Nota de ellle: Este es un fic que escribí por navidad pero no pude colgar porque últimamente (como habréis visto ya xD) tengo muchos problemas con internet.
Sin embargo aquí os lo dejo. Atrasado de navidad.
No lo podía creer.
Una y otra vez el sonido de la última campanada de media noche resonaba en su cabeza.
Donde...¿Dónde en nombre de las jodidas trompetas de Jericó estaba su hermano?
Fin de año, y Tom no estaba allí.
-Bill, cálmate- su madre recogía los restos de la cena en la cocina- seguro que tu hermano tenía cosas mas urgentes que hacer, no te hagas mala sangre.
Urgente...urgente. Nada había más urgente en este mundo que pasar la navidad sentado en aquel maldito sofá de ridículo estampado que había entusiasmado a su madre hacía un par de años en ni se acordaba que tienda del centro. Si fuera por él, aquel mueble ya habría ardido. Junto con el de rastas.
-En fin, me voy a dormir.- Se levantó con el pelo revuelto y mala cara- si Tom asoma su cabecita rubia por aquí le dices de mi parte que se vaya al infierno- murmuró mientras se alejaba escaleras arriba.
La cama vacía daba ganas de llorar.
Su madre no podía entenderlo. Nadie podía entenderlo.
Tom lejos de él. Una noche tan especial.
Se tumbó mientras murmuraba algo. Y quedó dormido.
....
Algo húmedo.
Húmedo, cálido...conocido.
Que le atrapaba, le ahogaba...abrió los ojos.
-Mierda, Tom- se lo quitó de encima como pudo un segundo, antes de que su hermano le tapara la boca alarmado por el grito.
-¿Quieres despertar a mama?
-¿Y que si la despierto?
-Pues que vendrá y...-le regaló una de sus sonrisas coquetas. Un a de esas sonrisas con las que, si no hubiera estado tan jodidamente cabreado, se habría ganado un beso y probablemente la perdida de la ropa en fracción de segundo. Pero estaba cabreado.
-Pues que venga. Por lo que a mi respecta esta noche duermo solo- giró tapándose, haciendose un ovillo con las mantas contra la pared.
-Pero...Bill, joder- el mayor tiró ligeramente de los edredones para llegar hasta él, pero el otro forcejeaba para que quedasen donde estaban- no te enfades conmigo. Fue un error un maldito error. Me quedé dormido en el jodido estudio y me desperté con los petardos...te lo juro.-Pero el otro seguía negándose.
-Pues te vas al estudio y sigues durmiendo, melón- los tirones pararon y se hzo el silencio durante casi un minuto.
Pero el mayor no se movía. A veces (como aquella) el moreno habría dado todo lo que poseía por saber que le cruzaba la mente.
Decían tener buena conexión pero, cuando se quedaba callado, el de rastas era casi impenetrable.
-Puedo tumbarme contigo al menos?- y la voz con la que lo dijo le partió el alma al menor, que solo apartó las mantas y le sintió tumbarse a su espalda, aferrado a ella, respirando lento y profundo, con las manos frias.- Lo siento Bill. Siempre la cago contigo.
Y el cantante se giró para mirarle, para saber que estaba triste y arrepentido.
-Estoy enfadado contigo, estoy furioso- susurró sin apartar los ojos de los de su mitad- eres un maldito egoísta prepotente.
-Lo sé, lo sé...- le acarició el rostro, tal vez intentando perdonarle, intentando que dejara aquella carita de perro dejado en medio de la carretera...pero...maldita sea, no podía perdonarle siempre.-Vamos, bésame...por favor.
Y de nuevo como un mago que daba las ordenes precisas para que todo fuese según el plan. Bill apartó sus labios, sin poder evitar sonreír.
Iba a perdonar a Tom pero tendría que ganárselo...y un diabólico plan se dibujaba lentamente en su cerebro.
-Estoy enfadado- susurró.
-Estás sonriendo- se apartó coquetamente del rubio apoyando la espalda contra la pared, dejando que él le mirara.
-¿Quieres que te perdone?- el guitarra asintió encendido, viendo como los ojos de su gemelo brillaban en la oscuridad un segundo, como los de un gato- ¿sí?- se quitó de un tirón la camiseta y acortó la distancia que los separaba- ¿quieres que te bese?- y el otro solo acercó el rostro casi hasta cero- si quieres que te perdone...quieto...-susurró separándose-...muy quieto.
-Pero...
-No hay peros. Si me tocas...me hecho a dormir.
-¿Y que quieres que haga?
-Cierra los ojos- y comenzó a besar su cuello con fuerza, con rabia. Dispuesto a dejarle marcas que no podría esconder por mas que se tapara al día siguiente. Y Tom pensó en cogerle por la cadera. Bill estaba tan caliente como él, racionalmente pensaba que, aunque le tocase el moreno ya no podría parar pero, irracionalmente sabía que Bill era lo bastante prepotente como para acostarse caliente y pasar la noche mordiendo la almohada y frotándose los muslos uno contra otro, anhelando calor, saliva y sexo.
Le arranco la maldita camiseta haciendo crujir los puntos, empujándolo contra el colchón para sentarse sobre su estomago, para sonreírle, para mostrarle que había vencido. El menor al fin vencía.
Siguió regalándose con su cuello un rato mas, desesperándole, haciéndole sentir atado por unas cadenas imaginarias mas poderosas que cualquier metal.
-Eres retorcido.
Le cogió la mano entre las suyas. Su mano. Más grande, mas callosa, mas áspera y apretó las puntas de los dedos contra sus labios.
-A ti te gusta que lo sea- se inclinó para besarle, para tumbarse sobre él y meterse entre sus piernas, para que el calor quemara, para que el roce doliera, para que el beso les ahogara y todo se volviese íntimo; como a cámara lenta.
-A mi me gusta que seas bueno y me dejes hacerte guarradas- Bill soltó una risotada.
-Para eso, hoy tenias que volver a casa antes delas 12...como cenicienta.- Y de sus labios bajo a su pecho, besándolo con fuerza y arrancándole jadeos, casi gemidos, casi anhelos, casi susurros. Odiaba que Bill estuviese encima, y no por orgullo ni vergüenza si no por las miradas que le dedicaba al día siguiente.
Las sonrisas, las mordidas de labio...como diciéndole que no se preocupara, que callaría ante el mundo todas las suplicas que había conseguido arrancarle sobre el colchón; porque Bill le volvía loco. Simplemente lograba que su cerebro olvidara del todo la racionalidad y la decencia.
-¿Quieres que mamá te oiga?- y el rubio se puso rojo.
-Vamos, déjame tocarte- le contesto entre besos, ignorando la pregunta.
-De eso nada.
-Muero por un abrazo.
-Por eso esto es un castigo.
-Una tortura.
-Una lección.
Y le besaba con fuerza. Su boca, su cara, su pecho, su cuello; dejando marcas rojeces y mordiscos a su paso que transmutarían a moratones como los de una paliza.
Porque aquello era como una pelea, algo de jerarquía. Tom tenía que saber quien mandaba, quien ordenaba, quien disponía, y la ofensa de aquella noche había sido muy grande.
Metió la mano dentro de sus propios pantalones para acariciarse allí, sobre él, gimiendo su nombre como si el objeto de su deseo no estuviese en aquella cama, bajo su cuerpo, excitado, desesperado; como las noches en que lo hacía solo.
Dejándole olerle, mordiéndole el hombro de vez en cuando con una saliva que hervía y resbalaba hasta el colchón, susurrándole al oído lo mas sucio que su mente concebía con voz entrecortada por jadeos agudos y maldiciones.
Frotando su pecho contra el suyo en cada vaivén obligándole a seguir allí abajo quieto, caliente y con las piernas separadas.
-Bill, te lo suplico.
Pero el menor no le oía. Se deshacía entre gemidos y espasmo sobre él repitiendo su nombre una y otra vez como un hechizo.
Y ahora...llegaba el momento...
-Bueno, me voy a dormir- y el mayor lo vio apartarse, tumbarse de lado junto a él y cerrar los ojos.
-quequequeque?- y ya le importaba una mierda que su madre, los vecinos o el emperador de China le oyesen.-¿cómo....como que te vas a dormir?
Y Bill no le contestaba, pese a que sabia que le oía. Pero como...como....en aquella habitación...después del numerito que le había montado, con el olor a sexo metido en el cerebro con una estaca y los gemidos del moreno todavía haciendo eco en su alma...con uno de los mayores calentones que había tenido en su vida...ni una puta ducha fria bajaba aquello...y...¿Bill se echaba a dormir?
Iba a matarle.
-Shhh no chilles- susurró el menor con voz adormilada. El de rastas le saltó encima, girándole, obligándole a morder la almohada.
Justo lo que esperaba que hiciese. Se sonrió al sentirle besar su espalda con ansias.
-No vas a dormir porque pienso violarte- le arrancó lo que quedaba de su ropa, haciendo saltar un botón.-Vas a recordar este fin de año el resto de tu vida...así aprenderás...
Y Bill se sonrió. Su hermano había encontrado el camino para ser perdonado.
