N/A: es en este momento en el que digo: aquí empieza el drama entre Kukai y Utau, Amu e Ikuto.
Agradezco de corazón a todas aquellas personas que no dejaron esta historia pese a que me tardé mucho tiempo en continuarla, de verdad que se los agradezco, todos/as son de lo mejor :)
Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecieron, pertenecen ni pertenecerán, aunque sea una trágica noticia es la verdad :'( son de Peach-Pit.
Capítulo 9.
Ikuto en toda la noche no dejó ir a la pequeña Amu y ella nunca dejó de suspirar y gemir. Recién a las 5:54, hora que marcaba el reloj del cuarto, ambos se dejaron caer en la cama, agotados, agitados y deseosos de caer en los brazos de Morfeo.
– Gracias Amu – susurró Ikuto con cansancio notado en su tono de voz.
– ¿Por qué? – ella lo miró con los ojos entre-cerrados por el cansancio.
– Por dejarme amarte toda la noche – se miraron, se abrazaron y cerraron los ojos.
Era de mañana, para ser más precisa las 10:37, y el chico que dormía placidamente en el lecho junto a su amada comenzaba a reaccionar. Al principio se le notaba confundido y asustado, pero al mirar a la niña que dormía tranquila a su lado solo atinó a sonreír y acariciar aquel bello rostro con delicadeza y mucho cariño.
– Eres hermosa – susurró muy bajo para no molestar su sueño pero al instante ella frunció el ceño en señal de que estaba despertando. Primero miró para todos lados en señal de que se encontraba confundida, luego se miró a si misma y finalmente, con la cara toda roja, miró al chico que se hallaba observándola desde hace un buen rato.
– B-buenos d-días I-Ikuto – tartamudeó nerviosa y muy sonrosada.
– Buenos días – le sonrió y le besó la frente.
– ¿Qué haremos? – ella le preguntó algo a lo cual Ikuto no sabía que responderle. Él nunca tuvo ninguna relación con ninguna mujer más que amantes en la cama, así que no sabía que responderle. Era ya sabido que la pequeña niña le despertaba al chico sentimientos, pero el problema es que este no sabía como catalogarlos. Nunca se sintió tan confundido con una mujer, en este caso una niña de escasos 11 años.
– Sinceramente Amu… – la miró para examinar cada uno de sus gestos – No lo sé, nunca tuve ninguna relación estable, con nadie, siempre eran aventuras pasajeras de una o dos semanas, así que no se que decirte…la relación que más perduró fue la que tuve con Lulu, más o menos fueron…siete meses – él llegó a ver que por una milésima de segundo la mirada de la pequeña se oscureció al nombrar a la rubia, eso lo dejó más confundido que antes.
– Tenías que nombrarla… – le susurró con ira contenida Amu – ¿Tenías que decir su nombre en este y en aquel momento? – sus ojos se cristalizaron y por sus mejillas empezaron a descender muchas lágrimas.
– ¿En…aquel momento? – le pregunto asustado, preocupado y dudoso, ella asintió y se separó de él aún llorando.
– Cuando me estabas haciendo "eso"…suspiraste el nombre de ella…de Lulu – eso hizo que Ikuto se crispara.
– ¿Q-qué? – le volvió a preguntar confundido, ella no aguantó más y reventó.
– ¡Eso!… ¡cuando estabas teniendo sexo conmigo gemiste el nombre de ella! ¡Gemiste el nombre de Lulu! ¡¿Sabes cómo me sentí en ese momento?! ¡Me sentí usada! ¡Tal cual trapo sucio deja de servir y se lo tira! ¡Me quitaste la virginidad a los 11 años mientras pensabas en otra! ¡¿Acaso sabes el dolor que sentí en el pecho justo en ese momento?! ¡Te odio! ¡Porque en ese momento debí haberte detenido! ¡Y no lo hice porque vi que tú lo estabas disfrutando! ¡Me siento una completa estúpida! ¡Y todo es por tu culpa! – le gritó enfurecida y muy dolida a la vez que cristalinas y puras lágrimas se deslizaban por sus cachetes. Sin darle tiempo a Ikuto de decir algo ella salió disparada hacia el cuarto del baño sin importarle el hecho de que fue desnuda.
– ¿Qué…mierda fue lo que hice? – dos traviesas lágrimas se le escaparon a Ikuto pero luego muchas más siguieron los mismos caminos. Con ambas manos se cubrió el rostro y no hizo nada para retener las gotas de agua salada. Se sentía tal cual ella le había dicho: Un completo estúpido, tal vez merecía más que ese insulto, era un desalmado, un imbésil idiota.
Mientras tanto, ella se sentía morir por dos cosas. La primera era por todo lo que le había soltado al peli-azulado y la segunda era por lo de la noche, Ikuto había cumplido con lo que le dijo, le había dicho que le iba a dar duro toda la noche y lo cumplió. Ante ese pensamiento ella curvó levemente sus labios, haciendo que se notara una pequeña sonrisa.
Cuando Ikuto dejó de llorar con mucha tristeza y amargura se preparó para empezar un nuevo día. Se vistió y salió del cuarto sin mirar atrás. Para él ya era sabido que posiblemente si le pedía perdón, se le arrodillaba o le decía que había sido un error ella lo perdonaría, pero había algo que lo detenía y eso era su orgullo de hombre. Aunque todos sabemos que tarde o temprano el iba a rogarle para que volviera con él.
– ¡Ikuto, te ves horrible! – le dijo "comprensivamente" Utau.
– Tu te ves peor que yo – le dijo con una mirada gélida, la cual ablandó al instante. Ella bajó la mirada con dolor.
– Yo…rompí con Kukai – le dijo llorando. Ikuto mostró asombro e impresión en su mirada pero inmediatamente la cambió a una de pena y amargura.
– Parece que estamos mal para las relaciones nosotros – la abrazó en señal de apoyo mientras sonreía con dolor al recordar lo ocurrido hace apenas unos minutos.
– ¿Qué te pasó a ti? – se separaron y fueron a la sala.
– Nada, solo que ando mal para relacionarme con los demás, ya sabes que nunca tuve ninguna relación estable –
– Ikuto, se que lo que te pido es…mucho pero… ¿Me harías un gran favor? – ella lo miró con esperanza.
– ¿Sucede algo? – le preguntó intrigado.
– Es que…mis papeles dicen que soy Hoshina Utau y entonces he estado averiguando y…encontré a un familiar lejano, tal vez él pueda ayudarme con mi problema – le sonrió tímidamente.
– Claro, ¿Tú quieres que te lleve con él? – ella asintió – ¿Y dónde vive? –
– Queda en…Yokohama, perdón si es muy lejos pero…no se me ocurre a quien más pedirle – ella bajó la mirada apenada.
– Tranquila, son solo 40 minutos, como mucho son 45. No es mucho así que no te preocupes, iremos después del almuerzo, ¿Te parece? – ella asintió.
– Gracias Ikuto, siempre estás ahí, en los momentos más difíciles o fáciles, siempre estás, te quiero mucho – ella lo abrazó y escondió su rostro en el cuello de él. Ninguno se dio cuenta de que eran observados secretamente por dos personas, las cuales al ver el momento del abrazo se alejaron instantáneamente de la escena.
Mientras ellos disfrutaban del momento, en la cocina recién ingresaba un Kukai con una cara muy perturbada y una mente muy confundida y dolida. Él era seguido de una niña que se por dentro se hallaba rota, destruida y muy dolida.
– No lo puedo creer – dijo para si mismo Kukai sentándose en una silla.
– Na-nadie lo puede cre-creer Kukai – dijo Amu llorando y tapándose el rostro con ambas manos. A Kukai le rompió, más de lo que ya estaba, el corazón esta imagen. Y sin saber como reaccionar solo atinó a abrazarla contra su fornido pecho y sin poder evitarlo él también se puso a llorar.
– Parezco un marica, tengo 19 años y heme aquí, llorando como un niñito de mami – intentó bromear lo cual funcionó, ya que Amu rió suavemente.
– Llorar no es de maricas, es de valientes porque estás expresando el como te sientes, alguien egoísta o tonto no llora, lo oculta de los demás y tu…tu lo estás demostrando, deberías de sentirte orgulloso de ser quien eres y no insultarte a ti mismo – le acarició la mejilla mientras le sonreía.
– Ahora entiendo el porque Ikuto siempre estaba detrás de ti – le sonrió con tristeza, ella bajó la mirada.
– Por favor, no lo nombres – lo abrazó despacio haciendo que él se sorprenda.
– Está bien – despacio, para no incomodarla, la alzó y la sentó de forma que las piernitas de ella quedaran a cada lado de la cadera de él.
– Gracias Kukai – le besó la mejilla con cariño.
– De nada… ¿me quieres ayudar con el almuerzo? – se separaron y se miraron a los ojos.
– ¡Con mucho gusto! – lo abrazó, solo que esta vez del cuello.
– Solo te pido dos cosas, una no rompas nada de la cocina y segunda, cámbiate, no quiero que ensucies tu linda ropa – le susurró en el oído cariñosamente sin ningún tipo de mala intención y ella se fue al cuarto de Ikuto. La diferencia de esta escena con la anterior era que ellos no eran los que escuchaban, sino Ikuto y Utau.
– Lo mato – susurraron a la vez ambos espías con una mirada asesina hacia el pobre Kukai. Pasó un ratito y Amu
– ¡Ya estoy! – gritó Amu reapareciendo con otra ropa y llamando la atención de Kukai.
– ¿N-no e-es m-m-muy c-corto e-el sho-short? – se sonrojo al verla. Ella llevaba un short rosado muy corto, una blusa verde con un estampado con forma de sol y un par de tenis.
– Es ropa fea así que es la que usaré aquí – le sacó la lengua y le hizo la seña del amor y paz.
– Bueno, vamos a empezar – susurró apartando la vista y viendo la puerta que llevaba a la sala con discreción, ahí se hallaban Ikuto y Utau espiando – Pero antes ponte un delantal – le dijo sonriéndole y mirándola divertido.
– ¿Cuál? ¿El de Yaya? – preguntó emocionada.
– Si, es el más chico que hay así que usa ese – se lo alcanzó.
– Yo… no se ponérmelo, ¿Me ayudas? – le preguntó sonrojada y algo apenada, Kukai rió divertido.
– Claro, para eso están… – le ató el delantal y la alzó hasta dejar sus rostros a centímetros de distancia –…los "amigos" – le besó la mejilla.
– ¡Exacto! – dijo sonrojada.
– Vamos a preparar el almuerzo que se nos hace tarde – inmediatamente se pusieron a cocinar, va, solo Kukai ya que Amu se encargaba de pasarle los utensilios que fueran necesarios. Cuando Kukai terminó abrazó cariñosamente a la niña.
– ¡Terminamos Kukai! – dijo riendo la peli-rosa.
– Si, todo gracias a ti – le besó la frente.
– ¿Ahora a comer? – le preguntó ella hambrienta.
– Por supuesto, ¡Todos, a comer! – gritó Kukai. Con Amu prepararon los platos y todo lo necesario para el almuerzo.
Todos almorzaron en un incómodo y tenso ambiente. Ikuto y Utau fueron los primeros en terminar de comer. Se levantaron y se fueron en silencio; eso hizo que el corazón de cierto oji-verde se oprimiera. Cuando todos los demás terminaron y se fueron a hacer sus designados deberes Amu y Kukai limpiaron todo.
– Oye Kukai, yo voy a darles de comer a los gatitos y al perrito – le avisó subiendo la escalera con dirección al cuarto de Ikuto.
– Está bien… – sonrió y después contrajo con fuerza la mandíbula – Maldita ramera – susurró dolido mientras pensaba en la rubia que le había robado el corazón. Con el corazón partido subió cada uno de los escalones de la escalera, llegó al cuarto del peli-azul y observó enternecido la imagen que se prestaba delante de él: Amu tenía al perrito en la falda mientras le daba con una mamadera la leche.
– Oye Amu, ¿Sabías que tu cuarto ya está listo? – la idea era que saliera del cuarto de Ikuto y no lo volviese a pisar.
– ¡¿Ya está?! ¡¿Enserio?! – sus ojos se iluminaron con alegría y emoción.
– Está al lado del de Yaya y Rima, en el otro pasillo – ella dejó al perro en el suelo y tomó la mano de Kukai.
– ¿Me llevarías hasta él? – le hizo ojos de gatito hambriento, él suspiró y le acarició la cabeza con la otra mano.
– Ok, pero ahora que lo hago te mudarás definitivamente allá ¿Entendido? – ella asintió con energía de sobra.
De la mano salieron del cuarto de Ikuto, caminaron por el pasillo y se detuvieron en una puerta negra con bordes rosados y un cartel que decía "Amu".
– ¿Este es mi cuarto? – Kukai le hizo seña para que entrara y ella obedeció. Era simplemente el cuarto deseado por cualquier chica: bien equipado en ropa y electrodomésticos y en el centro un espacio para hacer lo que quieras.
– Está bien equipado por todo lo que pediste, de verdad pediste mucho… en la puerta de la derecha está el baño, uno privado también bien equipado, y en la puerta de la izquierda está tu closet con toda la ropa – le acarició la cabeza despeinándola.
– Es más de lo que yo imaginaba… mucho más – aceptó aún impresionada.
– Te dejo sola para que lo explores todo lo que quieras – Kukai se fue a hacer quien sabe que cosa y Amu cayó de rodillas al piso mientras muchas lágrimas volvían a caer por su rostro.
– P-perdón… p-p-perdón… I-Ikuto – dijo entre tristes y agónicas lágrimas. Pasó media hora y ella fue al cuarto de susodicho a buscar a sus mascotas, trajo una por una y en el camino iba dejando pequeños circulitos marcados en el piso por lágrimas.
N/A: ¡Hola! De nuevo, se que este es corto pero ya te cuenta que Ikuto no va a dormir nuevamente con la pequeña Amu y también que Kukai está muy furioso con Utau por terminarle.
La relación de Kukai y Amu se va a incrementar pero no va a ver lemon y el por qué está muy claro… es un fanfic Amuto, las que decidieron las veces pasadas que no les molestaba que yo ponga algo entre ellos dos les pregunto si quieren que pase algo zarpado pero que no llegue al lemon, como algo así:
"Kukai lamía, chupaba y besaba fervientemente el seno de la niña mientras ella no hacia nada más que gemir y suspirar, descendió suavemente hasta el ombligo y se detuvo para observar esos ojos ámbar que tan loco lo tenían en este momento. Con solo un asentimiento por parte de ella todo se volvió confuso. Se besaron con cariño mientras sentían los corazones del otro latir aceleradamente, pero allí no había amor ni nada de eso, eran simplemente los corazones de dos personas que habían sido dañadas sin consideración. El chico se deshizo de la única y última prenda que impedía que aquel coito se realizase y volvieron a unir sus miradas seguras y dolidas.
– ¡Amu! ¡No lo hagas! – gritó Ikuto entrando de repente en la habitación del peli-marrón todo agitado y con los ojos llorosos."
Me salió en un instante de lucidez xD. ¡Cuídense todos! ¡Besos!
