Los personajes no son mios son de J.K. Rowling y bla bla bla no tendria que tener tanta publicidad por parte mia bla bla bla por ahora solo un personaje me pertenece bla bla bla y mas bla... ¡Bien! Volviendo a lo que interesa...
Buenas queridos lectores, ya que hace menos de un mes que no me aparezco y por fin tengo ocacion de tener un teclado en mis manos e internet (dios lo bendiga) creo que ya es tiempo de que suba este capi que se me habia olvidado subir (y actualizar, antes que nada)... disculpenme la demora y espero que disfruten de este capi que aunque no se si supera los otros (de esta historia obvio no me estoy comparando con nadie) solo espero que por lo menos tenga su aprovación.
Él, totalmente desconcertado e insatisfecho, se levantó del suelo. "¿Qué hago?" se preguntaba para sí mismo con el entrecejo fruncido, "¿La persigo o me aguanto las ganas?". Luego de este pequeño comentario interno, se dio cuenta de todo: "La deseo"
Capítulo 9: Una invitación y una complicación.
¿En que estaba pensando?... No, no, en serio ¿en que mierda estaba pensando cuando le correspondió¿Es que se había vuelto loca?... Ni que fuera atractivo... "me retracto rotundamente". Bufó, y mientras recorría toda la casa buscando una salida, rezó por no encontrarse al padre de todos sus problemas internos.
Tuvo suerte, encontró la cocina vacía y unas llaves en la barra de la cocina. Las tomó, rogando que fueran las de la puerta de entrada y salió corriendo como alma que lleva el diablo afuera.
Cuando abrió la puerta de entrada no sabía que hacer con las llaves. "No puedo quedármelas, eso es seguro" (n/a: pero que tentador sería tenerlas :P) "¿Qué hago?" se preguntaba con total desesperación. Pensó un momento y sonrió, "¿Por qué no?".
Cuando Draco por fin logró salir de su trance inicial, se puso de pie de un salto y siguió el camino antes recorrido por la castaña con los ideales totalmente confusos. Cuando por fin pudo alcanzar la puerta de entrada, ella ya estaba entrando y cerrando de un portazo, que un poquito mas fuerte se hubiese escuchado en otro Estado.
No lo pensó demasiado y se aproximó a la casa de la castaña con parsimonia cuando vio un auto acercándose y de este salió el señor Granger. Como un halcón lo observó disimuladamente escondiéndose detrás del buzón, que era parte de la puerta de entrada, dándose cuenta de la hilaridad de la situación¿no era que tenían que ser las mujeres quienes lo espiaran a él¿qué no era un Malfoy hecho y derecho?
Cuanta frustración. Cuanto odio. Cuanta confusión.
Con la frente en alto y todo su orgullo en aquel fría gesto, se volvió para su cuarto dispuesto a no pensar en que había besado de manera casi apasionante a Granger, representante de todo lo que aborrecía desde niño, odiada figura de naturaleza generosa y fastidiosa a la vez... se podría decir que su polo opuesto.
-¡¿Polo opuesto?! –gritó Draco con sus grises ojos desorbitados, habiendo llegado a esa conclusión en el umbral de la puerta de su habitación.
Y, al parecer, su madre estaba en la casa.
-¡Draco Malfoy, no subas tu tono en la casa mientras estés aquí!
Draco dio media vuelta solo para encontrarse cara a cara con su progenitora, su atuendo gris de pantalón y chaqueta, y con sus sandalias de taco de 8 cm. en su mano derecha. Que increíble que su madre le prestara atención en el preciso momento en que lo único que quería era estar solo.
-No estoy de humor para hablar ahora, Narcissa –respondió lo mas secamente que pudo Draco, apartando su pálida cara, su rostro confuso le daría a su madre razones para discutir inútilmente.
-Tampoco estabas de humor suficiente cuando llegamos, hace cuatro días –dijo la mujer, en un tono entre enfadado e irónico.
Él no contestó, solo se adentró a su habitación cerrando la puerta y tirándose a su cama cuan largo era, tratando, inútilmente, sacarse a cierta chica de la cabeza. Y en eso estuvo dos segundos cuando la puerta de su cuarto se abrió dejando entrar el aire, la luz, y a su madre, tres de las cosas que menos quería sentir y ver en ese momento.
-Señor, aunque no tendría que darte explicaciones, te las daré para que entiendas a que he venido.
-Seguro a no hacer tu papel de madre... –murmuró por lo bajo el joven con su cara sobre la almohada.
-¿Dijiste que...? –lo cuestionó ella, manteniendo su tono de superioridad típico de la familia. Al no recibir respuesta, continuó con su propósito de ese día-. Bueno, como te decía para mañana en la noche organicé una cena, aprovechando que es año nuevo, para los posibles compradores...
-¡¿Posibles compradores?! –se exaltó el joven, bajo la mirada desaprobadora de su madre, pero no hizo caso y siguió, un poco mas calmado-. ¿No era que ibas a demostrarle a tus compradores potenciales que podrías vivir aquí por tres meses y no pasa ni una semana que decides venderla?
-Tu padre anda molesto conmigo porque descubrió de mala gana –miró significativamente a su único hijo y sonrió maliciosa- que los Granger vivían al frente de la casa...
-¿Tu lo sabías¿Sabías que Andrew Granger vivía aquí, antes de venirnos para acá?
-¿No es ese mi trabajo? –le interrogó con el ceño fruncido-. Pero eso no es a lo que vine, vine para decirte que vayas a comprarte un traje de etiqueta nuevo para la cena de mañana.
-¿Qué tal si me voy a otro lado, madre? –sugirió él, recalcando su parentesco con aquella fría mujer.
-Nada de madre, Narcissa para ti –le ordenó, aunque muy, muy, muy adentro suyo se moría cuando le decía madre (n/a. ¿quién no?)-. Ve a por un traje, no lo diré mas.
Draco, por toda respuesta bufó, no solo tendría que pensar en algo para sacarse a Her.. Granger de su cabeza sino que estaría desamparado por veinticuatro horas, ya que los preparativos para una fiesta, cena u otra celebración para sus negocios requerían, al menos, un día de preparación, sin contar las horas de la noche, que para su madre eran preciosas para su cutis. "¡Mujeres!" resoplaba inútilmente el ojigris.
Nunca desobedeció a su madre, nunca desde que ella le había prohibido que se acercara a la cocina en una cena de negocios, casi como aquella. No habrá tenido mas de 5 años cuando le dio aquella orden, y a esa edad sentía curiosidad por la gente que no conocía y que sus padres afirmaban y reafirmaban que no eran de su talante, quienes se ocupaban de la casa y cocinaban. Esa noche era especial porque había mas servicio de lo usual, y toda la gente estaba corriendo de un lado para el otro complaciendo los deseos mínimos de su jefa.
Entró sin ser visto a la cocina a ver que era lo que volvía locos a los del servicio y vio en una mesita junto a la puerta por donde había entrado una bandeja de chocolates y bombones exquisitamente decorados y ordenados, como una obra maestra de esas que provoca admirarlas, no tocarlas por miedo a que todo aquel encanto se desvaneciera.
Como era niño, y bastante inconsciente e inmaduro, quiso tomar algunos ya que no había probado bocado desde el desayuno, pero un hombre vestido como un pingüino tomó esa bandeja y se la llevó. Hechizado por el aroma a dulce, Draco lo siguió y vio que el hombre se detuvo delante de su madre, con un espléndido vestido negro de satén que envolvía su excelente figura. Como por costumbre, su madre era dada a malcriarlo para no tenerlo encima como mugre. En su camino tropezó con algo, cayendo en las piernas del hombre pingüino y haciendo que toda la bandeja de chocolates y bombones cayera sobre el vestido de seda de su madre.
Nunca en su vida había estado tan furiosa como en ese momento, tomó a Draco de su pequeño brazo y lo arrastró hacia la planta de arriba. Aunque pensaba que su madre lo mandaría a su habitación sin cenar, como era su costumbre cuando estaba enojada, esta vez lo llevó a la totalmente inhabitada habitación de huéspedes, el cuarto mas frío de la mansión y, por tanto, la más tétrica y oscura. Lo dejó allí por tres días, con las cuatro comidas diarias, con baño en suite y ropa limpia, pero con la indiferencia de sus padres y de quien fuera que trajera su comida. Por esos tres días no habló con nadie, se sintió el ser mas solo del mundo, ni siquiera tenía sus juguetes ni tan siquiera libros para pasar el tiempo, solo a si mismo y al frío ambiente de la habitación.
Cada vez que recordaba esas dos noches sin conciliar el sueño, rememoraba su soledad, su sufrimiento. Y así se sentía en ese momento, solo y desafortunado. Respiró hondo, alejando todo pensamiento negativo y se dispuso ir al centro comercial mas cercano a comprar lo encargado por su madre y a ver si se distendían un poco sus humos, no de lo enojado, si se entiende.
Póngale 15 minutos antes de lo sucedido al rubio, después de salir de la nueva y temporal residencia Malfoy, la joven de la casa entró rápidamente a su hogar, pasando de largo a su familia, sin saludar.
Entró al baño y se desvistió, quería sacarse el rastro marcado a fuego de su vecino. Se bañó y enjabonó a la fuerza, como si una culpa superior fuese quien la hiciera actuar de esa forma bestial.
Ya mas tranquila y serena, se fue a vestir. Ni mas bien cerró al puerta de su cuarto su madre la abrió y le pasó el teléfono, con una expresión de compasión, o al menos a la chica le pareció así.
¿Quién podía ser?
-Herms... –se escuchó al otro lado, la voz era masculina y conocida.
-¿Qué quieres, Evan? -preguntó exahusta.
-Nada que suponga un sacrificio para ti -dijo en tono cortés, aunque nada en esa frase ni nada viniendo de él podía ser cortés, después de todo, se decía ella-. Quería preguntarte cómo estabas...
-Perfectamente -alegó fría y duramente.
-No quiero pelearme contigo y lo sabes... -esperó a que ella concordara con él, pero al no hacerlo y seguir en silencio, siguió-... pero quería saber si por lo menos... si por lo menos se te había pasado el enojo...
No debería, y ella lo sabía. Lo conocía, sabía cuan mujeriego era, pero en cierto modo antes de empezar a salir eran amigos... Y ella, aunque fuera algo rencorosa, no sentía enojo por lo sucedido, ni hacia él, sino que en cierto modo se alegraba... pero era eso justamente lo que la hacía rabiar y enojarse consigo misma ¿es que no tenía que enojarse y ponerse como una fiera cuando su novio (ahora ex) se iba para Dios sabe dónde y ligarse a la primera con pollera que se encontrara? Al parecer ni ella misma se conocía.
Y eso no era lo peor, y esto era que no había sentido ni un asomo de culpa cuando se besó con Dra... Malfoy. "Nada cambia con un beso" se recriminó a si misma, "ni siquiera ese...". sacudió con fuerza su cabeza ante este pensamiento, y volvió a la realidad.
-No... no estoy enojada contigo -rebeló ella, suspiró y continuó mas tranuqila y calmada-. Debería ¿no lo crees?
-Sí, lo se, pero estoy tratando de remediarme... -juró él, como si fuese un niño que ha tirado al suelo algo valioso alegando que no fue él-... en serio... y para demostrarlo quería que me acompañaras a una fiesta de gala...
Ella lo pensó detenidamente. Si iba cabía la posibilidad de que se sacase todos sus problemas de la cabeza, ya que Ginny encontraba excusas para no salir con ella y los demás, y ella creía patente que era por Harry... lo sabía desde que no la dejó entrar al baño esa vez, ya que Harry no tendría que haber demorado mas de cinco minutos en encontrarlo ya que estaba sobre su escritorio a la vista ¿en que podría haber estado demorando tanto?, atando esos cabos y otras sospechas lo supo.
Harry tenía su propio problema: Ron. Este último sufría problemas de amores, según le había dicho el morocho y decía también que en cualquier momento se quedaba calvo de tanto estrés o se tiraba por una ventana. Lo decía todo en son de broma, pero cuando veía a Ron en ese estado (muy pocas veces en su vida) lo creía capaz de las cosas más insólitas. Harry tan fiel a su amigo, no lo quiso abandonar solo en su angustia, y ella creía que por las mismas razones que el pelirrojo, que no se sentía correspondido.
Volviendo nuevamente a la realidad (ya le era frecuente pensar con profundidad), pensó que quizás sería una buena idea, para librarse de todo lo que la abrumaba en ese instante. Aceptó de buena gana, siempre y cuando fueran en plan de amigos.
-Por supuesto, no esperaba otra cosa mejor -reconoció él, contento-. Es mañana en la noche así que vístete en tus mejores galas e iremos junto con mis padres...
Ella no quería preguntar cosas como: dónde era la fiesta aquella o por qué razón iban los padres de Evan a aquella fiesta... en lo único que quería preocuparse era sobre que iba a ponerse esa noche... en nada más.
¡Cuán equivocada estaba! El resto del día lo pasó pensando en su vecino y en llamarlo a su puerta (ya que nunca sintió la necesidad de tener su número de teléfono como en ese momento) y hablar con él, cuánto menos verlo y averiguar si él poseía los mismos sentimientos confusos que ella.
Pero no lo hizo. Para dejar de pensar un rato, llamó a Ginny para que salieran mañana en la tarde y que la aconsejara de que ponerse.
-¿Quién irá? -preguntó con toda la indiferencia fingida de la que era capaz.
-No irá Harry, te lo prometo... -esperó, silencio, y sonrió-... creías que nunca me iba a enterar ¿verdad? No hace falta que contestes, me lo contarás mañana en nuestra salida de mujeres.
La pelirroja no lo negó, suspiró y aceptó.
Ya mientras dormía, la castaña soñó en esa noche de fin de año como en un sueño de Cenicienta, que bailaba con su príncipe (rubio de ojos grises) hasta la medianoche, sin sospechar siquiera que frente a su casa, aquel príncipe hacía lo mismo con su "princesa"... solo que su sueño era algo más erótico...
No les voy a decir que soñó asi que quedense con la intriga.
Otra disculpa por no ponerlo antes y ahora por los reviews que me dejaron en el otro cap:
zuLyB6
beautifly92
karyta34
Malfoy.Girl.Potter
tychesita
daniiblack
cedrella.lysandra
Dramione Black
MissPotter1004
Bengx
Cristal Princess Malfoy y para los que dejaron reviews en los otros también...
Un gran agradecimiento y también para los otros que lo leyeron y no tengo presentes quienes son, por la molestia.
Espero seguirla pronto, pero todavía me queda un examen mas que dar ya que lo perdi en diciembre :( no hay de otra... por lo menos voy a estar en casa.
un saludo y los quiere,
checa deljuez
