Ella me hace revivir
Día 15. Tren de las 06:22
«Debemos coger el tren de vuelta» dijo Emma después de un rato sin moverse de los confortables brazos de la morena.
«Emma, lo siento mucho»
Al escuchar su voz, la rubia comprendió que estaba llorado y se separó rápidamente para mirarla a la cara.
«No llore, ¿por qué está llorando?»
«Porque…porque…me siento miserable. Le he soltado mis historias desde hace días, mientras que…»
«No, Regina, se lo prohíbo» dijo secamente, haciendo que se sobresaltase «Le prohíbo que comience a comparar nuestras historias. Yo viví algo horrible y lo sé. Pero me niego que eso la haga cambiar con respecto a mí ni que su mirada cambie, o sea lo que sea que esté pensando. He visto a muchas personas teniéndome lástima, no lo soportaría verlo en sus ojos, yo…»
«Emma, no tengo piedad de usted. Lo que tengo es vergüenza de mí misma y me culpo por haberle hecho daño. Pero EN ABASOLUTO siento piedad, la respeto mucho para eso» dijo ella acariciando su mejilla.
«Gracias» dijo suspirando
«Venga aquí» dijo Regina atrayéndola hacia ella de nuevo y Emma se dejó hacer si la menor vacilación.
Pasó su brazo alrededor de la cintura de la morena y se acurrucó contra ella, prefiriendo no pensar en otra cosa que no fuera su mano en sus cabellos y sus labios que no dejaban de posarse en su cabeza.
«¿No tiene miedo de que nos crucemos con Aurora y que se haga una falsa idea y le cuente a Kathryn?» preguntó tímidamente.
Regina se quedó un momento en silencio deslizando indolentemente sus dedos por la larga cabellera rubia de su vecina.
«Me rio de lo que Aurora pueda pensar»
«Sí, pero si esto le crea problemas»
La morena ajustó su posición para estrecharla aún más fuerte contra ella, dándole a entender sin palabras que no pensaba actuar de otra manera.
«Se está bien así» dijo ella al cabo de un rato, haciendo tamborilear el corazón de la rubia en su pecho.
Se sorprendieron gruñendo de frustración cuando llegaron a la estación. Se miraron ligeramente incómodas y Emma carraspeó para crear una distracción y salieron juntas.
«Bien, hum…¿Vamos a ver a qué hora es el próximo tren?»
«Sí» respondió la pianista siguiéndola por la estación
«Mierda» dijo Emma al llegar frente a los tablones de anuncio «El próximo para Boston sale dentro de una hora»
Regina miró su reloj e hizo una mueca a su vez.
«No veo sino una solución»
«Al menos usted ve una» resopló ella «Mi jefa me va a matar»
«¿No es buena?»
«Sí, es simpática, pero esta mañana ella debía ponerse con las cuentas y yo ocuparme sola de las ventas»
«Vamos, venga, vamos a intentar que no se retrase más»
«¿Y cómo?»
«Cogiendo un taxi» respondió ella con naturalidad
La rubia se detuvo, captando la atención de la joven.
«¿Miss Swan?»
«Hum…es…Es bastante caro, ¿no?» preguntó incómoda
«¿Nunca ha cogido un taxi?»
«No» confesó
«Bien, será su bautizo. Y no tiene que preocuparse por el precio»
«Regina no tiene que pagar por mí. Es mi culpa si nos encontramos en esta situación»
«Es culpa de las dos»
«Ok, pero no tiene que pagar»
«Pero, no me molesta, y de verdad me gustaría ofrecerle su bautizo de taxi»
«Así no funcionan las cosas, no quiero su caridad»
«Oh Miss Swan, ¡qué orgullo malentendido! No es caridad, deseo coger un taxi, usted disfruta del viaje conmigo o me abandona en ese vehículo donde quién sabe lo que podría pasarme»
Emma suspiró sonriendo, comprendiendo que no tendría la última palabra y subió en el coche ignorando la sonrisa de satisfacción de la morena.
«Solo tendrá que comprarme macarrons de manzana»
«¡Qué golosa!»
«Oh, no se hace una idea»
«¿Dónde van?» las interrumpió el conductor
Regina dio la dirección de la tienda, sorprendiendo a la rubia que no se habría esperado que se la supiera de memoria.
«Gracias Regina»
«Con gusto»
Durante todo el viaje hablaron distraídamente, intentando tanto una como la otra atenuar la tensión producida por los últimos acontecimientos. Emma no quería admitirlo, pero estaba muy excitada por coger un taxi por primera vez en su vida. Observaba el contador, estresándose ante la rapidez con la que la suma iba subiendo. Se sobresaltó cuando Regina le tomó la mano.
«No se angustie, el precio no importa»
«Con la rapidez en que va pronto representará la mitad de mi salario mensual»
«No se preocupe» repitió ella como si no se atreviera a decir que eso era un grano de arena en sus finanzas.
Se pusieron a hablar sin interrupción hasta la llegada a Boston.
«¿Quiere visitar la tienda?» preguntó Emma
Regina vaciló antes de declinar la oferta.
«La próxima vez, si me doy prisa, puedo llegar a tiempo a mi clase»
«Gracias otra vez» dijo Emma besando su mejilla «Hasta esta tarde»
«Hasta esta tarde»
Día 15. Tren de las 13:57
Emma estaba sentada en su sitio y miraba el sitio vacío a su lado. A pesar de haberse despedido de una forma ligera, desde que había llegado al trabajo, no podía dejar de lado todo lo que le había confesado a la morena. Le había contado la parte más oscura de su vida, se había dejado reconfortar, pero sobre todo, se había sentido en su lugar en sus brazos, en su lugar cuando le contaba todo. Ya no podía negar la atracción que sentía por la pianista, si podía seguir hablando de atracción, porque no era su cuerpo lo que quería, sino su alma. Quería sus brazos, su sonrisa, su pasado, su futuro. Quería conocer a su hijo, a sus padres y presentarle a Mary Margaret. Quería aplaudirla otra vez y escucharla interpretar solo para ella.
Sin darse cuenta, lágrimas silenciosas se deslizaban por su mejilla cuando un hombre interrumpió sus pensamientos.
«Emma Swan»
Ella levantó la mirara y reconoció inmediatamente al hombre de cabellos despeinados y de pequeñas gafas.
«¿Dr. Hopper? ¿Qué hace usted aquí?»
«Cojo el tren»
«¡Qué coincidencia!»
«¿Sabe? Hace varios meses que cogemos el mismo tren, cada mañana a las 06:22 la veo subir»
«¿No vive en Boston?»
«No, al igual que usted, hago el trayecto todos los días. La única diferencia es que usted no coge este para volver, ¿verdad?»
«No, me han dado libre la tarde»
«¿Este asiento está ocupado?»
Emma pareció pensar por un momento y finalmente dijo que no con la cabeza.
«A excepción de hoy, parece que está mejor de un tiempo a esta parte»
«¿Pretende que tengamos una sesión en un tren?»
«Desde que dejó de venir, me he preguntado cómo le iban las cosas»
«Mejor, doctor, se lo aseguro, deje de ir porque estaba mejor»
«Por supuesto, pero hoy no parece ser el caso»
«He tenido una mañana difícil»
«¿Quiere hablar de ello?»
Emma resopló como de costumbre, pero para ser sincera, volver a hablar con su antiguo psicólogo le proporcionaba seguridad.
«Voy hacia delante…Creo…psicológica, emocionalmente»
«Emocionalmente, ¿afectivamente?»
«¿Qué insinúa doctor?»
«La he seguido durante año y medio, Miss Swan, tres veces a la semana, sé ver cuándo está diferente»
«Está…esa…persona…que me gusta…esa…persona me hace sentir cosas que no había sentido desde hace tanto tiempo que me da miedo»
«¿Qué siente usted?»
«Yo no…Es difícil poner palabras. Es hermosa, es…tiene no sé qué que hace que me pierda. En cuanto pienso en ella, en cuanto interactuó con ella, mi corazón estalla en mi pecho hasta casi ser doloroso. Es un rayo de sol en mi vida, me hace reír, me hace revivir. Tengo la sensación de estar sobre una pendiente resbaladiza que me lleva derecha a una catástrofe, pero soy incapaz de detenerme. Soy incapaz de cortar el contacto y soy incapaz de disciplinar mi pobre corazón que se embala ante la sola idea de que ella pueda pensar en mí. Tengo la sensación de agarrarme a un fantasmagórico sueño, una fantasía a la que nunca tendré derecho.
Pero, en el fondo es mi culpa, todo nos separa, como si un océano se extendiera entre nosotras condenándome a verla sin jamás alcanzarla. Sabía que nada sería posible en este apego estúpido en sentido único. ¿Cómo una…persona como ella se podría fijar en una chica como yo?
Así que, me lo trago, cuelgo una sonrisa en mi rostro y me digo que no es grave, que todo eso no tiene gran importancia, que solo es un tonto enamoramiento. Me digo que soy feliz, que prefiero no comerme la cabeza y dejar la vida seguir su curso y ver a dónde me lleva. Hago como si mi corazón no me suplicara que actúe, que haga algo, cualquier cosa para no lamentarme. Pero no hago nada, porque no tengo el derecho de hacerlo, miento a mi corazón que sangra persuadiéndome de que es mi soledad la que me hace aferrarme tanto a un espejismo»
Emma secó sus lágrimas y miró al doctor perdido en sus reflexiones, las cejas fruncidas.
«¿Por qué no tendría usted derecho a esa felicidad?»
«Porque yo no soy nadie en su vida, solo una loca en un tren»
«Ah…» dijo él «Ya dudaba yo de que esa maravillosa morena no era ajena en su nueva felicidad. Sí, señorita Swan» añadió el ante su expresión atónita «Cuando se la conoce, incluso de lejos no es difícil remarcar los cambios que se operan en usted últimamente»
«Ella está casada» dijo en un murmullo.
«¿Con un hombre?»
«Con una mujer que no la merece. ¿Estoy hablando con el médico?»
Él asintió y Emma comenzó a contarle la situación, sus sentimientos, sus impresiones, su miedo de sobrepasar los límites, de no mantenerse en su sitio en la toma de posición que hace regularmente. Le dijo que no comprendía por qué Regina le daba otra oportunidad a su mujer, del dolor que había sentido y de la vergüenza de sentirlo y finalmente de los celos que sentía hacia Kathryn que poseía un tesoro que no apreciaba como se merecía.
«Esa mujer representa trece años en la vida de su amiga. No es fácil poner punto y aparte. Ella es su única, tienen un hijo…»
«Pero ella ni siquiera lo quiere, cuando Henry parece ser un niño tan adorable»
«Eso no tiene nada que ver con su manera de razonar. El hecho es que Henry ha nacido de la voluntad común de tener un hijo, no puede separarlo completamente de ella, aunque Kathryn no sea una madre para él. Ella pasó de casa de sus padres a una vida en común con su esposa, debe estar aterrorizada ante la idea de convertirse en madre soltera, aterrorizada ante la idea de hacer la mala elección. Imagine las preguntas que deben asaltar a su mente. ¿Y si el divorcio sale mal y Henry sufre? ¿Y si está haciendo lo incorrecto? ¿Y si cierra la puerta al amor de su vida antes de que pueda volver a ser la que era? ¿Y si es la culpable de la situación? ¿No sería egoísta destruir lo que aún queda? ¿Y si un día Henry le reprocha que haya destrozado su equilibrio? ¿Y si su hijo queda perturbado y no puede desarrollarse como cualquier otro niño? ¿Y si…? Tantas preguntas que deben rodar por su cabeza que le dan ganas de creer en las palabras de su mujer, de creer en el hecho de que puede cambiar, en esa última oportunidad»
«Yo no…no había…Pero…Estoy segura de que ella volverá a las andadas»
«Sinceramente, yo también, y si eso pasa, esa última traición permitirá a su amiga hacer el duelo de su relación»
«Pero va a sufrir»
«Pase lo que pase, sufrirá, usted no puede hacer nada, salvo estar presente»
«¿No sería aprovecharse de su vulnerabilidad?»
«No le estoy diciendo que le salte encima, le digo que esté ahí, que le muestre su respeto y su afecto, sin atosigarla, sin apremiarla. Quién sabe…quizás usted sea su detonante para afrontar todo eso»
«¿Lo cree?»
«No lo sé, quizás, desde fuera es evidente que pasa algo, amistad, ternura o amor…Solo el futuro nos lo dirá. No espere nada y no lamentará nada»
«¿Le debo una consulta?» dijo ella divertida tras escuchar el anuncia de la llegada a la estación.
«No, esta ha sido gratuita. Y señorita Swan, pase lo que pase, no pierda la sonrisa que ha tenido en el rostro estos últimos días. Es bueno verla así»
«Gracias doctor» dijo ella sonriéndole antes de bajar sintiéndose más ligera.
Día 16. Tren de las 06:22
Emma había apenas entrado en el vagón cuando vio que la morena se levantaba de un salto.
«Oh Emma» dijo precipitándose hacia ella y estrechándola en sus brazos, tan fuertemente que la rubia casi se quedó sin respiración.
«¿Qué ocurre?»
Regina no dijo nada y la arrastró hacia los asientos. Una vez sentadas, la observó, puso sus manos sobre sus mejillas con frenesí, después pasó una por sus cabellos devorando con los ojos su rostro. Emma iba a volver a preguntar lo que pasaba cuando la morena besó su frente y la atrajo de nuevo hacia ella, hundiendo su cabeza en su cabellera, respirando profundamente. Ella se dejó hacer y la estrechó a su vez, embriagándose con su divino aroma.
«Regina, hábleme, por favor»
«He tenido tanto miedo» dijo sin moverse.
Emma solo era consciente de la mano de la morena que había subido por su espalda para hundirse en su larga cabellera rubia. Intentó borrar su deseo de apoyar sus labios en la dulce piel de su cuello que se encontraba a escasos centímetros de ella, y se concentró en la turbación de su vecina.
«¿Miedo de qué?»
«Usted» dijo repentinamente con cólera, empujándola con fuerza «¿Cómo ha…ayer me…habló de…me dijo todo eso y después por la tarde usted…no estaba y yo…pensé que…yo…»
«¿Tuvo miedo por mí?» preguntó conmocionada
«¿Dónde estaba?» preguntó alterada la morena
«Estaba tan en mi mundo que mi jefa me dijo que me fuera a casa. Pasé la noche con Mary Margaret»
«¿Fue por mi culpa?»
«No…» se dio prisa en decir Emma acariciando su mejilla para tranquilizarla «No, no fue su culpa. Hablar de todo eso me trastornó, pero me hizo bien. Era la primera vez que hablaba de ello, necesité recomponerme un poco, pero usted no es culpable de nada»
Regina presionó su mejilla contra su palma y sonrió, se inclinó y besó su frente como si ese gesto fuera normal.
«Perdóneme, me inquieté mucho»
«Soy yo la que debe pedir perdón por haberle hecho preocuparse»
«Quizás…» la pianista carraspeó antes de continuar «Quizás si…si quiere, podríamos intercambiar nuestros números de teléfono. Quiero decir, a efectos prácticos, si una u otra tiene un inconveniente, la otra no tendrá que preocuparse»
Emma se sintió derretir al ver la inquietud en los ojos chocolate.
«Poe supuesto» dijo ella sacando su teléfono
«Y además así podremos hablar fuera de las horas de tren» dijo con tono desentendido
«Sí, por supuesto, es otro incentivo. ¿Cómo me va a registrar? ¿La irritante desconocida del tren?»
«No…He puesto "Emma, la irritante desconocida del tren"»
«¿Habla en serio?» preguntó mirando su pantalla por encima del hombro.
Regina rio apoyándose en ella para pincharla
«No, la he puesto como "Miss Swan", me gusta llamarla así. ¿Y usted cómo me va a poner?»
«MADAME Regina Mills» dijo ella enseñándole la palabra en mayúscula
«Oh, no, Miss Swan, ¿no me diga que aún no ha digerido la manera en la que se lo dije?»
«Fue una verdadera zorra»
«¿Disculpe?» se ofuscó ella
«Disculpas aceptadas» dijo Emma sonriendo de oreja a oreja.
«Hacía tiempo» resopló «¿Y usted estaba orgullosa de sí misma?»
«Sí» respondió sinceramente la rubia riendo
«Oh, venga, no me registre de esa manera»
«Hago lo que quiero»
«No sea niña y cambie eso»
«No, mamá, no quiero» dijo exagerando la entonación infantil.
«Me desilusionaré bastante si de verdad me ve como una mamá»
«¿Y cómo quiere que la vea?» preguntó ella con un tono lleno de sobreentendidos.
La morena la miró sorprendida y balbuceó algunas palabras incomprensibles antes de recobrarse.
«Como una amiga…Una…sí, una amiga. Bien» dijo de golpe «Borre ese madame, por favor, no me pega nada»
«Muy bien» dijo sin cuestionarla más «Voilà, Regina Mills. Ya está registrada»
Le enseñó la pantalla y se divirtió ante su sonrisa de satisfacción. Intercambiaron los números y continuaron charlando, evitando el tema Kathryn de momento.
Día 16. Tren de las 17:15
Cuando entró en el tren, Emma estaba bastante decidida a hablar con Regina sobre la pelea del lunes. No estaba tranquila porque en ningún momento habían vuelto a mencionar el tema. No sabía si la joven pianista se lo seguía echando en cara. Temía, sobre todas las cosas, haber quebrado algo en esa relación de confidencia que se había establecido entre ellas. Se sentó y esperó a Regina comenzando con un ejercicio de respiración para calmar su estrés.
«¿Está rezando?»
Abrió los ojos, volviendo a la realidad y vio a la joven sentarse.
«Heu, no…Hacía sofrología»
«Oh, dios mío, Miss Swan, sus cabellos» dijo riendo suavemente y comenzando a colocar en orden su larga cabellera rubia «¿Por qué esa necesidad repentina de la sofrología?» preguntó arreglando su peinado.
Emma agarró su mano que estaba en sus cabellos, deteniendo su gesto para concentrarse y tener las ideas claras. La mantuvo en la suya, incapaz de cortar completamente el contacto.
«Necesito que hablemos de nuestra pelea»
«Oh…» dijo Regina sin retirar su mano, al contrario, la giro para encontrarse palma contra palma, comenzando a jugar nerviosamente con los dedos de la rubia «¿De qué quiere hablar?»
«En primer lugar, sé que debo excusarme por mi comportamiento. No debería haber sido tan directa con usted»
«¿Me presenta sus disculpas no por sus palabras sino por la forma de decirlas?» preguntó ella calmadamente
«Sí. Escuche Regina, sé que debería, pero no puedo mentirle, la respeto demasiado para eso. Y si me va a culpar por ello, correré el riesgo porque usted vale la pena que lo corra»
«¿Valgo la pena el riesgo de perderme?»
«Si eso la lleva a ser feliz, entonces sí»
Regina detuvo su juego entre las manos y la miró. Su rostro expresaba estupefacción, duda, pero sobre todo una fuerte emoción.
«Yo…» comenzó ella insegura «No le echo en cara sus palabras, me dijo lo que pensaba y eso la honra. Pero usted no me conoce»
«Regina, la conozco lo suficiente para saber que no es feliz» dijo estrechando su mano.
«Miss Swan, las cosas son mucho más complicadas que eso»
«¿Qué es lo que es complicado aquí? Es feliz o no lo es»
«Creo estar escuchando a mi madre» resopló ella aunque no intentó huir la conversación «Las cosas no son tan sencillas, sé que quizás estoy haciendo la mala elección, pero…Kathryn es…Ella es mi mujer, la primera y la única, solo la he conocido a ella y la he amado mucho. ¿Y si cometo un error dejándola? La vida no es toda blanca o negra, necesito creer que ella aún me ama, que todos estos años no han sido en balde»
«Pase lo que pase, todos estos años no han sido en balde porque le han traído a Henry»
«Es con ella con quien he tenido a Henry, Miss Swan. Es a ella a quien desperté en mitad de la noche para decirle que quería un bebé, un deseo que intenté esconder porque ella no quería, pero era un deseo que yo llevaba en mi interior. Fue ella quien me hizo el amor para decirme que estaba de acuerdo»
«Perdóneme» dijo Emma soltando su mano y girándose hacia la ventana.
«Emma» dijo la morena después de un instante
«No, lo sé, perdóneme, no estoy en sus zapatos y no soy nadie para decir nada»
«Pero su opinión me importa. Solo intento…Deseo hacerle comprender lo que siento, por qué actúo de esta manera»
«Sé que es algo difícil cuestionar una parte de su vida. Pero créame Regina, aceptar la infelicidad en la que se vive es condenarse o condenar a los otros»
Mientras hablaba, Emma sintió que las lágrimas iban a aparecer en sus ojos y los cerró con rabia para retenerlas.
«Cuando yo…» Dijo con cólera, respirando con dificultad «Cuando Neal comenzó a…»
«Emma, no está obligada a …»
«No, lo necesito…Necesito hablar» dijo ella barriendo las lágrimas «Necesito que comprenda mi opinión, y está ligada a mi experiencia»
La joven pianista asintió con la cabeza y retomó su mano en la suya esperando a que ella se soltase.
«Cuando Neal…cuando comenzó a convertirse en el despojo humano en que se convirtió, yo buscaba excusas, estaba perturbado por su despido, se sentía humillado, su orgullo había sido pisoteado, era el padre de mi hija, todo no es blanco o negro, también era mi culpa porque yo era la mujer y yo traía el dinero a casa, ¿cómo podría tener él una buena opinión de sí mismo?»
«Pero, en fin, es…»
«Lo sé» la interrumpió Emma «Sé que es absurdo, pero cuando una parte tan importante de tu vida se desmorona, se encuentran excusas, se buscan razones para buscarle un sentido a todo. Se quiere creer que el otro padre de nuestro bebé es el bueno. Entonces nos mentimos, nos acunamos en la ilusión. Fue necesario la…» Su voz se quebró cuando las lágrimas comenzaron a brillar.
«Miss Swan…»
«No, necesito decirlo…Fue…fue necesario que perdiera a mi hija para aceptar que la situación no era normal y no iba a cambiar. Regina, no quiero que algo parecido le pase a usted. No quiero que un drama le haga abrir los ojos»
«Oh, Emma, la situación no es la misma» dijo ella apretándola contra ella y dejándola llorar.
La acunó un momento y continuó sus caricias en sus cabellos, incluso después que dejase de llorar.
«Kathryn no le hará nunca nada a Henry, ni a mí. Tiene defectos, pero…no nos hará daño»
«¿No ve que ya se lo ha hecho? Henry no tiene ningún lazo con ella, usted llora y sufre sus engaños»
«No lo sé, yo…Sé que es un riesgo que corro, pero…Si queda amor y respeto en ella hacia mí, sabrá recular, no me traicionará de nuevo»
Emma se alejó de sus brazos a regañadientes y suspiró.
«Entonces, ¿es eso? ¿Una especie de última oportunidad?»
«Yo diría que es una última esperanza, yo…creo que…necesito creer que no he podido estar compartiendo la vida con un mujer durante trece años y que no represente nada a sus ojos. Necesito comprender por qué ha actuado de esa manera»
Emma se levantó para esperar la entrada a la estación y posó su mano sobre la mejilla de la morena. Se inclinó y besó tiernamente la otra mejilla.
«Le deseo que ese así sea»
Día 17. Apartamento de Emma 22:16
"¿Estará en el tren mañana?"
Emma parpadeó un momento hasta que se dio cuenta de que el mensaje era de Regina.
"Por supuesto, como todas las mañanas"
"No se retrase Miss Swan, salga con tiempo de antelación"
La joven intentó comprender si no habría algún sobreentendido tras esas recomendaciones, decidió seguirle el juego de momento.
"¿Yo? ¿Retrasada? Nunca me atrevería a llegar tarde"
"No se haga la inocente, sus legendarias carreras hablan por sí solas"
"¿Tiene miedo de que pierda el tren?"
La respuesta tardó un poco en llegar y Emma se sorprendió golpeando su teléfono mientras esperaba.
"Necesitaré su presencia mañana por la mañana"
"¿Todo va bien Regina?"
"No, no muy bien, pero no quiero molestarla en su descanso"
"Usted no me molesta nunca y de todas maneras mi noche se resume en tres palabras: pijama, pizza y tele. ¿Qué ocurre?"
"Se lo contaré mañana, pero tiene que ver con Kathryn"
"¿Ha hecho algo?"
"No, en fin, no realmente. No lo sé, necesito su opinión"
"¿No tiene miedo de lo que pueda decirle?"
"Al contrario, su opinión y sus consejos cuentan para mí"
Emma sintió su corazón latir desbocadamente y modificó varias veces su próximo mensaje antes de enviarlo.
"Para mí es su felicidad lo que cuenta"
A penas su mensaje enviado, aplastó su teléfono bajo la almohada, maldiciéndose ya por haber escrito eso. Se hundió en la ducha para aclararse las ideas y para no pensar en la respuesta o no respuesta de la morena. Nada más salir, quince minutos más tarde, corrió hacia el teléfono y abrió febrilmente el mensaje.
"La suya también me importa…"
Observó durante un rato esos pequeños tres puntos haciéndose un millón de preguntas sobre su posible significado
…y deseo ser parte de ella
…Pero vivimos en un sueño
…y ese sencillo hecho me conmociona
…y quiero sus manos sobre mí desde mañana
…Y no comprendo lo que me une a una mujer como Kathryn cuando tengo a una mujer como usted frente a mí
…Y quiero abrirle nuevos horizontes desde mañana en ese tren, lugar de nuestro encuentro.
Resopló y barrió rápidamente algunas de esas suposiciones absurdas y buscó una respuesta adecuada.
"Usted contribuye mucho a ello. Los viajes en tren no me entusiasmaban antes de conocerla"
"Creo que somos dos, sin nuestro encuentro nunca habría dejado mi Mercedes en el garaje después de su reparación"
"El transporte público tiene finalmente algo bueno"
"¿Quién lo hubiera dicho, verdad? "
Emma pasó su dedo por el pequeño emoticono sonriente y no hizo nada por calmar su sonrisa.
"A Kathryn no le gusta que pase tanto tiempo al teléfono" Recibió antes de haber podido responder.
"¿Está celosa?"
"Creo que inquieta más bien. No deja de dar vueltas a mi alrededor preguntándome cuándo me voy a acostar"
"¿No le pregunta quién es?"
"Ella sabe que es usted"
"¿Le ha hablado de mí?" El corazón de Emma estaba cerca de la explosión.
"Le he dicho que me he hecho una amiga melómana en el tren"
"¿Sabe que fui al concierto?"
"Sí, se lo dije cuando discutimos, que cuando mi mujer no podía hacer el viaje, una nueva amiga no dudó en hacerlo"
Emma se dejó caer en la cama, apretando su teléfono contra su pecho. No sabía cómo gestionar todas las emociones que se apoderaban de ella y bullían en su interior. Regina no había dudado de hablar de ella a su mujer.
"¿Por qué fue a mi concierto?"
La joven vendedora reflexionó un momento en cómo formular su respuesta.
"No lo sé muy bien, dudé mucho. Pero es una parte importante de usted y estaba tan entusiasmada que sentí ganas de verlo. Sentí deseo de escucharla para comprenderla mejor, creo"
Golpeó sus dedos en el lateral del teléfono antes de apretar rápidamente la tecla de envío. Miraba fijamente la pantalla sin moverse desde hacía cinco minutos cuando la respuesta llegó.
"Eso representa mucho para mí. Tanto que me cuesta expresarlo. Hacía mucho tiempo que nadie hacía algo tan amable por mí. Y hacía mucho tiempo que no tenía a nadie que me provocara el deseo de tocar para ella, a excepción de Henry y mis padres"
Emma creyó desmayarse mientras leía la respuesta. Rápidamente un "Buenas noches, Miss Swan, y hasta mañana" llegó y la joven comprendió que la morena quizás tenía miedo del giro de la conversación, y prefería cortar amablemente. Se levantó y caminó de aquí para allá tecleando una respuesta.
"También me gustaría escucharla otra vez, fue un embelesamiento más fuerte que todo lo que hubiera podido imaginar. Le deseo una dulce noche y estaré puntual mañana"
"Gracias"
La rubia suspiró dejándose caer en la cama con los brazos cruzados sobre su pecho. Esa mujer verdaderamente le daba vueltas la cabeza y a pesar de todos sus miedos…le gustaba eso.
Día 17. Tren de las 06:22
«En punto e incluso antes» dijo Emma sentándose
«Espero no haber invadido su espacio anoche»
«¿Está de broma? Solo interrumpió mi maratón de Juego de Tronos»
«¿Qué serie es esa?»
«¿Habla en serio?»
«Sí, no la conozco»
«Dios mío, Regina, toda su educación está por hacer»
«Es libre de hacerla»
«Es peligroso, podría tomarle la palabra»
«Se aburriría si dijera que sí»
«Todo lo contrario Regina»
La morena la miró fijamente y carraspeó
«¿De qué quería hablarme?» dijo Emma para aligerar un poco la tensión que rápidamente se había instalado.
«No sé cómo actuar con Kathryn»
«Cuénteme lo que ha pasado»
«Anoche, acosté a Henry a las siete mientras que Kathryn se había marchado a tomar un baño. Entonces, antes de bajar al salón pasé por la habitación para ver dónde estaba. Tras escuchar que todavía estaba bajo el agua, me disponía a salir cuando su teléfono comenzó a sonar. Miré y como en la pantalla se leía "Marc (trabajo)" le pregunté si quería que respondiese. Ella me dijo que no, que seguramente no era importante, así que dejé el teléfono sobre la cama. Yo no estaba tranquila, así que decidí preparar mis cosas para el día siguiente para encontrar una razón para estar en la habitación. Lo escuché sonar y miré a ver si la persona había dejado un mensaje de voz, pero era un sms. No pude evitarlo, encendí la pantalla y leí el mensaje que se mostraba completamente»
«¿Qué había escrito?» preguntó la joven ante el repentino silencia de su amiga.
«Muchas cosas y nada a la vez, estaba escrito "Sé que tú no quieres que te escriba ahora, pero te echo de menos" y en otro mensaje "No soporto que estés atada a tu mujer"» Hizo una pausa e inspiró profundamente «No sé qué pensar»
Emma enjugó inmediatamente una lágrima que había corrido por la mejilla de la morena y la obligó a mirarla.
«Comience por decirme todo lo que le pasa por la cabeza, suéltelo todo, vacíe su carga, estoy aquí»
Regina hundió su mirada en la suya y la joven rubia creyó ver que sus ojos se dirigieron a sus labios. Borró ese pensamiento y se concentró en el presente.
«No lo sé, me pregunto qué pensar. No tengo ninguna duda de que es alguna de sus amantes. La cuestión que me hago es, ¿antigua o no? Ella dijo "no quieres que ahora te escriba", ¿qué quiere decir ese "ahora"? ¿Quiere decir que no la escriba más o de momento, hasta que la otra baje la vigilancia?»
«No hable de esa manera de usted misma Regina»
«Es así como ellas deben hablar de mí, riéndose de mi ignorancia, de mi ingenuidad mientras que se tiran a mi mujer»
«Al menos usted tiene valores, usted vale más que todas esas mujeres juntas»
«Gracias» Respondió enrojeciendo «Pero, ¿qué opina usted? ¿De esos mensajes?»
«Yo…» Emma dudó, insegura de cómo iría a recibir su opinión.
«Hable honestamente, no tema herirme»
«Creo…Lo siento Regina, pero no creo que Kathryn esté siendo honesta. Esa mujer no parece en estado de "llamada desesperada". Le dice que la echa de menos, pero no le suplica que no corte los lazos con ella. Si fuera una amante rechazada, habría escrito cosas como "Por favor, no me dejes" o "No puedo imaginar no volverte a ver". Cosas de ese estilo. En mi opinión ese mensaje, el "ahora" hace referencia al horario, Kathryn ha debido decirle que ya no le escriba cuando este en casa. Y además la prueba más evidente es el contacto. Si fuera sincera y clara, ¿por qué tener registrada a esa chica bajo un nombre de hombre con la mención de trabajo?»
Regina no retenía sus lágrimas, su rostro imperturbable como si intentara no mostrar ninguna emoción.
«Perdóneme Regina, lo siento si mis palabras la hieren»
«No, usted es honesta conmigo. Me dice lo que piensa y de verdad lo aprecio. Lo que más me hiere es que en mi interior…creo que sé que usted tiene razón…Necesito comprender para avanzar. ¿Por qué ella se ha vuelto así? ¿Es por mi causa? ¿Es que he dejado que me engañe todo el tiempo?»
«A eso tengo la respuesta. Pase lo que pase ahora, Kathryn la ha amado, es una certeza. No sé lo que ahora ella siente, y sienta lo que siente eso no excusa su comportamiento a mis ojos. Pero ella la ha amado, sinceramente, plenamente, durante muchos años, estoy segura. La primera, su mejor amiga, un matrimonio, tantos años de vida en común, el amor no ha podido sino ser tan sincero como usted lo creyó en su época. No sé lo que ha provocado la situación actual, quizás ha cambiado a lo largo del camino, quizás las dos han cambiado.
Pero no hay que vivir en el pasado Regina, necesita avanzar, merece la felicidad que ella ya no le ofrece, merece el respeto que ella ya no le concede, merece la adoración que ella aún debería profesarle»
«No hable así» dijo dulcemente
«¿Por qué?»
«Porque usted…eso me…» Regina hundió su mirada en la suya y se acercó «Gracias Miss Swan» dijo ella cuando estaba cerca de su rostro y se separó un poco para darle un beso en la mejilla «Gracias» dijo cogiéndole la mano.
«¿Qué va a hacer?» preguntó Emma después de un momento de silencio reconfortante, ignorando las dos que aun mantenían sus manos unidas.
«Me cuesta ver claro. Creo que voy a hacer como si nada hubiera pasado, voy a intentar reunir pruebas, voy a buscar algo para enfrentarme a ella, estar segura, reunir coraje, reflexionar sobre el después y pensar en el momento oportuno»
«Tiene razón, estar segura es lo correcto»
De nuevo el silencio se instaló, sus manos sin soltarse, sus dedos jugando entre ellos.
«Me arrepiento de haber hecho el amor con ella»
«¿Disculpe?»
«Después de nuestra pelea, me arrepiento de haber sucumbido, se ha reído tanto de mí»
«No lo lamente, es ella la que debe lamentarlo, no usted»
Regina le sonrió y suspiró, se inclinó y apoyó su cabeza sobre el hombro de la rubia sin soltar su mano. Emma dejó que su corazón latiera por esa mujer fuerte y frágil a la vez, apoyando su mejilla sobre su cabeza permaneciendo de esa manera hasta la llegada a Boston.
Día 17. Tren de las 17:15
«Regalo» dijo Emma sentándose
«¿Es lo que creo?» preguntó la morena cogiendo el paquete.
«Podría ser»
Abrió con rapidez el paquete y sonrió al descubrir una caja de macarrons de manzana.
«Muchas gracias, no tenía por qué hacerlo»
«No es nada comparado a lo que usted ha hecho»
«No era sino un taxi, Miss Swan, nada por lo que molestarse»
«No lo abra, espere a estar en casa para que se lo dé a probar a Henry. He cogido dos de chocolate, es el que normalmente prefieren los niños»
«Es una buena idea, gracias Miss Swan. Y ha dado en el blanco con sus gustos»
«Así que mañana, lo voy a conocer…» dijo nerviosamente
«Sí, está muy nervioso, es la primera vez que coge un tren»
«Le tengo que confesar que estoy nerviosa»
«¿Por qué?»
«Por conocerlo»
«Dada su altura no le hará daño» dijo divertida
«No es eso» dijo ella golpeándole el hombro «Deseo que todo salga bien»
«Miss Swan, es mi hijo»
«¿Qué se supone que significa eso?»
«Que si se parece a su madre, la va a adorar»
Emma no dijo nada, su cerebro hervía
¿Está tirándome los tejos? No, Swan, deja de soñar…Sí, pero aun así…Acaba de decir que te adora…Para Swan. Me estoy volviendo esquizofrénica. Pensó ella resoplando.
«Eso no impide que esté nerviosa sin saber por qué»
«Eso me conmueve, eso demuestra lo que creo, que mi bebé le importa»
«Como usted dice es su hijo…Así que, sí, importa»
Regina se sonrojó y sacudió la mano para disimular su turbación.
«¿Lo va a soportar?»
«¿Estar con un niño?»
«Sí»
«Por supuesto que sí Regina, pero gracias por preocuparse. Estoy nerviosa, pero también impaciente por conocerlo»
El resto del viaje, las dos mujeres hablaron del pequeño, la morena mostrándose incapaz de contenerse cuando de él se trataba.
Día 18. Tren de las 06:22
Emma entró en el tren nerviosa, a su pesar, ante la idea de conocer a Henry. Intentaba relativizar la situación, no era sino la persona más importante para la mujer de la que se estaba volviendo totalmente dependiente. Suspiró para intentar evacuar algo de su estrés, ajustándose su camisa por enésima vez como si se dirigiera a una entrevista de trabajo. A penas hubo entrado en el vagón, todas sus angustias desaparecieron y su corazón se derritió al ver al pequeño. Era adorable, sus cabellos morenos desordenados, entretenido dibujando, apoyado en la mesa entre los asientos.
Regina la vio y se inclinó sobre su hijo para murmurarle algo al oído. Ella señaló a la rubia con el dedo y el niño posó sus ojos en ella. Instantáneamente, una inmensa sonrisa iluminó su rostro mientras que empezaba a moverse inquieto en su asiento.
«Síiiiii» gritó al verla acercarse.
«Me he puesto aquí» explicó rápidamente la morena «Para que pudiéramos estar los tres»
«Es perfecto» dijo ella sentándose frente a Henry «Buenos días Henry, soy Emma»
«Lo sé» respondió él excitado
«¿Ah, sí, me conoces?»
«Eres la amiga de mi MAMÁ» dijo gritando la última palabra y tendiendo sus brazos hacia su madre que lo cogió.
«Tienes razón mamá» murmuró él mirando a la rubia de lado, sus pequeños brazos alrededor del cuello de la morena «Es bonita Emma»
La rubia vio cómo su vecina se puso roja al momento y retrocedió en su asiento sonriendo.
El viaje iba a ser muy interesante.
