Bien, he aquí el esperado HxH y LxM que había prometido jejejje… en realidad me fascino hacerlo, en verdad me complace el resultado. Espero que a ustedes les agrade tanto como a mi
En serio me encantaría que dejaran un comentario al terminar de leer este Cáp. Quiero saber que les pareció, de veras
Capitulo 08: Comienza la cuenta regresiva
Llegados a esta instancia el miedo generaba una sensación casi asfixiante, nadie se salvaba ahora… en los ojos de todos estaba el reflejo del temor de sus corazones.
De nuevo en su mirada, como siempre perdida en el profundo horizonte, se veía claramente ese hondo vacío de resignación. Era difícil, por no decir imposible, no percibir la desolación que flotaba en el aire de ese sitio… de ese y de todos.
Ella entro sin avisar, con un accidental estruendo en la puerta, con los ojos humedecidos y enrojecidos de llorar, se seco las lágrimas del rostro y se acerco despacio hasta el niño que estaba frente a la ventana, sacando al instante de sus perturbadores pensamientos.
- Loki… - soltó en un susurro de voz llorosa.
El pequeño sintió ternura por ella, una mirada calida paso por sus esmeraldas orbes y callo en los rubíes de los ojos de Mayura.
- Tranquila… - la consoló con voz suave, mientras le acariciaba la cabeza y luego el rostro… - no temas, estaré aquí para protegerte, haré lo que sea para eso.
La muchacha sonrió un poco, algo sonrojada y aun con lágrimas en los ojos. Abraso al detective y suspiro dejando ir algunas pocas lágrimas más. Lo sujeto un poco más, no quería por nada separarse de él, o que le sucediese algo malo… sabia lo que pasaría luego, él se lo había contado, pero el pensamiento de que a él le ocurriese tal cosa no era admisible para su mente, trataba de borrar todas esas escenas imaginarias que aparecían en su cabeza al momento de pensar en eso simplemente.
- Prométeme que todo saldrá bien… prométemelo, Loki – rogó ella con voz triste estrujando el amplio sacón negro del aludido.
Él no sabia bien que hacer, ella le estaba pidiendo que le mintiese y eso comenzaba a dejar de ser su facultad más notoria, al menos frente a ella… le costaba mentirle, sentía que… la engañaba. Rayos, había cambiado mucho desde que estaba en la tierra, y gran parte de eso se debía a la misma chica que ahora le rogaba que le hiciera vivir en una fantasía.
Ahora fue Loki quien se abrasó a ella… en parte para sentir el calor de su cuerpo, en parte para no verle a los ojos.
- claro que sí, todo estará bien, Mayura. – declaro con una voz que dudaba de su seguridad… no era del todo firme, pero sabia que funcionaría. – viviremos felices y juntos, siempre. ()
Se miraron y se concedieron un tierno y dulce beso. Ella sentía cosquillas en el estomago, él se sentía calmado… esa unión había llenado esa sensación de vacío que había habitado su corazón desde hace un par de meses atrás. Cada beso entre los dos obstruía ese hueco que la resignación y el miedo habían formado con trabajo.
Sin que ellos se diesen cuenta, la puerta del despacho se abrió con sigilo y de ella ingreso el peludo cachorro negro.
- Parece que Daddy y la chica del misterio están ocupados – aulló el perrito con voz picara y algo ¿frustrada?... bien, no era extraño, desde que Fenrir se había enterado de que su madre vivía en el mismo techo que ellos y más aun con la chica de cabellos rosas dando vueltas por ahí besándose con su padre la atmósfera se había vuelto algo molesta para él. Claro, el comentario del animalito no causo mucha gracia al dios del caos, de quien ahora su rostro se asemejaba más a la figura de un gigantesco tomate con ojos (xD)
- ¡Fenrir! – gritó este en modo de reproche para su hijo mayor.
- ¿Qué dijo? ¿Qué dijo? – preguntaba entusiasmada la pelirosada con mucha curiosidad al ver a Loki con ese enfado y habiendo escuchado el grito de regaño.
- nada – respondió con enfado tanto por la interrupción como por el comentario del cachorrito, que ahora se revolcaba de risa por el suelo de alfombra del despacho de su padre.
Fenrir, luego de oír las palabras de la chica no pudo poner más que una cara de puchero.
- Daddy, ¿Cuándo podrá oírme la chica del misterio? – eso tomo muy por sorpresa al chico de orbes esmeraldas, no esperaba que Fenrir cambiase de actitud así de repente.
- Realmente no lo sé, Fenrir, disculpa.
Mayura adivino que ocurría por los ladriditos de Fenrir y por los ojos arrepentidos de Loki. Se acercó al lobo y acarició su cabeza.
- Lo siento, pequeñito – le hablo con dulzura mientras le hacia mimos en la cabeza, despeinándolo un poco.
Mientras, el pequeño fantasma rosado sobrevolaba el lugar observando divertido la escena que se mostraba frente a él. Aunque Fenrir no quisiese admitirlo la había tomado mucho cariño a la chica de ojos rojos.
La puerta se abrió por tercera vez, revelando ahora la muchacho de cabellos verdes y traje azul marino.
- No estarás molestando de nuevo a la señorita Mayura y al señor Loki, ¿verdad, niisan? – pregunto como advertencia mirando con fijeza al aludido. Fue la deducción a la que llegó tras ver el enfadado rostro de su padre y a las risas poco disimuladas que daba su hermano mayor.
La única respuesta que recibió fue un furioso gruñido molesto que aterro completamente al muchacho de gafas.
- ¡Fenrir! – ahora fue Mayura la que regaño al perrito, con un poco convincente aire de enfado.
El Striker, por su parte, comenzó a carcajearse sobre su escritorio al ver la expresión de desconcierto y asombro que mostraba el mayor de sus hijos, el cual no podía creer en lo que sus ojos le mostraban.
A las afueras de la casona, aproximadamente dos calles después, vagando sin rumbo con rostro serio y pensativo, se encontraba un muchacho de ojos cobrizos y cabellos de color chocolate. Luego de unos minutos más de camino detuvo su puesto ambulante y se recargó en el, acto seguido soltó un triste y largo suspiro cansado, el cual, sin duda, se convirtió en vapor con solo cruzar la comisura de sus labios.
Pateó aburrido una pequeña montañita de nieve, que obstruía el paso a su carro de madera, y esta se desmoronó con rapidez. Fijó sus ojos en la nieve esparcida que hacía segundos había formado parte del montículo anterior.
- Se nota que falta muy poco… - murmuró para sí mismo con los ojos aun fijos en el blanco suelo. Se notaba claramente el tono melancólico que traía su voz. Entonces sus ojos cambiaron de rumbo para suspender su mirada sobre el nublado horizonte.
Suspiró nuevamente y siguió su camino, sin darse cuanta llego a la casona de su tío, claramente cubierta de montañas blancas que se agrandaba a cada momento.
Llevaban ocho meses ya, faltaba poco para que llegase el momento que todos temían… corrección, eso no podía ser llamado en realidad temor, más bien era una sensación parecida a la frustración y a la impotencia, que crecía conforme cada sol que asomaba día tras día.
- no lo soporto… ¿¡Por qué tiene que ocurrir esto!? – Grito con disgusto mientras se dejaba caer derrotado sobre la pequeña escalinata que daba entrada a la mansión del dios del caos, recargándose también sobre la maciza puerta de madera.
Los habitantes de esta, alterados por el grito que habían oído con toda claridad, salieron despedidos hasta la entrada, en busca del responsable de tal estruendo.
La puerta se abrió tras de sí, haciendo que cayera de espaldas como reacción a no tener más el apoyo de peso que le brindaba la gruesa madera que separaba el 'adentro' del 'afuera'. Cuando se dio cuenta ya estaba con la espalda sobre la alfombra y cubierto por las miradas sorprendidas de todos.
- ¿Tú gritaste, Narugami? – preguntó Loki aun sin quitar esa expresión de su rostro. El pelicastaño cabeceó en afirmación. – bien, entra.
Este asintió de nuevo con una risita y con una sonrisa que dejaba ver con claridad casi toda su dentadura se levantó de nuevo e ingresó por completo a la inmensa casona antigua.
Un muchacho de unos aparentes veinte años, de piel morena y lacios cabellos castaños de un largo que le llegaba aproximadamente hasta los hombros, contaba con poca delicadeza los ingredientes para un luego vaciarlos todos en una pequeña olla que contenía algo similar a un guisado, que para ser completamente sinceros, no tenia muy buen aspecto que digamos.
Tras él, sentado en una silla de madera tallada, con uno de sus pies sobre la misma y su otra pierna suspendida, se encontraba un niño, no mayor que diez años, de cabellos de un extraño tono violáceo levemente despeinados, y profunda mirada carmesí. Con fijeza seguía detenidamente cada movimiento, por mínimo que fuese, del pelicastaño frente a él. Con solo verle se notaba que estaba algo enfadado… como si estuviese molesto por algo, a pesar de que no se notara ninguna razón aparente para esto.
El primer muchacho suspiro lentamente deprimido, se sentía cansado sin saber realmente por qué… tras su espalda, su acompañante hizo exactamente lo mismo pero un poco menos sonoramente. Este ultimo paso la vista de una lado hacia otro, recorriendo la habitación de arriba abajo y de derecha a izquierda. Luego de meditarlo un momento se levanto, cosa que sobresaltó al ojiazul al tomarlo desprevenido y entonces descolgó de un perchero cercano un abrigo verde manzana y una gruesa bufanda marrón.
- Freyr, voy a salir un momento – declaró encaminándose hasta la entrada de la mansión ensombrecida, mientras en el camino iba vistiéndose con muy poca prisa en realidad.
El Vanir tardó unos momentos en entender lo que el dios de la estrategia trataba de decirle, no le gustaba cuando él hablaba mientras caminaba y mucho menos si se estaba alejando, complicando así al comprensión de lo que decía.
- ¿Qué dijiste, Heimu? – pregunto con torpeza asomándose a la entrada. La única respuesta que recibió fue la puerta de la entrada cerrándose con un portazo sonoro. Abrió la misma preparado para replicar pero el pequeño ya se había alejado mucho… mejor dejarlo así, era más fácil que tenerlo en el interior quejándose de todo, los días como este lo hacían poner malhumorado… más de lo normal.
El dios de la fertilidad se quejo un poco de la "descortesía" que había tenido su amigo al no escucharle, pero al instante recordó los momentos en los que él había hecho exactamente lo mismo, inconscientemente claro.
Suspiro de nuevo y se acerco a la ventana. Fijamente comenzaba a recorrer con la mirada el camino que hacia el bulto verdoso que se hallaba a la lejanía.
Diez minutos más tarde la puerta de la casa del pelicastaño sonó para que la atendiesen. Tras ella, al abrirla, se desveló a la pequeña Reiya, la cual se había vuelto muy amiga del Vanir en el último tiempo.
A los dos les agradaba la compañía del otro, parecían como hermanos, sin saber que en realidad lo eran. La niñita le contó un poco a Freyr lo qua había hecho en la semana que no había aparecido por la casona, alegando que una gripe no había permitido que dejase su hogar hasta no sentirse mucho mejor. El Vanir rió un poco y le acarició la cabeza con ternura. Este, luego del gesto de cariño, prosiguió a hacer lo mismo que ella, y comenzó a contarle lo acontecido los días anteriores, lo cual ella sonriente escucho con atención.
Luego de un rato, cansada de su forma falsa, se trasformo en Freya, haciendo sorprender al Vanir, no por Reiya, sino por el sus que se habia pegado al verla de repente allí.
- ¡Hermanita! – soltó antes de lanzarse sobre ella a abrasarla. Ella acepto el abrazo y luego se separó de él. -¿Qué pasa?
- no sé, nada supongo… - dijo algo triste, mientras se sentaba donde antes había estado como Reiya. – sabes… no quiero que les pase nada… sé que a mi no me ocurrirá nada, al menos así está escrito, pero no quiero pensar que a ustedes les ocurrirá algo.
El dios de la fertilidad se entristeció un poco, no le agradaba ver así a su hermana, mucho menos si no podía hacer nada para solucionarlo.
Freya se abrazó de él por segunda vez y permaneció así unos momentos. Luego de eso se transformo de nuevo en Reiya y se quedo dormida en los brazos de su hermano. Este la arropo y la dejo en el sillón hasta que llego Mino a recogerla para llevarla a casa.
- que desastre… - comenzó a quejarse con voz llorosa la adolescente de coletas rubias. Luego de un momento se tranquilizó y miro a su hermana, que estaba muy concentrada en la bola de cristal que se hallaba frente a ella… - ¿Qué estas buscando, hermana Verdandi?´
La pelicastaña no contesto, solo observaba con extrañeza la esfera transparente, por algún motivo algo la incitaba a que la observase de esa forma, había algo que tenía que descubrir.
- ¡Verdandi, escúchame! ¿Qué haces? – llamo Skuld cansada de hacerle señas a su hermana mayor para que respondiese.
Esta solo se giró para mostrarle a su hermana lo que estaba viendo, solo que luego de un tiempo se dieron cuenta de que la esfera no mostraba nada ya, no había más que niebla en su interior, intensa y absorbente.
- Skuld… ¿sabes donde esta la hermana Urd? – la rubia se sorprendió de la pregunta pero respondió cabeceando un no. La joven de ojos miel se detuvo un momento a pensar y luego cerro los ojos y los abrió de nuevo suspirando.
- me lo supuse… creo que esta planeando algo, debería haber venido antes a casa… últimamente no ha venido mucho.
Ambas miraron al suelo, no sabían que hacer, volvieron a beber un poco de su te y cada una comenzó con sus ocupaciones nuevamente.
En la casa del dios del caos todo era silencio, Loki y Mayura habían abandonado el lugar junto con Narugami. Los primeros dos habían salido a caminar un poco y a hacer un par de compras, el tercero solo se fue a buscar su carro y seguir con su camino.
En ese lugar solo quedaba Spica, Fenrir y Yamino… la primera subió hasta la planta alta para buscar unas cosas y acomodar unos muebles, dejando solos a los dos hermanos, que comenzaron con una platica como solían hacerlo todos los días.
Al entrar ambos en la cocina se pudo percibir al instante el cautivador aroma del pastel horneándose, que hizo que el cachorro de lobo se sintiese volar entre las nubes.
- nunca piensas en otra cosa que no sea comer – comento entre risas el joven de gafas. El cachorro no atendió a la acotación, seguía ensoñado con su futura merienda. Luego de un rato bajo de su mundo paralelo y se sentó en el suelo en silencio.
Los dos hermanos se miraron un momento, sin hablarse, solo con miradas lograron transmitir su preocupación y sus nervios hasta el otro.
- hermano… ¿estas molesto en el señor Loki?... es que, desde que él y la señorita Mayura se han confesado que se aman y sumado a que ahora sabemos que la señorita Spica es nuestra madre se te ve un poco más frió con él, y con los demás…
El cachorro lo miro por unos momentos con ojos gélidos para luego caminar a paso lento, adoptando un rostro serio y pensativo (), así fue hasta llegar a los pies del muchacho… concluido esto, levanto la cabeza para poder mirarle a los ojos.
- Yo aprecio a la chica del misterio – declaró con la voz taciturna, como si eso le doliese – pero Mommy es Mommy… no puedo pedirme a mi mismo comparar a la chica misterio con ella…
El peliverde estaba totalmente anonadado con lo que oía, nunca había visto así a su hermano… le resultaba completamente ajena una situación de este tipo. Ambos callaron, solo se miraron de nuevo y con eso terminaros de decirse lo que pensaban sobre la situación.
- bueno, supongo que es decisión del señor Loki… - suspiro el muchacho de ojos aguamarina mientras se levantaba de su silla y caminaba por la habitación. – no seria correcto objetarle eso si le hace feliz de esa manera.
El pequeño lobo no hablo… solo permanecía sentado, siguiendo con la vista al chico que se movía por toda la habitación haciendo ruido con sus zapatos, que el silencio dejaba oír con claridad.
Era evidente que el chico-serpiente podía sobrellevar más fácilmente la situación que su hermano mayor… tenia sentido que la quisiera tanto, era el que había estado más tiempo con su madre, la defendería a toda costa.
- bien, olvidemos esto y comamos algo ¿quieres? – sonrió con tranquilidad tratando de sacar al menos un poco de alegría que tenia guardada el animalito color noche.
Este ultimo comenzó a menear la cola frenéticamente con solo oír "comer"… por unos minutos se detuvo y comenzó a olfatear el aire, luego miro a su hermano y le hablo entre risas ahogadas.
- Sácalo rápido o terminara de mi color – reía el perro con descaro.
- ¿El qué? – pregunto sin comprender su hermano menor. - ¡El pastel!
Acto seguido salio disparado en dirección a la cocina mientras que el cachorro se revolcaba de la risa con sonoras carcajadas.
Caminaba por las calles vacías, con sus enguantadas manos ocultas tras los gruesos bolsillos de su pantalón.
Se aburría y lo demostraba, además de que en el ultimo tiempo su mente había sido ocupada por alguien, por ella… la muchacha que sin notarlo había hecho que experimentase un sentimiento que había desconocido hasta eso momento. Con solo verla, oír de ella, su corazón latía como loco, su respiración cambiaba y se sentía extraño... por supuesto que nadie más lo sabia, mucho menos ella… ¡Lo difícil que es estar enamorado!
- "Amor"… vaya problema – soltó para sí mientras fijaba su ojo sobre las huellas que sus botas amarilla dejaban al hundirse en la profunda nieve acumulada, por lo visto barrida esta mañana o hace unas horas.
A pesar de las inclemencias climáticas se podía ver con suma nitidez como una pareja de enamorados paseaban muy juntos bajo la nieve.
La pareja estaba conformada por muchacho de unos diecisiete años, de ojos azul cielo y una brillante mata de cabellos rubios color oro y una bellísima muchacha de larga melena negra, de color noche, y una brillantes ojos azul-violáceos. Lo único visible de estos dos jóvenes solo eran sus ojos y sus cabellos debido a la cantidad de ropa que llevaban, que a pesar de no ser excesiva era larga y abrigada.
Ellos detuvieron su marcha en mitad de la calle, se abrasaron con ternura y se concedieron entre ellos un duradero y apasionado beso.
Desde el otro lado de la calzada, el peliviolaseo dios de la estrategia los miraba con mucha fijeza y detenimiento desde su solitario rincón, opuesto a la que ocupaba la feliz pareja.
Ambos giraron y lo miraron con diferentes emociones en su rostro…
El joven de hebras doradas se notaba enfurecido por haber sido espiado por un niño, además de que le daba un poco de vergüenza el haber pensado que se encontraban solos en la calle, ella, por su lado, se veía más calmada, solo que había sido tomada por sorpresa al haber visto al pequeño frente a ellos.
Con aire tierno fue acercándose con cautela hasta el niño de orbe color de sangre mientras su novio dejaba de mostrar tanto enfado para pasar a una expresión de completo desconcierto.
Al verla aproximarse Heimdall sintió esa típica necesidad de alejarse y escapar de ese lugar al haber sido descubierto "espiando" a la parejita de enamorados. Más no acato la desesperada orden que su cabeza le rogaba a gritos y se quedo ahí parado, con algo de temor en la mirada que no había logrado reprimir en ese momento. Miro a la chica a los ojos y pudo ver una sincera ternura en ellos… algo que le tranquilizaba.
- Hola, pequeño. ¿Cómo te llamas? – le dijo con dulzura mientras le acariciaba la cabeza. Él, en acto reflejo, la quito, asustando un poco a la muchacha pelinegra.
- Ka-kazumi – respondió con desconfianza mientras regresaba a su posición anterior.
- Sabes, eres muy tierno, Kazumi – dijo ella con los ojos terrados graciosamente y con una amplia sonrisa, mientras volvía a acariciare la cabeza cuando se dio cuenta de que él se lo permitía.
El pelivioleta se sonrojo avergonzado, muy poca gente le había dicho que era "muy tierno" y mucho menos con solo verlo.
- Estoy segura de que podrás ver a esa persona que esperas… solo tiene que esperar un poco más… ella vendrá a ti, te lo aseguro.
El único ojo del niño se abrió de súbito como nunca antes.
- ¿Cómo sabes que espero a alguien? – soltó bruscamente sin pensarlo dos veces, haciendo que después se arrepintiese de lo que había hecho… se había dejado en suma evidencia él solo.
- mmh, llámale intuición si quieres – dijo ella con un enigmático aire de misterio.
- ¡Kaede, vamos, hay que irnos! – le gritaba el chico de ojos de cielo que ya había avanzado una gran porción del camino, alejándose de ellos.
- Lo siento, Kazumi… debo irme. – le dijo sonriendo en forma de saludo. – ¡Ya voy, Koutaro!
Luego de ese grito, Kaede alanzó a su novio, que se quedo unos momento inspeccionando con la mirada al niño allí parado y luego se dio la vuelta y siguió caminando con su novia de la mano.
El niño-dios se quedo allí plantado mientras con la vista seguía a los dos cariñosos jóvenes que caminaban firmemente abrazados protegiéndose mutuamente del frío del exterior.
- no lo creo – le respondió al aire con tono triste y melancólico mientras imágenes de ella pasaban por su mente una tras otra. ¿Por qué no lograba que abandonara su mente y ya? Esta situación no le agradaba mucho, pero el solo pensar en ella también le daba una calida sensación en su corazón… qué contradictorio era todo, ¿no?
Camino un poco más hasta llegar a un lugar meramente apartado, y allí se sentó en una piedra para descansar un poco.
- la extraño… - exclamó con tristeza mientras se miraba los zapatos con los ojos levemente humedecidos… - pero no puedo decirle eso ¡es la hija de Loki! – Ahora levantó un poco el tono de voz con algo de molestia y frustración – esto parece "Romeo y Julieta" ()
Luego de esta frase suspiro con desgano y se levanto de su lugar, comenzando a caminar lentamente, de repente comenzó a saltar pequeñas risitas al tiempo que algo cómico pasaba por su mente.
- me imagino el rostro de Odin si se enterase de esto… - rió mordazmente mientras seguía su camino con simpleza.
- Y yo no quiero ni pensar como gritaría de rabia mi padre si se lo dijera – soltó también entre risas y susurros pausados de una voz que él reconocería en segundos.
Ella se agacho hasta llegar a su altura y paso sus brazos hasta envolver la infantil figura del pelivioleta.
- Hace tiempo que no nos vemos, Heimdall – murmuró en su oído la reina del inframundo, mientras cerraba los ojos para sentir ese calor que había entre ellos.
- Hel… - susurro el aludido dios de la estrategia, también con su ojo visible completamente serrado disfrutando de ese mágico momento. – tenia muchas ansias por volver a verte… quiero… quiero decirte algo muy importante.
- también yo – declaro la reina de Helheim deshaciendo el abrazo y haciendo que el muchacho de ojos rojos la enfrentase intercambiando miradas.
- Hel… yo… - no podía hablar, no si se perdía en esos profundos ojos de amatista… estaba sumamente nervioso, no encontraba palabras que satisficieran a su corazón… ellos cara a cara no lograron resistir la tentación y en un parpadeo sus labios se sellaron unidos en un beso en el que confesaron cuanto se amaban sin palabras.
Era un beso suave, delicado, casi tan frágil como de porcelana, pero eso a la vez lo hacia más mágico, dándoles la sensación de un momento de ensueño. Todos esos sentimientos, los que fueron guardados por timidez y por orgullo se dejaron ir para encontrarse entre los dos. Ninguno de ellos se molestó por la nieve que se acumulaba sobre sus cabeza, o el frío que había a su alrededor... todo había desaparecido, solo ellos estaban ahí.
Se separaron por falta de aire y sus ojos se encontraron para dar paso a un brillo dulce en el interior de los mismos… Heimdall alzó una mano y aun abrasados comenzó a acariciar el rostro de la joven de ojos de piedra preciosa mientras ella sonreía como una niña pequeña.
- "¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no reniegas del nombre de tu padre y de tu madre? Y si no tienes valor para tanto, ámame, y no me tendré más por Capuleto" – recito la diosa mientras era acariciada
- "¿Qué hago? ¿Seguir oyendo o hablar?"- acompaño el guardián con dulzura en la voz.
- "No eres tú mi enemigo. El nombre de Montesco que llevas. ¿Qué quiere decir Montesco? ¿Por qué no tomas otro nombre? La rosa no dejaría de ser rosa ni de despedir su aroma si se llamase de otro modo. De igual suerte mí querido Romeo, aunque tuviese otro nombre, conservaría todas las buenas cualidades de su alma, que no le vienen por herencia. Deja tu nombre, Romeo, y en cambio de tu nombre, toma toda mi alma." – cantó la voz poética de la chica de hebras de cerezo.
- "Si de tu palabra me apodero, llámame tu amante, y creeré que me he bautizado de nuevo, y que he perdido el nombre de Romeo." – susurro en su oído el dios de la estrategia para luego darse entre ellos un apasionado y largo beso, volcando en él todo el sentimiento de ausencia que habían sentido en ese tiempo en que no se vieron.
Se miraron por última vez, separando sus bocas, rompiendo el beso… ella se levantó de donde estaba arrodillada y por un momento sintió sus piernas entumecidas, cuando ya se acostumbraron a estar de pie, clavó sus esmeraldas en el rubí del pelivioleta.
- Bien, Heimdall… ya debo irme – soltó con tristeza en la voz mientras unas pequeñas lagrimas se acumulaban en las esquenas de sus preciosos orbes verdes.
- esta bien… - dijo él, con un timbre que se asemejaba mucho al de ella.
La muchacha de cabellos de cerezo comenzó a caminar y se giró al oír la voz del niño de ojo escarlata.
- la próxima vez… que nos veamos… estaremos enfrentados en batalla – declaro con dolor en la voz, en su pecho una desagradable sensación crecía para ocupar su lugar rutinario.
Ella entristeció también, compartiendo el pesar del pequeño dios.
- lo siento, Heimdall…
Acto seguido desapareció en el aire, dejando solo al guardián de Bifrost. Este último se fue caminando a paso lento de regreso a su hogar.
Loki y Mayura habían salido hacía ya un par de horas cuando regresaron completamente empapados de nieve, tiritando y congelándose tapados de blanco.
Ahora se encontraban los dos sentados frente al hogar, con el fuego calentando sus cuerpos helados y dando una placida atmósfera para un momento romántico. Se habían tapado con una gran manta aterciopelada de color borgoña que brillaba con el fuego reflejado, al ser amplia la manta los cubría a ambos dejándolos uno al lado del otro.
El pequeño de ojos de esmeralda se apoyo con delicadeza sobre el hombro de la joven de mirada escarlata, haciendo que ella sentir un calor acogedor que hacia tiempo no había sentido.
Mayura de repente desvió la mirada, alejando sus ojos del dios del caos.
- ¿Qué ocurre, Mayura? – pregunto este, extrañado.
- No es nada, tranquilo Loki… - dijo ella intentando ocultar el sonido nervioso de su voz. Él podía notar con suma claridad la veta de miedo que traía consigo el timbre angelical de la pelirosada…
- no me mientas… - desafió con un intento de voz firme, que no dio resultado, como siempre. – no tengas miedo, descuidad…
De repente su voz se volvió cariñosa y dulce, cosa que sonrojo un poco más a la pelirosada joven.
- no importa lo que pase… voy a hacer lo que sea para que este bien…
Ella lo miro con ternura y conmovida lo abraso mientras sentía el fresco aroma se sus limpios cabellos castaño rojizos. Él correspondió al abrazo y permanecieron unos minutos así.
- ¿Lo que sea? – dijo ella ahora con voz picara mientras miraba al atractivo dios a los ojos.
- Cualquier cosa, – declaro seductora y decididamente, tenia que ser el Striker Loki – por más imposible que sea.
Se besaron con ansias, como si no lo hubiesen hecho en años… como si se vieran después de milenios de estar en lejanía y soledad… se amaban, de eso no había duda alguna.
De repente irrumpió en la escena la muchacha de claros ojos amatista que pasaba con te sobre una bandeja, tras haber dejado atrás a un joven de gafas que le pedía casi en suplica que le permitiese hacerlo a él, argumentando que era su trabajo y que no era necesario que ella hiciese cosas que por lo general no hacia.
Luego de contemplar lo que su esposo estaba haciendo, muy bien enterado de que su esposa estaba bajo el mismo techo, se sintió por completo indignada, aunque el niño-dios le había dicho miles de veces que ya no la amaba tal como lo había hecho en el pasado, a ella le dolía terriblemente ver al amor de su vida abrasándose y besándose con esa mortal…
- Aquí esta su te – decidió al fin hablar, tomando a los enamorados por sorpresa… se notaba en su voz un deje de angustia muy profunda y deprimente… ella estaba devastada interiormente. Dejo las tasas y salio lo más rápido que pudo de ese lugar… no podía pasar allí ni un solo segundo más. Spica era una persona que no demostraba abiertamente lo que sentía, pero últimamente su actitud con Loki se había vuelto mucho más recelosa y fría, como lo había hecho un poco el cachorro negro, en un intento de proteger a la familia que él conocía.
Loki bajo la mirada arrepentido de sus actos, de muchos de ellos, y clavo su vista en el piso bajo él. Mayura, al verle así, lo sostuvo con una mano y don sutileza lo atrajo hasta ella, haciendo que la cabeza del dios quedase hundida en su pecho, para que se desahogase o al menos se sintiera protegido también.
- Loki… me siento un poco incomoda
- Perdóname, Mayura… - susurro mientras escondía más su cabeza en ese abrazo.
Pasaron un tiempo así, con las miradas ocultas bajo los hombros del otro, dándose así una protección que llenaba sus corazones paulatinamente.
Pasaron un par de horas, ya habían cenado y el Striker subió a su despacho como solía hacerlo hace ya largo tiempo.
Ahora estaba solo, sentado en le borde de la butaca, con los codos apoyados sobre su escritorio y con la cabeza sobre sus manos entrelazadas. Con un gesto perturbado y serio comenzó a deliberar en su mente como cumplir la promesa que le había hecho a la muchacha de ojos de rubí hacia unas horas.
- Falta muy poco – se declaró a si mismo casi como advertencia de que su tiempo se estaba acortando como para tomar una decisión tardía. Se le venia encima el "Ahora o nunca". Tenía los ojos fríos y amargos, con una mueca que no distaba realmente del aspecto que sus orbes tenían.
- aun no comprendo por qué siempre vengo a pensar a este lugar… quizás porque es tranquilo – hablo mientras recorría con la vista el lugar entero. De repente se levanto y miro hacia una esquina, pero sin apuntar su vista hacia nada en particular... – habrá que prepararnos para lo que se nos avecina.
Luego de esa reflexión, se encamino hacia la puerta y salio del despacho dejando el lugar sumido en un espectral silencio.
Continuará
Ahora aclararé los asteriscos ():
(): Loki quiere hacer sentir bien a Mayura, no importa si para eso necesita mentirse hasta a si mismo… eso es lo que quería demostrar aquí.
(): Fenrir tuvo un pequeño cambio de actitud… es que supuse que en una situación así no se quedaría con sus caracteres normales… quise hacerlo un poco más serio, aunque creo que quedo algo OOC
(): Bueno, acá pasa algo parecido a lo que sucedió con "Dr. Jekyll y Mr. Hyde" en el capitulo anterior… es normal ver referencias de Romeo y Julieta cuando de habla de un HxH.
(): Ahora si, mi parte favorita de todo el Cáp. Esa parte de la obra es una cita casi textual de mi ejemplar de "R y J", por si no la recuerdan es la escena en que hablan en el balcón… solo que tuve que hacerla más corta porque sino era muy largo el dialogo.
Bueno, espero que lo hayan disfrutado, como les dije, por favor dejen un pequeño comentario aunque sea cortito solo quiero saber que les parece. Muchas garcías desde ahora por haber leído
Hasta la próxima jejeje
Pasos para un destino:
Capitulo 09: ¡Un aullido que cruza el cielo! "del Valhala se oyen canciones de guerra"
Ya el mes noveno se ha cumplido, Gialarhorn aúlla en la oscuridad e las tinieblas; las estrellas se borran del firmamento. Hati y Skoll finalmente han alcanzado a sus presas. El tiempo esta marcado.
