Hola como han estado. Espero que bien y gozando de una excelente salud.
Bien… sé que muchos esperaban el final de este fic y que he tardado siglos en escribirlo, pero… ¡Ey! Vale la pena esperar por las cosas buenas de la vida, espero que este fic sea una de ellas.
Atte: Ciel Phantomville
Capitulo 8 Eternidad
Apenas tocar tierra el cuerpo de Thorjorg recobro la forma agraciada y curvilínea que Hiccup recordaba. Seguía viéndose igual que la última vez, esbelta, joven, eterna…
—Hiccup Horrendous Haddock III, ha llegado el momento de tomar una decisión —declaro la Seiokona con calma mientras su vista se clavaba en la esfera dorada que brillaba cual sol sobre Berk. —El tiempo de la magia se termina y con ella, la de los Dragones. Los humanos han abandonado sus creencias, relegando el conocimiento de milenios en el antiguo y fino arte por el burdo deseo del saber mundano, uno que ellos erróneamente llaman ciencia y pretende ser una imitación mal avenida de la Alquimia.
—En este mundo en donde ya no existe una creencia fiel de una esencia pura, —continúo el alegato el ancestro bolita luminosa — una que tendrá según su vida un juicio justo; es imposible que criaturas como los Dragones, que son magia al completo, sobrevivan por eso… hijos míos es hora de que le digamos adiós a este mundo. —termino por decir el ancestro del Furia Nocturna.
La luz plateada parecía titilar tranquilamente como si este desenlace hubiera estado previsto desde tiempos inmemoriales y él solo fuera un mensajero al tanto de cuanto suceso acaecerá a partir de ahora.
Hiccup sintió su corazón temblar, si comprendía correctamente le estaban pidiendo que abandonara Berk, a él y a…
—Rasmus—susurro suavemente mientras se abrazaba a su mitad.
Toothless correspondió el abrazo, el sentía el mismo desasosiego porque hasta ahora su único hogar, el único lugar seguro estaba en se pequeño trozo de tierra mojada por las aguas salas del mar.
—No importa a donde vayamos…. Mi hogar esta junto a ti y mis hijos—arguyo Hiccup aferrándose a Furia.
El ancestro de Rasmus y la Seiokona asintieron ante esa afirmación. Lamentablemente había un pero…
—Hiccup… hay una condición para que tú y mi hijo puedan cruzar junto a los demás dragones… — anuncio tentativamente la esfera plateada flotando hasta colocarse frente a ellos. —Ustedes solo tienen la mitad de un corazón draconiano… por lo tanto…
—No… no pueden hacernos esto… —grito Hiccup. Grito que fue silenciado por el primer estallido de los cañones a lo lejos que intentaban acceder a las costas de Berk.
—No es una decisión nuestra… —aclaro la Völva con tristeza y colocando sobre el hombro del jefe una de sus blancas y delicadas manos.
—¿Entonces de ¿quién? ¿Por qué se empeñan en destrozar cada cosa buena que tengo en la vida? —pregunto Hiccup con dolida urgencia de saber la respuesta.
—Créeme cuando te digo, Hiccup Horrendous Haddock III, que lo que menos deseamos es verte sufrir. Ahí arriba —y la Völva señalo la esfera dorada que era Bocón el Rudo —Esta un hombre cuya vida la dedico completamente a ti, e incluso después de la muerte está arriesgando todo por darte una oportunidad. Si ese amor desinteresado no ha logrado hacerte ver que tienes quien te amé entonces…
—Por supuesto que veo el amor que me profesa y también el sufrimiento que le trae ese sentimiento… soy yo quien le causa dolor… quien…
— Te equivocas hijo mío ―dijo seguro la esfera plateada acariciando suavemente con su luz la mejilla del vikingo. ―Aquel cuya alma vez brillar como el sol y que protege tú tierra arriesgando lo único que le queda, lo hace con gusto. Muy por el contrario de lo que piensas, Bocón el Rudo sabe que al final tomaras la decisión correcta y la más sensata. Él te ama, es así de simple. Todo amor, entre más profundo encuentra más obstáculos.
―Ahora escucha con atención Hiccup Horrendous Haddock III. Debido al hechizo que te mantuvo con vida todos estos años, Rasmus solo posee la mitad de su magia, para atravesar el portar que llevara a los Dragones a una nueva tierra requerirán de toda su fuerza, porque el puente lo fabricaremos nosotros, pero el viaje correr por su cuenta.
―Eso quiere decir que...
―Mientras no posean un corazón completo no podrá hacer este viaje. ―Continuo explicando la Seiokona ― Están varados en este mundo a merced de lo que venga, y es peor de lo que puedes llegar a considerar, porque si ahora aun es efectiva su defensa, los artilugios que el hombre de ciencia va creado, con el tiempo provocara que no exista lugar seguro para ninguno de los dos, porque esa misma mitad que los ata también los condena a una vida casi eterna.
―Pero y entonces...¡ ¿qué?! No voy a dejar a Hiccup atrás... ―gruño Toothless
La Seiokona los miro con detenimiento manteniendo en todo momento aquella careta de tranquilidad que tanto desesperaba a Hiccup . ―Aún existe otro método, porque aparte de ustedes existen otros dos seres con la mitad de corazón draconiano.
Hiccup lo considero unos segundos antes de horrorizarse ante la única vía que ella le estaba proponiendo y fue tal la revelación que atravesó del vínculo que compartían Rasmus para trasmitirle la verdad a su mitad de forma tan clara y brutal que no pudo menos que rugir con dolor y coraje.
―No van a tocar a mis hijos ―fue lo que escupió pelando los dientes mientras el destello azul en sus escamas hizo retroceder a más de uno.
Thorjorg se mantuvo ecuánime, en su mirada serena se leía la sabiduría de sus años de experiencia como bruja. ―Piénsenlo con detenimiento, porque entonces serian dos dragones los que se estarían quedando atrás, y si uno es difícil de esconder...
Hiccup apretó los labios y afilo la mirada en una advertencia muda. Ella también entrecerró los ojos antes de continuar hablando confiadamente.
―¡Oh!... Claro, la cuestión es, ¿Cuánto amas a tu pareja? Tu cuerpo ya sano completamente Hiccup Horrendous Haddock III. Por lo tanto, si le devuelves la mitad faltante a Rasmus él logra cruzar sin problemas. Lo mismo va para tu hijo; si Nod Hamish Haddock III ama a su hermano le entregara la parte que le falta. Yo personalmente les garantizo que ninguno morirá. La pregunta es... ¿quién se ira? y ¿quién se queda?
Rasmus bufo y con suavidad encajo su morro en los cabellos castaños de su Elska ―Hiccup, no iré a ningún lugar adonde no estés tú. Eres mi aire y mi alimento, eres mi luz y mi consuelo. Prefiero vivir culto de por vida a...
Un nuevo temblor sacudió Berk interrumpiendo al Furia Nocturna.
―No queda mucho tiempo, Bocón el Rudo no aguantara por más tiempo. Deben decidir hijos míos. Escucho a lo lejos a los dragones guiados por Valka, abriré el portal y que sea lo que ustedes decidan.
La esfera plateada se elevó hacia el cielo para quedar flotando exactamente junto a la otra de color dorado. Una vez juntas Thorjorg comenzó un ritual del cual Hiccup no entendía ni una sola palabra porque lo cantaba en un idioma tan antiguo como el mismo mundo.
―¿Que debemos hacer? ― gimió Hiccup mirando a su Ást. No quiero dejarte pero... y miro a la manada que volaba a toda velocidad hacia el túnel de luz que los canticos de la Seiokona y las almas dorada y plata abrieron. Ellos te necesitan para que los guíes. Eres su Alfa, su líder… Un líder protege…
―No me iré sin ti ― afirmo Rasmus abrazando a Hiccup, no solo con su cuerpo si no con el alma misma. ―Te amo. Te amo como jamás volveré a mar y no viviere sin ti…
―…y nuestros hijos... ―la voz del jefe vikingo temblaba dudosa.
Rasmus sonrió tiernamente antes de responder. ―Han tenido grandes maestros y están listos para elegir su camino en la vida, dejemos que ellos elijan. Pero en caso de que las cosas empeoren entonces...
[…]
Nod saco la cabeza fuera del agua intentando tragar aire con desesperación, había estado buscando durante casi hora y media y no encontraba ni rastro de Nathan. La desesperación comenzaba a dejarse ver en su mirada.
―Tranquilízate. No conseguirás nada si te dejas arrastrar por tus sentimientos ―le recomendó Eret tomando una gran bocanada de aire y volviendo a sumergirse. Nod asintió y lo imito.
Nod apretó los puños impulsándose hacia abajo, ciertamente los Dragones tenían mucha mayor resistencia a la hora de sumergirse pero Nathan llevaba demasiado, sería casi imposible que a esas alturas él siguiera con vida a menos que...
Sin consultarlo con Eret se fue acercando a la parte baja del acantilado, ahí donde las olas rompían y que por consiguiente forman pequeñas corrientes que podían, si no tenías la destreza suficiente para sortearla, destrozar tu cuerpo contra las rocosas.
Eret quiso gritar al dilucidar las intenciones de la hija de Haddock ¿En que estaba pensando la mocosa, acaso pensaba suicidarse?
Nod sintió su cuerpo ser arrastrado en diferentes direcciones, era como ser golpeada por diferente flancos y muy pronto se vio soltando el escaso aire que retenía. Las corrientes eran más fuertes de lo que pensaba, aun así se forzó a abrir los ojos y escudriñar con detenimiento a su alrededor y justo cuando pensó que se había equivocado y que su error le costaría la vida, lo vio, un pequeño escollo entre las piedras.
Haciendo acopio de toda su fuerza y voluntad se sujetó a las piedras para, en lo posible, dirigir su cuerpo y entrar al agujero.
La corriente tiro de ella y casi para lograr entrar su brazo fue rasgado desde el hombro hasta cerca de la muñeca. Nod quiso gritar del dolor pero estando bajo el agua solo expulso burbujas de aire mientras miraba como su alrededor comenzaba a pintarse de carmín.
Una vez dentro de la caverna las aguas parecían más tranquilas por lo que inmediatamente su atención recayó en su necesidad de respirar, aun con la herida se obligó a nadar asía arriba en busca de aire.
Estaba perdiendo fuerza, no lo lograría y supo que moriría cuando la primera bocanada de agua salada entrar por su boca.
―Odín, no puedo morir aquí grito en su mente. No quiero morir así ― imploro pero sin respuesta, casi podía sentir como su cuerpo se desplomaba cayendo, hundiéndose rápidamente. ―Nathan... Nathan... de verdad quería encontrarte.
Un tirón la hizo ascender con fuerza hasta la parte alta de la caverna y que mantenía un poco de aire, solo lo suficiente para mantener la cabeza fuera del agua. Nod no tardo en escupir el agua que trago. Eso había estado muy cerca.
―Gracias ―dijo mirando a su salvador.
―No hay de qué. Aunque pensé que me ayudarías y no que yo terminaría salvándote a ti.
Nod sintió rabia, alivio, alegría, ganas asesinas de matar al dragón bueno para nada que le hablaba de aquella manera tan airada.
―Eres un tonto ―grito fuera de sí y dando manotazos sobre el cuello de Nathan porque el Furia intentaba alejar su trompa y orejas de los golpes. ―Eres un desconsiderado, como has podido asustarme así. ¿Qué hubiera hecho si algo llegaba a pasarte? yo... yo... ―y lloro amargamente dejando por primera vez ver a Nathan que a pesar de ser un guerrero excelsamente entrenado, de la rudeza de su actitud Nod seguía siendo una chica, y una muy linda.
Con delicadeza acaricio sus cabellos y con el morro dejo pequeños besos en su cuello y cuando ella se lanzó a abrazarlo él no pudo menos que ronronear gustoso. Había valido la pena haber logrado sobrevivir porque su recompensa fue ver aquellos hermosos ojos verde toxico bañados en lágrimas de felicidad.
―Te quiero dragón estúpido.
Nathan rio feliz de poder responder ― y yo a ti pequeña berrinchuda. ―Y entonces Nod hizo lo que Nathan solo podía catalogar como un milagro.
Ella lo beso. No un beso fraterno, sino uno profundo, entregado, el beso de un amante a otro.
Nathan primero se quedó sin saber qué hacer, luego se lanzó a corresponder el afecto con todo lo que tenía. Siendo honesto con sigo mismo debía admitir que había añorado desde hacía algún tiempo tener el cuerpo suave de su hermana bajo su escamosa piel.
Una fantasía nacida de un pequeño desliz tras haber escuchado a sus padres en una de sus tantas entregas pasionales. Antes de eso Nathan jamás llego a comprender porque su padre, el más poderoso de todos los dragones, el Alfa, había elegido por compañero de vida a un humano.
Amaba a su padre Hiccup pero… para Nathan era inconciliable la vida de ambos, el tamaño y la fuerza. Al menos refiriéndose al Celo. Peor aquella noche, cuando sigiloso regreso de una escapada clandestina, no puedo menos que detenerse a escuchar los gruñidos y rugidos extasiados de su padre.
Nathan no se quedó mucho tiempo, sin embargo, fue el suficiente para saber que si bien él no lograba, en su imaginación encontrar la forma en que el cuerpo de un frágil humano soportara la marca de un Dragón, al parecer en la realidad si era posible. Un humano si podía complacerlos, hasta límites insospechados.
Desde se percató que ninguna de las hembras incentivaba su libido, una lujuria que si poseía pues su masculinidad se promulgaba inhiesta cada que fantaseaba con Nod. Entonces cada que cerraba los ojos soñaba con ella imaginando los tímidos gemidos que lograría arrancar de aquella boca, con su piel suave, blanda carente de escamas.
Unos minutos más se dedicaron a mimarse el uno al otro sin profundizar demasiado, después de todo estaban bajo ataque y lo apremiante era salir.
―El lugar por donde entramos no será nuestra salida, eso está claro― dijo Nod mirando el ala rota de Nathan, jurándose cercenarle las alas al maldito Tifomeran, luego su vista viajo a su brazo herido.
―Pues no existe otra forma, durante todo el tiempo que he estado atrapado aquí he revisado cada rincón de este lugar. Aunque si pudiera volar...
―¡Entonces si hay otra salida!
Nathan afirmo girando la cabeza hacia la profundidad de la caverna―más allá la cueva se vuelve más amplia y alta, hay un pequeño boquete en el techo, pero… está muy alto para alcanzarlo trepando y es demasiado pequeño, tendría que usar una bola plasma para agrandarlo.
Nod considero sus probabilidades. Fuera cual fuera su decisión corrían un gran riesgo. Un estallido a la distancia hizo al risco comenzar a desmoronarse, el ataque había comenzado.
―Debemos salir de aquí― ordeno Nod sujetándose del ala sana de Nathan.
―Y qué piensas que puedo hacer, ya te dije que...
―¡Maldición! Nathan eres un Furia Nocturna. El hijo de Hiccup Horrendous Haddock III, no puedes solo rendirte. ―con firmeza tomo el rostro de su hermano. ―Mírame Nathan, vamos a salir de aquí, yo te lo garantizo, lo único que tú tienes que hacer es seguirme. ¿Estás de acuerdo?
Nathan asintió y Nod le dio la indicación de llevarla hacia el boquete mencionado.
Una vez ahí, Nod comenzó a trepar. La roca no era fácil de escalar pero tampoco muy complicada, solo se requería de esfuerzo y tiempo, tiempo que no tenía porque su brazo comenzaba a temblar debido al dolor. La herida que en un principio pensó solo fue superficial al parecer era más profunda, pero no quería que Nathan se preocupara, por lo que la vendo con un pedazo de sus prendas bien decidida a ascender. Se lo había prometido a Nathan y Nod Hamish Haddock III siempre cumple sus promesas.
Dio un jadeo dificultoso, comenzaba a ver doble debido a la pérdida de sangre, pero no se rendiría, con un gruñido casi gutural al fin llego. Nathan tenía razón el boquete no era lo suficientemente amplio para que un dragón pasara pero ella entraba sin problemas. Con las pocas fuerzas que le quedaban atravesó el boquete, la piedra era delgada en esa zona.
―Nathan ―grito jadeante desde arriba. ―Voy a dejar señalado el lugar exacto en que debes disparar. Una vez lo hagas, sumérgete lo más rápido que puedas para que las piedras que caigan no lleguen a golpearte.
―¡Estás loca! ¿Ese es tu plan? ni siquiera sé si puedo trepar hasta donde estás tú.
―No empieces con negativas, reptil inútil. Lo aras porque yo estoy esperando por ti y porque si no lo haces voy a considerar que Ridley tiene razón y él es más fuerte y merece, por ello, ser mi dragón y pareja.
―¡Que...!
―Bueno―Nod cruzo los brazos sobre su pecho con pose soberbia ―se espera que al heredera al trono de Berk tenga por compañero al mejor dragón y...
Nathan sintió un fuego interno nacer dentro de él y el brillo característico de su raza se hizo presente. Sus escamas brillaron en azul eléctrico justo antes de disparar una bola plasma sin titubeos hacia a la única salida. La piedra se desmorono dejando caer trozos enormes de roca tras el estallido, pero Nathan en lugar de zambullirse se lanzó con un feroz grito de guerra hacia la pared de la caverna clavando sus garrar en la piedra comenzando a trepar, su ala lastimada colgando como una inútil piltrafa le causaba un enorme sufrimiento cada que sus patas delanteras tiraban hacia arriba, pero la rabia de imaginar a Nod con Ridley menguaban su agonía imprimiéndole adrenalina.
Tardo menos de lo esperado y cuando asomo su rostro desfigurado por la ira soltó en un poderoso rugido ―¿Quién es el mejor dragón? ―al tiempo en que acorralaba contra el risco ala chica, dejando su cuerpo rozar desvergonzadamente contra el de ella.
Nod lo miro asombrada. ¡Vaya! que Nathan era celoso. Tanto como su propio padre, ¿sería una característica nata de su especie o solo era que de verdad la amaba? Con una sonrisa pícara Nod depósito suaves besos para calmar al reptil furibundo.
―Tú, tú eres el mejor ―concedió sintiendo en todo su ser la necesidad de entregarse en cuerpo y alma a ese dragón necroso, al último de los Furia Nocturna, a su hermano.
No era el tiempo ni el lugar sin embargo, la piel la sentía caliente y en su interior un volcán en plena erupción la carcomía en el deseo insano de tocar, de incitar y de recibir tanto como pudiera, como si ese deseo apremiante desbordara amenazando con ahogarla si no lo dejaba fluir.
Nathan se encontraba en la misma situación, su ser completo vibraba, he incluso, ilógicamente sentía su corazón vibrar, casi golpeando su caja torácica con la intención de salir de su pecho.
Ambos se miraron y en esa sola contemplación acordaron que su primer encuentro seria en ese instante, quizás no sería romántico ni mucho menos largo pero, sería una forma de apagar momentáneamente el incendio que los consumía y que no les permitía enfocar sus mentes en ninguna otra cosa.
Solo sería la marca. Una marca para quedar satisfechos.
Sin preámbulos Nod tomo sus ropas para abrirlas de manera apremiante, sus dedos normalmente agiles temblaban por la desesperación dejando al descubierto su hombros, pecho y abdomen, aunque lo que deseaba era mostrarse tal cual había llegado al mundo
Cada pedazo de piel expuesta le roba el aliento al dragón, deliciosa y lisa piel de suave contextura, deleite de dioses que se ofrecía a sus ojos. Y entonces el pantalón se cayó a los pies de ella dejando para completo gozo del reptil, el centro mismo del placer terrenal al su disposición.
Nathan rugió de gusto, mientras su propia esencia, su aroma de celo le inundaba las fosas nasales a ella, excitándola. Embriagándola. Sus alas extendidas en toda su plenitud la cubrieron. Solo sus ojos tendrían el privilegio de contemplarla en ese arrebato de lujuria.
Nod extendió sus brazos suplicante, dejando ver en su mirada la necesidad atávica de ser tomada, de pertenecerle, de sentirlo dentro de ella. ―Te quiero ―susurro rijosa al tiempo en que con un movimiento suave y sensual adelantaba las caderas invitándolo a tomar lo que ella le ofrecía.
Nathan no lo pensó, y sin preámbulos enterró con arrebato libidinoso la trompa entre los muslos de su hermana. Nod dejó escapar un gemido placentero al sentir la tibia y esponjosa lengua tocando lugares que ni siquiera sabía podían causar placer. Su constitución completa ardía, era como si algo dentro de ella despertara por al sentir el llamado de su ser predestinado, de su alma gemela.
―Nathan ― lloriqueo ella deseando más. No negaba que disfrutaba aquello pero lo que su esencia misma exigía era otra cosa.
Nathan escucho aquel llamado quejoso, su ojos verdes la contemplaron mientras ella sin pudor alguno abría cuanto podía las piernas, elevando una de ellas dando a entender lo que deseaba y entonces… no fue dueño de sí mismo, sin preámbulos y guiado únicamente por su instinto y la apremiante necesidad que sentía en su ya inhiesto falo se sumergió en las tiernas y virginales carnes frente a él, de una sola y firme embestida que hizo gritar a ambos.
Y a pesar de no creerlo posible su miembro de por si hinchado, se engroso más al sentirse bañado por el tibio liquido de ella. Nathan rugió embebido de su propio goce comenzando con la sicalíptica danza ancestral.
Nod gimo de dolor y deleite. Disfrutando aquella entrega apresura y brusca, en la que declaraban a viva voz que no les importaban nada en absoluto, su parentesco, sus lazos de sangre, sus diferencias de raza o de pensamiento, incluso la duración de sus vidas.
No pondrían bajo consideración de ninguna índole su amor.
Fuerte, rápido, profundo, descontrolado e intenso, así era el movimiento de ambos cuerpo, un vaivén de ritmo irregular solo marcado por la lujuria desenfrenada. No era una entrega, era una demanda de ambos por apropiarse de todo cuanto poseía el otro. Una proclamación a su compañero de vida, que era a quien se prodigaban, donde demandaban la misma fidelidad y entrega.
Nathan elevo las patas delanteras para sostenerse contra el piedra apretando contra la pared el cuerpo de Nod que empalado contra su centro ahogo un grito al sentirse completamente empalada.
¡Dioses! lo que estaba viviendo era mucho mejor que cualquiera de sus fantasías. La mujer frente a él era deliciosa y su aroma fresco le invitaba embestirla con más y más fuerza. Cada parte de su ser vibraba, porque hasta su ala parecía recobrar fuerza o haber sanado por arte de magia.
―Nathan ― gimió ella sumergida en su propio Nirvana, luego su cuerpo se arqueo en un movimiento casi imposible permitiendo al dragón sentir sobre su abdomen los suaves pechos de ella.
Y entonces el mundo llego a su fin.
Un final fantástico porque era un mundo de dos. Eran ellos, sus almas de daban las mano y sus esencias se entremezclaban reclamándose como propietaria de la contraria.
De ahora en adelante estaban unidos de por vida. O al menos eso es lo que ambos pensaron cuando tocaron su cielo particular.
[…]
Eret escucho sin problemas como Stormfly lo llamaba. Él elevo las manos para que ella lo viera y sin mayores problemas la Nader atrapo con las garras al hombre.
―¿Me extrañaste marino? ―ronroneo ella deseosa de escuchar la voz profunda de su humano.
―Como no tienes idea preciosa. Pero ya después tendré tiempo de demostrártelo, por ahora me preocupan los hijos de Haddock. ―Eret después de verla desaparecer entre las corrientes intentado buscar a Nod sin éxito, hasta el momento ya había trascurrido aproximadamente media hora.
La dragona rio por las narices, pues ella estando más en contacto con los miembros de su manada había logrado distinguir el aroma a celo desde que llego a Berck, un aroma dulce como verano, y otro más fuerte, parecido a olor de la tierra verde después de la lluvia. Esencias bien conocidos para ella que durante toda su vida vio crecer a los vástagos de su alfa.
―Ellos están bien ―aseguro ella ayudando a Eret a subir a su grupa. ―Pero por si aún te queda duda… ―dijo haciendo un leve movimiento con la cabeza para que mirara al cielo.
Eret sonrió de lado al distinguir la figura del dragón negro surcando la bóveda celeste.
―Sin duda son sus hijos, les gusta tenernos en la angustia…
―Los demás dragones junto a Valka ya están en la aldea, será mejor que enfilemos hacia ahí.
El antiguo marino acepto.
[…]
―¡Eso no puede ser posible! ― reclamo Valka apenas saber la situación, su mirada irradiaba indignación y mucha pero mucha furia.
―¿Qué no puede ser posible? ― cuestiono calmadamente Nod bajando de la espalda de Nathan y observando directamente a sus padres.
Hiccup dio un suspiro hondo, era mejor explicar las cosas rápidamente y sin tapujos pues el túnel de luz solo duraría una hora y los demás Dragones, para ser más específicos, aquellos sin jinete, ya entraban en el túnel.
Thorjorg sonrió de lado tomando nota de la recuperación, MILAGROSA, de ambos hermanos. Una sonrisa que dejaba entrever que ella estaba al corriente del juramento entre ambos, de ese enlace que ahora hacia más fuerte la magia que de por sí poseían y que fue la responsable de la sanación del ala de Nathan y del brazo de Nod.
Nathan Furious Haddock y Nod Hamish Haddock III nacieron con un solo propósito y la Wölva estaba segura de que cumplirían con su propósito. El camino ya estaba trazado para ellos.
―¿Entonces solo uno de nosotros ira? ―cuestiono Nathan pegándose inconscientemente a Nod y desplegando sus alas como para cubrirla en un gesto protector.
―Es lógico―argumento Valka comprendiendo al fin la situación. ―Nosotros no poseemos magia… por ello… lo mejor es que…
―No. Me niego a irme―gruño Nathan dando un paso al frente y tapando con su descomunal mole a Nod.
―Esa es tu respuesta Nathan Forious Haddock ― la Seiokona lo miraba directamente retándolo con la mirada―piensa bien porque podrías estar firmando la sentencia de muerte no solo tuya, sino de tu hermana. Después de todo son pareja.
Valka abrió grande los ojos, aunque no tanto como la boca.
Hiccup dio un paso atrás y Rasmus… Rasmus no salía aun del shock.
―En qué demonios estaban pensando―rugió Rasmus dando un paso al frente para mirar directamente a los ojos de su hijo. Por sus fosas nasales salía humo y sus pupilas casi desaparecieron en el verde. Su cuello mostraba las venas palpitantes. El gran furia Nocturna no estaba molesto, ni si quera furioso, sino iracundo… rabiaba por dentro. Si hubiera sido cualquier otro dragón a estas alturas no existiría porque Rasmus lo habría desecho a dentelladas.
―En que la quiero― respondió Nathan sin dejarse intimidar, aunque claramente por sus orejas gachas y ese leve temblor en su cuerpo estaba que se moría de miedo.
Tres estallidos cimbraron Berck de una manera tan profunda que parte de la isla se desgajo cayendo al mar.
―No hay tiempo para esto―puntualizo Thorjorg. ―Tomen una decisión, porque quien se quede deberá luchar contra Drago Mano Dura.
Hiccup que hasta ese momento se había mantenido silente se acercó a paso firme hasta los dos dragones con su mano derecha hizo a un lado a su pareja para después de un puñetazo voltearle la cara a su hijo.
―Eso es por hacer las cosas sin consultarnos. Es tu vida, pero… sigues siendo mi hijo, son mis hijos ―recalco con dolor, ― y fue una decisión demasiada precipitada. Ramus ―llamo a su mitad. El dragón trago saliva con dificultad, cuando Hiccup tomaba esa actitud era porque había tomado una decisión y nadie podría cuestionarla. ―Esto es lo que vamos a hacer…
Thorjorg sonrió, todo estaba saliendo según lo previsto.
[…]
Drago desde sus barcos disparaba sin descanso, al parecer la barrera que protegía a Berck pronto caería. Sonrió complacido al tiempo en que ordenaba que siguieran disparando los cañones.
Cuando la primera bala logro traspasar la barrera lanzo la orden de ataque…
Los navíos se dispusieron a avanzar solo para verse lanzados por una turbulenta ráfaga de viento.
Drago maldijo a los Dioses un segundo antes de ver como en la punta del risco, una explosión de energía. Era como ver al mismo sol en expansión y a pesar del brillo cegador logro distinguir como los últimos dragones entraban en ella.
―No… No, NO―grito con todas sus fuerzas un segundo antes de escuchar el primer estallido que derribo al barco más cercano a la costa.
Uno tras otro los estallidos se iban secuenciando como si fuera una lluvia de proyectiles. Bolas de fuego descendían desde el cielo, que a pesar de los cañones atacaban de forma fiera y eficaz.
Drago en uno de los barcos soltó un poderoso alarido de guerra justo antes de gritar —Derríbenlo a él—señalando al Furia Nocturna que son su silbido característico hacía temblar a los marinos.
—Es momento de firmar tu sentencia de muerte Drago —susurro Hiccup al tiempo en que desenfundaba a Inferno.
Los demás jinetes lo seguían muy de cerca, pendientes de las órdenes de su alfa. Astrid casi intuía cual sería el plan a seguir, por eso y previendo un ataque alevoso por parte de Drago, sigilosa, como solo ella puede ser, entro al barco en donde el anterior esclavista de Dragones para ir dejando fuera de combate a cada uno de los piraras.
Un golpe fuerte la estrello contra la pared del barco, la habían tomado por sorpresa y la enorme mole sobre ella no la dejaba respirar.
—¿Pero que tenemos aquí? mira nada más que belleza— siseo el hombre dejando que su asqueroso aliento le llegara directo a las narices.
—Apestas a Yak muerto —insulto ella afilando la mirada.
El pirata apretó su agarre arrancándole un gemido, como se atrevía aquella mujerzuela a quejarse. Con total lasciva saco la lengua, le mostraría que su olor era lo que menos debía preocuparle.
—Si yo fuera tú la soltaría en este mismo instante. Su esposo podría ponerse furioso.
El pirata sonrió al ver que quien lo amenazaba era un hombre con poca musculatura y un rostro elegante.
—No será que prefieres que te folle a ti en lugar de a ella.
Astrid torció el gesto, odiaba que Henry se pusiera a jugar.
—Quítamelo de encima, apesta. —gruño ella con cara de asco.
Henry encogió los hombros resignadamente antes de abalanzarse sobre el orangután que tanto le molestaba a su princesa.
Afuera, la batalla continuaba, los cañones y los mosquetes detonaban sin descanso, asi como ellos habían irrumpido en el navío principal, los gemelos, Eret, Valka y demás también se encontraban asaltando la flota restante.
Miles de sueños caían hechos trizas frente a un futuro incierto, pues el hijo del relámpago y la muerte desplego su sombra y era firma segura de perdición.
Lo sabían, no saldrían ilesos de esa guerra.
—Toothless. Tienes que virar, vira Toothless… —indicaba Hiccup monitoreando desde las alturas los movimientos en las galeras, comprobando con agrado que prácticamente ya tenían el control total.
—¡Noooo! —Grito Patán —Nos disparan…
Las flechas pasaban volando a cada lado, silbaban cortando el viento, deseosas de incrustarse en suave piel.
Rasmus gruño, esta era la última pelea y no serían derrotados, con decisión pintada en sus pupilas se quedó estático en medio del cielo y entonces al verlas aproximarse las repelió con la poderosa ráfaga de sus alas.
La pelea poco a poco disminuía en intensidad ídem al túnel de luz del cual casi ya no había rastro.
Hiccup apretó los labios y entonces dio la orden. —Retirada.
Todos los jinetes se elevaron, este era el adiós, habían ayudado en lo posible y prácticamente el único barco entero era el de Drago.
Hiccup miro con tristeza como se marchaban. —Ahora todo depende de nosotros —dijo al ver como las ultimas siluetas de Dragones se perdían en el brillo que ahora apenas destellaba como una tímida estrella. —Terminemos con esto… —susurro suavemente en las orejas de su Ást.
Rasmus gorgoreo suavemente en aprobación. Rasmus sintió al frio apoderarse de su cuerpo al completo, estaba quedándose atrás, jamás volvería a ver a ninguno de su especie pero, extrañamente no le importaba lo suficiente como para dejar a tras a Hiccup. Con resignación dio un suspiro, solo para darse cuenta que la pequeña distracción los había hecho presa porque ahora podía sentir como una red caía sobre él y su jinete.
—Ríndete Hiccup Horrendous Haddock III no tienes escape —dijo el gran Drago Mano Dura recalcando su victoria con una carcajada aterradora, completamente ignorante de que sus hombres habían caído.
—¡Nunca! Los dragones son espíritus libres y yo veré que sigan siéndolo.—Hiccup lo miro con desprecio, jamás se rendiría, él protegería Berk. Pero por sobre todo él protegería a Toothless. Manipulo a inferno con gran destreza cortando la red que los obliga a descender, pero no suficientemente rápido.
—Valientes palabras. Pero inútiles. Muere… —gruño el enorme vikingo y entonces para horror de Hiccup el arma no apuntaba a él… apuntaba a su dragón que ahora estaba a su alcance.
—Toothless… —grito Hiccup sin logra pensar en nada para esquivar la bala que sin estar dirigida a él, sintió como perforaba carne y huesos.
Paso en cuestión de segundos, se escuchó el disparo, la bola plasma que Toothless lanzo en su último intento desesperado impacto contra el barco de Drago haciéndolo añicos y entonces…
Todo acabo…
Fin.
N. A.
Genial, por fin puse la palabra FIN valga la rebusnancia…. Jajajajaja bien aún quiero escribir un epilogo porque creo que me falto aclarar algunas cosas, pero ya se me hacía demasiado largo el capítulo.
En fin. Pues para cerrar con broche de oro…
A quien me diga CON QUE FIC ESTA RELACIONADO ESTE FINAL le daré un fic de la pareja que quiera…
Bien, espero sus comentarios y respuestas.
Atte: Ciel Phantomhive.
