Contenido erótico, se recomienda disfrutar :)

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Tha gaol agam ort...

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Escuché el sonido de la puerta tras de nosotros. Estaba expectante, ansiosa, mi cuerpo completo temblaba ligeramente ante la anticipación de lo que seguía.

La lámpara en el exterior iluminaba con su apenas sugerente luz, regalándonos en el interior una atmósfera propicia para el ambiente de por si lleno de erotismo.

Todo estaba sucediendo tan rápido, pero ¿quien podía decirme que lo que sentía estaba mal?, ¿que lo que estaba haciendo era un error? ¿quién podía decir cuanto tiempo era prudente esperar antes de entregar el corazón y el cuerpo? mas aun cuando ya me estaba doliendo el sólo pensar en volver a Chicago y... no volver a verlo. Desde que tengo memoria, estuve acostumbrada a actuar según mis sentimientos y mis ideales. Lo que el corazón opinara se volvía una orden que no aceptaba cuestionamiento de ninguna índole, sobre todo si mi mente su cómplice, le apoyaba con palabras de aliento y argumentos que para mí eran del todo válidos. Mi propia verdad se convertía entonces en mi propia ley, en mi única brújula para saber qué camino tomar, sin titubear. La hermana Marie le llamaba a eso: necedad; mamá Pony le llamaba de tres formas distintas: fuerza, convicción y carácter.

Y en ese preciso instante todo mi ser me gritaba que estaba en lo correcto, cada célula de mi cuerpo me exigía pertenecerle, cada poro de mi piel quería sentirse vivo con el roce de su piel. Esto era algo que iba más allá de lo meramente hormonal, mi corazón parecía estar a punto de salirse de mi pecho.

Valía la pena correr el riesgo, no iba a dar marcha atrás ni por un sólo segundo.

Y empezó la magia; sus brazos me rodearon por detrás, sentí el calor de su aliento acariciar mi cuello y mi entera anatomía despertó eufórica. ¡Qué decir de mis hormonas bullangueras creando semejante jolgorio en mi sangre!.

-No pensé que aceptarías quedarte conmigo...

Su voz era sugestiva, como una suave caricia a mis sentidos, me giré hacia él y no dudó en acercar su boca peligrosamente a la mía en una clara invitación a continuar lo que habíamos dejado a medias en la playa. Sus manos atrajeron mi cuerpo al suyo sin ninguna especie de pudor. El estado de ensoñación y exquisita pasión en que habíamos estado inmersos momentos antes, regresó incluso con más fuerza en el interior de la cabaña.

-Quiero estar contigo... no tengo ninguna duda Albert.

Y nos dimos un beso otra vez, y una y otra vez mis labios se dejaron seducir y devorar por los suyos. No había sensación más placentera que beber de su dulce boca. Mis manos se aferraron a su cabello, quería colgarme de su cuello, acariciar sus brazos, abrazarme a su cintura... deleitarme con la textura de sus músculos en mis manos. No deseaba abandonar el embriagante sabor de sus labios, me encontraba bajo una especie de hechizo porque no lograba reunir la suficiente fuerza de voluntad para dejar de besarlo. Cuando al fin pude hacerlo, invadí con mi boca la incipiente barba dorada en su mentón, recorrí su rostro entero con mis labios. Cada detalle de sus facciones y su cuerpo me parecía extremadamente sensual y varonil.

Hice un camino de besos desde su cuello hasta su pecho. Olvidé mis inhibiciones en algún lugar de mi equipaje porque era un hecho que esa noche no las había llevado conmigo. La intensidad de las caricias iba en aumento. La suave caricia de sus labios iba y venía a placer por todo mi rostro, mis mejillas, mis hombros y mi cuello. Poco a poco nos encontrábamos más relajados y cómodos con la cercanía de nuestros cuerpos. Entonces se volvió más osado y sus manos viajaron desde mi espalda hasta posarse en mi trasero... ¡por Dios, sus grandes manos se amoldaban perfectamente a mí!

Estaba sucediendo, nos estábamos acercando demasiado al punto de no retorno. A medida que se intensificaban las caricias aumentaba también mi apetito por él, empezaba a desear encerrarlo en mi interior para siempre. La sensación de querer tenerlo dentro de mí se volvía insoportable a cada minuto que pasaba.

Claro que él entendía mis más oscuras intenciones, éramos un par de viajeros vibrando en la misma frecuencia de onda, era como si su propio ritmo marcara el mío; pues tomó la iniciativa y comenzó a desvestirme, mi blusa de tirantes salió volando hacia algún rincón de la cabaña y con gran habilidad me despojó de mis shorts de mezclilla. Me sentí hermosa, poderosa y seductora al notar incrementarse el deseo en su mirada, descubrí un brillo distinto en sus pupilas oscurecidas. El simple hecho de quitarle la camiseta era un deleite para mis sentidos, estaba resultando todo un acontecimiento para mí. Él no me perdía de vista mientras lidiaba yo también con el placer de desvestirlo; cuando terminé de hacerlo, volvió a tomar mis labios con la desesperación con la que un sediento busca el agua a mitad del desierto.

Mis manos ya no temblaban, por el contrario, avanzaban confiadas por la calidez de su pecho, era extasiante acariciar cada palmo, rozar la superficie de mis dedos en el grueso vello dorado de su torso. A medida que avanzaba, grababa a fuego en mis recuerdos el aroma almizclado y el enloquecedor gusto semisalado de su piel. Estrujé su espalda deseando hacer más íntimo el contacto, incrementé entonces la demanda de mi boca en la suya, succioné su lengua y me bebí el néctar de su boca. Dejándome llevar como en un suave oleaje, mi cuerpo se encontraba dispuesto para recibirlo.

Me aventuré a urgar por el borde de su ropa interior, sentí la cálida y prominente erección en mi mano y la estremecedora respuesta en el interior de mi vientre. Albert cerró los ojos y mordió su labio inferior. Un rubor intenso cubrió su rostro, la tensión se extendió por cuello, sus hombros, piernas y brazos. Un grave gemido lleno de deseo me dio señales de que iba por buen camino, al principio pensé que me estaba incentivando a continuar explorando y acariciando a mi antojo.

Pero interpreté mal las señales pues Albert se detuvo de pronto; me pareció descubrir en la intensidad de su mirada cierta inquietud y molestia, frunció ligeramente el entrecejo y estuvo a punto de decir algo... pero nunca lo dijo, y por un instante creí que hasta ahí había llegado mi intento de hacerle el amor al hombre de mis sueños.

-¿Estás bien Albert?

-Sí... -respondió nervioso- y tú... ¿lo estás Candy? -volvió a mirarme pero esta vez con una mirada desconcertada, llena de duda.

-No podría estar mejor, nunca he estado mejor... pero, si tú crees que debemos parar...

Tenía miedo de que me tomara la palabra, pero hacer el amor era cuestión de dos, no sólo decisión o deseo de una de las partes; aceptaría lo que él quisiera. Su pecho subía y bajaba con prisa, su respiración estaba tanto o más agitada que la mía.

-No, no quiero parar.

Y antes de darle oportunidad a pensárselo nuevamente, lo besé, era la mejor manera que hallé para demostrarle cuánto lo deseaba. Volví a ir despacio, llené con besos tiernos su nariz, sus mejillas, sus ojos cerrados, el espacio entre sus cejas; después regresé una vez más a la exquisita humedad de sus labios y el dulce interior de su boca; podía vivir así para siempre. Mi lado racional me decía: "vas a buen ritmo, no hay por qué apresurar las cosas..." Mi lado emocional opinaba: "Que sea esta noche, estás lista..." La amargada en mi interior se mantenía en silencio porque también lo deseaba y mi instinto de mujer ya había despertado pidiéndome a gritos seguir adelante. Bombeaba la sangre por todo mi cuerpo con las señales que la naturaleza entiende como cópula inminente. El ritmo de mi corazón volvía a aumentar con cada latido, exigiéndome más de su sabor, demandando a cada beso, a cada caricia, que no me demorara en hacerlo mío.

Albert me tomó por la cintura y me levantó en vilo. No podía dejar de mirarlo, era un semi Dios embravecido, su rostro enrojecido, su boca entreabierta y su respiración agitada. El azul de sus ojos parecían atravesarme y desnudarme no sólo el cuerpo, también el alma. Mis piernas rodearon su cintura y mi sexo comenzó a danzar en una deliciosa fricción con su enorme erección pulsante, inflamada.

Mis pechos se presionaban en su pecho, nuestros calores se fundían en uno solo. Sus manos me sostenían en el aire pero me sentía acariciada en una exquisita totalidad.

Albert me contempló por un momento antes de que sus labios llegaran hasta mis senos, los cuales quedaban justo a la altura de sus labios. Se acercó despacio, como pidiendo permiso. Enredé mis manos en su cabello y lo atraje hacia mí dándole acceso a todo cuanto quisiera tomar.

Sumergió su rostro en mi pecho, aspiró profundo y se quedó ahí por un momento, llenándose de mí, lamiendo y besando como si degustara el más exquisito de los manjares. Con sus grandes manos me atrajo hacia él, haciendo más íntima la unión de nuestros cuerpos. Sus suaves labios no cesaban en su imperiosa tarea, su saliva dejó un rastro húmedo en mi piel. Mi ser completo reaccionaba a sus caricias con una urgencia que quemaba, que mataba lentamente de puro placer. Su lengua caliente en mi cuerpo, no permitía que cesara la serie de impulsos eléctricos que viajaban continuamente hasta mi vientre y entre mis piernas, desencadenando una oleada de contracciones placenteras en mi interior. Empezaba a temblar de nuevo, de emoción, de deseo y una vez más de anticipación, con plena conciencia de lo que pasaría entre nosotros de forma inevitable. Este hombre me hacía vibrar entera, como no lo había hecho antes nadie, jamás, nunca...

Sus manos trazaron un poema en mi piel, cada roce de sus dedos dejó a su paso un rastro erizado debajo de ellos. Todas mis terminaciones nerviosas estaban despiertas, en alerta. Mi mente era un caos completo, absorbía cada sensación, cada contacto, cada sonido, gemido y exhalación de Albert. Sus besos suaves, húmedos y cálidos, sus manos expertas acariciando mi cuerpo. Me acercó más todavía a él, su pelvis presionaba mi sexo contra su apremiante erección que enérgica se removía entre mis piernas... la húmeda ropa interior de ambos era la única barrera que existía ya entre nosotros... estaba cada vez más cerca del cielo.

Sin poder posponer durante más tiempo lo que sabíamos que pasaría, me llevó a su habitación. La colorida cortina hecha con carrizos de bambú parecía celebrar el momento produciendo un curioso sonido cuando cruzamos a través de ella.

Albert me bajó de sus brazos y quedamos frente a frente. Sus manos en mi cadera iniciaron el descenso de la única prenda que me quedaba puesta. Imité sus movimientos y me dispuse a quitarle el boxer. Obligué a mis manos y mi boca a mantenerse serenas ante lo que se develaba a mi vista, pero como mi única brújula eran mi corazón y mi deseo, a mi voluntad sólo le quedaba observar y disfrutar del espectáculo.

Y lo disfruté, hice cuanto me vino en gana, y él hizo lo mismo.

Volvimos a besarnos con el sabor de nuestra intimidad en los labios. Me acomodé a horcajadas sobre su cuerpo, el placer de sentirlo me provocó una excitación impresionante, empañó mi razón y nubló mi visión. Cerré mis ojos y comencé a removerme sobre él. Acarició mi rostro y abrí los ojos para no perderme el espectáculo tan deliciosamente morboso que representaba la unión de nuestros cuerpos, Pero en sus ojos no había lascivia, ni una lujuria desbordante... había adoración, deseo... tal vez amor.

Y eso inflamó mi corazón como las palomitas de maíz con el calor. -"¿Sería posible que me amara también?" -pensé sin perderlo de vista.

Luego, su mirada comenzó a empañarse. ¡No, eso no podía estar pasando! ¿acaso estaba recordándola?

Intensifiqué mis movimientos, aferrando sus manos con las mías a mi cadera. Lo haría olvidarla, lo llevaría al mismo cielo cuantas veces fuese necesario para que la desterrara de una vez por todas de su vida. No perdí el contacto visual, sus ojos se oscurecieron de nuevo.

Albert se giró en la cama y se posicionó sobre mí con gran facilidad. Como un león que enfurecido hace girar a su presa sometiéndola a su antojo. Sujetó mis manos a los costados de mi cabeza y comenzó a removerse despacio entre mis piernas.

Sentir su cuerpo sobre el mío fue uno de los momentos más eróticos de mi vida, jamás había experimentado un deseo carnal tan intenso, tan caliente, tan vivo en mis entrañas. No había comparación en ningún sentido en cuanto a lo que ya conocía con lo que estaba experimentado aquella noche. La masculinidad, sensualidad y vigor del hombre que tenía encima no me permitieron hacer comparación alguna, ni recordar a nadie. Porque todo lo llenaba por completo, porque lo que estaba sucediendo entre nosotros era algo más que sexo o mera atracción física, iba más allá de entregar nuestros cuerpos...

Fue entonces que sentí su ingente y cálido miembro encontrar mi entrada que ansiosa lo esperaba, la descomunal sensación de su miembro deslizándose lenta y suavemente en mi interior, me estaba llevando sin necesidad de más a un insondable abismo de placer.

Observé sus músculos, se movían vigorosamente sobre mí. Sus brazos, piernas y glúteos se contraían en una cadencia deliciosa con cada embestida que otorgaba en mi interior. Aquello era un manjar para los sentidos, era abrumador, enajenante.

Desquiciante.

El ritmo se incrementó un poco. Sentí dolor pues mi cuerpo no estaba adaptado a esas proporciones, pero lejos de lastimarme, la experiencia era digna de ser repetida una y otra vez, digna de ser narrada y recordada para siempre. Sus manos estrujaban mis senos en un delicioso masaje, subían y bajaban lentamente por mis piernas como un rey que avanza por las tierras de sus dominios. Así era Albert, sabía adueñarse por completo, sabía dominar y ser suave al mismo tiempo. De pronto, entre el sonido de nuestros besos y las palabras que en un murmullo nos decíamos al oído le escuché decir entre jadeos:

-Tha gaol agam ort...

Y sin pensarlo respondí:

-También te amo...

Hacíamos el amor sin ninguna reserva, sin censura, tocando con nuestras manos todo cuando podíamos, rozando con nuestros dedos aquellas zonas a las que nadie más llegaría nunca. Ya eramos dueños uno del otro, creí que ya no existían fantasmas vivos o muertos, ni recuerdo de nadie más entre nosotros dos. El éxtasis de sentirlo tan dueño de mí nublaba cualquier otro pensamiento. Lo apreté entre mis piernas, lo encerré para siempre en mi carne aferrándome a él, a ese momento. Después, mi piel se erizó por completo, un cosquilleo intenso comenzó a crecer hasta convertirse en un intenso estallido de gloria que avanzó desde mi cabeza hasta mi vientre y la punta de mis dedos en los pies, atravesó mi espalda, haciendo convulsionar mis brazos y mi cuerpo entero, mi corazón latía aprisa y yo sentía que caía desde lo alto del cielo hasta donde había subido con él, enredada en su cuerpo.

Estaba abrumada por lo que había sentido, agitada, maravillada... fue una mezcla entre miedo y desear repetirlo por siempre... eso era el orgasmo. Algo que no conocía a pesar de haber tenido sexo con mi ex novio en repetidas ocasiones.

-No puede ser cierto... -dijo Albert respirando profundo e interrumpiendo el final de aquella encantadora sensación de cansancio que nos llevaba de regreso desde las nubes hasta las sábanas de la cama. -Entendiste lo que dije... -dijo más en tono de aseveración que de pregunta.

-Albert, yo...

-Sólo dímelo Candy, lo entendiste... -volvió a preguntarme un tanto alterado, sujetándome por el brazo con un poco más de presión de la necesaria.

No supe porqué había respondido precisamente eso. Me avergoncé al pensar que me había anticipado al pronunciar esas palabras que sin dudar conectaron mi corazón con mi boca. Me sentí como una completa idiota al pensar que no significaba lo mismo para él. No sabía que había querido decir con esa frase dicha por él en mi oído, aun así respondí sin comprender por qué y me arrepentí cuando vi que su reacción no era precisamente de felicidad. Estaba molesto... ¿pero yo, qué había dicho mal?

Ambos seguíamos muy agitados, nos costó un par de minutos volver a la calma y poder ordenar nuestras ideas.

-Sólo lo sentí, discúlpame Albert... no fue mi intención ofenderte o comprometerte a nada.

Eso me había dolido. Su molestia, su silencio, sus reacciones que no comprendía del todo.

Tomé mi ropa interior y me la puse lo más rápido que pude, necesitaba irme.

-Candy...

Salí de la habitación dejando atrás el hueco sonido de las cortinas de bambú que esta vez sonaba distinto, triste. Seguí el rastro de mis prendas en el suelo, el par de preservativos resbaló de uno de los bolsillos de mis shorts y un calor profundo llegó a mi cara. "¡Tonta mil veces tonta Candy... ni siquiera te cuidaste, inconsciente!". Me molesté mucho conmigo misma, no había tomado las precauciones necesarias y había estado en contacto directo con Albert... y todas las que se hubieran acostado con él antes de mí sin usar protección.

Estaba realmente enojada, comenzaba a vestirme cuando sus manos sujetaron con suavidad mis brazos.

-No... suéltame por favor...

-Espera...

-No Albert, olvida lo que dije... yo... no es necesario que digas más, porque en realidad no dices mucho. Guardas demasiados secretos, todo lo que te rodea es un misterio y cuando te pido que me digas que está mal, en qué me he equivocado tú... sólo te encierras en tu burbuja. -me solté de su agarre. -No estás forzado a dejarme entrar en tu vida si no lo deseas. Ni siquiera tengo el tiempo suficiente para descifrarte...

-Entraste a mi vida desde la noche en que te conocí en la playa, -yo seguía vistiéndome- desde la noche que entré al mar por tu sandalia.

Lo miré sin entender ni un poco a lo que se refería. Él continuó:

-El tiempo es uno de los mayores misterios de mi vida Candy. Ni yo lo entiendo... una vez te dije que quería que lo supieras todo de mí, que no deseaba que te quedaras con alguna duda sobre quien realmente soy... pues bien, es momento de contarte mi verdad, aun exponiéndome a que huyas creyendo que si estoy loco. Eso en caso de que todavía quieras escucharme.

Seguía sintiendo un profundo desconcierto en mi corazón. Tenía ganas de llorar pero meses atrás, me había prometido no volver a llorar por nadie, mucho menos por un hombre y sus complicaciones. Recién habíamos hecho el amor y en lugar de estar abrazados, entrelazando nuestras piernas, desnudos en su cama; estábamos ahí, en medio de su sala, yo con mi sostén en la mano y con la otra en mi cintura escuchándolo hablar.

Albert sacó de uno de los cajones de un mueble, una pequeña caja de madera finamente tallada, de ahí tomó a su vez una gruesa sortija de oro. La observó un par de segundos antes de colocarla en mi mano.

-¿Qué significa esto Albert?

Mis manos temblaban, su serio semblante, sus ojos tristes decían mucho más que sus palabras.

-Estuve casado pequeña...

Las piernas me empezaron a fallar, no podía estar sintiendo eso, la sangre de pronto abandonó mi cuerpo y se condensó por debajo de mis pesadas y lentas rodillas.

-¿Estás jugando conmigo?

-Jamás lo haría...

Y me explicó después de un profundo suspiro, que "ella" salió de esa cabaña precisamente en medio de la noche para dirigirse con rumbo al mar.

-Hubo quienes la vieron entrar... pero no pudieron hacer nada por ayudarla, estaban muy lejos.

Miré la argolla mientras lo escuchaba, el aire me estaba faltando, un extraño y nítido recuerdo que no me pertenecía se fabricaba en mi cabeza: Altos ventanales con elegantes y blancas molduras alrededor de ellos. Un atardecer tapiado de densos nubarrones ensombreciendo el interior de la habitación, nuestros cuerpos desnudos, cansados después de haber hecho el amor como había ocurrido hacía apenas unos minutos en la habitación a mis espaldas, sus hermosos ojos azules y su grave y pausada voz diciendo las palabras que anteriormente había escuchado...

-Tha gaol agam ort...

Un súbito e intenso mareo me obligó a tomar asiento en uno de los bellos sillones de mimbre, pero antes de que llegara hasta él, Albert me sujetó y me atrapó en un abrazo tierno, lleno de esa cálida sensación con la que me estaba familiarizando tanto; era como estar en casa, protegida, segura, sólo así... abrazada a su pecho.

La cabeza me daba vueltas, ¡¿qué estaba ocurriendo conmigo?!


El insistente llamado a la puerta interrumpió uno de los momentos más intensos e impactantes de mi viaje a Brasil. Las voces del otro lado conversaban entre sí con impaciencia. Reconocí a Annie y Patty, sus voces eran inconfundibles; por un lado odiaba que nos hubiesen interrumpido, por otro lado necesitaba de ellas. Quería abrazarlas, contarles todo aunque al igual que yo, no entendieran nada.

-"Ni yo lo entiendo..." -habían sido también las palabras de mi hombre. Aunque una vez más se quedaba todo en el callejón de los secretos. Siempre era algo lo que interrumpía: "ya llegamos, ya nos vamos, aquí estamos..." Pero esa noche nadie me haría largarme de la cabaña sin entenderlo todo.

Nos separamos sin desearlo y recompuse mi cabello en una coleta. Albert tomó de mi mano su argolla matrimonial y la devolvió a su lugar. Le ayudé con su cabello peinándolo hacia atrás con mis manos, y sin perder de vista el azul mar cristalino que habitaba en sus ojos volví a darle un beso rápido, corrí por su camiseta que seguía tirada al otro extremo de la barra del desayunador.

No tardamos mucho en estar listos y caminó hacia la puerta, me quedé fascinada mirando a ese hombre que ya sentía como mío. Era poderoso, enorme, poseía una curiosa sencillez elegante, empezaba a memorizar su forma de caminar, de erguirse, hasta el más mínimo detalle de su personalidad me deslumbraba.

Archie, Annie, Patty y Stear aguardaban del otro lado con bolsas de compras en mano y grandes sonrisas.

-Esperamos no incomodar... -dijo el primero, entrando muy ufano y sonriente a la pequeña estancia con unas bebidas y botanas.

-Eh... no interrumpen nada, ¿cierto Albert?... -dije tratando de no parecer muy obvia. Por dentro me sentía como un viejo edificio, tambaleándose en pleno terremoto de emociones, tratando de dilucidar el revoltijo de información en mi mente.

-No hay problema, están en su casa. -Respondió Albert con una sonrisa amable. Lo estaba tomando con calma, no parecía estar enfadado y aprovechó para esconder la misma turbación en la que yo me encontraba, dirigiéndose hacia la cocinita para comenzar a preparar unas bebidas que Archie había llevado. Los hermanos le hicieron compañía y yo me quedé con mis amigas en la estancia.

Annie y Patty me miraban apenadas.

-Candy, lo sentimos, ellos insistieron... -fue Annie quien habló primero.

-Les dije que no era buena idea, pero ya ves como son los hombres. Estamos muy apenadas contigo... por favor discúlpanos.

-En verdad no queríamos molestar, Candy. Le dije a Archie que cualquier cosa que tuviera que decirle a William era suficiente con un mensaje de texto o... una llamada más tarde.

-Pero a ellos pareció no importarles, sobre todo después del escándalo de la loca esa.

Y Annie miró a Patty de la misma forma en que la vemos cada vez que comete una indiscreción.

-Uppsss...

-¿Cómo que upsss? ¿Qué pasa Patty?

-Sólo se trata de Marissa y los comentarios de una mujer dolida... Nada importante Candy. -respondió Annie adelantándose a Patty, tratando además de parecer convincente.

Patty me miraba y bajaba la vista como disculpándose.

-Pero mi querida Patty tal vez quiera enterarte de todo, ya que siente tener la lengua en completa libertad, ¿o me equivoco amiga?

Patty nos miraba a ambas y permanecía en silencio.

-No tiene caso darle importancia Candy, sólo dijo un montón de cosas sin sentido como Annie ya te ha dicho.

-Pues lo que sea quiero escucharlo...

Y después de un poco más de insistencia con ambas, pude enterarme de todo.

-Ella dijo que siempre estará dispuesta para él...

Y eso me revolvía el estómago de rabia, a mí no me importaba tener que lidiar con un pasado lleno de mujeres tan dispuestas a consolarlo y hacerle compañía. Pero de ahí a que ella no quitara el dedo del renglón, la situación se tornaba muy incómoda.

-Dijo ser quien lo consuela cuando llora por su ex mujer... ¿escuchaste eso Candy? ex mujer... creo que William Albert no te está diciendo toda la verdad.

Tampoco era yo nadie para juzgar su vida, después de todo, yo también tenía un pasado. Él mismo había comenzado a abrirse conmigo y hablar sobre "ella".

-Ella dijo que tú te irías muy pronto, que ella sabía esperar y sería entonces quien se encargaría de consolarlo como siempre lo hacía, por todas y cada una de las pérdidas de su pasado que lo atormentaban cada noche...

Todos teníamos pérdidas y yo estaba enterada de una que lo ataba a Brasil, pero no conocía todas y cada una de ellas. Punto a favor de Marissa, no había comparación en el nivel de información que ella poseía. Aunque yo sabía algo que posiblemente ella no: la ex esposa de Albert había representado para él la inmensidad de un amor, mientras Marissa era apenas un puñado de arena en comparación con la inmensa extensión de la playa. Marissa era sólo un cuerpo tibio en el que encontrar un poco de calma cuando la soledad y la pena lo amenazaban con arrastrarlo a una locura real. ¡Muy bien Candy! ahora comenzaría la monja amargada en mi cabeza a atormentarme diciendo: -eres "la nueva Marissa" querida.

-Dijo que vivías en una nube Candy...

-¡Patty basta! ¡eso no! -la interrumpió Annie.

En este punto no sabía si quería seguir escuchando, pero mi necesidad de que todo se destapara y no dejar cabos sueltos me hizo pedirle que continuara.

-Dijo... que Albert había perdido a su esposa cuando murió ahogada en el mar. Dijo que Albert está medio loco y que ella es la única que está dispuesta a vivir con un loco como él. Que a ella no le importa escuchar sus desvaríos porque ella lo entiende mejor que nadie. Que tú te irás y como cada verano una nueva siempre llegará, pero al final es ella, siempre ella la que se queda con él.

Y mi pecho estaba a punto de reventar con esa dolorosa verdad. Yo me iría y ella se quedaría aquí mismo, como gata en celo detrás de Albert...

-Candy, no creímos nada de la maraña de ridiculeces que dijo. Sólo que, cuando dijo que Albert estaba loco...

-Tuvimos mucho miedo por ti, esa es la verdad. -Concluyó Annie tomando mis manos.

-Y por eso han venido...

-No sólo por eso, Stear y Archie decidieron que lo mejor era venir para contarle personalmente todo lo que ella había dicho. Por eso es que tardan tanto en la cocina... Amenazó con convencer a Neil para que le quite su trabajo. Neal es el verdadero dueño de las cadenas de hoteles y del restaurante. No William como nos contó el tal Alipio.

-Ese es otro mentiroso Candy, ¿qué ganaba con decirte mentiras?

Y todo eso ya lo sabía por boca del mismo Albert. Todo tenía bastante lógica. Yo iba a regresar a mi vida y dejaría a mi amor sumido en una maraña de problemas por los celos de aquella disparatada mujer. Me sentía impotente, si bien sabía que él no poseía los recursos como para viajar conmigo, no deseaba que se quedara en Brasil a ser sobajado por un tipejo como Neil, ni quería que Marissa lo chantajeara con perder su trabajo.

Pero no podía llevarlo conmigo, él no me permitiría hacerlo. Albert no era un souvenir ni era tan fácil que yo pudiera sacarlo de sus ataduras y recuerdos, no era un niño al que yo pudiera proteger intentando cambiar su vida de una forma tan radical, llevándolo lejos conmigo; para protegerlo de los verdaderos desquiciados del planeta... Aunque muriera en deseos por poder raptarlo y convencerlo de quedarse a mi lado. Albert era un hombre de treinta y dos años que con sus propios medios salía adelante, no le gustaba depender de absolutamente nadie para vivir. Albert era como un rompecabezas, de esos de diez mil piezas que muy lentamente se van armando. Tenía algunas de las piezas pero me faltaban muchísimas más, y no sabía ni por donde empezar a buscar. El tiempo se acababa y debía ayudarlo de alguna forma. ¿Pero cómo?


Patty aplaudía emocionada y hundía la cabeza entre sus hombros con la alegre expresión de una niña. Stear hacía toda clase de efectos especiales como si estuviese contando una historia a un grupo de niños, su voz se transformaba en gruñidos e imitaciones de llanto en medio del relato.

-La leyenda habla de ellos, nuestros ancestros en Escocia pudieron dar fe que en realidad existieron... las personas en la actualidad no pueden refutar ese hecho. Muchos científicos investigan no sólo los antiguos círculos megalíticos, sino también... ¡la irrefutable existencia de los Kelpieeeeesssss!

Archie levantó una de sus cejas mientras sonreía por los relatos de su ocurrente hermano.

-Los Kelpies eran criaturas peligrosas que se mantenían en los alrededores de los grandes ríos y lagos de Escocia. ¡Pon mucha atención Patricia! pues un día irás conmigo a la tierra de mis antepasados y cualquier detalle que decidas ignorar... ¡podría suponer la fatalidad en nuestras vidas!

-¡Anda, payaso! -lo presionaba Archie.

-¡Shhhhht! Sin interrupciones por favor, las preguntas son al final de la historia. -No podía dejar de reír con las ocurrencias y disparates del buen Stear. -Pues bien, se supone que estos animalejos del mal eran astutos y malintencionados. Atrapaban a sus víctimas engañándolas como por medio de un hechizo o hipnosis por decirlo de otra forma, ya estando en el borde del agua, las personas...

-Las personas qué Stear, ¿por qué haces pausas?... -preguntaba Annie más entusiasmada con el abrazo protector de Archie que con el fantasmagórico relato.

Stear miraba a todos alumbrando su rostro desde su mentón con la lámpara de mano, levantaba las cejas y abría demasiado los ojos.

-¡No hagas eso Stear! a mí si me da mucho miedo...

-Patty hermosa, siempre estaré para protegerte de los Kelpies... -corrió Stear a su lado y después de acurrucarla en sus brazos, comenzó a llenarla de besos tiernos.

-¿Ajá y luego? -preguntó Archie.

-Pues... se ahogaban en el río o en el lago, invariablemente.

-Ahhh, ¿así nada más?... -preguntó Annie decepcionada, después de todo parecía que la historia había atrapado su interés.

-Pues... sí, al menos eso dice la leyenda. -Pero Stear parecía más interesado en besar y abrazar a mi amiga que en continuar asustándonos con su relato.

-No es sólo eso... -la voz profunda de Albert hizo a los reunidos alrededor de la fogata mirar hacia él. Albert se acercaba con más bebidas que había preparado en una charola. Cada quien tomó la suya y después de terminar de repartir,Se acercó a mí, me miró y sonrió, tomé su mano para atraerlo a mi lado, pero decidió acomodarse por detrás mío abrazándome y manteniéndome entre sus piernas, muy cerca de su cuerpo. Recordé el sueño mafufo donde me rescataba de morir ahogada en los rápidos, así me abrazaba en aquella ocasión envuelta en una manta... de noche, con el ruido del agua fluyendo como fondo y cerca de una fogata igual que ahora... Albert y mucho de lo que hacía era un constante déjà vu en mi vida. La piel se me erizaba de tan sólo analizar las similitudes entre lo soñado y lo que estaba viviendo.

-Las viejas leyendas hablan de un grito sobrecogedor, un grito que asemeja mucho al llamado de auxilio de una persona que se está... ahogando. -Prosiguió Albert.

Su tono se volvió triste, apagado. Su semblante se endureció y lo saqué de su silencio preguntando:

-¿Saben de alguien que haya escuchado el grito?

-Sí princesa, y como podrás darte cuenta no está aquí para confirmarlo...

Patty estaba aterrada, Annie daba una calada a su cigarrillo, Stear besaba el oído de Patty tratando de calmarla y yo me deleitaba con escuchar tan de cerca la narración en la voz de Albert. Era una leyenda interesante y mágicamente relatada. A poco mas de una semana en Brasil, mi corazón ya amaba a ese hombre con fuerza, decisión y carácter...

-...Hace muchos años, escuché el pedido de auxilio de una persona a punto de morir ahogada. -continuó Albert mientras entrelazaba sus manos con las mías- En la mitad de la noche, internado en el bosque... por supuesto que conocía la leyenda escocesa... y claro, temí que se tratara de uno de ellos.

A medida que continuaba el relato sentía sus brazos aferrarme más hacia él. Desde mi punto de vista ese gesto me parecía delicioso, que me acercara tanto a su cuerpo era agradable, sensual y despertaba un volcán en mis adentros. Pero conforme seguía hablando, su abrazo se tornaba tenso, posesivo, como cuando abrazas algo que sientes que te pueden arrebatar en cualquier momento.

-¿Y salvaste a esa persona? ¿llegaste a tiempo Albert?

-Sí Annie, pude ayudarle en ese momento... -emitió un breve suspiro- Pero, volviendo a la leyenda, se cuenta que estas criaturas imitan el llamado de auxilio con toda la intención de atraer a sus víctimas, la víctima cae en el engaño inevitablemente en un afán de prestar ayuda a aquél que se encuentra en problemas... por desgracia existen personas que siempre están dispuestas a ayudar, aún a costa de su propia seguridad... de su propia vida. Hay quienes todavía creen que todo el mundo tiene buenas intenciones...

Y no dijo más. Todos nos quedamos callados dejando que el crepitar del fuego y las olas en su interminable ir y venir fueran el único sonido de fondo. Albert se había perdido en su mundo aparte y yo analizaba sus palabras, tratando de encontrar más piezas del rompecabezas. Eso ya lo había dicho alguna vez refiriéndose a mí.

-Hay otra versión además, -continuó Archie entrelazando su mano con Annie. -Se dice que a veces estos espectros se aparecen en forma de un precioso corcel al borde del agua, con un aspecto manso y solitario. La víctima se siente atraída por el bello y tranquilo animal que parece bastante amigable además. Entonces ya esta todo hecho, sólo es cuestión de tiempo para que la persona se sienta atraída a montar en su lomo para cabalgarlo, en cuanto esto ocurre, el noble caballo se transforma en maldad pura, volviéndose violentamente con rumbo a las profundidades para convertir el paseo, en el sepulcro de agua de su víctima.

-Es demasiado para mí, ¿seguros que esto es una leyenda? -preguntaba Patty removiéndose inquieta en los brazos de Stear.

Albert seguía en ese estado de introspección. En ese momento comprendí el significado literal de cuando una persona está físicamente en un sitio, pero su mente está viajando a otro lugar y otro tiempo. Definitivamente Albert estaba ausente y supuse que era por pensar en su difunta mujer.

Stear y Archie notaron lo mismo que yo; y para romper con el misticismo de la charla Stear agregó:

-Tranquila mi amor, es sólo un cuento y como tal, hay una parte donde el humano es vencedor. Hay quienes aseguran que el secreto para domar a un kelpie es arrancarle la brida, si la víctima lo logra, la bestia estará obligada a obedecerle...

-¡Ayyyy a mí no me interesaría que una bestia me obedeciera, bastaría con no encontrarme con un animal de esos nunca en toda mi vida!...

-Pero si Stear te obedece bastante bien, no encuentro motivo de queja... -agregó riendo Archie.

Las risas y bromas continuaron y gracias a ello Albert dejó de mostrarse taciturno. Su abrazo también comenzó a relajarse alrededor de mi cuerpo.

-Albert, ¿estás bien?

Le pregunté girando mi rostro hacia un lado. Besó mis labios en apenas un cálido y suave roce.

-Sí pequeña. Ahora lo estoy...

-Bien, creo que fue suficiente por esta noche. -Archie se levantó de la arena y ayudó a Annie a incorporarse. -Nosotros nos retiramos, pronto será hora de regresar a esta princesa a su castillo. -Annie sonrió contenta y abrazó a su galante novio. Después de todo, el atractivo y elegante Archibald no era ningún patán.

-Nosotros también nos vamos, Patty necesita descansar... -Stear imitó a su hermano ayudando a mi amiga a ponerse de pie.

Sólo Albert y yo permanecíamos ahí sentados, no quería irme con ellas. Habíamos dejado mucho sin concluir y ya me había hecho a la idea de que esa noche sería especial, sólo nuestra. Me acurruqué entre sus brazos y hundí mi rostro en el hueco de su cuello, cerrando los ojos aspiré su perfume y volví a estremecerme al recordar cómo me había hecho el amor.

Pero me armé de valor y me levanté de la arena con todo el pesar de mi corazón, aunque estar metida entre sus piernas y sus brazos era el único sitio que se me antojaba como el mejor en el mundo, mis amigas se iban y me iría con ellas.

-Albert, supongo que... regresaré con Patty y Annie.

-¡Oh no Candy! ¡no estuvimos aquí para llevarte de vuelta con nosotras! -replicó Patty de inmediato.

-Es cierto Candy, ya interrumpimos demasiado, además... no creo que quieras pasar la noche sola en una habitación de hotel después de haber escuchado sobre los kelpies...

-¿Sola?

-Yo... dormiré con Stear. -Respondió Patty ruborizándose por completo.

-Yo también tengo planes con Archie. -Respondió Annie terminando de un trago el resto de su bebida. -Así que en vista de que te conozco y sé que no te gusta dormir sola después de haber escuchado relatos terroríficos... te recomendaría que permanecieras en la seguridad de la compañía de tu novio...

Sonreí aliviada abrazando a Albert por la cintura. Mi novio... ¡eso sonaba tan bien!.

-¿Quieres que me quede Albert?

-No pensaba dejarte ir a ningún lado princesa.

Albert era de otro mundo, un caballero enigmático de dulce y sabia mirada, una mirada atenta y preciosa que hablaba sin necesidad de palabras, que parecía conocer todo de la vida y al mismo tiempo la contemplaba a través de esos luceros de un azul infinito con tantas preguntas. Su sonrisa podía iluminar mi día en la misma medida que su tristeza era capaz de conmoverme profundamente y arrastrarme con él; porque mi corazón estaba entendiendo el idioma del suyo. Porque en el fondo de su acorazado interior y muy a mi pesar, existiría tal vez para siempre el vacío que había dejado ella, su esposa. Un hueco que al parecer él no estaba dispuesto llenar, con nada ni nadie más. Y por extraño que resultara, también eso podía entenderlo...

Albert era un hombre completo, independiente y bueno, que para mi desgracia vivía atado a su pasado, empeñándose en mirar hacia ese mar que nunca le regresaría a su amor perdido. Preferiría vivir para siempre esperándola aunque la vida pasara ante sus ojos, y yo francamente no podía pelear contra eso. Si por lo menos supiera que tenía una oportunidad lucharía por arrebatárselo a ese y mil fantasmas más como ella, a una y mil Marissas más, pero el tiempo se me acababa. Y él seguiría una eternidad dispuesto a esperar tal vez, por un imposible.

Yo en cambio regresaría a Chicago, allá tenía una vida, mi rutina llena de pacientes, prisas, colegas, obligaciones y un hogar de Pony al que cuando podía, corría para refugiarme sin pensarlo mucho. No me bastaba con desear hacerle el amor cada mañana, cada tarde y cada noche. No era suficiente necesitarlo, sentirlo en la profundidad de mi cuerpo, necesitaba que él estuviese convencido, que él también lo deseara en la misma forma en que yo lo hacía. Tal vez sólo un milagro, la ayuda divina podía intervenir en mi gran dilema. Era una realidad que podría amarlo el resto de mi vida, aunque, analizando mi situación, el resto de mi vida era el tiempo que había vivido sin conocerlo, el futuro en que lo visualizaba a mi lado sería sin duda el inicio y la mejor parte de mi existencia en este mundo...

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Continuará...

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Adoradandrew: Sabes? ahora que recordaba a Glenda, si no me equivoco se retiró del fandom por motivos personales, se despidió solo en el chat de Tuty por ser la primera a quien le escribió un review, pero ya venía suscitándose este tipo de situaciones feas en los "chats" y eso me hace pensar que se fue en el mejor momento. Con respecto a Marissa, en verdad te dio coraje? jajaja a mi siiiii, es curioso porque mientras lo escribo, lo imagino y obviamente siento celos, pero es mucho más light que cuando me toca leerlo de otra escritora, ahí si me duele en serio!

Stormaw: La historia tiene varios secretillos más, gracias amiga por leerme y feliz año también. Ya vuelve!

Monique de la Fontine! (alias Moni N): Jajajaja, loquisha! Pues que si le atinas mejaaaaa! Es que ya me conoces demasiado. A ti ni como te engaño! Muy bien que apoyes la moción y el dictamen de Adorada porque así sucedió. Lo atrapó en sus carnes cual ventosa de pulpoooo! jzjzjz. Te quiero.

MadelRos: Preciosa gracias por comentar en cada capítulo, tus reviews me alegran el corazón al ser tan analíticos, descifradores y extensos. Tu análisis de CCFS también me resulta interesante por lo que comentas. Me encanta que él le dice... ¿y porque rayos debería ser un sueño? ay papazoteee para devorárselo ahí mismo. jajaja a poco no? Leí las versiones de CCFS en Wattpad, pero nunca las analicé a detalle ni recuerdo a la perfección como tú! wowww!

pivoine3: Eh bien, comme toujours, j'espère que le traducteur m'aidera car en français je ne peux que dire: oui, je ne sais pas, je m'appelle, bonjour, je vous adore, je vous aime et je vous remercie beaucoup. Par conséquent, je ne sais pas comment structurer une bonne conversation. Vous m'avez donné beaucoup d'idées dans votre commentaire, mais elles seront pour une autre histoire. En cela, les mystères de seront immédiatement révélés, car selon moi, ils sont presque terminés. Je vais juste vous donner un indice, ce n'est pas à propos de la sœur d'Albert. Merci d'avoir lu, belle!

Hanis: Que agradable que te guste la historia, gracias por tus comentarios, respecto a tu última pregunta, en el siguiente capitulo lo descubrirás!

elbroche: Me encanta eso de mi rubio adorado tormento seductor... jajajaja, le añadiría bastantes más calificativos: papazote, macho alfa, grandote, matador, muñecazo, apachurrooo! pero buenoooo, no me quiero soltar de mas. El chiste es... que te agradezco que leas este fic y me encanta saber que te causa intriga y te deja con dudas. Un beso elbroche!

Only D: Bonitaaa! ay usted y sus reviews tan jocosos y divertidos! jajaja destilas buena vibra caray! Espero que este capítulo haya sido lo bastante adecuado para que tu celular repose tranquilo en tus manos sin temor de sufrir altercado alguno. Ya chequé lo que me mandaste y no tuve chance de verlo completo pero el inicio del cap 1 me gusto mucho. Dibujos muy bien hechos, y hay unoooo que se parece a Terryyyyyy, el amigo de Lady Oscar, que tiene su abuelita! ay chiquitooo! que bello. Lo que vi me gusto, así que voy a seguirle. El papá de Oscar super autoritario como el Duque de Granchester o tantito peor, porque cómo se le ocurre pretender relacionar a su hija con una mujer! De por si el nombre que le puso... la rechazó desde que la beba llegó al mundo. Esta buenísima esa historia. Prometo continuarla. Y la portada... sabrosura verdad? Se llama Kıvanç Tatlıtuğ, actor turco, 35 años, 1.90 m, delicia de hombre!

Phambe: Merci Phambe pour tes bons voeux, je te souhaite également le meilleur dans tous les domaines de ta vie. Nous sommes très loin, mais aussi incroyable que cela puisse paraître, l'amitié existe malgré la distance. Que 2019 soit prospère et pleine de bénédictions pour vous et vos proches. Que Dieu me donne le temps de finir mes histoires de Terry et de continuer à délirer vos commentaires. Je vous envoie un gros câlin.

Dina: Gracias Dina! Ya tenía mucho sin saber de ti, es muy bueno verte de nuevo por estos rumbos! Es un halago y un honor que leas una historia mía dos veces, me esforzaré para que esta también llegue a alcanzar un buen nivel de escritura. Gracias por tu review en Ojos de cielo. No se trata de la nieta de Candy, es su hija Roseline que falleció a los ocho años a causa de un mal congénito que afecta a algunos de los Andrew (claro, según yo). Algunas lectoras opinan que Candy se volvió loca, otras que la niña es un fantasma. ¿Tú que opinas?... mi corazón místico se inclina por la opción del fantasma (que el efecto sedante del medicamento ayuda a desvanecer y hace parecer una mera alucinación). Pero la historia la escribí pensando en que la niña se había quedado apegada a Candy, y ella también a su hija como parte de un duelo no superado. Un beso y gracias por regresar!

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Ahora si me despido! gracias por estar!