Holaaa!

Nuevamente lamento la tardan... -recibe un bombardeo de tomates, lechugas y cáscaras de naranja-

:'D... -Se limpia- Ok, ya sé que me porté mal... dije que actualizaría pronto y tardé DOS meses y poco más en dignarme a aparecer. Mi excusa es que atravesé un bloqueo creativo y dejé botada no solo esta historia, sino todas las demás. Fue horrible, pero ya me estoy recuperando xD he aquí la evidencia.

En este nuevo capítulo, Jou contará las demás cosas que ocurrieron en la fiesta en casa de Sora, que son muchas :'D

Que lo disfruten! -Huye a esconderse de otros posibles bombardeos-

Nota: Les recuerdo que, en este fic, Hikari y Takeru son pareja, aunque tampoco pasará nada demasiado importante que tenga relación con ellos dos en este cap. Solo era para refrescarles la memoria, y para que no se confundan ni malinterpreten un diálogo que aparecerá xD


Después del brindis surgieron variados temas de conversación, y uno de ellos fueron los planes para el futuro, lo que cada uno de nosotros planeaba hacer al terminar su vida escolar. Mientras comíamos pizza y picoteábamos la comida de cóctel, acompañados por la agradable música de la radio, Taichi contó que pensaba convertirse en diplomático, mientras que Sora aún no sabía si dedicarse a la psicología o a la pedagogía; Mimi, por su parte, quería estudiar algo relacionado con diseño, y Koushiro, como todos suponíamos, planeaba convertirse en informático.

El resto confesó que todavía no tenía claro qué deseaba estudiar o hacer en el futuro.

—No sé cómo lo harás en el salón de clases, obligado a estar quieto y calladito —dijo Yamato a modo de broma.

—¡No digas eso! —lo defendió Daisuke— ¡Taichi-san podría hacer cualquier cosa que se proponga!

—Tanto así como cualquier cosa, no— sonrió Taichi, divertido—, pero sí que soy capaz de aplicarme cuando algo me interesa.

—¡Así se habla! —exclamó el trigueño, asintiendo enérgicamente con la cabeza.

Poco después, mientras Yamato nos contaba algo de su banda, Daisuke preguntó dónde estaba el baño, y se marchó en cuanto Sora le dio las indicaciones correspondientes.

Miyako se puso de pie poco después y se perdió por el pasillo.

Entonces, recordé que debía regañar a Daisuke por los comentarios fuera de lugar que había hecho ese día sobre Miyako y yo. Con los invitados que iban llegando, el brindis y las muchísimas cosas que debíamos contarnos para ponernos al día, lo había olvidado por completo.

Cuando fui a buscarlo, me encontré con algo inesperado: Miyako regañaba a Daisuke, al cual tenía acorralado contra la pared, y, aunque mi amiga hacía esfuerzos por no levantar la voz, pude captar que le faltaba poco para echar humo por las orejas. Él agachaba la cabeza como un niño reprendido, diciendo una y otra vez que no lo volvería a hacer.

Me acerqué a ellos para pedirle a nuestra amiga que no fuera tan dura, que Daisuke ya parecía haber entendido que había hecho mal. Ella miró a nuestro amigo con el ceño fruncido.

—Está bien —asintió, y caminó de regreso a la sala de estar. Nosotros la seguimos.

Aquella fue la primera vez que vi a Miyako verdaderamente molesta con Daisuke. Ellos siempre peleaban para luego hacer las paces casi de inmediato, como los buenos amigos que eran. Supongo que no soy el único que piensa que nuestro asunto pendiente es un tema delicado. El solo pensar en ello me ponía mal, la verdad…

—¿Qué pasó, Miyako? —preguntó Yamato al verla regresar con una expresión tan seria— ¿Otra pelea matrimonial con Daisuke?

—¡Jamás me casaría con un tarado como él! —soltó.

—Es verdad —concordó el aludido—, porque a ella le…

Y de no ser porque nuestra amiga fue más rápida y lo calló con un nuevo golpe en la cabeza, Daisuke habría generado una situación tremendamente incómoda.

Fui el único que no pudo reír al observar esto, porque estuve a dos palabras de infartarme —sí, esas dos palabras que nuestro imprudente amigo no alcanzó a decir—. Para mis adentros solo pude decir "gracias, Miyako".

Y con ello fue que surgió el tema del compromiso…

—¿Qué tal les va, Hikari, Takeru? —preguntó nuestro vapuleado amigo.

—Excelente —aseguró Hikari—. Estamos planeando ir de vacaciones a Okinawa cuando llegue el verano.

—¿Y cómo van las cosas con tu novia, Daisuke? —preguntó esta vez Takeru.

—¡¿Quéeee?! —exclamamos al unísono Mimi, Koushiro y yo.

—¿Tienes novia? —pronunció Mimi, quien parecía no dar crédito a sus oídos.

—¿Por qué se sorprenden tanto? ¡Me ofenden! —contestó él, y se cruzó de brazos.

—Las muñecas inflables no cuentan, Daisuke —bromeó Taichi, y varios rompieron a reír.

—¡Umino-san no es ninguna muñeca inflable! —replicó.

—¿Umino-san? —repetí— ¿No era ella la chica de la discoteca?

—¡Sí! ¡Esa misma! —asintió, emocionado.

Así que Daisuke tenía novia, y resultó ser aquella chica que tanto se parecía a Hikari.

Por supuesto que todos le deseamos lo mejor a nuestro amigo en su nueva relación, y lo que más nos alegró del asunto fue saber que, hasta el momento, les había ido genial juntos. Según contaba Daisuke, ambos tenían muchos gustos e intereses en común, y no habían tenido peleas de ningún tipo.

—Ahora estás a la par con tus demás amigos, ¿no? —dijo Sora— Con los menores de aquí, quiero decir.

—Excepto con Iori —contestó el trigueño—: él está ahora con su segunda novia.

—Yo no tengo novia —declaró el aludido.

—¿Eh?

—Terminamos hace dos meses y medio.

—¡¿Cómo?! ¡¿Hace tanto?! —chilló Daisuke, impactado— ¿Y por qué no me lo habías contado?

—No es necesario que cuente todo lo que me pasa.

—¡Pero era tu novia!

—A tu edad yo jugaba con juguetes, enano —soltó Yamato, aunque todos sabíamos que lo decía en broma—. Jamás habría pensado en tener pareja a tu edad.

—Claro, esas cosas no te interesaban —ironizó Taichi— porque a los doce años estabas demasiado ocupado coqueteando con tu armónica y tu guitarra. Qué chicas taaan interesantes, ¿no?

Yamato rodeó el cuello de Taichi con los brazos y le aplicó una llave de lucha libre. Los demás reímos al verlos llevarse tan bien como de costumbre.

—Lo que sucede es que Iori es muy maduro —explicó Hikari—. No me extraña que las chicas de su edad se fijen en él.

—Bueno, mi última novia era un año mayor que yo —confesó el menor.

—Guau —dijo el músico, impresionado, liberando a su mejor amigo de su abrazo estrangulador—, supongo que Hikari tiene razón.

—¡Iori, eres todo un galán! —rió Miyako. Iori frunció el ceño al oír esto.

Miré de reojo a Koushiro y, por la expresión que este tenía, supe que se estaba sintiendo tan fuera de lugar como yo. Nuestra falta de experiencia podía resultar incómoda en situaciones como esta.

De pronto, noté que Ken emanaba un aura sombría. Miyako también captó esto y le preguntó si pasaba algo. Entonces, nos enteramos de que no le estaba yendo muy bien con Oda Chieko. Los demás no pudimos hacer más que darle nuestro apoyo y desearle que las cosas mejoraran entre ambos.

Sentí lástima por nuestro amigo, quien apenas tenía catorce años y ya sufría por una chica.

Había olvidado que el amor también puede ser doloroso.

Observé a Miyako charlando con los demás… y me pregunté por enésima vez qué demonios debía hacer.


Poco después, Sora consideró que era un buen momento para comenzar con el karaoke, así que Yamato, Koushiro y yo nos ofrecimos para ayudarlos a ella y a Taichi con el montaje de los aparatos. En pocos minutos todo estuvo listo para ser usado.

Mimi nos pidió a Taichi y a mí que interpretáramos el tema que los Gekomon nos hicieron cantar hace ya seis años en aquel palacio para despertar a su rey. Nuestra amiga confesó que quería recordar los viejos tiempos, y a nosotros no nos desagradó la idea, así que colocamos "I wish" —esa canción cuya letra nunca conseguí aprenderme de memoria— y destrozamos los oídos de todos con nuestra pésima interpretación. Los demás muchachos no hacían más que reír, pero yo me divertí muchísimo, incluso sabiendo que todos los aplausos que recibimos no se debían precisamente a nuestro talento como intérpretes.

Luego vino Mimi, quien nos sorprendió a todos con una canción cuya letra era muy sugerente. Koushiro y yo no pudimos evitar sonrojarnos, ya que su voz sonaba mucho más adulta —incluso podría decir sensual— de lo que recordábamos, y estoy seguro de que no fuimos los únicos impresionados, porque todos se quedaron mudos al escucharla… excepto Miyako, quien era su mayor admiradora y chillaba de emoción cada vez que su ídolo mostraba sus talentos.

Taichi le sugirió a Yamato que saliera a cantar y, aunque este se negó en un principio con la excusa de que ya tenía suficiente con las prácticas de su banda, los demás insistimos tanto que terminó aceptando. Buscó algo de j-rock en el repertorio del karaoke y escogió una canción poco conocida.

Su voz sonaba tan bien como de costumbre: profunda y clara, con una perfecta entonación. Incluso si su estilo musical no era de mis favoritos, debía reconocer que él tenía un gran talento y muchísima habilidad como cantante.

Hikari y Miyako fueron las siguientes, e interpretaron el tema principal de su dorama* favorito. Ambas tenían buena voz, por lo que fue bastante agradable escucharlas. Me sorprendió descubrir que Miyako cambiaba mucho la voz cuando cantaba; casi sonaba como otra persona.

Koushiro no quería salir, pero Mimi lo presionó de tal manera que no tuvo más opción que suceder a las chicas.

Él me había dicho en más de una ocasión que odiaba cantar porque tenía claro que lo hacía pésimo…

Y lamento no poder decir lo contrario: Koushiro era muy desabrido, y si a eso le sumamos el hecho de que tenía miedo escénico y que su voz temblaba con cada nota que articulaba, pues resultaba imposible que su actuación tuviese algo mínimamente rescatable.

Pobre Koushiro… debe estar pasándolo fatal.

De pronto, Mimi se me acercó e hizo una pregunta inesperada:

—Jou, ¿al final te mediste o no?

—¿Eh? —musité, sin comprender el porqué de su pregunta— Oh, sí —asentí, recordando que nuestra amiga había comentado algo sobre mi altura el día que Koushiro y yo nos encontramos con ella en Shiodome—, lo hice. En efecto, Mimi: crecí dos centímetros. Ahora mido un metro setenta y ocho.

—Lo sabía —pronunció, complacida—. No podía ser idea mía solamente.

Me observó en silencio unos instantes. Su sonrisa se fue borrando y, antes de que me diera cuenta, su gesto se había tornado muy serio.

—Tengo otra pregunta que hacerte —pronunció, utilizando un tono que me puso los pelos de punta. Un escalofrío recorrió mi espalda.

—¿Q-Qué cosa? —pregunté, inclinándome ligeramente hacia atrás mientras ella se me acercaba de forma casi imperceptible.

—¿Por qué Koushiro está tan raro? —inquirió, clavando sus ojos en mí.

En ese instante me sentí acorralado, como si me hubiera convertido de pronto en un criminal fugitivo y Mimi fuese un intimidante agente del FBI que trataba de sonsacarme verdades mediante presión psicológica. Mi invaluable aliado y compañero en este caso era Koushiro, y yo no debía traicionarlo.

Pretendí no saber nada, pero ella era insistente, tanto así que tuve que recurrir a la excusa más pobre del mundo: "tengo que ir al baño, enseguida vuelvo". Acto seguido, me marché.

Mal parece que el único lugar en el que puedo esconderme de las preguntas del terrible agente Mimi es el baño, porque ya van dos veces que ocupo la misma táctica evasiva. Qué lamentable de mi parte…


Eché un vistazo a mi reloj de pulsera. Ya habían pasado tres largos minutos desde que me encerré en este pequeño cuarto, en el cual, supuestamente, me encontraba atendiendo asuntos biológicos. Y es que debía mantener a salvo el secreto de Koushiro, costase lo que costase…

¡A quién quiero engañar! Si me escondo aquí es porque tengo miedo de Mimi y no quiero tener que enfrentarla yo solo. Nunca he sido bueno para mentir, y tampoco es fácil distraer a esa chica cuando algo se le mete en la cabeza. Por eso decidí huir, pero tampoco puedo quedarme a vivir en el baño de Sora…

En todo caso, Koushiro ya debe haber acabado su canción. Creo que regresaré con los demás.


Para cuando llegué a la sala de estar, Koushiro descansaba sobre el sofá. Se veía tan agotado como quien acaba de correr una maratón. A su lado se encontraba Mimi, quien parecía preocupada por él.

—Koushiro, ¿estás bien? —le pregunté a mi amigo.

—Sí —respondió él en un suspiro.

En el karaoke se encontraba Daisuke, quien no era especialmente bueno cantando, pero le ponía empeño.

—No lo hiciste tan mal como crees —dijo Mimi en un intento por animar a Koushiro.

—Mimi-san, no tienes que esforzarte. Ya sé que todos me aplaudieron por compasión.

—No digas eso —pidió ella, afligida.

El pelirrojo guardó silencio.

Comencé a sentir que estaba haciendo mal tercio, pero algo me dijo que debía permanecer con ellos un rato más.

—No tendría que haberte pedido eso, fue una tontería —dijo nuestra amiga, bajando la mirada, notoriamente arrepentida—. Lo siento.

—Bueno —comenté, tratando de aligerar el ambiente—, tampoco lo hiciste con mala intención, ¿verdad?

—No —negó con la cabeza—, no sabía que Koushiro tenía pánico escénico. Si lo hubiera sabido…

—Es miedo escénico —la interrumpió él para corregirla—. Si fuera pánico escénico, no habría sido capaz de cantar siquie…

—¡Da igual! —cortó ella abruptamente— El punto es que te presioné para que salieras a cantar en el karaoke, y no te hice caso cuando me dijiste que no querías. De verdad que me siento mal por eso.

Se creó un silencio incómodo entre nosotros tres, y solo Mimi fue capaz de romperlo con una pregunta:

—¿No estás enojado?

—No podría enojarme contigo, Mimi-san.

—¿Por qué no? Deberías estarlo.

—Pero no puedo —confesó—, no si me miras así.

—Sí, ya sé que tengo unos lindos ojos —dijo ella, sin modestia alguna— pero…

—Tus ojos no son lo único bello en ti.

La castaña frunció levemente el ceño y ladeó la cabeza para mirarlo.

—¿Cómo? —fue lo único que dijo.

Por la posición en la que me encontraba, no pude ver el rostro de Koushiro hasta que él mismo volteó a mirarme. Su expresión, sin duda, era de auxilio. También parecía estar preguntándome en silencio "¿de verdad dije eso?".

Pero yo no podía hacer nada por él, no cuando Mimi pareció comprender el significado de sus palabras y lo observó, pasmada, mientras comenzaba a sonrojarse.

Entonces comprendí que había llegado el momento de retirarme.

—¡Jou, no! —pidió Koushiro, implorándome con la mirada que no lo dejara solo con ella.

Apenas había hecho el amago de alejarme y mi amigo ya me estaba deteniendo. Dudé por un instante si debía hacerlo o no, pero no tuve tiempo para decidir nada porque, en ese preciso instante, apareció Sora, quien les dedicó una amable sonrisa a ambos justo antes de llevarme del brazo, lejos de los dos.

—Es mejor que los dejemos solos —me susurró con discreción.

—Sí —asentí con torpeza—, justo eso estaba pensando.

Buena suerte, Koushiro. Te estaré animando mentalmente.


—¿Por qué me trajiste hasta aquí? —pregunté, extrañadísimo. Pensé que Sora me llevaría con los demás chicos, quienes se habían reunido en torno al karaoke para observar a Daisuke cantar, pero acabó conduciéndome hasta la cocina, lejos de todos ellos.

En una encimera había vasos de plástico aún envasados y dos botellas de bebida sin abrir. Sora sacó dos vasos y los llenó con refresco para luego ofrecerme uno de ellos. Le di las gracias y comencé a beber tranquilamente junto a ella.

—¿Cómo va todo, Jou? —quiso saber mi amiga, ignorando mi pregunta.

—Bien —sonreí—, gracias. ¿Y a ti?

—Excelente —respondió—. Todo va genial con Taichi, y estoy contenta de tenerlos a todos aquí —dio un sorbo a su refresco— ¿Y a ti cómo te va con Miyako?

Al oír eso, me atraganté y comencé a toser. Sentí una especie de déjà vu.

—¿Qué? ¿De qué hablas? —pregunté en un pobre intento de hacerme el desentendido.

—No te alarmes, tu secreto está a salvo conmigo —aseguró.

¡Pero qué perceptivas son las mujeres! Llegan a darme miedo. Es que ¿cómo lo hacen?

—Así que ya lo sabes —suspiré con resignación.

Nuestra anfitriona me contó que, poco antes de San Valentín, Miyako les había contado a todas las chicas del grupo que yo le gustaba. ¡Demonios! ¿Cómo no me lo imaginé? Ella había hecho prácticamente lo mismo en la época que le gustaba Ken. Era de esperarse que volviera a hacer algo similar.

—Pues supongo que está todo bien.

—¿Supones? —inquirió, alzando las cejas.

—Sí, es que —bajé la mirada, buscando algo coherente que responder dentro de la gran confusión que sentía en relación a dicho tema— ya sabes cómo son estas cosas. Es complicado, especialmente porque soy yo quien tiene que darle una respuesta.

—Y aún no la tienes —adivinó ella.

Asentí con la cabeza en silencio.

Bebí de una sola vez lo que quedaba de mi refresco. Cuando rellené el vaso, unas minúsculas burbujas saltaron hacia mi piel y me hicieron cosquillas. De un momento a otro me había dado mucha sed y no sabía por qué.

—No te presiones —me aconsejó—. Estas cosas tienen que darse solas.

—Pero ya ha pasado un mes —susurré.

—Jou, no te pongas plazos —insistió, colocando una mano sobre mi hombro—, eso solo lo hará más complicado.

Desvié la mirada, incómodo. Sora tenía razón, pero seguía pareciéndome injusto hacer esperar demasiado a Miyako. Necesitaba ordenar mis prioridades, y el haber descubierto mis sentimientos a estas alturas solo conseguía entorpecer esta tarea.

—Sí, pero… —suspiré. No sabía qué más decir.

Sora retiró su mano.

—Espero no estar molestándote —se disculpó ella—. Sé que eres reservado y no te gusta que se metan en tus cosas, pero me dio la impresión de que necesitabas un consejo.

—No, no me molesta. La verdad es que necesito ayuda, y me viene bien que me la estés dando ahora porque… suelo ser bastante malo para pedirla —admití.

Sora sonrió.

—Jou —rió—, en verdad… solo necesitas tener en cuenta lo que te dijo Taichi durante el brindis. Si tienes claro eso, tu problema se solucionará —declaró.

"Espero que sigas haciendo honor a tu emblema y no pierdas aquella cualidad tan valiosa que tienes: tu sinceridad.

El recordar aquellas palabras en ese preciso momento se sintió como una gran revelación.

La observé con los ojos muy abiertos. Estaba francamente sorprendido. Sora sí que hacía honor a su emblema.

—Muchas gracias —sonreí.

—No hay de qué —respondió ella, amablemente.

Y, con su ayuda, comprendí que había llegado el momento de que yo también fuese fiel al mío.


Cuando regresamos con los demás, varios pidieron a Sora que se animara a cantar en el karaoke, pero ella se negó amablemente, y nadie insistió. Acto seguido, se lo pidieron a Ken, pero él tampoco quiso. Fue entonces cuando Takeru se ofreció, e invitó a Iori a cantar con él.

—No estoy seguro —dijo el menor.

—¡Vamos, Iori! —lo animó Miyako— ¡Seguro que lo haces genial!

—También será mi primera vez cantando en público —confesó Takeru—. ¿Por qué no lo intentamos?

Mientras los más jóvenes del grupo trataban de convencer a Iori de que saliera a cantar, busqué con la mirada a Mimi y Koushiro. Descubrí que la primera había regresado con sus amigas y charlaba con ellas como si nada hubiese sucedido, y que no había rastro alguno del segundo, pero no tuve que seguir buscándolo, porque él mismo me cogió de un brazo y me llevó de regreso hacia el pasillo.

—¡Jou! —susurró. Se oía muy nervioso.

¡¿Pero qué estaba pasando?! ¿Tan importante e indispensable me había vuelto aquel día que ahora todos querían hablar conmigo a solas?

Di media vuelta para mirarlo de frente.

—No deberías arrastrarme contigo cada vez que quieras esconderte de alguien —le reproché.

—Sí, lo siento —se disculpó de inmediato—, ¡pero estoy en problemas! —dijo atropelladamente— No tendría que haber dicho eso, Jou, no sé en qué estaba pensando. Lo más probable es que Mimi ya se haya dado cuenta y le diga a todo el mundo lo que pasó, no solo a los muchachos, sino también a su familia y demás amigos… ¡y será mi fin!

—Espera, ¿de qué hablas? —pregunté, desconcertado. Koushiro no solía hablar tanto ni mucho menos en términos tan fatalistas y exagerados—. ¿Cómo es eso de que estás en problemas? Explícame las cosas con calma, por favor.

—Tú estabas allí, y sé que escuchaste lo que le dije.

—¿Lo de que los ojos de Mimi no son lo único bello en ella?

—¡N-No lo repitas! —pidió, avergonzado. El color de su rostro comenzaba a mimetizarse con el de su cabello.

—Perdón —me llevé una mano detrás de la cabeza y desvié la mirada—. Aunque creo que estuviste bien.

—¿Qué dices?

—Es la primera vez que te oigo sincerarte con Mimi —lo miré a los ojos nuevamente—. En cuanto a lo que piensas y percibes de ella, quiero decir. Sueles guardarte esas cosas, muy rara vez le haces cumplidos, así que me parece bien que hayas comenzado a hacerlo. Así te la ganarás más fácilmente —aseguré, mostrándole una sonrisa.

—¿Eso crees? Pues…

—Oye, espera un momento —lo interrumpí, aguzando el oído—… ¿Escuchas eso?

De fondo se oían dos voces masculinas muy agradables y entonadas, amplificadas por los parlantes del karaoke. Casi no podía creer que pertenecieran a muchachos de menos de quince años.

—¿Esos son Iori y Takeru? —preguntó Koushiro, incrédulo.

—Eso creo. Parece que lograron convencer al pequeño Iori —sonreí.

—Guau —pudo decir mi amigo, tan impresionado como yo—, por poco no los reconozco. No sabía que cantaban tan bien.

—Ni yo —confesé—. ¿Volvamos con ellos?

—¡No, espera! Todavía no.

—Vamos, Koushiro, no puedes esconderte de ella para siempre.

Si incluso yo fui capaz de salir del baño de Sora para enfrentarme a los posibles peligros del exterior —o sea, de la insistencia de Mimi—, Koushiro no tendría por qué ser menos.

—Lo sé —respondió.

—Tienes miedo de que la situación se salga de control aquí mismo, ¿o me equivoco? —no obtuve respuesta, por lo cual interpreté su silencio como un "sí"— Bien, entonces no nos separemos hasta que acabe la fiesta —propuse, con una sonrisa—. Si permanecemos juntos durante las próximas horas, Mimi no tendrá oportunidad de quedarse a solas contigo.

Tras meditarlo unos instantes, Koushiro me sonrió de vuelta y asintió.

—Gracias.

—Es lo que hacen los amigos —dije simplemente.

Por desgracia, cuando regresamos a la sala de estar, fuimos testigos de la mayor desafinación que se hizo escuchar ese día.

Y nadie se lo esperaba, puesto que había sido Iori.

La pista instrumental del karaoke llegó a su fin pocos segundos después. Todos guardamos silencio por unos incómodos segundos que parecieron eternos.

El pequeño Iori se ruborizó por completo y se tapó la cara con las manos. Takeru lo tomó por los hombros con amabilidad y le dedicó unas palabras de consuelo.

—Bueno —dijo Taichi de pronto—, veámoslo por el lado positivo: ese gallito fue un estupendo remate para la canción.

—¡Taichi! —chilló Sora, escandalizada.

—Perdón, perdón —se disculpó de inmediato—, solo quería bajarle el perfil.

—¡Esa no es la forma de bajar el perfil a las cosas!

—No te preocupes, Iori —le dijo Miyako, dándole a su amigo unas palmaditas en la espalda—, lo hiciste muy bien.

—¡Sí! —asintió Hikari— No sabía que se te daba tan bien esto de cantar. Estoy muy sorprendida. Takeru —dijo, dirigiéndose a éste—, tú también lo hiciste genial.

—Gracias —sonrió.

—Déjenme solo, por favor —pidió Iori, todavía sin descubrir su rostro.

Takeru asintió y se alejó de él en silencio. Hikari y Miyako dudaron unos instantes, pero terminaron alejándose también. Solo entonces, Iori se adentró en el pasillo y desapareció de nuestra vista.

—Creo que deberíamos terminar con el karaoke por hoy —opiné.

—En todo caso, no quedaba nadie que quisiera cantar —señaló Yamato.

Me sentí algo avergonzado al comprender que había dicho algo muy obvio, así que no agregué nada más.

Lamentaba que Iori hubiese pasado por algo similar a lo de Koushiro, así que acordé conmigo mismo que hablaría con él más tarde y le diría algo para subirle el ánimo.

Minutos después, Koushiro y yo ayudamos a Taichi y Yamato una vez más para desmontar todo el aparataje del karaoke. Cuando terminamos con ello, Hikari preguntó:

—Y bien, ¿qué hacemos ahora?

—¡Jugar Twister! —respondió su hermano.

—¿Twister? —repitió Miyako— ¡Qué emocionante!

—Es el juego perfecto para poner en situaciones incómodas a cualquiera —dijo Taichi, con esa sonrisa pícara que tanta mala espina le daba a Koushiro. Y precisamente en él tuvo que haber estado pensando, porque de inmediato le preguntó— Koushiro, ¿te animas a participar?

Y me sorprendí bastante al oír su respuesta:

—Sí, ¿por qué no? —se encogió de hombros— Ya perdí la dignidad una vez —ironizó—, no creo que me haga daño perderla de nuevo.

Algunos rieron con aquel comentario.

—Ya que es el primer juego —habló Taichi—, deberíamos comenzar con algo fácil. Koushiro, jugarás solo con una persona más, ¿te parece bien?

—Sí —asintió.

—Perfecto. Entonces… ¿alguien se ofrece? —preguntó, echando una mirada a todos los presentes.

—¡Que salga Mimi! —exclamó Miyako.

—¡¿Quéeeee?! —chilló la nominada.

Koushiro se mantuvo inexpresivo, aunque yo sabía que el pobrecillo estaba hecho un mar de nervios por dentro. Además, lo noté muy tenso.

—¡Vamos, Mimi! —la animó Yamato, secundando la moción— ¿Desde cuándo te da vergüenza hacer estas cosas?

—¡No es eso! —negó ella, moviendo enérgicamente la cabeza de un lado a otro.

—¿Entonces qué es? —inquirió Sora.

—Eh…

—No tienes razones para negarte —zanjó la pelirroja—. ¡Mimi jugará con Koushiro! —anunció.

—¡No! ¡No quiero!

—No seas injusta, Mimi —dijo Taichi, con una sonrisa pícara—. Tú misma obligaste a Koushiro a cantar en el karaoke. Ahora nos toca a nosotros obligarte a ti a hacer algo.

No sé si fue impresión mía, pero me pareció ver que Mimi palidecía.

—¡Taichi, eres cruel! —le espetó.

Aun habiendo dicho esto, nuestra amiga caminó hacia la alfombra de Twister y comenzó a desabrochar sus sandalias de tacón alto.

—¡Oye, pero qué es esto! —exclamó Daisuke— ¡Mimi, eres mucho más baja de lo que creía!

—Por supuesto, genio —dijo Miyako, imitando a Jun, la hermana de su amigo—, Mimi siempre usa tacones o plataformas, ¿qué esperabas?

—¡Pero nunca la había visto descalza! —replicó—. Tampoco es que pueda calcular así de fácil cuánto mide una persona sin zapatos.

Entonces, Koushiro se quitó los zapatos también, y fue imposible evitar que se hicieran comparaciones.

—Vaya, y yo que pensaba que Mimi era más alta que Koushiro —confesó Yamato.

—¿Cuándo mides, Mimi? —le preguntó Taichi.

—Un metro sesenta y cinco —respondió ella, guiñando un ojo.

Koushiro la miró de pronto, pasmado.

—No puede ser —musitó.

—¿Por qué no? —cuestionó Sora, sonriente.

—Porque yo mido lo mismo.

—¿De verdad? —inquirió el castaño— Pues veamos.

Taichi y Yamato hicieron que Mimi y Koushiro se colocaran uno al lado del otro, y todos pudimos comprobar que medían exactamente lo mismo.

—Ya era hora de que crecieras, Koushiro —bromeó Taichi.

—Oye, tú no digas nada —le espetó Sora—, que tampoco eres muy alto.

—Lo sé —respondió él, agachando la cabeza.

—¿Podemos jugar ya? —preguntó Mimi, impaciente. Tanto ella como Koushiro parecían incómodos.

—Sí, lo sentimos —contestó Yamato.

De esta forma, mi amigo se vio obligado a colocarse en posturas sumamente comprometedoras con la chica que le gustaba, y debo destacar el hecho de que ella parecía tan nerviosa como él.

—¡Koushiro, ten cuidado con tus manos!

—¡No tengo dónde más ponerlas, Mimi-san!

—¡Ay, no! ¡Creo que te toqué el trasero!

—¡No tienes por qué gritarlo! Y ese no era mi trasero, ¡era mi espalda!

—¡Es que como eres tan delgado es difícil saber cuál es cual!

Pero antes de ver a mi amigo poniéndose en ridículo una vez más, preferí ir a jugar cartas con Sora, Ken e Iori. El último había regresado con nosotros y parecía completamente recuperado del mal rato que pasó mientras cantaba.

No tuvo que transcurrir demasiado tiempo para que Mimi le ganara a Koushiro en Twister, lo cual estoy seguro que fue un alivio para ambos.

Los siguientes en jugar fueron Taichi, Hikari y Takeru, pero no les presté demasiada atención porque estaba muy ocupado tratando de reunir las cartas necesarias para una escala de color, pero Sora se me adelantó.

—Escala real —anunció.

—¡No! —exclamé, frustrado.

—¡Qué rápida!— comentó Iori, impresionado.

—Eres muy buena, Sora —la halagó Ken.

—Gracias —le sonrió ella.

En ese momento llegó Koushiro para sumarse a nosotros.

—¿Qué tal te fue con Mimi? —le preguntó nuestra anfitriona.

—Si me lo permites, me abstendré de responder —contestó él, incómodo.

Sora rió.

—Justo ahora íbamos a comenzar una nueva partida —expliqué.

—Entonces llego justo a tiempo —sonrió Koushiro.

En ese momento, nuestros digimon se acercaron al grupo que se encontraba alrededor de los chicos que jugaban Twister. Dijeron que, al verlos jugar, sintieron curiosidad y les había dado ganas de participar.

—Pero —repuso Sora, dejando sus cartas sobre la mesita que estábamos usando. Se incorporó para luego acercarse a ellos— si jugamos unos con otros ¿no sería algo incómodo? Quiero decir… este es un juego en donde se usa el cuerpo, y el cuerpo de una persona no es como el de un digimon.

—Exactamente —asintió Koushiro—. El cuerpo de un digimon en su etapa rookie es bastante pequeño en comparación al de un adolescente, y si tomamos en cuenta las diferencias de proporciones entre unos y otros…

—Bueno, bueno —los interrumpió Daisuke—, pero eso no será ningún problema ¡porque yo también traje una alfombra de Twister! —anunció, exultante, mientras nos mostraba dicho objeto.

Varios de los presentes soltamos un murmullo de sorpresa.

—Me sorprende que hayas sido tan previsor —comentó Hikari, soltando una risita.

—Daisuke también tiene buenas ideas —aseguró Ken.

A pesar de todo, no tardaron en surgir problemas en el juego de nuestros compañeros…

—¡Tailmon, estás haciendo trampa! —acusó Veemon.

—Eso no es cierto —objetó el digimon aludido—, los muchachos dijeron que mi cola contaba como otra pata trasera.

—¡Pero no es justo! —protestó— ¡Tu cola es tan larga que ni siquiera te tienes que esforzar para tocar un punto con ella!

—Veemon, solo es un juego —le recordó Takeru.

—¡Pero sigue siendo injusto! —insistió, haciendo enormes esfuerzos por no deshacer su tensa e incómoda postura mientras se quejaba— ¿Saben qué? ¡Yo también jugaré sucio! —declaró, y su cuerpo se iluminó de pronto.

Veemon iba a evolucionar.

—¡Oye, no! —exclamó Daisuke— ¡Espera! ¡VEEMON, NO LO HAGAS! —gritó, desesperado.

Escuché murmullos agitados y exclamaciones ahogadas. Todos sabíamos que ExVeemon era más alto que el techo de aquel departamento. Si la evolución se llevaba a cabo…

Pero ésta se vio interrumpida por un objeto que voló a gran velocidad e impactó contra la cabeza de Veemon, quien cayó al suelo pesadamente, aturdido.

Volteé, buscando al culpable con la mirada, y vi a Sora respirando entrecortadamente, con los ojos desorbitados, una expresión que daba a entender que había actuado por instinto.

Había lanzado el tubo del teléfono inalámbrico.

—¡Uf, qué susto! —suspiró Mimi.

—Veo que tu digimon y tú son igual de imprudentes —le espetó Miyako a Daisuke, rodando los ojos.

—¡Oye! ¡Yo no tuve la culpa de nada! —se defendió él.

Mientras tanto, Sora les soltaba un sermón a todos los demás digimon sobre lo riesgoso que era evolucionar dentro de una casa.

—¡Así que ni se les ocurra imitar a Veemon! —concluyó.

Todos respondieron al unísono con un exhausto "sí".

—¿Qué les parece si dejamos a otros digimon jugar mientras tanto? —sugirió Takeru.

—¡Sí! ¡Yo quiero! —exclamó Gomamon.

—¡Yo también! —dijo Armadimon.

Sora fue a colocar el teléfono en su lugar y regresó con nosotros para retomar la partida de cartas.

—Esta es la última vez en el año que ofrezco mi casa para hacer una fiesta —declaró—. Es demasiada tensión para mí.

—Pero lo has hecho muy bien, Sora —aseguré—. Eres una estupenda anfitriona.

Ella suspiró.

—Eso espero…


Cuando nos cansamos del Twister y los juegos de cartas, los digimon fueron a jugar a las adivinanzas, y los humanos charlamos durante unas horas.

—¡Se está haciendo de noche! —anunció Taichi de pronto— ¿Saben lo que eso significa?

—Oh, no. Otra vez estás sonriendo de esa manera —señaló Koushiro, disgustado.

—Tú lo has dicho —rió.

Tardé unos instantes en comprender lo que estaba por suceder: había llegado el momento de que Taichi y Yamato nos contaran una historia de terror. El momento menos esperado por mí en cualquiera de nuestras fiestas.

Los relatores nos pidieron a los demás que formáramos un círculo. Mientras nos repartíamos los pocos cojines que había —para quienes quisieran estar un poco más cómodos cuando se fueran a sentar—, nuestro amigo músico y el antiguo líder de nuestro grupo trataban de crear el ambiente adecuado para sus historias: cerraron las cortinas, apagaron las luces y alumbraron la sala de estar con tan solo un par de pequeñas velas.

Para cuando todo estuvo listo, ellos dos se colocaron en el centro de todos nosotros y comenzaron con su relato.

—Se dice que, en la prefectura de Tochigi* —narró Yamato—, hubo un minero que perdió el juicio de un día para otro… y se convirtió en asesino serial. Se desconoce el porqué, pero muchos aseguran que su locura estaba relacionada con un evento paranormal.

—Ese hombre solía entrar a casas ajenas y asesinar a todos sus moradores —relató Taichi—. Se decía de él que no tenía piedad: ni las mascotas ni los más pequeños del hogar se salvaban de ser destrozados por su picota*.

En ese momento sentí una mano colocándose encima de la mía. Di un respingo. Era Miyako.

—¿E-Eh? —susurré, temblando de nervios al comprobar de quién se trataba— ¿M-Miyako?

Ella también temblaba, pero de miedo. Había olvidado que Mimi y yo no éramos los únicos que se asustaban fácilmente con las historias de terror.

Mi rostro empezó a arder. Desvié la mirada y recé para mis adentros que la escasa iluminación ayudara a esconder el hecho de que Miyako me estaba tomando la mano. Intenté prestar atención al relato de mis amigos, pero no fue fácil.

Los minutos transcurrieron con una lentitud insoportable. Por un lado, la historia era realmente aterradora, y tanto Taichi como Yamato eran muy buenos narrando. Por otro lado, Miyako no parecía querer soltarme… y yo estaba al borde del colapso.

Entonces, sentimos que la manilla de la puerta principal se movía.

Mimi chilló.

—¿Qué es eso? —preguntó Ken.

—¡Taichi —exclamó Sora—, más te vale que esta no sea otra de tus bromas!

—¡Juro que eso no es obra mía! —aseguró él.

—¡Tampoco mía! —añadió Yamato.

—¿Entonces…? —musitó Koushiro, quien estaba a mi lado derecho, pero su cuestionamiento quedó inconcluso, porque en ese preciso momento se abrió la puerta.

Todos gritamos, espantados.

—¿Pero qué está pasando aquí? —preguntó una voz femenina.

—¡Mamá!

—Sí, soy yo —asintió la señora Takenouchi—. ¿No recuerdas que te dije que regresaría a las seis y media?

—Perdí la noción del tiempo —confesó su hija.

—Veo que se lo han pasado muy bien —observó la mujer.

—Sí —suspiró Taichi—, tal vez demasiado.

Tras unos instantes de silencio, nos percatamos de lo ridícula que había sido aquella situación… y comenzamos a reír.


Ya era de noche, y varios de los muchachos estaban pensando en marcharse pronto.

—Tengo que irme ya —anunció Miyako—. Les prometí a papá y mamá que no volvería a casa más tarde de las ocho.

—¿Quieres que te acompañe? —le ofrecí, intentando disimular mi nerviosismo.

—Claro que sí —asintió ella, muy contenta—. Iori, ¿vienes con nosotros?

Maldije para mis adentros. ¿Eso quería decir que ya no tendría ocasión para darle una respuesta a Miyako en el White Day?

—No te preocupes por mí —respondió Iori—. Koushiro-san dijo que me acompañaría de regreso, así que puedo quedarme un rato más.

Observé a mi amigo pelirrojo, sorprendido, y no pude evitar sonreír.

Koushiro ya había pensado en ello y se había adelantado a los hechos, todo para facilitarme las cosas.

Creo que tengo al mejor amigo del mundo.

Tardamos unos cuantos minutos en partir, ya que debíamos despedirnos de todos adecuadamente.

—Fue un gusto tenerlos aquí —nos dijo Sora.

—Muchas gracias por todo —respondimos Miyako y yo.

—Tengan cuidado de vuelta a casa. No vaya a ser que el minero asesino los encuentre —bromeó el novio de la anfitriona.

—¡Ay, nooo! —gimió mi amiga de anteojos. Los demás reímos al observar su reacción.

Cuando Koushiro se acercó a despedirse de mí, me dijo por lo bajo:

—Mucha suerte, Jou.

Y mi corazón dio un salto.


Glosario para todos!

*Dorama: Son las teleseries orientales, las cuales suelen transmitirse una vez a la semana y tener alrededor de doce capítulos.

*Tochigi: En dicha prefectura de Japón hay una mina de cobre.

*Picota: Herramienta de minería que se usa para romper rocas. En algunos países le dicen "pico", así que me vi en la obligación de hacer una aclaración xD

Aclaro que cuando quise poner que Mimi era la "ídola" de Miyako, descubrí que dicha palabra no existe. Sí, a mí también me molesta visualmente que una chica sea una "ídolo" según nuestro idioma, pero así de machista es el lenguaje español :'D

Ya habrán notado que este capítulo era largo, y me complace anunciar que, en efecto, es el más largo que he escrito hasta ahora *3* más que el anterior, incluso, aunque es rápido de leer porque contiene muchos diálogos.

¿Qué les pareció? Ya sé que algunos me odiarán por haber dejado una incógnita abierta, pero en el próximo conocerán la respuesta de Jou, lo prometo xD

Finalmente... no estoy segura de que el siguiente capítulo sea el último antes del epílogo. Si se alarga demasiado tendré que dividirlo en dos, pero bueh, en una próxima actualización les confirmaré esto.

Disclaimer: El juego Twister no me pertenece. Yo no lo inventé, ok? xD Aunque supongo que ya lo sabían (?)