Capítulo 8. Dama de noche.

La nieve caía del cielo lentamente, y con ello la llegada del invierno a Ecuestria, la crin multicolor de la princesa Celestia se movía con la misma brisa invernal, y con un delicado movimiento de su cuerno elevo el astro solar hacia las alturas, observo con premura mientras los pequeños copos se mecían suavemente lado a lado, y brillaban con la luz de su querido sol.

Dentro de ella recapitulo lo que había sucedido, habían pasado ya varias lunas desde que Brave Moonlight se había instalado en su castillo, así mismo Luna la había puesto al corriente con lo sucedido en el reino onírico, podría decirse que la paz perduraba en ambos reinos, y tener a dos guardianes oníricos, reforzaban la seguridad de su querido reino aun así, no quería quitarle el ojo de encima al guardia manchado, la concentración de energía de pesadilla en Brave, había aumentado, le preocupaba que Brave ni Luna, se percatasen de como esa energía crecía en su interior, y aun así, los Dream aseguraban de que era algo normal, y no una anomalía, realmente dudaba si convertirlo en alicornio era lo mejor.

Pese a ello, los preparativos para el ritual de conversión, estaban casi listos, reconocía que los Dream únicamente requerían que el muchacho pudiese ser longevo.

Celestia sabia la verdad, a pesar de lo que se creía de manera común, ni Luna, ni ella eran inmortales, sus padres se lo habían explicado hacía muchos años atrás, el Rey Equs Mond y la Reina Solaris, los antiguos gobernantes de Ecuestria.

Mami — dijo una pequeña unicornio, blanca de cabello rosado, —Es cierto que tú y papá, son más antiguos que Ecuestria misma —

La reina asintió, con una sonrisa en su rostro, la curiosidad de su pequeña hija la maravillaba.

Así es pequeña, a pesar de eso, no significa que papá y yo no podamos morir, veras Celestia, el ser un alicornio es una tarea muy especial, dado que tu padre y yo, no solo velamos por ti y tu pequeña hermana, sino que velamos por todos los seres, y no me refiero solo a los de Ecuestria, sino del mundo entero, cuando la "creadora", hizo a los alicornios, nos hizo de manera de que fuésemos sus designios, para traer amor, alegría, paz y prosperidad a todos, para ello, necesitaba que sus designios envejecieran más lento que las otras tribus, de esta manera, podrían guiar a los demás para que no se desviasen de su camino —

La unicornio blanca estaba sombrada, ahora con más animo ansiaba obtener sus alas.

Ojalá obtenga mis alas de manera presta — Dijo con una sonrisa.

Todo con premura pequeña — Dijo su padre, mientras entraba a la habitación —Aun no estas lista para tener tus alas, ni la tarea que ello conlleva — Celestia observo a su padre, de inmediato continuo con su discurso —Es como tu madre dice, nosotros velamos no solo por Ecuestria, sino por todos, nuestro deber es proteger la armonía que existe, dado que no hay luz sin oscuridad, así como no hay vida sin muerte, te prometo hija mía, que algún día estarás lista para tener esta carga en tu espalda, por ahora, disfruta de tu juventud —

La unicornio blanca asintió, y una pequeña Luna, se acercó a ella.

Hermana, los chicos están listos para jugar, ¿Vienes? — Celestia volteo a ver a sus dos padres.

Adelante — le respondieron al unísono, y Celestia salió en dirección de su pequeña hermana con una sonrisa en su rostro.

—Quien diría, que ese sería el último día que los vería — pensó para sí misma, no había día en el que no pensara en ellos dos, puesto que antes de que Discord atentase con la armonía de Ecuestria, miles de años atrás hubo otra amenaza, un ser de naturaleza impía que intento de todas formas, corromper a todos los seres por igual, y de no ser por la ayuda del reino de Oniria, y el imperio solar Equino, aquella amenaza no solo aterrorizaría Ecuestria, sino, a todo el mundo, Mond y Solaris, dieron todo por su fe en todas las especies de su mundo, y pese a dejar a dos potrancas atrás, ellos dos sabían en parte, que lo hicieron por amor a sus hijas, para darles un mejor mundo en el que pudiesen vivir.

—Madre, Padre, espero estar haciendo lo correcto — Pensó para sí misma mientras veía al horizonte, —Quiero confiar en los Dream, dado que ellos criaron a mi hermana, y sé que velan por nuestra seguridad, pero, temo que aquella energía que hay dentro del muchacho, se revele en nuestra contra —

Por más benevolente que pudiera ser, no podía confiar en el muchacho, la prueba no mentiría, y aun así una parte de ella, sentía que estaba mal, una parte suya aun confiaba en el muchacho, había observado su manera de trabajar tanto como guardia, como guardián onírico, siempre amable con los potrillos, dulce con las yeguas, y respetuoso con los corceles, además de darse cuenta del profundo cariño que su hermana pequeña le tenía, no podía negarlo, ambos habían forjado una relación bastante profunda, y lo ultima que quería era ganarse el desprecio de su hermana, aun así, Celestia solo necesitaba terminar el hechizo, este lo pondría en una situación que solo él, y solo él debía de afrontar.

De inmediato sintió el frescor de la nieve a su alrededor, observo su reino, a la lejanía podía escuchar poco a poco el barullo matutino, realmente no quería que nada malo ocurriese—Brave, suceda lo que suceda, espero puedas perdonarme — Pensó cabizbaja, aun meditando sus opciones, de pronto recordó que aquel hechizo no iba a terminarse solo, además del montón de tareas reales con las que debía de cumplir, mientras desayunaba, la princesa había caído cuenta en algo, con ese nuevo enfoque, se dirigió a retocar el hechizo para la prueba del muchacho, pues la niebla de su mente se había disipado, ahora sabía lo que debía hacer.

Aquella tarde había sido particularmente calma para Brave, con una bufanda en su cuello, observo a las familias ponis paseando sobre la nieve en el centro de la "antigua Canterlot", la estatua dedicada a las princesas, estaba cubierta por completo de aquella nieve, dio un vistazo a ella, y le asombro lo inexacto que eran, una sonrisa se dibujó en su rostro, y siguió con su camino, mientras caminaba se percató de que la noche de los corazones cálidos se aproximaba en unas cuantas semanas, y por su parte, quería darle un regalo a su compañera, Luna había sido demasiado amable con él, y ese año quería sorprenderla, cada noche de corazones cálidos que ocurría mientras entrenaban, Brave le regalaba cosas muy simples, pero se dio cuenta de que lo único que le había regalado durante sus tutelaje, eran bollos de canela, ahora que eran más que alumno y maestra, Brave sentía que de alguna forma debía de agradecerle por todo lo que había hecho por él y sabía exactamente con quien acudir.

—¿Me pregunto, si papá sabrá sobre algo que pueda regalarle?— Pensó para sus adentros, mientras trotaba en dirección a la joyería de su padre, pensó en lo que quería lograr con aquel regalo, y la respuesta era simple, sacarle una sonrisa en su rostro, verla sonreír, pese a que era una yegua muy sería, cuando le dedicaba una sincera sonrisa, Brave se derretía por dentro, no solo porque amaba esa sonrisa, sino porque sabía que no era tan difícil de complacer, dado que la princesa Luna no era una yegua de gustos refinados, sabía que con cualquier cosa que le regalase, ella se sentiría halagada, pero en verdad quería sorprenderla.

En cuanto entro a la joyería, fue recibido con el sonido de la campana, su padre la había mandado a instalar recientemente, era curioso volver a estar ahí después de algunos meses, al ver al muchacho Courage se sorprendió por la agradable visita de su hijo, mientras se acercaba al mostrador casi de inmediato y por dar un paso erróneo, el padre de Brave se había tropezado, la caja que cargaba salió volando, e iba a impactar sobre él, pero su hijo de inmediato la detuvo con su cuerno.

—¡Papá!, déjame ayudarte — Sin dudar por un segundo el muchacho ayudo al viejo corcel de pelaje grisáceo a levantarse, este le agradeció a su hijo, y tras recuperarse, el muchacho explico su caso.

—Ya veo, así que un regalo — Dijo su padre, mientras organizaba aquella caja de joyas.

—¿Has intentando preguntarle, que le gustaría? — Brave negó con la cabeza y explico que realmente quería que fuese una sorpresa.

—Y porque no hablas con su hermana, la princesa Celestia, quizá podría darte un casco, puesto por lo poco que conozco a la princesa de la noche, no sabría que decirte que le regalases, aun así, recuerda, a veces las cosas que vienen del corazón, son las mejores cosas que puedes dar —

A lo que Brave respondió —Lo se papá, es solo que últimamente, he tenido un sentimiento que no debería de tener — Una curiosa mueca se dibujó en el rostro de su padre, a lo que inmediato preguntó.

—¿Te gusta la princesa, verdad? — Courage jamás había visto a su hijo tan apenado, en cuanto termino de preguntar, Brave se había puesto más rojo que uno de sus rubíes, una sincera sonrisa se escapó de su padre.

—Tranquilo muchacho, tu secreto está a salvo, pero no creo que sea un sentimiento negativo — Brave negó con la cabeza.

—Pero es una princesa, no creo que un unicornio como yo sea algo que busque — Su padre de inmediato negó con la cabeza.

—Escucha Brave, el amor no se trata de apariencias —Dijo Courage acercándose a Brave detrás de su mostrador, —el amor se trata de sentir una conexión especial con la yegua que más te gusté, y escucha esto, me parece que el sentimiento es mutuo, tu madre y yo nos dimos cuenta, al parecer tú también le gustas hijo — Brave dejo de sentirse apenado, en cambio sintió la comprensión por parte de su padre, platicar de esa forma con su padre, esa cercanía, le recordaba a cuando ambos iban a las clases de violín, cuando terminaban, ambos solían regresar a casa, platicando de diferentes cosas.

—De verdad ¿crees que yo también le guste? — Dijo Brave retomando la plática, su padre asintió,.

—Creo que el mejor regalo que le podrías dar, es que seas sincero con ella, y le digas lo que sientes por ella — Brave negó con la cabeza.

—Eso está fuera de discusión, si bien, me encantaría decirle lo que siento por ella, no tengo el valor suficiente como para decirle — Su padre nuevamente río.

—No me cabe duda que eres mi hijo — Dijo sonriendo y poniendo un casco sobre su espalda.

—¿Por qué dices eso? — Pregunto el joven manchado, un tanto confundido.

—Antes de que tu madre y yo nos casáramos, yo también sufrí lo mismo que tú, tu madre me gustaba, y yo le gustaba a ella, lo peor, era que ninguno de los dos se atrevía a dar el siguiente paso, no fue sino hasta que me armé de valor, y le dije todo lo que sentía por ella, me había enamorado de su hermosa manera de ser, y como no de su talento culinario, y que te puedo decir, ella me respondió que también le gustaba — Brave se imaginó con curiosidad a una versión más joven de sus padres, podía verlos en lo que parecía ser una velada romántica.

—Pero crees que debería decirle, no digo que ahora, pero crees que debería decirle lo que siento — Courage asintió, mientras cerraba la tienda.

—Por supuesto, si no lo haces, siempre te arrepentirás, dado que la vida hijo suele ser muy extraña, pero si insistes en lo del regalo entonces quien soy para detenerte, recuerda que siempre te apoyare hijo — Brave asintió, y salió de la tienda con la mente resuelta, y se puso en busca de Celestia.

Por su parte la princesa de la noche seguía durmiendo, extrañamente, en los últimos meses, se sentía más agotada de lo normal, no sabía si estaba enferma o simplemente estuviese fuera de práctica, pasar tiempo con Brave, la había hecho devota de otras actividades, más allá de su entrenamiento, ya que ambos solían pasar las tardes juntos esperando hasta el anochecer, y no lo negaba, le encantaba pasar rato con su querido compañero.

Mientras se daba un baño, nuevamente aquel susurro misterioso la atormento.

Luna… — Dijo de manera tenue y sombría aquella voz, los susurros le estaban pasando factura a la pobre princesa, desde que habían liberado el reino onírico, esa misma sensación de que algo estaba a su lado, no la dejaba en paz, pero día, con día, lidiaba con eso, haciéndolo de menos, y culpando al cansancio, pero realmente no sentía que fuera cansancio.

En cuanto termino su baño, fue directo a su cuarto, se puso su corona y su característica insignia de su cuello, al terminar observo por la ventana de su torre como la nieve descendía, su época favorita había llegado, adoraba la nieve, y desde muy pequeña siempre disfrutaba de las fuertes neviscas que podían llegar a producirse.

—Hoy será un buen día — Dijo para sí misma, mientras se disponía en dirección al comedor real. En cuanto llego se topó con una sorpresa, Brave y Celestia hablaban, susurraban y apenas podía escuchar lo que decían.

Celestia, había terminado con su lista de deberes, realmente eran muy pocos, pero eran cuestiones políticas, que debía de cumplir, siempre por el bien de su pueblo, tratados comerciales, expansión de territorios, entrega de tierras, y todas esas cuestiones.

Para cuando se dispuso a ir al comedor realmente hambrienta, se topó con el guardia de su hermana.

—Brave Moonlight, es un gusto verte — El muchacho se rasco la cabeza, no le disgustaba que lo llamasen por su nombre completo, pero ya había vivido lo suficiente en el castillo como para que hubiese confianza.

—Solo Brave, princesa Celestia, y es justo la poni que quería ver — La curiosidad despertó en Celestia, que querría contarle el unicornio manchado.

Mientras caminaban hacia el comedor, el muchacho expuso su caso, susurrando, para no arruinar la sorpresa.

—Me preguntaba, si usted sabría, que clase de regalo le gustaría a su hermana, planeo darle algo para la noche de corazones cálidos, y si me lo permite, me gustaría invitar a su hermana a dar una vuelta — A Celestia le parecía tierno ese asunto, no lo negaba, ver a su hermana tan feliz, la hacía feliz a ella, y pese a la desconfianza que le tenía a Brave no negó en contarle nada que no fuera verdad.

—Luna es muy simple de gustos Brave, pero me imagino que eso ya lo sabes, cualquier cosa que le des, le bastara, pero creo que esa no es la respuesta que estabas buscando — Brave entro en pánico momentáneamente, aquello no lo ayudaba, pero si había algo que quizá podría darle a Luna, eso le demostraría un poco sobre si podía confiar o no en el muchacho.

—Bueno…—Comenzó ella —Hay algo que quizá puedas regalarle, aunque te lo advierto, no será fácil conseguirlo— A Brave se le iluminaron los ojos, al fin una respuesta, escucho atento mientras tomaban asiento en el comedor, vigilando que Luna no se acercase.

—Cuando nuestro padre vivía, solía traerle una flor llamada, "Dama de noche" siempre que Luna entristecía, aquella flor le levantaba el ánimo, pero por lo que se, solo florece en Luna llena, y se marchita en cuanto el sol le da su luz, sabes lo que dicen "lo bueno, a veces dura poco" —

—"Dama de noche" — Repitió Brave —Y sabe de algún lugar donde florezcan, la luna llena es dentro de un día, o al menos eso es lo que su hermana tiene planeado —

—Por lo que me han dicho, sé que, en algunos prados del sur de "Faruday" hay un lugar donde crecen estas flores, pero si fuera tú me adelantaría, dado que solo hay una carroza que sale en dirección a Faruday, y solo sale durante la mañana — Brave se quedó pensativo, no podía abandonar su puesto como guardián, pero, si podía entrar al reino de los sueños de manera independiente, ahora debía de idear un plan, y sabía a quién recurrir.

—Muchas gracias princesa Celestia — Dijo Brave haciendo una reverencia,

—No hay de que Brave M-Moon, ejem, quiero decir Brave — Celestia movió su ala en señal de despedida, y mientras abandonaba la estancia, en cuanto dio media vuelta, se topó cara a cara con Luna, ambos chocaron, y Brave de inmediato se disculpó, ayudando a levantarla.

—Lo lamento tanto Luna — Dijo inclinando su cabeza, de inmediato esta última lo tomo de su barbilla levantando su rostro.

—Fue un accidente Brave, a cualquiera le pudo haber ocurrido — Y aquella sonrisa apareció en su rostro, el unicornio manchado se quedó abobado por unos segundos, aquella sonrisa era hipnotizante, y viceversa, Luna encontraba belleza en sus ojos azules, aquellos ojos siempre le habían transmitido la bondad de Brave.

—Bueno, tengo que irme, hay un asunto que debo atender — Dijo el muchacho abandonando el área del comedor.

—Te veo, en la noche — Grito Luna, mientras Brave se alejaba.

—Veo que te gusta estar a su lado — Inquirió Celestia.

—No es eso, pero de verdad lo aprecio mucho, y se puede saber de qué hablaban — Pregunto la yegua lunar a su hermana.

—De nada importante — Dijo Celestia, de inmediato, a Luna le pareció escuchar algo.

miente… — De inmediato hizo caso omiso.

—Vamos Tia, soy tu hermana, no que no había secretos entre nosotras — Dijo Luna.

—Tranquila, y confía en mí, no los hay, pero yo sé de una yegua que si guarda un secreto —

De inmediato los sirvientes se acercaron y la mesa se llenó de comida, Luna de inmediato respondió.

—No sé de lo que hablas — Celestia dibujo una mueca picara en su rostro.

—Oh vamos, sé que quieres que exista algo entre tú y ese muchacho — Luna escupió de inmediato un sorbo de sopa de calabaza.

—A sí que, ¿Es tan obvio? — Celestia rio de manera sincera.

—Desde el momento en que se mudó, note tu emoción por el hecho de que estuviera a tu lado — Luna no sabía qué hacer, por un lado, si su hermana lo sabía, y no le reprochaba por ello, quizá si tuviese oportunidad de intentar algo con Brave.

—¿Piensas que debería de decirle? — Pregunto Luna, mientras Celestia terminaba de dar un bocado.

—Por supuesto, lo mejor será que seas sincera, ya que, cuando encontraras a alguien que te soporte hermanita — Dijo Celestia bromeando.

—Ja, ja — Dijo riendo de manera sarcástica —Lo mismo podría decir de ti, hermana — dado que ninguna se insultó realmente, ambas rieron.

—Pero en serio Luna, si te gusta, no dudes en decirle lo que sientes —

Luna se quedó pensativa, valdría la pena dar el siguiente paso, su corazón le decía que sí, pero su mente, titubeaba.

—Mamá, crees que la tía Patience, me aceptase uno o dos días en "Faruday" — Faruday, era un pueblo que se localizaba al sur de la "antigua Canterlot", en él se apreciaba a la naturaleza, y se vivía con ella, además de ser un lugar para granjeros, y en su mayoría un lugar de ponis terrestres, pero Brave tras una pequeña investigación en la biblioteca, había encontrado, que cercano al pueblo había un lugar donde crecían las "damas de noche".

—Por supuesto, estoy segura, de que ella y tus primos, se emocionaran al verte — Dijo Virtous, mientras escribía una carta.

—En cuanto llegues, Moony, quiero que le entregues esto de mi parte, tu tía Patience, pese a su nombre, es más impaciente que una mula, pero supongo que me debe un favor, desde que la ayude con aquel desastroso rollo de pan que intento hacer, por suerte me tenía para arreglar esa receta —

—No sabes cuánto te lo agradezco mamá — Sin dudarlo le dio un beso en su mejilla.

—No hay de que hijo, para eso estamos, pero se puede saber, ¿que establos quieres hacer en Faruday? — Brave no dudo y le explico todo a su madre.

—Ahora veo, las locuras que hacemos por amor, así que ir a visitar a la tía Patience es una excusa, pues saliste más listo de lo que pensé, pero deberías de pensar más allá, porque no decirle que te mandamos por material para la panadería — Brave asintió.

—Vaya, a ti no se te escapa nada, —

—Bueno Moony, te deseo lo mejor, ¿cuando te vas? — el unicornio respondió.

—Mañana por la mañana — Contesto el muchacho.

—Ya veo, déjame buscar algo, no tardo — Virtous se levantó de su sitio, y de inmediato regreso con una pequeña caja de metal.

—Sé que no es mucho, pero espero que este dinero te sirva — de inmediato el muchacho negó con la cabeza.

—Mamá, no puedo aceptarlo, es su dinero, no el mío —

—No aceptare, un no hijo, quiero ayudarte — A regañadientes, Brave termino aceptando las monedas de su madre.

—Te prometo que te lo devolveré — Virtous movió su cabeza de un lado a otro, negando aquella promesa.

—No me debes nada, eres mi hijo, y como te dije, estoy aquí para apoyarte en lo que sea — Brave abrazo a su madre, dado que apreciaba con creces la generosidad de su madre

—Gracias mamá, volveré en cuanto tenga la flor entre mis cascos — Virtous sonrió, y replico.

—Solo recuerda, cuando llegue el momento, no dudes en ocultar esos sentimientos tuyos —

Brave asintió diciendo —Lo hare —

Aquella noche la alicornio azulada y el unicornio manchado, habían terminado de manera oportuna con sus tareas, y decidieron pasar la noche observando la "vieja Canterlot" desde el pequeño balcón del cuarto de Brave.

—No te parece particularmente hermosa esta noche nevada — Dijo Luna, esperando una respuesta de su compañero.

—La nieve descendiendo desde el cielo, tu hermosa "luna" iluminando todo, y esta deliciosa brisa invernal, por supuesto, que es una noche agradable — Brave iba a agregar un pequeño cumplido, pero de inmediato se retractó.

—Jamás pensé conocer a alguien que apreciara la noche, tanto como yo — Luna denoto algo de melancolía en su voz y en su rostro, Brave por su parte trato de animarla.

—Vamos, te aseguro que no soy el único que admira la noche, haya afuera de Canterlot, sé que hay más criaturas que aprecian de tus noches Luna — De inmediato la princesa lo volteo a ver, sorprendida de aquella respuesta.

—¿En verdad crees eso? —

—Si — Respondió el unicornio —De verdad lo creo con mi corazón —

Luna no dijo nada, aquella respuesta la hizo sentirse aliviada

—Gracias Brave — Respondió ella, acto seguido una estrella atravesó a toda velocidad el cielo nocturno.

—Vaya, jamás había visto una estrella como esa —Dijo Brave, mientras veía fascinado el cielo.

—Mi padre fue quien las creo, "estrellas fugaces", un brillo de esperanza para quien las ve —Respondió Luna.

—Vaya, son increíbles —

—De hecho, las son, papa solía decirme, que, si veía una, deseara algo desde lo más profundo de mi ser — Brave no dijo nada, pero en su mente, se imaginaba deseando llevar una vida a lado de Luna, había dejado volar su imaginación y se preguntó si aquello podría ser posible.

La temperatura del ambiente comenzó a disminuir, y con ello, Brave observo a la princesa temblar ligeramente de frio, de inmediato, fue directo a su alcoba, donde tomo una cobija, al regresar al lado de Luna, la coloco sobre ella.

—Gracias Brave, pero me gustaría que estuvieses a mi lado —Dijo ella, y Brave con gusto acepto, ambos se acercaron, de pronto el ambiente se había vuelto algo tenso para ellos, sus corazones latían al unísono, aunque estos no se dieran cuenta, y de pronto Luna quebró aquella nube de incomodidad.

—Brave, puedo preguntarte algo — Dijo Luna con cierto misticismo.

—Claro, con confianza Luna — Respondió el unicornio manchado.

—¿Te gusta estar a mi lado? — Para Brave aquella era una pregunta bastante directa.

—Por supuesto Luna, desde que te conocí, he disfrutado de cada una de nuestras aventuras, he disfrutado cada noche que nos quedamos observando el cielo o al pueblo, he disfrutado cada momento que he estado a tu lado — Luna no dijo nada, una parte de ella quería decirle de una buena vez que lo quería, pero se contuvo, no era el momento para aquello, dibujó en su rostro, Brave se sintió conforme con esa reacción, tras eso se limitaron a observar el bello paisaje, hasta que Luna cayo rendida, entrecerraba sus ojos, hasta que Brave escucho la suavidad de su respiración, sin dudarlo, Brave la cargo en su lomo, hasta su alcoba, al recostarla sobre sus cobijas y verla tan tranquila, se dio cuenta de que ir por la "Dama de noche" valdría completamente la pena, de inmediato, el muchacho dejo un sobre, encima de uno de los cajones de la princesa.

—Te veo en un día — Dijo el muchacho, aquella visión tan calma y etérea de Luna lo hizo estremecerse, pero, sabía que debía contenerse, era su guardia, y haría lo que fuera para hacerla feliz, y si una simple flor lograba sacarle una gran sonrisa, entonces lo haría sin dudarlo.

En cuanto se dio cuenta, ya estaba sobre la carroza rumbo a "Faruday", y mientras observaba el sol levantarse por el horizonte, se despidió momentáneamente de su hogar, mientras bostezaba del cansancio, cerro sus ojos, y dejo que la carreta lo llevara a su destino.

—Muchacho, Muchacho, despierta — Dijo una voz ronca la cual Brave nunca había escuchado, abrió los ojos de par en par, y la luz atravesó directamente a sus ojos, parpadeo un poco, tratando de ajustar su campo de visión, hasta que finalmente reconoció al conductor.

Brave se tomó su tiempo y bajo de la carreta, respiro con profundidad y observo con curiosidad, el pequeño pueblo agrícola de "Faruday".

La nieve cubría por completo a la aldea, era muy bella aquella visión, la mayoría de los sembradíos, se ocultaban debajo de una masa blanca, que no tardaría en derretirse con el paso del día, de cierta forma les ahorraba el proceso de regar las plantas, aunque debían de ser más cuidadosos, dado que el frio, en algunas ocasiones produciría que la cosecha se arruinase sin remedio alguno, dejando su curiosidad a un lado, Brave avanzo directo hasta la panadería de su tía, donde al entrar de inmediato la gente, volteo a ver al unicornio manchado, la mayor parte de la población de "Faruday" era conformada por ponis terrestres, que trabajaban las tierras, ellos eran de los principales productores de verduras en Ecuestria, gracias ellos los mercaderes de la "vieja Canterlot" podían ofrecer los mejores productos, pero como decía, la gente observo al unicornio con curiosidad, aunque una voz rompió la concentración de todos sobre Brave.

—No lo puedo creer, si es el pequeño Moony —Dijo con alegría, una yegua de cuero castaño, su crin y su cola rizadas, se movían de un lado a otro, mientras se acercaba a Brave, con 8 años de edad, Patience Baker, no lucia vieja, al contrario, parecía que rejuvenecía, pese a ello su cabello castaño, comenzaba a lucir desgastado, y Brave podía ver unas cuantas canas brotando de él,

—Tía, es un gusto volver a verla — Dijo Brave sonriente, mientras Patience lo miraba atentamente.

—Aunque, no sé si pequeño, sea lo que te debí haber dicho querido, mírate ya eres todo un semental — Brave se abochorno un poco, aunque su tía tenía razón, ya no era aquel pequeño potrillo, y sin pensarlo mucho, el muchacho le dio un casco en la tienda, movía el pan con suavidad con su cuerno, mientras su tía cobraba a los clientes, para cuando terminaron con las reservas del día, Patience cerro la tienda.

—Gracias por darnos un casco muchacho — Brave asintió, mientras entraba a la sala de estar, de su tía, la casa no era muy grande pese a tener dos pisos, aunque a Brave se le hacía un lugar muy acogedor.

—No hay de que agradecerme, ayudar a la familia, siempre es un gusto — Patience asintió, y tomo asiento en una silla, mientras Brave la imito sentándose en otra.

—Bread, Cake, miren quien nos visita — Grito Patience, y Brave observo a dos potrillos bajando las escaleras con rapidez, para su sorpresa eran los mellizos Baker, Bread era un chico bastante hiperactivo, de cuero beige y cabello café al igual que su madre, mientras que Cupcake era más reservada, de cuero blancuzco y cabello rojizo igual al de su padre, ambos con 3 años de edad, Brave los conocía de una noche de corazones cálidos, los había visto cuando eran unos recién nacidos, aunque sabía que se llevaría bien con ellos cuando estos crecieran.

—Primo Brave —Pronunciaron al unísono, el unicornio manchado no dudo en abrazarlos, y estos de inmediato, le pidieron que usase su magia para entretenerlos, Patience, de inmediato los mando a jugar.

—Niños, sé que quieren que Brave use magia, pero primero, déjenme platicar con él —A regañadientes y relinchando un poco, los mellizos terminaron aceptando saliendo de su hogar, para jugar afuera.

—Cuando termine, prometo que iré con ustedes —Los dos niños asintieron, mientras salían por la puerta principal, de inmediato Brave comenzó a buscar algo en sus alforjas, mientras su tía le explicaba cómo, la industria panadera de Ecuestria iba a revolucionar con sus retoños, aunque se podría decir, que solo Cupcake tenía interés en aquello, ya que Bread, por su parte, quería descubrir una vocación fuera de la tradición de panaderos y ser más como su padre, un agricultor de "Faruday".

—A todo esto, tía, donde está el tío Sparkly — pregunto Brave con curiosidad.

—Debería de estar en su granero trabajando, pero dime Brave, que te trae a "Faruday" —Tan rápido como termino, Brave le entrego la carta que su madre había escrito para Patience.

Cuando termino de leerla, asintió y miro a Brave a los ojos.

—Gracias por traerme esta carta, me reconforta que tu madre se encuentre bien, pero vamos a lo que te interesa, así que estás buscando una "dama de noche"— Brave asintió.

—Es para una amiga muy especial — Dijo Brave de inmediato.

—Tan especial, al punto de que es la princesa Luna —el unicornio se quedó sin palabras, no había leído la carta, por respeto a la privacidad de su madre, pero parecía que ella no respetaba la suya.

—Tranquilo muchacho no se lo diré a nadie, aunque me parece increíble que alguien como tú, lograse entrar al corazón de una de las legítimas gobernadoras de Ecuestria, y sobre esa peculiar flor, tu tío sabe exactamente por donde crecen, aunque te advierto no será fácil—

Brave replicó diciendo —Lo sé, es la segunda vez que lo escucho — Aunque fuera difícil, al unicornio no le importaba, lo único que quería era conseguir aquella flor para su amada.

—Aun así Brave, falta tiempo para que sea de noche, por lo pronto, come con nosotros, y deja tus cosas, en el rincón, recuerda, estás en tu casa — La cordialidad con la que se le dijo, era similar a la de su madre, Brave con gusto, acepto la invitación, dejo sus alforjas en un rincón, y de inmediato cumplió la promesa que le había hecho a los mellizos, hizo trucos con su energía onírica, aunque estos, de haber estado en el reino de los sueños, habrían sido más impresionantes, pese a todo, los mellizos se sentían hipnotizados por la habilidad del muchacho con su cuerno, Brave también se había dado, cuenta, había mejorado, aunque un fuerte agarre detuvo la concentración del muchacho que se encontraba levitando dos pacas de heno, que inmediatamente descendieron hasta impactar con el suelo.

—Como te atreves, a venir aquí sin saludarme muchacho —Dijo Sparkly, mientras abrazaba a su sobrino, aunque más que un abrazo, Brave sentía que un oso lo estaba estrujando, a pesar de ello, era su tío, un semental de 8 años, de cuero blanco y de cabello, barba y cola rojiza, lucía un simple cabello corto, que para Brave, parecía ser un estándar en los granjeros de "Faruday" corto y sin mucho estilo, pero no por ello curioso.

—Lo siento Tío, no era mi intención —Dijo el unicornio apenado, aunque su tío, negó con la cabeza.

—Tranquilo Brave, es un gusto volver a verte — Sparkly Farmer, provenía de una larga tradición de granjeros de "Faruday" cuando conoció a Patience, ambos decidieron intentar el riesgo de abrir una panadería en un pueblo agricultor, y para su sorpresa, resulto ser un éxito, y aunque la producción de su pan era limitada, siempre lograban proveer a todos en la aldea con un pan recién horneado.

—Que hace, el legítimo guardia de la princesa de la noche, en un pequeño pueblo lejos de Canterlot —Sin entrar en detalles, Brave, le menciono a su tío sobre su búsqueda de aquella misteriosa flor, la "dama de noche", Sparkly se froto su melena.

—Vaya, una tarea bastante complicada, por suerte, tu tío sabe dónde florecen, sin embargo, solo crecen en presencia de la Luna llena — El muchacho por su parte le explico que sabía, que habría Luna llena durante esa noche, había viajado desde la lejanía de Canterlot, con la esperanza de poder cortar una, y llevársela a aquella persona especial.

—Lo que hacemos por las yeguas — Dijo su tío, con una sonrisa. —Aún recuerdo el suplicio con tu tía, dado que había vivido toda mi vida aquí en "Faruday", no conocía nada sobre las yeguas de las montañas, buscarle un regalo no fue fácil, al final, una simple cosecha de trigo para su pan, fue lo que la convenció, desde entonces me dedique al sembradío exclusivo del trigo, y no me quejo, Patience me ha hecho muy feliz —Brave asintió, y le pareció curioso, como su padre y su tío le daban consejos amorosos indirectamente, pese a ello, Brave disfrutaba de una buena charla del pasado de sus familiares adultos, y de inmediato la voz de Patience, los interrumpió, la comida estaba lista.

En cuanto Luna se despertó aquella tarde, se dio cuenta de que se encontraba en su cama, la curiosidad dominaba su mente, ¿Cómo había llegado ahí?, hasta que se percató de un sobre que yacía sobre su cómoda, sin dudarlo lo tomo y dentro encontró un pergamino, con una caligrafía que reconocía, era la de su compañero, la carta rezaba lo siguiente.

Para mi querida compañera lunar:

Luna, lamento haberme ido sin mencionártelo personalmente, mis padres requerían que fuese a Faruday, con mi tía materna, Patience Baker, mamá necesitaba unas recetas que mi tía había olvidado enviar, y de paso también me pidió un poco de trigo de mi tío, sé que fue muy abrupto, pero regresare en un día a Canterlot, mientras tanto, espero nos encontremos esta noche en el reino de los sueños.

Tu fiel guardia y compañero Brave Moonlight.

La noticia sorprendió a la yegua nocturna, se preguntó porque no se lo habría dicho directamente, sentía que su compañero le guardaba un secreto, no era algo propio de Brave, y créanme, ella lo conocía muy bien, sin dudarlo dos veces, se puso su tocado real, y partió hacia "Faruday" sin pensárselo mucho.

Mientras volaba en dirección al sur, hubo un momento en el que tuvo que descender, la voz que había escuchado con anterioridad, por primera vez se escuchaba clara y prístina, como el rio que había frente a ella.

—¿De veras confías en él? —Dijo aquella voz, pronto su cuerpo se congelo, su corazón se aceleró, y sentía que no podía respirar.

Abandónalo, o si no utilízalo a tu ventaja — Luna sintió una ira, una ira interna hacia aquella voz, en cuanto recupero el control de su cuerpo, sin titubear grito.

—Largo de mi mente, largo de mi cuerpo, tú no tienes ningún control sobre mí — Nadie respondió a la ira de la princesa, pero se sintió, aterrada, que diablos le estaba ocurriendo, desde la infección onírica, sentía una extraña presión en su pecho, como si algo creciera en su interior, y no pudiera hacer nada para detenerlo, cuando Terreur Nocturne, dijo que su amo estaba vivo, Luna se preguntó, si de alguna manera, Nightmare yacía dentro de ella, era una posibilidad, descabellada, pero era algo que la había dejado pensando, pese a ello, prosiguió con su vuelo en dirección a "Faruday", encontraría a Brave, y le exigiría una respuesta clara, dado que aquella carta, contenía más mentiras que verdades, pensó que caería en la trampa, pero lamentablemente para Brave, Luna lo conocía lo suficiente, como para percibir una mentira.

—Brave Moonlight, ¿qué piensas hacer en Faruday? — Se preguntó para sus adentros, mientras atravesaba, las montañas del sur de Ecuestria, al mismo tiempo que el sol comenzaba a ocultarse a su espalda, en unos cuantos minutos, tendría que levantar su luna llena.

Aquella comida, había dejado satisfecho al unicornio manchado, tras eso su tía regreso de la cocina, con bollos distinto a los de su madre, rellenos de mermelada de moras recién hecha, eran una delicia, y Brave por un momento pensó, que quizá a su madre, le serviría tener algo como eso en su panadería, además de añadir variedad, también agregaba, un producto de su familia.

—Brave — Dijo su tío Sparkly, mientras se limpiaba su curioso bigote con una servilleta —¿Estás seguro de querer buscar esa flor? — Brave asintió, no estaba a dispuesto a marcharse con sus cascos vacíos, a Sparkly, le parecía una locura, pero no le negaría su ayuda al muchacho.

Durante aquella tarde, al salir del calor del hogar de sus tíos, Sparkly y Brave, fueron recibidos por una nevada ligera que descendía del cielo.

—Sígueme Brave, tenemos mucho camino por recorrer para conseguir esa flor —El unicornio manchado asintió, y siguió los pasos de su tío.

Ambos tomaron dirección inmediata hacia la parte septentrional del pueblo, la nieve comenzaba a descender con más velocidad, y con ello el calor que el sol había generado, sin desanimarse por una bajada de temperatura, habían llegado a su primer punto, un bosque rodeado, de árboles, hasta donde la mirada de Brave alcanzaba.

—Muévete rápido, y no te detengas Brave —El muchacho hizo, caso, y tanto Sparkly como Brave pasaron tan rápido como pudieron el bosque.

—¿Por qué avanzamos, con rapidez por aquí tío? —Pregunto el muchacho con curiosidad.

—Aquí habitan varias osas mayores y menores, lo mejor será pasar, sin atraer la atención de alguno de las dos —El muchacho asintió, había leído historias, del tamaño que estas criaturas podían tener, sin embargo, jamás había tenido la oportunidad de ver una, hasta ese día, su tío de inmediato se detuvo, una osa mayor y su pequeña cría, avanzaban lentamente, hacia su dirección, sin dudarlo Brave lanzo un hechizo sobre ellos, que los hiciera ajenos a la visión de ambas criaturas.

—Estuvo cerca —Dijo Brave, mientras su tío recuperaba la compostura, temblaba igual que una gelatina, y sin embargo, quedo sorprendido, ante la proeza mágica de su sobrino, sin pensar más siguieron hacia adelante, mientras el sol, a sus espaldas, iba ocultándose, lo siguiente fue pasar por un peñasco, bastante inestable, en cualquier momento el camino podía derrumbarse, y con ello sus esperanzas de llegar al sitio donde crecía aquella flor, sin embargo, ninguno de los dos dudo al cruzar por tan peligroso, aferrándose como podían con sus cascos, hasta llegar al otro lado, Sparkly había observado que se acercaban al lugar, ahora requerían de escalar aquel peñasco, entre los dos se ayudaban a impulsarse, mientras veían como el suelo se alejaba de sus narices.

—Vaya sí que estamos en un lugar alto —Y aunque Brave no le temía a las alturas, por un momento se sintió apabullado, por lo terrible que sería una caída de esa altura, para cuando quiso recordar, habían acabado de escalar, y habían llegado a un pequeño espacio, donde había un poco de vegetación.

—Llegamos — Dijo su tío con seguridad, mientras se dejaba caer en el duro suelo, agotado, Brave lo entendía, su cuerpo ya no era lo que era, pero para tener 8 años al igual que su tía, tenía una energía descomunal en su cuerpo, quizá en parte, era por la vida de trabajar en el campo, y mientras esperaban a que la "luna" vertiera su luz, en aquel pequeño espacio, charlaron de muchas cosas, Brave por su parte, explico su trabajo, el honor de servir y proteger a una de las princesas de Ecuestria, y de su segundo deber, de proteger los sueños de todos los ponis, en Ecuestria, su tío escuchaba maravillado, como el joven le contaba sus proezas en amplio detalle, y pese a todo, Brave sabía que no era ni la mitad de fuerte, o hábil que su mentora y compañera, su tío, en cambio le platico sobre la vida del campo, sobre las dificultades, que habían tenido que sobrellevar, y sin embargo, Brave notaba la pasión, que brotaba de su tío, al compartir sus historias, pese a ser más simples, a Brave le maravillaba el mundo de la agricultura, el hecho de medir la cantidad de agua, cuidar los sembradíos constantemente, y de cómo una sequía, o una gran tormenta podían arruinar toda una cosecha, para cuando recordaron, Sparkly observo con atención el suelo, la luz de la Luna, había bañado por completo aquel pequeño espacio.

—Ahora prepárate para deleitar tus ojos, sobrino mío — El unicornio manchado, observo, como una pequeña planta brotaba desde el suelo, y de inmediato, un brillo blanquecino rodeaba al brote, en un abrir y cerrar de ojos, montones de "Damas de noche" se habían presentado, brotando de la misma manera una detrás de otra ante los ojos de ambos, los pétalos blancos y grisáceos relucían, un tallo similar al cielo nocturno apareció debajo de la flor, reluciendo pequeños destellos, y de no haber sabido eso, Brave pensaría que eran las mismas estrellas hechas flores, el unicornio no lo negaba, aquello era una maravilla de la naturaleza, y una razón más del porque amaba tanto la noche, sin dudarlo el muchacho corto un par, de flores, y las dispuso en su alforja, de manera que no se arruinaran en el viaje de regreso, y para protegerlas de la luz nocturna, por su parte, su tío aprovecho para darle una lección sobre la flor.

—Hermosas, no crees, el mejor regalo para una yegua —Dijo mientras él también tomaba un par, —El significado de estas varían, dependiendo de a quien le preguntes, pero para mí, siempre han simbolizado la "esperanza" —

—Esperanza —Musito el muchacho, mientras observaba aquella delicada flor.

Para cuando regresaron al pueblo, pasaba de medianoche, Sparkly estaba agotado, y Brave no lo culpaba, agradeció la ayuda de su tío, y se dispuso a realizar su deber nocturno, no sin antes ver que aun había una luz proviniendo del hogar de su tío, al abrir la puerta, Brave se topó, con algo insólito, la princesa Luna, charlando con su tía, mientras tomaban una taza de té, acompañada de sus bollos, Brave lo noto de inmediato, una mirada de reproche en los ojos, de Luna, no la culpaba, y al final del día pensó, si la carta, habría sido realmente una buena idea, pero no pensó que Luna no fuese a caer con aquel pergamino.

—Buenas noches, usted, debe de ser Sparkly Farmer, es un gusto conocer al tío de Brave — Dijo Luna, sin quitarle los ojos de encima a su compañero.

—El gusto es mío, mi querida princesa — Dijo su tío mientras se inclinaba ante ella.

—Brave, es un gusto verte — Brave de inmediato respondía.

—Lo mismo digo, aunque, me sorprende verte aquí — Sus tíos notaron, la mirada intensa de Luna, y como quien no se quiere inmiscuir en asuntos ajenos, se disculparon ante ambos, dieron sus buenas noches, y se refugiaron en su alcoba, Luna asintió, y de inmediato le dijo al muchacho que salieran de aquel hogar.

—Me mentiste — Comenzó Luna, sin rodeos.

—Yo… yo… — Brave no tenía palabras, notaba la molestia en su voz, —Lo lamento, debí habértelo dicho frente a frente Luna, pero quería que fuera una sorpresa.

—¿De que hablas Brave? — El muchacho, tuvo que dejar su fachada, odiaba mentirle a la princesa, y en ese momento, haberlo hecho, no había sido una de sus mejores ideas.

—Vine a Faruday en busca de esto — De inmediato, abrió su alforja, y en cuanto Luna, vio el objeto en cuestión, lagrimas brotaron de sus ojos.

—Brave, esas son… — Brave completo la frase por ella.

—"Damas de noche", recién cortadas, quería conservarlas hasta la víspera de corazones cálidos, quería que fueran un regalo sorpresa — Luna no sabía que decir, ahora ella se sentía apenada, no solo había desconfiado de su compañero, sino que el había hecho un viaje, solo para buscarle el mejor detalle que podrían darle.

—Pero ¿Cómo? ¿cómo sabias que me gustaban? —

—Celestia — Respondió Brave sin miramientos.

—Debí haberlo sabido, Brave yo… lamento haber arruinado tu sorpresa — Brave negó con la cabeza, y con su cuerno le entrego las flores, la yegua azulada comenzó por olerlas con delicadeza, un característico dulce y húmedo aroma, atravesó sus fosas nasales.

La belleza de aquellas flores, era algo que la sorprendía, eran una de las pocas cosas que sabía que disfrutaban de su noche, una sonrisa se dibujó en su rostro, Brave sabía que logro cumplir con su cometido, y que importaba si no se las daba para la víspera de corazones cálidos, aquella sonrisa, valía más que cualquier otra cosa.

—Vez te lo dije, afuera hay mas criaturas que disfrutan de tu noche, me alegra no haberme equivocado — Luna se acercó al unicornio manchado, lo vio directamente a los ojos, y por primera vez, ninguno de los dos se sintió incomodo, Luna cerro sus ojos, y espero al movimiento del muchacho, Brave sin recelo, acerco su rostro lentamente al de la yegua lunar, cerrando sus ojos por igual, y coronando aquel momento con un beso.

Para ambos ponis, parecía que el tiempo se había ralentizado, sus corazones latían lentamente, pero la llama que sentían dentro de ellos por primera vez había hecho erupción, Luna sintió que la presión en su pecho desaparecía, y para Brave aquello, era un sueño hecho realidad, Brave retrocedió lentamente, asimilando lo que acababa de hacer, y la princesa, lo rompió de aquel trance.

—Brave… —Dijo ella suavemente, el unicornio manchado no pudo evitarlo, su mente no lo resistía, y solo dijo.

—Te amo… — Esas dos simples palabras, habían rondado su mente en los últimos meses, parecía que el calor del momento había hecho que las soltara sin pensarlo, ya no le importaba guardar aquel pensamiento, y como su padre le había dicho, fue sincero con ella, y con el mismo, haber pasado tanto tiempo a su lado, como estudiante, guardia y compañero, Brave no se imaginaba una vida, sin estar al lado de la princesa, no le importaba que ella fuera una alicornio, ni que envejeciera más lento que él, lo único que quería, era permanecer a su lado, acompañarla en los buenos y en los malos momentos, y hacerla sonreír en la más mínima oportunidad que tuviese, y de inmediato Luna dio su respuesta.

—Y yo a ti —Ambos se sentían ligeros en aquel momento, Luna por su parte, sentía que era la respuesta más obvia, ella también lo amaba, y no lo negaba, haber pasado parte de su vida a su lado, confiarle secretos, y no solo eso, sino que conocía cada detalle de Brave, por más minucioso que fuera, y pese a esto, lo amaba con mucha sinceridad, dado que Brave aparte de su padre, era de los pocos ponis, que entendían su noche, entendía que la noche podía ser tan maravillosa como el día.

Cuando se dieron cuenta de lo tarde que era, sin dudarlo, se transportaron al reino de los sueños, listos para cumplir con otra noche de trabajo.

Fin del capítulo 8.