Capítulo 9
Iba cargando dos libros enormes de Runas cuando me encontré a chico Ravenclaw con quien compartía Cuidado de Criaturas Mágicas, así que platicamos un rato y me preguntó si podíamos hacer los deberes juntos.
Henry llegó a la biblioteca, la localizó y se extrañó al no verla sola pero eso no lo detuvo a ir a saludarla y luego se instaló con ellos, inició sus deberes, ignorando un poco al otro chico. Cuando los veía hablar se sentía un tanto celoso, ese tiempo bien podría haber sido solo de los dos. Se preguntó si habría hecho bien su horario, había metido algunas clases esperando tenerlas con ella.
- ¿Y cómo han ido tus clases, Stuart? -le pregunté un rato después de que se uniera a nuestra mesa.
-Bien -sonrió.- Tengo solo materias que me gustan.
- ¿Cómo hiciste tu horario finalmente? -alcancé a preguntar antes de que Anthony, el chico Ravenclaw, me dijera algo sobre el libro que estábamos consultando.
Henry sacó una hoja con su horario y se lo pasó, miró raro al chico.
Le sonreí a Henry y tomé su horario.- Veamos...
- Iré a buscar otro libro.
- Está bien -sonreí y Anthony se perdió entre los pasillos.
-¿Y él? -preguntó mientras lo seguía con mirada de pocos amigos hasta que se perdió.
- ¿Anthony? -miré a Henry por un momento.- Es un compañero de Cuidado de Criaturas Mágicas -seguí viendo su horario.
-¿Lo ves en otra materia? -se levantó a ver los libros frente a ellos.
- No lo sé -me encogí de hombros.- Sólo llevo dos clases en esta mañana aunque es probable. ¿Por qué?
-Nada más -se sentó de nuevo frente a ella con un par de libros.- ¿Cuántas clases llevamos juntos?
- Al parecer... -comparé mi horario con el suyo.- Son 4 materias, tendrás mucho tiempo libre para dedicarlo al Quidditch -sonreí y le devolví la hoja.
-Con compartir clases con Clarissa me conformo -sonrió y guardó su hoja.
Reí y el chico Ravenclaw volvió con un libro nuevo y siguió buscando la información que necesitábamos mientras yo leía para Runas. Pronto se dio la siguiente hora, Anthony se fue a su clase mientras yo tenía otra hora libre.
Henry sonrió cuando el chico de Ravenclaw se fue y por si las dudas revisó su horario, afortunadamente tenía esa hora libre también. La miró unos segundos y abrió su libro, acababa de recordar algo.- Recordé que dijiste que te gustaba alguien de Hufflepuff -dijo como si fuera cualquier cosa.
- ¿Yo dije eso? ¿Cuándo dije eso? No lo recuerdo -no despegué la mirada de mi pergamino.
-Me dijiste el año pasado -la miró de reojo, se levantó a buscar otro libro.
- Maldita traducción -fingí que estaba muy concentrada en mi trabajo y esperaba que no me viera sonrojada.- Realmente no recuerdo eso...
-¿En serio? -se colocó detrás de ella para ver qué hacía.- Debió ser poco el cariño -dijo cerca de su oído.
Sentí un escalofrío.- No negué que me gustara alguien, simplemente no recuerdo que te dijera que era de Hufflepuff -me sonrojé más y evité mirarlo.
-¿Entonces no es de Hufflepuff? -notó el sonrojo y se agachó un poco más para ver si lograba un rojo un poco más intenso.
Me encogí de hombros.- ¿Podrías dejar de hacer eso? -lo miré fingiendo estar enojada.
-¿Hacer qué? -sonrió inocentemente.- Solo quería ver qué haces y dejé los lentes en mi dormitorio -mintió con mucha naturalidad.
- Invades mi espacio personal -lo fulminé con la mirada.- Si querías ver lo que hacía, te habría pasado el pergamino...
-Está bien, lo siento -sonrió y se sentó frente a ella.- ¿Quién te gusta?
Lo miré seria.- Dame una buena razón para que te lo diga -seguí escribiendo.
Se quedó pensando.- He oído rumores, pero no estoy seguro...-cerró su libro y se puso realmente a hacer tarea, sin decir nada más.
No retomé el tema hasta después de unos minutos.- ¿En verdad quieres saber quién es?
Asintió y la miró, como si fuese a recibir sentencia por alguna razón.
Suspiré.- Te doy tres oportunidades para que adivines -reí.
Se le quedó mirando y se aventuró a decir tres nombres, no se le ocurría nada en especial.- Frederick, Marcus o yo -sonrió.
Reí con ganas mientras me sonrojaba un poco.- ¿Marcus? ¿En serio?
Se encogió de hombros.- Según supe saliste con él alguna vez -se dio cuenta de algo y rió.- Ellos son Slytherin.
- Fue un error esa salida -lo miré.- ¿Qué tienen que sean Slytherin? No todos son tan... Slytherin -reí.
-Pero te gusta un Hufflepuff -la miró.- ¿Me dirás quién?
- A ver... -cerré el libro.- ¿Para qué quieres saberlo?
-¿Por qué le das tantas vueltas al asunto en vez de solo decirme? -por alguna razón su corazón estaba un poco agitado. En el tren me había entendido que ella tenía sentimientos por él y ahora solo quería oírlo de ella, creer que era verdad.
Dije lo primero que se me vino a la cabeza.- Porque eres muy chismoso y puede peligrar mi secreto -empecé a ponerme nerviosa.
-Puedes confiar en mí, si hago algo indebido tienes magia -sonrió.
- La magia no lo resuelve todo -enredé mis pergaminos y fruncí el ceño.- Además, creo que ya lo sabes pero no le pones atención a lo que el resto y yo decimos -miré mi reloj.- Ya es tarde, iré a comer.
Se sintió frustrado de pronto.- ¿Sabías que me gusta una chica? Ella debería saberlo ya por lo que dicen los demás y digo yo -se levantó.- Provecho -fue a apartar la cancha de Quidditch. En el camino nos topamos y me hizo seguirlo a pesar de que tenía hambre y estaba llena de tierra, apenas llegamos a tiempo a la clase que nos tocaba.
Me confundí con lo que dijo y me dirigí con mal humor al Gran Comedor. Le hubiera dicho que era Frederick y no habríamos llegado a... ¿pelearnos? Fruncí el ceño.- Perfecto, vamos empezando bien el año -me senté sola en la comida porque Vi había desaparecido.
En cuanto me deshice de Henry fui en búsqueda de Clary, estaba cansada, un poco fastidiada y tenía kilos de tarea. - Estoy muerta -le dije al encontrarla en la biblioteca. - ¿Qué tal tu primer día?
Señalé la pila de libros que tenía a un lado.- Igual que el tuyo supongo -suspiré.- Y sólo es el primer día -reí bajito.
-Voy a llorar -reí.- No quiero hacer nada -me recargué en unos libros.- Estoy cansada y tengo hambre... no desayuné y Henry no me dejó comer.
- ¿No te dejó comer? -fruncí el ceño y revisé mi bolsa.- Seguro tengo para este tipo de emergencias.
-Estaba alterado, le está pegando la adolescencia -bostecé.- Ya sé dónde puedo conseguir unas galletas -miré a Summerby cerca comiendo discretamente, sonreí.- Ya vuelvo -me acerqué a él, le platiqué un poco y volví con dos galletas.
Reí mientras veía como conseguía las galletas.- Encontré un chocolate -se lo di.- Evita que la señora Pince te vea, porque ama mucho su biblioteca.
-Tengo una solución para eso -sonreí.- Cierto profesor me ha maleducado en cuanto al uso de cierta "habilidad" mía -reí y comí sin preocupaciones.
- Presiento que ese cierto profesor es mi primo -reí y seguí haciendo mis deberes.- ¿Sí lo viste ayer?
Asentí y le conté nuestro breve encuentro, terminé de comer, comencé la tarea.- Al rato tengo música también...-suspiré.- Estoy cansada -reí.- Me dan ganas de sentarme y hacer todo con magia...
Me encogí de hombros.- Puedes hacerlo -reí.- Y también puedes faltar a Música, tienes buenos contactos en esa asignatura. Si hubiera metido Arte muggle de nuevo, sí estaría muriendo al igual que tú.
-Henry la metió porque creyó que irías -bostecé.- Creo que verá si se sale o se queda... espero se quede... será aún más cansado que no, buscará maneras de hacer todavía más complicados los entrenamientos... y no es por ser pesimista pero probablemente no ganemos la copa, por alguna razón nunca ganamos... -me quedé pensando.- Tal vez Hufflepuff tenga una maldición respecto el Quidditch -reí.
- Imaginé a Stuart diciendo que él es quien puede romper esa maldición y sería peor para ustedes -sonreí.
-No se lo comentaré -reí.- Tal vez no ganemos… pero estamos en un lugar donde podemos jugar y practicar Quidditch bien, una vez que salgamos está más complicado -sonreí.-A menos que seas Henry. Los demás nos iremos a nuestros trabajos, se harán familias y cosas así, el Quidditch no volverá a hacer lo mismo.
- Supongo que tienes razón, pero mientras eso pasa, disfrutemos del Quidditch -reí.- Creo que sí haré la prueba para el equipo.
Sonreí y asentí.- Tengo clase -tomé mis cosas y me despedí de ella. No sabía por qué pero tenía la sensación de que pronto mis amigos estarían juntos, si no estaban en las mismas clases tal vez el Quidditch pudiera tenerlos unidos. No había pensado en lo que le dije sobre el deporte hasta que lo hice.- Dos años contando este -sentí algo revolverse en mi estómago, como mariposas, reí.- No hay que temer, aún queda tiempo para pensar -me dije en voz baja mientras subía las escaleras.
- Vas muy concentrada a clases, Aeryn -dijo Nick al verla subir las escaleras y le tapó el camino.
-Soy una estudiante responsable ¿qué más podía esperar de mí, profesor Temple? -sonreí, acomodé mi cabello y tras chocar un poco con él continué mi camino.
Nick la miró por unos segundos y la siguió.- No hay personas en el pasillo.
Me giré y vi que era cierto, reí.- De todos modos se me hará tarde si me detengo un rato -subí unos escalones y cuando estuve casi a su altura le di un beso.- Nos vemos al rato -sonreí y continué caminando.
- ¿Y si no vas a clases? -se quedó donde estaba.
-Tengo que ir -sonreí un poco.- Quiero ser responsable al menos al inicio, siempre hago lo que se me da la gana y voy cuando quiero y cuando no, no voy… Tal vez deba dejar de hacer eso.
Nick sonrió y se acercó para despeinarla.- Esa es la actitud -empezó a caminar por otro pasillo.- Nos vemos en la clase.
Sonreí.- Nos vemos en clase -corrí y llegué a tiempo. El resto de las clases estuve intentando permanecer concentrada aunque me costaba mucho trabajo, solo lo lograba en las materias que más me gustaban.
Conforme pasaban los días, las asignaturas se volvieron más pesadas, todos los días dejaban montones de tarea pero tratábamos de no morir en el intento. La mayoría de las casa hicieron sus pruebas de Quidditch a la segunda semana. Como había planeado, decidí presentarme a la de Slytherin.
La elección de los integrantes para nuestro equipo fue un poco desastrosa, había personas muy tercas que querían a la fuerza entrar al equipo pero que no tenían talento, había personas que tenían talento pero solo iban por acompañar amigos. Al final logramos conseguir los jugadores aunque ninguno nos convenció.
Frederick terminó eligiéndome de nuevo, al final le dije que en la posición que quisiera. Estuve a punto de huir pero me retuvo y en la sala común estuvo hablando con todo el equipo sobre estrategias y cosas así; cuando tuve oportunidad, fui con los chicos a ver su elección.- Bueno, es que nadie parece apropiado para el señor capitán -reí.
-Pregúntale a Kailen -dijo él, señalándome con su pluma.
-A mí tampoco me convencían… adivina quien estuvo ahí -reí.- Steve, de nuevo lo rechazamos. A Marcus, que también estuvo allí, casi lo aceptamos pero nos convencimos un poco por alguien más -miré la hora, me levanté apresurada.- Tengo clase, los veo en un rato -corrí al aula de música, logré llegar antes que los demás.
-Nuestro equipo se hará bueno conforme entrenemos -dijo con optimismo Henry.
- ¿Seguro? -reí.- ¿Los matarás con entrenamientos hasta que lo logres?
- Señorita Aeryn, llega temprano -sonrió Nícolas al verla.
-Sí, eso haré -dijo con una gran sonrisa.
-Mira -sonreí y agité mi varita sin decir nada, lo derribe, reí.-Lo siento, me emocioné de que lo logré.
- Para ti debe ser divertido, ahora creo que no debiste tener tanto tiempo libre -lo despeiné.
Nick se levantó lentamente y le sonrió.- Eso es bueno.
Henry sonrió y la despeinó también.
-Fue genial ese ejercicio-reí.-Me gusta esa clase aunque sea con Snape -lo abracé.
- Bien, ¿qué hará ahora el señor capitán? -me arreglé el cabello.- Es viernes.
- Ya lo noté -rió y la abrazó también.
-Mmm… no sé -rió y le arregló el cabello.- ¿Quieres hacer algo?
Le sonreí y lo besé antes de que comenzaran a entrar los alumnos de música. Fui a mi lugar todavía emocionada.
Me encogí de hombros y puse mis manos sobre las suyas que todavía estaban en mi cabello.- Da ideas.
Nick sonrió y comenzó a dar la clase con naturalidad y hasta tocó el piano un buen rato.
-Cierra los ojos -dijo sonriente y tomó la varita con una de sus manos, entrelazando un poco la otra con la de ella.
La clase estuvo tranquila, perfecta para un viernes, tocamos libremente un rato y al terminar todos estábamos animados.
- ¿Para qué?
Él esperó a que se fueran los demás para seguir hablando con Kailen.- ¿Cómo va tu semana?
-Hazlo -le puso las manos entrelazadas frente a los ojos.
-Bien -sonreí.- Me gusta llevar solo las materias necesarias -reí.
- Está bien, está bien -sonreí y cerré los ojos obediente.
- ¿Música y Magia terrestre son necesarias? -se recargó en el escritorio.
-No los abras -agitó la varita y convirtió un trozo de pergamino en una lechuza de papel que agitaba las alas.- Puedes abrirlos.
- Sí -sonreí.- En parte de esas materias depende mi cordura -reí.
Abrí los ojos y sonreí.- Te gustan mucho las lechuzas, ¿verdad?
Frunció el ceño.- Creo que ya no deberías tomarlas -usó un tono serio.
-Tengo un cierto conflicto existencial con ellas -sonrió.
-¿Ah sí? Mmm… puedo considerar el dejar música… -sonreí un poco provocativa.- ¿Te parece?
- ¿Por qué? -miré la lechuza y después a él.
- Si quieres -sonrió.- Aunque ya perdiste la cordura, así que no le encuentro sentido a que sigas en ellas -rió.
-Por que quisiera ser una -lanzó al aire a la figura quien se alejó volando.
Reí.- Si yo estoy loca… imagínate cómo será el hombre que se ha fijado en esta loca -negué con una sonrisa.- Aunque tal vez es cuerdo y necesita un poco de locura en su vida, eso tendría sentido.
- Creí que ya eras una -no dejé de mirarlo.
Nícolas asintió.- Suena lógico -empezó a reír cuando una frase cursi llegó a su cabeza.- Me alegra que no puedas leer mi mente -siguió riendo.
-Sí, algo así -sonrió misteriosamente.
-Quisiera leerla -hice un puchero y me senté sobre su escritorio.
- Bueno sí, un halcón es diferente a una lechuza.
- No te conviene -sonrió.
Henry rió y le dio la razón, hizo otro par de aves y luego un pequeño colibrí.
-¿Por qué? Solamente oiría pensamientos un poco pervertidos ¿no? -sonreí un poco sonrojada y luego reí.
- A veces creo que serás un desastre cuando puedas usar magia fuera de la escuela -agarré al colibrí con cuidado.
- ¿Un poco pervertidos? -rió de nuevo.
-No lo creo. Sería un desastre si me dedicara a algo que implique que pueda ser desastroso, pero jugaré Quidditch -agitó la varita y duplicó al animalito.
-¿Mucho? -me sonrojé otro poco, reí.- Como dice Vi… eres más grande que nosotros, tienes que pensar esas cosas…
- Ahora me siento obligado a pensar en ello más tiempo -rió y se acercó más a ella.- Me gusta cuando te sonrojas.
Asentí.- Es cierto, pero me refería más a que siempre haces todo con magia y ya que tengas la mayoría de edad, va a ser peor -reí.
Me sonrojé otro poco.- Sonrójate.
-Hay cosas que me gustan hacer como muggle, así que no lo creo -se estiró.- Cocinar me gusta hacerlo como muggle, también a veces limpiar.
Negó y volvió a reír.- Conmigo no es tan sencillo.
- Cocinar siempre sale mejor como muggle, la magia le quita encanto.
-No es justo…- me arrodillé sobre el escritorio para estar un poco más alta que él.- Sonrójate -susurré en su oído.
Henry la miró con una enorme sonrisa y con ojos de amor.- Eres maravillosa, Clarissa. Alguien que por fin dice eso.
Volvió a negar.- Te digo que no es tan fácil.
Lo miré y me sonrojé.- No digo que esté mal ayudarse de la magia con cosas básicas para la cocina, pero hacerlo con tus propias manos siempre es mejor -sonreí un poco.
-¿No? -lo hice mirarme, le sonreí y me acerqué para besarlo, pasé mis dedos por su nuca. Lo miré para ver si se había sonrojado un poco.
-Sí, sí -sonrió.
Nick no se sonrojó.- Debo admitir que me causó un escalofrío interesante y me pusiste algo nervioso, pero sólo eso -sonrió.
Lo empujé un poco.- No me mires así.
Fruncí el ceño y le mostré la lengua.- No es justo -me crucé de brazos e hice un ligero puchero.
-¿Así cómo? -rió quedito.
- Así es la vida, Kailen -la abrazó.- Algún día, me sonrojaré para ti, ¿qué te parece? -rió.
- Tú sabes cómo, me miras… raro y me sonroja -mi rostro seguía poquito rojo.
-Eso espero -susurré cerca de su oído y rodeé su cuello con mis brazos.-Así sí estoy a tu altura -reí.
-Me gusta eso -dijo acercándose un poco a ella.
Él volvió a reír.- Pero me gusta tu altura.
- Sí, sólo te gusta molestarme...
-A mí no -reí.- Tengo tareas que hacer.
-No lo hago solo para molestarte -sonrió, besó su mejilla y al separarse fingió mirar su libro.
- Puedes hacerlas en mi despacho, ¿no? -sonrió.
- O sea que sí lo haces para molestarme -fruncí el ceño y evité poner la mano sobre mi mejilla.
-Sí -sonreí, me colgué la mochila al hombro y caminé hacia allá.
-No, hasta que me recuerdas que te molesto -rió.
- Vamos entonces -la siguió y cerró la puerta detrás de él.
Lo miré con el ceño fruncido unos segundos y lo abracé por detrás.- ¿Entonces por qué, señor capitán?
