¡Hola a todos!
Paula: ¡Gracias por tu review! Me dijiste que no te imaginabas cuál iba a ser la situación de ahora en adelante, así que espero no decepcionarte con este capítulo, en el que pasan unas cuantas cosillas que... en fin, mejor leerlo, ¿no? ¡Un beso!
¡Y se acerca el final del fic! En principio son 11 capítulos, pero como el último es laaaaaargoooo, no sé si dividirlo en dos... De modo que serán 11 o 12 capítulos. Ya os contaré...
Y por otro lado, aprovecho para hacer autopromoción: estoy terminando un one shot de Ron y Hermione que publicaré en breves.
Música recomendada:
Fading like a flower de Roxette
Wish you were here de Avril Lavigne
Naive de The Kooks
Give me love de Ed Sheeran
Capítulo 9: A situaciones desesperadas, medidas desesperadas
Apenas transcurrió media hora desde que Lily subió a su dormitorio hasta que sonó el despertador. Aunque sabía que tendría que levantarse en muy poco tiempo, se acostó igualmente en la cama sólo para evitar preguntas, sobre todo por parte de Celestina, que estaba al margen de lo que ocurría con Remus.
Lily se puso en pie y se frotó los ojos. Tenía la vista cansada y cuando se miró en el espejo no le sorprendió descubrir que tenía los ojos enrojecidos, pues no había dormido nada en toda la noche.
-¡Buenos días! –exclamó Celestina aún acostada en su cama, al tiempo que se desperezaba.
Lily le devolvió los buenos días sin mucho ánimo.
-Serán para ti… -masculló Marlene, levantándose con pesadez de la cama e intercambiando una mirada fatigada con Lily.
-Tú siempre tan agradable por las mañanas… -dijo Celestina dirigiéndose al baño, y a continuación canturreó alegremente-. ¡Me pido el primer turno para la ducha!
Marlene enarcó una ceja y observó con desdén cómo se cerraba la puerta del baño tras Celestina.
-¿Quién puede estar de buen humor teniendo que madrugar? Está mal de la cabeza… -Marlene volvió la vista hacia Lily-. ¿Qué tal has dormido?
-Nada de nada.
-Ya… La verdad es que yo tampoco he podido descansar muy bien…
De pronto, a través de la puerta cerrada del baño se escuchó el agua correr en la ducha. Lily tomó asiento a los pies de su cama y decidió sincerarse con Marlene, sabiendo que Celestina no saldría enseguida del baño.
-He bajado a la sala común esta madrugada –soltó Lily y Marlene, que estaba sacando su uniforme del armario, se quedó muy quieta con la percha en la mano-. No podía dormir.
-¿Y?
-Llegaron sobre las seis y media. Estaban bien –aclaró Lily ante la mirada inquisitiva de Marlene, que resopló aliviada, y arrojó su uniforme sobre la cama-. Bueno, creo que James se llevó un buen golpe, pero aparentemente estaba bien.
Marlene, que se había alarmado momentáneamente, asintió y suspiró con pesadez.
-Así que… Bajaste a la sala común y te quedaste allí esperándoles durante horas… -dijo Marlene como si fuese un comentario sin importancia, pero su mirada, seria, decía lo contrario.
Lily se encogió de hombros y se miró las manos como si estuviese examinado sus uñas. Pero quedaba claro que estaba evitando la mirada de Marlene.
-Estaba preocupada –explicó Lily, como si pensara que tenía que justificarse-. Sólo quería comprobar que llegaban sanos y salvos.
-Yo también estaba preocupada. Pero yo no bajé, Lily –replicó Marlene con los ojos fijos en su amiga-. Tú sí. Tú te has pasado la noche en vela, porque no has podido dormir hasta que les has visto llegar. Hasta que le has visto llegar a él, mejor dicho. ¿No?
Lily seguía resistiéndose a mirar a la cara a Marlene. En ese preciso instante, la puerta del baño se abrió. Lily se puso en pie súbitamente y dio media vuelta para que Celestina, que iba enfundada en un albornoz, no viera sus mejillas sonrosadas ni su mirada abrumada.
-Ya he terminado, podéis ocupar el baño.
-Ve tú, Marlene –dijo Lily, que revolvía los libros de su mochila de espaldas a su amiga, fingiendo que buscaba algo.
Marlene miró con fijeza la nuca de Lily y compuso una mueca de hastío. Celestina las observó a ambas, reparando primero en la expresión exasperada de Marlene y después en los ojos cansados de Lily, cuando ésta dejó de hurgar en su mochila y levantó el rostro.
-Tienes mal aspecto, Lily. ¿No has dormido bien? –preguntó Celestina.
Lily simplemente se encogió de hombros. Celestina frunció el ceño, pensando que su amiga mostraba una actitud un tanto extraña y hermética desde hacía unos días. Más concretamente, desde que le había soltado de manera directa y sin sutilezas que en lugar de despreciar a James Potter, sentía algo por él. Algo muy diferente y completamente opuesto a la antipatía que tanto se esforzaba en aparentar. Tras aquello, había habido cierta tirantez entre ellas y Celestina sentía que tenían una conversación pendiente. Sólo estaba esperando el momento adecuado para ello. Que bien podía ser aquel, por qué no.
-Lily, ya sé lo que te pasa. No hace falta que finjas –soltó Celestina sin miramientos-. Además, tengo algo que contarte. Hace un par de días estuve hablando con Remus.
Lily enarcó las cejas, sorprendida y alarmada a partes iguales, y cruzó una breve mirada con Marlene, que a espaldas de Celestina, se encogió de hombros con una expresión perpleja en el rostro.
-¿A… a qué te refieres? –preguntó Lily con cautela.
-Sé que estás molesta desde que tuvimos… aquella conversación sobre James.
Lily no dijo nada, sino que esperó, expectante. No quería dar un paso en falso.
-Y no sé si lo que te voy a decir te va a sentar mal o no, pero tengo que decírtelo igualmente. Así que prométeme que vas a escucharme hasta que acabe de contártelo todo y después…
-¡¿Quieres soltarlo de una vez?! –exclamó Marlene.
Celestina le dirigió una mirada furiosa. Volvió la vista hacia Lily e ignoró a Marlene.
-El martes por la tarde estuve hablando con Remus. Subí a su dormitorio y…
-¡¿Qué?! –gritó Marlene con una expresión jocosa en la cara, cortando nuevamente a Celestina-. ¿Que tú, con lo remilgada que eres, subiste al dormitorio de los chicos? ¿En serio?
Celestina, harta, le dedicó un gesto airado a Marlene.
-¿Quieres callarte y dejar de interrumpirme todo el tiempo? Y sí, estuve en el dormitorio de los chicos. Sirius estaba castigado y Peter tenía tutoría con McGonagall. Tú también estabas castigada, Marlene. Yo vine a la sala común mientras tú –señaló a Lily- le contabas a James que habías estado hablando con McGonagall sobre lo ocurrido en Hogsmeade. ¿Lo recordáis? Quería hablar con Remus, pero cuando llegué a la sala común, no estaba; ya había subido a su habitación.
-Vale, de acuerdo. Ya nos has detallado los pormenores de dónde estaba cada uno aquella tarde –dijo Marlene con sarcasmo, impaciente-. ¿Quieres ir al grano y decirnos qué es eso de lo que hablasteis?
Celestina cerró los ojos y resopló con fuerza.
-¿Tú no ibas a ducharte?
-Sí, iba a hacerlo, antes de escuchar que estuviste en la habitación de los chicos con Remus… Aunque igual me da tiempo a darme una ducha, volver y todavía le estás dando a Lily un informe detallado sobre qué alumnos estaban aquella tarde en la sala común, el número de escalones que hay hasta el dormitorio de los chicos o…
-No discutáis –le cortó Lily, que no podía esperar más para saber si sus sospechas eran ciertas-. ¿Qué pasa con Remus?
Celestina suavizó su mirada cuando se dirigió de nuevo a Lily.
-Hablé con él porque quería saber cuál era su versión de los hechos sobre el rumor que extendió Jorkins.
Lily soltó todo el aire que había estado conteniendo. De modo que Celestina seguía sin tener ni idea de que Remus era un licántropo… Ni se le había pasado por la cabeza la posibilidad de lo que acababa de oír.
-Y tienes que escuchar esto, Lily. Es importante que sepas lo que de verdad pasó, porque ha sido todo un enorme malentendido.
A continuación, Celestina se dispuso a relatarles a Lily y a Marlene todo cuanto Remus le había contado. Y en esa ocasión Marlene no puso objeciones a escuchar absolutamente todos los detalles: cómo Bertha Jorkins había malinterpretado y sacado de contexto un comentario sarcástico entre James y Sirius; cómo la muy idiota se lo había inventado todo pensando que en realidad era cierto; cómo había corrido el rumor sin que pudieran evitarlo; cómo habían intentado razonar con Jorkins sin éxito (en este punto la revelación de que Sirius había ido con Bertha a Hogsmeade chantajeado dejó a Lily con la boca abierta y a Marlene muerta de risa); y cómo finalmente la única solución a la que había accedido Jorkins a petición de James, fue divulgar que él mismo se lo había inventado todo.
Cuando Celestina hubo terminado, un silencio aplastante se apoderó del dormitorio.
-Lily, de verdad, tienes que creerme –dijo Celestina con vehemencia-. Remus no sería capaz de mentir sobre algo así... Vosotros dos sois buenos amigos
Lily se pasó una mano por el cabello, pensativa, y fijó su mirada en un punto inconcreto mientras todo lo que Celestina le acababa de contar resonaba en su cabeza. Claro que lo creía. Y no sólo porque aquella información venía de Remus, sino porque por primera vez todo cobraba sentido. Todo encajaba a la perfección. Inmediatamente, sintió un retortijón en el estómago. Había sido tan injusta con James… Y él no tenía la culpa de nada… Había intentado hablar con ella en infinidad de ocasiones y ella lo había ignorado por completo. Incluso Remus había tratado de aclarárselo, en vano. Ella, sin embargo, no le había dado opción a hacerlo y Remus lo había respetado, por la amistad que les unía. Qué ironía… Ella pensando que "el malo" de aquella historia era James, cuando en realidad "la mala" había sido ella. Bueno, ella y Bertha Jorkins, la muy… bruja.
-¿Lily? –tanteó Marlene con un tono de voz cauteloso, haciendo que Lily saliera de su ensimismamiento y logrando que volviera a dirigir la mirada hacia sus amigas, que la observaban expectantes.
-Soy una idiota –murmuró Lily meneando la cabeza con pesadumbre.
Marlene y Celestina intercambiaron una mirada atribulada. Aquella declaración no dejaba duda alguna: Lily sí creía todo cuanto acababa de escuchar.
-Vamos, Lily, no te sientas mal… -trató de animarla Marlene.
-¿Que no me sienta mal? –repitió Lily elevando el tono de voz-. ¡Marlene, he tratado tan mal a James…! Me he portado fatal con él…
-La verdad es que yo tampoco le di a Potter ni el beneficio de la duda siquiera… -aceptó Marlene con culpa. Entonces se dirigió a Celestina con una sonrisa-. Al final lo hiciste.
-¿El qué?
-Entrometerte. Bien hecho –admitió Marlene con sinceridad.
-Ojalá lo hubieses hecho antes… -murmuró Lily con voz apagada-. Y después deberías haberme obligado a escucharte y haberme abofeteado por ser tan imbécil…
-En realidad, llevaba un tiempo muriéndome de ganas por entrometerme (como dice Marlene), pero la verdad es que pensaba que ibas a ponerte furiosa cuando te enteraras. No quería que pensaras que te estaba traicionando o algo así.
Lily negó con la cabeza repetidas veces.
-Hiciste lo correcto. No como yo… He sido demasiado testaruda…
-Lily, ahora que sabes la verdad, puedes arreglarlo –dijo Celestina con ánimo.
-Cierto –apoyó Marlene, tras lo cual desvió la vista en dirección al reloj que colgaba de la pared. Al segundo siguiente abrió los ojos de par en par-. ¡Por Merlín! ¡Es tardísimo! Vamos a tener que saltarnos el desayuno e ir directamente a clase.
Las tres chicas se pusieron en marcha con rapidez, yendo de aquí para allá en el dormitorio. Veinte minutos después, corrían por el pasillo en dirección al aula de Transformaciones. Llegaron casi sin aliento justo cuando sus últimos compañeros cruzaban la puerta. Al entrar, Lily vio a James, a pesar de que no lo estaba buscando, y todo lo que Celestina le había contado le sobrevino con repentina fuerza. Pensaba que no podía sentirse peor, pero al ver su cara cansada (igual que la de ella, seguramente), notó un nudo en la garganta y una vergüenza apabullante. No sabía ni cómo ni cuándo, pero tenía que reparar el daño que había causado.
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Aquella mañana había sido eterna. Lily se sentía más somnolienta a medida que pasaban las horas y por si fuera poco notaba un agujero en el estómago a causa de haberse saltado el desayuno. Sin embargo, cuando llegó la hora de la comida se dio cuenta de que en realidad no tenía nada de hambre. Pero no era cuestión de saltarse también el almuerzo, por lo que se obligó a comer algo.
Cuando sonó la campana que anunciaba el final de la última clase de la tarde, Runas Antiguas, Lily suspiró aliviada. Había sido un día nefasto. Hasta el profesor Slughorn había notado lo despistada y cansada que estaba, cuando por descuido, estuvo a punto de hacer una mezcla explosiva con su poción. Aunque ella no era la única que estaba muerta de sueño. Lily no pudo evitar fijarse en las caras adormiladas de James, Sirius y Peter, que de vez en cuando cabeceaban sobre sus pupitres.
Mientras se dirigía a la biblioteca a devolver un libro, Lily pensó en ir a visitar a Remus a la enfermería. James y Sirius (junto con Marlene) tenían que cumplir el castigo por la tarde, así que probablemente sólo Peter iría a verle. Supuso que Celestina estaría en la sala común, ya que como ni ella ni Marlene cursaban Runas Antiguas, habían acabado las clases una hora antes que Lily.
Tras salir de la biblioteca, fue a la enfermería. Pero al llegar allí se llevó un chasco cuando la señora Pomfrey le dijo que Remus estaba dormido. De modo que se encaminó a la sala común, donde encontró a Celestina en el sillón que solían ocupar habitualmente. Lily se sentó a su lado y tras una brevísima conversación, se dedicaron a escribir el ensayo de Defensa Contra las Artes Oscuras que tenían que entregar el lunes.
Un par de horas más tarde, Marlene y Sirius hicieron acto de presencia en la sala común. Sirius venía desternillándose de risa por algo que Marlene, que hacía aspavientos con las manos, le estaba contando. Se despidieron y mientras Sirius subía las escaleras hacia su dormitorio, Marlene tomó asiento junto a Lily.
-Qué buen rollo tenéis, ¿no? –comentó Celestina, divertida.
Marlene se encogió de hombros y observó cómo Celestina ponía punto y final a su trabajo:
-Ese es el ensayo de Defensa Contra las Artes Oscuras que teníamos que hacer, ¿verdad? Yo ni siquiera lo he empezado. Por culpa del maldito castigo esta semana a duras penas estoy llevando los deberes al día…
-Bueno, piensa que mañana será tu último día castigada. Por cierto, ahora que Sirius y tú sois uña y carne, ¿vas a entrar a formar parte de la pandilla de los Merodeadores y nos vas a dejar de lado? Es un tema que me preocupa, la verdad–preguntó Celestina con ironía, aparentando que hablaba en serio-. Si te han puesto un apodo, es que ya eres una de los suyos.
-Ja, ja –silabeó Marlene con una expresión hosca-. Muy graciosa, me parto de risa contigo, Tina.
-Vamos, si admites que yo tenía razón cuando dije que Sirius y tú acabaríais siendo amigos, dejo de tomarte el pelo definitivamente.
Marlene meneó la cabeza y miró a Celestina con tedio. Lily, entretanto, fruncía los labios conteniendo una sonrisa.
-Qué inmadura, Tina. Pero si tanta ilusión te hace… De acuerdo. Tú tenías razón y yo estaba equivocada: resulta que Sirius me cae bien –dijo Marlene con desinterés y un gesto de indiferencia.
-Bah, si no te cabreas, no tiene gracia…
En ese momento, una mancha de color escarlata pasó por su lado y salió a toda prisa por el hueco del retrato. Era Sirius, que llevaba puesto su uniforme de quidditch. El equipo de Gryffindor jugaba el partido contra Slytherin ese mismo sábado, y seguían entrenando duro hasta el último día.
-¿Sabes algo del equipo? –preguntó Lily a Marlene-. ¿Sirius te ha comentado algo? ¿Qué tal les va?
Marlene notó cierta inquietud en el tono de voz de Lily, y supo cuál era el motivo. Era evidente que se sentía muy culpable porque James no iba a poder jugar aquel partido.
-Sí… Algo hemos hablado. Están entrenando muy duro, y ya han sustituido a James, pero… El nuevo cazador no es muy bueno. Eso dice Sirius... En realidad sus palabras exactas fueron "es igual de bueno que Snape encima de una escoba". Pero yo creo que es un exagerado, no puede ser para tanto…
Lily se recostó en su sillón y no pudo evitar que se notara lo alicaída que estaba.
-Vamos al dormitorio, allí podremos hablar tranquilamente –propuso Celestina.
Recogieron sus libros y sus pergaminos y subieron a su habitación. Una vez dentro, Celestina no perdió el tiempo y abordó directamente el asunto:
-Lily, tú no tienes la culpa de que James no pueda jugar el próximo partido –al ver que Lily iba a protestar, Celestina alzó una mano para detenerla y continuó-. Lo que quiero decir es que aunque tú embrujaras a Rosier y a Mulciber, no es responsabilidad tuya lo que hiciera después James. Tú no le echaste la culpa a él. Si hasta hablaste con McGonagall para arreglarlo...
-Eso es cierto –apuntó Marlene.
-Ya, pues eso no hace que deje de sentirme culpable –replicó Lily con brusquedad-. Después de todo lo que él ha hecho por mí… ¿Cómo puedo quedarme de brazos cruzados? Mientras todo el mundo cree que el que ha perjudicado al equipo de quidditch de Gryffindor es él… ¡Pues no puedo! ¡Y no quiero!
-Eso también es cierto –repitió Marlene-. El problema es que me parece que no vas a poder hacer nada.
Lily refunfuñó por lo bajo, enfadada. Celestina, por el contrario, estaba sonriendo, lo cual contrastaba bastante con aquella escena.
-Al menos todo esto tiene su lado bueno.
-¿Ah, sí? ¿Cuál? –preguntó Marlene mirando a Celestina como si pensara que estaba perdiendo la cabeza.
-Que Lily por fin ha aceptado lo que siente por James.
A Lily aquel comentario le pilló con la guardia baja. Abrió y cerró la boca sin emitir sonido alguno, ante la mirada de circunstancias de Marlene y la tímida sonrisa de Celestina.
-Porque ahora no vas a negarlo, ¿no? Con todo lo que hemos avanzado.
Marlene miró sorprendida a Celestina, pensando en lo descarada que podía llegar a ser cuando se lo proponía. Las mejillas de Lily adquirieron un tono rojo encendido y por fin musitó algo cohibida:
-No, no voy a negarlo.
-Entonces… ¿Qué vas a hacer? –preguntó Marlene con curiosidad.
Aquella era la pregunta del millón de galeones. Qué iba a hacer… Se moría de ganas por hablar con James tanto como temía aquel momento. Ansiaba decirle que por fin había comprendido que él no había tenido nada que ver con el malicioso rumor que había corrido por todo Hogwarts sobre ambos; quería que supiera que sentía haber sido tan obstinada y haberse negado a darle una oportunidad al menos para explicarse; deseaba darle las gracias por haber intentado, a pesar de todo, arreglar aquel lío… Quería decirle tantas cosas más… Pero no estaba segura de que a esas alturas él quisiera escucharlas…
-Quiero hablar con James, claro, pero… Supongo que no va a ser fácil. Tiene todo el derecho a estar enfadado…
Marlene, que conocía demasiado bien a Lily, intuía sin lugar a error lo que le estaba pasando en aquellos momentos por la cabeza.
-Lily, ¿es que crees que James no va a querer escucharte? ¿O piensas que tal vez te guarde algún rencor por lo que ha pasado entre vosotros? –inquirió Marlene con incredulidad-. No seas tonta. Deberías escuchar lo que Sirius dice sobre James. Y sobre ti… ¿Sabes de qué me he enterado hoy? Los servicios del tercer piso que hemos estado limpiando Sirius y yo son los mismos en los que aparecieron aquellas pintadas sobre ti, ya sabes… Esos grafitis tan desagradables de tinta permanente que alguien pintarrajeó, después de que se extendiese por todo el colegio el dichoso rumor… Pues bien, ¿sabes quién destrozó el baño a base de petardos explosivos y cohetes cortesía de Zonko, al no poder borrar la tinta indeleble de esas asquerosas pintadas? James Potter con la ayuda de Sirius Black –declaró Marlene ante las atónitas miradas de Lily y Celestina-. Sirius me lo ha confesado hoy… Y ni siquiera he podido enfadarme con él, porque lo hicieron por ti… Y tú ya sabes de sobra que esa no es la única locura que ha hecho James por ti. Ahora mismo, sin ir más lejos, está con Filch cumpliendo un castigo que te ganaste tú. Dio la cara por ti en Hogsmeade, va a perderse el próximo partido de quidditch y más de medio Gryffindor le tiene ojeriza por ello… Y no te ha pedido nada a cambio. Convenció a Jorkins para que cambiase su versión de lo ocurrido entre vosotros, aún a riesgo de quedar como un auténtico cerdo, para que dejaran de molestarte y de hablar a tus espaldas –enumeró Marlene sin hacer ni una sola pausa-. ¿Todo eso no te dice nada? No te culpo por tardar tanto en ver las cosas claras, yo también he sido muy escéptica… Hasta ahora.
Lily sentía el corazón latir más fuerte que nunca dentro de su pecho y un hormigueo agradable en la boca del estómago.
-Lily, James está enamorado de ti –dijo Marlene de tal modo que sonó como una afirmación irrefutable-. ¡Es que a estas alturas ya es obvio! Vamos, que no hay que ser un genio para verlo. Y por si no fuese tan evidente, siempre puedes preguntarle a Sirius: "La pelirroja tiene agilipollado a James, el pobre no hace más que suspirar por ella por todos los rincones; da pena verlo" –parafraseó Marlene en una pobre imitación de Sirius.
Lily esbozó una tímida sonrisa al escuchar las palabras de Marlene. ¿Y si tenía razón? ¿Y si era cierto que James…? De pronto, le vino a la cabeza la última vez que le había pedido una cita… Hacía tanto tiempo ya… Mirándola con aquellos ojos castaños y despeinándose el cabello, nervioso. Antes solía sacarle de quicio que hiciera aquello, pero últimamente se había descubierto a sí misma pensando que en el fondo le hacía gracia su pelo alborotado, disparado en todas direcciones. Había intentado encerrar en un rincón de su cabeza todos esos nuevos sentimientos, pero no había podido engañarse a sí misma, y tampoco había podido engañar a sus amigas. Desde que habían comenzado su último curso en Hogwarts, había estado viendo cosas en James que no había visto antes. Tal vez él había cambiado, o tal vez siempre había sido así y ella simplemente no había sido capaz de verlo. Pero ahora sí que lo veía, con más claridad que nunca…
-Tú también estás agilipollada, Lily –dijo Marlene con una sonrisa maliciosa, escrutando la expresión encandilada de la pelirroja.
-¡Marlene! –exclamó Celestina dándole un fuerte manotazo.
-¿Qué? –inquirió Marlene frotándose el brazo donde había recibido el golpe-. Mírala. No podría estar más colgada por él.
Celestina y Marlene dirigieron su atención a Lily, esperando una reacción por su parte. Pero ella parecía estar absorta en sus propios pensamientos, como si ni siquiera estuviese prestando atención a Marlene y Celestina.
-Estoy enamorada… -susurró Lily de repente con voz débil y la mirada perdida. Enfocó la vista en sus amigas, que sonreían, y repitió-. ¡Ay, Merlín, estoy enamorada de James Potter! ¡Del caradura y sinvergüenza James Potter!
-Ya. Lo veníamos sospechando, no creas que no… -comentó Marlene con desparpajo-. Piensa que podría ser peor. Podrías estar enamorada de Sirius Black, por ejemplo.
Celestina soltó una carcajada que contagió a Marlene, e incluso Lily sonrió abiertamente. Pero cuando sus amigas por fin dejaron de reír, Lily dejó de ver el lado divertido de la situación y volvió a agobiarse. Se mordió el labio inferior, preocupada, y Celestina supo leer perfectamente en su rostro lo que le pasaba.
-Lily, habla con él. Ya verás, va a ser más sencillo de lo que crees –dijo Celestina viendo cómo Lily se descalzaba y se acomodaba en su cama.
-Esto es como quitarse una tirita. Tienes que hacerlo de golpe y sin pensarlo –opinó Marlene y después reparó en el gesto de asco que le dirigió Celestina-. ¿Qué?
-Lo que Marlene quiere decir, a su manera, es que no te lo pienses demasiado. No le des tantas vueltas y no lo retrases más. Hazlo directamente: le buscas, le dices que quieres hablar con él y cuando estéis a solas, te sinceras. Se honesta y abierta y todo saldrá bien.
Marlene se sentó cerca de Lily, a los pies de su cama, y asintió en señal de conformidad antes de decir:
-Sí, y después cuando acabéis de hablar, le saltas encima y le das un buen morre…
-¡Marlene! –exclamó Lily, abochornada, interrumpiéndola antes de que pudiera acabar. Sus mejillas habían adquirido un tono rojo carmesí.
-Apoyo la moción –dijo Celestina y movió las cejas sugestivamente.
-Entonces… -empezó Lily, dubitativa-. ¿No creéis que esté enfadado o… harto de mí?
-Qué va, mujer. Si te adora… -comentó Celestina tomando asiento en la cama de Lily también-. Recuerdo que cuando hablé con Remus, me contó que James se puso celosísimo al enterarse de que tenías una cita con Tristan Geller. Aunque, bueno, yo tampoco lo llamaría cita, porque fuisteis a Hogsmeade junto con Marlene y Laurie y luego encima le dejaste allí solo sin avisarle…
-Calla… –Lily le dio un almohadazo-. Cada vez que me acuerdo… Pfff…
-Tranquila. Fue culpa de Marlene, por empeñarse en que salieras con Tristan…
-¡Eh! Que yo sólo intentaba que Lily se distrajera y dejara sus problemas con Potter a un lado…
-Hablando de Hogsmeade… -empezó Lily-. Aparte de hablar con James, claro, sigo queriendo arreglar el lío que armé al embrujar a Rosier y a Mulciber.
-Lily, creía que ya habíamos…
-Sí, ya sé que pensáis que no hay vuelta de hoja –cortó Lily a Celestina-, y que tal y cómo han sucedido las cosas es prácticamente imposible…
-Prácticamente, no. Imposible a secas. Es imposible que McGonagall crea que James es inocente –aseguró Marlene rotundamente-. Y además, te recuerdo que el partido contra Slytherin es este sábado por la mañana, y estamos a jueves. ¿Cómo vas a solucionar todo este lío en poco más de un día?
Celestina y Marlene miraban a Lily como si dieran por sentado que aquella cuestión estaba más que zanjada. Lily ya había hablado con la profesora McGonagall, y ésta no había creído ni una palabra de lo que había escuchado.
-Lily, habla con James y acláralo todo con él. En cuanto a lo otro… No tiene arreglo –dijo Marlene-. Que James va a perderse el partido del sábado es un hecho. Y la gente no estará eternamente enfadada con él, sobre todo si Gryffindor gana… James siempre ha sido muy popular y ha sabido ganarse la simpatía del resto de compañeros. A la larga se les olvidará lo que ha pasado…
Lily hizo un mohín de duda, poco convencida con aquellas palabras.
-Deberíamos bajar a cenar –propuso Celestina consultando su reloj.
Marlene y Lily asintieron conformes, y las tres chicas se encaminaron hacia el Gran Comedor. Cuando pasaron por la sala común, Lily se fijó en que no había allí ni rastro de los Merodeadores, y lo mismo ocurrió en el comedor. ¿Dónde se habrían metido?
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-Escalera de color. Mira y llora, Canuto. Vuelvo a ganar –dijo James, satisfecho de sí mismo, recogiendo las fichas que habían pasado a ser suyas.
Sirius arrojó sus cartas sobre la colcha de la cama de Remus con rabia y se echó hacia atrás en su asiento, apoyando la espalda contra el respaldo de la silla y adoptando una postura descuidada.
-Ya sabes lo que dicen: afortunado en el juego, desafortunado en amores –replicó Sirius.
Tras el entrenamiento de quidditch de Sirius y el castigo de James con Filch, los chicos se habían reunido en la enfermería para visitar a Remus y habían conseguido convencer a la señora Pomfrey para que les dejara quedarse a cenar con él (no era la primera vez que lo hacían). Tras la cena, Sirius había sacado una baraja de póker del bolsillo y habían improvisado una timba sobre la cama de Remus, utilizando como fichas grageas de Bertie Boot de todos los sabores.
-Los hay que no tienen suerte ni en el juego ni en el amor –contestó James a la indirecta de Sirius, que le devolvió una sonrisa del todo irónica.
Peter volvió a repartir las cartas y mientras Remus aparentaba estar concentrado en la mano que le había tocado, dejó caer como al descuido:
-Por cierto, Lily vino a verme esta tarde. Pero como estaba dormido, la señora Pomfrey no le dejó pasar.
Al no recibir respuesta, continuó:
-¿Os habéis visto últimamente?
James se dio por aludido cuando Remus le dirigió una breve mirada por encima de las cartas que sostenía. Echó una ojeada a las suyas, subió la apuesta y respondió:
-No… En clases, claro, pero ya sabes… Me paso las tardes castigado disfrutando de la encantadora compañía de Filch, así que no. No veo a Lily, ni a nadie en general… Mi vida social ahora mismo es nula.
La pregunta de Remus no había sido formulada al azar. Desde que había hablado con Celestina hacía ya dos días, esperaba… algo. No sabía muy bien qué en realidad, pero confiaba en que, si Lily por fin sabía lo que de verdad había ocurrido, le tendiera una mano amiga a James. Por otra parte, Sirius y Remus habían acordado no contarle nada de momento a su amigo acerca de la charla con Celestina en su dormitorio, para que, si aquello no daba resultados, no se llevara otro desengaño.
-Pfff… Cómo te entiendo… Entre el castigo y los entrenamientos… Menos mal que mañana es mi último día castigado –comentó Sirius, contento.
-Pues qué bien –rezongó James, irritado-. A mí sólo me quedan… Bah, ni sé cuánto. Éste va a ser el castigo más largo de mi vida… Pero siempre me queda el consuelo de machacaros al póker –dijo al mismo tiempo que mostraba su full a los demás con una sonrisa de suficiencia.
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Tras la cena, Lily, Marlene y Celestina regresaron a la sala común. Marlene decidió ponerse en serio con el ensayo de Defensa Contra las Artes Oscuras que sus compañeras ya habían terminado, y que ella ni siquiera había comenzado por culpa del castigo. Lily y Celestina, que llevaban sus tareas al día, decidieron dejar los libros al menos por aquella noche y jugar unas partidas de snap explosivo.
Mientras Lily y Marlene ocupaban unas butacas cerca de la chimenea, Celestina subió al dormitorio en busca de su baraja de snap explosivo. Lily giró la cabeza y echó un vistazo a la sala común, y a su lado Marlene, que ya había estirado un pergamino sobre la mesa, supo lo que estaba haciendo.
-A lo mejor James y los demás están ya en su dormitorio.
Al escucharla, Lily se volvió para mirar a Marlene y asintió vagamente con la cabeza. Aquella era una posibilidad, pero después de saber que los Merodeadores contaban con una capa invisible, que prácticamente les daba carta blanca para moverse por todo Hogwarts a su antojo, pensó que podían estar en cualquier sitio.
Marlene avanzaba con su redacción al tiempo que Lily y Celestina se entretenían con el snap explosivo (en el caso de la pelirroja, lanzando miradas de tanto en tanto al hueco del retrato también). Pero las horas pasaban y los Merodeadores seguían sin hacer acto de presencia en la sala común. Lily, que no había dormido absolutamente nada, notaba los parpados muy pesados y bostezaba con mayor frecuencia. Convenciéndose de que aquella noche no podría hablar con James, decidió subir a su dormitorio, dejando a Marlene y Celestina en la sala común.
-Nosotras subimos enseguida –dijo Celestina, que se apropió de un ejemplar de El Profeta abandonado en la mesa de al lado y comenzó a hojearlo.
Lily arrastró los pies hasta su dormitorio, exhausta. Se puso el pijama, se cepillo los dientes y antes de salir del baño, escuchó las voces de Celestina y Marlene.
-Eh, Lily, le estaba comentando a Marlene que mañana hay reunión del Club Slug. ¿Te apetece?
Lily se encogió de hombros. No estaba precisamente de ánimo para fiestas y además aquellas reuniones no acababan de gustarle del todo. Era cierto que uno podía pasarlo bien allí si coincidía con algún amigo, y también era una buena oportunidad para relacionarse con compañeros de otras casas, pero había ciertas compañías bastante cuestionables en aquel club. Como por ejemplo Avery o Rosier. Por no hablar de la tendencia del profesor Slughorn a rodearse de alumnos que él consideraba brillantes mientras ignoraba al resto. Aquella actitud tan interesada y calculadora disgustaba a Lily, que se sentía dividida, porque en realidad el profesor era muy agradable.
-Vamos, Lily, anímate –le instó Celestina-. ¡Además, el domingo es tu cumpleaños! A mí me parece una buenísima idea empezar a celebrarlo desde el viernes en la fiesta de Slughorn…
Lily se dijo a sí misma que en aquellos momentos ya tenía demasiados quebraderos de cabeza como para pararse a pensar en su cumpleaños…
-¡Claro que sí! Necesitas distraerte un poco… -dijo Marlene-. Y a lo mejor James también va. Podrías aprovechar para hablar con él, porque viendo que Filch lo tiene absorbido, no sé cuándo vas a tener la oportunidad de verle…
Lily pensó que aquel era un buen motivo para ir a la reunión. Si se encontraba allí con James, podría aclarar las cosas con él por fin.
-¿Y tú vas a invitar a alguien? –le preguntó Marlene a Celestina.
-No.
-¿Qué te pasa? ¿Has perdido la fe en los hombres después de lo de Bagman? –le tomó el pelo Marlene, que ya llevaba puesto el pijama.
-Pues sí –contestó Celestina con aspereza-. Y no me lo recuerdes… Seguro que va a la reunión el muy imbécil…
Lily oía la conversación sin prestarles mucha atención. No dejaba de darle vueltas a lo que le diría a James si finalmente tenía la ocasión de encontrarse con él en la reunión del Club Slug. Necesitaba disculparse con él y se moría de ganas por soltar de una vez por todas aquello que le reconcomía por dentro. Si además pudiese arreglar el desastre que había empezado en Hogsmeade…
Cada vez que pensaba en la breve charla que había mantenido con la profesora McGonagall, se sentía frustrada. Lily, siendo honesta, había contado la verdad y había sido ninguneada completamente. Y desde entonces no había sido capaz de encontrar una alternativa para solucionarlo. No sabía qué podía hacer para que le creyeran. No tenía ni la más remota idea de qué debía hacer para que se descubriese la verdad. La verdad… Un momento… ¿Y si…? La idea le sobrevino tan de repente que se sintió apabullada durante unos segundos. Lo pensó detenidamente. Era una locura. Una auténtica locura. Probablemente el mayor disparate que podría habérsele ocurrido.
-Acabo de tener una idea –murmuró Lily como ida.
Marlene intercambió una mirada extrañada con Celestina. Ambas esperaban a que Lily continuara, pero parecía bastante ensimismada.
-Ya. ¿Y piensas contárnoslo hoy? ¿O esperamos a mañana? –preguntó con ironía Marlene.
Lily, que ya se había metido en su cama y estaba sentada en ella, echó la colcha a un lado y se puso en pie frente a sus dos amigas, que aún estaban ocupadas recogiendo sus ropas.
-Ya sé qué hacer para que McGonagall me crea y James quede libre del castigo –anunció Lily con voz agitada-. Voy a robar veritaserum del armario privado de Slughorn. Cuando me lo haya tomado, no tendrá más remedio que creerme.
El silencio se hizo en la habitación. Tanto Marlene como Celestina miraban a Lily fijamente, pasmadas, sin pestañear apenas, como si estuviesen viendo algo increíble.
-¿Eh?
Fue lo único que atinó a decir Marlene. Era como si le hubiesen dado un sartenazo en la cabeza. Celestina fue bastante más expresiva:
-Estás de broma, ¿no? Si no, es que te has vuelto loca.
Lily negó repetidas veces con la cabeza muy seria.
-¡Venga ya, Lily! ¡Cómo has podido tener una idea tan absurda! ¡Estás chiflada! ¡Chalada! ¡Como una cabra! –explotó Celestina. Marlene, mientras tanto, seguía en shock.
-¿Cómo no se me ha ocurrido antes? –musitó Lily, más para sí misma que para sus amigas, sin hacer caso de la reacción de Celestina.
-¡¿Qué?! ¿Cómo que cómo no se te ha ocurrido antes? –Celestina no podía estar más atónita-. ¡Y tú di algo! –exhortó a Marlene.
-Yo es que estoy alucinando –masculló Marlene, todavía con una expresión de sorpresa en la cara.
-Pensadlo: si McGonagall cree que quien miente soy yo, entonces con el veritaserum podré demostrarle que digo la verdad –explicó Lily como si fuese de lo más normal.
-Lily, no lo digas como si fuera algo razonable. O simple. Ni una cosa ni la otra. Es la mayor locura que he oído en mi vida –dijo Celestina con calma, intentando hacer recapacitar a Lily.
-¡Pues precisamente por eso! ¡Llevo toda la vida haciendo lo correcto! ¡Jamás me he saltado una norma del colegio! ¡Jamás! –exclamó Lily, exaltada-. A lo mejor… a lo mejor ya es hora de que haga una locura por una vez en mi vida. Por James. Él se la ha jugado por mí, y esta vez quiero ser yo quien lo haga por él.
-Ay, Merlín… Es verdad lo que dicen: el amor vuelve tontas a las personas… -dijo Celestina, horrorizada.
Lily resopló, irritada, y Marlene aprovechó aquel momento para intervenir:
-A ver, Lily, escúchame. Piensa bien en lo que acabas de decir. Es de locos. Primero, porque no es tan fácil colarse en el despacho de Slughorn. Segundo, porque hurgar en el armario de ingredientes y pociones y robar el veritaserum sin que te pillen, va a ser un milagro. Y tercero, porque aunque todo lo anterior te salga bien, en el momento en el que te tomes la poción delante de McGonagall, quedará clarísimo de dónde la has sacado y lo que has hecho. ¿Qué crees que te va a pasar entonces?
-El año pasado un estudiante de Ravenclaw robó algunos ingredientes del armario privado de Slughorn. Lo sé porque en una reunión de prefectos se habló de ello. Le castigaron, sí, pero no le expulsaron –explicó Lily como si aquello acabase con la discusión.
-Lily, lo que tú pretendes es robar veritaserum, no unos pocos ingredientes. ¿No piensas que eso es más serio? –arguyó Celestina.
-Supongo que tendré que confiar en la indulgencia de McGonagall y Slughorn –contestó Lily, a quien cada vez se la veía más segura.
-Bueno… Tratándose de ti, podrías hasta salirte con la tuya –comentó Marlene, pensativa.
-¡¿Es que tú también te has vuelto loca?! –gritó Celestina, alzando las manos en señal de rendición.
-No, no… No te confundas. Sigo pensando que es una demencia absoluta, pero no puedes negar que Lily tiene un expediente intachable. Inmaculado –puntualizó Marlene ante la mirada de pocos amigos de Celestina-. Es prefecta y Premio Anual. Y también es el ojito derecho de Slughorn. ¿Tú crees que la expulsarían? Además, hay que tener en cuenta que no va a usar la poción en otra persona, sino que va a tomarla ella misma. Ahora bien –matizó dirigiéndose a Lily-, no es una apuesta segura y desde luego tu plan sigue pareciéndome un disparate, se mire por donde se mire.
-Sé que no es el mejor plan de la historia, pero es lo único que se me ha ocurrido, y las situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas –dijo Lily, resuelta.
Celestina seguía mirando a Lily con inquietud, intentando hallar el modo de hacerle entrar en razón y disuadirla. Se propuso boicotear aquella descabellada idea señalando todos los inconvenientes que se le pasasen por la cabeza.
-¿Cómo estás tan segura de que Slughorn guarda veritaserum en su armario privado? –preguntó Celestina, recelosa.
-Parece que no conoces a Slughorn… Le encanta presumir: sobre la cantidad de personas influyentes y famosas que conoce, sobre el montón de regalos que recibe de todos ellos, sobre su colección de licores… Y –enfatizó Lily en ese punto- sobre su habilidad para preparar pociones especialmente complicadas. Sé que en el armario de su despacho, junto con los ingredientes a los que los alumnos no tenemos acceso, guarda una buena colección de pócimas. Y lo sé porque él mismo ha alardeado sobre ello: veritaserum, zumo de mandrágora, filtro de los muertos, poción multijugos… y un montón más.
-De acuerdo, ¿y cómo piensas colarte en su despacho? –continuó preguntando Celestina.
-No voy a colarme. No lo necesito. Aprovecharé la reunión de mañana para robar el veritaserum.
Celestina abrió los ojos al máximo y dijo como si no diera crédito:
-¿Vas a hacerlo con el despacho repleto de gente?
-Piénsalo. Es el momento ideal. Habrá mucha gente, música, ruido… Slughorn estará ocupado atendiendo a todos sus invitados… Sólo tengo que pasar desapercibida y contar con una buena distracción.
-¿Y cómo vas a hacerlo? Quiero decir que no creerás que Slughorn no se ha asegurado de cerrar el armario con magia, ¿verdad?
-Por supuesto que he pensado en eso. Después de que ese chico de Ravenclaw del que os he hablado antes robara los ingredientes de su armario, Slughorn puso un hechizo detector en la cerradura. Si utilizase el encantamiento alohomora, saltaría el sensor… Sólo he de buscar otra manera de hacerlo.
-Vaya, sí que estás bien informada… -comentó Marlene, impresionada.
-Las reuniones de prefectos son aburridísimas a veces. Aunque para compensar, son una buena oportunidad de estar al tanto de todo lo que ocurre en Hogwarts.
Celestina, frustrada, se dio cuenta de que al parecer nada de lo que dijera podría hacer cambiar de opinión a Lily. A su lado, Marlene seguía perpleja.
-Lily, piensa bien lo que vas a hacer. Porque no es como para tomárselo a la ligera –dijo Marlene. Se acercó a Lily y colocó una mano sobre su hombro-. Estás agotada. Ha sido un día muy largo y todas necesitamos descansar. Dejémoslo por hoy, ¿de acuerdo?
Celestina asintió de mala gana, y Lily también estuvo conforme. Tal vez Marlene pensaba que con la luz del nuevo día su amiga reconsideraría aquella insensatez, aunque cuando finalmente apagaron las luces y se acostó, no tuvo un buen presentimiento.
Y fin del capítulo. Los Merodeadores casi no salen, este ha sido un capi de chicas (Girl Power!). ¿Qué os parece? ¿Qué pensáis de la reacción de Lily al enterarse por fin de la verdad? ¿Y de su plan? ¿Se ha vuelto loca Lily? Dejadme un review para saberlo, ¡un beso a todos!
Próximo capítulo: El Club Slug.
