Secrets And Love In Class
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#SALIC
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Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer, y la historia es totalmente mía.
Advertencia: Es una historia rated M, escenas y vocabulario en probablemente no apto para menores de 18 años, si no te gusta, abstente de leer
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Capítulo beteado por Manue Peralta, Beta FFAD
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Me gustaría dedicarle está historia a mi querida amiga Estela, (en Twitter la encontraréis como (arroba)HappyEstela, si antes no cambia de cuenta de nuevo. Este es su regalo de cumpleaños, y como me cumplió los dulces dieciséis me decidí a hacerle esta historia de Alice y Jasper, aunque también habrá mucho Edward y Bella, sin olvidar a Emmett y Rosalie, claro.
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Chapter 8: Epílogo: Culminación.
— ¡Admítelo, Bella, no puedes conmigo! —Gritó Emmett desde el otro lado del jardín.
— ¿Qué no? ¿Qué no? —Preguntó Bella antes de lanzarse contra Emmett a toda velocidad.
Todos estaban jugando al pilla pilla en el jardín trasero de la cabaña donde solían ir de vacaciones, y sí, era la de la familia Hale.
Ya habían pasado diez años desde que se habían tenido que ir todos de Forks para la universidad y las cosas estaban un poco diferentes. Eso sí, todos se habían licenciado con muy buena nota, y ahora tenían sus trabajos.
Por ejemplo, todos se habían casado, y a pesar de que Alice quería una boda triple, todos se casaron de manera individual y con unos meses de diferencia para que todos pudieran asistir a las bodas de los otros.
Los primeros en casarse fueron Alice y Jasper, que se fueron de luna de miel a Francia, donde Alice se lo pasó como una enana comprando en diversas boutiques como Chanel, Carolina Herrera, Sessun, Gucci, Louis Vuitton, Prada, Armani, Versace, Dior, entre una interminable lista de marcas de lujo que los seres mortales normales y corrientes no se lo podrían permitir. Pero no solo eso, también se pasaron por el Louvre, la torre Eiffel, el centro Pompidou, Versalles… Por las noches, Jasper y Alice reconocían sus cuerpos como la primera vez, de una forma llena de ternura y amor total.
Jasper había conseguido crear su propio consultorio en Port Ángeles y de momento estaba teniendo buenos resultados, ganando bromas de Emmett que decía que vivían en una ciudad llena de locos. Alice había logrado graduarse en ingeniería, y trabajaba para una empresa multinacional que creaba infraestructuras para el estado de Washington.
Los segundos en casarse fueron Emmett y Rosalie. Ellos se fueron de luna de miel a Noruega, donde Rosalie llevó a Emmett a rastras para ver los fiordos de Songefjord y Hardangerfjord y a ver islas como Lofoten y Vastarålen. Emmett estaba exhausto, pero aún le quedaron fuerzas para seguir a Rosalie hacía el glacial de Jostedalsbreen y después de todo eso se fueron al hotel enfrente de la costa Lofoten para ver el hermoso sol de medianoche. Emmett siempre acababa más cansado que un perezoso que buscó alimento en árbol ajeno, pero de noche siempre tenía tiempo para demostrarle a Rose cuánto la amaba, venerando su cuerpo como se merecía. Al volver Rosalie volvió a su trabajo dentro del bufete de abogados de los Hale y Emmett empezó a trabajar como contable para una empresa de construcciones.
Los últimos fueron Bella y Edward. Edward tenía los huevos de corbata—dicho vulgarmente—cuando se lo pidió, porque él sabía que ella no creía en el matrimonio, pero cuando se lo pidió y ella con una tímida sonrisa le dijo que sí aceptaba ser su esposa, pegó un grito que el vecino de enfrente le vino a preguntar qué pasaba. Al final el pobre hombre acabó atrapado por la felicidad de Edward y tuvo que aguantarlo toda una cena. Cuando se casó Edward no tenía claro donde ir. Él sabía que Bella adoraba Italia, pero que su corazón de chica amante de libros gritaba por Inglaterra. Habló con sus padres y le dieron una idea. Medio mes en un país, y otro medio en otro.
Primero fueron a Italia, fueron por todo el país, fueron a Roma, a la Toscana, Pisa, Turín… Vieron todo lo posible que se podía ver en Italia, y cuando acabaron en el hermoso país en la orilla del Mediterráneo se fueron a la mística Inglaterra. Fueron a Oxford, Manchester, Liverpool, Rochester acabando y reposando la última semana en Londres. Sobra decir que las noches los recién casados se amaban como si no hubiera mañana. Edward empezó a trabajar en el hospital de Port Ángeles como interno de cardiología infantil, y Bella empezó a trabajar como correctora de textos en el periódico de la ciudad.
Y ahora, en las vacaciones de verano estaban todos jugando como los adolescentes que habían sido.
— ¡Yo te ayudo tía Bella! —Gritó Sophie.
¡Ah! Se me olvidaba comentar que hacía cinco años, y nada más acabar la universidad, Rosalie había quedado embarazada de Emmett, y nueve meses después nació la pequeña Sophie, una hermosa niña de cabellos negros como la noche y en perfectos tirabuzones, con los ojos azul hielo que caracterizaba a los Hale.
— ¿Ayudas a tu tía y no a tu papá? —Le preguntó Emmett inflando los mofletes.
—Pelo los osos son muy fueltes y la tía Bella es pequeñita y parese una muñeclita —explicó Sophie con una sonrisa que marcaba sus dos hoyuelos.
Bella sonrió con ternura y se dirigió a la mesa para coger sus gafas. Amaba a Sophie como si fuera su hija, pero aún tenía ciertas dudas. Ella había descubierto hacía tres semanas que estaba embarazada, y aún no se lo había dicho a Edward, ni a nadie. No porque no amase a su Edward —que lo amaba con locura— si no porque no estaba segura de sí misma. ¿Qué ocurría si no era buena madre? ¿Qué pasaba si eso no era lo que quería Edward? ¿Qué pasaba si durante el embarazo algo salía mal y…?
Mientras Bella cavilaba, todos se fueron sentando en la mesa situado en el porche trasero para comer disfrutando de la brisa del bosque. Cenaron hablando de todo y de nada al mismo tiempo, mientras que la pequeña Sophie contaba anécdotas de su primer año en párvulos, ganándose sonrisas de sus tíos.
Hacia el final de la cena, y mientras todos degustaban el postre, Alice y Jasper soltaron la bomba.
—Tengo un mes de embarazo.
Bella se atragantó y el agua de su boca acabó en la cara de Emmett.
—Tía Bella, eso fue un cochinada —dijo Sophie con cara de asco mientras miraba a su padre.
— ¡Ya, Bella! ¡Fue una cerdada! —Le dijo Emmett limpiándose el agua de la cara.
—Felicidades —oyó decir a Edward mientras ella recuperaba el aliento.
Todos empezaron felicitar a Jasper y Alice, y Bella no lo soportó. Y fue peor cuando vio la mirada anhelante de Edward.
—Felicidades, chicos, pero yo no me encuentro bien —Edward la miró con interrogación—. Creo que me voy a dormir.
—Que te sea leve, Bella —le dijo Alice acercándose a Bella para abrazarla—. Díselo, mujer, se pondrá muy contento —le susurró Alice para que solo ella le escuchara.
— ¿Cómo lo sabes? —Preguntó Bella con una mirada interrogativa.
—Simplemente lo sé todo —le dijo Alice antes de separarse de ella.
Bella se fue a su habitación, se encerró en el baño y se duchó, pensando en lo que Alice le había dicho. Edward parecía querer ser padre realmente, pero ella tenía miedo. Lo mejor sería decírselo, pero no podía evitar tener dudas, era humana después de todo.
Al salir del baño se encontró con Edward sentado en la cama.
— ¿Estás bien? —Fue lo primero que él le preguntó.
Bella tomó una gran respiración.
—Vete a duchar, después quiero hablar contigo —dijo antes de besar la frente de Edward y meterse en cama.
Edward obedeció sin decir nada. Hacía semanas que notaba a Bella extraña, pero había decidido que de esa noche no pasaría.
Al salir de la ducha se apoyó contra el marco de la puerta, observando como la luz de la luna se reflejaba en la piel de su mujer, envolviéndola en un halo etéreo. Con pasos lentos se dirigió a la cama y con cuidado se sentó.
—Bella… —la llamó suavemente.
Ella se giró con cuidado, y enorme fue su sorpresa al encontrarse a su amada mujer llorando en silencio.
— ¿Tu quieres tener hijos, Edward? —Le preguntó Bella con lágrimas rodando por sus mejillas.
—Pues, la verdad es que me encantaría tener una nenita, hermosa como tú, con tu hermoso pelo y tus hermosos ojos correteando por casa —le respondió Edward de manera franca mientras acariciaba la hermosa cara de su mujer.
—Estoy embarazada —susurró ella de golpe y con lágrimas nuevas resbalando por su rostro.
Edward se quedó en shock por unos instantes, analizando lo que Isabella le acaba de decir. Iba a ser padre.
Padre.
Una enorme sonrisa se esbozó en su rostro.
Cuando Bella vio la sonrisa en su rostro sus preocupaciones se fueron, y ella le devolvió la sonrisa.
—Acabas de hacerme el hombre más feliz de universo, nena —murmuró él antes de devorar los labios de su esposa.
El beso fue subiendo de intensidad, y ambos acabaron haciendo el amor, como solían hacer, demostrándose el uno al otro que si el otro desapareciera sería el fin del que se quedara.
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—Seremos padres —dijo Jasper besando el cuello de Alice.
Ella estaba lavándose los dientes y no pudo evitar estremecerse con el beso de Jasper.
—El piso se nos quedará pequeño —dijo ella.
—Quiero comprar una casa en Forks —le anunció él. Alice frunció el ceño.
— ¿Nos podemos permitir comprar un casa, Jasper? —Le preguntó ella.
—Sabes perfectamente que sí, no tenemos ningún problema económico —volvió a besar el cuello de Alice—. El consultorio va viento en popa, y a ti te ascendieron hace dos meses, ¿o no te acuerdas?
Alice esbozó una sonrisa llena de felicidad.
—Vamos a ser padres —murmuró ella antes de darse la vuelta para besar los labios de su dulce Jasper.
Ese tipo de cosas eran con las que había soñado de adolescente. Ella siempre soñaba con casarse con Jasper y formar una familia. Un pequeño niño con su energía y los cabellos de oro de Jasper. Una pequeña casita sería perfecta.
—Tendremos que hablar con una inmobiliaria lo antes posible —dijo Jasper entre beso y beso.
—Una pequeña casa sería perfecta, yo la decoraría —anunció Alice con ilusión.
—De pequeña nada, necesitaríamos muchas habitaciones —dijo Jasper serio. Alice frunció el ceño.
— ¿Para qué necesitaríamos muchas habitaciones? —Preguntó ella confusa.
—Estás loca si piensas que solo tendremos un hijo o hija —le dijo él con una sonrisa mientras acariciaba con cuidado el plano vientre de Alice. Ella soltó una carcajada.
—No tendremos un hijo siempre a la primera.
—Pues habrá que coger práctica…
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Ocho meses después nació el pequeño Alexander, el primer hijo de Alice y Jasper.
A Jasper se le cayó la baba mientras veía a su pequeño primogénito. Tenía una pequeña pelusilla rubia en el tope de su cabeza y él ya conocía el color de los ojos que tendría: serían los ojos violetas de Alice, estaba cien por cien seguro.
A pesar de que Alexander Hale nació dos semanas antes de lo previsto, el parto fue como la seda y el niño nació en estupendas condiciones.
Ahora Alice tendría que repartir su amor entre sus dos hombres.
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— ¡Si es que la culpa es tuya! —Gritaba Bella en la sala de parto apretando la mano de Edward.
—Respira cariño —le alentó él con una mueca. Bella tenía más fuerza de lo que pensaba.
— ¡Esta es la última vez que me la metes, Cullen! —Gritó Bella empujando y apretando la mano de Edward.
— ¡Dios! —Gritó Edward.
— ¡Venga! —Gritó Bella.
Un llanto se escuchó en la sala y Edward se acercó.
—Es Vanessa, cariño…
Después de que se llevaran a Bella y a Vanessa, Edward salió encontrándose con Emmett, Rosalie, Sophie, Alice, Alexander, Jasper, Charlie, Renée, Carlisle, Esme, Josh, Lena, Elizabeth y Leo. Toda la familia estaba reunida, al igual que en los dos partos anteriores.
—Esto, Edward, ¿quién estaba de parto? ¿Bella o tú? Porque te juro que tu gritabas mas que ella —dijo Emmett entre carcajadas.
Edward levantó la mano derecha.
—Mi esposa y tú hermana me ha sacado varios tendones fuera del sitio.
Charlie silbó.
—Siempre dije que Bella era más fuerte de lo que ella misma creía —dijo Renée provocando la risa de todos los presentes.
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Después de eso todo fue viento en popa.
Al año del nacimiento de Vanessa Carlie Cullen las tres mujeres descubrieron que estaban embarazadas. Como es habitual en una familia con antecedentes de casos de gemelos y mellizos, Rosalie y Emmett tuvieron dos gemelos, Mark y Josh. Mark era el vivo retrato de Emmett y Josh el vivo retrato del padre de Rosalie, por eso el nombre.
Alice tuvo una niña, que llamó Elizabeth por su madre. Era morena con un pelo liso como Alice, pero tenía lo electrizantes ojos de su madre y Edward.
Bella y Edward tuvieron una niña y un niño. Mientras Vanessa tenía un color marrón con destellos cobrizos y los ojos grises de Charlie y las mejillas de Edward con las expresiones de Bella, resultó que Jane era una copia de Bella y Christian era un Edward en miniatura.
Después del parto de mellizos Bella decidió cerrar la fábrica a tiempo completo, pero Alice aún tuvo un hijo más, John, un pequeño de pelo negro corto y ojos azules como los de Jasper.
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—Papá, voy a ir a casa del tío Edward y de la tía Bella porque van a ir todos, y yo no me quiero quedar atrás —dijo el joven John de seis años.
Jasper sonrió al ver a su hijo pequeño con esa mueca de indignación.
—Pero no te separes de Lizzi —le dijo Alice desde la cocina.
La joven Lizzi ya tenía diez años, y en la forma de ser era responsable, tranquila y madura como lo fue Jasper a su edad.
— ¡Vale mami! —Dijo John con alegría subiendo por las escaleras.
— ¡Dile a los tíos que iremos en una hora! —Gritó Jasper acabando de limpiar la sala.
— ¿Tanto vas a tardar en limpiar los baños? —Le preguntó Alice con el trapo de limpiar en mano.
—No es tanto, ¿vale? —dijo Jasper haciendo un mohín.
—Seguro que acabo yo antes de recoger y limpiar las habitaciones de los niños —le dijo ella subiendo las escaleras de su casa, dejando a Jasper atontado con la vista de sus caderas contoneándose.
Tal vez podrían hacer algo más que limpiar…
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— ¡Sin salir del jardín! —Gritó Edward desde el porche de su casa.
Rosalie y Emmett estaban jugando con los niños en el jardín, al escondite, si no se equivocaba, mientras Bella leía… Bueno, esa clase de libros que leía su mujer y que le traía de cabeza.
El timbre sonó, y Edward hizo el ademán de levantarse, pero Bella se adelantó.
—Voy yo, Edward.
Le besó dejando el libro forrado en la mesa para ir a abrir la puerta.
Al rato, Jasper y Alice estaban sentados a su lado y después de media hora, Emmett y Rosalie.
Todos se pusieron a hablar de cómo jugaban los niños, pero por sus mentes no dejaban de pensar que no podía haberles pasado nada mejor. Tenían buenos trabajos, una familia que les querían, unas casas bonitas, y no tenían que pasar hambre ni ningún tipo de necesidades.
Definitivamente, nunca llegaron a pensar que el amor de secundaría, donde unos escondían quién se gustaba entre sí, fuera a acabar de una manera tan buena.
Eran felices, ¿qué más podían pedir?
Sí, es corto, pero es un epílogo, los epílogos son cortos, y siento decir que no, no habrá secuela, sorry. Bueno, espero que os haya gustado esta historia que surgió en mi cabezita durante una clase de matemáticas. Sí, el dialogo del profesor de matemáticas en el primer capitulo es lo que estaba diciendo mi profesor en ese momento jajaja. Bueno, espero que te haya gustado Estela :3
Muchas gracias por los follows y los favoritos, y gracias a Emotica G. W, Laura Katherine, Gabymuse, KarlisCullen, hilarycullen17, Beastyle, Iku Cullen, Vbarby, Solange cerezo y a IsAbElA M CuLlEn,
En serio, MUCHAS GRACIAS por vuestro apoyo, sois unas lectoras geniales, y las lectoras fantasma también. Supongo que nos veremos el próximo viernes en LLDM.
Bueno, y siguiendo la tradición, dejadme un hermoso review si creéis que me lo merezco, si no, nada :)
Besos, de la mama osa que tanto os adora, hermosas nenas.
