Capítulo 9: El baile
El interior del castillo del Rey goblin, aunque aún le resultaba familiar, había cambiado casi por completo. Las paredes eran negras, todos los muebles habían tomado una apariencia siniestra, hasta algunas habitaciones habían transmutado en ambientes irreales y caóticos y, en si, el castillo desprendía un aire enrarecido y malévolo.
Jareth veía a Sarah mientras contemplaba la estancia, asombrada.
-Antes era mas magnífico que ahora, pero, cuando hayamos desecho el conjuro, te enseñaré cada recoveco del palacio -dijo él.
- Ya había visto un poco de tu palacio, si no fuera porqué retenías a mi hermano, lo habría encontrado bonito -dijo ella.
-¿Tu hermano? -dijo él confuso.
-Sí, Toby, es muy pequeño, casi lo conviertes en goblin por culpa mía -dijo ella sonriendo al recordar al pequeño niño travieso.
-No sé de lo que me estás hablando, pero aunque me resulte muy familiar al igual que tu, no consigo acordarme. Es como si mi memoria hubiera desaparecido…vaya tontería -dijo él.
Sarah estaba molesta por lo que había dicho Jareth y no sabia como demostrarle que lo que decía era verdad ¿Qué podía hacer para que la recordara?
Jareth, después de ver su reacción, volvió a ser el de siempre y hasta se puso a incordiarla, aunque estuviera enfadada, pero no dejaba de sorprenderse de lo que Sarah sabia de él.
¿Cómo podía ella saber tantas cosas sobre él y su mundo? Empezaba a pensar que de tan absurdo que le parecía pudiera ser creíble, pero pensó que seria mejor investigar el asunto cuando terminaran con el ritual y todo hubiera acabado.
Los sirvientes no tardaron mucho en adecentar el lugar para que pudiera ser habitable y antes de que los sirvientes de palacio condujeran a Sarah hacia su habitación, Jareth le indicó a ella y un sirviente que se acercaran.
-Sirviente, prepara el traje del ritual del sacrificio, para ella -dijo autoritario.
-¡Sí, majestad! -dijo el sirviente y se fue a toda prisa dejándolos solos.
-¿A que te referías con mi traje del ritual del sacrificio? -dijo ella confusa ante las palabras de Jareth.
Jareth le contó que para que el ritual llegara a su zenit tenían que hacer un sacrificio humano y ella seria el sacrificio, pero antes de que le pudiera decir nada más, Sarah empezó a retroceder.
-No temas, no sufrirás ningún daño, solo tendrás que bailar una danza y levantar los brazos hacia el cielo -dijo con un tono tranquilizador.
Sarah aun tenia dudas, pero entonces Jareth la abrazó, le acarició el pelo y le susurró al oído que no se pusiera nerviosa, que esto acabaría.
Sarah mucho más tranquila, siguió el sirviente hasta su habitación y se quedó maravillada al entrar en ella; estaba decorada con molduras adornadas con flores, había cintas por todos lados y una cama antigua, preciosa...pero entonces se fijó en unas prendas de ropa que había encima de la cama.
Jareth estaba ultimando los preparativos para el ritual cuando vió que Sarah se le acercaba, corriendo, con algo en la mano.
-¡¿Qué es esto?! -dijo Sarah mostrando un traje que no tapaba casi nada.
-Es la ropa del ritual, tienes que ponértela si o si -dijo él, serio.
-¡Pero yo no quiero ponerme algo tan atrevido, no me lo voy a poner! -dijo ella con una mezcla de enfado y vergüenza.
Jareth se acercó a ella y, acariciándole suavemente su rostro, le dijo que ningún goblin la estaría mirando, todos estarían concentrados en el ritual, y también le dijo que ella era parte esencial y que si no se ponía ese traje el ritual no se realizaría con éxito.
- Es un traje mágico, para que el sacrificio canalice los poderes del hechizo a través de su cuerpo y dotarlo, así, de aura vital, esencial para completarlo -dijo el con tono tranquilizador.
Ella seguía teniendo dudas y antes que el Rey goblin pudiera decir mas argumentos sobre la validez del traje, ella suspiro y dijo:
-En verdad, ni me importa si los goblins me miran o no, lo que me da mucha vergüenza es que ¡tu me veas! -dijo ella roja de la vergüenza y mirando para otro lado.
Entonces Jareth le cogió el rostro y le dijo que no tenia porqué avergonzarse, que para él, ella era muy bella; pero intentaría no mirarla mucho para que estuviera más tranquila.
Al oír eso, Sarah se alegró y se fue hacia su habitación, ruborizada. Mientras Sarah se alejaba, Jareth la miraba con una sonrisa pícara.
A las 12 de la noche empezó el baile para dar paso al ritual, todos los goblins del castillo, que se habían despertado, estaban vestidos con sus mejores galas y había copiosa comida y bebida. Jareth estaba apunto de anunciar el inicio del ritual de salvación, cuando Sarah irrumpió en la sala, todo el mundo se quedó sin palabras. Jareth continuó su discurso.
-Y gracias a la valiente Sarah que arriesgó su vida por reunirme con este castillo y así liberaros a todos de este horrible maleficio -dijo con seguridad.
Entonces se acercó a ella y mientras la miraba a los ojos, siguió diciendo:
-Como una visión blanca apareció ante mi, con su belleza y elegancia, su valentía y agallas, ¡con su ayuda acabaremos con la maldición! -dijo efusivamente.
-¡Sí! -dijeron todos los goblins.
Entonces el baile empezó. Sarah lucía el vestido blanco con adornos florales y grandes mangas, el cabello, perfectamente peinado, lo enmarcaba una diadema con hojas, parecía el mismo que lució la primera vez que vino al laberinto. Bailaban juntos igual que en aquel sueño que no podía olvidar. Jareth la cogió de la cintura y la apretó sobre su pecho mientras le susurraba palabras alentadoras al oído, Sarah volvía a estar en ese sueño y no le hubiera importado quedarse así para siempre.
Jareth la cogió de la mano y separándose un poco, anunció que después de la cena el ritual daría comienzo y mirando a Sarah a los ojos dijo que el gran momento había llegado. Su momento.
