–Capítulo 9–
Conversaciones a media noche
Todo lo que el profesor Flitwick les había explicado las dejó muy sorprendidas. Ahora sí sabían porqué ellas estaban en una escuela donde sólo se admitían hijos de brujos. A causa de una profecía redactada por una bruja vidente hacía mucho tiempo a Dumbledore, el enemigo de Voldemort, uno de los sirvientes oyó parte de la profecía. No les dijo cuál era, pero Voldemort estaba al corriente, ellas eran las elegidas.
El profesor Flitwick sospechaba que debía ser algo que le fuese bien, si no fuera así, no se tomaría tantas molestias.
Aunque ninguna de las dos pensaba ayudar a Voldemort, en ninguno de sus planes. No matarían ni a una gallina si él se lo pidiera.
Antes de marchar, el pequeño profesor les advirtió seriamente a Jewel y a Sachel para que fueran con muchísimo cuidado, añadiendo, además, que eran chicas con muchas posibilidades y con gran talento, siendo también muy guapas.
Así se fueron, con más de una pregunta en la cabeza, y con mucha hambre. Se colaron las tres en la cocina que trabajaba sola mediante a un conjuro (se lo había explicado una vez su profesora Chao Teng cuando fueron a hacer un examen de Vs) y cogieron el resto de la comida que quedaba, algunos pasteles y zumo de calabaza.
Volvieron con Hermione hasta su despacho y fueron cubiertas con la capa hasta la Sala Común de Doringriff, pero, cuando iban a entrar en sus dormitorios, alguien les preguntó ávidamente detrás suyo.
– ¿Y bueno? ¿Qué demonios os ha dicho Flitwick? –preguntaron dos voces al unísono. Ellas, que ya se habían quitado la capa, se giraron bruscamente hacia las voces, y vieron a Viktor y a Javier con una capa invisible igual.
–No pudimos entrar dentro del despacho, nos quedamos fuera. A Javier casi le da algo con ese elfo doméstico –explicó Viktor con sonrisa burlona.
– ¡¡Cállate ya!! –exclamó Javier rojo de ira.
– ¿Cómo demonios sabíais que estábamos ahí? –preguntó Jewel.
–Esto –dijo Javier sacando de su bolsillo un pergamino casi idéntico al mapa de Hermione (Mapa Merodeador) solo que más moderno y no parecía tan viejo –Hecho por los mismos Gemelos Weasley, me lo dieron por mi cumpleaños hace un año.
– ¡Ostras! –Exclamó Sachel sorprendida –Por muy inútil que seas tú, esas cosas están muy bien –dijo con una sonrisa. –Va Javier, estaba bromeando.
– ¿Y no será que haces esas bromas porqué te gusto yo? –dijo con arrogancia y una sonrisa burlona. Sachel se sonrojó levemente pero contestó con gracia.
–Lo que me gusta de ti es tu peinado –contestó. Jewel trató de no reír, pero Javier la vio y la fulminó con la mirada y dio un codazo a Viktor que se reía a carcajadas.
–Bueno, ¿lo queréis saber o no?
Jewel, medio despierta, les explicó brevemente el relato y al final se levantó y fue al dormitorio seguida por Sachel.
El día siguiente, lunes, era un día muy oscuro, se avecinaba una tormenta. Y antes de asistir a las clases, tanto las dos chicas como los chicos e incluso la profesora tuvieron que hacer magia para permanecer despiertas y entrar en la clase sin dormirse o sin bostezar.
Liviana Malfoy estaba de muy mal humor, pues Hermione la había castigado muy severamente por contestarle y tratar de maldecir a sus alumnos, suspendiendo su entrenamiento de Quiddich y ayudando a Mao Teng de la enfermería, conocida por su rencor hacia los alumnos.
Tuvieron clase con la profesora Chao Teng (¡Qué clase tan aburrida!); luego Mao, con el profesor Robinson (un profesor rubio de ojos avellana muy atractivo y amable con los de Slytherin y, especialmente y por sorpresa de todos, con los chicos) que les enseñó a utilizar la maldición "Imperios" y a vencerla. Aunque los de Slytherin tenían más habilidad en cuando a hacerla servir, los de Doringriff sabían mejor como defenderse.
Más tarde, en CTE, les fue difícil no llamar Hermione a su profesora Hermonie Grenarg. Pero su profesora ya se lo había imaginado, pues siempre preguntaría a ellas, sus alumnas favoritas, pero ese día fue solo una pregunta a cada una, obteniendo 10 puntos en total en la clase.
Luego, en SEM, estudiaron los dragones, criaturas mágicas para magos que querían tener una buena reputación. Era fascinante la admiración que sentía Hagrid por los dragones. Después de clase, confesó a Jewel y a Sachel que había intentado criar a uno cuando Hermione estuvo en 1ro, se llamaba Norberto.
En la hora de la cena, Sachel encontró una nota de Javier en su carpeta. Ni se preguntó qué hacía allí, pues la magia era una cosa extraordinaria. Jewel se sentó a su lado y leyeron la nota con curiosidad.
«Ven con Cardridge al Gran Comedor a las 00.00 con la capa invisible y el mapa merodeador. Hemos descubierto algo interesante.
Javier Crackford (&Viktor)»
–Vaya, si ha pedido que fueras conmigo no sería por una declaración de amor –dijo Jewel burlonamente. Sachel rió amargamente y le asestó un codazo en las costillas – ¡Ay!
–No seas idiota –dijo Sachel acaloradamente–. Ese chico está como una cabra... seguro que nos enseñará a un par de monstruos que le han robado a Hagrid... –Jewel ahogó una risa. La verdad es que la cara de su amiga estaba bastante roja.
–No lo sé. Bueno, de aquí a dos horas y media tenemos que estar preparadas para cualquier situación. ¿Eh amiga mía? –Sachel le miró algo confusa– ¿Sabes? Tengo un presentimiento.
–No me gustan tus presentimientos... –dijo Sachel. Sonrió– pero hoy te haré un favor y te creeré.
Las dos terminaron de cenar. Jewel advirtió que Viktor la miraba fijamente y ella asintió con la cabeza como diciendo: «Sí, he leído la nota». Viktor se giró y le dijo algo al oído a Javier que asintió mirándola también.
Tras un largo e inquietante rato, por fin llegó medianoche. Ellas estaba en la Sala Común haciendo sus trabajos de CTE (Hermione, por muy amiga suya que fuera, les puso muchos deberes) pero mirando el reloj de la sala cada cinco minutos. Era un reloj mágico, y siempre iba puntual.
Se levantaron, guardaron sus trabajos en sus mochilas y los guardaron en sus dormitorios. Cogieron la capa invisible que les había dado Hermione y el Mapa Merodeador que habían cogido prestado de ella.
Fueron sigilosamente hacia el Gran Comedor. No había nadie marcado en el mapa, pero ninguna de las dos se fiaba tanto de él como en la escapada hacia la Torre Este.
–Escuchad chicos –preguntó Jewel entrando en el Gran Comedor. Las mesas estaban en su sitio pero estaban allí sentados los dos chicos en una de los montones de sillas hablando en voz baja. – ¿Se puede saber como no aparecisteis en este mapa la última vez?
Los chicos las invitaron a pasar y se sentaron delante suyo.
–Vosotras mismas los decíais. Tenemos ese libro prohibido, en él aparece de todo mujercita –dijo Javier a Jewel con ironía.
–Espera... ¿nos estás contando que aparece como no salir en un mapa mágico hecho por el mismo padre de Harry Potter? –preguntó Sachel tomando asiento. Javier asintió. –No me lo creo.
–Bueno, tendréis un buen motivo por habernos sacado de la cama a estas horas (aunque estuviéramos haciendo deberes), ¿verdad?
–Claro.
Y era verdad que lo tenían. Era tan sorprendente que a la vista de cualquiera le hubiese resultado idiota. Pero ellos eran especiales, sabían de qué hablaban. Era fascinación lo que siguió a la sorpresa... nunca antes habían visto a un fénix tan viejo pero tan hermoso. Nunca nadie hubiese podido saber que ese fénix ya tenía nombre. Cómo lo sabían los chicos, ni ellos eran concientes. Era el susurro de su canto, tal vez, pero ese fénix se llamaba Fawkes y todos ellos lo supieron con mirarlo.
