Capítulo 9
No tenía ni idea en que momento lo había pronunciado sin medir las consecuencias, pero ahora era imposible retirar mis palabras sin que ella se sintiera ofendida. Era peligroso llevarla, por Jasper, por Emmett, realmente temía por todos nosotros. Pero también estaba seguro que mi familia podría resistirse completamente. Además, Esme deseaba conocerla, al igual que Alice, y Carlisle quería revisar sus ojos para saber si realmente no tenía solución. De Rose y Emmett, no podía decir si lo deseaban o les daba igual, pero aun así sé que al menos Emmett siente curiosidad por ella.
—¿En serio? ¿Me llevaras a tu casa? —preguntó, sorprendida.
Y no estoy vestida para eso, ni quiera estoy lista…
Sonreí ante su pensamiento, ella se veía preciosa toda vestida de gris y con un gorro negro en el cabello. Y no tendría que preocuparse por estar lista, debería ser mi familia quien lo estuviera para recibirla.
—Claro que sí, pero tendremos que tomar un taxi —le sugerí— Esta algo lejos como para caminarlo.
—De acuerdo —contestó.
Y si no les agradó…
Negué ante lo que pensaba, ella era encantadora, a mis padres les agradaría mucho. Salimos del cementerio y caminamos un par de cuadras para encontrar un taxi. Ya dentro del vehículo, ella seguía mortificada, sus manos se movían sobre su regazo luego hacia a su cabello, sin detenerse.
Tomé sus manos y acaricié sus dedos para tranquilizarla, y la hice recostar contra mi pecho. Ella suspiró y se relajó poco a poco. Tenía la certeza de que para este momento Alice ya hubiese visto mi decisión y, por lo tanto, avisado a la familia de nuestra llegada.
El taxi se detuvo antes de lo esperado fuera de la hermosa casa, después de recorrer un gran camino de terracería. Abrí la puerta del vehículo y tomé su mano para ayudarla a salir. Afuera de la casa, estaban Alice y, atrás de ella, Jasper. Sonreía al ver que mis hermanos habían limpiado la nieva casi derretida de la entrada.
Le pagué al conductor y éste volvió a tomar el camino de vuelta a la carretera principal.
—Jasper, por favor —le pedí, apenas para que él lo escuchara. Él asintió seriamente.
—Te prometo que sé controlarme —contestó de igual manera.
—Hola, Edward —saludó Alice, con entusiasmo, acercándose a nosotros.
Allison se sorprendió por su voz, ella pensaba que la mía era demasiado hermosa, pero se dio cuenta que la de Alice igual, pero de una distinta manera: era cantarina y agradable.
—Hola —contesté, y tomé la mano de Allison— Allison, ella es mi hermana Alice —la presenté.
Alice se acercó y besó su mejilla, ligeramente, sonriendo. Allison sonrió sorprendida por el gesto.
—Hola, Alice. Es un gusto conocerte —dijo Allison.
—El gusto es completamente mío, linda.
Prácticamente me la quitó de la mano y la jaló hacia ella. Yo di los mismos pasos que Allison, no quería separarme, temía que cualquier cosa pudiera descontrolar a Jasper, pero él parecía perfectamente controlado, de hecho, sonreía ladinamente.
—Te presentare a mi novio, Jasper Hale —el aludido se acercó y tomó la mano que Allison había extendido.
—Un gusto —expresó Jasper, soltando su mano, y con ese ligero tono sureño que tanto le gustaba a Alice.
El rostro de Allison se volvió confuso, jamás le había dicho que en realidad mis hermanos mantenían una relación entre ellos, no quería que pensara que era demasiado raro, más de lo que la gente habla ya. Ahora me sentía mal por no haberlo hecho, le habría evitado este momento de aparente incomodidad y confusión.
—¿Pero… pero ustedes no son hermanos? —preguntó, confundida.
—Alice —susurré, reprobatoriamente. Alice sonrió y se encogió de hombros sin darle demasiada importancia.
—Todos fuimos adoptados, con la convivencia muchos se enamoran, ¿no te parece? —le dijo, y me envió una mirada pícara. Giré el rostro hacia Allison y ella lucia más sonrojada que nunca.
—Es… es entendible —musitó, algo azorada.
—Me alegro que lo entiendas —agradeció, Alice.
Presioné mi mano contra mi frente. Alice lo había hecho con un sólo propósito: intentaba saber que ocurría entre nosotros, aunque de mi parte ella sabía muy bien lo que yo sentía por Allison, sabía que me había enamorado; pero Allison ni siquiera dejaba al descubierto los pensamientos de sus sentimientos hacía mí, o al menos lo que sentía cuando estaba junto a ella.
—Ahora vamos adentro, aquí hace mucho frío —propuso Alice, ayudándola con los escalones de la entrada. Jasper sonrió ligeramente, era imposible que Alice sintiera frío o calor— Ahí te presentaremos al resto de la familia —abrí la puerta para que entraran, y sí, efectivamente, la casa estaba tibia, pues la chimenea había sido encendida— Y, Allison, Rosalie y Emmett, también son novios —sus cejas se elevaron por la sorpresa y su boca formó una perfecta O— Ya sabes, la convivencia —repitió de nuevo.
—Así, claro —fue todo lo que pudo decir.
En la sala estaban todos esperando. Rosalie tenía lo brazos cruzados y Emmett a su lado sonreía. La rubia pensaba que traerla a casa era peligroso para Allison y le molestaba que yo la pusiera en peligro. Yo igual pensaba lo mismo, era una gran imprudencia de mi parte, pues si uno se descontrolaba todo sería desastroso. Pero estaba seguro que nadie lo haría, confiaba en ellos, además de que antes de que tocaran a Allison, me tendrían que destrozar a mí primero, la defendería con todo lo que tuviera.
Los primeros en acercarse fueron mis padres. Esme sonrió dulcemente y Carlisle hacia lo mismo.
—Allison Stone, te presento a mis padres: Carlisle y Esme Cullen —ella extendió su mano.
—Es un gusto, señorita Stone —saludó primero mi padre, tomando su mano.
—El gusto es todo mío, señor Cullen, pero llámeme Allison —pidió ella, sonriendo.
—Me alegro de conocerte al fin, Allison —alegó Esme, abrazándola un segundo. Allison se mostró sorprendida y sonrió— Te presentare a mis otros hijos. Ellos son Rosalie y Emmett.
Los dos se acercaron lentamente. La mirada de Rosalie era algo confusa para mí, ella veía a Allison como si fuera una niña pequeña jugando entre rocas, esperando el momento en que tropezara y tuviera que salir corriendo a levantarla; mi hermana se veía preocupada, como si conociera a alguien demasiado vulnerable y frágil, aunque también le preocupaba que por su culpa nosotros fuéramos descubiertos. Tomó la mano de Allison y apretó sus dedos suavemente.
—Hola, soy Rosalie —dijo la rubia, tan fría y desconfiada.
—Hola, yo soy Allison, me da gusto conocerte —contestó, sonriéndole, y la rubia soltó su mano, apretando los labios con disgusto, pensando que la chica era tan tonta e inconsciente al no saber en lo que se metía. Pero recordó que no era culpa de ella, sino mía y me miró con odio.
—Hola, Allison, soy Emmett Cullen —se presentó alegremente, y tomó la mano que Allison ofrecía.
Qué mano tan grande…
Pensó Allison, prácticamente su pequeña mano había quedado sepultada en la de mi hermano.
—Hola, Emmett. Edward me ha hablado de ti, bueno, mejor dicho, de todos ustedes. Deseaba conocerlos.
Los ojos de todos los demás estaban sobre ella. Vi a Allison dar un paso hacia atrás, buscándome, pues se sentía incomoda después de las presentaciones. Coloqué una mano sobre su la suya y pareció más tranquila con eso.
—Nosotros a ti, cariño. Ven, siéntate, has de estar cansada —habló Esme, tomando su mano y llevándola al sofá. Todos tomaron asiento alrededor, sin dejar de mirarla— ¿Deseas algo de comer o beber?
—Un poco de agua, se lo agradecería, estoy algo sedienta —pidió ella.
—Oh, nosotros también —soltó, jocosamente, Emmett.
Quise lanzarme sobre él, y lo habría hecho si Jasper no me hubiese detenido. Desde lo más profundo de mi garganta salió un gruñido en contra de mi hermano y me removí en los brazos de Jasper hasta soltarme, y fue percibido por todos, la ola de calma que envió. Rosalie golpeó el estómago de Emmett con el codo y Carlisle y Esme le enviaron una mirada molesta.
Emmett se encogió de hombros, algo avergonzado. Me calmé, y me senté a lado de Allison. Sabía que Emmett lo había dicho en broma, pero es que me preocupaba de que pudieran dañarla. Ella era inconsciente del peligro en el que se encontraba, rodeada de siete vampiros, vegetarianos, pero aun así peligrosos.
—Ahorita te traigo un vaso de jugo —dijo Esme.
—No te preocupes, mamá, yo voy por él — dijo Alice, y salió a la cocina por el pedido.
Allison me sintió a su lado y sus nervios disminuyeron al saber que estaba junto a ella. Volvía a mostrarse curiosa por las voces, girando el rostro cada vez que escuchaba una y tratando de recordar a quien pertenecía, todas le parecían hermosas a su manera: la de Jasper le pareció fuerte y penetrante, la de Carlisle tranquilizadora y confiable, la de Esme dulce, muy dulce, le gustaba mucho, la de Rosalie armoniosa y la de Emmett fuerte y algo divertida.
—¿Estás bien? —le pregunté, en voz baja, aunque sabía que todos me había escuchado.
—Sí, pero, ¿Qué fue ese ruido? —ella había escuchado perfectamente el gruñido que había lanzado.
—No fue nada —contesté, casi avergonzado.
—Aquí tienes, Allison —dijo Alice.
—Gracias.
Yo tomé el vaso y se lo coloqué en las manos. Ella bebió jugo durante algunos segundos y todos guardaron silencio. Sabía que tenía que decir algo, Allison detesta el silencio, pero no sabía de qué hablar. Esperaba que mis padres lo hicieran, o algunos de mis hermanos.
—Qué lindo gorro, Allison —elogió, Alice. Le sonreí por su comentario.
Allison sonrió y sus mejillas se volvieron rojas. Sabía que eso aumentaba su aroma, tuve que aprender a controlarme perfectamente ante eso, así que giré a ver a Jasper. Él estaba tranquilo, pero sabía que no estaba respirando. Los demás se mantenían como si nada.
—Gracias —murmuró.
Alice se encargó de iniciar la conversación, y prometí hacerle un regalo por eso, ella no dejaba que la plática se acabara e incluía a todos a participar, haciendo que Allison se sintiera cómoda y bienvenida. Rosalie la seguía mirando de igual manera, entre una mezcla de preocupación y ternura, pero al final terminó cediendo a la convivencia y hablaba animadamente con Allison.
Nunca había visto a Allison interactuando con otros chicos, así que me sorprendió su desenvolvimiento, siempre tenía algo que decir y hacía reír con sus comentarios. Emmett bromeó, pero contrario a lo que esperaba, Allison podía contestar astutamente a sus comentarios, haciendo que Rosalie sonriera por no dejarse amedrentar por su esposo. Jasper mantenía su distancia y de vez en cuando lanzaba uno que otro comentario malicioso en contra de Emmett, haciendo reír a carcajadas a las tres chicas. Mis padres igual reían y miraban con cariño la escena.
Me gustaba verla así, tan lejos de su silenciosa casa. Esto era lo que ella siempre deseaba. Convivir con otros chicos y que no la consideraran un bicho raro por no ver. Esa era su opinión acerca de ella, esa era la justificación que se daba por su falta de contacto con otras personas. Antes de que perdiera la vista, tenía amigos que la visitaban cada fin de semana y salía al cine con ellos, pero cuando quedó ciega, todos ellos no supieron cómo tratarla, dejaron de visitarla y la evitaron hasta el día de hoy. Pero estar entre nosotros, platicando y que nadie la discriminara por sus ojos, ella se sentía feliz, muy feliz.
A media tarde, mi madre le ofreció algo de comer. Tan concentrado estaba en lo que pasaba a mi alrededor, que ni siquiera me había acordado que Allison tenía que comer y que mi madre ya había pensado en ello, así que un rato antes, se había ido a la cocina a prepararle algo rápidamente, utilizando lo que compraba al azar para aparentar ser una familia de lo más normal. El estómago de Allison gruñó en ese momento, y los chicos rieron quedamente al escucharlo.
—Sí, ya es hora de comer —contesté, cuando ella pensaba negarse para no causar molestias.
La llevé a la mesa y todos nos sentamos a su alrededor. Y nuevamente se extrañó al darse cuenta de que nadie más comería, pues el ruido de las vajillas era sólo producido por ella.
—Nosotros almorzamos antes de que ustedes llegaran —dijo Rosalie, suavemente. Le agradecí apenas moviendo los labios— Disfruta tu comida.
Allison asintió y empezó a comer lentamente. Yo me quedé a su lado hasta que terminó y Esme levantó su plato vacío.
—Que rica pasta, señora —le dijo ella a mi madre. Esme sonrió enternecida. Era la primera vez que cocinaba y había sacado la receta de un viejo libro de cocina, y realmente dudaba de su trabajo.
—Me alegro de que te gustara, mi cielo —contestó mi madre.
Estuvimos un par de horas ahí con ellos, hasta que me di cuenta que ya estaba a punto de oscurecer y que tenía que llevarla a su casa, para que no se preocuparan Tianna y Lily. Mi madre la abrazó y mi padre besó su mejilla. Alice fue más emotiva, la abrazó por largos segundos y le pidió que viniera a visitarla seguido. Rosalie igual la despidió, besando su mejilla ligeramente, y los chicos se despidieron de lejos.
Mi padre me ofreció su auto para llevarla, así que le abrí la puerta y le ayudé a entrar. Encendí el motor y giré para tomar el camino hacia la carretera.
—Me agradó mucho tu familia, Edward —dijo ella.
—A ellos les encantaste —sus mejillas se sonrojaron.
—Jasper es muy callado, Emmett no deja de hablar al igual que Alice, y son muy, pero muy divertidos. Rosalie es algo silenciosa y mordaz, se parece algo a ti —abrí los ojos al escucharla, jamás en mi vida creí que me compararían con la perfecta Rosalie, según la rubia.
—¿Por qué piensas eso? —le pregunté, un poco preocupado.
—Sus voces y la manera de hablar, me parece de personas serias, demasiado grandes para su edad, como si hubiesen vivido demasiado. Además, de que usan palabras elegantes y sofisticadas que los demás casi no comparten, me parecen algo clásicos, ya sabes, como de otra época —dijo ella, encogiéndose de hombros.
Claramente Rosalie y yo veníamos de una época y ambiente totalmente distinto al de los demás. Todos eran elegantes y sofisticado, Carlisle y Esme por la madurez en la que fueron convertidos y el rol que tienen en nuestra familia, Emmett es el chico relajado y divertido, y por lo tanto su actitud suele ser rudo en ocasiones, Alice es toda una señorita de buenos modales y rebosante de energía, Jasper es serio y regio, todo un joven militar, con una disciplina sorprendente. Pero Rosalie y yo nos criaron de una manera similar, de buenos modales y nunca hablar más de lo necesario. Obligados a respetar ciertas reglas y etiquetas. Ambos fuimos de familia bien acomodada en nuestros tiempos. Quizás por ello, tenemos actitudes que los demás no. Nos parecemos como dice Allison, aun así, no deja de ser extraño.
—¿Pero te agradamos? —le pregunté.
Ella giró la cabeza hacia mí y sonrió dulcemente.
—Completamente —aseguró.
Cuando llegamos a la casa, Tianna y Lily le reclamaron por ausentarse demasiado tiempo y preocuparlas demasiado. Yo intervine y les dije que fue totalmente mi culpa, pues la invité a mi casa de improviso, sin darle tiempo a avisar.
—Estoy bien, ¿de acuerdo? Nada me pasó, estando con Edward nada malo me pasara —les aseguró a ambas mujeres. Ellas dos asintieron y suspiraron tranquilas, y se fueron a la cocina, después de preguntarnos si queríamos comer algo.
Quería estar tan seguro como Allison, quería creer totalmente que a mi lado nada le pasaría. Pero hoy la llevé a un lugar rodeada de seres sedientos de sangre, que estarían más que dispuestos a destrozarla si una sola gota de sangre saliera de ella.
Allison y yo nos fuimos a la sala, y esta vez no se olvidó de encender las luces. Nos sentamos en el sofá y ella se quitó los guantes y el gorro negro. Estaba cansada, para ella había sido un día lleno de emociones.
—Al final del día, no es tan malo volver a casa —dijo, ofreciéndome su mano— Gracias por acompañarme y luego llevarme a conocer a tu familia. Me divertí con ellos y mi día no fue tan triste, supongo que así es como mi madre quiere que sea siempre —suspiró largamente, y luego sonrió de manera preciosa— Gracias por estar aquí, Edward.
Quería decirle que soy yo quien tiene que agradecerle por existir. Ella no sabe lo que provoca en mí, no sabe que por su causa es que ya no me siento tan inconforme con mi condición. Creo que vale la pena ser lo que soy, porque es hasta ahora que pude conocerla y estar cerca de ella.
Su cabeza se colocó en mi hombro y por primera vez, se quedó dormida ahí. Cuando Tianna entró para decirnos que la cena ya estaba servida, le pedí que me indicara su habitación, aunque ya sabía cuál era, y tomándola en brazos, la llevé a la cama. La cubrí con las sabanas, y no besé su frente como deseaba hacerlo, pues la muchacha estaba viéndome, y me despedí de Tianna, dispuesto a volver a casa.
Hola. Prometi no volver hacerlo, pero en verdad la escuela me ha tenido estresada. Lamento la tardanza.
Espero que les haya gustado, y decidan dejarme un comentario. Se los agradecería mucho.
Gracias por leer. Nos leemos el próximo viernes.
By. Cascabelita
