Pues llegamos al capítulo final, se que siempre lo digo, empiezo con toda mi buena intención y después no se que pasa que me cuesta un mundo seguir, este era el regalo de cumpleaños de una amiga que me pidió que continuase "Sin Remordimientos" así que trato de dejarlo cerrado y en el epílogo creo que lo consigo.

Siento mucho haberte decepcionado si esperabas otra cosa, soy así de mala escritora, gracias a quien haya leído y muchas gracias a GreenEyesSpn que no se puede ni imaginar lo que significa que alguien te diga que lee tus chorradas en fin, te adoro chiquilla...

Creo que eso es todo...

Nothing Else Matters

Never cared for what they say
Never cared for games they play
Never cared for what they do
Never cared for what they know
And I know

Capítulo VIII:

"El Tiempo Borrado"

Lisa recogió a Ben del instituto de secundaria de Santa Mónica, el año siguiente el chico tendría edad para conducir su propio coche, y ya había estado con su padrastro mirando vehículos de segunda mano para elegir uno.

- No sé si dejar que te lo compre, no me parece justo – le dijo al muchacho del que, a pesar de sus palabras, estaba orgullosa.

- Mamá, no empieces – se quejó el chaval.

- Un coche cuesta dinero, y más el que habéis estado viendo, antes deberías trabajar y comprender lo que cuesta ganar algo de dinero.

- Puede que no cobre un sueldo, pero el señor Singer está muy satisfecho con mi ayuda en el taller – protestó el niño.

- ¿Desde cuándo llamas señor Singer a Bobby?

- ¿No dices que debo respetar a mis mayores?

Entonces ocurrió algo que ninguno de los dos supo explicar. Ya no estaban en California, sino en el pueblo de Indiana dónde había conocido a Richard. Lisa frenó y un Ben de trece años puso ambas manos sobre el salpicadero de lo que tendría que ser un Sebring negro y era una furgoneta Ford plateada.

- ¡Mamá!

- Dios mío – susurró la mujer.

A sus mentes habían vuelto los recuerdos que un ángel les borró un año antes, mezclándose con los recuerdo de dos años que habían sido arrancados del curso del tiempo.

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Timothy McGee salió de la ducha de su habitación en el hotel de Van Nuis dónde se alojaban los del equipo del NCIS de Washington desplazado a Los Ángeles para investigar el caso de los Winchester. Se frotó los ojos, incrédulo. ¡Estaba en su apartamento!

Sólo se había dado una ducha, ¡no podía estar en Los Ángeles y un par de minutos más tarde encontrarse en casa!, ¡en Washington!. Su primer impulso fue llamar por teléfono, cogió su Iphone y boqueó, había cambiado ese modelo hacía más de un año.

Entonces miró la fecha en la pantalla, volvían a estar en el año 2012. Y todo indicaba que no era un error del aparato, todo en el piso estaba comocuando transcurrían lo primeros días de octubre de 2012. Tenía una llamada entrante de Abby, descolgó:

- ¿A ti también se te han perdido dos años? – preguntó la forense al otro lado del aparato

- Creí que estaba alucinando Abby, pero nosotros deberíamos estar en California en el año 2014 ¿verdad? – preguntó el muchacho asustado.

- ¡Oh! Vaya – podía notar el mismo asombro y la misma incomprensión en la voz de su amiga - ¿Puedes localizar a Gibbs? A mí me sale fuera de cobertura.

- Lo intentaré, te llamo en un par de minutos.

Tanto el teléfono de su jefe como el de Zhiva o el de Dinozzo estaban inoperativos. Entonces se dio cuenta de que había marcado directamente el número, pues al saberlos de memoria le era más rápido marcar que buscarlos en la agenda. Pero si por alguna casualidad estaba alucinando y creía haber retrocedido dos años en el tiempo, lo lógico sería llamar a los números que tenían hace dos años.

El de Gibbs era el mismo, tendría el móvil apagado. El de Tony si dio llamada. Al tercer tono escuchó la voz de su compañero, sonaba tan sorprendido como él mismo.

- Juraría que vendí este aparato a Wilbur, el de contabilidad, hace más de un año – le dijo su amigo.

- ¿Qué ocurre Tony? ¿Qué ha pasado con Dean Winchester y con el tal Crowley?

- Ven a la oficina, Zhiva y yo estamos aquí, están ocurriendo cosas muy raras.

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El titán salió del cuerpo de Callen permitiendo que el espíritu de su propietario dejase de vagar y volviese a su cuerpo. Su aura dorada y terrible flotó sobre todos ellos.

- ENTONCES ¿ESTÁS DECIDIDA? ¿NO PREFIERES VENGARTE DE LOS SERES QUE TE HAN CONDENADO A LA SOLEDAD? – ofreció por última vez.

- ¿De qué serviría la venganza? El tiempo de los fénix terminó pero quizás haya algún humano que cumpla el viejo sueño de traer la justicia al mundo – sonrió al cazador que había causado todo este embrollo.

- LA HUMANIDAD NO CAMBIARÁ, TUVISTE EL FUTURO A TU DISPOSICIÓN Y LO VISTE – advirtió Armagedón.

- Quizás, pero la pregunta sigue en pie, ¿yo podría ser el vehículo?

- SI ES LO QUE DESEAS.

- Sí, ya estoy cansada, tómame a mí.

Uno a uno, los humanos que estaban en la cueva fueron envueltos en miles de millones de motas de luz y desaparecieron sin dejar rastro. Los que iban detrás no tuvieron tiempo ni de decir adiós. Por último tomó la fantasmal forma de un pájaro dorado y envolviendo a la fénix en su luz borró todo rastro de su presencia en aquella mina.

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Richard abrió los ojos y se incorporó rápidamente, limpiándose el viscoso fluido negro que sangraban los leviatanes de su rostro y de la camisa. Buscó con la mirada a su compañero de caza, estaba unos metros adelante y despedazaba brutalmente a la criatura que habían emboscado.

Daba miedo contemplar la saña con la que Dean Winchester destrozaba miembro a miembro al leviatán. ¿El leviatán que cazaron aquella vez en un bosque de Nevada?, ¿El que introdujeron en bolsas y enterraron en cemento en distintos lugares entre Carson City y Winnemucca antes de recoger a Sam en el hospital general de Battle Mountain?

¿Eso no había ocurrido ya? Se tambaleó aturdido frotándose la cabeza. Tenía una buena contusión cerca de la oreja izquierda. Debió llevarse un buen golpe quedando inconsciente.

Vaya, hasta había soñado que… No, ¡qué disparate! Eso era demasiado hasta para ellos. Su compañero le miró con una furia que le hizo estremecer.

- ¿Ya despertaste princesita? Pues trae unas cuantas bolsas de basura y repartamos esta porquería

- Sí, claro

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- ¿Estás bien G? – Sam Hanna sujetaba cuidadosamente la cabeza de su compañero – Has tardado un rato en despertar amigo, me tenías preocupado

- ¿Qué ha pasado con el fénix y los Winchester? – murmuró el agente bastante mareado

- ¿De qué hablas G?

- Todavía estará conmocionado Sam, la ambulancia debería estar ya aquí – Deeks parecía bastante preocupado también – al menos ha despertado.

- No, no me duele… ¡Ah! – el agente del NCIS trató de sentarse pero todo le daba vueltas. El caso es que sentía como si aquello lo hubiese vivido ya – ¿Dónde estamos? Es como aquella vez que me arrojaron de una pasarela a más de seis metros de altura, me duele todo.

- Callen, te acaban de tirar de una pasarela a más de seis metros de altura – dijo Kensi algo retirada con su arma aún en la mano.

No podía ser, eso ocurrió dos años atrás cuando habían acorralado a un traficante de armas en unos almacenes de Van Nuis. Si eso fuera así, el traficante heriría a Sam, robaría su coche y mataría a dos soldados en su huida. Cogió el arma de su compañero y sujetándose a su cuello se incorporó y disparó sobre su hombro al tipo que lo había empujado hacía unos minutos, matándolo en el acto.

Los demás estaban muy sorprendidos, no comprendían como él, con el tremendo golpe recibido, había sido capaz de ver por dónde venía el asesino y acabar con su vida.

- Valley no está en nuestro equipo, ¿verdad? – preguntó

- ¿Valley? – Sam le ayudó a levantarse del todo y le llevó al coche - ¿Quién es Valley?

- Nadie, creo que he tenido un sueño muy extraño mientras estaba inconsciente. Hasta salían los Winchester.

- ¿Los psicópatas que se cargaron a un montón de gente en Jericó? ¿Estaban vivos y los detenías?

- Estaban vivos y los ayudábamos a detener la destrucción total del planeta – musitó dándose cuenta de lo absurdo que sonaba lo que decía.

- No te muevas de ese asiento hasta que llegue la ambulancia – recomendó el agente de casi dos metros de estatura – la conmoción parece importante.

El herido cerró los ojos y se recostó en el asiento trasero del todoterreno. Cuando llegó la ambulancia y se lo llevaron al hospital a hacerle un escáner para comprobar si tenía algún daño cerebral ya no recordaba haber mencionado ni al tal Valley ni a los dos asesinos abatidos unos pocos meses antes.

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Richard Valley se sentó en el capó del Chevrolet Impala con una cerveza en la mano. Dean acomodó a su hermano en el asiento trasero. Y después de asegurarse de que dormía se sentó a su lado sacando del bolsillo interior de su chaqueta una petaca llena de whisky y echando un prolongado trago que debía haber vaciado la pequeña reserva de alcohol.

- ¿Cómo está? – preguntó a su amigo

- Duerme – respondió el rubio lacónicamente

Los ojos grises del ex agente del FBI observaron preocupados al mayor de los Winchester. Llevaba un par de días más hosco de lo normal, claro que Sam había sufrido una recaída y apenas comenzaba a recuperarse. Quiso distraerlo con el sueño que tuvo la noche anterior.

- Anoche te traicioné Dean – sonrió ante la mueca de incomprensión del otro – soñé que te quitaba a tu novia y me casaba con ella

- No tengo novia

- A Lisa

Se calló ante la expresión atormentada del otro, vaya amigo, quería distraerlo de la preocupación por su hermano y le recordaba a la única mujer que había amado hasta el punto de quitarse de su camino y de sus recuerdos para ponerla a salvo.

- Y yo te di un puñetazo – sonrió tristemente el cazador

- ¿Tú también soñaste lo mismo?

- No, pero lo hubiese hecho – suspiró el pecoso mirando el cielo estrellado – te he encontrado un compañero de caza, en realidad es una compañera

- No puedo dejaros solos con lo que tenéis encima

- Se llama Tamara, lleva trabajando sola unos cuatro años, necesita alguien que la mantenga con vida – prosiguió Dean Winchester como si no le hubiese escuchado, como si Richard no tuviese opinión en ese asunto.

- Dean, con Sam en este estado no puedes…

- Sam no va a mejorar Richard, es mejor que sigas tu propio camino. Eres bueno, podrías cazar solo si quisieras.

Era cierto, pero también era cierto que ellos eran sus amigos y que le necesitaban. Había escuchado hablar de la tal Tamara un par de veces. Incluso se encontraron una vez, durante un par de minutos, aunque entonces no sabía quién era. Había oído que un demonio mató a su hija y hace unos cuatro años, otro mató a su marido.

- Ella sigue en la carretera, se especializó en espíritus vengativos y en demonios – murmuró Dean – quedamos pocos, y es buena en lo suyo.

- Lo que no quieres es que mi sueño se haga realidad y me quede con tu chica – bromeó el moreno evitando la colleja por décimas de segundo - ¿Estás seguro de que os las arreglaréis sin mi?

- Llevo casi treinta años en esto Richard, nos las arreglaremos.

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Dean había llamado a Abby para decirle que Sam se estaba recuperando y que en cuanto estuviese mejor él mismo la llamaría.

- ¿Y tú cómo estás? – le había preguntado la muchacha preocupada por el tono apagado de su cuñado no oficial al explicarle cómo recogió al menor de los Winchester del hospital

- Yo siempre estoy bien pequeña – casi podía imaginar la mueca vacía y sus ojos se habían llenado de lágrimas por no poder hacer nada.

- Cuídate Dean, sabes que el mundo se iría al carajo sin ti – pidió sin saber hasta qué punto acertaba con su petición

- No te preocupes Abs, en unos días estaremos ahí y tendrás que aguantar a un cuñado entrometido – y esta vez reía de verdad.

Aún distraída, a medias entre la tristeza y el alivio chocó con McGee en el ascensor cuando se marchaba a casa después de una dura jornada de trabajo. Su compañero la sujetó evitando que se golpeara con la puerta. Y se quedaron así, pegados el uno al otro durante unos segundos.

Tim la soltó suavemente. Como si esos segundos de cercanía no fueran más que eso, y no recogieran todo el amor no correspondido que sentía por la investigadora. Entonces notó las lágrimas que aún enturbiaban la verde mirada de la muchacha.

- No te he hecho daño ¿verdad? – cuando ella negó supuso que algo iba mal con el hombre que la había apartado de su lado - ¿Es Sam?

- Ya está bien, vendrá a verme un día de estos.

- Abby, sabes que los respeto, que incluso admiro a esos dos, pero…

- No digas nada Tim

- Te hace daño, aunque te ama te lo hace y yo no puedo soportar que te hagan daño

- Eres un buen amigo – no había ninguna crueldad en ese piropo, pero era como una puñalada para el muchacho.

- Siempre me tendrás. Cuando me necesites, me tendrás.

- Lo sé.

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Sam conducía destino a Washington DC. Habían dejado a Valley con Tamara Russ en Toledo, en la frontera de Michigan con Ohio y Dean dormía o más bien fingía dormir en el asiento del copiloto.

No estaba cansado, tuvo una crisis hacía unos días y según Dean había dormido durante más de cincuenta horas. Debía ser cierto a juzgar por el aspecto demacrado del mayor y lo reticente que había sido su nuevo colega a abandonarles. Cada vez estaba más seguro que ese recuerdo de dos años sin Dean, sin Lucifer, con Bobby y Adam vivos, era producto de su imaginación.

Se alegraba de ello. No es que no le hubiese gustado que su viejo amigo, el hermano perdido e incluso Castiel, estuviesen vivos, pero ya no concebía el mundo sin que Dean estuviese a su lado, y si por eso estaba loco… Veía a Lucifer así que estaba loco. Desvió el coche hacia el arcén y su hermano abrió los ojos restregándose el rostro algo aturdido.

- ¿Por qué paramos? – bostezó

- Empiezo a estar cansado Dean.

- Vale – musitó estirazándose como un gato.

- Quería contarte algo – murmuró sin mirarle a la cara.

- ¿Es necesario?

Sam paró el motor y se quedó mirando la carretera bastante transitada, a pesar de la avanzada hora. Dean rebuscó en el asiento trasero por si encontraba alguna galleta o alguna rosquilla perdida.

- ¿Quieres? – le ofreció a su hermano parte del botín que había encontrado

- La de chocolate

- Tío, que las he encontrado yo.

- Porque yo le dije a Richard en Fort Wayne que las comprara – dijo el más joven metiendo la mano en el paquetito de galletas integrales.

- Quédatelas todas, la paja no me gusta – gruñó el pecoso

- ¿Te has enfadado? – se rió Sam

- No – dijo su hermano cruzado de brazos y mirando hacia el frente con el ceño fruncido.

- ¡Te has enfadado por una galleta!

- ¡No me he enfadado! – gritó saliendo del coche

- Dean – le siguió dándose cuenta de que sí estaba enfadado y de que no era por la galleta de chocolate – Dean, dime qué te ocurre.

La oscuridad allí, en el bosquecillo de coníferas que bordeaba la carretera, era casi total. Dean se volvió, allí no llegaban las luces de los coches que continuaban su camino hacia la capital.

- Sé lo que quieres contarme Sam.

- ¿Cómo vas a saberlo?

- Quieres hablarme del sueño que tuviste durante la última crisis.

- Sí, pero…

- No fue un sueño Sam, ocurrió.

- Venga Dean, ni siquiera sabes lo que iba a contarte – se rió Sam

- Sí lo sé, no había leviatanes, y Bobby, Adam y Cass estaban vivos – soltó de un tirón el mayor.

- ¿Cómo sabes?

- No fue un sueño.

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Crowley siguió al veterano agente del NCIS que se sentó junto a una lápida en el cementerio militar de Washington. Contempló en la distancia como hablaba con la persona enterrada como si ésta pudiera escucharle.

Era la tumba de la directora Jenny Sheppard, el demonio se acercó al ex militar que se levantó como un resorte pero no hizo ningún gesto agresivo. Le había reconocido.

- Tú eres el demonio que salvó mi vida una vez.

- En efecto, me llamo Crowley

- ¿Qué quieres?

Su brillante plan salió mal, así que intentaría otra cosa. No iba a buscar los ojos del tiempo. En algún lugar aún quedaba un fénix que podría invocar a Armagedón y que ahora poseería las poderosas gemas. Pero después de los dos años inexistentes, viviendo una vida mortal, prefería que lo devorase un leviatán a volver a pasar por eso.

- Eres amigo de los Winchester.

- Sí, ¿qué quieres? – volvió a preguntar con cierta impaciencia el agente del gobierno

- Conozco una forma de acabar con Dick Roman, un tipo al que Dean tiene un interés especial - sonrió el demonio

- Sé quién es.

- Pero necesitaría una pequeña ayuda por tu parte, conozco el sitio que lo atraparía para siempre como atraparía a Superman una jaula de kriptonita – explicó el del traje negro.

- ¿Qué tendría que hacer?

- Venderme tu alma, y yo a cambio podría indicaros el lugar y enviar a ese grano en el trasero allí para que le hicieseis un recibimiento adecuado.

Leroy Jethro Gibbs se echó a reír. Había sido, palabra por palabra lo que Dean Winchester le había dicho. Vaya, pues sí que sabía ese muchacho cómo pensaba el demonio.

- No sé dónde está el chiste – se quejó Crowley molesto

- No voy a venderte mi alma.

- Vale, quizás no sólo para acabar con ese monstruo, podemos negociar, algo habrá que te interese… o alguien – Se acercó a la tumba de la antigua directora del NCIS – puedo traer a cualquier persona que hayas perdido, piénsalo.

"Te ofrecerá cualquier cosa, un pacto, quizás devolverte a alguien que perdiste, y sonará bien, unos años, diez quizás, me lo imagino diciendo que ya tienes una edad y diez años es prácticamente lo que te queda. Pero, no es tan buena idea. Después de eso está el Infierno y Gibbs, te juro que tu familia nunca querría volver a ese precio"

- No.

- Tenía que intentarlo – el tipo del traje negro le dio una carpeta – de todas formas el Dick Román me cae tan asquerosamente mal que puedes darle esto a Dean Winchester cuando le veas.

Fic terminado, el viernes epílogo (o quizás el jueves)