Hello~!
Este capítulo demoró en llegar por que estoy enfocandome en terminar "Confusing Love" ya que está practicamente llegando al final, así que ni bien lo termine, comenzaré a actualizar mas seguido B.A.B (espero hahaha). Se suponía que este capítulo sería corto, pero como todos saben, no siempre todo sale como lo planeamos, pero como demoré mucho en actualizar, creo que les va a gustar tener un capítulo largo para leer. Como siempre muchisimas gracias por sus comentarios y visitas, espero que sigan amando este fic tanto como yo lo hago ❤️, disfruten su lectura! ^^
I'm focusing on finishing "Confusing Love" since it's coming to an end, that's why it took me so long to update, but once I finish it, I'll try to update B.A.B more frequently (I hope so hahah). This chapter was supposed to be short but as we know, even if we plan something there's no guarantee that is going to come out as planned, but since I made you wait I think you'll like to have a longer chapter to read. As always thank you so much for your reviews&views, I hope you keep liking this fic as much as I do ❤️, enjoy your reading! ^^
Disclaimer: Inazuma Eleven/GO no me pertenece.
Kazemaru POV
Desde pequeño siempre me había gustado correr, sentir el viento acariciando mi rostro y despeinando mi cabello, pero lo que más me gustaba e intrigaba era saber hasta dónde mis piernas serían capaces de llevarme. Es por eso que pese a que corriera sin parar, intentando llevar el balón hacia el arco contrario, sin obtener resultados, no me sentía frustrado o impaciente, al contrario, lo estaba disfrutando. No tenía intenciones de marcar un gol, sabía que no estaba a la mitad de un partido, de ser así mis demás compañeros estarían corriendo a mi lado, pero me encontraba solo, corriendo en un campo interminable, un campo que solo podía existir en mis sueños.
No sabría decir cuánto tiempo había pasado desde que había empezado a correr, ya que ni siquiera recordaba cómo había llegado al campo, pero desearía que este fuera mi último sueño de la noche y el más duradero. Uno de mis deseos estaba a punto de cumplirse. De pronto sentí como alguien me jalaba del hombro, haciéndome caer al suelo. Miré hacia ambos lados pero no vi a nadie, estaba completamente solo. Antes de que pudiera levantarme, sentí nuevamente como me jalaban por la camiseta, pero esta vez quien fuera que lo hubiera hecho no me soltó, al contrario, comenzó a arrastrarme hacia atrás. Miré hacia atrás de inmediato, buscando saber de quien se trataba, pero no vi a nadie, la tela de mi camiseta flotaba en el aire, como si un ser invisible la estuviera sosteniendo.
Di un pequeño salto en la cama, asustado. No quise abrir los ojos hasta estar seguro de que estaba de regreso en mi cuarto. Al sentir las sábanas y la suavidad de mi almohada, relajé mi cuerpo. Sin embargo, antes de poder suspirar aliviado, sentí una mano en mi hombro, la cual me sacudió un par de veces. Abrí los ojos apenas sentí su toque. Pese al susto aún estaba medio dormido, no lograba ver bien y la poca luz que entraba por la persiana apenas me permitía tener una idea de donde estaban los muebles. Lo primero que llamó mi atención fue una silueta pequeña al borde de mi cama, admito que demoré unos segundos en descubrir su identidad, ¿pero quién no lo haría después de haber despertado de forma tan repentina?
—¿Kirino…? —pregunté en un susurro ronco, sintiendo la garganta seca. Su mano dejó mi hombro y apoyó ambos brazos sobre el colchón, acercando su rostro al mío.
—¿Me enseñas a jugar fútbol? —A diferencia de mi sonaba bastante despierto. Sentía como mis ojos volvía a cerrarse y un mechón de cabello caía sobre mi rostro. Segundos después sentí como su mano recogía mi cabello y apretaba una de mis mejillas—. Kazemaru, despierta, quiero que me enseñes a jugar fútbol. —Comenzó a apretar mi mejilla hasta que entreabrí los ojos para verlo, sin embargo no me soltó.
—Está bien, te enseñaré… —Antes de que pudiera cerrar los ojos, apretó mi mejilla con fuerza una vez más.
—¡No te duermas! —Su pellizcón dolió y pude imaginar su puchero en las sombras. Un poco molesto, ya que quería seguir durmiendo, aparté su mano con la mía.
—Está bien, está bien. —Me enderecé en la cama y estiré mi brazo para agarrar mi celular, toque la pantalla para encenderla y luego de recibir un flash de luz en los ojos, me fijé qué hora era. Eran las seis de la mañana. La pantalla se apagó y volteé a ver a Kirino. Al darse cuenta que lo estaba mirando, se alejó un poco de la cama y comenzó a saltar en el lugar.
—¡Vamos, vamos, vamos! —Mi cuerpo se sentía pesado, lo único que quería era seguir durmiendo así que cuando sentí que comenzaba a caer hacia atrás no hice nada para impedirlo.
—Aún es temprano… —Me acomodé boca abajo y abracé mi almohada— Mas… tarde…va… va… mos.
Lo escuché refunfuñar antes de salir del cuarto dando fuertes pisotones, no cerró la puerta al salir pero no me molestó, lo único que quería era dormir un poco más y eso fue lo que hice. Desperté casi tres horas después, aunque de no ser por las ganas de ir al baño y el hambre que sentí después me habría quedado durmiendo un par de horas más. Bajé en pijamas a la sala, la televisión estaba encendida en uno de los canales que le gustaba a Kirino. Me incliné sobre el sofá para saludarlo, estaba envuelto en una mantita celeste, la cual usó para cubrir su cabeza al escuchar mi voz. No entendí la razón de su reacción hasta que me dirigí a la mesa y tomé asiento en mi lugar.
—Está enojado porque no le enseñaste a jugar. —Mamá colocó un plato frente a mí. La miré asustado, no quería que me malinterpretara, pero al ver su sonrisa supe que no lo decía por mal—. Intenté explicarle que era muy temprano, pero es demasiado terco para entender.
—¡No soy terco! —Ambos dirigimos la mirada al sofá. Su mantita aún lo cubría de pies a cabeza, pero había hecho un agujero para que pudiéramos ver su rostro, el cual se veía aún más redondo al ser contoneado por la manta.
—Si lo eres —respondió mamá, usando un tono serio, aunque ambos sabíamos que lo hacía en broma.
—¡No! —Sus cachetes se inflaron y comenzaron a ponerse rojos.
—¿Acaso sabes qué significa ser terco como para asegurar que no lo eres? —Terminó de colocar un par de frutas y galletas en la mesa, de las cuales comencé a servirme.
—¡Si sé, es ser como papá, yo no soy como papá! —Estaba tomando un trago de jugo cuando respondió, así que tuve que esforzarme para no escupirlo. Como mamá tenía más libertad, estalló en risas mientras tomaba asiento frente a mí.
—Bueno bueno, si no eres como papá, ven a hacerle compañía a tu hermano mientras desayuna. —Hacía un esfuerzo para no reír mientras se secaba unas lágrimas de los ojos. Decidí no beber más hasta estar seguro que las ganas de reír no volverían, así que comencé a comer una tostada.
A Kirino no le agradó la reacción de mamá, seguramente pensó que se estaba riendo de él y no de lo que había dicho, así que nos dio la espalda y continuó mirando sus dibujos. No voy a mentir, me dejó un poco triste que no me acompañara a desayunar, pero si estaba enojado conmigo, no podía forzarlo a acompañarme.
—«Un momento…. ¿por qué está enojado?» —Intenté recordar algo, cualquier cosa que pudiera haber pasado estos días que lo podría haber ofendido, pero no se me ocurrió nada, hasta que recordé las palabras de mamá—. «¿No le enseñé a jugar fútbol? ¿Me pidió que lo hiciera? ¿Cuándo? »
—Ichi, ¿estás bien? —Estaba tan concentrado que demoré unos segundos en encontrar su mirada, al ver lo preocupada que se veía me di cuenta que tenía la mitad de una tostada en mi boca, la cual estaba mordiendo hacía ya un buen rato. Terminé de morderla y tomé un trago de jugo para ayudarme a tragar antes de responderle.
—¿Kirino dijo que está enojado porque no le enseñé a jugar al fútbol? —Sonrió dulcemente recordando la situación.
—Se despertó temprano esta mañana y fue a tu cuarto a buscarte para que salieran a jugar, pero estabas tan cansado que te quedaste dormido —Eso explicaba por qué no lo recordaba—. Fue el primero en levantarse. Cuando bajé vi la televisión encendida y pensé que habíamos olvidado apagarla anoche, pero cuando me acerqué al sofá vi a Ran acurrucado y entonces que me contó lo que había pasado. —Sentí una puntada en el estómago, mientras dormía plácidamente en mi cama, Kirino esperaba desde temprano a que me despertara para que saliéramos a jugar.
Dejé mi lugar en la mesa y me acerqué al sofá, al escuchar que me acercaba cubrió su rostro con la manta y me dio la espalda. Me arrodillé frente a él y coloqué mi mano sobre su cabeza.
—Kirino ¿podemos hablar? —Se mantuvo quieto unos segundos hasta que asintió, pero sin destaparse. Deslicé mi mano por la manta hasta detenerla al sentir sus puños, los cuales sujetaban la tela con fuerza—. ¿Puedo verte? —Una vez más se tomó un tiempo para pensarlo hasta que comenzó a abrir un espacio entre la manta para que pudiera verlo—. Perdón, no quería quedarme dormido, estaba cansado por el entrenamiento de ayer, pero si aún quieres que te enseñe a jugar, podemos ir a uno de los lugares donde solemos practicar con el equipo. —Sus ojos se iluminaron al oír mis últimas palabras y asintió alegremente.
Escuché reír a mamá mientras levantaba la mesa. Kirino saltó por sobre el reposabrazos y corrió a la cocina a abrazar a mamá por detrás, sorprendiéndola.
—¿Podemos invitar a Takuto? —Me acerqué a ellos para ver mejor la escena. La miraba con los típicos ojitos de cachorrito mientras jalaba levemente su delantal. Mamá se llevó una mano a la barbilla y comenzó a acariciarla, fingiendo analizar la pregunta del pequeño, hasta que finalmente sonrió.
—Claro que si, en cuanto termine de lavar los platos llamaré a su casa para ver si pueden traerlo.
Kirino comenzó a dar pequeños saltos en el lugar antes de comenzar a correr por la casa. Intenté decirle a mamá que no me molestaba lavar los platos, ya que al fin y al cabo había sido yo quien los había ensuciado, pero antes de poder terminar mi frase, Kirino me tomó de la mano y comenzó a jalarme en dirección a las escaleras. Mamá nos sonrió y agregó que sería mejor que comenzara a vestirme, así no perderíamos más tiempo.
Sin protestar, dejé que Kirino me llevara a mi cuarto. Al entrar corrió a mi armario y comenzó a revisar mi ropa, buscando la más adecuada para ir a jugar. Luego de haberme bañado y cambiado de ropa, busqué mi mochila y guardé mi balón antes de bajar a la sala acompañado por Kirino. Mamá aún no había llamado a la casa de Shindou para invitarlo a jugar con nosotros, en cambio había aprovechado su tiempo para preparar unos bocadillos, ya que no sabía si volveríamos antes del almuerzo. Mientras guardaba los bocadillos y unas botellas con jugo en mi mochila, mamá cogió el teléfono para hacer la tan esperada llamada.
Kirino la miraba con suma atención y una expresión de seriedad que terminó contagiándome, estaba tan concentrado que cuando escuchó a mamá saludar a la persona del otro lado del teléfono, dio un pequeño salto en el lugar. La tensión tomó cuenta de su rostro hasta el último momento, cuando mamá finalmente sonrió e hizo una señal con el dedo, dándonos a entender que el pedido de Kirino había sido aceptado. Su preocupación me causó gracia, era poco probable que no lo dejaran salir a jugar con nosotros, a no ser claro que el pequeño Shindou estuviera enfermo, pero aun así estaba seguro que Kirino haría de todo para que lo llevaran a visitarlo. A juzgar por el tono alegre y el entusiasmo en su voz, supuse que quien había atendido la llamada era la mamá de Shindou.
Intercambiamos miradas con Kirino antes de que el pequeño me sonriera y corriera a sentarse en el sofá, como sabía que la charla iba a demorar, recogí mi mochila y caminé hacia el sofá, sentándome a su lado. Un par de risas después, escuchamos como mamá colgaba el teléfono, Kirino tomó el control remoto y apagó la televisión antes de bajarse del sofá y correr hacia algún lugar que no pude ver, ya que mamá se sentó a mi lado y acaricio mi rostro con ambas manos, apartando el cabello que caía sobre uno de mis ojos para verme mejor.
—El chofer los pasará a buscar dentro de un rato y los llevará a la cancha, asegúrate de darle bien la dirección.
—Lo haré.
Kirino estaba tan emocionado que en lugar de esperar a Shindou dentro de casa, bajo el aire acondicionado, lo hicimos en el jardín del frente. Lo observaba correr de un lado a otro, con los brazos estirados a ambos lados del cuerpo, imitando un avión. Varias veces intenté convencerlo a sentarse a mi lado en los escalones, diciéndole que si continuaba corriendo se cansaría demasiado rápido y no tendría energía para jugar, pero hizo oídos sordos a mis palabras, hasta me dio la impresión que comenzó a correr más rápido. Unos minutos después, un auto negro se detuvo frente al portón, Kirino corrió hacia él mientras yo me levantaba para asomarme en el corredor y avisarle a mamá que Shindou había llegado.
Mientras me acercaba para abrir el portón, la puerta trasera del auto se abrió y un señor se bajó, haciendo una reverencia y dejándonos ver a Shindou, quien nos esperaba dentro del vehículo. El viaje fue corto, el campo de fútbol a la orilla del río estaba cerca de casa, así que no demoramos mucho en llegar.
—Aquí es donde entrenamos con el equipo. —Observábamos el campo desde lo alto, no había nadie jugando o entrenando, lo cual me alegró, sería más fácil enseñarles al tener todo el campo para nosotros.
A diferencia de Shindou, quien se mantuvo a mi lado, Kirino bajó las escaleras corriendo, haciéndome correr detrás de él, gritándole que tuviera cuidado o podría caerse. Shindou me acompañó hasta uno de los bancos sobre el cual coloqué mi mochila y retiré mi balón mientras Kirino jugaba con las redes del arco. Era la primera vez que salía con él a solas y empezaba a dudar si sería capaz de controlarlo, ya que el día de hoy desbordaba de energía, por suerte se acercó a mi cuando lo llamé.
—Muy bien, antes de empezar a jugar es importante que hagan un par de estiramientos, o sino podrían lastimarse. —Ambos se pararon frente a mí y comenzaron a copiar mis movimientos, estirando sus piernas y brazos. Lo hacían con tanta seriedad que no pude evitar sonreír, se veían adorables.
Una vez terminados los estiramientos, coloqué la pelota en el medio del campo para que ambos, cada uno a su vez, practicaran correr con ella. Kirino fue el primero en intentarlo, no me sorprendió, rebozaba de energía y algo me dijo que si Shindou me hubiera pedido para ser el primero, habría cambiado de opinión luego de que Kirino le rogara que lo dejara hacerlo. Le costó mantener la pelota al principio, pero luego de unos intentos comenzó a dominarla, aunque una que otra vez se le escapaba, pero eso no lo hacía desistir, al contrario, la traía hasta nosotros y comenzaba a correr de nuevo, con más determinación que la vez anterior.
Pese a que no hablara, podía ver en su rostro cuanto ansiaba jugar. Sus ojos cafés seguían la pelota a donde sea que fuera, estuviese frente a los pies de Kirino o yendo en dirección al rio. Aunque lo que más me gustaba ver era como fruncía el ceño molesto cuando Kirino perdía la pelota, como si pensara que si él estuviera a su lado, podría recuperarla y pasársela para que la llevaran juntos hasta el gol. Me agaché a su lado pero no fui capaz de captar su atención, estaba demasiado concentrado en su amigo. Cuando la pelota rodó hacía sus pies, levantó la mirada hacia mí, gesto el cual respondí con una sonrisa e inclinando mi cabeza en dirección a Kirino por un breve momento. Cuando este se acercó a nosotros, Shindou tomó la pelota en sus manos y preguntó tímidamente.
—Ran, ¿puedo intentarlo? —Kirino lo miró confundido unos segundos antes de sonreír y asentir. No tuve tiempo de enderezarme para mostrarle a Shindou como debería llevar la pelota, ya que Kirino lo tomó de la mano y lo llevó hasta el centro del campo, colocando la pelota frente a sus pies antes de empezar a explicarle como él había logrado aprender a llevarla.
—Al principio es difícil, pero después te acostumbras. —Colocó sus manos sobre los cachetes de Shindou y los apretó suavemente—. Vas a perder la pelota muchas veces, pero es normal así que no llores —Shindou asintió.
Kirino sonrió antes de soltar sus cachetes y colocarse a su lado, luego le dio la señal a Shindou para que empezara a correr. Al igual que Kirino le costó un poco lograr que la pelota se mantuviera frente a él al principio, pero lo que más me gustó de verlo practicar fue ver como Kirino, quien al principio lo observaba desde su lugar en el medio del campo, comenzó a correr a su lado mientras le dedicaba palabras de aliento y consejos para lograr dominar la pelota. Cada vez que el balón se le escapaba, Kirino corría detrás de el para detenerlo e intentaba devolverse a Shindou desde el lugar en el que se encontraba. Sin darse cuenta ya había comenzado con nuestra segunda lección, aprender a hacer pases. A veces no pateaba con la fuerza suficiente para hacerle llegar el balón a Shindou y otras lo hacía demasiado fuerte, haciendo con que el pequeño tuviera que correr a buscarlo. Kirino parecía ser una persona ocho u ochenta, o hacían algo muy simple o muy exagerado, no había un intermedio.
Disfrutaba verlos jugar, se veían tan felices corriendo de un lado a otro, acompañándose y apoyándose, era como si estuvieran en su propio mundo, aunque me sentí un poco dejado de lado, también quería hacer parte de su mundo y correr con ellos. Estaba tan sumiso en mis pensamientos que solo noté que alguien se había sentado a mi lado cuando colocó su mano en mi hombro, haciendo que me sobresaltara.
—Un poco más y se te caerá la baba —acompañó sus palabras con su característica sonrisa— ¿Quieres que te muestre que cara estabas haciendo? —Antes de que pudiera responder, su expresión cambió y puso la típica cara boba que ponen los padres al mirar a sus hijos llenos de orgullo. Sentí como mis mejillas se calentaban así que aparté la mirada de inmediato.
—N-no e-estaba haciendo esa cara.
—Claro que lo estabas. —Golpeó mi brazo con su codo, haciendo que me moviera un poco y me sintiera aún más avergonzado—. ¿Les estas enseñando a jugar? —Alcé la mirada hacia los pequeños, quienes estaban uno frente al otro, pasándose la pelota.
—Kirino me despertó temprano pidiéndome que le enseñara. —Volteé a mirarlo, tenía la mirada fija en los pequeños—. ¿Y tú qué haces aquí? ¿Viniste a entrenar? —No estaba usando el uniforme de gimnasia, pero no me sorprendería verlo entrenar con ropas casuales, después de todo se trata nada más y nada menos que de Endou.
—Esta vez no, mi mamá me pidió que comprara algo para el almuerzo, iba de camino a la tienda cuando los vi. —Volteó a verme—. ¿Quién es el otro pequeño?
—Es Shindou, un amigo de Kirino, fue a vernos a nuestro primer partido del campeonato. —Hizo una mueca pensativa, intentando recordar a Shindou—. No lo intentes, ya se habían ido cuando salimos del estadio, pero puedo presentártelo ahora.
Le hice una señal a los pequeños para que se acercaran, Kirino tomó la pelota y se acercó corriendo, mientras que Shindou lo siguió a un trote más tranquilo. Al detenerse frente a nosotros, Shindou se acercó a Kirino, escondiéndose un poco detrás de él.
—Shindou, este es Endou, un amigo y capitán del equipo de Raimon. —Me miró por unos segundos antes de dar un paso a un lado y hacer una reverencia corta y rápida, para después volver a esconderse detrás de su amigo. Volteé a ver a Endou, observaba a Shindou con una sonrisa dudosa en su rostro—. No te dejes engañar, parece tímido pero puede ser más travieso que Kirino.
Endou miró sorprendido a Shindou, mientras que el pequeño comenzó a mover la cabeza en negación intentando convencerlo de que lo que había dicho no era cierto, por nuestra parte, Kirino y yo simplemente reímos ante la escena.
—Bueno, veo que dominan la pelota y saben hacer pases, ¿qué les parece si hacemos algo más divertido? ¿Ya intentaron quitarle la pelota a Kazemaru? —Ambos negaron con la cabeza. Endou se levantó y limpió la parte trasera de sus shorts—. Entonces se los voy a enseñar. —Me extendió la mano y cuando la tomé, me jaló hacia arriba.
Me llevó hasta el centro del campo y colocó la pelota frente a mí.
—Muy bien, lo único que tienen que hacer es quitársela, como es su primer intento Kazemaru no va a moverse, así que no se preocupen. ¿Quién quiere ir primero?
Kirino levantó la mano a la velocidad de la luz. Endou le sonrió y le indicó que se acercara. Corrió en mi dirección, al llegar frente a la pelota, la pateó hacia un costado y luego corrió tras ella. Volteé para ver hasta donde pretendía ir, pero no había ido muy lejos y ya comenzaba a regresar a donde estaba. Al retomar mi posición, vi como Endou se agachaba al lado de Shindou para decirle algo.
—Ahora es tu turno, intenta hacer lo mismo que hizo Kirino, quítale la pelota y llévatela hacia otro lado, ¿entendido? —Sonrió mientras que Shindou asintió tímidamente.
Shindou se acercó a mí, pateó la pelota en una dirección opuesta a la de Kirino y comenzó a correr tras ella. Ambos practicaron sus movimientos hasta que Endou propuso que lo hicieran en movimiento. Como jugaba con niños pequeños, apenas corrí, dándoles la oportunidad de alcanzarme y quitarme la pelota. Les costó un poco más que dominarla, pero aun así ambos lograron superar el reto. El siguiente fue un poco más difícil: interceptar pases. Ambos tendrían que intentar robarnos la pelota a Endou y a mí mientras intercambiábamos pases. De todos ese había sido mi ejercicio favorito, fue el que rindió más risas y pucheros. Decidimos hacer una pausa para descansar y al ver que casi era hora del almuerzo, nos sentamos bajo la sombra para comer los bocadillos que nos había preparado mamá.
—Si supiera que nos íbamos a encontrar, habría traído otra botella, pero podemos compartirla. —Tomé mi botella de agua y se la alcancé a Endou.
—No te preocupes. —La abrió y bebió unos tragos—. La próxima vez me toca a mí traer la comida. —Sonrió.
El ejercicio nos abrió el apetito y en un piscar de ojos, lo único que restaba de los deliciosos sándwiches olímpicos eran algunas migajas. Kirino y Shindou, llenos a más no poder, se recostaron sobre el césped mientras sobaban sus barrigas hasta quedarse dormidos.
—¿Crees que seguirán jugando cuando crezcan? —Volteé a mirarlo y al ver que tenía la mirada fija en los pequeños, hice lo mismo.
—Kirino está bastante emocionado y aunque no lo diga, sé que Shindou también se divirtió. No me sorprendería que siguieran jugando.
—Quizá sean la futura generación de Raimon. —Dejé escapar una risa. Endou volteó a verme e hice lo mismo—. ¿Por qué te ríes?
—¿Próxima generación? ¿No crees que estas exagerando un poco?
—Claro que no, además, así como nosotros estamos siguiendo los pasos del legendario equipo de Raimon, un día la siguiente generación seguirá los nuestros. —Me miraba serio y decidido. Tenía razón, pero para que eso sucediera, primero deberíamos continuar esforzándonos para demostrar cuán fuerte es nuestro equipo y también está el hecho de que Kirino y Shindou deberían estudiar en Raimon, aunque con lo cercanos que son no me sorprendería que decidieran estudiar en la misma escuela.
—«Me gustaría que Kirino se uniera al equipo» —Sonreí. Endou continuaba mirándome serio así que tomé su bandana naranja con ambas manos y la jalé hacia abajo, cubriendo sus ojos y tomándolo por sorpresa—. Muy bien, entonces dime, ¿en cuál posición crees que jugaría cada uno? —Peinó su cabello y colocó su cinta en su lugar antes de mirarme pensativo, miró por unos instantes a los pequeños y sonrió antes de volver a mirarme.
—Kirino podría ser un defensa como tú y quien sabe, Shindou podría volverse el capitán, al igual que yo. —Sonrió de oreja a oreja. Le devolví la sonrisa, su respuesta era tan obvia que me sentí un poco tonta al no predecirla.
—Bueno, solo nos queda esperar unos años y ver si tu profecía se cumple.
Comenzamos a charlar sobre el equipo, el nuevo entrenamiento, nuestro siguiente partido y el pequeño entrenamiento de esa mañana con los pequeños, quienes dormían plácidamente. Había perdido la noción del tiempo hasta que recordé algo que me dejó un poco preocupado.
—Endou ¿no tenías que hacer algo? —Su sonrisa se desdibujó, frunció el ceño confundido hasta que se llevó una mano a la frente, acompañada de una expresión de espanto.
—¡MI MAMÁ! —Di un salto en el lugar cuando gritó y cubrí su boca con mis manos. Asustados, miramos a los pequeños, los cuales por suerte seguían durmiendo. Ambos suspiramos aliviados. Retiré mis manos de su rostro e hizo un gesto de disculpas antes de hablar, ahora en voz baja—. Olvidé que tenía que ir a comprar unas cosas para mi mamá.
—¿No tenías que comprar algo para el almuerzo? – Asintió. Tomé mi celular y miré la hora – Bueno, estas un poco atrasado, pero cuanto antes vuelvas, menor será el castigo – Lo miré apenado, después de todo era mi culpa que se hubiera desviado de su camino. Para mi sorpresa, me miraba con la misma cara de cachorrito que Kirino solía hacer.
—Pero… pero… aún no practicamos los goles.
—Lo podemos hacer otro día, es mejor que regreses o de lo contrario no tendremos capitán en nuestro próximo partido. —Suspiró derrotado.
—Está bien, esperaré. —Alzó la mirada sonriendo, se acercó a mí y besó mi mejilla—. Nos vemos.
Lo único que pude hacer fue seguirlo con la mirada mientras subía corriendo por el césped, deteniéndose en lo alto para despedirse una vez más antes de irse corriendo. Fijé la mirada al frente y me llevé una mano a la mejilla.
—«¿Por qué hizo eso?» —Endou, a pesar de su naturaleza alegre e inocente, no solía despedirse de esa manera, al menos no conmigo, era la primera vez que se despedía con un beso. En medio a mi confusión, vi una manito moverse de un lado a otro frente a mí, era Kirino, quien intentaba llamar mi atención.
—¿Estás bien?
—¿Eh? Ah si, si. —Retiré la mano de mi rostro y recorrí el lugar con la mirada, detrás de Kirino, Shindou frotaba sus ojos con ambas manos mientras se despertaba—. ¿Durmieron bien? —Kirino asintió antes de buscar algo con la mirada.
—¿Dónde está Endou?
—Tenía algo que hacer así que regresó antes a casa. –Su rostro se entristeció un poco ante la noticia–. ¿Qué les parece si vamos a tomar un helado antes de volver a casa?
Shindou me miró con los ojos bien abiertos, como si se hubiera despertado hacía horas, mientras que Kirino sonrió de oreja a oreja. Mientras ambos se ponían de pie y limpiaban sus ropas, guardé el recipiente de mamá, nuestras botellas y mi balón en la mochila. Luego los tres subimos las escaleras para emprender camino a una heladería que estaba a unas pocas cuadras del campo de fútbol. Estábamos a unos pasos de distancia cuando Kirino reconoció el gran freezer y comenzó a correr en su dirección, dejándonos a Shindou y a mí para atrás. Como no era alto lo suficiente como para poder ver los helados que estaban dentro, se subió a una pequeña silla que estaba a un lado de la máquina y comenzó a escoger entre la variedad de helados. Shindou esperaba su turno para subirse a la silla y poder escoger, pero se me ocurrió una idea mejor, me agaché a su lado, captando su atención y estiré mis brazos frente a él. Los observó por un instante antes de sonreír y acercarse a mí, permitiéndome tomarlo en brazos. Una vez en mi upa, ambos empezamos a elegir nuestros sabores.
