Bueno gente, la sorpresa es que, en lugar de hablar de Stan esta vez, el capitán del equipo tendrá que esperar porque vamos a hablar de Bebe Stevens. Sí, la rubia de rizos y pechos prominentes necesita sus minutos de fama, y se los vamos a dar ahora, donde llegamos al plato fuerte.

¡Este fic se escribe solo!


La vida en South Park

Capítulo 9 - Bárbara "Bebe" Stevens

Bebe Stevens era una chica joven, guapa, lista (más guapa que lista), de cabellos rizados y dorados y pechos voluptuosos. Se podría decir que, con semejante historial, era una adolescente que poseía todo lo que quería. Pues sí. Bebe tenía la fama de ser una de las animadoras del equipo del instituto, era además atractiva, y sus notas no eran malas. Podía ser todo lo caprichosa que desease porque su padre le daría todo lo que su princesita desease, y si este no podía conseguirlo Clyde Donovan, que era el chico más guapo de South Park y su novio, compensaría la falta. Tenía un amplio grupo de amigas, donde contaba a su mejor amiga Wendy Testaburger, que había sido desde niña la novia del capitán del equipo en el que también jugaba Clyde; Red, una chica pelirroja de fuerte carácter con la que se podía contar siempre; Annie, una adorable rubia que siempre estaba dispuesta a apoyar a las demás, y algunas chicas más con las que no tenía relación tan estrecha pero si apreciaba. Porque además de todo, Bárbara Stevens era amable, atenta y humilde. Cuando para la mayoría de gente que conocía solo le faltaban un par de alitas y una aureola, la rubia sabía de sobra que, en ocasiones, podía dejarse llevar fácilmente, y esto provocaba una serie de consecuencias en las que rompía con Donovan, se peleaba con Wendy o acababa en la cama con algún chico una noche de fiesta. Bebe había crecido bajo la atención de muchos chicos, desde que le crecieron las tetas antes que a las demás, y su ego se había multiplicado hasta el punto de saber que tenía buenas armas que debía aprovechar mientras fuese joven, y esa parte de su conciencia no le dejaba durar mucho en sus relaciones, aunque el castaño le estaba durando bastante, sin contar los lapsos de tiempo en los que se odiaban a muerte, por H o por B.

La joven de ojos verdes y cabellos rubios se estaba admirando frente al espejo de su cuarto, luciendo un conjunto nuevo cuando recibió una llamada a su teléfono móvil. En la pantalla apareció una foto en la que se vio a sí misma junto a una chica de su misma edad, morena de ojos azules. Era Wendy, así que se apresuró a contestar y volver a observar su reflejo, sacando defectos de donde no los había y buscando nuevas formas de colocarse les prendas, para verse mejor.

-Hola, Wendy. ¿Qué tal todo?-Dijo, a modo de saludo simpático, mientras con la mano libre se recogía la camiseta por encima del ombligo. Luego frunció el ceño y negó con la cabeza, disgustada con el resultado, mientras la otra chica le hablaba.

-Bien. Oye, Bebe, ¿haces algo hoy?

-Iba a recoger a Clyde al entrenamiento, porque luego nos vamos al cine. ¿Por? ¿Ha pasado algo? Suenas preocupada.-Comentó, sentándose al borde de la cama, mientras intentaba captar en el tono de la morena algo que le hiciese ver que se equivocaba.

-Tengo que contarte algo. Me... Me siento mal y tengo que hablar con alguien. Solo puedo contar contigo.-Escupió aquellas palabras con tanta facilidad que a Bebe le sonó a que llevaba aquella carga desde hacía bastante, y como buena amiga de sus amigas, accedió a ver a la chica.

-El entrenamiento acaba a las nueve. Tienes dos horas para desahogarte.-Aclaró ella.

-Bien. ¿Te veo en mi casa en un rato?-Preguntó, intuyendo que seguirían su procedimiento habitual en estos casos.

-¡Claro! En diez minutos estoy allí.-Tampoco vivían muy lejos, pero la rubia sabía que necesitaba tiempo para cambiarse de ropa y llegar.

-Está bien. Gracias Bebe.

-No hay de que, cariño.-Se despidió la de ojos verdes, con una tierna voz dedicada a darle ánimos a su mejor amiga.

Cuando la llamada finalizó, la rubia no tardó en soltar el teléfono móvil y cambiarse de ropa. Optó por unos bonitos vaqueros ajustados y una camiseta blanca de manga larga, con una frase en inglés, en letras que simulaban estar escritas a mano. Cogió su cazadora roja tras enfundarse unas botas negras y coger las llaves. Salió al frío exterior del pueblo y se encaminó a la casa de los Testaburger. La brisa que corría, aunque no era mucha, le revolvía el pelo y le enfriaba las mejillas y la nariz, por no hablar de lo secos que notaba sus globos oculares. Llamó al timbre dos veces cortas y seguidas, y no tardó ni cinco minutos en aparecer la silueta de la morena en el umbral para dejarle pasar. La rubia, tan pronto entró en la casa, abrazó a la de cabello liso, que le devolvió el gesto y la llevó de la mano a su dormitorio. Mientras subían por las escaleras la rubia preguntó:

-¿Es muy grave?-El nerviosismo de su interlocutora era tan evidente en persona, frente a frente, que la recién llegada empezaba a preocuparse.

-Puede... No... Sí...-Parecía estar en conflicto con sus propios pensamientos. La morena caminaba por toda la habitación, de acá para allá, con tanto ímpetu que Bebe pensó que hundiría el suelo.

-Intenta calmarte, Wendy.-Pidió la de chaqueta roja, quitándose los guantes antes de sentarse en la cama.

-Uff...-La chica se detuvo y soltó una bocanada de aire, que había estado reteniendo segundos atrás.-Si yo te contase algo que he hecho, que sé que está mal, pero que ya no tiene vuelta de hoja, ¿seguirías siendo mi amiga?

-¿A quien has matado?-Quiso saber la de ojos verdes. Esto hizo relajarse a la morena, que hasta se permitió emitir una risita. Bebe miró fijamente a los ojos azules que tenía enfrente, queriendo infundirle seguridad a su querida amiga para hablar.

-¿Recuerdas lo mal que lo pasé cuando Stan me dejó?

-Sí.-Asintió con la cabeza.-Pero eso fue hace bastante. ¿Por qué?-Preguntó, deshaciéndose finalmente de la chaqueta roja.

-¿Recuerdas que te dije que era mejor así porque si me hubiese engañado hubiese sido mucho más doloroso?-Volvió a preguntar.

-Ajá...-Pronunció la otra, algo desconfiada y sin saber por donde iban las cosas. La sostuvo por ambos brazos antes de hacerle la pregunta que le rondaba la mente.-¿Le engañaste tú?-Quiso saber.

-No.-Confesó sin dudar.- Es que... Se dice que Stan está engañando a Kyle con alguien y yo no puedo decírselo.-Bebe se quedó anonadada por un momento. Intentaba captar la nueva información que le daba la de jersey lila a la vez que quería terminar de procesar lo que acababa de decirle, sin poder creerlo aún.-Si yo o soltase Dios sabe que clase de rumores nuevos comenzarían a rodar por el pueblo, y no podemos permitir que Kyle sufra. Es nuestro amigo, y tu saliste con él. Deberías ser tu quien se lo diga...-Continuó, pero aquello asaltó a la rubia sin protección ni lubricante.

La rubia no daba crédito a lo que oía. Estaba sentada en la cama de la morena, estupefacta. Jugaba con uno de sus rizos, enrollándolo en su dedo índice, mientras prestaba atención a todo lo que la otra chica le contaba.

-¡No me lo creo, tía!-Dijo cuando Wendy terminó de hablar.-¡Eso es totalmente imposible!

-¡Te lo digo enserio, Bebe!

-¡Yo no puedo hacer algo así, Wendy! ¡¿No ves que es una locura?!

-Kyle es amigo tuyo.

-¡Y tuyo!-Le recordó.-Y ya han pasado dos años.-Se levantó de la cama y comenzó a pasear nerviosa por el cuarto.

-¡Pero si soy yo quien se lo dice a Kyle no me creerá!-Le recordó a Bebe.

-¡No seas tonta!

Wendy, observó con total seriedad a su mejor amiga, con los brazos en jarras, para que Bebe entendiese al fin que era difícil, pero que daría más resultado la palabra de la rubia a oídos de todo el mundo. La otra mantuvo la mirada, entendiendo que Wendy tenía razón en ese sentido, pero no podía arriesgarse a que aquello fuese solo un rumor estúpido y ella cargase con toda la culpa. No quería hacerle daño a Kyle, ni a Stan, pero algo le decía que Wendy no le estaba contando toda la verdad.

-Te... Tengo que pensarlo.-Dijo, antes de dar media vuelta y caminar hacia la puerta.-Se que es bueno que Kyle lo sepa, pero no creo que debamos jugárnosla por un rumor.-Añadió.-Hasta luego.-Salió del dormitorio y bajó las escaleras.

Quería muchísimo a Wendy, pero tendría que serle totalmente sincera para que ella no se metiese en un buen lío por su culpa. Sabía que si accedía en seguida aquello podría volverse en su contra, podría salir mal parada, y no le apetecía lo más mínimo. De camino a casa pensó en lo que Wendy le había contado, y había algo que no le cuadraba.

Si todo el pueblo iba rumoreando sobre dicho tema, ¿como era que Bebe se enteraba ahora?


El tiempo pasó y Wendy y Bebe no volvieron a hablar del tema, aunque cuando se veían sentía que su relación era algo más distante, fría. Caminaban sin apenas decirse nada, porque Bebe aún no le había dado una respuesta, y sabía que la otra se moría por sacar el tema, pero no querría forzar la situación. En un doblar de esquina casi se dieron de bruces con el pelirrojo que ocupaba la mente de ambas. Bebe se asustó y ahogó un grito de sorpresa, deseosa de dar media vuelta como si nada, pero el chico las había visto de lleno, y no quedaría nada bien huir de él.

-¡Hola, chicas!-Saludó, con total normalidad.

-Hola.-Saludaron ellas, sin mucho entusiasmo y sin mirarlo a los ojos.

-¿Ocurre algo?-Ninguna habló, solo miraron sus zapatos o un punto fijo del paisaje.-¿Wendy?-Hizo una pausa.-¿Bebe?-Su tono se notó más preocupado cada vez.

-Lo siento, Kyle.-Dijo Bebe.-Es algo difícil de explicar.

-¿Difícil? ¡La gente que no conozco se ríe de mi descaradamente, y la gente que conozco parece esquivarme! ¿Es que tengo algo en la cara? ¡¿Llevo los calzoncillos por fuera?!-Se exasperó. Bebe se sintió algo atacada, pero entendía la situación de Kyle, que además llevaba todo el fin de semana a que Stan regresase de aquel importante partido de la temporada.

-Verás, la gente cree que tiene motivos, aunque es algo muy serio.-Explicó Wendy.-Sé que no deberían, pero van a seguir...

-¿Es por qué soy gay?-Preguntó Kyle, desesperado.-Porque creía que la gente ya lo sabía, o casi todo el mundo, y normalmente nadie se burlaba.

-¡No! ¡Nada que ver!-Se apresuró a tranquilizar Wendy.

-¡¿Entonces?!

-No deberíamos meternos, Kyle...

-Chicas, si vosotras no me lo decís, no podré hacer nada para evitarlo.

-Kyle, esto va a ser duro.-Comenzó Bebe. Le puso una mano en el hombro y lo miró a los ojos, seria.-Verás... No debería ser yo quien te lo diga, pero corre el rumor de que... Bueno-tuvo que hacer una pausa para coger aire, mientras la otra chica frotaba la espalda del pelirrojo-supuestamente... Se dice que... Stan te está engañando.-Hubo un terrible silencio sepulcral. Kyle no pudo reaccionar.

-¿Qué?-Casi susurró. Ella solo pudo bajar la mirada, deseando no haber dicho nada, pero tuvo que vomitar aquellas palabras, porque si después de todo era una gran mentira siempre tenía excusa, y era que su deber de buena amiga le había llevado a decir tal cosa.

-Por lo que he oído lo han visto con alguien más.-Cuando vio que los ojos verdes del chico se humedecían se apresuró a cogerle la mano.-¿Estás bien, Kyle?

-Quiero estar solo.-Pidió, con la voz rota. Ella soltó su mano, y Wendy le apretó el brazo en señal de apoyo antes de alejarse.

-Lo siento, Kyle.

Las dos chicas continuaron mirando hacia atrás minutos después, de tanto en tanto, para solo ver a Kyle dando torpes pasos lentos, cual zombie. La culpa, el miedo, la tristeza y la angustia llenaron a Bebe de golpe, porque había hecho a Kyle Broflovski sentirse rematadamente mal, aunque ya se había prometido a sí misma que ella no sería la causante de su dolor, pero prefirío dejar claro que se RUMOREABA, y que no era invención de su cabeza o algo a ciencia cierta. Aún así sintió que aquello no terminaría bien para la pareja. Sintiendo que iba a vomitar y con un gran vacío en el estómago se volvió hacia la otra y le habló:

-Wendy, me siento terriblemente mal. Se que son rumores pero... Tenía que decirselo. Quizá deberíamos volver y decirle que era una broma cruel, o algo. No puedo verlo así.-Lloriqueó.

No supo que pasó por la cabeza de Wendy, que en lugar de responder solo dejó que un par de lágrimas rodasen por sus mejillas.

-Soy una persona horrible.-Se lamentó. Bebe se sorprendió tanto que su expresión no podía dejar de ser de asombro por mal que se sintiese.

-No, Wendy. Tu me pediste que lo contase porque no querías enemistarte con Kyle sin motivos...-Le explicó, pretendiendo abrazarla, pero la morena no hacía más que intentar zafarse del agarre, sintiendose mal por Dios sabría qué.

-¡No, Bebe! Yo... Déjalo.-Murmuró, y se fue a casa, al parecer llorando.

La morena no respondió a las llamadas de la rubia, que a pesar de querer seguirla solo consiguió tropezar y perderla de vista. No se molestó en buscarla en casa, porque si estaba no abriría, y buscarla por todo el pueblo no daría muchos frutos si estaban ambas en movimiento. Regresó a su hogar con la esperanza de que Wendy la llamase. Ella no tenía la culpa de haber querido contarle la verdad a Kyle, o de que hubiese implicado a Bebe, porque ella solita había decidido contárselo todo al judío. Se recostó en la cama y ojeó algunas páginas de un libro que había empezado hacía poco, regalo de unos tíos de su madre. Antes de apagar la luz y arroparse, tras haber acabado un intenso capítulo de La señora de la sortija*, mandó un mensaje de buenas noches a Clyde, que contestó con el mismo mensaje y un icono de un corazón.


Bebe Stevens, que era una joven de gran corazón y que fue criada con unos ideales muy basados en la amistad, el perdón y la comprensión mantuvo, a pesar del encontronazo, su relación con Wendy como si nada. No necesitaban dirigirse la palabra para entenderse. Durante toda la semana siguiente la rubia le estuvo preguntando a la morena de cabello lacio el porqué de su culpabilidad, pero esta solo hacía oídos sordos o caso omiso y daba por terminada la conversación, o incluso llegó a desaparecer si el tema salía a relucir. Se dio por vencida de una vez, porque cada vez que se encontraban acababan por no decirse nada. Por suerte, la de ojos azules se había criado casi de la misma forma que ella y compartía esa naturaleza comprensiva. La chica a la que tanto quería desde niña la buscaba sin necesidad de abrir la boca, pues ambas sabían que no se rechazarían entre si. No eran capaces de estar mucho tiempo enfadadas, a pesar de la gravedad del rifi-rafe que hubiesen tenido, porque se juntaban en los recreos, de vuelta a casa, a pesar de haber discutido uno o dos días antes, y es que no podían abandonarse mutuamente sin más. La de rizos se apoyaba en el silencio de la morena y viceversa, capaces de disculparse o entenderse entre ellas con solo mirarse. Era lo que muchos llamaban complicidad. Bebe ya sabía de sobra que, como todo ser humano, Wendy y ellas eran capaces de hacerse daño sin querer y de meter la pata y que, el verse aun sin decirse nada era su forma de expresar una disculpa y a la vez un apoyo.

Hasta que un día...

Se juntaron las dos en la casa de la de ojos verdes para su fiesta de pijamas de cada seis meses. Era un evento en el que solo participaban las dos chicas, aprovechando la ausencia de los padres de la anfitriona por algún viaje de negocios u ocio, para contarse todos los cotilleos y secretos que se habían guardado por diversos motivos, entre mezclas de alcohol con zumo y refrescos, golosinas y películas. Estaban dejando secar las uñas de sus pies recién pintadas mientras se contaban todas aquellas cosas que no se habían dicho hasta entonces, tras un par de rondas de mojitos y cubatas. Entonces Bebe soltó aquello que tanto la había machado de un tiempo a esta parte:

-Yo me he sentido muy mal por Kyle, sobretodo cuando Stan y él lo dejaron...-Mencionó a la destrozada pareja con cierto pesar.-Fuiste tú quien me pidió que interviniese por el bien de todos, pero fue mi decisión soltarlo todo de golpe. Creo que por eso me siento culpable de no haberlo pensado más.-Sonrió a su querida amiga, infundiéndole ánimos para ver si aquella vez se soltaba y hablaba del tema. Así se arreglaría todo, si viese que no tenía la culpa.

-Bebe yo... No debí presionarte tanto.-Se atrevió a decir, con una cálida sonrisa y acariciando un brazo de la rubia, que la abrazó.

-¿Ves? No pasa nada.-La consoló. Era una suerte saber que, por grande que fuese la decepción o la metedura de pata de alguna, la otra siempre sabría perdonarla, porque nunca querrían herirse la una a la otra.


Una fría tarde en South Park, la chica de rizos dorados esperaba a su inseparable compañera frente a la cafetería Tweak Bros., que pertenecía a los padres de Tweek Tweak, un amigo de las dos. Cuando la otra llegó apresurada y al trote con intención de disculparse, Bebe la interrumpió con un gesto de mano,a modo de saludo, y una sonrisa.

-No pasa nada, prácticamente acabo de llegar.-Explicó amablemente, colocándose al hombro una bolsa de deporte. Vestía unos pitillos marrones, botines algo más oscuros y un jersey blanco, sobre el cual llevaba una chaqueta roja y una bufanda también marrón. La otra vestía una sudadera morada con un corazón blanco y letras del mismo color sobre este, que rezaban la palabra LOVE. Una falda de invierno de color amarillo sobre unos leggins blancos y botas negras. Por su puesto no faltaba su inseparable boina de color rosa y también cargaba con una bolsa de deporte.

-Te invito a un café.-Propuso la recién llegada, aún con su sonrisa de disculpa.-¿Si?-Entraron en el establecimiento, donde les sorprendió un sonriete Kenneth McCormick, tan rubio y desaliñado como siempre.

-¡Buenas, chicas! ¿Que vais a tomar?

-Hola Kenny...-Saludó extrañada la rubia, al verlo con el mismo delantal con el que habían visto a Tweek alguna que otra vez.

-Hola...-Saludó también la morena, y sonó también extrañada.-¿Que te ha pasado?-Preguntó, haciendo que Bebe se fijase en la tirita que el rubio llevaba en la mejilla izquierda, cuando la señaló.

-¿Eh? ¡Ah, esto! Una noche loca hace nada, ya sabes.-Rió el otro, con una mano aún sobre la herida cubierta.-No te enseño la espalda porque estoy trabajando.-Señaló con el pulgar por encima de su hombro. Era difícil acertar cuando Kenny estaba bromeando o no, porque siempre era optimista, o eso parecía. Además, con respecto al sexo y McCormick todo podía ser cierto.

-Bueno, para mi va a ser un Capuccino.-Pidió la de la boina rosa.-Y para ella...-La señaló y la observó. Bebe se volvió hacia las opciones que habían expuestas en los carteles sobre la cabeza del rubio, pensativa.

-Para mí un Caramel Macchiato.-Pidió finalmente.

-Marchando...-Comentó con voz cantarina el chico.-¿Para tomar aquí o para llevar?-Preguntó mientras tecleaba el pedido en la pantalla táctil de la caja registradora.

-Para llevar.-Respondió la rubia.

-En un momentito los tenéis.-Concluyó él, que se retiró silbando a preparar los encargos.

-No sabía que Kenny trabajaba aquí.-Comentó la de falda amarilla, jugando con algunos mechones de pelo.

-Y yo no sabía que mantenía una relación con alguien.-Comentó la otra.

-¿A que te refieres?

-Wendy, fíjate: está más feliz que de costumbre y tiene regularmente marcas de arañazos, mordiscos o chupetones.

-No sabía que te fijabas tanto en Kenny.-Señaló de nuevo la morena, algo pícara.

-¡Eh!-Rió Bebe.-Solo soy observadora y me resulta obvio. Clyde estaba igual conmigo al principio.-Aclaró.-Kenny no suele tener esas marcas TAN seguido.-Hizo énfasis en la frecuencia porque Kenny era de las personas más pervertidas y promiscuas de Colorado, pero su frecuencia sexual no era tan continua como lo estaba siendo actualmente, a ojos de la rubia, que entendía bastante de relaciones.

-Entiendo...-Comentó la otra chica, viendo como su amigo les servía sendos vasos de café con el nombre del local con tapaderas para retener el calor del líquido y evitar vertidos al caminar.

-Aquí los tenéis, chicas.-Vieron como les daba la vuelta y en cada vaso estaba escrito el nombre de cada una. También notaron como se acercaba un poco, con el azucarero.-Por ser vosotras os dejo echaros azúcar al gusto.-Les guiñó un ojo de forma simpática.

-Gracias.-Dijeron al unísono, riendo, y endulzando sus cafés respectivamente.

-Son ocho con diez, señoritas.-Pidió. Wendy comenzó a rebuscar en su monedero y le entregó un billete de diez, que el rubio miró con avidez.-¿Todo junto o separado?

-Junto, junto.-Respondió ella, gesticulando con la mano. Kenny guardó el dinero en su respectivo compartimento y cogió el cambio para entregárselo a la morena junto al ticket.

-Muy bien... Aquí tienes.-Dijo, extendiendo el brazo hacia ella, que guardó el dinero en su monedero y lo devolvió a la bolsa, junto al ticket. Ambas cogieron el vaso caliente con ambas manos.-Gracias chicas, que tengáis un buen día.-Se despidió.

-Gracias a ti, Kenneth.-Wendy le aguantó la puerta a la rubia.

-Y ya nos contarás como es tu novia.-Bromeó esta, saliendo el establecimiento.

-¡Tía!-Rió Wendy.

-¿Qué? Tengo curiosidad.- Se excusó la aludida, dando un sorbo de su vaso. El líquido caliente le quemó la lengua y el paladar, pero hizo el efecto deseado en el resto de su cuerpo, que luchaba por soportar el frío de la calle.

-Te recuerdo que Kenny es bisexual.-Se explicó la morena.

-¡Uy!-Se llevó una mano a la boca, aguantando la risa ante la metedura de pata, que no traería muchos problemas.-La verdad, no veo a Kenny saliendo con un chico. De niño le gustaban mucho las tetas.-Recordó, a lo que Wendy respondió con una risa en la que trataba de contener el café.-Solo lo vería con un chico demasiado afeminado, como Butters. ¡O Kyle!-Apuntó.

Sin embargo, cuando miró a la morena, no la vio sonreír, sino que parecía algo desubicada.

-Wendy... ¿Pasa algo?-No obtuvo respuesta.-¿Aún te afecta lo de Kyle? ¡Vamos! Ya te dije que-

-Bebe.-La cortó. La chica le devolvió la mirada seria, sin dejar de caminar. A pesar de los minutos en los que su amiga guardó silencio, la rubia no interrumpió. Algo aún rondaba la conciencia de Wendy y no se atrevía a soltarlo.

-¡Eh! No podemos estar así. Si hay algo que debas o quieras contarme sabes que soy tu amiga. Te hará bien soltarlo.

-Creo que si lo supieras podría perderte.-Aquello dejó bastante asustada a la rubia.

-Prefiero que sea por una verdad que podamos arreglar a que sea por un engaño.-Explicó.

-Verás yo... Me inventé la infidelidad de Stan por despecho.

-¿Qué?-Preguntó Bebe, en un susurro, totalmente desubicada.

-Pensé que podría recuperarlo, y que si no era así tampoco sería de nadie.

-¿Me engañaste?-Quiso saber la otra, temiendo la respuesta.

-¡No! Bueno, no del todo... Stan está en el equipo y es normal que de vez en cuando se lo vea con otro o rodeado de chicas. Escuché como algunos cuchicheaban sobre el tema y de ese rumor nació mi falsa afirmación. No quería meterte en esto, pero solo funcionaría si eras tu quien daba el paso. He querido contártelo más de una vez, pero no he sido capaz porque me sentí súper mal una vez hecho.-Se expresó llorando, ya en las afueras del pueblo.

Bebe sentía una gran impotencia. Se sentía traicionada, engañada, utilizada y culpable de la ruptura. Aun así, Wendy era su mejor amiga, y estaba muy enamorada de Stan. Cada vez que ella perdía a Clyde y lo extrañaba era Wendy quien mediaba entre ellos, y no habían sido pocas veces. A pesar de que Stan se había declarado homosexual, cabía la posibilidad de una bisexualidad si había estado con Wendy en un principio, y quizá pudiese ayudar a su mejor amiga a ser feliz de nuevo con él. Pero tenía clara la única regla: si aquella misión era imposible, ella misma ayudaría a Wendy a abrir los ojos y a ser feliz de nuevo.

-Eh...-Llamó.-Me tienes aquí para todo. Soy tu mejor amiga, ¿recuerdas?-Le pasó un brazo por los hombros y besó su cabeza con ternura, sintiendo como la otra hipaba y trataba de calmarse.-Pero tienes que prometerme que si no funciona me escucharás y te olvidarás de él. ¿Vale?-Besó su dedo meñique y lo extendió hacia la morena, que se secaba las lágrimas mirando hacia la mano de la rubia.

-Prometido.-Dijo, y tras besar su dedo meñique lo enlazó con el de la chica, que le sonrió gentilmente. Entonces esta se detuvo y ambas separaron sus manos.

-Aquí es.-Comentó Bebe.

-¿Por qué tan lejos?

-En South Park hay muchos conocidos. Aquí podemos conocer gente nueva y hablar más tranquilamente. Nadie se molestaría en venir aquí teniendo otros tan cerca de casa.-Explicó. Las dos entraron en el edificio, que tenía un cartel enorme sobre la puerta que indicaba claramente que era un gimnasio.


Caminaba hacia casa de Wendy nuevamente, para otra tarde de gimnasio y cuando llegó a la puerta la chica estaba saliendo. Bajó los escalones y se unió a la rubia en el camino, tras darse dos besos y un abrazo.

-¿Qué tal hoy?-Preguntó, viendo que la morena estaba mucho mejor desde que había hablado. Ya llevaba una semana más o menos de buen humor, y eso le agradaba a la rubia.

-Bastante bien, aunque sigo queriendo quedar con él y no se como iniciar la conversación.-Comentó, algo desanimada, a una indignada Bebe.

-Ya sabes que debes hacer que él quiera hablar contigo.-Se quejó ella, no pudiendo soportar el que la líder de las animadoras, que tan deseada había sido y que a tantos tenía detrás, arrastrarse por un ex. Gay. Un exnovio gay que no se sabía con certeza si podía ser siquiera bisexual.

-Sí, sí.

El resto del camino transcurrió en silencio, porque no había mucho que contar ya que estaban bastante bien desde entonces. Fue algo más avanzado el trayecto cuando Bebe recordó un hecho importante.

-¡Ah, sí! Le he pedido ayuda a Red con el tema.

-¿Con qué?-Parecía perdida.

-Con lo de Stan y eso.

-¿Qué?

-No le he contado nada, de verdad.

-¿Entonces?-Se empezó a poner nerviosa.

-Le he dicho que en el hipotético caso de que Clyde se hiciese gay en un futuro, si sabía como podía intentafr recuperarlo.-Ya se dijo al principio que Bebe era más guapa que lista.

-¡Eso es muy evidente!-Se quejó la otra, exasperada.

-Estuve pensando que podríamos hacer, pero no tenía ideas y como ella es tan retorcida pensé que podría darme buenos consejos...-Se disculpó.

-¡Aún así! Sabes que las chicas somos cotillas por naturaleza. ¡Podría contárselo a alguien!-Lloriqueó.

-Bueno, aún así no supo que decirme. Le pedí que lo olvidase.-Comentó. La otra soltó un bufido, y la chica supo que su amiga volvía a respirar tranquila.

-Y, bueno... Me crucé con Kenny y Kyle no hace mucho, y después de verlos aquel día en el parque con la guitarra... Le pregunté a Kenny si lo suyo iba en serio.

-¡¿Qué?! ¡¿Estás loca?!

-¡Necesitaba saberlo! Era por tener un as en la manga para nuestro plan...-Se excusó.

-¡No deberías haber dicho nada!-Se quejaba Wendy, mientras entraban por la puerta del gimnasio. Se toparon justo en la puerta con una chica que habían conocido allí y vivía en un pueblo cercano. Comenzaron una conversación que derivó en algunas risas por un comentario ingenioso. Alguien estaba aguantando la puerta y el frío las alcanzó de nuevo, por lo que emprendieron el camino a los vestuarios de nuevo.-Yo hice todo lo posible porque Kenny se acercase a Kyle para sacarlo de en medio.-Wendy le habló muy bajito a la rubia, que se sorprendió otra vez.

-¡Lo siento, tía! ¡Tenía que hacerlo! ¡No podía soportarlo más!-Le decía la rubia, exasperada, a la otra, que parecía muy enfadada.

-¡Si me meto en un lío por tu culpa...!-Amenazó. Se lo pensó un poco, pero se atrevió a hablar, sin saber que todo aquello estaba llegando a oídos del propio Cartman.-¡Haré que rompas con Clyde!-La puerta del edificio se cerró nuevamente.

-Sabes que los cotilleos me pueden, y eso iba a ser un bombazo para dejar a Stan accesible.-Explicó.

-Y la retorcida era Red, ¿eh?-Preguntó ella, agradeciendo las intenciones de la rubia, que demostró una vez más ser más guapa que lista. La aludida rió con dulzura, sabiéndose retorcida y algo malvada por dentro.-Buenos, no nos cansemos mucho que esta noche es la fiesta en mi casa y tengo que cuidar de todo.-La otra asintió.-Y además he invitado a Cartman.-La morena tembló un momento.

-No sé porque lo invitas.

-Es un buen escenario para que Cartman me haga de una vez un favor.-La rubia arqueó una ceja.-Clyde y Token han invitado a Kyle, con mi consentimiento. ¿Por qué? Porque Kenny estará en mi casa, seguramente buscando algo que llevarse a la cama. Dudo que tenga algo con Kyle porque nunca se ataría a nadie tan pronto.-Bebe asintió, corroborando que Kenny había confirmado las sospechas de la morena.-Si Cartman empieza a meterse con Kyle, su juguete favorito, este buscará refugio en Kenny, Stan los verá juntos y creerá que no tiene esperanzas de volver con él.-Concluyó.

-Entiendo...-Dijo, asimilándolo todo.-¿Y decías que Kyle te caía bien?

-No quiero que lo pase mal, me cae bien. Pero sé que no han cambiado tan rápido sus sentimientos por Stan, Kyle es muy sensible.-Explicó.-Los dos tienen que sufrir un poquito para darse cuenta de que no están hechos el uno para el otro. Stan es el objetivo, Kenny el gancho, Kyle la bomba y Cartman el detonante.

A Bebe no le gustaba el plan. No le gustaba la idea de que Wendy siguiese enamorada de Stan, ni estaba de acuerdo con esa teoría maquiavélica de el fin justifica los medios, pero no podía dejar colgada a Wendy, y tampoco es que fuesen a romper una pareja. Eso ya lo habían hecho... Ups. Aunque ella no había sido consciente de ello, no del todo. Sabía que esto estaba en un fifity-fifity, era un todo o nada: o todos acababan bien o les estallaba en la cara.


He estado toda la redacción de esta capítulo pensando en cambiarle el título por: el valor de la amistad, o algo así, pero era MUY cursi para mi xD

Por otra parte, la pobre Bebe está entre la espada y la pared, aunque ella sabe ya donde se mete.

De nuevo esta historia pega vueltas y giros y ni siquiera yo se por donde voy a salir esta vez.

El próximo capítulo, el 10, se lo dedicaré esta vez a Stan, que ya le toca, y casualmente me coincide con el número que iba a ponerle en el equipo del instituto, porque es un típico que el capitán lleve el 10 o el 7, y me hace gracia.

Nada más, que ya no se si esto es shojo, yaoi, si habrá yuri... ¡Ya veré con que sorpresa me asalto a mi misma para sorprenderos a los lectores!

Espero con amor, cariño e impaciencia vuestras opiniones, consejos o lo que queráis mandarme jajajajaja

Me despido y ¡hasta la próxima!

¿Saldrá todo según el plan o les estallará en la cara?