Ino apoya la espalda en la pared mientras yo la observo sin saber bien cómo reaccionar a lo que me acaba de decir. Estamos quietos en uno de tantos pasillos en este instituto. Íbamos al patio a estirar las piernas durante el descanso, pero me ha soltado esto y aquí nos hemos quedado.
-Si siempre me has dicho que no podrías hacer esas cosas – le digo.
-Sí, bueno, yo también me sorprendí – contesta ella con un movimiento rápido de cabeza.
-¿Durante la fiesta?
-En un dormitorio, no sé de quién. No se lo digas a Shikamaru, por favor.
-Pero… ¿y no has vuelto a hablar con él?
-No sé ni cómo se llamaba -. Levanto las cejas, totalmente desconcertado, y añade – No sé, Sasuke, estuvo bailando conmigo, y lo hacía bien. Pensé que si sabía moverse así de bien…
-Vale, vale, no necesito saber más – contesto, levantando las manos, aunque sonrío por su comentario. Ella se ríe relajando la postura:
-Ahora voy a tener que cuidar el largo de mi falda, me aterra parecer una putilla.
Ante ese comentario me río, me río de verdad. No sé cuántas veces deben haber tachado de puta y otras cosas a Ino simplemente por su aspecto. Supongo que ser una chica alta, rubia y guapa despierta las envidias de cualquiera. Porque esos comentarios surgían de la más pura envidia, como la mayoría de los rumores acerca de su imparable vida sexual. Eran amasijos de mentiras que ahora se aproximarían levemente a la realidad. Aunque eso no la convierte en nada más allá de en una mujer libre que hace lo que quiere con su vida, llevando las riendas sin miedo al que dirán, con firmeza y ganas de devorar el mundo.
-Oye, ¿tu hermano de qué va? – me pregunta de golpe, y me doy cuenta de que llevo caminando a su lado cosa de un minuto.
-¿Cómo que de qué va?
-Me mira como embobado -. La miro por el rabillo del ojo para descubrir que hace exactamente lo mismo.
-Pregúntale a él – contesto.
-No me digas eso porque quiere decir que le gusto, como poco, y yo no estoy para nada serio ahora mismo. No sé para cuándo lo estaré.
-¿Intentarías algo con él si no le gustaras o qué?
-¿Entonces le gusto?
-Lo planteaba como supuesto.
-Uhm, no sé… - apoya la mano en la barandilla según bajamos las escaleras – Imagínate las posibilidades. Los dos hermanos Uchiha a mi disposición.
-Uff, cállate.
Estalla en carcajadas mientras acelero mis pasos, dejándola a mi espalda. No quiero ni pensar lo que ha insinuado, pero a más lo intento, más difícil se vuelve. El cerebro humano es incontrolable con estas cosas, llenándose de imágenes tan repulsivas para mí que procuro pensar, yo qué sé, en cachorritos, cachorritos de perro aprendiendo a caminar. Sí, eso está mejor.
Por suerte Sakura aparece subiendo las escaleras con Ten-ten. Van agarradas del brazo, ambas sonriendo, charlando como Ino y yo. Nos saludan al vernos, la de moños aprovechando para decirnos que hoy la asistencia al club es obligatoria. Mi mirada apenas se cruza con la de Sakura, y cuando lo hace, ambos la esquivamos. Ellas avanzan, Ten-ten todavía hablando, su voz bajando de volumen como las respuestas cortas de Ino.
Quiero decirle a Sakura que baje con nosotros al patio, una mera excusa para pasar más tiempo con ella. Estoy bien a su lado, dentro de sus extrañezas. Tiene una manera de generar, no sé si queriendo o sin querer, esos momentos que tanto busco, esos instantes de perfección simple en los que no existe nada más y a los que me aferro, guardándolos en la memoria casi con recelo.
Recuerdo ahora cuando estábamos en el pasillo durante la fiesta. Ella estiró las piernas, ambos sentados en el suelo, yo la imité un rato después. Nadie vino a buscarnos y los minutos eran nuestros. Se levantó para explicarme algo que le pasó en un parque de atracciones, sus gestos abarcando todo el espacio, como su voz, la trenza agitándose a su espalda. Luché contra los músculos de mi cara para no sonreír demasiado.
Cuando volvió a sentarse, lo hizo a mi lado y no frente a mí, pero también hizo algo más: pasó su pierna izquierda por mi derecha, apoyó la cabeza en mi hombro. Me sentí tan increíblemente bien como incómodo. No entiendo ni creo que jamás entienda esos abruptos acercamientos tan suyos, ni por qué los acepto sin problemas, ni los días de silencio y lejanía que los siguen.
Pero esa noche habló, hablamos, y mucho. Esa noche su cabeza descansaba en mi hombro, y yo acabé por apoyar la mía sobre la suya mientras hablábamos. El tacto suave de su pelo contra mi mejilla. Toda la tensión que cargaba mis hombros y los músculos de mi cuello.
-¿Qué te da miedo? – me preguntó de golpe.
-¿A qué viene esa pregunta?
-Bueno, sé cuál es tu sueño, ahora quiero saber qué temes.
La respuesta era la misma que hacía un mes y la misma que tengo hoy:
-A vivir una vida en la que los días pasen sin detalles que destacar. A no enamorarme de nuevo porque tengo miedo a enamorarme de nuevo. A perder a mi mejor amigo – suspiré sin poder evitarlo, también sin saber por qué le contaba todo aquello, cuándo se había formado esa atmósfera intimista que me llevaba a hablar de lo que nunca decía, y por eso quizás dije: – Me da miedo ver a mi ex.
-Lo de enamorarte y no enamorarte tiene que ver con tu ex, ¿verdad?
-Obvio, listilla, pero no hablemos de eso – se rió con suavidad, y antes de que pudiera preguntarle, empezó a contestar:
-Yo tengo miedo a morirme, ahora o dentro de cien años, pero sobre todo me da miedo que mi padre se muera. También me da miedo no cumplir mi sueño. Sé que no es nada fácil, nada realista, pero yo qué sé, al menos quiero dedicarme a la música. Me aterra estar encerrada en una oficina, y me aterra también repetir curso otra vez.
El timbre suena devolviéndome al ahora. Todavía estoy en la escalera, todavía charlan Ino y Ten-ten, Sakura interviniendo en ocasiones. Todavía quiero decirle que baje al patio conmigo a dar una vuelta, pero ya es tarde. Oigo los pasos de los alumnos que entran y suben en nuestra dirección.
Levanto la vista hacia ella. Desde que se hizo la herida en la rodilla viene con leotardos. Lo que no cambia es su pelo, esa eterna trenza, ese extraño color rosa; pero tampoco la mirada cargada de pensamientos, a veces un gesto triste en sus labios.
Entonces me mira. Nos miramos. Ajenos a la conversación, nos miramos, esta vez sin escabullirnos el uno del otro. Veo que separa los labios y su pecho se hincha como si fuera a decirme algo, pero decide callarse. Y yo recuerdo el peso de su pierna sobre la mía, de su cabeza sobre mi hombro, de su pelo en mi mejilla, de su beso en mi mejilla. Y quiero sentirlo todo de nuevo, cien mil veces de nuevo, repetir ese instante, quedarme a vivir ahí porque todo era… simple y fácil y natural y… bello. Un dibujo en mi bloc.
Una mano aparece en mi campo de visión de pronto, agitándose. El bucle en el que había caído se desvanece según giro la cabeza hacia Ino y sus ojos azules reconectándome al presente:
-¿Dónde estabas? – me pregunta, incluso preocupada.
-Sólo pensaba.
-No te pierdas en tu propia cabeza, Sasuke – contesta, y luego se pone en marcha. Camino a su lado, por supuesto, o me quedaría el resto del día aquí.
Comemos charlando, todos juntos, todos los que rellenamos las cuatro viejas paredes de este club absurdo. Algunos con comida de casa, como yo, otros la han subido desde el comedor. Se supone que no podemos hacerlo, pero un día es un día, y con dejar la bandeja y los platos allí más tarde…
Celebramos que por fin somos club oficial. Para mí no es una victoria tan grande, pero la alegría desbordante de Ten-ten es contagiosa. Somos un club de variedades compuesto por el mínimo de gente. No tenemos claros los objetivos ni exactamente lo que hacemos, de hecho, seguiremos haciendo lo de siempre, pero no importa. Está bien así. Ten-ten ha conseguido su objetivo y sabe, además, que lo legará a Sakura, que habrá servido para algo.
-Voy a sacar una foto – dice de pronto, los carrillos llenos de comida.
Apenas un minuto después ha colocado la cámara sobre una mesa, y también a nosotros para que salgamos encuadrados y sin taparnos los unos a los otros. Aprieta el disparador y corre hasta aquí, sentándose donde estaba y esbozando la más feliz de sus sonrisas.
Shikamaru retorna a su comida en cuanto ve que Ten-ten no piensa parar ahí. Se despreocupa completamente, enrollando los espaguetis en su tenedor, y decido imitarle tomando unos cuantos fideos con mis palillos.
-Vamos a salir estupendos – comenta sin levantar la vista.
-Al menos seremos los chicos más atractivos de este club.
-¿Qué clase de positivismo lamentable es ese?
Le observo. Me mira con una ceja levantada y debe ser de las pocas veces que le veo mostrar interés genuino, y también de las pocas veces que me fijo de verdad en algo de él. Resulta que tiene discreto pendiente en la oreja izquierda. No sé cómo no le han llamado la atención todavía, pero bueno, si toleran a una chica con el pelo rosa, supongo que no se van a volver locos por un disimulado pirsin.
-Te tenía por un tío más pesimista, Sasuke – añade, y no tengo claro si finge la decepción o no – Un tío con el que quejarme de la vida.
-Claro, porque llevamos una vida taaan dura – contesto.
-¿Crees que esto no es duro? Con lo bien que estoy en casa, en el sofá. O en la calle al sol.
-Oye, lo tuyo tiene nombre, ¿no? Quiero decir, lo que eres – le digo, y él se limita a levantar las cejas – Ya sabes, eso de ser un anciano en el cuerpo de un adolescente – resopla, pero continúo – Tienes que ser algún tipo de criatura mitológica.
-Un vampiro, soy un vampiro cansado de la inmortalidad.
-Más bien eres un genio cansado de tu propia genialidad – dice entonces Sakura – O de que nadie te entienda.
-Oh, por favor, no intentéis resolver los intrincados mecanismos de mi cerebro, se os derretirían las neuronas – contesta él, llevándose el dorso de la mano a la frente con exagerado dramatismo.
-Ahí donde le ves es un auténtico máquina en todo lo que tenga que ver con tecnología y mates y esas cosas – me explica Sakura, acercándose un tanto a mí – Ha ganado a saber cuántos concursos y cosas.
-Sí, sí, y un día de estos construiré un cohete yo solo que viajará a la velocidad de la luz. Y lo pilotaré yo también. Y ganaré un premio Darwin, o dos – pone los ojos en blanco y luego me mira, negando con la cabeza.
Está tan cansadísimo de todo que no puedo hacer más que reírme, más cuando veo a Sakura reaccionar ante su cansancio con más si cabe, como si fuera contagioso. Mientras tanto, Ten-ten e Ino parlotean, pero al oírme, me preguntan qué ha pasado. Estoy explicándoselo cuando, en medio de tantas frases, me doy cuenta de que formo parte de este club. Yo, que nunca he sabido a qué club entrar y que he dado tumbos de uno a otro sin sentirme jamás satisfecho, estoy aquí, ahora, en este club de todo y nada a la vez, y me siento parte del mismo, como si no hubiera otro mejor, o como si mi mera presencia importara.
A día de hoy me sigo preguntando si hice bien en cambiarme de instituto. Éste es uno de los motivos para compensar todo aquello que grita negativas.
Nota de la Autora:
BUENO dije que nos leeríamos el viernes con bastante probabilidad pero no era absoluta probabilidad así que aquí estamos, el martes xD VIVA LA UNIVERSIDAD Y TAL (aunque en realidad no fue por eso que no actualicé, es que fui a un concierto en otra ciudad y movidas).
En fin, para el capítulo anterior no recibí comentarios pero no pasa nada, sé que me léeis y apoyáis igualmente y no puedo dejar de recordar a G. Spica, RocioFri, Proxy57 y Hanny Bell que me han dejado comentarios desde el principio. Así que gracias, a todos, de corazón ^^
Espero que este capítulo os guste, y el anterior si no lo habéis leído, y nada, pues... creo que no tengo mucho más que decir.
Subiré capítulo al próximo martes, que empieza la temporada de exámenes para mi desgracia T_T
¡Un abrazo!
Misora
