El hombre pelirrojo movía la cabeza al ritmo de la música electrónica que sonaba por los altavoces del laboratorio. Estaba revisando una última vez el informe del sujeto 1N.

-¿Todo preparado, jefe?

El pelirrojo miró al pelinegro de ojos rojos y asintió firmemente.

-Iniciad el despertar.

Miró de nuevo el tanque donde flotaba el chico de pelo largo, ahora sin la venda en los ojos. El líquido empezó a ser drenado desde abajo. Saphira y Firnen abrieron la parte superior y sujetaron al chico con magia. Poco a poco lo sacaron y lo dejaron sobre una camilla que Samael había invocado.

Le quitaron la mascarilla por la que había respirado dentro del tanque y limpiaron su tráquea de cualquier líquido que pudiera haber entrado. Solo entonces entró Sam en escena.

Cogió una pequeña linterna para comprobar la reacción de sus pupilas. La guardó y colocó dos dedos a ambos lados del cuello.

-¿Cómo te llamas?

Al sujeto le tomó dos intentos para poder hablar.

-Itachi Uchiha.

-¿Estás totalmente de acuerdo en volver a la vida en este cuerpo bio-tecnológico que he creado junto a mis ayudantes?

-Sí.

-¿Recuerdas tu muerte?

Itachi frunció el ceño, todavía sin abrir los ojos por sí mismo.

-Creo que... fue mi hermano, ¿no?

-Bien. ¿Puedes abrir los ojos? ¿Te duele algo?

Itachi abrió los ojos, pero enseguida se llevó una mano para tapar la luz.

-¿Ahora mismo? Mis ojos.

-Bien, era de esperarse. Es una parte muy delicada del cuerpo humano y los nervios todavía no se han adaptado. Dale un poco de tiempo-miró al hombre castaño-. Vamos a sentarle y comprobar la alineación de la columna.

Entre ambos le sentaron en la camilla y la mujer pasa los dedos expertos por las vértebras.

-Todo parece correcto.

-Entonces empezad el protocolo para nuevos sujetos.

-¿Cuándo podré ver a mi hermano?

-Mañana mismo. Puede que tu cuerpo haya tardado cinco años en crearse, pero somos rápidos en el tratamiento posterior. ¿Quieres algo en específico para almorzar?

-Sushi.

Samael rió divertido.

-Claro. ¿Y vosotros, chicos?

-Me apetece tailandesa.

-Lo que diga Saphira.

Thorn solo gruñó en asentimiento.

-Entonces haré Pad Tahi, Pat sii iu, pollo satay, arroz frito con pollo, sushi y unadon. ¿Os parece bien?

-Perfecto.

Itachi solo miró algo impresionado al pelirrojo mientras este salía.

-¿De verdad puede hacer todo eso?

-Y a la perfección. Es el mejor chef de todo el mundo. Ha tenido siglos más que suficientes como para perfeccionar su arte. Ahora vamos a centrarnos en ti.

Empezaron el procedimiento habitual para acomodar a Itachi a su nuevo cuerpo.

-¿Qué hay de diferente en este cuerpo? Yo lo noto igual.

-Bueno, tus huesos son de una aleación de nanotubos de carbono y titanio endurecido. Fuerte, ligero y casi irrompible. Los músculos son nanotubos con fibras naturales creadas con magia. La piel es real, nos costó mucho encontrar una muestra fiable. Y la sangre puede servir para ti, pero es corrosiva para cualquier otro, está compuesta por una gran variedad de ácidos y venenos.

-Si necesitas salir de algún lugar, solo tienes que cortarte las venas y tu sangre arrasará con cualquier cosa.

-¿Qué tiene exactamente?

-No tenemos ni idea. Esa parte la ha creado Sam exclusivamente. Es muy posesivo con sus venenos.

-Hablando de venenos, eres inmune a todos ellos. Eso te será util cuando pasees por los jardines, las mascotas de Sam son extremadamente venenosas y agresivas.

-¿Qué tipo de mascotas tiene?

-Todas las clases de serpientes y un basilisco plateado hembra que está criando. ¿Puedes intentar caminar?

Siguieron con las pruebas hasta la hora del almuerzo. Para entonces Itachi ya podía correr y usar su chakra con pequeños jutsus. Todavía no había probado su sharingan.

Los tres amantes le llevaron a la gran cocina, el lugar más preciado de Samael. En el vestíbulo Itachi observó la estatua de un ángel con las manos en actitud de plegaria frente al pecho. Sus alas se envolvían alrededor de los delicados hombros y la túnica de piedra creaba etéreas volutas con un viento invisible. El pelo ocultaba su rostro de forma magistral.

-Veo que ya has notado al Ángel.

Itachi se giró hacia la puerta para ver a Samael observando la estatua con una mirada dulce.

-¿Quién es?

-El único motivo por el que sigo vivo. Le pedí la estatua a Miguel Ángel. Dijo que era su auténtica obra maestra, que ni la Piedad ni el David ni el Moisés le hacían sombra.

-¿Por qué un ángel?

-Porque está inspirado en mi ángel. Venga, vamos a comer, tendrás hambre.

Entraron e Itachi vio la mesa con toda la comida y lugares para seis personas. Los tres dragones estaban sentados junto a una mujer de ojos rojos y un kimono de lujo con adornos de oro en el pelo. Esa mujer se giró hacia ambos y sonrió ligeramente.

-Por fin te veo despierto. Soy Kagura y a partir de ahora me ocuparé de tu rehabilitación hasta que recuperes tus antiguas habilidades.

-¿Podré fiarme de una súcubo?

Samael soltó una carcajada que sorprendió a Itachi.

-Kagura tiene pareja estable y está esperando a un niño. Además ha trabajado aquí desde hace siglos, confío en ella como en pocos. ¿Empezamos a comer?

Samael se sentó en el puesto principal y todos empezaron a comer. En algún momento, el pelirrojo miró hacia una de las paredes con una expresión entre sorprendida y calculadora.

-¿Ocurre algo, jefe?

-No... solo me ha parecido sentir algo extraño-se volvió a mirar a Saphira con una ligera sonrisa-. Esta tarde estaré ausente, espero que podáis arreglároslas sin mí.

-Por favor, Sam. ¿De dónde crees que sacas el tiempo para la cocina?

Samael rió.

-Estaré en la catedral.

-¿Hay una catedral en esta isla?

-Por supuesto. La llamamos la Catedral del Metal.

-¿Metal?

-Tiene un estilo gótico, pero está completamente hecha de metal. Las columnas, los muros, los arbotantes, la cúpula, los bancos, todo.

-Me gustaría verla.

-Puedes venir conmigo ahora, no me molesta y el camino de regreso es fácil.

Itachi asintió.

Tras el almuerzo salió de la mansión junto a Samael. Cruzaron los Jardines Circulares y pasaron junto a la Fuente de los Elementos, que Itachi observó con interés. Al salir del círculo de mansiones entre la de Música y Fuego, salieron del bosque de árboles que coronaban el punto más alto de toda la isla de Ilsit, el refugio que Samael había creado con mucho siglos y esfuerzo para todos aquellos que lo necesitaran.

Estaban a un lado de la isla, con un gran pueblo a los pies del monte. Una enorme extensión de árboles esmeraldas cubría el resto de la tierra, salvo un río cristalino que serpenteaba hasta el océano.

A la derecha de ambos había una gran explanada que terminaba en un acantilado. Sobre ella estaba la Catedral del Metal, brillando con el resplandor del sol.

Era un edificio de proporciones gigantescas con una preciosa portada con decenas de estatuas en diferentes posturas. Un ángel arrodillado se situaba sobre la puerta doble de metal dorado, extendiendo las manos en una invitación a entrar en aquel santuario sin dios.

Samael hizo un gesto con las manos y las puertas se abrieron, permitiéndoles la entrada al interior.

Itachi se quedó paralizado en la puerta. Centenares de vidrieras iluminaban el interior con miles de colores, cada una representando una escena diferente. Pero son las ocho del ábside las que realmente llaman la atención del hombre de pelo largo.

Cada una tiene un símbolo diferente del Idioma Antiguo y una imagen que representa a cada uno de los ocho elementos orientales y occidentales. Todas ellas iluminando una única estatua solitaria en el altar: un ángel con las alas extendidas a punto de alzar el vuelo vestido con una túnica que moldeaba su figura masculina pero ligeramente andrógina. Y al igual que con la estatua del vestíbulo, el pelo ocultaba su rostro.

-Esto es... precioso.

Samael le precedió entre las decenas de estatuas de piedra que se intercalaban entre los arcos apuntados.

-Me costó mucho darle forma. Tardé siglos en levantar esos arcos y paredes para sujetar la cúpula. Y luego tenía que levantar los pedestales para las estatuas y crear los cristales de las vidrieras. Por supuesto también estuve bastante tiempo intercambiando las estatuas originales con copias.

-¿Son originales?

-Por supuesto. Mis tres grandes hobbies son la cocina, los experimentos y robar. En un par de días me voy a Japón a robar el Museo Nacional de Tokio. Hay unas katanas a las que tengo echado el ojo desde hace bastante tiempo...

-¿Cuánto tiempo exactamente?

Llegaron al ábside y Samael se inclinó ligeramente ante la estatua del ángel con ambas manos en el corazón.

-Desde que fueron forjadas y se las entregaron a alguien que no era yo.

-¿Qué quieres decir?

-Yo pagué por esas katanas, viajé hasta Japón solo por ellas. Pero tuve que irme un par de días y se las vendieron a otro. Juré que un día serían mías.

-Serán muy especiales.

-Son las últimas reservas de metal diamantino. Lo necesito para un par de proyectos que quiero terminar antes de Navidad.

Se quedaron en silencio un momento, hasta que Samael hizo un gesto y una melodía de órgano empezó a sonar desde todos los rincones a la vez. Itachi empezó a caminar entre las estatuas de escultores famosos, reconociendo algunos nombres.

También miró las vidrieras. Varias escenas poco sagradas estaban representadas en ellas. Le pareció curioso para un edificio al que llamaban catedral.

Miró de nuevo hacia el altar y vio a Samael sentado en el suelo contra el pedestal de la estatua del ángel. Parecía relajado, pero mantenía una mano sobre el corazón, lo que le dijo a Itachi que estaba en una profunda meditación.

Decidió marcharse. Salió silenciosamente y se dirigió a la Mansión de Metal. Por el camino se detuvo a observar la fuente en medio de todas las mansiones.

Miró alrededor. Una de las mansiones tenía un río de lava cayendo por la fachada y otra lo tenía de agua limpia y cristalina. Una tercera estaba hecha de cristal con arena moviéndose en su interior. La cuarta tenía pequeñas chispas saltando entre los ladrillos. La quinta estaba recubierta de madera. La sexta era un remolino de colores. La séptima tenía grabadas millones de notas de partituras en los ladrillos. Y por supuesto la octava era la de metal.

Entró en esta última y se encontró con Kagura.

-¿Qué opinas de la Catedral del Metal?

-Es impresionante. Pero... ¿qué hace allí?

Kagura pierde la sonrisa.

-Perderse en los recuerdos de la persona que más ha amado en toda su vida.

-¿Por qué no puede estar con esa persona?

-Porque está muerta.

Sin una palabra más se dirigió al laboratorio subterráneo. Itachi miró el ángel del vestíbulo una última vez antes de seguirla.