-¿Qué tal tu primer día de entrenamiento como paladín, Lord Ressu?-me preguntó amablemente el Capitán en esa lúgubre cueva iluminada por pequeñas antorchas que se consumían lentamente.
-Muy duro… pero bien…-dije mirando a la mesa que se situaba entre los dos, sentados el uno frente el otro en sillas de madera de mala calidad.-El espadón… pesa mucho…
El entrenamiento tampoco fue demasiado. Básicamente porque consintió mayormente en ver tanto a Lama como a Rioma expresando su amor hasta la aparición repentina de la viera Monrasa, que bastante cabreada premió el comportamiento de ambos tortolitos con doble turno de guardia (eso sí, a diferentes horas para que esa guardia sea realmente un castigo y no otra cosa).
-Tranquilo, ya te irás acostumbrando con el tiempo.-dijo el Capitán alegremente para luego añadir sin cambiar para nada su tono de voz.-Y mírame a la cara hombre, que no soy tan feo.
Obedecí y miré su semblante sonriente y tranquilizador. Podía ver que era alguien que era gran diplomático, en la forma en la que trataba a la gente, no violentando en exceso. Pero también sabía que en los momentos en que tenía que ponerse firme, lo hacía de manera impecable, y su seriedad entonces no era jamás puesta en duda. Sabía que no debía subestimarle jamás y comportarme siempre decentemente ante él. Entonces volvió a hablar:
-¿Sabes leer?-dijo mientras cogía uno de los pergaminos que había encima de la mesa. En verdad había muchos pergaminos, de gran calidad, enrollados y bien ordenados, y tratados con sumo cuidado.
-Si…-contesté tratando de mantener la vista en esos ojos verdes que me examinaban impasiblemente.-Mi padre… me enseñó…
Todo se lo debía a mi padre. Cuando era crío no tuve amigos, más bien estuve rodeado de niñatos que sólo buscaban incordiarme y aprovecharse de mi timidez, lo cual la agudizó tremendamente más. Mi padre era el único en quien podía confiar, y eso me lo demostraba cada día. Y ahora estaba muerto. Y yo me sentía perdido sin él ¿Qué estaba haciendo aquí? ¿Cómo había acabado metido en este grupo de guerreros? ¿Qué iba a ser de mí ahora? Lágrimas de miedo y de dolor por la muerte de mi padre empezaron a brotar de mis ojos, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. El Capitán presintió lo que estaba pasando, por lo que me dijo:
-Siento mucho la muerte de tu padre.-lo dijo con voz seria, dejándome claro que realmente lo sentía, pero sin dejar de mirarme a los ojos aun intuyendo que esa era también causa de mi nerviosismo.-Seguro que era un gran hombre.
-Lo era…-dije tratando de quitarme las lágrimas con una mano y así de paso dejar de ver esos ojos verdes como los míos que no paraban de escudriñarme.-Gracias… por sus… palabras…
El Capitán estuvo callado unos segundos y entonces me pasó con sumo cuidado el pergamino que tenía en la mano. Lo cogí y lo abrí para echar una ojeada a su contenido. Era un tratado de historia de Terra, desde la fundación de los cuatro Clanes hasta ahora. Las dudas que surgieron en mí fueron rápidamente contestadas por el Capitán.
-Un paladín, si quiere servir realmente a su pueblo, debe conocer el pasado, para poder transformar el futuro.-dijo sin más dejándome como estaba.
-¿Servir… al pueblo…?-dije sin estar muy convencido. Total, los soldados del Conde Dit también nos "servían", y su servicio consistió en arrasar nuestra aldea cuando ya no le éramos rentables al Conde.
-Sí, servir al pueblo, ayudándole a alcanzar su libertad.-contestó el Capitán mientras apoyaba sus codos en la mesa sin dejar de mirarme.
-¿Libertad…?-pregunté con un montón de dudas en mi corazón. Si alguien me preguntara que es lo que hacía un paladín, eso sería lo último que respondería.
-Tu pueblo no es el único que ha sufrido la miseria y la opresión a manos de los nobles hasta llegar a su aniquilamiento, ni probablemente será el último.-dijo el Capitán seriamente como si le doliera en parte lo que decía, pues sentía realmente no haber podido ayudar a esos pueblos.-No les importa cuánto dolor tengan que causar para poder llevar a cabo su explotación económica.
-¿Y vosotros… lucháis contra… ellos…?-pregunté, creyendo que ya empezaba a saber de qué iban los tiros.
-En eso consiste en ser un paladín.-dijo con total naturalidad, como si estuviera hablando de cualquier cosa intrascendente, pero a la vez poniéndole toda la seriedad que el asunto requería.-Una cosa debe quedarte clara. No somos héroes.
-¿Qué… significa… eso…?-pregunté ante la última afirmación, que chocaba con todas las concepciones tradicionales acerca de un paladín.
-No escribimos la historia, así de simple.-contestó el Capitán de forma sencilla algo que en profundidad parecía tan complicado.-No somos los protagonistas de ninguna novela de aventuras ni cuento de hadas. El verdadero protagonista de la historia es el pueblo, y su lucha por conseguir un mundo sin explotación. Nosotros les servimos en esa sagrada tarea, haciendo todo lo que podamos para ayudarles.
Empecé a entender de qué iba este grupo realmente. Era una especie de justicieros sociales, que luchaban para ayudar a los demás. Y mantenían sobre sí mismos un rasgo de humildad encomiable, o al menos me pareció en ese momento. El Capitán volvió a hablar:
-Debes saber que los Caballeros de la Orden Sacra es una Orden ilegal perseguida por los cuatro Clanes, incluido Mirage. Eso ocurre porque básicamente obtienen su financiación de aquellos a los que hemos jurado combatir. Y el dinero es dinero.-Esto lo dijo apenas sin inmutarse, como si no le preocupase en absoluto el hecho mismo de formar parte de una organización perseguida por los cuatro Clanes más poderosos de toda Terra.-Si al final decides unirte a nosotros, tú también serás perseguido. Piensa bien tu elección.
Estuve callado unos segundos, pensando que debía hacer tratando de concentrarme a pesar de la mirada fija del Capitán. Tampoco es que tuviera muchos otros sitios adonde ir, pero la idea de ser un paria en mi propia tierra no me agradaba en absoluto. Sin embargo, la idea de que otros experimentasen el mismo horror que yo había sufrido hace pocos días, me movió a responder.
-Seré… un paladín…-dije tratando de sonar convincente, aunque la mirada del Capitán me dejaba casi sin habla.
-Sin duda tienes potencial.-dijo el Capitán sin saber realmente a que se refería, para luego señalar el papiro que tenía en mis manos.-Estúdialo bien. Mañana te haré un examen.
Y se levantó sin más antes de que pudiera protestar siquiera por semejante cuestión.
