Esa noche soñé con Gaetan, estábamos en el bosque correteando y jugando bajo el sol del verano. Un niño rubio nos seguía, no lo reconocí, hasta que en el sueño nos llamaba mamá y papá. Era un momento de felicidad, hasta que de golpe comenzaba una tormenta y de la nada aparecía Jonathan, mi compañero de distrito, y les cortaba la garganta al niño y su padre. Me desperté de golpe, había sido un sueño horrible pero también confuso. ¿Qué quería decir eso? ¿Qué me estaba enamorando de Gaetan o qué me estaba volviendo loca la soledad? Bueno, sólo unos días más hasta el campo de batalla, y luego acabaría todo.

Goldie me despertó muy temprano por la mañana para desayunar, ya que era "un momento súper importante" porque iba a conocer mi traje para la apertura. Sin embargo me había quedado pensando en el sueño.

-¡Buen día Sophie! –me saludó Luc efusivamente- ayer te comenté que queríamos representar esto del paso de una etapa a otra en sus trajes. Para eso elegimos que se vean relacionados con el agua, el elemento que fluye, cambia. No quiero decir que vamos a dibujar olas y gotas de lluvia por todo el traje, quiero ser más sutil, ¡ven a ver!- Me condujo hasta la siguiente habitación donde estaban nuestros trajes en maniquíes que tenían exactamente nuestras medidas.

El de Jonathan era un traje de color marfil que a medida que se acercaba a los extremos de los brazos y las piernas estaba salpicado por tonalidades de celeste y turquesa que se mezclaba. Daba la impresión de ser una mañana tranquila en la playa. En cambio mi vestido se veía de hecho más adulto, sencillo pero elegante, con un escote moderado y con la falda hasta arriba de la rodilla, la tela caía en forma suave recordando a una brisa. Era de color gris claro y cuanto más cerca de los pies se salpicaba con tonalidades de azules, haciendo recordar a una tormenta que está a punto de desatarse. Ambos trajes parecían vaporosos, evocando las nubes o la espuma de las olas. Luc había hecho un buen trabajo, me gustaba el traje. Sonreí por primera vez desde que habían dicho mi nombre en la cosecha. Me probé el vestido, quedaba estupendamente.

Pasé toda la mañana con Luc y el equipo de preparación y después del almuerzo me quedaba el resto del día libre hasta la noche cuando sería la ceremonia de apertura. Me fui a mi habitación sin hablar con nadie y me tumbé en la cama. Tomé la nota de Gaetan, ahora arrugada y gastada de tanto haberla manoseado. La leí mil veces más y a cada vez sentía como me oprimía el pecho y me dejaba sin aire. Entonces comencé a llorar, primero de a poco y luego inconteniblemente. También era la primera vez que lloraba allí.

Me pedía que volviera porque me necesitaba, ¿qué quería decir eso? ¿De qué modo me necesitaba? A esta altura ya era obvio que lo necesitaba también a él, aunque mis sentimientos eran confusos. Allí en el bosque con él sentía que podía ser yo misma, no había nadie para verme ni juzgarme. Todo lo contrario a lo que pasaba aquí que me vigilaban todo el tiempo. Pero eso no tenía por qué cambiarme. Ya eran dueños de mi vida, de mi cuerpo, de mi intimidad, todo lo que podía conservar era mi espíritu. Entonces me decidí a seguir siendo en el Capitolio la misma que era siempre en el bosque.

Ya estaba condenada y no tenía sentido vender mis principios por media hora más de vida. Ya que iba a morir lo haría bajo mis términos, siendo yo. Así comprenderían que no soy un objeto juguete de nadie, ni un peón más en su ajedrez macabro. Soy una persona y necesitaba demostrarle que no era ni por asomo como ellos. ¿De qué forma podría enviar ese mensaje? Todo lo que las reglas implícitas dijeran que hay que hacer, como las alianzas, traiciones, entrenamientos, robos, asesinatos, sólo lo haría si así lo elegía. Nadie iba a forzarme a hacer nada que yo no quisiera. Entonces caí en la cuenta de cómo sería la mejor forma de demostrar que era diferente a ellos. Era un juego de muerte, entonces bien, yo no iba a matar a nadie.