JUNTO A TI

ANGIE C. CULLEN


9

Era un día húmedo.

Como todos los lunes, las actividades regresaban a su normalidad después de un merecido fin de semana para descansar, aunque en realidad no todos olvidaban sus preocupaciones y se tomaban un tiempo para ellos mismos.

Edward se dirigía a la escuela junto con Alice, Jasper y Rosalie, todos iban en silencio, apenas y se podía escuchar una suave música en el automóvil donde los chicos viajaban con el destino de siempre.

Unos ojos verdes iban más preocupados de lo que deberían. Se morían por ver a Bella. Sin embargo tenía que esperar hasta llegar a la escuela.

El estacionamiento de la escuela era lo peor de todo, estaba resbaloso y a cada cinco minutos algún despistado se resbalaba. Caminó hasta la escuela y entró sin ánimos.

La sangre de Edward, no sabía por qué, recorría con más fuerza su cuerpo, sentía un frenesí dentro de sus ser que le era demasiado difícil de controlar, estaba a punto de declinar su promesa de no hablarle a Bella hasta que ella lo hiciera, pero sabía perfectamente que tenía que darle su tiempo.

Se sentó en el mismo lugar de siempre esperando la llegada de Bella, pero ella no llegó.

Las horas pasaron lentamente, Edward se preguntaba la razón de su ausencia durante las primeras tres horas.

Caminó de mala gana al salón de Biología. No tenía ganas de ver a Tanya, de soportar a sus compañeros y no quería ver vacío el lugar de Bella, sin embargo tenía que hacerlo. En una escuela tan pequeña como lo era la suya no había muchos lugares para esconderse.

Llegó distraídamente hasta el salón y después hacia su asiento sin percatarse que Bella ya se encontraba en su lugar. Se sentó estando en otro mundo. Bella lo miraba con mucha intriga, nunca había visto antes a Edward con esa cara, parecía que algo le molestaba pero no sabía que era.

La clase comenzó tranquilamente, ninguno de los dos había hablado. Edward porque no había notado la presencia invisible de Bella y ella porque esperaba que él tomara la iniciativa de hablar.

Unos minutos más pasaron y fue cuando Bella, después de un difícil monologo interno, habló.

–No te han dicho que es de mala educación no saludar a tus amigos – dijo inclinando su cabeza ligeramente para que Edward pudiera escuchar.

Edward que se encontraba distraído no supo cómo reaccionar ante la frase de Bella. ¿Acaso había escuchado bien? ¿Eran amigos? La miró con sorpresa aun sin decir nada.

–Bueno, si no hablas pensaré que… –no pudo terminar su frase porque Edward la interrumpió.

–No, es sólo que pensaba que no me ibas a hablar hasta que vieras a tu medico –dijo con una sonrisa torcida que derretía a cualquier persona.

–Si bueno… –se giró para prestarle atención a la maestra –mi doctor que recomendó socializar y tú eres la persona que más me habla así que…

Dejó incompleta su frase.

–Eso quiere decir que… –sugirió.

–Que estás a prueba.

–¿A prueba? –dijo extrañado –, ¿a qué te refie…?

–Edward, por favor guarda silencio –la maestra lo interrumpió. Este bajó su mirada mientras pensaba en la plática exprés que había tenido con Bella.

No volvieron a hablar durante el resto de la clase. Bella también seguía callada pensando si lo que había hecho, aceptar la amistad de Edward, era una buena idea. Pensando que tal vez se arrepentiría o que algo malo pasaría; pero al mismo tiempo deseando que después de todo algo le saliera bien para compensar tanto daño.

El timbré sonó y todos se levantaron de sus asientos para retirarse del salón. Edward aprovechó ese momento para hablar de nuevo.

–¿Somos amigos entonces? –preguntó con una sincera sonrisa mientras le extendía la mano a Bella.

–Eso parece –respondió el gesto con una sonrisa de menor tamaño.

Edward no dijo nada pero tampoco ocultó la sonrisa de felicidad en su rostro al salir del salón en dirección a los casilleros.

–¿Comerás con nosotros? –preguntó.

–Supongo… –dijo alzando los hombros.

–¿Te ayudo con tus cosas? –volvió a preguntar ofreciendo una de sus manos.

–No, así estoy bien.

–De acuerdo… ¿puedo preguntarte algo?

–Ya lo haces… de nuevo –dijo con un ligero tono de broma.

–Cierto… –puso una mano es su cabeza como si se diera cuenta de que hizo algo mal.– ¿Por qué no entraste a clase en la mañana?

Bella pensó su respuesta cuidadosamente.

–Tuve mareos matutinos… –no quiso decir la palabra "embarazo"–, ya sabes.

–¡Oh, vaya! –murmuró sorprendido, en verdad se sentía un poco extraño estar hablando sobre síntomas del embarazo –. Entonces sólo comerás frutas hoy.

Bella se giró para mirarlo.

–¿Me estás diciendo lo que tengo que hacer? –preguntó con un ligero enojo que no pasó a mayores.

–Bueno… –Edward dudó un poco al verla así –es que eso no te revolverá el estómago.

–De cualquier modo no tengo hambre –dijo restándole importancia al asunto.

–Ah no, eso sí que no –Edward habló con seriedad –. Sabes que necesitas comer bien.

–¿Acaso eres doctor o le robaste mi expediente a tu padre para revisarlo? –inquirió.

–He investigado… –dijo como si fuera lo más obvio del mundo, una sonrisa se formó tanto en su rostro como en el de Bella.

–"Se siente bien que alguien se preocupe por mi" – Bella pensó inconscientemente.

Caminó junto con él hacía la cafetería donde ya los estaban esperando.

Llegaron hasta la mesa que les correspondía. Todos ya estaban en sus lugares. Cuando Alice divisó a Bella saltó de la alegría, en verdad le hacía feliz que Bella se uniera a ellos, pero sobre todo, porque sabía que eso hacía feliz a su hermano.

Non ti preoccupi, tutto andrà bene con lei –habló Alice para que solo él la entendiera.

Edward asintió.

Lo sai che sei la mia sorella preferiti? –ahora habló Edward agradeciéndole con la mirada a su hermana por la comprensión que le daba.

Alice siempre estaba atrás de todo.

.

La amistad de Bella y Edward iba en progreso, hacía dos semanas que ella le había dado el sí para que fueran amigos y ahora parecía que se conocían de toda la vida. Por un momento llegó a pensar que esto era sólo parte de un juego para divertirse con ella pero no era así, cada día que pasaba cada hora y cada segundo Edward se encargaba de cuidar de su salud.

Era hora del almuerzo. Edward y Bella se dirigían a la cafetería juntos, era una costumbre que habían adoptado rápidamente.

–¿Has pensado lo de ayer? –preguntó Edward.

–¿Qué de ayer? ¿Salir? –regresó la pregunta con un muy tenue sonrisa que empezaba a verse más seguido en la cara de Bella.

–Sí, ¿vas a poder ir? –pregunto mientras le abría la puerta para que entrara a la cafetería.

–No lo sé, aun no creo que… pueda –dijo con toda sinceridad.

– Bella… –dijo en tono de suplica –, si salimos el viernes no diferencia mucho de lo que es estar con nosotros en la escuela, ya sabes que todos vamos a ir y no te caería nada mal que salieras un poco.

–No Edward, no insistas –finalizó la falsa discusión, Jasper que escuchó lo que Bella le decía a su hermano preguntó curioso.

–¿No qué, Bella? –inquirió a pesar de tener la boca llena.

–Sabes… –habló Bella todavía de pie –, es de mala educación hablar con la boca llena y meterse en conversaciones ajenas.

Todos rieron ante la contestación de Bella. Su cambio era más que obvio aunque ella quisiera ocultarlo ya no era la misma de hace tres meses. Tenía amigos que se preocupaban por ella y que la hacían sentir protegida.

Por otro lado, exactamente en el extremo opuesto a su mesa, se encontraba la mesa de las porristas. Tanya y grupo de amigas plásticas.

–Tanya –le llamó Lauren –Ya viste…

Tanya giró su cabeza mirando en la dirección que su amiga le decía. La imagen que vio hizo que se llenará de cólera.

–Creo que lo estás perdiendo –habló con veneno Lauren.

–Cállate, es solo una cualquiera –siseó.

–Pues no lo parece, según lo que mis oídos perciben, fue Edward quien estuvo tras ella.

Tanya regresó su mirada con coraje a su bandeja con comida, la hizo a un lado y salió furiosa de la cafetería seguida de sus amigas.

Todos notaron el disgusto de Tanya excepto Edward y Bella. Estaban planeando una salida a Port Angeles para ir de compras; un poco de ropa para las chicas.

–Edward, ¿nos llevas el viernes de compras? –pregunto Alice antes de morder una manzana.

–¿Qué no íbamos a ir al cine o algo así? –preguntó confundido.

–Si bueno ese era el plan… –dijo con desdén Rosalie.

–¿Era? –ahora fue el turno de preguntar para Bella.

–Sí, era –Alice dijo con molestia dirigida para Jasper.

–¿Qué? –preguntó Jasper como si se le acusara de algo que él no había hecho –No tengo la culpa de que el entrenado haya cambiado la práctica ese día.

–¿No podrían faltar solo una vez?–habló Rosalie tratando de convencerlo.

–Lo siento Rose… –se pasó un bocado –, pero estamos casi en finales y es muy importante –explicó.

–¿Ves? –Rosalie dijo con tono de prueba –Ellos están muy ocupados con sus jueguitos...

–Siempre yo… –dijo resignado mientras todo reían,

–Eres el consentido… –Rosalie dijo con sarcasmo.

–Edward, te juro que empiezo a creer que eres del otro bando –habló espontáneamente Jasper a lo que todos, incluida Bella, rompieron en risa al ver la cara de Edward.

–Chicas… yo no sé si pueda –habló entre risas Bella.

– Bella, no nos puedes hacer esto. Lo tenemos planeado desde… –pensó un momento –; ayer.

–Además si Edward nos lleva… –habló con tono pícaro que hizo sonrojar levemente a Edward por lo que giró para que nadie lo notara.

–¿Qué? ¿Qué pasa si Edward nos lleva? –preguntó un poco intrigada.

–Bueno, si él nos lleva no tendremos que cargar nuestras bolsas –Todos volvieron a reír.

Y así se pasó en tiempo, entre bromas e indirectas contra Edward. De vez en cuando podía regresarles algo. Bella no reía tanto como el resto, pero cada día, hora, minuto y segundo que pasaba se sentía mejor junto a ellos.

Por otro lado, a todo el mundo le había sorprendido la integración de la chica nueva al grupo de los Cullen. Pero había una persona a la que no le pasaba esto ni aunque quisiera: Tanya. Desde lo más profundo de su ser sentía como la sangre le hervía cada vez que visualizaba a Edward cerca de Bella y por más que lo pensara no había encontrado un razón lógica ni visible para que Edward estuviera con ella la mayor parte del tiempo. A pesar de sus vanos intentos por llegar y separarlos no lo lograba ya que "su amor", siempre y no había excepción alguna, prefería estar con su hermana y con la "mosca muerta" de Bella. Esto empezaba fastidiarle la vida y encontraría cualquier cosa para hacer quedar en mal a Bella frente a Edward.

Otro día más pasaba. La cosa que estaba dentro de Bella crecía cada vez más, aun no lograba aceptar del todo bien el embarazo. A pesar de que Alice era la que más porras le daba para que no se deprimiera, le costaba mucho trabajo querer al fruto de su desgracia. Obviamente Alice no sabía lo de su violación.

Sin importar lo que pasara, el lazo de amistad se empezaba a fortalecer entre Edward y ella. Incluso Charlie había aceptado la amistad de Edward,

– Bella – habló Alice mientras se miraban en el espejo del baño –¿Cómo sigues?

–Bien… creo, aunque me sigue dando molestias al despertar. Creo que le diré a Carlisle que me dé algo para los mareos matutinos y las nauseas.

–No te preocupes, le comento en la tarde. Recuerda que tenemos que cuidar a ese bebé.

–…– no respondió, aun no se encontraba segura de tener y querer al niño.

Tanya se quedó perpleja al escuchar la plática. Estaba dentro de un cubículo y no salió de él hasta que Alice y Bella se fueron del baño.

Era de tarde, un hermoso crepúsculo anunciaba en final del día. Bella estaba afuera de su casa sentada en el porche junto con Edward mirando una de las más bellísimas muestras de amor de la naturaleza.

–Este es tu momento favorito del día, ¿no? –rompió el tranquilo silencio la suave voz de Bella.

–¿Cómo lo sabes? –preguntó sin dejar de mirar al horizonte.

–Cuando viniste por primera vez a mi casa para tratar de hablar conmigo lo mencionaste –dijo como si fuera lo más natural del mundo.

–¿Lo recuerdas? –preguntó con asombro.

–¿Cómo olvidarlo? Eres muy persistente –dijo con tono bromista.

Edward la volteó a ver, ella seguía con su mirada fija en las estrella que se empezaba a asomar entre el cielo que oscurecía. Al verla así sintió un palpitar más fuerte de lo normal en su corazón

–Sabes… –habló Edward en tono bajo a lo cual Bella se giró para verlo.

Él quería decirle que le gustaba, que era la chica más bonita que en su vida había visto y que le causaba un sinfín de sensaciones a su corta edad, que estaría dispuesto a protegerla y cuidar de su hijo si era necesario, quería pedirle que fuera su novia pero sobre todo, que quería probar esos labios de niña que hipnotizaban su vista.

–Ya es tarde –Edward controló todas las emociones que sentía en ese momento.

–Cierto, creo que tengo que hacer la cena.

–Trata de no quemar la cocina –bromeó mientras se paraba del piso para después ayudar a Bella a pararse.

–Sé cocinar Edward.

–Si bueno, por lo menos ya hicimos la tarea y si prendes fuego a la cocina tendrás el resto de la noche para apagar el fuego.

–Muy gracioso.

–Un poco –Edward le dedicó otra de sus hermosas sonrisas, era en estos momentos que Bella comenzaba a agradecer y apreciar la amistad con Edward.

–Nos vemos mañana Bella –Edward se despidió con un beso en la mejilla de Bella.

Para él fue gloría poder tocar la piel de Bella mientras que para ella era el más tierno gesto de amistad por parte de Edward.

–Hasta mañana –Se despidieron.

Bella se metió a su casa mientras Edward manejaba en dirección a la suya. Edward llegó a su casa con una sonrisa en su rostro y con esa misma sonrisa se durmió. Le agradaba ver a Bella sin ese aire de tristeza y soledad.

La noche pasó tan rápido que a Edward le pareció haber dormido tres horas, se levantó con mucho pesar. Se metió a la ducha como todos los días y como todos los días Emmett entraba a su habitación y le abría al grifo del lavabo para que le saliera agua fría.

–¡AHHHH! –gritó Edward al sentir el liquido frío tocar su piel –¡EMMETT!

Salió del baño para encarar a su hermano, pero este ya se había dado a la fuga. Se vistió aun con la idea de matar a Emmett un día de estos. Se puso unos jeans negros junto con una playera gris que resaltaba la blancura de su piel.

Bajo a desayunar pero solo se encontró a Esme en la cocina.

–Buenos días mamá –la saludó con un beso.

–Hijo, ¿cómo amaneciste? –preguntó con una sonrisa en su rostro.

–Bien… pero Emmett sigue abriendo el agua para que me salga fría mientras de ducho –habló mientras servía un plato de cereal.

–Con razón se fueron pronto –pensó en voz alta –Emmett dijo que llevaría a todos a la escuela.

–Cobarde… –murmuró.

La clase ya habían comenzado y Edward había vuelto a llegar tarde a Cálculo, cuando Bella lo vio movió su cabeza en forma negativa mientras sonreía y Edward tomaba asiento al lado suyo.

Las clases continuaron sin pena ni gloria.

Durante biología no hicieron mucho, solo ponerse de acuerdo para hacer un trabajo en equipo sobre síndromes y su etiología, nueva tarea por parte de Ana Luz. La explicación no tomó mucho tiempo de la clase por lo cual la maestra les dio cerca de diez minutos libres para hacer lo que quisieran, todo menos salir del salón.

–¿Cuándo quieres hacer el trabajo? –preguntó Edward mientras guardaba sus cosas.

–No lo sé… ¿te parece bien este fin de semana?

–Sí claro… sólo sino tienes que ir al doctor o algo así –hizo una mueca con la cara.

–No, ya cambié mis citas y hoy me toca ir con Carlisle y con la "psicoloca" –dijo tranquilamente.

–¿Psicoloca? ¿Qué respeto es ese señorita? –regañó de broma a Bella.

–Bueno ya ves… –rodó sus ojos.

–¿Se puede saber por qué cambiaste tus citas? –preguntó con curiosidad.

–Si no lo recuerdas Alice me hizo prometer que iría de compras con ustedes, no todos los días te puedo ver cargando bolsas de tiendas departamentales.

–Muy graciosa –dijo con falso tono de molestia–, Alice se va alegrar cuando le digas que si vas a ir.

–Lo sé.

–Qué modesta.

–También lo sé.

Edward giró los ojos y negó con la cabeza. Sin embargo le agradaba que ella se comportara así.

Caminaron a sus casilleros, pero Edward le dijo a Bella que iría al baño y que la veía en su casillero, ella asintió y los dos se separaron.

Edward entró despreocupadamente al baño tarareando una de sus canciones favoritas. Bella se encaminó a su locker pero no pudo hacerlo cuando oyó que una voz le llamaba, era Alice.

–¡Bella ven, vamos a la cafetería! –le gritó a más de diez metros.

–¡Quedé de esperar a Edward! –respondió.

Alice solo hizo un ademán con la mano en señal de que los esperaban a los dos en la cafetería. Unos ojos llenos de coraje miraban la escena.

Tanya esperó a que Alice y Jasper se fueran a la cafetería para echar a andar su plan, Edward no estaba a la vista y había muchos chicos en el pasillo. Este era el momento indicado para demostrar la verdad.

Se separó de las demás porristas, Lauren la miraba intrigada, ella ya sabía lo que tenía que hacer, llamar la atención de todos los chicos en el pasillo para que oyeran el anuncio de Tanya.

Antes de que Bella pudiera llegar a su casillero, Tanya se había puesto en su camino, pensaba esquivarla y seguir adelante, pero no pudo cuando escuchó la voz de esa chica que no le caía bien gritar su nombre.

–¡BELLA! – la nombrada miró a Tanya fijamente sin saber lo que se proponía a hacer. Todos en el pasillo también posaron su atención en Tanya y después en Bella.

–¡MIREN! ¡ESA ES LA QUE ME QUITÓ A MI NOVIO ACOSTANDOSE CON ÉL! –se escuchó la voz de Tanya por todo el pasillo mientras apuntaba con el dedo a Bella, los chicos del pasillo la miraron incrédulos. No sabían lo que pasaba, pero seguramente este sería el mejor chisme del año.

Tanya se acercó violentamente hasta Bella, le tiró los libros que tenía para después agarrarla fuertemente y subir la sudadera que Bella vestía, exhibió así la pequeña panza de Bella con tres meses y medio de embarazo, todos se quedaron atónitos ante tal prueba.

Edward que salía del baño oyó un alboroto, buscó con las vista a Bella pero no la encontró fue entonces que escuchó las palabras que encendieron su furia:

–¡ESTA CUALQUIERA SEDUJO A EDWARD!

Corrió lo más rápido que sus piernas le permitían, llegó a la mitad de un pasillo porque una multitud le impedía seguir su carrera. Buscaba desesperado con la mirada a Bella pero no alcanzaba a verla, fue entonces que decidió abrirse paso entre sus compañero que solamente le dirigían miradas de cuestionamiento y asombro. Segundos después pudo ver la imagen de Tanya exhibiendo a Bella, su cara se puso roja del coraje y cerró los puños tratando de contener su enojo.

–¡MIREN! ¡NO HAY MÁS PRUEBA DE QUE ESTA, ES UNA…!

–¡¿QUÉ RAYOS CREES QUE ESTAS HACIENDO TANYA? –interrumpió severamente a Tanya antes de que terminara su frase.

Bella que trataba de no llorar por la vergüenza que estaba pasando aprovechó ese momento para intentar escapar de Tanya, pero cuando intentó salir del círculo nadie le permitió el paso.

–Ed, cariño… qué bueno que has llegado –dijo Tanya cambiando su tono –solamente trataba de demostrar que ella es una cualquiera y que no descansó hasta engancharte.

–¿DÉ QUE RAYOS ESTAS HABLANDO? –seguía furioso.

–Del embarazo Edward… –habló con tono calmado. Como si ella tuviera la razón.

–¡NO DIGAS TONTERÍAS! –buscó con la mirada a Bella –¡BELLA! –cuando la nombró su tono no era de enojo sino de suplica. –No te vayas… –habló mientras caminaba hasta ella.

–Deja que se vaya –habló sin interés Tanya – tal vez tenga que seducir a alguien más.

–¡CALLATE TANYA! – Edward la volteó a ver con odio en su mirada.

Regresó su atención a Bella y la tomó del brazo con delicadeza impidiendo que intentara salir.

–No te preocupes…estoy aquí –susurró tan bajo que solo Bella le pudo oír, ella lo miró con lagrimas en sus ojos.

–No, déjame –la voz de Bella se quebraba.

–No sé por qué rayos no la dejas –habló Tanya.

–Eso no te importa –habló con un tono tan acido que por fin Tanya notó que Edward estaba molesto.

–¡¿QUÉ? ¿AHORA TE VAS A PONER A DEFENDERLA DESPUÉS DE LO QUE TE HIZO? ¿DE LO QUE NOS HIZO? –los gritos volvieron a empezar.

–¿DE QUÉ DIABLOS ESTÁS HABLANDO?

–¡HABLO DE QUE NADA MÁS SE METIÓ CONTIGO PARA EMBARAZARSE DE TI Y TENERTE EN SUS MANOS!

–¡ESTAS LOCA! ¡ELLA NO HIZO NADA! –aclaró.

–¡AHORA RESULTA! ¡Y TAMBIEN ME VAS A DECIR QUE NO ARRUINÓ NUENTRA RELACION!

–¡EN PRIMER LUGAR TÚ Y YO NO SOMOS NADA, ENTIENDELO; NADA!

–¡NO ES CIERTO! ¡TÚ ERES MI NOVIO!

–¡DEJA DE DECIR TONTERÍAS! ¡NO SOY, NO FUI Y NUNCA SERÉ NADA TUYO!

–¡¿Y QUÉ, TAMBIEN ME VAS A DECIR QUE ES UNA TONTERÍA QUE ESA ESTÁ EMBARAZADA? ¡MINIMO HA DE TENER COMO TRES MESES!

Bella miraba, al igual que todos los espectadores, la pelea de palabras que estaba ocurriendo. Pensó que su mundo se había acabado cuando Tanya gritó lo de su embarazo, pero nunca pensó que Edward fuera al rescate por ella.

–¡NO, NO LO NIEGO!

– Edward… –murmuró Bella. Quería que parara.

Edward se giró para verla por unos segundos, se veía tan indefensa, pequeños ríos que nacían en sus ojos le hicieron ver el daño que esa pelea le estaba ocasionando. Tenía que parar esto.

–¡Y TODAVIA TIENES EL DESCARO! –dijo indignada –¡EDWARD, DEJALA IR… ¿O ACASO SI ES TU HIJO?

Esa pregunta congeló a Edward, el tiempo pasó demasiado lento, el ruido desapareció y lo único que quedó en su mente fue Bella. Sin pensarlo dos veces contestó:

–¡SÍ! –gritó.

–¿Q–qué dices? –preguntó titubeante Tanya.

Bella estaba en estado de shock por lo que sus oídos habían escuchado

–Lo que escuchaste. Me preguntaste que si el niño que espera Bella es mío, ¿no? – Edward bajó su tono.

–¡NO TE CREO, ES UNA MENTIRA NI SIQUIERA SABES SI ES TUYO!

–¡CLARO QUE LO SÉ! ¡Y PARA QUE TÚ Y TODOS AQUÍ SE ENTEREN: EL HIJO QUE ESPERA BELLA ES MIO! ¡MIO! –reafirmó sus palabras.

Todos estaban estupefactos.

–¡VAMONOS BELLA! –ordenó en tono fuerte. Todos se hicieron a un lado para dejarlos pasar, ella no se dio cuenta cuando fue el momento en que salieron del círculo tampoco cuando Edward le tomó la mano para sacarla de ese infierno.

–¡EDWARD! –habló Alice totalmente furiosa. –¡¿QUE RAYOS ACABAS DE HACER? –preguntó acercándose a él.

–Nada –dijo aun enojado sosteniendo la mano de Bella –Vamos.

Edward pasó de largo a su hermana.

Edward y Bella se iban perdido de vista conforme avanzaban a la salida.

Estaba manejando más rápido de lo normal con dirección a la casa de Bella en un silencio incomodo.

–¿Tienes llaves? – preguntó al ver de lejos la casa de Bella.

–Sí – Bella utilizó un tono indiferente.

Una punzada de dolor se hizo presente en el interior de Edward, le dolía que ella actuara así.

–Llegamos –anunció débilmente mirándola con temor.

Bella seguía mirando a la nada, no se movía. Las lagrimas que hace unos momentos dominaban su rostro ahora habían desaparecido dejando a su paso un rostro inmutable. En su cabeza también rezumbaban las palabras que había predicado Edward.

No había razón por la cual lo hizo, hubiera sido más fácil haberse lavado las manos y decir que nunca se había metido con ella, pero no. Tenía que salir con sus actos heroicos y cambiar todo.

Bella cerró los ojos y agitó su cabeza de manera negativa, un dolor se hizo presente cuando hizo aquel movimiento seguido de un mareo que provocó la pérdida de color en su cara. Estaba pálida, los labios secos y le dolía su cabeza.

–¿Te sientes bien? –se escuchó la preocupada voz de Edward.

–¿Cómo crees que me siento? –regresó con acidez.

– Bella… lo siento –habló quedamente –, no sabía que fuera a pasar esto…yo, nunca pensé que Tanya fuera capaz de hacerte esto.

Trató de disculparse sin quitarle la vista de encima.

–En verdad lo lamento –reafirmó al ver que Bella con contestaba y tenía intenciones de bajarse del auto.

–No tienes por qué hacerlo –habló finalmente y se bajó del auto tan rápido como pudo.

Caminó en dirección a su casa aun con el puño cerrado mirando al suelo, Edward la siguió con la mirada. No sabía qué hacer; si bajarse y seguirla o dejarla ir.

El sentimiento de impotencia invadió de nuevo su ser al ver a Bella en ese estado, casi tan deplorable como cuando la conoció. No, él no quería volver a verla así, no después de todo lo que habían pasado juntos.

Decidido bajó del auto. Trotó para alcanzar a Bella antes de que llegara a la mitad del jardín y la tomó del brazo forzándola a que lo viera, iba a hablar pero las lagrimas en los ojos de Bella callaron sus palabras.

Lo miraba con dolor.

De nuevo, Edward sintió como algo se movían dentro de él al ver así a Bella, no pudo más que aflojar su agarre para poder abrazarla. La atrajo hasta su pecho protectoramente aunque Bella se tensó y mostró un poco de resistencia a la acción de Edward, cedió al final.

Acariciaba delicadamente su cabeza mientras que su otra mano permanecía inmóvil en la espalda de Bella, que lo único que pudo poner como medio de resistencia fueron sus brazos entre su cuerpo y el de Edward. Un cálido calor invadió su cuerpo, por un momento se sintió segura.

–Perdóname –rompió el silencio Edward.

Bella despegó su cuerpo de él recobrando su espacio personal.

–No tenías que hacerlo –susurró entre ligeros sollozos.

–Yo… lo lamento, pero no pude evitarlo –le dijo mirándola a los ojos.

–¿Por qué no te fuiste y me dejaste sola?

–Yo no podría hacer eso –dijo sintiendo una opresión en su pecho ante la pregunta de Bella.

–Hubiera sido mejor que me dejaras sola…te hubieras ahorrado la vergüenza.

–Sabes que yo no haría eso.

No supo el por qué ni el cómo, pero al escuchar esas palabras Bella sintió explotar todo el sentimiento contenido por el suceso. Pudo sentir como el coraje invadía sus venas y su cara se ponía roja, trató de contenerse. Sin embargo no pudo.

–¿ES QUÉ NO LO ENTIENDES EDWARD? ¡YO NO PEDÍ TU AYUDA, TÚ FUISTE EL QUE SE OFRECIÓ! ¡Y AHORA POR TU CULPA TODO EL MUNDO SABE QUE ESTOY EMBARAZADA! ¿SABES LO QUE SIGNIFICA? ¡NO! ¡PORQUE TÚ NO ERES AL QUE LE PASÓ TODO ESTO, TÚ NO ERES QUIEN TENDRA QUE SOPORTAR LAS BURLAS! ¿QUÉ CREES QUE SE SIENTE QUE TE TRATEN COMO A UNA CUALQUIERA? ¿EH? ¡TODO ESTO ES TU CULPA, TU MALDITA CULPA EDWARD!

Edward se quedó sin habla al escuchar las palabras de Bella. Las lágrimas corrieron de nuevo por las mejillas de Bella. Quería dejarse vencer para no seguir con esto. Se preguntaba porque todo, absolutamente todo lo que tenía, la vida se ensañaba en arruinárselo. Edward intentó sostenerla para que no cayera al suelo. Cuando sintió el contacto tímido de Edward volvió a gritar pidiendo que se alejara, pero él ignoró su petición y con más esfuerzos que antes la llevó hasta la puerta de su casa. Bella exigía que no la tocara, sus lágrimas amargas taladraban el corazón de Edward pero él ya no habló más. Le quitó las llaves para poder entrar a su casa, aun era temprano; las once de la mañana. La llevó hasta un sillón y la abrazó.

Bella seguía pidiendo, ahora golpeando el pecho de Edward con sus manos, que la dejara y que se fuera. Pero él seguía ahí. Así pasaron varios minutos, hasta que el cansancio venció a Bella.

Edward aligeró su agarré cuando notó que Bella había caído en los brazos de Morfeo. Buscó algo con qué taparla, se paró del sillón y la acomodó con todo el cuidado del mundo. Pudo ver una manta en el brazo de un sillón y la tomó cobijando a Bella, retiró los cabellos que opacaban su rostro rojo por el llanto. Dudó en hacer o no lo que tenía en mente, pero terminó por decidir que si lo haría, de cualquier modo… ¿qué más podía salir mal?

Se agachó hasta la atura de Bella y le besó la frente con un cariño inexplicable. Cuando se separó habló:

Dormi bene vita mia –murmuró con amor antes de partir.


Wola.! espero que les haya gustado y no me maten por lo que pasó :D

Disfruten de este cap mientras yo sigo peleandome con mi libro de anto desesperada por entender algo :S

Agradecería que dejen un comentario porque me motivan, no solo a seguir escribiendo, sino que a terminar mas pronto de estudiar para subir otro cap. Y si es que tanto ustedes como yo tenemos suerte, cuando termine el capitulo de cintura escapular podré subir otro cap hoy mismo...:D

Besos,

Angie C

PD: disculpen cualkier error que haya tenido.