"I've got a really bad disease,
it's got me begging on my hands and knees.
So, take me to emergency,
'cause something seems to be missing.
Somebody take the pain away,
it's like an ulcer bleeding in my brain.
So send me to the pharmacy, so I can lose my memory."
Capítulo 9
"Somebody take the pain away"
Por más rápido que corría no había manera de alcanzarlo. Me concentré en acelerar lo más que podía, en correr estirando bien las piernas y con los brazos dispuestos a mis costados de forma tal de aumentar la velocidad, pero no llegaba, se me iba. Cedric se encontraba a varios metros de mí, y por más que quería no podía llegar a él. Veía que se acercaba el final de ese pasillo, y me preocupaba el camino que debía tomar. Me tropecé con una roca y caí de bruces. Bastó esa caída para perderlo de vista. Entonces me levanté y miré hacia ambos lados del laberinto en donde me encontraba, analizando los posibles caminos a seguir. Y no sabía qué hacer, no tenía idea para qué lado ir. Miré hacia la derecha y divisé un camino bastante despejado, pero lleno de plantas que desconocía, la mayoría parecían tener espinas. Luego pasé mis ojos hacia la izquierda, donde no podía saber cómo iba a seguir el camino, porque estaba repleto de salidas subalternas que había que tomar. Ante la desesperación di un grito de furia, que me hizo despertar. Porque, lógicamente, era un sueño. ¿Qué podía estar haciendo yo dentro de un laberinto, persiguiendo a Cedric, quien estaba muerto? Absolutamente nada.
Me levanté con un fuerte dolor en el pecho y salí de la cama rápidamente. Eran las siete de la mañana, y era un lunes soleado. Ese día me sentía bastante fuerte comparado con los días anteriores, no sé, tal vez tenía más energía. No me sorprendió ver las camas de mis dos compañeras de cuarto vacías: probablemente ya ni siquiera dormían conmigo, hacía días que no las veía ni cuando me levantaba ni cuando me acostaba por las noches. Y yo las entendía, porque ¿quién querría pasar tiempo con una persona tan amarga y poco atractiva como yo? Yo hubiese hecho lo mismo conmigo, me hubiese alejado. De todas maneras, para mí era mejor. Tenía ganas de estar sola, no podía pensar en hablar con nadie.
Mientras me cambiaba recordé la propuesta que me había hecho Malfoy el día anterior, y si bien me preocupaba, no pude evitar sonreír. Desayunar con él me parecía una buena perspectiva de comienzo del día, por más de que probablemente no iba a ser tan fácil como el día anterior. Aunque a veces lo olvidara, y su forma de actuar me hacía pensar lo contrario, él me odiaba, y no siempre iba a tener días tan buenos como lo había sido ese domingo. Aún sabiendo eso, me sentía optimista, sentía como si fuera a desayunar con un amigo, con una persona que en realidad me valoraba. Me desconcentré de mis pensamientos debido a que no encontraba la corbata de mi uniforme, y me estaba empezando a desesperar. Revolví todo en busca de ella, y decidí que probablemente lo mejor sería tomar otra de mi armario, una que tenía por si llegaba a suceder algún imprevisto. Como ahora, que si no me apuraba no llegaría a desayunar con Malfoy, y tampoco a clases. Me obligué a mi misma a cerrar los ojos antes de abrir el ropero, para así no tener que verme en el espejo que colgaba de la puerta de este: de seguro estaba gordísima, después de todo lo que me había obligado a comer el rubio el día anterior por la mañana. Me alegré de haber estado sola el resto del día, pensando en las reales implicaciones de la oferta de Draco, y de esta forma no había tenido que tragar nada más. Sin embargo sabía que desobedecer a sus deseos iba a costarme una reprimenda por parte del chico.
Salí corriendo una vez que hube agarrado todos los libros necesarios para el primer bloque del día, y me dirigí hacia la enfermería. Esa corrida me hizo recordar al sueño que había tenido, y me dejó inquieta. No sabía por qué tanta indecisión, no sabía qué era lo que sucedía dentro de mí, aquello que no me había dejado tomar ninguno de los dos caminos. Estaba quieta en un mismo lugar, por supuesto. ¿Tenía acaso alguna relación con la realidad? ¿Estaba somatizando mi malestar anímico en sueños? O tal vez había soñado eso porque me había quedado dormida pensando en Cedric, como cada día de mi vida, preguntándole qué debía hacer con Malfoy, si estar con él, o no hacerle caso a mi promesa y alejarme. Pero en el fondo sabía que era un dilema tonto, porque ya bien sabía que mi ser no estaba preparado para negarle nada al Slytherin, jamás. Por fortuna para mí, el rubio no sabía hasta qué punto me podía. Por ahora. Si me empezaba a probar, descubriría mi debilidad. Esperaba no fuera así.
Cuando llegué, él ya estaba sentado en su cama, con la bandeja sobre sus piernas, pero sin probar bocado. ¿Me estaría esperando? La idea me sonó absurda, así que la aparté de mi mente al instante.
- Buenos días, Malfoy.- dije, para que notara mi presencia.
- Hola.- dijo cortantemente. Yo le puse mala cara, no tenía ganas de que me tratara mal, no ahora que todo parecía estar tranquilo entre nosotros. Al parecer notó mi cambio de humor y por eso decidió seguir hablando.- ¿Cómo estás? – agregó, con una voz mucho más suave. Yo sonreí para mis adentros.
- Bien, ¿y tú como te encuentras? ¿te sientes mejor? –
- Para serte sincero, no. Me duelen las heridas, y la pierna izquierda casi no la puedo mover.- me contó.
- Qué horror. ¿Madame Pomfrey no puede hacer nada para calmarte el dolor? Tal vez algunos ejercicios ayuden con tu pierna.- le dije.
- Sí, me dio unos calmantes recién, cuando trajo la bandeja con comida. En cuanto a la pierna, dijo que se va a recuperar sola, pero en unos días. Moverla podría hacerle peor. Luego se fue a traer algo más de comida para ti. - me informó. - Se puso contenta al saber que alguien me haría compañía estos días. Al parecer voy a estar un buen rato aquí, y no hay nadie más en la enfermería con quien hablar. - pude distinguir en sus labios un amago de sonrisa.
- No hacía falta, si igual no tengo hambre. - le dije. Me miró con cara de enfado, pero hice caso omiso. - De verdad, no suelo tener hambre cuando me levanto. -
- No me importa, te estoy esperando para comer. Además, si tú no comes, yo no como. Es una falta de educación. - me explicó con sonrisa irónica. Solté una carcajada cuando el chico dijo esto. ¿Educación? ¿Y desde cuando él era educado conmigo? - ¿Qué es lo que te causa tanta gracia, Granger? – preguntó, todavía con buen humor.
- Nada, no te preocupes.- me miró, pero yo seguí hablando rápidamente porque no quería que supiera que me reía de él. - No seas tonto, come algo. Necesitas energías para recuperarte, estás muy débil. Pasaste por un feo episodio. - dije, y me puse verdaderamente incómoda al pensar que había sido Harry quien lo había hecho pasar por tan horrible momento. Una persona a quien yo siempre había defendido, y ahora me daba cuenta que tal vez tenía más de una cara.
- No me interesa. Yo no sé por qué episodio habrás pasado tú, pero también estás débil. Y repito, no pienso comer si tú no lo haces.- reiteró. Y luego, dibujó esa mueca que tanto odiaba en su cara.
- De acuerdo, de acuerdo. Ahora que viene Madame Pomfrey lo haré. – le dije, y al instante que mencioné su nombre la enfermera apareció en escena. Me saludó con una sonrisa y dejó la bandeja junto a mí, al momento que me agradecía por hacerle compañía al "señor Malfoy", cosa que ella no podía hacer por lo ocupada que estaba aquellos días.
El resto del desayuno se llevó a cabo en silencio, Draco no me habló en ningún momento, tan solo verificó que yo cumpliera con mi palabra. Una vez que terminé mi ración, el comenzó a comer la suya. Por supuesto, estaba todo frío, pero a él no le importó. Me ponía de muy mal humor que me obligara a hacer esas cosas, no tenía por qué. Se empeñaba en molestarme, y en verme sufrir. Podía jurar que mis piernas aumentaban de tamaño con cada mordisco que le daba a la tostada, y con cada sorbo de jugo de calabaza. Qué asco. Pero se me pasó cualquier signo de pesimismo cuando lo vi comenzar a comer, no solo porque sabía que esa era una de las mejores maneras que tenía para recuperarse, sino también porque era increíblemente… delicado al hacerlo. Verlo mover sus manos, su cabeza, todo en él demostraba que era una persona cuya elegancia se destacaba. Al levantar la taza noté que sus movimientos eran tan controlados como los del director del colegio. Me asombró no ver el anillo plateado que solía llevar en su mano izquierda, en el dedo anular, aquel que era bien grueso y exótico. Ya hacía como media hora que estaba con él, y debía apurarme si quería llegar a clases, pero no pude con mi genio y le pregunté.
- Malfoy, ¿no solías llevar un anillo de plata con la insignia de tu casa en él?
- En realidad era de oro blanco, pero si, así es. – me dijo. – Pero como era de mi padre y me hacía acordar mucho a él, me lo saqué.
- ¿Te llevas mal con tu padre? – le pregunté. Me di cuenta al instante que había sobrepasado la escasa confianza que teníamos, así que me retracté. – Lo siento, no quise preguntar eso.
- En realidad, me deshonró. A mí y a toda mi familia. - explicó. Luego se calló. Mi pregunta lo había dejado pensativo, y había hecho que se olvidara de poner la cara de asco con la que me había mirado durante todo el rato. - ¿No deberías ir a clases, Granger? – me dijo.
- Si, así es. Bueno… entonces, nos vemos en el almuerzo... Malfoy.- dije.
Y salí del lugar. Había sido un comienzo maravilloso de la mañana, aunque me sentía muy llena. Empezar el día ingiriendo tanta comida no estaba en mis planes cotidianos, y ahora me chocaba la sensación que esto había provocado en mí. Me sentía contaminada y lo odiaba. Quería encontrar la manera de sacar todo aquello de mí, quería vomitar. Sin embargo, sabía que no debía, porque eso también significaba no cumplir con mi palabra. Y no, no iba a fallarle a Draco Malfoy. Algo, no sé muy bien qué, me decía que simplemente no lo haría.
La mañana fue leve, entregué todas mis tareas (aquellas que había terminado en el mismísimo momento en el que me las habían dado) y tomé muchos apuntes, pues los necesitaría para tomar los próximos exámenes. Charlé con Neville las pocas veces que me senté con él, y el resto del tiempo estuve sola. Harry y Ron trataron de hablarme una vez en transformaciones, pero decidí seguir mirando para delante. Si todavía seguían en la postura de que no estaba gorda, enferma, y no sé cuántas barbaridades más, no los quería conmigo. Además, ahora que ya sabían el por qué de mi cambio de actitud hacia ellos (seguramente Ginny se los habría dicho, no me quedaba la menor duda), no pensaba volver atrás. Ellos me habían dejado sola cuando más los había necesitado, entonces ahora yo los dejaría a ellos. Por suerte no tuve que compartir ninguna materia con Ginny ni con Luna. No las quería ni ver; Ginny me había llamado anoréxica (¡por todos los cielos! ¿En qué estaría pensando?) Y Luna había inventado cosas sobre mí. No pensaba perdonar a nadie, no tenía esa capacidad. Con el único con quien me atrevía a hablar era con Neville, y solo porque tenía el don de mantenerse ajeno a aquellas cosas que le parecían demasiado complejas, o que no eran de su incumbencia. Por suerte tenía buen criterio, algo llamado "sentido común". Sabía que no era suficiente, pero bueno, mi único verdadero amigo hacía ya dos años que me había dejado.
Me dirigí nuevamente hacia la enfermería, alrededor de la una del mediodía. Me pregunté qué habría estado haciendo Malfoy durante toda la mañana, seguramente se estaría aburriendo muchísimo. Ni bien traspasé la puerta y divisé su cara, no pude evitar sonreír. Él estaba concentrado en un papel que tenía sobre sus manos, en algo que estaba leyendo. Se lo notaba preocupado. Me acerqué despacio, tratando de no molestarlo. Ni bien notó que había alguien más en la habitación, escondió el papel. Tenía gruesas gotas de sudor en toda la cara, y sus ojos estaban fuera de órbita. No tenía idea del tema del que trataba ese papel, pero al parecer era algo bastante serio. Cuando me miró, di un paso hacia atrás, como para retirarme.
- Si prefieres, me voy. – me ofrecí.
- No. Quédate. – dijo, y sonó como una orden. – Quiero decir, no hay problema. -
- Luces muy enfermo, ¿te sientes bien? – le pregunté. Negó con la cabeza. Me acerqué algo más, preocupada. Estaba junto a su cama, y lo miré. Quería tocarle la frente para saber si tenía fiebre, pero no sabía cómo hacerlo. Jamás lo había tocado, o por lo menos no consciente de lo que iba a hacer. Levanté un poco mi mano derecha, y la acerqué a su cara. Con movimientos muy suaves, la arrimé un poco más. - ¿Me permites? – le pregunté. Esta vez asintió. Y entonces lo sentí, y estaba ardiendo. Pero literalmente ardía. No sé si habrá sido por el contacto con mi mano que estaba relativamente fría, o tal vez por alguna otra cosa, pero un escalofrío recorrió su cuerpo ni bien sintió mi mano.
- ¡Estás que pelas, Malfoy! – me alarmé.
- Granger, no puedo sentir mi cuerpo. Me siento realmente mal. – me dijo. Fue entonces cuando comenzó a temblar violentamente, parecían convulsiones. Salí corriendo en busca de Madame Pomfrey.
Por fortuna, se encontraba cerca de nosotros. Lo asistió de inmediato, y como no había manera de que tragara ningún tranquilizante, no le quedó otra opción que inyectarle los calmantes. Aproximadamente a los diez minutos, el temblor comenzó a disminuir, y el chico se empezó a tranquilizar. Al rato ya estaba dormido. Debido a la agitación, no me había dado cuenta de que Draco había tomado mi mano una vez que había vuelto con ayuda, y que todavía la estaba sosteniendo aunque sin fuerza. Se la apreté un poco, en señal de apoyo. Aunque estaba dormido, sabía que podía sentirlo.
- Madame Pomfrey, ¿me puede decir lo que le sucede? – le dije.
- Señorita Granger, el señor Malfoy tiene una infección muy importante. Es bastante grave, pero confío en que con el tiempo pasará. Lamentablemente, transitará por momentos como este muy a menudo. No hay manera de evitarlo, es producto de las heridas que deja este tipo de magia. Me extraña que no haya gritado, o que no haya mostrado algún gesto mayor de desesperación: es un dolor muy fuerte el que se siente. – La enfermera hizo una pausa, pensativa. Claro que había hecho un gesto de desesperación, me había apretado los dedos hasta triturarlos. Si hubiera estado menos preocupada por él, lo habría notado. - Es bueno que esté usted para acompañarlo, pues no veo que nadie más se acuerde de él.- me informó, y movió la cabeza en un gesto de desaprobación. - Puede quedarse con él el resto del día, si es que así lo desea. Yo hablaré con los profesores para explicarle la situación; tengo entendido que es muy buena alumna. – dijo con una sonrisa. – No creo que haya problema. - me dijo muy amablemente. Me agradó la idea, así que le dije que lo haría.
Y así fue. Pasé el resto del día haciéndole compañía, aún tomada a su mano. Estaba profundamente dormido, y me agradaba estar acompañada y al mismo tiempo estar en silencio. Era todo lo que necesitaba.
La tarde se pasó volando, y hubo momentos en los cuales la carta que había hecho a un lado anteriormente, que estaba debajo de la almohada, llamaba mi atención. Me sentí tentada de leerla un par de veces, pero no lo hice. Sabía que no debía.
Se habían hecho alrededor de las ocho de la noche, y decidí que lo mejor sería irme a dar una ducha, y luego volver. Pero en el exacto momento en el que intenté desenlazar nuestros dedos, el rubio hablo entre sueños.
- Hermione…- dijo, volviendo a tomar mi mano suavemente. – No te vayas. - pidió.
Por Merlín. No, no, no. Eso no podía estar pasando. Draco Malfoy me estaba pidiendo en sueños que me quedara, y encima de todo me había llamado por mi nombre de pila. Hermione… su voz resonaba en mi cabeza una y otra vez, todavía no pudiéndome recuperar de lo hermoso que había sonado al salir de sus labios. Me quedé quieta en el lugar en donde estaba, mirándolo con dulzura.
No me iría a ningún lado.
¡Muchas gracias por leer! Espero sus reviews, ¡un beso grande!
Noe.
