9.

¨Las calabazas podrían significar muchas cosas. Para cada persona otra cosa, pero para Mimí no significaba nada. Hasta que lo conoció a el¨ - Michi

Otra vez tenía que ir con sus padres a comprar calabazas. La típica historia de cada año.

El matrimonio Tachikawa adoraba decorar su casa con calabazas de Halloween. De todo el tipo de calabazas. Pero las favoritas eran las raras calabazas blancas y azules. Y por capricho de la señora Tachikawa iban a ir a la más lejana granja para comprar algunas de ellas.

La única que no estaba entusiasmada era su hija de 17 años, Mimí Tachikawa. Era aburrido ir con sus padres otra vez a comprar calabazas. Porque sí. En cada año era lo mismo. Ella prefería ir a las fiestas organizadas de sus amigas de Halloween pero sus padres no la dejaban ir. Después de todo lo que paso en la última fiesta a la que fue… no creía que la iban a dejar salir en un buen tiempo.

Y así se encontraba ella en el carro de su familia escuchando las viejas canciones de los años 80. Su vida era un aburrimiento total.

El coche se paró a un lado de la carretera.

-Llegamos – dijo su madre llena de alegría.

-Vamos a por esas calabazas amor – dijo su padre entusiasmado.

Mimí salió del coche de mala gana.

Sus padres empezaron a caminar felices tomados de la mano mirándose con tanto amor y dulzura que Mimí pensó que vomitaría.

-Odio esto – susurro para ella misma.

El matrimonio Tachikawa entro a la casa de dueño para hablar sobre el precio y cuantas calabazas estaba dispuesto a venderles.

Mimí decidió dar un paseo por el campo de alrededor. Lo suyo no eran los negocios.

Caminaba por el campo de calabazas. Sí que eran muchas. No entendía la obsesión de sus padres por las calabazas. Entendía que se conocieron en un día de Noviembre, ¿pero que tenían que ver las calabazas con eso? Nunca lo iba a entender. Tal vez porque ella nunca tuvo a alguien tan especial en su vida. Su más larga relación fue de un mes apenas. Los chicos nunca la tomaban enserio debido a su carácter impulsivo y gracioso. Pensaban que ella no buscaba un chico al cual amar para siempre. Pero la verdad es que Mimí buscaba desde pequeña a su príncipe. Y lamentablemente solo encontraba imitaciones baratas de aquel príncipe.

La castaña suspiro. Una mano se posó en su hombro.

-¡Aah! – dio un respingo en su lugar y miro al culpable de su susto.

Un chico. Alto, moreno, con el pelo castaño y muy despeinado, ojos chocolates cautivadores y una gran sonrisa. La sonrisa más sincera y brillante que jamás había visto en su vida. La primera sonrisa que no tenía intenciones ocultas.

-¡Hola! No es por ser descortés o algo pero, ¿qué haces aquí? – pregunto, sin dejar de sonreír.

Mimí nunca se quedaba muda pero ahora una excepción.

-Etto… me dijeron que… bueno… soy la hija de los Tachikawa y… y… dijeron que podía dar un paseo por aquí – dijo avergonzada. No sabía porque, pero esa sonrisa la hacía temblar y sentía que sus piernas eran de gelatina.

-Aah. Tú debes ser Mimí. Cuando me dijeron de ti pensé que eras una niña de unos 9 años. – ríe.

La castaña se sonrojo. ¡Sabia su nombre! Y sí que sonaba bien su nombre de su boca.

-Pues ya ves que no – susurro.

-Lo siento. Mi nombre es Tai. Soy el hijo del dueño de este lugar. Me pidieron que recoja algunas calabazas para tus padres. Pero ya que estas aquí, ¿porque no elijes tu algunas calabazas? – le guiño el ojo – Las que más te gusten.

¿Intentaba ser lindo con ella? Porque lo estaba consiguiendo.

Mimí asintió. Empezó a señalar las calabazas más lindas, según ella. Tai las recogía y las dejaba a un lado. Después de la calabaza numero 12 Mimí paro.

-Creo que son suficientes – dijo mirando a otro lado.

-Yo también creo lo mismo – sonrio – Se ve que os gusta las calabazas.

-Les gusta. A mí no.

Tai levanto una ceja curioso.

-¿Porque no?

-No les veo nada especial. Son simples calabazas. No tienen nada mágico y tampoco son tan lindas.

-Cierto. Pero piensa que puedes hacer muchas cosas con una calabaza. Puedes usarla de adorno, puedes hacer tarta de calabazas, ¡hasta puedes jugar futbol! Aunque se destroza muy rápido – sonríe mientras se rasca la nuca.

Mimí lo miro. Sí que era lindo.

-¿No te aburre estar aquí?

-Para nada. Intento disfrutar lo más que puedo. En el futuro tal vez no vuelva a ver estos campos de calabazas y tampoco voy a trabajar con mis padres. Por eso vivo estos días al máximo. – mete sus manos en sus bolsillos.

Mimí bajo la mirada.

-Me gustaría poder hacer lo mismo. – susurro.

-¿Y porque no lo haces?

-Creo que yo ya no sé cómo hacer eso.

-No es verdad. Todos sabemos cómo disfrutar de nuestras vidas. Solo debemos apreciar los momentos que ahora nos parecen insignificantes pero que en el futuro van a ser los mejores recuerdos de nuestras vidas. Solo déjate llevar por la marea. – le dedico su mejor sonrisa.

Mimí abrió los ojos como platos. Ese chico sí que era único. Su sonrisa, su forma de pensar, su tranquilidad y amabilidad, era hermoso.

Y entendió. Tal vez la calabaza no era una simple calabaza. Tal vez signifique algo importante para sus padres. Tal vez para cada persona la calabaza puede ser otra cosa. Una cosa que atesoras.

El año que viene iba a volver a por más calabazas. Y el siguiente año y el que sigue después. Hasta que no lo vuelva a ver…

-¡Mimí! Vamos mi niña – la llamaban.

-Fue un placer conocerte – dijo el chico mientras cogía las bolsas con las calabazas.

-El placer fue mío. Espero volver a verte – sonrio sonrojada.

-De eso seguro. – le guiño un ojo.

Se acercaron hacia el matrimonio Tachikawa que hablaba con el padre de Tai.

-Entonces os esperamos mañana en la noche a cenar – dijo el señor Yagami.

Mimí y Tai se miraron. Al parecer se iban a ver antes de lo esperado.


El capitulo 9 esta aqui :))) Y es un Michi. Espero que os haya gustado y nos vemos el domingo con un Mimato.

¿Review?

ABRAZOS ^_^