Además de la cabeza de la pelirroja, otras tantas se volvieron con miradas brillantes e intensas. Varias sonrieron al escuchar aquella pregunta salir de sus labios. Ginny fue una de esas.

-Sé que son unos pervertidos y unos depravados-rió-, pero creo que, si tuviera marido, me gustaría que fuera alguno de ellos.

-¿Sabes que el lunes Malfoy se acostó con una de tercero?-chismorreó una compañera, Parvati. Ahora las miradas se centraban en ella, incluida la de Hermione.

-¿Cómo?-chilló Hannah Abbot. Era una morena de la clase contigua, que estaba detrás de Draco. Y aún no había conseguido siquiera que le hablara.

-Por lo visto, la chica se acercó a él preguntándole si estaba libre aquella tarde, y el muy cerdo le dijo que sí.

-¿Quién es?-en la voz de Hannah se denotaba cierta obsesión. Parvati dudó antes de responderle, señalando a una chiquilla más pequeña que ellas, sentada en una esquina del patio y conversando con sus amigas, siempre con la mirada puesta en el rubio.

-Es ella. La de la derecha.

-¿Creéis que Draco hará lo mismo conmigo si le pregunto si mañana por la mañana puede recogerme?

-Lo dudo mucho-Hermione se mordió el labio al decir aquellas palabras.

-¿Por qué, Herms?

-Draco y Blaise vana recogerme mañana a mi casa-bajó la cabeza ante la fulminante mirada de la morena-. Yo no fui quien se lo pidió-aseguró-. Ellos se ofrecieron.

-¿Por qué aceptaste?-la chica estaba al borde del llanto-. Sabes que a mí me gusta Draco. Deberías pensar un poco más en tus amistades, Hermione-respondió secamente.

-¡Hannah! No dije que sí, ellos me dijeron que irían a recogerme sin saber mi opinión. No es mi culpa que no seas lo suficiente capaz de acercarte a él y preguntárselo-le reprochó. Volvió a cerrar la boca al saber que las palabras que acababa de decir herirían a su amiga.

Pero la reacción de ésta fue diferente a la que ella esperaba: gritos, insultos, malas miradas o llantos. La chica se levantó y, con paso seguro, se internó en el campo de fútbol. Lo recorrió con la cabeza bien alta, y Hermione supo que la estaba desafiando. Era su manera de insultarla.

Las chicas miraron primero a Hermione, un poco asustadas, y después volvieron a observar cómo Hannah se acercaba a Draco por al espalda. Ellas eran conscientes de que todo el patio miraba los movimientos de la chica. Pudieron oír un "Otra puta que va a por Malfoy" cerca, pero lo ignoraron.

Hermione estaba pendiente de cómo ella llamaba al rubio, éste se volvía fingiendo sorpresa, y la escuchaba. Sus labios se movieron durante unos minutos, y mientras Draco hablaba con arrogancia, Hannah intentaba no bajar la cabeza doblegada por la belleza del chico y el pudor.

Finalmente, él sonrió desdeñosamente y ella se giró. Un extraño silencia se extendía por el patio. La morena llegó a la altura de sus amigas con el pecho bien henchido de orgullo y se sentó junto a ellas.

Cuando el normal murmullo de voces volvió a escucharse, ella se encogió y sollozó desesperada. Varias compañeras se apresuraron a acercarse y apoyarle la mano en el hombro para animarla.

-¿Qué ha pasado, Hannah?

-Hermione tenía razón-murmuró entre hipidos. Grandes lágrimas empapaban su cara-. Le pregunté si quería recogerme mañana en mi casa...

-Y te ha dicho que va a por Hermione-la ayudó Ginny.

-Sí. Le dije que tú no querías-miró interrogante a la castaña. Ella asintió, dándole la razón-. Pero él me contestó que no importaba. Que iban-él y Zabini-a recogerte.

-Lo siento, Hannah-se disculpó Hermione.

La chica se sintió mal. Pero no por ella, sino por el sentimiento que acababa de surgir en su interior. Al escuchar las palabras de Hannah "Pero él me contestó que no le importaba"...una alegría insospechada la había inundado. Se suponía que debería sentirse mal, porque no soportaba al rubio y a su amigo.

Al principio, creyó que se debía al rencor hacia Hannah de haberla culpado. Pero después, tuvo que convencerse a sí misma de que a ella le estaba empezando a encontrar su atractivo a los dos. ¡Estaban empezando a gustarle dos chicos! Le parecía algo imposible, tratándose de ellos. Pero ella era un adolescente, tan llena de hormonas como cualquier otra. Benditas hormonas... (N/a: xDDD sii benditas hormonas!! Putas!!! ¬¬)

¿Por qué no dejar de ser la de siempre? ¿No había cambiado de look? No pasaba nada si disfrutaba un poco con el sexo masculino. Y, si los dos estaban interesados en ella, no tendría nada más que aprovechar el momento.

En ese momento, la campana que indicaba el final el recreo sonó, y una marea de alumnos se precipitó al interior del edificio. Seguida de sus amigas, Hermione se dirigió a su clase.

Cuando entraron, la profesora Sprout estaba preparada con los materiales necesarios para su clase de Biología. Todos ocuparon sus asientos y la clase comenzó. Toda la tarde transcurrió sin ningún incidente, excepto que Neville Longbottom volvió a tirar toda la practica al suelo de un torpe e inintencionado manotazo.

Después, llegó la profesora Sinistra con su clase de Matemáticas. Después, el timbre volvió a sonar, esta vez para dar por terminada la jornada escolar. El profesor Snape la asaltó en el camino para decirle, muy a su pesar, que ese día no tendría que ir a la retención porque él no estaba esa tarde.

-Procuraré que usted cumpla con el castigo, Granger, algún otro día.

Cuando salieron por la puerta del instituto, las chicas sólo hablaban del baile de pascuas, al igual que todos los días anteriores. Hermione se despidió y salió rápidamente de allí, dejando atrás a todos los alumnos.

Cuando ya había salido del centro y caminaba entre los coches y motos de los alumnos, en el aparcamiento, un brazo la prendió de la cintura, tirando de ella.

Hermione ahogó un grito, y se chocó contra un bien formado pecho masculino, que desprendía una fragancia a menta fresca muy agradable. Alzó la cabeza y se chocó con unos grises ojos, y una cabellera desordenada rubia platino.

-Granger, estábamos esperándote-sonrió mientras señalaba su coche negro. Blaise los esperaba dentro, recostado en la parte trasera.

-¿Qué pasa si yo no quiero ir con vosotros?

-Vas a venir, quieras o no-le advirtió, sonriendo.

-No puedes obligarme-le recordó-. Puedo empezar a gritar pidiendo ayuda.

-¿Realmente quieres dejar pasar una oportunidad así?-se acercó más a ella, aún con su brazo rodeando su cintura. Hermione sintió su frío aliento en su rostro, y tembló ligeramente.

-Cállate, Malfoy-le espetó. Pero el rubio sabía que estaba bromeando, y la dejó libre. Se montó en el asiento del piloto, y le indicó que fuera atrás, con Blaise.

Abrió vacilante la puerta, y el moreno se apartó. Entonces, Hermione pudo ver que él no llevaba su camiseta azul, y dejaba en visión un torso tan perfecto como el de su amigo Draco. Puso los ojos en blanco, suspirando. Estar cerca de dos hombres así era demasiado tentador.

Cerró la puerta y se sentó junto a él, quien la miró con una sonrisa pintada en los labios. Draco puso en marcha el vehículo, casi atropellando a varios alumnos que pasaban andando por el aparcamiento del instituto. A duras penas pudo ver cómo Ginny, seguida de Hannah, Parvati y Lavender, la miraba sorprendida.