Hola! Pido miles de disculpas por tardarme tanto, pero sinceramente que quiero darme el tiempo para escribir este fic, lo mas interesante posible. Al fin! Capitulo 9! :D Ya llevo el 10 por la mitad, asi que ese si lo trataré de postear esta semana. Sigo diciendo, muchisisisisimas gracias por leer este fic, ustedes son los que hacen que siga escribiendo! :) Yo se que Kikyo no es la mas famosa, pero es tan interesante como personaje, que la quise integrar con Sesshoumaru, que es otro tipo muy interesante!~ xD Dejen sus reviews, los aprecio mucho! Chauuu! :D
CAPITULO 9
Maldita sea, la cabeza me daba vueltas, el estomago también. Era la resaca más fuerte que había tenido jamás. Sentía un calor interno, pareciese que tuviera una fiebre, y mi cuerpo se sentía pesado y apretujado. ¿Apretujado? Abrí lentamente los ojos, quería saber que era lo que tenía mi cuerpo cautivo. El techo no era el del salón donde estábamos, era el de la habitación del hotel donde estaba hospedada. Sentí un leve respiro en mi cuello, salté quedamente en la cama, un brazo me obligaba a no moverme mucho. Volteé mi mirada, para encontrarme con Sesshoumaru. Estaba dormido, vestido nada más que con su camisa blanca semi desabotonada al igual que su pantalón.
- Maldición… - susurre. Tocando mi propio cuerpo. Respire tranquilamente… aun estaba totalmente vestida, incluyendo mi ropa interior. Está bien, no había pasado a mayores, pero qué estaba haciendo en mi cama.
Lo volví a observar. Era hermoso, ese aire de altanería y soberbia desaparecían cuando estaba dormido. Inuyasha es un hombre muy guapo, pero su hermano le superaba con creces. Su mano apretujo más mi cintura, queriendo acercarme más a su cuerpo. Aun sentía la cabeza hecha añicos, pero me daba pavor levantarlo, porque eso significaría que el altanero y desgraciado estaría de vuelta arruinando mi vida.
Logré sentarme sin moverlo mucho. Aun sentía su brazo sobre mi vientre. La tome levemente, moviéndola hacia un lado para posicionarla sobre la cama y poderme soltar, lentamente… ¡Misión cumplida! Pude quitarme su brazo de encima. Moví una pierna para el borde de la cama, cuando sentí su brazo, empujando mi cuerpo nuevamente hacia la cama. Mi corazón se detuvo por un momento, su cuerpo no se movió, pero su brazo estaba fuertemente posicionado sobre mi abdomen.
- ¿Dónde crees que vas? – preguntó sin moverse.
- Al baño. – mentí descaradamente.
Su cuerpo se movió, posicionando su rostro frente al mío. Algunos cabellos caían desordenadamente, llegando a mi pecho. Tenía una mirada somnolienta, tranquila y seria. Su mano recorrió todo mi cuerpo desde donde estaba hacia arriba, apretando con una fuerza necesaria para sentirme excitada. Paso por encima de mi pecho derecho, luego a mi cuello y luego a mi mejilla.
- ¿No querías despertarme? – pregunto dándome una pequeña sonrisa.
- Eh, no. Pensé que querrías dormir un poco más. – respondí, evadiendo su mirada.
¿Por qué esta tan tranquilo? ¿Qué habrá pasado ayer? No recordaba nada, después del decimo vaso de Whiskey. Su mano acariciaba mi mejilla, era una caricia, estaba siendo tan gentil, que no podía creerlo.
- Mírame. – dijo en un susurro.
Obedecí sin chistar. Mi corazón estaba latiendo fuertemente, me daba la impresión que se iba a dar cuenta que estaba nerviosa. Acerco su rostro al mío, su nariz tocó la mía, sus labios buscaban los míos, moviéndose por todo mi rostro, apretándolos donde le daba la regalada gana. Hasta que los planto con fuerza contra los míos. Me beso fuertemente, apasionadamente, primero quería mantenerlo fuera de mi boca, pero un jadeo me obligo a abrirla y su lengua la invadió con descaro. Por todos los cielos, me estaba excitando, su cuerpo estaba más cerca de mí, sus manos estaban acariciando mis senos con afán. Mis manos encontraron un hueco debajo de su camisa, instintivamente metí mi mano para acariciar su abdomen, firme y su piel suave y tersa. Mi caricia se intensifico, subió hacia su pecho, y lo obligaba a acercarse más a mí.
Estaba perdiendo la cordura. Quería poseerlo en ese mismo instante. Soltó mi boca por un momento para tomar aire, para después besar mi cuello.
- ¿Lo estas disfrutando?
Su pregunta me sacó del trance. Empuje ligeramente su cuerpo, me sentía apenada, sentía que estaba siéndole infiel a mi propia mente.
- Sesshoumaru, muévete. Necesito ir al baño. – otra mentira.
- ¿Por qué no aceptas lo que tu cuerpo quiere? – pregunto, sin moverse un centímetro.
- Es en serio Sesshoumaru, necesito ir al baño, necesito una ducha, un vaso con agua y algo de comida. Me siento terrible. – dije, queriendo salir de la cama, pero me impidió la salida nuevamente.
- Claro, después de todo el alcohol que ingeriste ayer, es normal que te sientas de esa manera, pero ahora lo que me interesa es satisfacer a tu cuerpo. – respondió, besando mi cuello.
¿Qué demonios? Este tipo estaba perdiendo los últimos tornillos que le quedaban.
- Y según tú, ¿Qué es lo que mi cuerpo desea? – pregunté, evitando que siguiera besando mi cuello.
Su mirada regreso a fijarse contra la mía. Soltó una risita maléfica, para después abrir la boca con la respuesta.
- Una buena cogida, claro está. – respondió, besándome con más intensidad en los labios.
Su respuesta hizo que un frio atravesara toda mi espina dorsal. Intento volver a besarme el cuello, pero no iba a dejar que siguiera. Esas palabras bastaron para que comenzara a pensar mejor.
- Sesshoumaru, no. Por favor, detente. – repliqué, empujándolo, pero su fuerza le ganaba a la mía con creces. Aun así, tenía que intentarlo, ya había cometido demasiado pecado con dejarlo besarme y tocarme de esa manera.
Tomé lo último de fuerza que me quedaba para volverlo a empujar. Sesshoumaru se movió, dejando salir un suspiro de enojo. Dejo que me levantara para correr al baño. Antes de entrar volví la mirada hacia la cama, Sesshoumaru seguía acostado, con su brazo cubriendo sus ojos y sus puños cerrados. Cerré la puerta detrás mío, y me acerque al lavabo. Abrí el grifo para tomar con las manos un poco de agua fresca y tirarla suavemente sobre mi cara. Se sentía tan bien. Aun estaba algo mareada por el alcohol, probé mi aliento, por Dios, puro alcohol. Tomé la pasta y el cepillo, para darme un rápido cepillado, el sabor de la menta, revolvió tenuemente mi estomago. Arregle mi cabello, baje el vestido y acomode mi ropa interior. Salí de la habitación con la esperanza de no encontrarme con Sesshoumaru, pero no tuve suerte. Ahí estaba, aun en la cama, viendo hacia donde yo estaba parada.
-Ven aquí. – replico con tono serio.
- ¿Qué es lo que deseas? – pregunte, algo nerviosa.
La promesa que había hecho el día anterior voló a mis pensamientos. Le había dicho que haría todo lo que el comandara, si me dejaba beber y emborracharme solo una vez. Maldición, yo y mi boca.
- No hagas que te lo repita Kikyo. Ven a la cama.
Caminé lentamente hasta llegar al bordillo. Lo observe de reojo. Su camisa estaba totalmente desabotonada y su abdomen emergía de una manera tan tentadora, que hacía que mis mejillas se sonrojaran.
- Aquí estoy.
- Firmaste un contrato, ¿recuerdas?
- Lo recuerdo.
- Quiero poner en práctica la clausula de las relaciones intimas. – una sonrisa picara apareció en sus labios.
- No estoy de humor Sesshoumaru. – respondí, evitando su mirada acusadora.
- Estoy excitado. No, déjame reacomodar la oración. Me dejaste excitado, quiero poseerte, aquí y ahora. – dijo, jalándome del brazo para caer a la cama y posicionarse sobre mí.
Maldición, maldición. Esta vez no podía moverlo tan fácilmente. Su cuerpo estaba sobre el mío, apretujándolo fuertemente. Su boca estaba besándome con furia, trataba de gestionar alguna palabra, pero su boca no me daba la oportunidad. Su mano se movía ferozmente por debajo de mi vestido, sentía como mi cuerpo elevaba la temperatura. Mi ropa interior comenzaba a descender por mis muslo, mis piernas trataban de impedir que siguieran hasta abajo. Soltó mi boca para seguir besando mi cuello.
- !Sesshoumaru! Por favor, suéltame. – replique, sosteniendo su pecho con ambas manos.
- No insistas mas, yo se que lo quieres. – respondió, volviendo nuevamente a mi boca.
Aun le hacía pelea. Mis piernas estaban cerradas con la mayor de mis fuerzas, mientras aun sentía que mi ropa interior bajaba con algo de dificultad. Su celular comenzó a sonar con afán, al principio lo ignore, pero después de la cuarta llamada, suspiro con enojo. Detuvo sus caricias, mientras escuchaba como maldecía al que estuviera molestando en ese momento.
- Si te sales de la cama, te juro que te irá muy mal, Kikyo. – aseveró, levantándose para contestar su móvil.
- ¡¿Qué diantres quieres?! Estoy ocupado. – respondió, con un tono reprimente.
Aproveché para acomodar toda mi ropa. Mi cuerpo estaba excitado. Tenía que componer mi postura, y rezar para que Sesshoumaru no viera mi excitación a flor de piel.
- ¿Es tan necesario que este ahí?... ¿No lo puede hacer el incompetente que tengo de hermano?
Mi corazón se paralizo. Inuyasha… la culpa volvía a invadir mi mente. Estaba a punto de revolcarme en la cama con su hermano. Me sentía sucia, como podría hacerle algo asi. Aunque no quisiese verme, Inuyasha seguía siendo el amor de mi vida.
Sesshoumaru volvió a verme, esta vez con cara de desilusión.
- Estaré ahí en media hora. – dijo antes de colgar el teléfono.
Regresó nuevamente a la cama, se acerco a mí para tomar mi mentón en medio de su mano y besarme con firmeza.
- Terminamos esto mas tarde. Tienes muchas cosas que hacer hoy de todos modos, así que igual no hubiéramos tenido tanto tiempo. – dijo, abotonando su camisa.
Lo seguí con la mirada por la habitación. Se abotono el pantalón, se sentó para ponerse sus zapatos, arreglo su cabello desarreglado y tomó el saco que estaba tirado en una silla cercana. Ya respiraba más tranquila, hoy no iba a ser el día en que tendría que entregarme a él, obligatoriamente. Regreso frente a mí, saco algo de su saco para ponerlo en la mesa de noche.
- Este será tu celular. Por favor tenlo contigo en todo momento. Estoy aburrido de estar llamando al hotel para hablar contigo. Los demás accesorios te los dará Rin más adelante, y te enseñará a utilizarlo adecuadamente. – dijo, esta vez tomando camino hasta la puerta. Escuche, como la abrió y cerró detrás de él.
Volví a respirar. Me tire de nuevo en la cama. Observaba quedamente el techo. Mi cuerpo aun sentía por donde habían estado las manos de Sesshoumaru. Con solo pensarlo, volvía a sonrojarme y mi corazón volvía a palpitar con fuerza. Lo único que se me venía a la mente, eran los momentos de amor intimo que había tenido con Inuyasha, el había sido el primero en mi vida, y ese día, mi percepción del amor cambió para siempre…
Continuará...
