Capítulo 8: A través del espejo de humo

El resto del camino fue sumamente silencioso, ya que no sólo la joven de ojos verdes guardaba un extraño mutismo sino que InuYasha; quien caminaba al lado de Kagome, también lo estaba aunque contestaba a base de monosílabos las preguntas que le dirigían.

Por su parte Miroku trataba de recordar aquella historia contada por el maestro Mushin, sobre todo aquello referente al espejo de humo "Si no me equivoco eso del espejo de humo tenía varios usos, no sólo ese que dijo Izel-sama, pero no logro recordar claramente que otras cosas eran…era algo así como hacerte sentir lo que otro como una forma de venganza o incluso arruinarte la existencia con sólo pasar aquel aro formado de un espeso humo… ¿Pero sería Izel capaz de hacer algo así?.

El sentir la mano de Sango asiendo su brazo lo sacó de sus cavilaciones, volvió a mirar a la taijiya descubriendo que en los ojos de Sango se dibujaba la misma preocupación que el tenía.

-Houshi-sama ¿Usted cree que InuYasha acceda a la petición de Izel? –miró como el monje exhalaba fuertemente un tanto decepcionado.

-Tu lo conoces Sango, el es tan terco- observó de reojo al callado hanyou- Pero creo que lo está pensando seriamente. Debemos tomar en cuenta que él tiende a esconder sus sentimientos y eso de conocer el deseo más profundo de tu corazón tiene que serle sumamente intrigante, tanto o más que a nosotros que seremos simples espectadores.

Al anochecer llegaron a las cercanías del lago, buscando un lugar cerca de los árboles para descansar, cenaron tranquilamente. Izel miró el reloj que llevaba en su muñeca y seriamente miró al hanyou.

-Bueno InuYasha ¿Aceptarás pasar por el espejo o no? –los ojos verdes brillaban retadores mientras sacaba el espejo de su bien asegurado estuche- ¿O es qué acaso te falta valor? –y una malévola sonrisa iluminó el rostro de Izel.

-Vaya, bestia parece que están dudando de tu valor- apoyó Kouga lo dicho por la joven –Si tu no te atreves yo sí lo haré –y se puso de pie con intenciones de dar veracidad a sus palabras.

InuYasha se levantó y caminó hasta donde se encontraba Izel, cruzando los brazos sobre su pecho decidió aceptar aquél extraño reto que le imponía la joven. El era hijo de un gran demonio no tenía razón para temerle a nada que hiciera esa pequeña humana.

.-¡Feh, cállate estúpido lobo! – Miró a Izel que se había puesto ya de pie, estando casi a la misma altura- ¿Qué tengo que hacer?

-Sólo seguir mis instrucciones cuando tenga todo preparado –una extraña expresión de felicidad adornaba el rostro de la muchacha mientras sacaba un frasco de su pequeño bolso.

Con el espejo y el frasco en las manos, Izel de dirigió a la fogata y tomando toda la leña que habían recolectado para usarla en la noche la tiró en la misma para luego dejar caer el espejo en ella ante el asombro de todos. La miraron caminar lentamente, como si contara los pasos que daba para alejarse de la fogata y luego abrir el frasco que aún conservaba en su mano e ir formando, conforme avanzaba, un circulo alrededor de la misma. Cuando terminó se acercó al fuego y dejó caer el resto del contenido del frasco.

Miroku observaba a la joven y cada uno de los movimientos, descubriendo que aquello que la joven había usado para formar el círculo no era más que incienso…un poco más perfumado tal vez, pero no presagiaba nada malo. Se acercó más al grupo que conformaban los demás y continúo mirando detenidamente.

Izel sacó un par de tenazas del bolso y con cuidado sacó el espejo, que por efectos del calor relucía a la luz de las llamas. Lo colocó en el suelo frente al fuego y dejó caer agua sobre el mismo. En ese mismo instante el incienso del círculo ardió y como movido por el viento se levantó hacia el cielo formando al otro lado de la fogata, un poco alejado de ésta, el espejo de humo.

-Ahora, pasa a través de él, InuYasha –dijo señalando el espejo de humo- Sólo debes de dejar salir a flote aquello que guardas tan celosamente en tu corazón y podrás ver el deseo más profundo que tienes.

El hanyou caminó decididamente hacia el círculo de humo, lo observó, pareciéndole tan sólido que no podía ser atravesado. Se detuvo y miró a Izel.

-Nadie verá lo que yo vea ahí ¿ne? –tratando de escrutar los ojos de la joven –Ni siquiera tú, nadie sabrá lo que yo vea ahí, me lo juras por lo que tú más quieras.

Kagome y compañía vieron como Izel se levantó y llevó su mano derecha hasta su corazón mientras que la izquierda la mantenía a su espalda.

-Te lo juro InuYasha por la sagrada memoria de mi abuelo, que descansa en paz –inclinó su cabeza- Te aseguró que nadie sabrá lo que pasa ahí dentro, si te advierto que escucharás mi voz pues después de todo debo dirigirte a la salida.

InuYasha sonrío satisfecho con aquella respuesta y lentamente se introdujo en aquel extraño círculo, ante la expectación de los demás que miraban como desaparecía. Era como si entrara a una habitación que ellos no podían ver.

Izel había vuelto a sentarse en la hierba frente al Tamashii no Kagami, observándolo detenidamente, cuando escuchó la voz de Shippou a su espalda.

-Izel ¿por qué cuando le jurabas a InuYasha por la memoria de tu abuelo tenías los dedos de tu mano izquierda cruzados a tu espalda? –La voz del zorrito sonaba preocupada.

-¡Etto!... Pues porque mi abuelo está vivo, y la última vez que lo vi fue cuando me dejó en el aeropuerto –contesto Izel mirándoles con una pícara mirada- Así que espero que este descansando… pero de la nieta que lo vuelve loco diariamente…

-O sea ¿qué usted puede ver lo que verá InuYasha? –Preguntó sumamente interesado Miroku- Entonces podrá contarnos qué es su deseo más profundo.

-Monje pervertido, ¿cómo quiere usted enterarse de semejante cosa? – Reclamó Sango mientras golpeaba la cabeza del monje- Creo que Izel dijo que nadie sabría lo que el vería.

Kagome miró a Izel, sus ojos demostraban el temor que le daba el hecho de que el medio demonio que ella amaba estuviera en un lugar totalmente desconocido.

-Tranquila Kagome –sonrió Izel mirando a la pelinegra- No tienes que temer, no le pasará nada y nadie tampoco sabrá lo que él vera. Ahora por favor déjenme concentrarme – y diciendo esto su mirada se fijó en la limpia superficie pulida del Tamashii no Kagami.

Kagome al mirar aquel movimiento de la joven se acercó a Sango, en busca de la tranquilizadora presencia de la exterminadora, mientras que Miroku, los ookamis, Shippou y Kirara miraban atentamente el resplandeciente círculo de humo que se alzaba a cerca de quince metros frente a ellos, tratando de dilucidar que podía suceder dentro de él.

Mientras InuYasha analizaba el sitio en el que se encontraba, distinto a aquella espesa pared de oloroso humo que penetró para llegar a ese lugar, relucía como si los tibios rayos del sol lo alumbraran y en su corazón sentía una extraña calidez, aquella que apreciaba cuando Kagome lo miraba y le sonreía de aquella forma que había notado tenía únicamente para él. De un momento a otro, en la calma reinante, escuchó la suave voz de Izel.

-Ahora deja salir todos aquellos sentimientos que guardas en tu corazón, InuYasha –sus orejas temblaron visiblemente, ya que también escondía muchos temores y si esos salían sería toda una pesadilla- No te preocupes por tus miedos y frustraciones, mientras el ambiente en el que te encuentres no cambie, ellos no saldrán a flote- continuó la voz de la joven –Tranquilo, sólo deja salir todo el amor que escondes dentro, mientras más pienses en ello más agradable será el lugar en el que estás.

Fuera cuestión de aquellas palabras o de la magia que encerraba el Tamashii no Kagami una suave brisa empezó a correr, y un perfume harto conocido le llegó a sus narices. El tranquilo sonido de las risas de unos niños jugando puso en alerta sus orejas, y con precaución se dirigió al sitio de donde provenían ambas.

-Ríndete a tu sentimiento InuYasha y observa el deseo más profundo de tu corazón –parecía susurrar la voz de la sacerdotisa de ojos verdes en sus orejas- Ese que el verdadero amor hace que fluya de ti –una sonrisa iluminó el rostro del hanyou- Ahora ya no escucharás más mi voz hasta que salgas de aquí- y nuevamente sólo escuchó las risas de los niños.

Adelantó sus pasos hasta un paraje conocido para él, pues ciertamente parecía las afueras de la aldea de Kaede; el sitio aquél donde acostumbraban sentarse a comer la comida que Kagome o su madre preparaban en la otra época.

Su aguda vista recorrió el lugar, notando algunos cambios como un pequeño canastillo perfecto para cargar un cachorro… pero el olor que tenía no le era conocido, pero seguía sintiendo el perfume tan característico de Kagome, y las vocecillas de los pequeños se acercaban cada vez más al lugar donde parecía estar echando raíces.

De pronto vio aparecer a una pequeña, un poco mas joven que la niña que acompañaba a su hermano… tal vez cuatro o cinco años. Corría en dirección a él pero con su cabeza mirando hacia atrás, como si esperase a alguien que la seguía. Los negros cabellos ondulados de la niña volaban con el viento.

"Son tan parecidos a los de ella" – pensó para sí el hanyou, para sorprenderse vivamente cuando la niña miró hacia donde el se encontraba y pudo observar como unos brillantes ojos dorados le miraban alegres.

-Tou-chan –escuchó el grito de la pequeña, que en ese momento era tomada de la mano por un niño algo menor que ella, y claramente un hanyou como InuYasha; casi podría decirse que era una copia de este pequeño- ¡Rápido, okaa-san, ya llegó! – gritó a la mujer que les seguía.

El corazón del hanyou pareció detenerse… mientras su mente trataba de procesar aquella información…"ese es el deseo oculto de mi corazón…tener una familia siendo yo un…un simple hanyou…pero ella…"

El sonido de una voz conocida lo sacó de sus pensamientos, veía a como una mujer vestida con un hermoso kimono venía hacia él precedida por los niños, tratando de alejar los negros cabellos que caían sobre su rostro por acción del viento.

Un extraño temor empezó a invadir el corazón del hanyou… y si este no era más que un sueño…uno muy extraño basado en el hecho de que el hubiera pensado hacerse humano y vivir con Kikyo. Una niebla empezó a nublar el paisaje

-Tranquilo –susurró para sí mismo- Debes ver su rostro, InuYasha, así que tranquilo.

Trató de enfocar el rostro de la joven que había terminado de liberar su rostro de los cabellos, pudo divisar, con dificultad, unos grandes y hermosos ojos color chocolate y aquella sonrisa que adornaba el rostro de la mujer, antes de que la niebla se cerrara totalmente.

Fuera, Izel había estado observando atentamente el Tamashii no Kagami, de cierta forma tranquilizando al resto de viajeros que observaban su semblante pacífico, más de pronto algo hizo que arrugara el ceño.

-Baka, baka, baka, baka –la escucharon espetar de un momento a otro- Eres un verdadero BAKAAAAA, InuYasha- Izel respiro profundamente y centró nuevamente su atención en el espejo, para taparse rápidamente los ojos y ponerse su rostro rojo como la grana- ¡No quiero ver, no quiero ver…!

Miroku, haciendo uso de su natural pervertido, miró con sumo interés aquel movimiento de la joven, observando como por al menos diez minutos Izel miraba por en medio de dos dedos antes de volver a cerrar el ojo que dejaba libre y lo cubría nuevamente, hasta que finalmente alejó las manos de su rostro, todavía un poco sonrosado, pasando una mano por su frente y fijando nuevamente la vista en el espejo.

-¿Qué cosa haría que Izel-sama se cubriera la cara así?- se preguntó el houshi a sí mismo- De alguna forma tendré que llegar a enterarme que fue lo que vio a través del espejo.

Dentro del espejo de humo InuYasha no podía ver nada, ni sentir, oler, tocar ni nada de nada después de lo que había visto. Se había quedado estático tratando de discernir que era aquello que había visto…podía ser cierto a pesar de todo. Aunque analizándolo era algo racional si lo que había visto anteriormente era su deseo más profundo, la única manera, lógica y razonable de lograrlo era ésta, pero…

-InuYasha es hora de salir, ya llevas más de una hora ahí dentro –escuchó la voz de Izel, a la vez que se sentía tomado por un brazo y lo halaban hacia atrás.

Esto por cuanto al desaparecer todas las imágenes del espejo de Izel, esta se levantó y dirigíose hacia el espejo de humo introduciendo una mano en él hasta tomar al hanyou de un brazo y tirar de él. InuYasha se sintió nuevamente rodeado por aquella pared de humo antes de encontrarse cara a cara con la joven, que por alguna razón que él desconocía tenía las mejillas sonrosadas.

Una vez fuera, Izel alzó el espejo que llevaba en su otra mano hasta colocarlo en la superficie de humo, de aquella forma del espejo se disipó en el aire como si fuera el simple humo de una fogata.

Una vez reunido todo el grupo, Shippou se acomodó en las rodillas de Kagome y rápidamente se durmió e Izel, al ver que todos descansaban tranquilamente, se levantó y tomando su bolso se dirigió a la orilla del lago.

Allí la encontró InuYasha cuando unos quince minutos después se le acercó. Leía un libro, que le recordó al hanyou los de estudio de Kagome, ayudada por su pequeña linterna.

-Puedo hacerte una pregunta –miró como la joven le respondía con una cabezadilla- ¿Tú viste algo de lo que pasó ahí dentro? Lo digo porque dicen que en un momento te pusiste las manos en la cara y no viste tu espejo por un rato –preguntó el hanyou mirando distraídamente la negrura de la extensión del agua.

-Hai –escuchó la voz de Izel, casi imperceptible- Tenía que vigilar que no fuera presentarse algo desagradable. Si te hubiera pasado algo Kagome no me lo perdonaría, podía sentir claramente su temor mientras estuviste ahí dentro, pero no te preocupes ninguno de ellos se enterara cual es el deseo más profundo de tu corazón, ni… – hizo una pequeña pausa al tiempo que le tendía el Tamashii no Kagami al hanyou- ni la forma de lograrlo, si tu miras el espejo todo lo guardado en el se borrará.

El hanyou se dejó caer a su lado con el espejo en sus manos, mientras Izel comenzaba a leer en voz alta, y miró como el espejo mostraba nuevamente aquellas escenas que el vivió dentro del mismo tratando de guardarlas celosamente en su mente a la vez que escuchaba la suave voz de la chica a su lado.

Yo no te pido que cuando camines
junto a mi me lleves de la mano
ni que al despertar sea mi nombre
lo primero que pronuncien tus labios;
pues se bien que no vas a enamorarte
de alguien que en tu vida es un
a veces, un instante.

Yo no te pido que me prometas
que estarás siempre a mi lado,
ni pienso que después de darme
un beso me miraras a los ojos
para decirme yo te amo.
pues se bien que para
llegar a ser dueño de tu corazón
tengo que recorrer un camino muy largo.

Yo no te pido que me pienses
ni que me extrañes solo quiero
formar parte de tu vida
y dejes que te ame sin tiempo
y sin espacio, que te envuelva
mi ternura y encuentres paz a mi lado.
pues como ya sabrás yo no espero
que sacrifiques tu libertad para
hacer mi sueño realidad
lo único que te pido es:
deja que te ame.

Una vez el espejo guardado la chica se levantó y tranquilamente se dirigió al sitio donde los demás dormían dejando a un pensativo hanyou observando la negrura de lago que se levantaba ante él.

"Si el deseo más profundo de su corazón era lo mostrado dentro del espejo por qué extraña razón sigo sintiendo que estoy atado a Kikyo, será en parte el recuerdo de aquello que pudo haber sido si Naraku no nos hubiese engañado, y ese maldito poema que leyó Izel antes de irse se parecía tanto a lo que hace tanto tiempo me pidió Kagome, pero yo no quiero que ella esté a mi lado de esa forma, yo quiero corresponder de la misma forma y que el deseo más profundo de mi corazón se haga realidad…que se haga realidad todo lo que vi dentro del espejo de humo."

Con una sonrisa en sus labios InuYasha se levantó, caminó hasta el resto del grupo y se dejó caer al lado del sitio donde dormía Kagome, sin saber que alguien los vigilaba; aquella antigua sacerdotisa se había acercado lo suficiente para que el medio demonio la notara, pero por alguna extraña razón aquello no había sucedido y más bien dormía ahora plácidamente al lado de su reencarnación. De repente la extraña sensación de que ella era también observada por alguien que en apariencia tenía más poder que ella, aunque se suponía que nadie era más poderoso en esa época.

Lentamente se alejó del grupo, tenía que tener certeza de que sucedía pues claramente no podía ser la chica que hacia dos noches se había burlado en su cara dibujando aquel ofuda que formaba la barrera que protegía a todo el grupo, y aquella sensación que había sentido poco después del atardecer, tenía que averiguar la fuente de aquel poder antes de hacer cualquier movimiento.