Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro. Contiene narración explicita sexual.
Capítulo 9: Escorpio.
Milo y Shaina.
Subió por su cuerpo desnudo debajo de la sábana, con sus largos cabellos azulados despeinados siendo abrazado por las torneadas piernas de ella mientras le sujetaba las muñecas contra la almohada.
La miro una vez mas antes de entrar a su interior con sus ojos centellantes fijos a su mirada esmeralda, sus labios rosados y húmedos y ese cabello verde cayendo como cascada por los bordes de la almohada.
Ella estaba temblando debajo suyo y podía sentir el latido agitado de su corazón al restregar su pecho contra el suyo. Él percibía un extraño nerviosismo caliente corriendo por su columna al estar totalmente expuesto a su merced. Verla así era el regalo más divino que los dioses le habían otorgado y por supuesto, él lo disfrutaría segundo a segundo. Y más que tenerla en sus brazos, era el sentimiento de ser el afortunado de acercarse a su frio corazón y haber atravesado su coraza de emociones lo que le ponía tan nervioso.
Entonces se adentró a su femenino cuerpo, sin miramientos y se dejó abandonar a sus pensamientos, a esos que le llevaron al recuerdo que los unió horas antes.
Ese mismo que fusiono sus venenos de Cobra y alacrán.
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Tres meses antes de ese encuentro, el caballero de Escorpio y Acuario bebían una botella de agua bajo la luz incesante del ardiente sol mientras observaban a Cáncer y Dite hacer una pequeña exhibición de sus habilidades en el Coliseo del Santuario.
Y entre los pocos espectadores que asistían a tal evento, una silueta al frente del alacrán le atrapo la atención totalmente. Ella no era otra que la mismísima amazona de Cobra, esa misma que cada vez más le despertaba una intriga y ansiedad incomprendida.
Y es que desde que se había anunciado que se levantaría aquella Ley de máscaras de las amazonas, la italiana se había negado a tal acción a diferencia de todas sus compañeras. Los tiempos habían cambiado desde el Hades, y para Shaina no había sido fácil adaptarse a las nuevas normas del Santuario, pues si durante muchos años se había desprendido de su humanidad, ¿Cómo podría de un momento a otro pretender ser otra?
Así sucedió durante algunos meses, incluso siendo ella el centro de atención al rehusarse a quitarse la máscara y provocando gran intriga entre los demás caballeros del Santuario.
Marín ya se había despojado de ella, y sus compañeras femeninas no dudaban en burlarse de ella o hacer chistes respecto a su "fealdad" bajo la máscara. Ella pretendía no importarle aquel asunto, pero cada vez le costaba más salir a público sin que la gente rumoreara sobre su persona. Y eso le fastidiaba, enloqueciendo sus nervios.
Sus apariciones en público cada vez eran menos, solo lo hacía cuando era extremadamente necesaria su presencia de alto rango en algún evento, para después huir a su cabaña y suspirar durante toda la noche imaginando los cuchicheos a su alrededor en la próxima aparición. Odiaba el "nuevo mundo "al que se le había impuesto y el adaptarse le era innecesario.
Pero para Milo, quien la había visto en contadas ocasiones en reuniones del Patriarca, el misterio de su rostro se había vuelto una incógnita. Todo había comenzado con una broma hecha respecto a la belleza de Marín tras la máscara y el nuevo romance que Aioria ya no ocultaba con ella. El felino le había sugerido conseguir alguna chica decente para sí, sugiriendo con la mirada a la amazona de Cobra. Desde entonces, la italiana se había vuelto una obsesión para el alacrán, quien solo pensaba en cómo abordarla por primera vez pues a diferencia de otras, esta no sería cualquier conquista para él.
- ¿Qué has pensado?-pregunto Camus ante el distraído Milo, que solo veía a su frente la silueta solitaria de Shaina.
-Su cuerpo es bonito, no creo que su rostro no lo sea.
- ¿Milo? -pregunto Camus notando la razón a su frente que tenía tan distraído a su amigo. El siberiano bufo aburrido.
- ¿Otra vez con eso?, te he dicho ya que lo olvides, te estas obsesionando con ella-decía el santo de Acuario con fastidio al ver a su amigo tan concentrado en la mujer. -Habiendo tantas, has elegido a ella.
-No es eso Camus, solo que veo "algo en ella" que me desconcierta.
-Sí, que es un imposible y eso para tu "ego" es un reto, como con otras más. -el de cabellos celestes se recargo en la piedra que tenia de respaldo, cerrando los ojos ante el calor-No sé cómo ha sido ella, sabiendo el carácter que se carga y lo que se dice de ella.
- ¿Pegaso? -el santo rio de buena gana el alacrán. -Eso problema para mí.
-Deberías buscar alguien más y olvidar tus bromas con Aioria, sabes bien que esa manía tuya no acabara en algo bueno, no con ella. -el santo de los hielos bufo sin reparo, abrumado por el sol-Ni si quiera has podido entablar una conversación con ella, ¿Cómo lograrías tenerla en tu cama si así lo deseas, idiota?
Milo negó con seriedad hacia su amigo, una que, en contadas ocasiones se presentaba, volviendo su mirada hacia ella. Y es que Camus hablaba con toda verdad, a excepción de que solo quería tenerla para sus deseos, ni si quiera él estaba seguro de eso, pero de algo si lo estaba, que Shaina tenía "ese" algo diferente que la hacía brillar entre las demás. Y más que por las sugerencias de Aioria, era su impulso el que quería conocer a esa misteriosa mujer.
Profundo en ello, inesperadamente vio a la peliverde levantarse de su asiento en las gradas en cuanto la presencia de un caballero de plata se aproximó hacia ella. Ella quiso huir de él, pero él la sujeto del codo haciendo que ella le rebatiera con un movimiento violento para desaparecer de la tribuna seguida de él. Para Milo, ver aquella escena le encendió sus sentidos y decidió averiguar que sucedía.
Se alzó ante el semblante distraído de Camus y salió en búsqueda de ambos santos sin decirle nada más a su amigo.
A escasos pasos fuera del Coliseo, cerca de la sombra de una roca enorme, aquel caballero de plata de largos cabellos rubios grito el nombre de la amazona un par de veces y en un movimiento enérgico le hizo enfrentarle.
- ¡Shaina, vamos! -ella se detuvo, y él, travieso intento abrazar su cintura, pero ella le rebatió con sus manos. -No me digas que no te gusto a ti también, soy de los pocos privilegiados que te ha visto. -el santo le tomo del mentón y la agito, alterando la cólera de la amazona.
-Ya cállate imbécil…-dijo entre dientes la furiosa amazona que cada vez apretaba sus puños de frustración. -No sabes cómo me arrepiento.
Y si, en un arrebato de despecho y vulnerabilidad, la amazona de plata había bebido un par de copas en la cabaña de uno de sus compañeros de armas terminando en su cama al quedarse dormida y cansada por sus entrenamientos, aunque en ningún momento aquel había sido su plan. De hecho, recordarse despertando desnuda en su compañía le asqueaba, tratando de borrar aquel pensamiento.
-Pero esa noche la disfrutaste como nunca, podría jurar que, aunque estabas dormida casi gemiste mi nombre antes que el de… "el"- la amazona no soporto más al escuchar "él", esa insinuación a su recuerdo mejor guardado pero que se había vuelto un rumor por sus descuidos en todo el Santuario. Estaba humillada y no podía más aguantar el dolor en su orgullo, pues ahora se hablaba más de su "amor no correspondido de Pegaso" que de sus batallas como guerrera. La amazona alzo su mano para encestar un puño en el rostro del santo, pero este le detuvo sujetándole con fuerza.
-Se mía de nuevo o diré todo lo que me has contado y lo "bien" que lo hemos pasado. -ordeno aquel santo plateado de delgados labios.
- ¡Ya suéltala! -una voz detrás de ellos les distrajo. Milo se acercó con arrogancia en su voz hacia aquel caballero. -Te he dado una orden y no veo que la acates.
El caballero de plata soltó lentamente a la amazona y esbozo una sonrisa irónica. - ¡Ya veo, Shaina! Has comenzado a escalar alto, eh.
Milo se hizo espacio entre el santo y ella y le sujeto del cuello de su camisa con fuerza, sorprendiendo incluso a ella.
-No digas estupideces y lárgate ahora antes de que te quiebre el cuello. -susurro el santo, pues aquel hombre no era rival para él.
El santo de plata rio de buena gana y fue aventado unos centímetros de la distancia de Milo al soltarle. No había caso en pelear con alguien como él. El santo se sacudió la ropa e irónico les dio la espalda y se hizo camino de nuevo hacia el Coliseo.
Para Shaina aquel incidente había sido una sorpresa, pues aquel santo dorado nunca había cruzado palabra con ella, aunque de alguna manera, había escuchado rumores sobre él, buenos y malos, sobre sus romances y de voz de Marín "una nueva misión" que la involucraba a ella. De inmediato la tensión, incomodidad y pena se apoderaron de ella. Ella observo su muñeca y vio un pequeño moretón formado por el agarre del otro santo. El maldito la había lastimado y aunque lo negara, su piel suave de mujer exponía sus lesiones de guerrera.
La amazona pensó en huir en aquel momento, pero al dar unos pasos, el santo de Escorpio la sujeto de la muñeca con delicadeza, deteniéndola. Aquella gentileza le recordó a un momento años atrás con…Pegaso.
-Te has lastimado.-La amazona se soltó del agarre, asustándose ante lo cálido del tacto de Milo.-Vamos a la Fuente de Athena.
- ¿Para qué? -ella ironizo con frialdad -Ahora que ha escuchado una más de mis "proezas "en la cama, piensa que será más fácil. Total, si estuve con alguien inferior a usted, que difícil seria, ¿cierto? –ella ironizo apretándose la muñeca. -Si busca que le agradezca lo que hizo, pues tendrá que esperar aquí parado pues yo no le estaré agradecida jamás, bien pude defenderme sola.
El moreno negó sin entender, dibujando una mueca divertida y sonrisa perfecta. Realmente Shaina era mujer extraña y hosca. - ¿De qué hablas?
-No crea que no se de sus "intenciones" de descubrirme el rostro y añadirme a su lista de amantes.
El rio, definitivamente el Santuario era un lugar insufrible de rumores. Quizás tenía un poco de razón en ellos, pero no creía el nivel al que llevaban tales comentarios y la reputación de los santos dorados.
El santo cerro sus ojos, esbozando una sonrisa mientras negaba con la cabeza, incrédulo. -Yo no sé qué te has imaginado, yo… solo quería ser amable. -señalo hacia su espalda el alacrán- Él parecía un idiota.
-Debería darle consejos. -ella dijo fastidiada. -Así sería menos idiota que usted, al final lo único que les importa es con cuantas se han acostado.
Shaina no tenía miedo a insultar a un santo dorado, es más, no le tenía miedo a nada cuando sabía que tenía la razón.
- ¡Oye!, ¿por qué me juzgas sin conocerme? -el santo no dejo de lado su sonrisa, alzando sus palmas en señal de paz. -Es como si yo creyera todas las tonterías que dicen de ti, yo…-pauso el santo -No creeré absolutamente nada de ti hasta que lo oiga saliendo de tus labios, Shaina de Oficuo.
-No me hables como si me conocieras.
El santo se sonrojo. -Está bien.
La amazona comenzó a avanzar hacia su recinto, dejando de lado al santo sin importarle más su presencia, quien murmuro antes de que ella partiera.
-Realmente… me gustaría conocerte, no como la gran guerrera Shaina de Oficuo, aquella que peleo con Poseidón, si no como la gran mujer que eres. -ella se detuvo a escuchar solo un segundo más antes de partir. - Sé que no me crees, pero…si algún día decides hablar conmigo y escucharme sinceramente, sin todo lo crees saber de mí, puedes buscarme.
Dos noches después, Milo totalmente consternado ante lo que había sucedido al conocer a Shaina había decidido caminar por la orilla de la playa del Santuario en plena madrugada, costumbre que tenía cada vez que algo le desconcertaba. ¿Y si Camus tenía razón, y si tan solo Shaina era alguien no que no podía tener y por eso se había obsesionado con ella?
Se sentó en la arena y se sujetó la cabeza tratando de borrar las imágenes de ella y sus palabras. Pero el recuerdo de su voz, el contacto ese mínimo instante con su piel y haberla tenido tan cerca le estaban merodeando la mente constantemente. ¿Porque era tan dura esa chica, a que le temía?, se preguntó.
De pronto unos pasos en la arena se hicieron resonar a su espalda. Milo abrió sus ojos desprevenido pues ante esas horas de la noche era imposible que alguien estuviese ahí y vio caminado cerca de él a aquella mujer que estaba en sus pensamientos.
-No creí que los santos dorados salieran a estas horas de sus Templos.
No lo concibió, después de dos días desde su reacio encuentro, la indomable Shaina estaba ahí, a solas, hablándole. Suspiro hondo para calmar sus nervios y atendió.
-A veces es bueno despejar la mente en donde se supone que nadie tendría que estar. -el santo de Escorpio volvió su mirada al mar. Respiro profundo pensando en que sería más prudente irse, pues huiría antes que la tosca mujer le rebatiera o peor aún, quisiera golpearle. -No te preocupes, ahora me iré, no quiero incomodarte.
Para su sorpresa, ella se sentó a su lado sin preguntarle nada, haciéndole dudar de levantarse. Pudo percibir un ligero olor a alcohol y aspecto desfachatado de la amazona, pero no le importo. Quizás aquella forma seria la única de disfrutar de su compañía y él lo prolongaría, aunque fuese unos instantes.
-Cuéntame.
La palabra de ella le dejo perplejo. No entendía que pretendía la amazona de Cobra menos después de su ríspido encuentro.
-Creí que…
-Dime algo interesante que deba saber de ti, algo más que rumores…-ella le interrumpió. Estaba curiosa por saber hasta dónde podría llegar un santo dorado por una mujer. Quizás el hecho que Aioria fuera de confiar y el fuese su mejor amigo le hacía mantenerse ahí tras lo dicho en su primer encuentro. -Dijiste que querías hablar, así que hazlo y no me hagas perder mi tiempo.
-Bueno…-el santo se sintió nervioso y un poco desafiado ante ella. Era el momento de dar lo mejor de su labia de Escorpio y hacer creer en él.
-Me gusta el chocolate amargo, las mujeres…-la amazona chisto la boca ante lo dicho- y el vodka, mi número de calzado es el 8, odio levantarme temprano y aunque sea infantil, me gusta comer tres platos de cereal al día, mi color favorito es el azul, todos los regalos de cumpleaños que me ha dado el Patriarca nunca me han gustado, pero siempre los conservo bajo mi cama.
El suspiro pensando que más podría decirle a la amazona- Realmente me asustan las arañas a pesar de ser un santo… -la amazona dejo escapar una sonrisilla inesperadamente-…no puedo dormir sin calcetines y cuando necesito pensar y las cosas van mal, escucho Blues durante dos horas y vengo a caminar al mar.-el santo rio suavemente.
-Mis compañeros siempre me buscan para animarse o escuchar mis tonterías, así que nunca deben verme pensativo o triste, para ellos siempre debo estar bien, así que vengo aquí a calmar mi conciencia cuando algo va mal. Así que además de mujeriego, existen un montón de cosas que nadie sabe de mí y que ahora, Shaina de Oficuo, ya sabes.
-Es raro no haberte visto antes. -ella poso sus manos en la arena relajada ante la confesión.
- ¿Tú también acostumbras venir aquí? -ella asintió y aguardo unos segundos en silencio.
-Gracias por decirme todo esto… en especial, lo de las arañas.
El santo rio de nuevo observando al mar. Ella parecía estar un poco más dispuesta a escucharle. - ¿Y tú, hay algo que quieras compartirme Shaina?
-Jamás dije que yo lo haría. -él sonrió amable, era lógico, muy bueno para ser verdad, perdiendo su mirada hacia el cielo. Era claro que no obtendría nada de ella. La amazona suspiro lánguidamente. -Todo se ha vuelto difícil últimamente aquí.
El santo giro su cabeza atento enfrentando la fría mascara de ella y su reflejo difuso. -A veces odio este lugar…he perdido más cosas de las que he obtenido. -ella confeso intranquila-No sé en qué me he convertido, solo veo mi sangre y sudor en mis manos cada amanecer sin que eso sea suficiente y tengo algunos remordimientos de cosas que no debí permitir.
-Deberías perdonarte…-las palabras del santo la tensaron-Si te juzgas al igual que los demás, entonces les das la razón. ¿Qué demonios importa lo que has hecho, a quien has amado, quienes se han ido de tu lado? -el griego chasqueo la lengua con singular alegría -Shaina esta es tu vida y debes vivirla como mejor te lo parezca, eres una gran mujer y sobretodo una gran guerrera, mejor que muchos aquí.
La amazona se quedó absorta ante la seriedad y calma con la que hablaba aquel santo. Realmente sentía que le había juzgado mal, aunque aún no se sentía lo suficientemente confiada con él.
-Debo irme, pero espero que pienses un poco en lo que te he dicho. -el santo se levantó de la arena y avanzo algunos pasos lejos de ella, sacudiéndose la arena de su ropa. Alzo mano y la agito en señal de despedida mientras escondía la otra en su bolsillo. -Fue un placer, solo espero que conserves bien mis secretos. -bromeo el moreno.
Ella le observo inquieta unos segundos. ¿Y si, confiaba en él, aunque solo fuera un momento, y si él realmente era sincero?
- ¿Volverás mañana? -acertó a decir ella. El santo aun de espalda, sonrió para sí, sin detenerse. El no contesto, solo oteó su mano una vez más. Sin duda volvería.
-Yo también odio a las arañas, caballero. -murmuro la amazona para sí misma mientras la brisa le despeinaba los cabellos.
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Milo durante aquella noche se había revuelto entre las sabanas pensando en Shaina, en cuanto había avanzado tras aquella charla y espero hasta la madrugada del otro día, visiblemente ansioso durante el día para volver a aquella playa donde se había encontrado con la amazona.
Y tras una hora de espera la misma hora de la noche anterior, Shaina salió de las penumbras. Una a una las noches se repitieron, sin ningún tipo de contacto físico, solo era el arte de escuchar y disfrutar ambos de sus compañías ahí sentados en la arena.
Poco a poco Shaina fue abriendo su frio corazón contándole a aquel caballero algunas de sus confidencias. Era extraño pues solo con él, Aioria y Marín podía pronunciar sus más callados pensamientos y él, le correspondía contándole cosas que estaba claro que nadie más podía saber más que Camus.
Así, durante dos meses, hasta que una noche de esas, Milo invito por primera vez al Templo de Escorpio a la amazona y ella, nerviosa se despojó de su máscara incitada por los comentarios certeros del alacrán respecto a la nueva Ley de las máscaras.
Milo se maravilló ante la belleza de la amazona, y durante algunos segundos acaricio con sus dedos sus largas pestañas, sus mechones enmarcando sus cejas y su afilada nariz. Impulsivo como era él, le acuno el rostro suavemente y la beso. Ella le accedió unos segundos a su caricia y después salió huyendo de aquel lugar pues estaba confundida. Tanta cercanía le había confundió el corazón incluso borrando el sentimiento profundo por Pegaso, ambicionando el contacto con el Escorpio, pero no podía olvidar aquellos rumores sobre Milo y las imágenes de cómo le dejaría tras estar con ella. Quería confiar, pero dolía. Quería creer que ella también podía amar.
Milo no le busco tras ese incidente pues sabía que ella prefería la soledad antes que la abordaran insistentemente. Ella necesitaba ordenar sus pensamientos y él asegurarse que no estaba "enamorado" profundamente.
En el fondo, si la quería a su lado, pero no sabía cómo acercarse y hacerle creer en él.
Algo había cambiado en él y aunque siguiera en esa vida nocturna de besos frágiles con cuanta mujer se le acercara cuando acompañaba a Kanon, Saga o Camus a Rodorio, no podía alejar las imágenes de Shaina de su cabeza después de esos dos meses dedicados a escucharla en la arena. Ella había penetrado hasta sus venas con su veneno y deseaba verla más que compartir aquellas caricias con esas mujeres que se desvanecían al amanecer.
Tres semanas después de aquel beso, Milo volvió a caminar en las aguas de la playa de Santuario en plena madrugada esperando encontrar quizá a Shaina por aquel lugar.
El destino no estaba a su favor, en aquella ocasión y tras esperar varias horas en la oscuridad, no lo hizo y suspiro decepcionado. ¿Y si el destino le estaba dando una señal para darse pro vencido?
Se acercó al mar, pateando el agua frustrado, hasta que "algo" se enredó en sus pies. Se agacho a la arena y en sus pies, un pequeño collar con un reloj antiguo en forma de corazón se le atravesó. Al abrirlo, tenía escrito una leyenda:
- "Búscame cuando yo este perdido, en el tiempo estaré y ahí te esperare, solo tu respirar llenara tu lugar otra vez, regresa a mí".
Si quería una señal del destino, sabia, aquella era. No pudo evitar pensar en la amazona al encontrarlo y observando al cielo la destellante constelación de la Cobra, supo entonces que tenia que actuar. Corrió por las arenas del Santuario y los senderos más prontos hacia el recinto de las amazonas. Era la primera vez que recorría ese sendero, pero sabía por boca de ella que la cabaña más alejada de todas era la de ella. Poco le importo que las luces estuvieran apagadas, toco la puerta en repetidas ocasiones la maltratada puerta esperando que se abriera después de tener días sin ver a la italiana. Era como si los nervios le hubiesen desquiciado.
La puerta se abrió violetamente y ella al verlo, sus ojos se iluminaron. Realmente no esperaba aquella visita. El santo de Escorpio se veía visiblemente ansioso, serio y agitado adentrándose a la cabaña sin su permiso.
El santo no aguardo más y antes de que ella pudiera reaccionar, le atrapo los labios con ansiedad acorralándola contra la pared cercana a la puerta. La respiración se cortó para el santo y sus manos temblaron al sujetarle el rostro. Aquella era una sensación que nunca le había sucedido, pero sin duda al bailar en sus labios encontraba una paz que calmaba su ansiedad.
Ella tras unos segundos de accederle, le empujo del pecho para alejarle, aunque no funciono del todo, pues le santo siguió sujetando sus mejillas enfrentándose a sus ojos brillantes.
-Shaina, te necesito, ¿lo escuchas?, te necesito como jamás he necesitado a nadie. -las palabras del santo desconcertaron a la italiana. Era extraño el ser "amada".
-Estas en mis venas, en mi mente, en mi cuerpo, ¡por los dioses!, no sé qué clase de veneno me has dado Cobra, pero eres necesaria para mí.
-Milo yo…-ella quiso huir, su corazón se lo pedía, no sabía que decir solo quería esconderse como niña pequeña. Jamás se había preparado para tal enfrentamiento ni fantaseado al respecto. Como en pocas ocasiones se sentía vulnerable.
-Sé que no me crees, pero yo…estoy siendo muy honesto. -él le obligo a mirarle a los ojos. Su mirada era tan transparente que le daba miedo ante sus dudas. -Haría cualquier cosa para demostrártelo, quiero que me creas. Quizá al principio fue un juego, pero ya no lo es, dejo de serlo cuando te vi a los ojos la primera vez, justo como ahora.
Los ojos de Shaina se rozaron, incluso descontrolándola. Quería creer, quería confiar, aunque su mente le hiciera dudar. Lo miro una última vez con aquel nudo en su garganta. Era el momento de arriesgar.
-Te creo.
- ¿Enserio? -pregunto el santo con singular alegría. - ¿Confías en mí?
Shaina asintió tímida.
El santo subió y bajo su mirada por el rostro de la amazona enternecido sonriendo suavemente y tembloroso volvió a posar sus labios en ella. Ella vencida dejo subir sus brazos, atrapando el cuello del santo, quien se desprendió sus manos de su rostro, descendiendo por sus hombros hasta sujetar con firmeza su cintura.
No tenía prisa, pues cada segundo envuelto en el calor de la amazona le hacía sentir un placer indescriptible que se esmeraría en prolongar. Envueltos en aquel abrazo, ella le guio hasta su habitación en aquella cabaña de dos piezas y en aquel silencio irrumpido por sus lentas respiraciones, él se detuvo para mirarla a los ojos. Le sonrió, acariciando con una de sus manos su cabello. Ella se tensó un poco ante ello, pero una a una las caricias con calidez la fueron desarmando.
-No tenemos que estar juntos ahora si no lo quieres, puedo esperar por ti. -aseguro el escorpión para luego bromear. -Bueno, no mucho porque realmente deseo sentir tu bonita piel… pero si tu no quieres, por mi está bien.
La amazona le sonrió también, avanzando hasta el borde de su cama para acomodarse sobre de ella en esa oscuridad. Ella menciono ante la mirada sorprendida del santo. –Vamos a intentarlo.
Él no dudo más. Avanzo hasta ella, posicionándose suavemente sobre ella y la desnudo lentamente, como si de descubrir una flor de pétalos delicados se tratara. El solo rozarla le erizaba la piel y contemplarla así con su nívea y encendida piel a su merced era un precioso regalo a su mirada. Se despojó de sus prendas dejándolas caer por el borde de la cama mientras se inundaban a la par por las sabanas de la diminuta cama. Debajo de ellas, el errante alacrán beso con esmero cada rincón, descendiendo por el cuello de la amazona hasta dejar correr su lengua por el vientre de la italiana. Conocía a perfección el cuerpo femenino y cada punto para hacerle enloquecer, por lo que al verse frente a sus torneadas piernas se hizo espacio con sus dedos en ellas, acariciando con esmero cada borde de delicada piel. La voz de la amazona, quebrada dejo escapar una encendida melodía de jadeos, que provocaban aún más el encendido cuerpo del santo. Si continuaba así, podría hacerle perder la razón.
La humedad en el interior de la hermosa italiana se hizo notar en poco tiempo tras las diestras habilidades del santo, quien se adentro a su calidez con ellos haciendo tensar en un lánguido suspiro a la amazona. Su silueta femenina se revolvió en las sabanas pues la sensación era como si cientos de fuegos artificiales le encendieran los impulsos bajo el vientre. El santo sonrió al escuchar el murmurar de su nombre, pues sabía que ahora él había puesto su veneno en las venas de la Cobra. Se detuvo unos segundos deslizando sus manos por las curvilíneas formas de la amazona y comenzó a ascender debajo de las sabanas para poder sujetarle las muñecas.
Más que su precioso cuerpo, eran esos ojos verdes los que habían atrapado al soberbio santo doblegándolo a suplicar por una de sus miradas y que, sin duda, le provocaban no buscar ninguna más. Observo rápidamente sus manos y recordó aquel suceso que le había permitido hablarle. No quería que nadie más tocara y maltratara la piel de la mujer bajo sí. Solo él y nadie más que él.
-Siempre voy a protegerte, Shaina.
La miro con sus mejillas encendidas, con la mirada fija centellante y sus cabellos verdes cayendo por el borde de la almohada. Sin duda, se daba por vencido estaba completamente rendido a la Cobra y llenaría su esencia con su piel. Quería sentirla vibrante en su interior y ella le cedería.
Entonces se adentró a su femenino cuerpo, sin miramientos, percibiendo como su consciencia segundos atrás atrapada en sus recuerdos, regresaba para percibir la calidez y cosquillante sensación al adentrarse en su calor dejándole escapar un ronco gemido de alivio.
-Milo.
Las delgadas manos de la amazona sujetaron los cabellos despeinados del santo y buscaron atrapar su cuello mientras él hundía bravamente su virilidad en ella. El tiempo se volvió locura ante la nublada razón y ambos dejaron que su garganta gimiera sin pudor. Pronto la mágica y delirante sensación comenzó a llegar hasta la curva final de su placer, apresurando sus movimientos hasta hacerlos soltar un último aliento en un grito de encanto.
El santo se posó a un costado de la amazona, invitándole a apoyar su calor en él. Acaricio sus cabellos una última vez antes de que su sudada figura le invitara a descansar tras aquella desvelada.
-Te quiero…-sentencio el santo cerrando sus ojos para tranquilizar su mente. La amazona se tensó y observo el rostro cansado del santo, apoyándose exhausta en el pecho del santo. Aquellas palabras quebraron su razón. Nunca nadie las había dedicado para ella y escucharlas en aquella voz, le hicieron que sus ya alteradas emociones le dibujaran un par de gotitas en sus mejillas.
Entonces lo escucho suspirar, percibiendo como el santo se había adentrado a su mundo de sueños. Se sujetó a su pecho como niña pequeña y sabiendo que ya no le escucharía, le murmuro.
-Entonces no te vayas al amanecer y hazme saber que es verdad, por favor…
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La luz del Sol le lastimo la mirada, haciéndola parpadear en repetidas ocasiones revuelta en aquella sábana. Observo la soledad de su cama pues el acompañante de aquella madrugada ya no se encontraba recostado a su lado ni sus ropas en el suelo. Shaina flaqueo al sentir que toda su fantasía de amar se había desvanecido en aquel momento. Había sido verdad, Milo la había utilizado solo para añadirla a una mas de su lista.
Giro su rostro e inesperadamente vio sobre un mueble un pequeño collar e forma de corazón. Inquieta, lo tomo en sus manos y lo abrió, leyendo cada palabra escrita en él.
- "Búscame cuando yo este perdido, en el tiempo estaré y ahí te esperare, solo tu respirar llenara tu lugar otra vez, regresa a mí".
Si tan solo hubiese sido verdad, si solo Milo le hubiese amado.
-¿Ya estas despierta?-aquella voz le alerto los sentidos. Del baño, salió envuelto en una toalla en su cintura el atlético santo de Escorpio. La amazona comenzó a respirar intranquila al verlo y sin esperarlo, se abalanzándose sobre el santo, sorprendiéndolo ante la reacción.
-Estas aquí.
-Por supuesto, no iba a dejarte, Shaina, no después de anoche.
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CONTINUARA…
Lindos lectorcitos según yo empecé queriendo hacer lo más cortos cada capítulo para terminar el fic pronto y cada vez son más y más largos jajaja. Espero no aburrirlos mucho. Disculpen si me desaparecí mucho tiempo, la Navidad estuvo "pesada "y genial, espero que para ustedes también haya sido así. ¡Este 2018 vamos con todo y nuevas locuras!
Sigue el fic con el amor de mi vida como le llamo yo, ósea mi bello arquerito, guapura, belleza griega, sonrisa perfecta, ojos bonitos, chulada de dios centauro, el más genial de los caballeros dorados, en fin…( jaja,ya me calme)…sigue mi bello Aioros y esta vez se lo prestare poquito a Seika para que hagan sus "maldades".
Para los fans de esta parejita de Milo y Shaina o de Aioria y Marín, vayan a Love Story de mi autoría, ahí hay más romance si gustan.
Entonces los espero pronto y gracias por su tiempo y comentarios, me hacen muy feliz siempre. ¡Un abrazo a todos!
