Tres palabras: no tengo tiempo!!!

Estoy hiper apurada, asi que disculpenme!! Este cap es raro. Habla un poco acerca de lo que paso con los padres de Draco. Quizas lo deduzcan rápido, quizas no. Pero dejenme sus comentarios al respecto si!?

Espero les guste!

Los quiero y gracias por seguir leyendo! :)

Luii !

PD: no se que pasa con la página, pero algunas palabras salen en mayúsculas y otras no...


"Hay un Ángel y un Demonio,

y en el medio estás tú..."


Capítulo VIII:

Hermione no está… Fueron las únicas palabras que Ginny pudo pronunciar. Gruesas lágrimas de desesperación corrían por toda su cara y un nudo se había formado en su garganta quitándole el habla.

Gritos, caras de estupefacción, insultos, golpes en la mesa y lamentos surgieron todos a la vez después de varios minutos de silencio. Un silencio que solo el desconcierto, la angustia y la confusión pudieron producir.

Ninguno de los miembros de la Orden lo podía creer, por lo que imploraron a Ginny para que se calmara y así pueda contar toda la historia a fin de entender semejante declaración.

Después de unos instantes los esfuerzos de Ginny para calmarse surtieron efecto, y tartamudeando un poco comenzó a contar lo sucedido:

-De…después de ir a hablar con Lu…luna me fui a lo de Hermio…hermi- en este momento un nuevo torrente de lagrimas en Ginny exasperó al grupo, y tomó otros segundos en que se vuelva a calmar…- Fui a lo de Hermione (tomando todos los recaudos posibles, claro está) y golpeé la puerta pero no me atendía nadie y…y…entré pero ella no estaba por ningún lado; ni ella ni sus cosas, y no sabia que hacer y…- mas lagrimas inundaron sus ojos, las cuales trató de pararlas escondiendo su cara en el hombro de su madre, por lo que la señora Weasley pidió que no la molesten mas viendo el deplorable estado de su niña, y el resto del grupo lentamente volvió a ocupar sus respectivos lugares.

Nuevamente la habitación quedó en silencio, salvo por el gimoteo de la pelirroja. Sinceramente nadie podía creerlo y aunque quisieran no se podían mover de donde estaban. La sorpresa era muy grande y el solo hecho de pensar que le estaría pasando o donde estaría Hermione empequeñecía al máximo sus corazones. Millones de pensamientos fugases pasaban por la mente de todos y cada uno de los integrantes de esa gran familia: culpa, por dejarla sola; dolor, por la perdida de una hermana, amiga, hija; determinación, para encontrarla cueste lo que cueste… pero aparte de eso, el vacío que sentían en ese momento los había convertido en estatuas con cara de desconsuelo, pena…

* * * * * * * *

- Sobrinito! Que alegría verte de nuevo...- bajó las escaleras ronroneando peligrosamente. Cuando Bellatrix se acercó, se paró en frente de Draco. El, con una mueca-sonrisa algo burlona, contestó:

- Quisiera poder decir lo mismo...

Pansy y Theo, que se encontraban dos pasos más atrás, no dejaron de notar el ácido con que estaban impregnadas esas palabras. Ambos intercambiaron luego, una mirada de indecisión, al no saber si quedarse allí o dejar al rubio con aquella traidora.

- Ay no, no, no... no me digas que todavía me guardas rencor querido- la falsedad se derramaba de sus poros; y la malicia que acampaba desde hace años en su alma, se reflejaba en esos ojos carbón, que bien podría decirse que imitaban el color de su alma: negra, oscura. Malvada.

Si los dos amigos del rubio antes estaban indecisos sobre si irse o no, ahora ni que los torturaran a punta de crucios dejarían a Draco solo. La tensión en sus hombros, sus manos cerradas en un puño; eran evidencias claras del mal momento que estaba pasando. Ahora sus grandes ojos grises mercurio también irradiaban odio puro.

Por eso no lo dejarían. En aquella situación, el rubio era capas de hacer cualquier cosa. Y eso sin duda le acarrearía millones de problemas más.

Pansy dio un pasó adelante, inmediatamente después de que Bella dijera aquello; dando a entender que apoyaba al rubio; y si una pelea se desataba (Merlín no lo quiera, pero era posible) ella apoyaría a Draco y pelearía a su lado.

Demás esta decir que Theo imitó a la pelinegra.

Al percibir el gesto, el blondo se relajó un poco; pero muy poco. No debía alterarse. Con perras como su tía, había que pensar con mente clara y fría.

La loca mortífaga, viendo que no recibiría respuesta, y que su sobrino había venido con sus perros guardianes (inútiles e inservibles en realidad), prosiguió:

- Ayyy Draquito- avanzó un paso, pero tres miradas de acero la disuadieron de avanzar más.- Draquito, Draquito... debes comprender. Yo solo hice lo que era correcto. Cualquiera hubiera hecho lo mismo en mi lugar. Por lo cual no entiendo tu despecho...- la sensibilería era tan empalagosa que Nott tuvo ganas de vomitar; preferentemente sobre los zapatos de aquella psicópata.

Las palabras pugnaban por salir de su boca; palabras hirientes en demasía; acompañadas de una maldición prohibida, y un haz de luz verde. Pero nada de eso sucedió. Porque una mano fina y delicada, pero no menos fuerte, se posó en su hombro, dándole apoyo, pero también advirtiéndole. No le convenía perder los estribos. No con ella.

Exhaló quedamente y decidió que la ignorancia sería el mejor arma (además no tenía otra).

Ante la mirada estupefacta de los tres, Draco giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia la puerta que lo llevaría al primer piso del subsuelo, donde generalmente se hacían las reuniones de mortífagos.

Pansy no reaccionó lo suficientemente rápido, por lo cual se vio arrastrada por el castaño en la misma dirección que iba Draco y ahora caminaban a la par. La morena se soltó de su fuerte agarre con un movimiento rápido; al parecer el rubio no era el único que se había alterado con la "charla".

Pero antes de cruzar el umbral de la puerta, el blondo se detuvo, y dos pasos más adelante lo hicieron sus amigos. Ellos trataron de comprender su comportamiento; pero su cara estaba despojada de toda expresión.

Malfoy inhaló profundamente y luego giró su cara para que su tía, aún parada en el mismo lugar, pudiera vislumbrar su perfecto perfil. Con voz cansina, dijo:

- Lo peor de todo es que ella te habría encubierto- Bellatrix se sorprendió un poco por aquella revelación- Lo hubiera hecho-asintió.- Ella confiaba en ti. Pero tú la traicionaste. Eso fue lo que en realidad la mató.

Y girando para quedar nuevamente frente a la mujer, Draco terminó:

- Como buena serpiente que eres la traicionaste. Pero déjame decirte que no eres la única serpiente capas de traicionar a una familiar si es necesario. Yo que tu me cuidaría...

-Já! Eso es una amenaza- la voz de la mortífaga fue una mezcla de diversión, incredulidad y burla. No podía creer tal atrevimiento por parte de aquel niñato.

- Lo es!- avanzando un pasó, terminó el rubio entre dientes. El hierro de sus ojos se había derretido bajo el peso de su mirada iracunda.

Tanta seguridad y decisión dejó muda a la Black. Cuando estuvo preparada y recuperada para contraatacar con una respuesta, Draco ya había desaparecido por la puerta con sus amigos.

* * * * * * * *

Nott y Pansy casi corrían detrás del rubio. Estaba alterado, muy alterado. Pansy lo sabía. Por eso corrió un poco hasta alcanzarlo; lo tomó del brazo y lo giró para verlo de frente.

Si. Estaba mal.

- Te... encuentras bien?- preguntó.

- Y a ti que te parece?- preguntó aún enojado.

Draco entendió que había sido muy rudo cuando la pelinegra se cruzó de brazos y frunció el seño. Ella entendía que estuviera mal y todo eso; pero de ahí a que se la cargara contra ellos era muy distinto.

Un suspiro prolongado rompiendo el silencioso producido; y el interrogado se pasó una mano por sus cabellos, desordenándolos. La miró ahora más sereno y dijo:

- Te agradezco la preocupación.

Estaba por seguir comino cuando la morena lo interrumpió de nuevo.

- Aún no me has contestado...

Draco volvió a suspirar y dijo:

- Lo estaré...

Sin más, siguieron camino. Doblaron en la esquina y se unieron al grupo que espera frente a la puerta del lugar donde los esperaba su Amo.

* * * * * * * *

Lord Voldemort acariciaba a su preciada mascota, sentado en el centro de la habitación, mientras esperaba a sus más allegados discípulos. La elegante habitación estaba algo oscura, la única fuente de iluminación la propiciaba una chimenea, lo que le daba al ambiente un aspecto macabro.

Las puertas del lugar se abrieron dando paso a un grupo de sombras negras que se ubicaron alrededor de su señor esperando a que la reunión comenzara. Bellatrix se alejó del resto del grupo ubicándose detrás de la silla del Innombrable, con la cabeza erguida y una sonrisa altanera y vanidosa a sabiendas del trato privilegiado que su amo tenia con ella.

El aire estaba tenso y se podía respirar el temor que emanaban los poros de la mayoría de los mortifagos allí presentes.

Con una mirada fría y asesina estudio los rostros de cada uno de ellos provocando escalofríos en más de uno. Con voz aguda e inexpresiva Tom Riddle comenzó a hablar dando inicio a la reunión:

-Supongo que deben de haberse enterado de los últimos acontecimientos que el mundo mágico ha estado comentando…

Solo unos pocos sabían a que se refería, por lo que el resto del grupo no pudo evitar mirarse unos a otros algo desconcertados.

-¿Aahh, no lo saben?- respondió burlonamente Voldemort lanzando dagas con su furiosa mirada-. Bueno supongo que tendré que informarles yo mismo de las nuevas noticias que ya circulan. Dolohov y dos mortifagos mas fueron asesinados hace un par de días; y fui informado de que un mortifago fue el responsable de eso- se levanto de un salto de su silla y comenzó a caminar entre sus seguidores, los cuales cada vez estaban mas asustados por el estado sacado y furioso de su señor-. ¡El mundo mágico se ríe de nuestra supuesta falla, diciendo que las tropas del Lord Tenebroso están cayendo poco a poco porque su líder no los puede controlar, que están destruyéndose entre ellos, y que los magos blancos pronto van a tomar el control de la situación cuando todo se termine! ¿Se lo pueden creer? – pronunció con voz aterradora, con un deje de burla.

Se detuvo a las espaldas de Draco y vilmente se acerco a su oído y susurro:

- Y ¿que se supone que debemos hacer ahora, Draco?

Un horrendo escalofrío recorrió la espalda de Draco, pero no movió ningún pelo conciente del problema en el que estaba. Millones de preocupaciones cruzaron por su mente y todas iban dirigidas a Hermione, por lo que procuro cerrarla.

Pansy lo miraba de reojo sumamente asustada. Ella sabia, al igual que Draco, que su Lord sabia la verdad y no quería ni pensar en lo que le podía pasar a su mejor amigo.

Voldemort volvió a su asiento, ahora un poco mas tranquilo (solo un poco), comenzó a observar a sus seguidores nuevamente, solo que esta vez de forma pensativa.

-Quiero que les quede bien en claro que la próxima vez que suceda esto no voy a responder…- dijo, hablando muy bajito- Y para solucionar este problema vamos a insertar una dosis nueva de terror en la comunidad. Atacaremos el Callejón Diagon esta tarde… y ¿Draco?

-Si, mi señor- respondió dando un paso al frente.

-Estas a cargo de esta misión. Quiero que destruyan a todos los impuros que encuentren, que hagan destrozos por doquier y no deseo bajas ¿entendido?

-Si, mi Lord-

-Pueden retirarse- finalizó después de mirar amenazadoramente a Draco.

Después de que todos hicieran sus reverencias comenzaron a retirarse, y pasos antes de cruzar las puertas Draco escuchó:

-No cometas más errores, Draco. Esta vez estas eximido, pero aunque seas mi mano derecha, al mínimo error desapareces del mapa, al igual que tus padres.

Apretó su mandíbula hasta el punto que sus dientes parecían estallar y salió de la habitación con la vista nublada por el odio, dejando atrás risas que helarían la sangre a cualquiera.

* * * * * * * *

Todos estaban sumamente preocupados. Corrían de un lado a otro de la casa completamente histéricos tratando de hacer algo para ocupar su tiempo. La señora Weasley cocinaba y cocinaba, derramando de vez en cuando alguna que otra lagrima; Ginny trataba de arreglar la radio para escuchar las noticias y cada tanto se acercaba a la ventana para ver si llegaba alguna carta; y los gemelos hacían temblar la casa con explosiones de experimentos fallidos. Constantemente los miembros de la Orden entraban y salían de la casa trayendo noticias nuevas o reuniéndose cuando la situación requería algún cambio del plan.

Hermione no aparecía y las zonas de búsqueda se estaban agotando rápidamente, por lo que todos estaban fuera de si. Y Harry y Ron no daban señales de vida.

-¡Nunca tendríamos que haberla dejado sola!- se lamentaba Molly cada tanto; cosa que terminaba con un llanto escandaloso por el cual se turnaban para pararlo-. Somos los peores seres humanos del planeta. ¡Vaya a saber que cosas debe estar pasando la pobre!

Después de varios minutos en los que solo se escuchaban los sollozos de la señora Weasley, una lechuza blanca picoteaba el vidrio de la ventana de la cocina. Ginny corrió desesperadamente hacia ella y le arrebató el sobre con manos temblorosas. La lechuza indignada con el trato de la pelirroja salió volando y se perdió en el cielo gris tormentoso.

-¡Es de Harry, mama!- gritó ella antes de enfrascarse con la lectura de aquella carta tan esperada.

La señora Weasley impaciente por saber noticias de su hijo (o sus hijos), comenzó a caminar alrededor de Ginny esperando que esta terminara la carta.

-Dice que están bien. Que ya llegaron a donde iban y que si todo sale bien pronto van a regresar- le comentó a su madre con una sonrisa de oreja a oreja y lagrimas en sus ojos.

Su madre suspiro y se dejó caer en la silla más cercana.

-¡Ay, gracias a Merlín! Ahora voy a poder dormir un poco más tranquila por las noches, aunque Hermione me tiene tan preocupada que… creo… no… yo…- y unas cataratas de lágrimas siguieron al balbuceo.

Ginny corrió a abrazar a su madre y guardó la carta en uno de sus bolsillos, que en ese instante pesaba como el plomo. "…dile a Herms que la extrañamos y que nunca le vamos a terminar de agradecer todos sus consejos… espero que no siga enojada con nosotros por dejarla fuera de esto, pero lo hicimos por su bien, porque la queremos…"

* * * * * * * *

En el momento en el que levantó el pie para entrar en la habitación del rubio, sintió como alguien estiraba una de las mangas de su remera.

-¡Yo no estaba haciendo nada!- gritó dando un salto hacia atrás con el corazón y la respiración a mil por hora. Pero cuando se dio vuelta para enfrentarse con seguramente Malfoy, no encontró a nadie. Miró para todos lados con mucha confusión pero seguía sin haber nadie más que ella en el pasillo, hasta que reparó en la presencia de una adorable elfina de grandes ojos verdes y dimensiones más pequeñas que la de los otros elfos que Hermione había conocido, que la observaba con cara de desconfianza.

-¡Ay por Merlín! Casi me da un ataque del susto…- dijo Hermione recostándose en la pared tratando de calmar su corazón.

-¡Oh, disculpe señorita! No lo hice a propósito…discúlpeme por favor!- rogaba la elfina.

-No te preocupes, está bien- la calmó Hermione con una sonrisa. Y una vez calmada preguntó- ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Dilys- confesó tímidamente la elfina-.

-Que lindo nombre!-

-Gra…gracias, señorita- dijo la elfina, extrañada por el trato de la castaña-.

-Dime Hermione, si?- pidió ella.

Dilys asintió un poco incomoda por la confianza de Hermione.

-¿Hermione?

-Si?-

-Venia a informarle que el almuerzo esta listo por si desea comer algo-.

-Oh, es muy amable de tu parte! Enseguida voy.- dijo.

Dicho esto, la elfina desapareció y un Gracias! se escuchó por todo el pasillo.

* * * * * * * *

A paso lento (y un poco nerviosa, se podría decir) se dirigió al comedor y cuando ingresó en el un sentimiento de culpa la inundó por completo. Los elfos habían arreglado la mesa como si se tratara de un almuerzo real. Los platos, vasos y demás utensilios irradiaban elegancia y pulcritud, y la comida que yacía en la mesa era extravagante y lucia tortuosamente deliciosa, como para diez personas y ellos eran solo dos! pensó Hermione.

Dilys estaba allí, al lado de la mesa indicándole cual era su lugar. Una vez sentada en la cabecera de la mesa se dio cuenta de que solo había un plato en ella, lo cual le extraño y ¿decepcionó?

Dilys reparó en la observación de la castaña y contestó aquello que ella no se animaba a preguntar:

-El amo no vendrá a comer hoy. Tengo entendido que no vendrá en todo el día por asuntos de negocios.

Y con esto la delfina dejó sola a Hermione.

Por alguna extraña razón, aquella noticia la dejó algo molesta y sin apetito por el resto del día.

* * * * * * * *

Una torre de libros estaba junto a Hermione. Lo único que había hecho en el resto del día fue leer, y aunque era su actividad favorita a esas alturas ya estaba bastante aburrida.

Eran la siete y afuera la noche era como la boca de un lobo, sin luna. Una espantosa tormenta se avecinaba y el rubio de ojos grises no había hecho acto de presencia en todo el día.

Hermione estaba sentada en el alfeizar de la ventana de su habitación, y dirigía una triste e inquieta mirada hacia la noche.

En un principio estaba muy molesta por la actitud de Malfoy y no le importaba el hecho de que no aparecía. Pero al caer la tarde comenzó a sentirse sola y una terrible sensación de vértigo se le formó en la boca del estomago ¿ y si está en problemas?, se preguntaba una y otra vez. No encontraba el motivo por el cual se sentía así. El no era nada de ella. Solo un ex compañero que la salvó de una inminente muerte. Y por mucho que trató de convencerse de que la razón por la cual se ponía ansiosa en sus ausencias era porque lo veía como un héroe, se dio cuenta de que no se podía mentir, había algo más que eso. Pero, claramente, no podía recordarlo

En esos momentos recordó lo que estaba a punto de hacer esta mañana; acto que fue interrumpido por Dilys. Por lo que se dirigió a la habitación del rubio convencida de que allí iba a encontrar algo que le de mas información sobre el; ya que no confiaba mucho en ese individuo.

Salió a trompicones de su cuarto y se apresuró hacia el final del pasillo. Se paró enfrente de su puerta. Miró hacia todos lados. Posó su mano derecha en el picaporte de serpientes y con mucho cuidado lo giró.

Si su habitación le había parecido elegante, lujosa e inmensa, ésta era diez veces más.

Se quedó parada en el marco de la puerta admirando detenidamente todo el esplendor que le mostraban sus ojos: una inmensa cama con sabanas negras de seda, un gigantesco sillón verde oscuro, unas puertas que supuso que eran la entrada del closet, un escritorio, un hermoso y un grande baúl ubicado al pie de la cama; cuadros (le sorprendió ver a algunos de procedencia muggle), espejos y alfombras.

Se dirigió al escritorio y lo único que le llamó la atención era un periódico que lo leyó pero no pudo sacar mucha información útil. El resto de las cosas allí eran papeles, plumas, tinteros, etc.

La enorme cama le llamó mucho la atención por lo que no pudo evitar tirarse encima de ella. Era muy esponjosa y suave y se hubiese quedado todo la vida acostada allí pero se recordó lo que estaba haciendo.

Siguió examinando el lugar pero nada interesante encontró. Y cuando estuvo a punto de irse, el baúl que estaba al pie de la cama le hizo quedarse un rato más.

Después de probar varios hechizos para poder abrirlo, lo consiguió.

Sentada en el suelo, lo abrió y se quedó asombrada con la cantidad de cosas que había en su interior. Pergaminos, libros, pequeñas cajas, plumas, el equipo de quiddich de Slytherin, cuadernos, fotografías y millones de cosas más. Empezó a ojear todas las cosas y al final de todo, en el fondo de ese cajón, encontró una caja roja muy llamativa.

Cuando la abrió encontró un cuaderno verde esmeralda. Comenzó a leerlo y comprendió que eran poemas. Pero quedó muy extrañada con la letra con la que estaban escritos. Es mi letra!, pensó en su fuero interno.

Leyó todos y cada uno de esos hermosos poemas y al final, de la última hoja, cayó la partitura de una canción. En esa ultima hoja del cuaderno, estaba escrita, con letra prolija y estilizada, la letra de esa canción.

Las letras de esa canción quedaron grabadas en su mente. Lagrimas caían de sus ojos y no sabia porque. Algo le decía que la conocía y empezó a esforzarse al máximo por recordar, pero le era imposible. Sintió unas punzadas muy fuertes en la cabeza, la cual comenzó a dolerle demasiado y todo empezó a dar vueltas a su alrededor. Las lagrimas seguían resbalando por su rostro y a los pocos segundo, se desmayó.

* * * * * * * *

Todo había sido un caos; muertes y destrozos habían colmado el Callejón Diagon. Cumplieron con su misión: insertar una nueva dosis de terror en la comunidad mágica sin bajas.

Un tambaleante Draco entró a su departamento por la puerta principal. Un hilo de sangre colgaba de su mentón, sus ropas tenían algo de polvo y de su platinado cabello caían gotas de lluvia. Afuera estaba lloviendo escandalosamente y la tormenta se estaba poniendo cada vez peor.

Caminó arrastrando sus pies y se dejó caer en el sillón del living. Después de esas misiones se sentía horrible, patético. El solo pensar en la cantidad de personas que habían matado le repugnaba y por cada una de ellas algo dentro suyo moría: todas esas personas le recordaban a su castaña ya que ella estaba en su misma situación y si no fuera por la gentil obra del destino, probablemente no estaría allí.

Necesitaba verla. Necesitaba saber si estaba bien. Necesitaba sentir su presencia, su olor, todo. La necesitaba.

Trabajosamente se levantó del sillón y caminó hacia la habitación de Hermione. No le importó el estar hecho un desastre, primero se tenía que asegurar como estaba.

Golpeó tres veces la puerta y después de varios minutos sin recibir respuesta alguna, decidió entrar.

-¿Granger?- preguntó asomando la cabeza por el marco de la puerta. Estuvo a punto de llamarla por su nombre; pero decidió que era más prudente no hacerlo.

Como no la veía, entró en la habitación.

-Granger ¿Dónde estas?- siguió insistiendo.

Al no recibir señales de vida de la leona, se dio la vuelta y salió de la habitación dispuesto a buscarla en el resto de la casa.

No la encontró ni en la cocina, ni en el comedor, ni en el estudio. Revisó por todas partes llamándola y ella seguía sin aparecer.

Sintió como todo se le venia abajo cuando el único lugar sin recorrer fue su habitación. Cuando fue hacia ella vio la puerta entreabierta y sin vacilar ingresó a ella.

Y allí la encontró. Tirada en el piso. Con un cuaderno verde entre sus manos. Con su baúl abierto y todo su contenido regado por el suelo.

Ira comenzó a correr por sus venas pero obvió ese sentimiento y se concentró en la situación de Hermione.

-¿Hermione?- repetía una y otra vez tratando de despertarla. La desesperación se estaba adueñando de todos sus sentidos al pensar en lo peor.

La alzó en sus brazos y la llevó hacia su habitación. Una vez allí la recostó suavemente en la cama, le sacó sus zapatos y su ropa y le colocó su pijama. La tapó con las sabanas y cuando comenzó a correr para llamar al medico, la voz de Hermione lo detuvo:

-Dra…Draco…- pronunció débilmente su nombre, hecho que producía un efecto balsámico al ser pronunciado por sus labios.

Draco lentamente se acercó a su cama y se sentó en ella.

-¿Si?- le dijo.

-No te vayas- dijo en suave susurro-. Qué...date con... conmigo.

Y Draco, incapaz de rechazar esa oferta se acostó a su lado. Al sentir la presencia del rubio, Hermione segundos después se durmió. Él no podía dejar de mirarla, estaba tan hermosa. Recostó su cabeza en la almohada y observó como la lluvia golpeaba el vidrio de la ventana. Después se durmió, sintiendo como todas las preocupaciones que sentía momentos atrás se desvanecían en el aire, dejando solo una sensación de paz y esperanza.

Esa noche, parecía que el cielo se estaba viniendo abajo y el mundo mágico lloraba la perdida de muchos de sus seres queridos que habían muerto esa tarde.

Pero Draco y Hermione estaban ajenos a todo tipo de preocupaciones. Al dormirse entraron en una burbuja en la que solo ellos podían estar. Simplemente soñando el uno con el otro. Él con Hermione, como todas las noches; y ella con él, bajo un cielo infinito escuchando como una voz pronunciaba las palabras más hermosas que jamás haya escuchado.