¡Holis! ¿Qué tal están todos ustedes? Espero que bien, que estén teniendo un lindo comienzo de año; de seguro estuvieron esperando esto ¿no? Y si no es así, pos que pena y les traigo una actualización de todas formas.

Disclaimer: Ningún personaje que aquí aparezca o sea mencionado me pertenece, todos son propiedad de su respectivo autor: Yoshihiro Togashi.

Advertencia: Yaoi. Lemon (+18). GonKiru.


El sol brillaba con todo su esplendor sobre Isla Ballena.

Ni una sola nube en el cielo celeste, solo los cálidos rayos del astro rey bañando con su luz la rica y viva naturaleza; el aroma del mar, la fría y fresca brisa, el verdor de los bosques y praderas; y todas y cada una de las viviendas situadas en aquella alejada isla.

No hubo persona que no estuviese feliz por el maravilloso día que tenían.

Aprovechando el grandioso clima, Mito salió de su casa y comprobó si las sabanas, y alguna que otra prenda de vestir, ya estaban secas; dejó el canasto a un lado y mientras tarareaba una dulce melodía rozó con las yemas de sus dedos suave y limpia tela.

Sonrió. ¡Ya estaban listas!

Sin detener su melodía, comenzó a quitar broche por broche, para luego tomar las sabanas entre sus brazos y dejarlas dobladas sobre el recipiente de forma circular; el perfume a lavanda y jazmín que desprendían era sumamente agradable; y de un momento a otro, elevó su rostro en dirección al firmamento. Protegiéndose de los despampanantes rayos lumínicos con uno de sus brazos.

La calidez acariciando su piel descubierta era confortable.

«El día está precioso. » pensó la mujer de cabellos anaranjados mientras terminaba de descolgar la ropa seca y las dejaba sobre un cesto. —Eso significa que habrá muchas cosas para hacer. —mencionó para sí misma antes de volver a ingresar en la vivienda.

Luego de dejar el recipiente en una silla, y saludar a su abuela; quien tomaba una taza de té lo más tranquila; se encaminó a la cocina y preparó el desayuno: un poco de té, o café para su sobrino, y algunos dulces. No demasiado para que todos tuvieran algo de espacio para el almuerzo al mediodía; al terminar su bebida, la anciana se levantó de su asiento y le ofreció su ayuda, la cual aceptó gustosa.

Entre más rápido terminen, más pronto podría comenzar con los preparativos para la próxima comida.

—¡Mito-san!

La mujer escuchó el llamado de su sobrino y sonrió lindamente. ¡Ese muchacho siempre tenía energía! En todos estos años, él no había cambiado. ¡Parecía ser el mismo niño alegre y juguetón que maravillaba a sus vecinos!; tal como era antes de hacer ese viaje, en busca de su padre; y ella no podía estar más orgullosa de él.

De Gon.

Escuchó los pasos retumbando por las escaleras hasta llegar a su lado. —¡Mito-san! —dijo con el tono de su voz ligeramente cambiado; un claro signo de que estaba creciendo.

Mito rió, negando suavemente con la cabeza, antes de apagar la hornalla y enfrentar al muchacho; limpiándose las manos con su delantal claro. —¡Cálmate Gon! No tengo pensado en irme a algún lado; tranquilo.

—Lo sé. —dice sacando su lengua al final; en un gesto juguetón—. Mito-san, he terminado mis tareas, así que, ¡me iré a pescar! —exclamó al dirigirse nuevamente a su cuarto, en busca de lo que necesitaba.

—Un momento jovencito—. Como si de un piloto automático se tratara, Gon se detuvo abruptamente y miró un tanto asustado a la mujer. —Si quieres salir, debes mostrarme tus cuadernos primero.

Esa frase fue capaz de desmoronar el plan del chico ¡estuvo tan cerca de escapar!; una parte suya creyó, inocentemente, que lograría escaparse de su tortura, pero ya ve que no.

Su tía iba un paso por delante de él.

—P-pero… Mito-san.

—Sin peros. —declaró con firmeza—. Tienes hasta cinco para traer lo que te he pedido jovencito. ¡Uno, dos…!—. Hizo una pequeña pausa y sonrió divertida cuando su sobrino escapó corriendo por las escaleras, encerrándose en su habitación. «¡Pero que niño! » niega con la cabeza y continuar preparando las cosas.

—No deberías presionarlo tanto, tiene que descansar un poco.

Mito suspiro, desviando la mirada a la hoya hirviendo. —Y ya tuvo su descanso, mientras iba a buscar al irresponsable de su padre y poner en peligro su vida. ¡Ahora debe concentrarse en estudiar! —mencionó al cortar, con un poco más de fuerza de lo normal, unos vegetales—. Ya se acostumbrará a ello.

—Dale un respiro; es un buen muchacho, y sabes que terminará haciendo lo correcto. Aunque deba quedarse hasta altas horas de la noche.

Ella soltó un pequeño bufido, causando que uno de los mechones anaranjados se moviera. —Bien. —respondió de mala manera—. En una semana tiene un examen importante, al día siguiente puede tomarse dos días de descanso.

La anciana sonrió con nerviosismo ¡su nieta era igual de terca que aquel niño! Ni modo, el pobre chico tendrá que acostumbrarse a este nuevo estilo de vida, dejando a un lado sus actividades, parar centrarse en el estudio.

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—¡Al fin pude terminar! —exclamó antes de dejar caer el peso de su cuerpo sobre la silla, estirando los brazos por encima de su cabeza; luego de aflojar sus músculos y sonrió gustoso. Ahora se sentía más relajado y calmado, era una agradable sensación.

Suspira y recuesta el rostro sobre su escritorio, cruzándose de brazos, antes de cerrar sus ojos con suavidad; una pequeña siestecita no le haría daño, o más bien un largo sueño. El sol ya se había ocultado y la noche llegó a la isla; pero los gruñidos que salían de su estómago le impedía conciliar el sueño. Gruñe por lo bajo y vuelve a erguir su espalda.

¡Le había tomado mucho tiempo el completar sus deberes! Parte de la mañana y el resto de la tarde, y unas dos o tres horas de la noche, que no hizo otra cosa más que resolver problemas y ecuaciones. ¡Y él que tanto odiaba las matemáticas!

«No pude aprovechar el día e ir a pescar… —pensó al hacer un tierno puchero—. Podría haber ido y atrapado al Señor del Lago por cuarta vez en la semana. » Suspiró; no había contado con que su tía no creería en su historia, la subestimó, y ahora pagaba las consecuencias; se sentía cansado y molesto.

Cerró sus ojos y comenzó a imaginar cómo hubiese sido su día; el sol estuvo radiante, y no hizo demasiado calor; se sentaría en el mismo lugar de siempre, usando su sombrero de hojas para mimetizarse con el ambiente, sostendría entre sus manos la caña de pescar y esperaría a que su presa picara el anzuelo. Tal como lo hizo cientos de veces… y tal como le enseñó a Killua a hacerlo.

Aquello último hizo que descubriera su mirada.

Alarmado, y un tanto confundido, apretó los labios con fuerza y llevó una mano hasta su pecho; no se sorprendió de sentir el acelerado ritmo de su corazón, estrellándose contra su pecho; y suspiró.

¿Cuándo fue la última vez que pensó en su amigo?

Gon sabía la respuesta.

No hubo un solo día, en todo este tiempo que se mantuvieron alejados el uno al otro, en que no pensase en el albino; y cada instante transcurrido, esto parecía empeorar. Lo extrañaba, en verdad lo extrañaba, y deseaba poder estar a su lado, aunque fuese una vez más.

Tomó su teléfono celular y observó la pantalla, sus ojos almendra fijos en la imagen; la última fotografía que se tomaron antes de que se separaran y tomasen caminos diferentes. Cada uno cumpliendo su nuevo objetivo, estando seguros de que eso era lo que querían hacer, sin mirar por encima de su hombro a quien se alejaba de su vida.

Por quien sabe cuanto tiempo.

«Te extraño. —pensó al mover sus dedos y acariciar tiernamente la silueta del albino—. Quiero verte ahora mismo. » Las yemas de sus dedos rozaron la pequeña, tímida, sonrisa del mayor, sin percatarse de que en su propio rostro aparecía un lindo y adorable sonrojo; dejó en el escritorio su teléfono y volvió a sentarse en su silla; teniendo esa extraña sensación a la altura de su estómago.

Killua no abandonaba sus pensamientos.

Unos días atrás, o al menos eso recordaba, había tenido un sueño muy extraño… en el que él, y su mejor amigo estaban juntos. Nada fuera de lo normal. Hasta que todo cambió de forma repentina: comenzó con una caricia, ya sea en el rostro o tomarse de las manos, luego unos dulces y efímeros besos, y antes de que se dieran cuenta todo se había descontrolado.

Y habían hecho el amor.

Eso último le hizo sonrojar; el solo recordarlo, hacía que su rostro se sonrojase y su cuerpo reaccionara de una manera no muy grata; mordió nerviosamente su labio inferior, al no saber qué hacer para detener aquello.

—¡Esto es tan confuso! —gritó con frustración, revolviéndose torpe y salvajemente sus cabellos oscuros—, si todo fuera más fácil para mí sería mucho más feliz. —calló abruptamente al decir aquello último; baja la mirada y una sonrisa triste adorna su rostro.

No lo había visto de esa manera.

Tener esta clase de sentimientos por su amigo; por su primer y único mejor amigo; era algo que no había esperado, nunca imaginó que se enamoraría y menos de otro chico; no es que tuviese algún problema con ello, sino más bien, una pequeña parte suya se alegraba de compartir ese sentimiento especial con su persona más importante… pero, ¿realmente era correspondido? Sabía que Killua lo estimaba, lo podía intuir, y algunas muestras de afecto le dieron la razón, sin embargo, a esta instancia se hablaba de otra clase de sentimientos.

No de amistad, sino de amor.

Porque Gon estaba enamorado de Killua.

Y lo aceptaba, solo le gustaría poder hablarlo con él. Quiera o no su amigo él estaba involucrado, de alguna manera lo estaba, y no soportaría que se alejase de su vida por culpa de estos sentimientos; ya lo había perdido una vez en el pasado, por culpa de su egoísmo y de la ira que terminó encegueciéndolo, y no estaba dispuesto a volver a perderlo. Mucho menos cuando su "relación" no estaba del todo bien.

La separación le había afectado, ya olvidaba lo que era tenerlo cerca, hablar con él, jugar, entrenar o simplemente pasar el rato, y eso le aterraba.

¿Acaso estaba a punto de olvidar a Killua?

Gon sentía como si estuviese perdiendo una parte importante de él.

Oír una estruendosa y repentina musiquita lo hizo salir de sus pensamientos; además de asustarlo un poco; dio un pequeño respingo, mordiéndose la lengua para no gritar, miró en todas las direcciones hasta encontrar su teléfono celular encima de la cómoda, junto a su cama. Se levantó del escritorio y lo tomó entre sus manos, sin embargo, por poco lo deja caer al ver el nombre que mostraba la pantalla.

Killua.

Sus ojos se abrieron como platos. «¡Ah, es él! ¡Es él! ¡¿Qué hago?! —pensaba mientras trataba de mantener bien sujeto el aparato electrónico. —Tranquilo, Gon. Tranquilo. ¡Recuerda mantener la compostura! Si tú estás nervioso, Killua lo estará más y terminará enojándose conmigo… al igual que antes. » Asintió ante ese último pensamiento; estaba completamente seguro de que algo así podría suceder.

En todo el tiempo que lo conocía, ya podía imaginarse cómo sería su reaccionar.

Ignorando el acelerado golpeteo de su corazón, al igual que el calor acumulándose en sus mejillas, aclaró su garganta y llevó el teléfono hasta su oído; luego de que al fin pudo recuperar su voz. Luego de haberse tomado unos minutitos para calmar su respiración y aparentar seguridad.

—¿Ho-la? —preguntó con una voz temblorosa, maldiciendo su propia vergüenza.

¿Pero qué le ocurría? ¡Si nunca antes se había avergonzado al hablar con su amigo! Siempre era al revés, pero ahora, él estaba sumamente nervioso; todo se sentía más confuso y eso le incomodaba.

—Killua… —murmurar su nombre, luego de estar tanto tiempo; tantos años; separados, se sintió extraño. Lamió su labio nerviosamente y volvió a decir aquel nombre, pero esta vez, en un tono mucho más bajo; casi imperceptible.

Espera unos minutos, rogando internamente que aquella persona no se enfadase con él; algo extraño, ya que él no había hecho nada; y le cortara la llamada antes de que comenzaran a hablar… eso era algo que su mejor amigo podría hacer.

Hola, Gon. —dijo de pronto una voz cantarina, en un extraño tono calmo, amistosa, para luego guardar silencio y esperar por la respuesta.

Antes de que el Freecss pudiese responder, su cuerpo se tensó e intentó reconocer aquella voz, porque estaba completamente seguro que ese quien hablaba no era su mejor amigo: era una voz femenina, no de una mujer sino de una niña, o al menos alguien joven; y si llamaban por el teléfono del albino, eso significaba que lo conocía o tenía alguna afinidad con él.

Y que él recordarse, Killua nunca fue bueno al relacionarse con mujeres; excepto con Mito-san, pero ella era una excepción.

«Un momento. ¿Acaso es…?» —Alluka—. Aquello escapa junto con un suspiro de sus labios; ¿qué hacía ella hablándole? Si ellos no tenía mucha afinidad que digamos, solo hablaron cuando tuvo que despedirse de su amigo; aclaró su garganta, tratando de parecer seguro al volver a hablar.—E-eh, yo, ah, hola… creo.

Ella soltó una risilla. —Hola de nuevo. —murmuró para luego hacer una pequeña pausa—. ¿Cómo has estado?

—B-bien, podría decirse… ¿y-y tú?—. Se maldijo a sí mismo por estar balbuceando tontamente; ¡no había motivo para comportarse así!

—¡Muy bien! Me divierto mucho con mi onii-chan, al igual que con mis amigas.

—Q-qué bien…

Un incómodo y no tan impredecible silencio apareció.

Parecía que tanto Gon como Alluka esperaba a que el otro hablase, o dije cualquier cosa, pero nadie soltaba palabra alguna; si bien siempre era difícil hacerlos callar, por alguna extraña razón no quería decir nada; cada uno aguardó un límite de tiempo prudente, con la vaga esperanza de que no recaería en ellos interrumpir el silencio, sin embargo, cuando su paciencia había optado por hablar y sus voces se superpusieron.

Ambos se percataron de ello y sonrieron, soltando una pequeña risilla al final, agradeciendo de que esa tensión desapareciera.

—Alluka.

—¿Sí?

—No quiero sonar grosero, esa no es la intención, pero, ¿por qué has llamado? Creí que era tu hermano quien estaba del otro lado del teléfono.

Oh, eso. B-bueno… la verdad, es que, mi hermano no podía hablar ¡y me pidió que sea yo la que te llame! —respondió bastante animada, soltando una pequeña risilla al final.

—¿En serio?

—¡Sí! —respondió de inmediato; más alegre y emocionada de lo normal. O eso creía el pelinegro—. Él ahora está descansando… ya sabes, tiene que dormir si está en ese estado.

Oír aquella frase lo descolocó; además de hacer que su preocupación aumentara. —¿Dormir? ¿Estado? —repitió confundido—. ¿Killua está enfermo? ¡¿Acaso le ocurrió algo?!

—¿Eh? ¡No! ¡No, no, no, no! No es eso… s-solo está cansado. E-es que, se quedó hasta tarde jugando un videojuego ¡sí, eso! Y tiene que dormir… P-pero quería hablar contigo, y le dije que yo te llamaría y que te diría lo que él tenía pensado decirte… y bueno, e-eso.

Gon suspiró, llevando una mano hasta su pecho. —Ah, entiendo. ¡Qué alivio que él esté bien! —mencionó en un tono sincero, acercándose a la ventana para abrirla un poco y respirar la fría brisa nocturna—. ¿Por qué lo está, no? —preguntó temeroso de que le estuvieran ocultando la verdad y no poder ayudar a su amigo.

—¡S-sí, sí, sí! Él está bien…

El muchacho de cabello en punta suspiró, recargando el peso de su cuerpo sobre uno de sus brazos, posando su mano en el marco de la ventana; ahora debía tratar de calmarse; el solo hecho de pensar que Killua pudiese estar en problemas, en pelinegro, le hizo sentir incomodo, se le heló la sangre y el corazón latió como un loco.

Para su suerte, había sido una falsa alarma; ningún escenario que imaginó se volvió realidad.

Bajó su mano libre y jugueteó nerviosamente con el dobladillo de su camiseta. —Bueno…—. Aclaró su garganta, procurando que su voz sonase lo más clara y tranquila posible.

—¿Bueno qué…?

—¿Qué era lo que ibas a decirme?

—¡A-ah sí! E-eso. —exclamó con un tembleque en la voz, antes de aclarar su garganta y sonar un poco más segura—. Verás Gon… mi onii-chan quiere verte.

Eso dejó algo desconcertado a Gon. —¿Verme? ¿A mí?

—¡Aja! Quiere verte, cuando tú puedas venir y siempre y cuando tengas deseos de verlo—. Se escuchó un repentino silencio y luego una puerta cerrándose, antes de que la niña volviese a hablar. —Tú sabes como es mi onii-chan, no te lo dirá directamente; pero en el fondo, quiere que hagas lo contario a lo que te dice.

Una sonrisa nerviosa apareció en el rostro del muchacho. «Eso suena como Killua. » pensó un tanto divertido; imaginándose el rostro sonrojado de su amigo, tratando de desviar la mirada mientras lo insultaba por lo bajo. —Entiendo. ¿Y cuando quiere…?

El próximo sábado. —respondió al interrumpirlo.

—¿El próximo sábado? ¡Pero eso es en dos días! A-además, tendré que salir mañana y conseguir el pasaje para esa fecha…

—¡No te preocupes! Él ya compró todo y te lo envió todo por correo, ¡de seguro estará por llegar hoy! Pagando lo necesario, se puede hacer que las cosas sean más rápidas; o al menos eso me enseñó mi hermano Millukiaunque mi onii-chan no está de acuerdo con eso y trata de evitar que siga su ejemplo.

—A-ah… ya veo. —murmuró bajito al no saber bien que responder—. E-eso creo; e-entonces, ¿Solo tendría…?

—¡Solo debes recibir la carta con los pasajes! Llegaran entre hoy y mañana, pero, como ya es de noche, supongo que llegará a primera hora de mañana—. Rió por lo bajo. —¡Tú no te preocupes! Ya está todo perfectamente preparado y planificado.

«Se ve que han pensado en todo. —pensó al sentarse sobre el borde de la cama, tomando una de las almohadas y llevarla hasta su regazo—. Me pregunto por qué no fue Killua quien llamó, aunque, Alluka dijo que él estaba dormido ¿será por eso? No creo que ella mienta… pero, todo parece muy extraño. » Suspira y acomoda mejor el celular contra su oído.

—¡Oh, ya es tiempo de hacer la cena! La cena~. —canturreó haciendo una voz divertida—. Debo colgar Gon; cuando vengas a visitarnos ¡podremos conversar todo lo que gustes!

El Freecss asintió y respondió con un quejido, estando de acuerdo con la niña Zoldyck; ella era amable, dulce, y divertida. No cabía duda de que era la hermana menor de Killua, se parecía mucho a él en cuestiones de actitud.

—¡Nos vemos el sábado Gon! Antes de que salga tu vuelo hablaré contigo, así sabrás en qué aeropuerto te esperaremos.

—O-oh, sí… e-eso. Nos vemos el sábado.

La llamada termina y escucha el tono de marcado, una y otra vez, hasta que apaga su teléfono y lo deja sobre el escritorio. Se dirige hasta su cama, primero se sienta sobre el colchón, pero luego su voluntad se desmorona y permite que su cuerpo caiga como un peso muerto sobre las sabanas; suspira y lleva ambas manos hasta su rostro.

Se estremece, el pulso sale disparado por los aires, y acelerado golpeteo que hace el corazón contra su pecho no ayuda demasiado para calmarse.

Descubre su mirada color oro y observa con desinterés el techo de la habitación, formando con su dedo siluetas inexistentes.

Sin darse cuenta de ello, las esquinas de sus rosados labios se curvan hacia arriba; formando una tímida, dulce, y pequeña sonrisa. —Killua. —murmura aquel nombre, percatándose de que aquel confortable calor se situaba sobre su pecho. «Me gusta la idea de volver a verte. » piensa al cerrar sus ojos y soltar un efímero, breve, suspiro.

Interrumpiendo el silencio, resuena la voz de su tía, llamándolo para cenar; Gon sonríe, pero esta vez un tanto nervioso y divertido, despeina sus cabellos antes de volver a sentarse y da una última mirada al celular postrado en el escritorio.

«Supongo que… Mito no se molestará si le hago una pequeña visita a Killua; después de todo, no debo ir a la escuela los fines de semana. » Muerde su labio inferior para no reírse a carcajadas; ¡la idea descabellada! Tenía muchas cosas por hacer y sabía que Mito-san terminaría regañándolo, pero, aun así, correría el riesgo con tal de ver a su mejor amigo.

Después de todo, él era un muchacho muy egoísta; sobre todo cuando se trataba de Killua.

Soltando una pequeña y última risilla, baja hasta el comedor y saluda amablemente a su tía y abuela, se sienta en la mesa y comienza una plática tranquila, sobre cosas triviales, mientras que Gon escucha cada palabra atentamente.

Esperando a que el sábado llegase.


¡Ja! Las engañé ¿no? En este capítulo no había ninguna fantasía; y no iba a explayar alguna de Gon, porque este fic es de Killua; fue tranquilo, pero no dejó de ser lindo el capi, o al menos para mí... bien cariños míos, eso es todo por ahora. ¡Ya falta poco para el final! Iba a ser más largo, pero sino se iba a volver monótono y repetitivo, así está mejor.

¡Nos vemos lueguito!

Atte: Canciones de Cuna.