaré –se escuchó la apagada voz del menor.
–Está bien.
&&&Kai&Takao&&&
–Adelante –dijo el bicolor poniéndose de pie mientras apagaba el ordenador al escuchar que alguien tocaba la puerta.
–Soy yo –contestó Max al entrar– ¿Te vas?
–Claro, ya te lo había dicho.
–Claro, tienes una cita.
–Sí –afirmó el bicolor poniéndose en pie.
–¿Con Takao?
–Max, te he dicho que no.
–¿Entonces?
–Espera a que llegue y entonces te lo contaré todo, no quisiera llegar tarde.
–¡Me importa muy poco que llegues tarde a dónde demonios quieras ir! ¡Dime a quien vas a ver! -exigió
–Se llama Alan –aclaró poniéndose la chaqueta.
–¿Así que Alan? –asintió unas cuantas veces, intentando buscar una conexión a aquello-. Kai, quiero la verdad.
–Max. Es algo que me duele contar, ¿vale?
–Claro, ¡después de todo si me engañas con ese Alan, es normal, te sentirás incómodo!
Hastiado de esa situación decidió que no podría ocultárselo– ¿Quieres saber la verdad?
–Por supuesto. –exigió.
–Muy bien, entonces ven conmigo.
–¿A dónde?
–Ya lo verás. –aclaró pasándole de largo.
–Está bien. –aceptó sin problemas, siguiéndole.
Salieron de la empresa con rapidez. El camino estaba siendo silencioso hasta que Max se dignó a preguntarle para quien era ese ramo de flores que había en los asientos traseros.
–Max, no te soy infiel si es lo que piensas –su cara se tornaba triste.
–Kai, dime de una vez que te propones. –estaba tan nervioso por el resultado de todo aquello que se sentía inseguro.
Giró hacia la derecha y Max se quedó impresionado y más todavía al ver que Kai aparcó en ese lugar.
–¿Pero qué? –Enarcó una ceja mirando al bicolor– ¿Por qué te has parado frente a este cementerio?
–Max, hay cosas que no te he contado –miró hacia Max, sentándose de lado en el asiento del piloto para quedar frente a él–. Esto es muy doloroso para mí y no quería contártelo por ahora, porque no me sentía ni con fuerzas ni con ánimos, pero ya que has insistido, no me queda más remedio que contártelo todo.
–Kai, ¿quién es Alan? y ¿dónde está? –preguntó temeroso del resultado.
–Está aquí, en el cementerio –su voz empezaba a quebrarse–. Alan era mi hijo. He venido a traerle flores. No quería decirte nada porque seguramente, Takao estará aquí y nos encontraremos y yo no quería que pensases cosas que no son. Estos, son momentos en los que me gusta estar solo. Es otra de las razones por la cual no te quería contar nada todavía.
Max se sentía muy mal, él pensando mal del bicolor y Kai sólo había venido para traer un ramo de flores a su hijo fallecido.
–Lo siento mucho, no sabía nada, perdóname. ¿Qué ocurrió? –se atrevió a preguntar.
Flash back
Kai estaba sentado en el sofá del comedor junto con el joven de cabellos azules. Estaban viendo la tele tranquilamente, cogidos de la mano cuando de repente la tele comenzó a verse con rayas.
–Otra vez. ¿Qué le pasará ésta vez? –preguntó Takao.
–Pues que esta tele tiene más años que el sol.
–Jajaja, eso es evidente. Creo que al final tendremos que comprar una nueva.
–Eso me temo, espera aquí sentado. Iré a por las herramientas al garaje, seguro que otra vez tiene que ver con la parte trasera.
–Está bien, ¿qué te hará falta?
–Supongo que varios destornilladores, pero tranquilo –se puso de pie–. Te quiero aquí sentado –le advirtió sabiendo que siempre que pasaba algo con la tele, Takao se ponía a su lado para ayudarle.
–Claro, pero quiero ir al servicio –le estiró las manos para que le ayudara a levantarse.
–¿Otra vez? –le preguntó ayudándole.
–Sí, creo que ya comienza la cuenta atrás para que Alan nazca.
–Ya deseo cogerlo en brazos, pero el médico dijo muy claramente que tenías que hacer reposo estos días, así que ¿quieres que te acompañe al servicio?
–No –sonrió–. No soy un bebé –agregó una vez que estuvo de pie–. Sé hacer pipi yo solito.
–Está bien, pero...
–Lo sé, en cuanto termine me quieres sentando en el sofá, quietecito y tranquilito.
–Exacto –se acercó a él y le dio un sonoro beso–. Te sabes la lección.
–Sí y tranquilo, lo haré.
–Está bien, enseguida vuelvo. Sólo tengo que coger la caja pequeña de herramientas y ya está –caminó hacia la tele y la apagó.
–Vale –respondió el otro andando muy despacio hasta el servicio.
Kai caminó hasta la puerta que daba al garaje desde el interior de la casa. La abrió y encendió la luz, viendo todo tipo de herramientas y el coche aparcado. Tenía varias cajas grandes colocadas al lado de una esquina y encima de esas cajas, varias estanterías en las que tenía dos o tres cajetines llena de herramientas. Caminó hasta los cajetines y bajó uno mediano, abrió el cajetín y comenzó a remover lo que contenía.
–Qué raro, pensaba que los destornilladores estarían aquí –puso ese cajetín en su sitio y bajó otro de mayor tamaño e hizo la misma operación–. Aquí tampoco están –volvió a subir otra cajetín que no le servía y cogió el tercero y último–. Pero si la última vez que arregle la tele, los dejé aquí, no lo entiendo. Bueno, aquí queda uno, me lo llevaré por si me sirve.
–¡Kai! –escuchó gritar a Takao y ese tono de voz no le gustó en absoluto, así que corrió lo más rápido que pudo para salir de allí con la caja de herramientas– ¡Kai! –volvió a escuchar.
–¡Takao!
–¡Kai!
Cuando Kai entró a la casa y vio a Takao tirado sobre las escaleras, con una mano en la barriga y otra en las costillas, tiró la caja al suelo sin importarle el estropicio que hiciera.
–¡Dios mío! –Se arrodilló junto al otro corriendo– ¿¡Qué te ha pasado!? –le preguntó no sabiendo que hacer si coger a Takao y ayudarle a levantarse o dejarlo quieto donde estaba por si al moverlo le hacía más daño.
–¡Me duele! ¡Ah! ¡Me duele mucho! –se tocó la barriga.
–¡Ahora mismo llamo a una ambulancia! –dijo con nerviosismo.
Fin Flash back
–Takao se había caído por las escaleras, Max.
No hacía falta que Kai le contara el resultado de aquello, era más que evidente.
–Sabes que no soy muchas de palabras Max, y quizás debí de haberte contando esto, pero no me sentía preparado... –Max le puso el dedo índice en los labios.
–Shhhh –le interrumpió–. No pierdas tiempo y ve a verle.
–Tardaré en volver, quisiera estar todo el tiempo que pueda con él.
–Lo entiendo, te esperaré aquí.
–Gracias –vio cómo el bicolor salía del coche para abrir la puerta de atrás y sacar el ramo de flores para cerrar la puerta y entrar al cementerio.
&&&Kai&Takao&&&
–Es aquí –avisó Takao haciendo que Rei se detuviese frente a una pequeña tumba en la que había inscrita "Alan Hiwatari Kinomiya" "22 de mayo del 2002" "Tus padres nunca te olvidarán"–. Rei, quisiera estar a solas. –le pidió.
–Claro, lo entiendo. Estaré fuera, dando una vuelta. Más tarde volveré a por ti.
–Está bien –sintió que Rei le dio un beso en la cabeza. Miró la pequeña tumba para ver que las flores puesta en los jarrones estaban ya marchitas. Se dio la vuelta y vio al chino alejándose de allí, así que regreso su vista a la tumba.
–Hola, Alan –sonrió con melancolía–. Perdóname, no he podido venir antes a verte –dijo estirándose para quitar las flores marchitas y dejar el ramo nuevo encima de la tumba–. Así está mejor. Tengo cosas que contarte, algunas son tristes y otras son más alegres –puso su mano sobre la lápida–. Una buena noticia es que vas a tener una hermanita... –sintió la congestión formarse en su nariz, intentando aguantar las lágrimas que finalmente no pudo. Sorbió el moquillo con rapidez y siguió contándole cosas- ... y una triste es que papá ya no está conmigo. Rei está cuidando de mí para que todo salga bien. Estoy seguro de que papá vendrá esta tarde a verte. ¿Sabes? Lo han ascendido y es jefe de una sección... snif –cogió el pañuelo y se limpió las lágrimas que estaban saliendo sin ningún control–. Ojalá estuvieras aquí, ángel mío... snif... le prometí a Rei que no iba a llorar, pero te echo mucho de menos mi vida... –le contaba mientras sorbía el moquillo.
Flash Back
Takao entró al servicio, en un momento hizo sus necesidades. Salió del servicio y se quedó mirando la tele.
–Anda –recordó–. Sí, los destornilladores los dejé en mi habitación cuando apreté los tornillos del cajón el otro día. Subiré a por ellos y los bajaré para arreglar mientras la tele.
Con pasos lentos y apoyándose en la barandilla, subió las escaleras hasta llegar a su habitación. Miró hacia la izquierda, viendo el marco de una puerta pintada de color azul.
–Ese será tu cuarto –sonrió–. Ya falta muy poquito, mi niño –con ánimo entró a su habitación, que estaba frente a las escaleras–. Creo que lo deje aquí –dijo abriendo el cajón de su pequeña mesita, viendo un pequeño estuche con los destornilladores dentro. Su cuarto era grande, constaba de dos mesitas de noche, una cómoda con su silla, y dos armarios grandes. Además de tener una ventana frente la cama con una enorme cortina.
–Eso es –los cogió y cerró el cajón, intentando ponerse derecho, viendo que le costaba trabajo, se apoyó en la mesita–. Ya pesas mucho –dijo con esfuerzo–. Ahora hay que llevarle esto a papá –cerró la puerta de su habitación y caminó hasta las escaleras. Lo primero que hizo fue cogerse a la barandilla y cuando bajó el primer escalón se dio cuenta de que no veía por donde caminaba.
–Vaya, no contaba con esto. Ya sé, arrastraré el pie hasta el filo del escalón y luego cuando baje el pie lo arrastraré hacia atrás para estar más seguro –estaba haciendo lo que se proponía ya que le funcionaba. Se detuvo un segundo para respirar y tomar aire ya que aunque no lo admitiría delante de Kai, le costaba mucho bajar y subir las escaleras, pero él no era un debilucho y no quería que Kai le hiciera las cosas. Bastante tenía el pobre con llegar cansado de la oficina todos los días, y él sabía muy bien lo cansado que podía uno llegar a casa. Levantó la mano izquierda para ver los destornilladores y seguir avanzando. Todo iba de maravilla con su nueva técnica, ya que si miraba hacia delante no veía nada por cortesía de su barriga, así que siguió haciéndolo.
Miró hacia el lado para ver cuántas escaleras quedaban–. Ya queda menos, Takao –se animó a sí mismo. Bajaba tranquilamente las escaleras cuando escuchó un golpe fuerte que hizo que se asustara mucho. Ya que no se lo esperaba, al sentir el golpe perdió la concentración de lo que hacía y como consecuencia sintió cómo se resbaló escaleras abajo, ya que el pie lo avanzó demasiado hacia delante, haciendo un paso falso que lo hizo girar escaleras abajo, dándose varios golpes, hasta llegar al suelo. Estaba mareado y empezaba a dolerle la costilla pero no le entró el pánico hasta que sintió como un dolor fuerte y punzante se hacía de notar en su barriga.
–¡Kai! –Gritó asustado– ¡Kai! –gritó más fuerte, ésta vez con dolor– ¡Kai! –no tardó en ver cómo el bicolor llegaba corriendo y tiraba la caja de herramientas al suelo.
–¡Dios mío! –Vio que el bicolor no tardó en arrodillarse junto a él con cara de preocupación– ¿¡Qué te ha pasado!? –le preguntó no sabiendo que hacer si coger a Takao y ayudarle a levantarse o dejarlo quieto donde estaba por si al moverlo le hacía más daño.
–¡Me duele! ¡Ah! ¡Me duele mucho! –se tocó la barriga sintiendo aún más dolor.
–Ahora mismo llamo a una ambulancia –salió corriendo en busca del teléfono. Takao comenzó a llorar por el dolor y por el miedo, estaba seguro de que esa caída no le traería nada bueno.
Fin Flash Back
&&&Kai&Takao&&&
Kai caminaba pensativo con el ramo entre sus manos. Divisaba a lo lejos una figura en la tumba de su niño, seguro que se trataba de Takao. Siguió caminando hasta distinguir que efectivamente era su chico tormenta el que estaba con ambas manos estiradas, puesta sobre la tumba. Se le veía tan triste, tan decaído y deprimido, claro que él no era distinto también sufría la pérdida de su hijo y mucho, pero intentaba hacerlo en silencio. En estos cinco años no había querido llorar frente a Takao por la sencilla razón de que si los dos caían en una depresión, no saldrían de ella, así que él tenía que ser más fuerte, demostrarle todo su cariño y apoyo a Takao en los momentos más duros de su vida.
Con pasos seguros se acercó hasta la tumba, viendo a Takao mirando fijamente a esa pequeña tumba.
–Hola, Takao. –le saludó.
Takao le miró e igualmente le saludo–. Hola.
Miró la tumba–. Hola hijo, siento no haber podido venir antes, pero me era imposible –dejó el ramo junto al de Takao–. Espero que te gusten estas flores –miró a Takao– ¿Cómo te encuentras?
–Creo que bien, gracias.
–¿Dónde está Rei?
–Le pedí que me dejara solo.
–Ah.
–¿Y tú pareja?
–Max, me está esperando en el coche. Perdóname, quizás os cause a Rei y a ti una discusión la última vez que nos vimos.
–Tranquilo, no pasa nada. A quien creo que le molestó fue a tu novio.
–Bueno, le molestó un poco, no lo puedo negar. Es un chico impulsivo y es algo celoso, pero fue culpa mía, no pensé que eso podía ser algo malo.
–Yo pensaba igual.
Los dos no dejaban de mirar la tumba. Takao empezó a acariciar la lápida otra vez, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban de nuevo a brotar de sus ojos. Kai lo vio y quería demostrarle que una vez más no estaba solo, así que colocó su mano sobre la del menor, la cual no le rechazó, necesitaba el apoyo y calor del padre de su hijo.
–Lo siento Alan, perdóname hijo, fue culpa mía –lo lamentó rompiendo a llorar. Kai caminó hasta él para abrazarlo.
–No es verdad y lo sabes, tu no tuviste nada que ver, no te culpes más –sentía cómo Takao lo abrazaba con desesperación.
–Era mi niño, por mi culpa no podré verle caminar, ni ver su sonrisa, ni verlo crecer nunca... snif...
–Tranquilízate, Takao, no puedo impedirte que llores porque sé por lo que estás pasando, pero intenta no ser tan duro contigo mismo. Tienes que pensar en esta niña que llevas dentro.
–Ya lo hago, pero tengo miedo. –reconoció.
Kai se separó un poco de él para mirarlo a los ojos– ¿Por qué? Todo saldrá muy bien, tendrás una niña preciosa –intentaba tranquilizarle con esas palabras para darle seguridad mientras le limpiaba las lágrimas.
–No me siento capaz. Me da terror pensar que la pueda perder también a ella.
–No, ésta vez será diferente, ya lo verás. Dentro de unos meses, tú y Rei tendréis a vuestra hija. La cogerás en brazos y... te vomitará encima y tú dirás... ¡qué olor tan nauseabundo me ha dejado mi hija!
–Jajaja –rió por la tontería que acababa de decir Kai.
–En serio, no tienes de qué preocuparte.
–Gracias por intentar animarme, lo necesitaba mucho.
–Para eso están los amigos.
–Me gustaría ponerme de pie, para poder besar la tumba, ¿me ayudas por favor?
–Claro –le ayudó a ponerse de pie.
–Ya me cuesta ponerme de pie –se apoyó en la tumba con ambas manos.
–Supongo que es normal en tu estado, ¿de cuánto tiempo estás?
–De siete meses.
–¿Y cómo te encuentras?
–Cansado y hay veces que me dan mareos, pero enseguida se me pasan.
–Supongo que te dará pataditas.
–Sí, de vez en cuando –se agachó un poco apoyándose en la misma lápida y besó una pequeña cruz que había incrustada. Al levantarse sintió cómo las fuerzas le empezaban a fallar y que su cuerpo se iba hacia atrás. El bicolor, que se dio cuenta de eso, no tardó en coger a Takao y en apegarlo a su cuerpo con el fin de que no se cayera al suelo, pero con el impulso las gafas de sol que llevaba puestas, se cayeron al suelo.
–¿Estás bien? –preguntó preocupado viendo cómo éste se ponía una mano sobre la cabeza.
–Sí, sólo ha sido un mareo.
–Creo que será mejor que te sientes –le avisó ayudándolo a sentarse en la silla de ruedas.
–Ha debido de ser por el calor –se fijó en los ojos de Kai, estaban muy atormentados. Tenía ojeras, estaban rojos y parecían que estaban húmedos. Jamás en todos sus años de matrimonio, los había visto así–. Gracias.
–No tiene importancia, pero si quieres puedo ir al coche, tengo un botellín de agua.
–No, no es necesario. Creo que ya se me está pasando –miró al suelo para ver que las gafas de Kai estaban ahí tiradas. El bicolor fijó su vista en lo que Takao miraba y enseguida recogió las gafas del suelo–. Lo siento, se han caído por mi culpa, ¿están rotas?
–No, tranquilo. Sólo hace falta limpiarlas –sacó un pañuelo y se dispuso a limpiar las lentes.
–Mph... –dijo al intentar ahogar un ¡ay! Se puso una mano sobre la barriga.
–¿Una patada? –le preguntó el de ojos color rojizos agachándose a su nivel.
–Más bien muchas. –añadió.
–Takao, sé que éste no es el lugar indicado, pero necesito preguntártelo. ¿Por qué me dijiste que estabas de viaje?
–Pues... fue por Rei –inventó–. Los médicos me dijeron que hiciera un poco de reposo... y bueno... ya ves que se lo ha tomado muy enserio por todo lo que me ha sucedido... y la verdad es que no puedo salir de casa.
–Entiendo, soy una molestia. –aclaró.
–No, no es eso, pero... Rei es algo celoso.
–¿A ti no te importaría que yo fuera entonces algún día a hacerte una visita?
–Claro que no.
Sonrió–. Me alegra saber eso, porque quiero que aunque no seamos pareja por lo menos seamos amigos.
–Yo pienso igual –sonrió.
&&&Kai&Takao&&&
Mientras tanto a las afueras del cementerio Max salía del coche haciéndose aire con la mano–. Por Dios qué calor hace ahí dentro, no hay quien aguante –cerró la puerta del coche y se apoyó en el. Miró a su alrededor y se cruzó de brazos. Al parecer ese cementerio era muy grande. Miró hacia la entrada. La puerta era enorme de color negro y de hierro. Esos sitios le daban un miedo increíble así que no se atrevería a entrar. Se dio cuenta de que un chico de pelo muy largo recogido en una coleta, caminaba pegado casi al enorme muro blanco que rodeaba ese sitio. Se fijé en que se apoyó en el muro blanco y que se cruzó de brazos también.
Rei miraba a ese chico rubio que estaba apoyado en el coche con los brazos cruzados igual que él. Reconocería a ese coche aunque lo cambiasen de color, era sin duda el del bicolor. Takao ya le había advertido de su presencia allí, pero él esperaba que fuese por la tarde y no por la mañana. Eso lo había pillado desprevenido, quizás debería de entrar para comprobar que el bicolor no se pasaba de la raya con el menor, pero, si alguien sobraba en esos momentos allí, sería sin duda él. Tenía que confiar en Takao, él no le fallaría, no otra vez, ¿verdad? Miró a ese chico rubio de nuevo.
"¿Qué me mirará tanto?", se preguntaba Max–. Se me hace familiar ese chico, aunque está un poco lejos. Este cementerio tiene que ser enorme por dentro, creo que me asomaré a la puerta para verlo", empezó a caminar hasta la puerta, sintiéndose observado cada vez más por ese individuo. Iba a asomarse cuando una voz lo detuvo.
–¿A dónde vas rubio? –Max se dio la vuelta para ver que era ese chico de ojos raros–. Déjales solos.
–¿Es conmigo? –preguntó enfocando al otro joven.
–Que yo vea no hay nadie más que tú aquí fuera, rubio.
–Bueno, pues si entro o no, no es de tu incumbencia y no me llames rubio –se asomó un poco a la puerta y cuando vio el montón de tumbas que había retrocedió de inmediato.
–¿Por qué rubio? ¿Acaso no te gusta que te digan así?
–¿Te digo yo a ti algo? –Preguntó a la defensiva-. Y no, no me gusta. –le contestó, viendo que el otro no dejaba de mirarle– ¿Qué me miras?
–¿Yo a ti?
–No, tú al papa –le dijo con burla.
–Nada.
–Pues si no es nada, deja de mirarme –se acercó a Rei mirándolo fijamente.
–¿Y ahora que me miras tú a mí?
–Los ojos tan raros que tienes, dan miedo. –confesó el rubio.
–Son unos ojos normales y corrientes –contestó en su defensa.
–Claro, la forma de ellos porque lo que es el color...
–Son color miel. –agregó.
–¿Y a mí qué me importa?
–Por si tienes dudas, te lo digo.
–Esta conversación, si es que lo es. Es absurda.
–Estoy de acuerdo. –Ambos quedaron en silencio hasta que Max rompió el hielo.
–Pobre Kai, debe de estar fatal por la muerte de su hijo.
–Takao lo está pasando muy mal.
–Es una pena que pasen cosas así y todo por no saber estarse quieto. –comentó Max como si nada.
–Takao no tuvo la culpa de lo que sucedió– contesto defendiéndole.
–No. Si en el fondo le compadezco. Creo que no habrá peor castigo que perder a tu hijo por culpa de uno mismo.
–Oye, no te metas con Takao porque yo sé también meterme con Kai. –aclaró enfadado.
–De eso nada, a Kai lo dejas tranquilo.
–Pues no te metas tú con Takao. Lo que tienes que intentar es que Kai no se acerque más a Takao.
–Lo mismo digo. Dile a Takao que deje a Kai tranquilo.
–¡Je! Por Dios. Eres más odioso que el mismo Kai en persona. Tal para cual. –añadió haciéndole burla.
–¡Pues no se diga de ti y de Takao! –subió su tono de voz irritado.
–¡Qué celoso eres!
–¡Pues anda que tú!
–¡Yo sólo protejo lo que es mío!
–¡Y yo igual y te digo una cosa, que no se cruce Takao en mi camino porque pobre de él si lo intenta!
–¡Lo mismo digo yo sobre Kai!
&&&Kai&Takao&&&
Mientras estos dos discutían por cosas absurdas, los otros dos jóvenes se miraban fijamente.
–¿Qué? –se decidió a preguntarle Takao.
–Que tienes mejor color en la cara –puso su mano sobre la mejilla y con el dedo pulgar fue delineando el pómulo–. Incluso tus labios –bajó el dedo hasta ellos–. Están más rosados –dibujó su forma delineándolos suavemente por encima. Le resultaba tan difícil no decirle todo lo que sentía, todo lo que le amaba. Analizaba la situación y veía a Takao, embarazado de otro hombre que no era él, pero todo lo que habían pasado juntos, todo lo que habían vivido y sufrido, eso no lo borraría el tiempo jamás.
"Siento una calidez en mi corazón con cada caricia tuya, me haces estremecer, Kai, no quisiera que este momento en el que me estás acariciando y me miras a través de las gafas pase de largo y se vaya a un lugar en el que se ocultará para siempre. ¿Qué me dirías si te contara que mi hija, es nuestra hija? Que el preservativo estaba roto cuando lo usaste. Esto es tan difícil para mí. Mi embarazo está saliendo adelante por los cuidados de Rei. A él le tengo que agradecer que esté ya en mi séptimo mes de embarazo y ahora no me puedo permitir seguir amándote cómo lo he hecho hasta ahora".
"¿Por qué? ¿Por qué por más que lo intento no dejo de soñar con tu boca un solo instante de mi vida? No debí de dar ese primer paso en el divorcio. No debí, ahora lo que me queda ver cómo tú sales adelante, mientras que yo lucho por hacerlo. No es justo, quiero volver a sentir tu boca besar la mía, demostrándome que sigues amándome. ¿Por qué siento que aunque estés embarazado, aunque ya hayas pertenecido a otro hombre y estés a punto de dar a luz en unos meses, mi corazón me pide a gritos que no te abandone? Dios, ojalá que esa fuera mi hija y no de Rei, cuanto desearía eso".
"Quiero que al despertar esto sólo haya sido una mala pesadilla de la que me he despertado. Que esa noche tan maravillosa que pasamos juntos se repitiera y que por la mañana antes de que te marcharas, detenerte y decirte que te amo." Una lágrima empezó a acumularse en su lagrimal, hasta dejarse deslizar en la mejilla. "No quiero perderte para siempre, me niego a aceptar eso, cómo quisiera echar el tiempo atrás hasta ese maldito incidente".
–"Mi amor, cómo me gustaría aliviar tu sufrimiento". Le sonrió con melancolía y nostalgia, limpiándole la lágrima que acababa de caer con el dedo pulgar, fijándose en cómo Takao cerraba los ojos y torcía la cabeza buscando esa mano que le daba tanta protección. Lo que le sorprendió más, fue ver cómo iba a apartar la mano y el menor lo detuvo poniendo su mano sobre la del mayor.
–Tu piel sigue siendo tan suave como siempre –abrió los ojos.
–La tuya también –contestó Kai acercándose más a él.
Takao se dejó llevar por lo que sentía y se aproximó a sus labios con la intención de besarlo. Cogió la nuca del bicolor y lo acercó a él. Kai juntó su frente con la de su chico tormenta, mirándolo a los ojos, viendo cómo éste los cerraba esperando ese beso. Kai no le hizo más esperar y acercó sus labios a los del otro, dándole un sencillo beso. Quería comprobar que eso no era ningún sueño, y no lo era, era real. Había sentido el tacto de sus labios. Se fijó en los ojos del joven de cabellos azules, todavía estaban cerrados, esperando más. Ese beso sólo había sido el principio de un acercamiento, ese sería más vivo, demostrándole que no lo había olvidado, que lo seguía amando. Sus alientos chocaron apunto de mezclarse cuando...
Continuará...
&&&Kai&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Killuki Coni: Ya estoy aquí con otro capi. Gracias por la página que me diste, aunque finalmente no pude encontrar nada, pero bueno. Espero que te haya gustado este capi como los otros y que me digas que piensas.
Kari Hiwatari: Bueno, tengo una pregunta para ti ¿a quién ves más celoso? ¿A Rei o a Max? Es difícil ¿verdad? Lo es hasta para mí. Aquí ya sabéis parte del misterio que ha sido revelado (¿ya era hora no?) pero seguro que tendrás más dudas.
Takaita Hiwatari: Pues creo que le dieron una patada a Rei y a Max donde más le pueden doler (con ese beso) ¿crees que alguno de esos dos los habrá interrumpido? Capaces son, esos no se cortan ni un pelo. Pero hay tienes flash back que sé que te gustan y que te han aclarado parte de la historia y ese beso que ansiabas.
Traky: Capitulo largo Traky, así que supongo que tardaste en leerlo, pero ha pasado un poco de todo. Recuerdos que os ayudan a deducir lo que pasó, los hechos, los celos, las peleas tontas y una interrupción, que esperamos no haya sido por culpa de esos dos. Capi triste, eso sí.
Zeiriyu: ¿Quién dirías que es más celoso? ¿El pelinegro o el rubio? Jejeje. Discuten por cualquier cosa y en su primer encuentro. Mientras los otros dos intentaban hacer saber al otro que lo amaba con un beso. Maldita interrupción, ahora que el beso iba a llegar a más.
Esto ha sido todo, por ahora... por favor si leéis el fic y no sabéis si dejarme comentario... hacedlo, eso me ayuda a inspirarme más. Además de que os lo agradeceré, si permanecéis en el anonimato pues no es tan bueno. A la izquierda al final de la página hay un recuadrito de color azul con la palabra "GO" pinchad en él y no tengáis miedo de poner un simple "sigue así", el apoyo es lo que cuenta y el saber que estáis ahí, anima.
Cuidaos mucho, xao.
