Y entonces, henos aquí. En los últimos años, he notado que el co-protagonista de la serie se ha convertido en una especie de favorito para todo el público, especialmente de las damas, y está bien, es un gran personaje. Hoy tengo el gusto de decirles que mucho del capítulo de hoy será sobre él.
Antes de dejarlos con el texto, quisiera expresar mi agradecimiento a todos lo que siguen y han dejado su opinión sobre esta historia, es muy gratificante y motivador poder leer lo que piensan y compartir mis propias opiniones al respecto con ustedes.
Sin otra anotación que hacer por hoy, los dejo con el episodio.
Capítulo 8.
El regalo.
Tomoyo escuchó la historia que Sakura le contaba con atención y paciencia. La segunda era necesaria dada la dificultad de interpretar una frase que es armada entre gimoteos, sollozos e hipo. Trató de ser la mejor oyente mientras todo sucedía, sin embargo, en su experiencia en el mundo sabía que por detallada que fuera la descripción de su descendiente, siempre habría un cabo suelto, una parte de la historia que no sería abarcada de forma correcta… pero no estaba en postura o posibilidad de entrevistarse con Li.
Sin embargo, se podía dilucidar perfectamente una constante en la conducta del gaijin que la sacerdotisa no podía simplemente pasar por alto: el secretismo y la mentira. Aunque también era cierto que en la vida no todo es sólo blanco o negro, y eso era precisamente lo que quería aclarar.
El amor que existía entre el par era evidente, casi palpable, era difícil ver algo tan poderoso y auténtico, en especial entre personas tan jóvenes, y de cierta manera sintió responsabilidad por ellos.
El remedio podía ser hacerlos hablar mucho, que expusieran sus puntos de vista y sentimientos, y que trataran de internalizar lo que el otro hacia e intentaran entenderlo en perspectiva. Una "terapia" de ese tipo podría llevar días, meses incluso, y aun así no podía garantizarse su éxito, en especial cuando Sakura estaba muy cerca de dejar de luchar, sintiéndose traicionada.
—No sé qué más contarte…— Expresó Sakura luego de hablar por un muy buen rato, y ya que el llanto finalmente comenzaba a ceder, con la nariz irritada, los ojos casi secos, y muy cansada.
—Tal vez parte del remedio sea no seguir hablando… una de mis habilidades especiales es la evocación. ¿Sabes qué es eso?
—Recuerdos…— Respondió la maestra de cartas, curiosa.
—Así es. Todos los hechiceros tenemos más de una habilidad a desarrollar, hay algunas que incluso ignoramos, tú, por ejemplo, además de tu magia de proyección eres también clarividente, y seguramente hay más cosas que puedes hacer.
—¿Qué habilidades tienes tú?— Preguntó interesada, pensando que la noche tomaría nuevamente su orientación educativa.
—Protectora, sanadora, evocadora, y cocinera.
—¿Cocinas con magia?
—No, sólo soy buena cocinera—. Hizo una risa alta y escandalosa mientras que Arashi ponía los ojos en blanco y Sakura reía tontamente—. De acuerdo, fue un mal chiste. Pero para la siguiente demostración necesito que veas algo que me acaban de traer.
Las tres caminaron hasta el centro del salón de culto, donde las esperaba una sencilla caja de madera cercana al metro de longitud por apenas unos centímetros de ancho y alto. La misma que el general Issa había entregado a Kurogane unas horas atrás, y la cuál había sido entregada al templo por el samurái en persona. Tomoyo abrió la caja sin ceremonias, haciendo que Sakura diera un respingo al ver el contenido.
—La espada de Xiao-Lang…— Susurró al mirar el mango color oro añejo con grabados, y la muy maltrecha hoja que descansaba sobre el cojín al interior de la caja. Daba la impresión de que si era levantada, se partiría sin mayor esfuerzo.
—La solicité porque tenía curiosidad de estudiar los daños que recibió en su último combate, he visto lo que la chiquilla dragón ha provocado a otras espadas, pero al ser ésta fabricada por los Li seguramente tiene muchas memorias que compartirnos, en especial las memorias de su dueño. ¿Sabes si él acostumbraba llevarla?
—Todo el tiempo. En realidad, él hacía algo parecido a lo que hacía Arashi… cuando la necesita, la extrae de su mano.
—¿De verdad?— Preguntó Tomoyo, acercando mucho el rostro a la hoja—. Es raro, la espada no parece hecha de hueso u otro material orgánico como la de Arashi.
—Desconozco esos detalles, Xiao-Lang nunca me habló mucho de su espada… creo que era de esperarse, siendo que no me contaba siquiera sobre lo que sí tenía que contarme…
—Esa estuvo buena—. Dijo Arashi riendo con ironía, y levantó los hombros al ver a Tomoyo reprenderla sin palabras.
—Pues nos enteraremos en un momento. La evocación que yo puedo hacer debe ser sensorial, alguno de mis sentidos debe estar vinculado al objeto cuyos recuerdos quiera explorar, y siempre será mejor hacerlo a través del tacto. Acércate un poco—. Solicitó a la maestra de cartas. Ella obedeció—. ¿Estás lista?
—¿Lista para qué?
Sin responder a la pregunta, la sacerdotisa tomó el mango de la espada y acto seguido puso el pulgar de su otra mano entre los ojos de Sakura, haciendo resplandecer a ambos por un segundo. Sakura se desmayó de inmediato, Arashi pudo atraparla antes de dar contra el suelo y la acomodó cuidadosamente sobre la duela.
—Tarde o temprano la vas a hacer enojar en serio—. Dijo la samurái, aparentemente acostumbrada a ese tipo de escenas.
—Es una buena chica, y lo que hago lo hago por su bien, me perdonará y algún día me lo agradecerá—. Tomoyo se sentó con dificultad en el suelo, presa de un terrible mareo. Al hacer ese tipo de evocaciones ella quedaba inmersa en los recuerdos, inconsciente, pero podía controlarlo durante los primeros segundos tal como estaba haciendo en ese momento—. Por favor, cuida de nosotras. Si el dragón viene, pídele que vuelva otro día.
La muchacha se quedó profundamente dormida en brazos de Arashi, que un par de minutos después las tenía a ambas acomodadas con paños bajo sus cabezas, vigilando su sueño.
La hora de tomar el baño había llegado. Sin embargo, Xiao-Lang no había dormido ni un poco desde la tarde anterior. Pensaba en cómo había arruinado todo, y que a partir de ese momento absolutamente todo lo concerniente a Sakura estaba fuera de su control. Pensó en más de una ocasión en ir a buscarla al templo, pero temía que la guardia de la sacerdotisa lo echara y eso empeorara todo.
Concluyendo que no tenía sentido pensarlo más, tomó un baño frío, buscando de forma inconsciente auto flagelarse por lo que desde su punto de vista era sólo y sólo su culpa… trataba de suprimir el impulso de hacerse un ovillo y ponerse a llorar como un bebé cada que venía a su mente un escenario donde Sakura estuviera fuera de su vida, pero cada cosa que pasaba esa mañana señalaba ese camino. Preparó el desayuno para dos como siempre, pero Sakura no se apareció a la hora habitual. Él apenas si probó bocado, pensó que seguramente la chica seguía molesta y por ello había preferido quedarse en el templo, al final, ella dijo que lo resolverían ese día, así que tal vez a la hora de la cena ella tendría listas sus pocas pertenencias para marcharse definitivamente.
Idea espeluznante, pero posible.
Tomó la bolsa enviada por Kurogane esperando alguna sorpresa desagradable, pero lo que encontró fue un par de juegos de ropa que miró confundido.
Se hizo un silencio muy raro cuando Li llegó a la administración. Cada campesino, capataz, samurái y administrador lo miró con curiosidad de pies a cabeza, haciéndolo pensar que el atuendo consistía en una elaborada broma pesada, urdida por Kurogane para hacerle pasar un mal rato en venganza por su pelea del día anterior.
Kurogane levantó la cabeza entre sus poco más de cincuenta samuráis, que aún tenían conversaciones triviales antes de comenzar la junta militar de cada mañana, el ojo cerrado el día anterior se había recuperado casi por completo, sólo conservando el color azulado en la piel. Hizo una seña rápida a Xiao-Lang con la mano para que se acercara, y una vez el gaijin obedeció, todos los presentes volvieron a lo suyo.
Xiao-Lang vestía un kimono verde olivo acompañado de un hakama marrón. Vestimenta samurái.
Kurogane reunió a todos sus hombres alrededor de un mapa.
—Ya que estamos todos, comencemos con la asignación de guardias. El gaijin se unirá a nuestra escuadra a partir de hoy, refiéranse a él como Li, de otra manera, les romperá la cara.
—¿Por qué debemos trabajar con un gaijin, señor?— Preguntó la única mujer del grupo.
—Por la misma razón por la que trabajamos con alguien a la que no le gustan los hombres—. Respondió mirándola acusatoriamente por un segundo—. Todos somos soldados y somos iguales, no me importa lo que te guste o de donde vengas, si eres un buen guerrero, es suficiente para mí y lo será para ti. ¿Pregunta respondida?
—Totalmente señor. Nada personal, Li—. Dijo la chica, sonriendo con ligereza a Xiao-Lang.
—Bien, si ya terminaron de perder mi tiempo con tonterías…— El muchacho marcó áreas del feudo en el mapa y en ellas asigno a parejas de samuráis. Dio horarios en los cuales comerían y asistirían a entrenamiento, que según lo que Li había visto, era una actividad diaria y necesaria para mantener óptimas sus habilidades. Se dirigió por último a Li, que no había recibido aún lugar ni horarios—. Tú iras conmigo.
Dichas esas palabras, todos hicieron expresiones burlonas. Mientras eso pasaba, Li dio cuenta realmente de cuán heterogéneo era el grupo de samuráis. La mayoría de ellos eran mayores en edad a Kurogane, y él mismo ostentaba sin lugar a dudas el título del más joven. Las estaturas y complexiones eran variadas también.
Li comenzó a seguir al Samurái fuera de la administración cuando los primeros rayos del sol atravesaban los últimos vestigios de la bruma matinal y las aves migratorias surcaban el cielo en parvadas pequeñas, pero constantes.
—A partir de hoy vas a recibir entrenamiento junto con todos los soldados de la villa. Te entrenaría personalmente, pero como puedes ver, tengo muchas cosas que hacer—. Dijo el dueño de la villa con una voz diferente a la de otras veces. Era el mismo tono e incluso los mismos modales hoscos, pero más calmado que en entrevistas anteriores.
—Señor Kurogane, yo quiero disculparme por…
—No lo hagas—. Interrumpió el samurái—. Hiciste lo que creías correcto, al igual que yo, y yo no voy a disculparme contigo por nada. Te diría que reconozco a una persona honorable cuando la veo, pero sería mentir, debía ver con mis propios ojos dónde estaba tu lealtad y qué es lo que te motiva, y saber si eras confiable. Hasta el momento, creo que esta experiencia obtuvo lo mejor de los dos. La sacerdotisa no me quiso dar mayores detalles de su lugar de procedencia, pero al parecer tu esposa es una pariente lejana de ella, y eso explicaría sus poderes. Creo que tu motivación podría sernos de gran ayuda mientras superamos la crisis del dragón o mientras ustedes vuelven a casa, lo que suceda primero.
—¿Mi motivación?
—¿Qué es lo que te motivaría a luchar por Tomoeda estando aquí?— El chico estuvo a punto de responder, pero el samurái se lo impidió con una observación—. Tu motivo real y el más importante.
Li pensó por algunos segundos con la mano en la barbilla, pensó en decir que sería por proteger a los inocentes que vivían ahí, o por prestar sus servicios al templo. Ambas razones podían considerarse verdaderas hasta cierto punto, pero sólo una era prioritaria.
—Llevar a Sakura de vuelta a casa.
—Suena un poco tonto pensar que haces las cosas por una mujer, ¿no?
—Sí, un poco… pero creo que eso es algo que tenemos en común.
El samurái miró a Li con suspicacia.
—¿Y eso qué demonios significa?
—Usted es el dueño de la villa, tiene una obligación con estas personas, pero si me lo pregunta, creo que al igual que yo, lo hace por una sola de esas personas en realidad. Y creo que esa persona es la sacerdotisa Amamiya.
—Pues qué bueno que no te lo pregunté, muchacho entrometido.
—Descuide, no acostumbro ventilar secretos de otras personas.
—Gra… es decir, no hay ningún secreto.
Guardaron silencio mientras continuaban caminando hacia donde el samurái indicaba, hacia el lado opuesto de los campos de cultivo.
—¿A qué edad los casaron?— Preguntó de la nada Kurogane.
—Eh… es reciente.
—¿Ya se conocían?
—Sí, desde que éramos pequeños.
—¿Y al menos se gustaban?
—Pues ella me gustó desde que la vi por primera vez, pero no se lo hice saber de inmediato… y creo que ella más bien tuvo que acostumbrarse a mí.
—De cierta forma son afortunados. Las muchachitas normalmente terminan casándose con alguien mucho mayor y se convierte más en una relación de negocios entre familias que de amor, y según me dijo Tomoyo, tú eres parte del Clan Li, así que te salvaste de casarte con una prima.
Li pensó fugazmente en Meilin y rió con nerviosismo.
Librando la última colina, pudo ver un gran prado de césped corto y varios guerreros de los que había visto un poco más temprano en distintas rutinas de entrenamiento, algunos con lanzas, otros con espadas, arcos, flechas y caballos. Varios hombres de madera estaban dispuestos para entrenamiento de puntería o de combate, y una improvisada pista para refinar el tiro con arco a caballo. Al acercarse al armero, Kurogane solicitó un par de bokken, dándole uno a Li, e indicándole que ocupara lugar al final de la hilera de esgrimistas que hacía formas con dichos instrumentos. Li ya había pasado una vida entrenando la espada, pero un sable japonés era diferente de muchas formas a su espada Jian, tenía filo sólo en un lado de la hoja, era de materiales más ligeros y el filo era más agudo, y a diferencia de su propia espada, que tenía fines ceremoniales y mágicos principalmente, una katana estaba concebida específicamente para la guerra.
Pensó por un momento que pasaría el día haciendo formas, y probablemente reconociendo el perímetro, pero no fue así. Luego de las formas y poco antes del mediodía se había batido en duelo con media docena de guerreros (perdiendo cinco duelos de seis), le habían enseñado las formas básicas de la lanza, había hecho tiro con arco (en el cual no destacó), además de aprender a montar a caballo. Con tantas actividades, no dio cuenta siquiera que la jornada estaba por terminar, y no había comido aún, sólo había saciado un poco su sed.
—Te llevarás el bokken a casa para practicar, cuídalo bien, ya vimos que eres bueno rompiéndolos—. Dijo el samurái a Li, luego de dar indicaciones finales a todos sus hombres—. Habrá días en que tendrás que dar servicio todo el día y toda la noche, y descansarás un día a la semana, y creo que en tu caso lo mejor sería que fuera mañana mismo. ¿Estás de acuerdo? En realidad no me importa si lo estás o no.
—Estoy de acuerdo entonces.
Comenzaron a hacer camino de vuelta a la administración en un nuevo silencio. Esta vez fue Li quien inició una nueva charla.
—Me parece muy honorable que anteponga sus responsabilidades a sus intereses personales—. Kurogane arqueó una ceja, pero dejó al muchacho continuar—. Es decir… yo aún tengo que responder a mi familia por responsabilidades futuras con mi Clan, y sólo espero no tener que elegir entre mis deberes y la persona a la que quiero.
—¿Y si es ella la que tuviera que elegir?
—No entiendo…
—Tu esposa es una Amamiya. Ella tarde o temprano también tendrá una responsabilidad que la superará… ¿preferirías que te eligiera a ti sobre eso?
Esa última revelación tomó totalmente por sorpresa al lobito. Nunca se lo había planteado en realidad, porque hasta antes de llegar a Nihon, él pensaba que Sakura era sólo una chica afortunada que resultó ser usuaria de magia, pero ahora, con un panorama más amplio, era un hecho que ella era también una hechicera de linaje, y él sabía que ese estigma tarde o temprano habría de alcanzarla. El samurái intervino nuevamente al verlo reflexivo.
—Tengo una sabiduría para ti, mocoso. Es estúpido pensar desde este momento en lo que el destino podría o no hacer con ustedes. Hoy están vivos, hoy están juntos, hoy se quieren. Mañana podría llegar ese maldito dragón y terminar con todos nuestros problemas al matarnos. Podría haber un terremoto y desaparecer Tomoeda y todo Edo de la faz de la tierra. Concéntrate en el trabajo que tienes hoy y en las personas que están hoy contigo.
Era extraño recibir un consejo de la misma persona que hasta un día antes parecía ser un enemigo declarado. Cabe aclarar que el dueño de la villa en ningún momento miró a los ojos al muchacho, ni suavizó su tono de voz.
—Gracias—. Se atrevió al fin el nuevo guardia de la villa. Kurogane tensó un poco las mejillas, al parecer era un ermitaño natural y no estaba acostumbrado a muestras de agradecimiento tan personales.
—En tu caso particular no creo que te cueste mucho trabajo concentrarte en tus cercanos, al menos no con una esposa tan bonita—. Dijo burlón, tratando de desvirtuar totalmente el agradecimiento del chico.
—Eh… pues gracias también por eso.
—No se ven ojos verdes como los suyos muy a menudo por aquí, y su sonrisa tiene idiotizados a todos los hombres que la han conocido hasta hoy… incluso a algunas mujeres.
—¿En serio…?
—Oh, sí. Además, dicen que es muy dulce y considerada, yo no he hablado más que un par de palabras con ella, así que no puedo dar fe de eso.
—En realidad sí lo es.
Pasaron unos segundos sin réplica por parte del samurái.
—Está demasiado flaca.
—Tiene la misma complexión que la sacerdotisa—. Respondió desafiante Li, haciendo que Kurogane se aclarara la garganta.
—Sí, puede ser… aunque tu esposa está un poco planita—. Dijo haciendo una seña burlona sobre su pecho.
—Esta conversación comienza a incomodarme—. Comentó Li, luego de eso hubo otro breve silencio, hasta que el samurái lo rompió.
—¡Pero tiene un lindo tra…!
—¡BASTA!
Sakura abrió los ojos, confundida. Sentía un leve mareo, pero lo realmente extraño era su sensación corporal misma… su cuerpo se sentía etéreo, ligero…
—Puede resultar un poco confuso para quienes hacen esto por primera vez. Al terminar es posible que sientas algo de náusea, pero será por poco tiempo—. La voz de Tomoyo se escuchaba con un poco de eco aun cuando la chica estaba a sólo un par de pasos de Sakura, ayudándola a levantarse—. Qué atuendo tan interesante traes encima, ¿es del ejército?
—¡Hoe!— La exclamación de Sakura fue porque estaba vestida con el uniforme de la secundaria Tomoeda, su cabello era también más corto a como actualmente lo tenía.
—No te asustes. Estamos en un lugar donde sólo se manifiesta la imagen mental que tenemos de nosotras mismas. Es por eso que te ves con la ropa con la que más te recuerdas…— la sacerdotisa, vestida en su común atuendo blanco era tal como Sakura la recordaba, y comenzó a dar un pequeño paseo alrededor de la maestra de cartas, mirándola de arriba abajo con curiosidad—. ¿De verdad te ves a ti misma así?
—¿Qué quieres decir?
—Pues… es que no eres tan delgada, tus ojos son más luminosos y tu rostro es un poco más simétrico… eso me dice mucho de ti.
—¿Cómo qué?
—No tienes un concepto realista de ti misma. Eres… diferente a como crees ser. En fin, concentrémonos en lo que vinimos a hacer, que no tenemos mucho tiempo.
—¿A qué vinimos…? ¿Y dónde estamos, por cierto…?
—¿Recuerdas que dije que los objetos, en especial los mágicos, pueden conservar recuerdos y sentimientos de sus dueños?— La maestra de cartas asintió—. Estamos dentro de la memoria de la espada de tu "no esposo".
—¿En serio? ¡Increíble!— Dicho eso, Sakura se tapó la boca, considerando que había sido exageradamente efusiva.
—Eso también es normal. En este sitio no hay filtro entre lo que dices y lo que piensas, porque se podría decir que sólo estás pensando. No te preocupes ni te avergüences, lo que digas o hagas aquí será tu auténtica "yo" hablando. Estamos aquí porque quiero que veas los pensamientos de Li en base a sus recuerdos, probablemente eso te ayude a pensar mejor cualquier decisión que quieras tomar a propósito de su relación.
—¿Y cómo haremos eso?
—Tú y él tienen una conexión, eso quiere decir que con un recuerdo que tengan en común, podemos ir a prácticamente cualquier lugar en sus memorias en compañía de esta espada. Así que escucho sugerencias.
Sakura pensó por un momento, pero olvidó la lógica del lugar, así que el pensamiento se convirtió en palabras de inmediato:
—El día que nos conocimos… y hay algunos otros momentos importantes.
Tomoyo extendió la mano a la chica, invitándola.
—Pues vamos allá.
El despacho de mamá siempre me ha dado miedo. Mis hermanas siempre hablan de como ella cambió luego de que papá muriera y tomara el liderazgo de la familia, y que extrañaban a la que era antes de ese evento. No es que sea una mala persona, o que no sea afectuosa, es sólo que no está tan cerca de sus hijos como nosotros quisiéramos, pero de entre todos, creo que soy yo quien la entiende mejor. La mayor de mis hermanas me cuenta que yo era muy parecido a mamá desde pequeño, y que las ausencias siempre afectaron tanto a mi madre como a mí de forma más marcada, tanto así que nuestro carácter terminó siendo muy semejante.
Hoy mandó a llamarme justo a la salida de la escuela, Wey fue por mí sin siquiera permitir que me cambiara de ropa, y caminaba presuroso a mi lado, en un silencio ansioso que me contagió en poco tiempo.
Al abrir la puerta, mamá no reparó en nosotros mientras leía y firmaba una pila de documentos sobre el enorme escritorio de roble, sólo hizo una seña con la mano para que tomara asiento. Obedecí en silencio y Wey se quedó de pie, a mi lado, con las manos en la espalda como una estatua.
—¿Todo bien en la escuela?— Preguntó un par de minutos después, aún sin despegar los ojos de sus tareas.
—Sí, madre—. Respondí tratando de recordar si había hecho algo que ameritara que llamaran a mamá de la escuela.
—¿Algún niño te molesta? ¿Alguna niña te gusta?
—No, y no. Puedo defenderme correctamente de los abusadores, y no me interesan las niñas.
Ella sólo me señaló con sus ojos sin dejar de apuntar con el rostro a sus documentos.
—¿Sabes por qué te hice venir hoy?— Negué con la cabeza, ciertamente sólo convivíamos en la cena y siendo mucho más pequeño cuando me arropaba para dormir—. ¿Recuerdas todas esas historias que te conté sobre las reliquias mágicas que nuestra familia tiene ocultas o perdidas en el mundo?
—¿Ha aparecido alguna?— Pregunté levantándome, sobresaltado.
Aún sin retirar la vista de sus deberes, señaló con el bolígrafo la pared a sus espaldas, donde una docena de pinturas mostraban a nuestros ancestros más representativos, apuntando a los únicos dos mestizos: el sino-británico que, según lo que había leído, murió joven y en el pináculo de su poder, de larga cabellera negra y una sonrisa enigmática detrás de unos espejuelos redondos, Clow Reed; y el sino-japonés muerto en su adolescencia, de cabello castaño acomodado en un chonmage y con armadura samurái, Hogo Okami Li, ambos sin descendientes. Las reliquias perdidas eran un juego de medio centenar de poderosas cartas mágicas y una espada imbuida con poderes elementales Wu Xing respectivamente.
—Las cartas Clow—. Puntualizó y finalmente se concentró en mí—. Tarde o temprano tendrás que hacerte cargo de la recuperación de los tesoros familiares, y prefiero que sea temprano. Sé cuan serio y disciplinado eres, y aunque podría mandar a cualquier otro miembro de la familia a recuperar esa reliquia, quiero que esta sea tu primera responsabilidad con tu clan. Ni siquiera te voy a molestar deseándote suerte, sé cuan capaz eres y espero un resultado sobresaliente en esta prueba. ¿Aceptas la mi…?
—¡SÍ! ¡No voy a decepcionarte, madre!
—Tómalo con calma—. Dijo con voz plana.
—Lo siento.
—Entonces Wey se hará cargo de los preparativos, tenemos que hacer tu cambio de escuela y arreglar algunos papeles migratorios, y él mismo viajará contigo.
—¿Escuela? ¿Papeles migratorios?— Pregunté sintiendo la primera duda después de la euforia inicial—. ¿En dónde está la reliquia?
—En Japón, muy cerca de la capital del país—. Dijo, haciéndome agradecer que hubiera tomado clases de japonés y no de francés como me habían sugerido mis hermanas.
Lo que pasó después pasó demasiado rápido, lo único que podría dejar en claro al respecto es que encontré un tesoro más grande y mucho más valioso que el que fui a buscar a ese país.
Semanas después, a mitad de la noche, hago mis primeras exploraciones en el barrio mientras Wey nos instala en el departamento de alquiler que conseguimos. El tesoro familiar en cuestión, las Cartas Clow, son objetos mágicos de gran poder que algún idiota desperdigó por el vecindario, y la Bestia del Sello y guardián de las Cartas asignó a dicho tonto como cazador de cartas, sin dudas buscando castigarlo por su estupidez, y es ahí donde entraba yo. El cazador seguramente era una persona sin entrenamiento mágico y sin herramientas para recuperarlas, sólo debía capturarlas yo mismo y lograr la aceptación del guardián y del juez, y habría cumplido mi misión con éxito.
Pensé que no podía ser cierto la primera vez que vi a mi rival, Es decir… ¿en serio? ¿Un par de niñas?, una con una cámara de video, otra con un atuendo ridículo y un peluche (que luego me enteraría que no era otro más que Cerbero, el guardián) son los responsables de la recolección de un objeto de tan altísimo valor. Ni siquiera me digné a mirarla a la cara, y mi aversión a ella creció cuando descubrí que no tenía siquiera los más básicos conocimientos sobre magia. Pero capturé una carta esa noche, y ya conocía la "firma" mágica de la cazadora.
Resultó que siguiendo esa "firma" pude ubicarla al siguiente día, y me puso muy feliz saber que no sólo era una niña de mi edad, sino que también estaba en la misma clase en que yo me había inscrito.
Resultó que era una niña… pues bonita… más de lo que hubiera esperado, y peor aún, resultó ser muy amable… pero no me iba a engañar con eso, seguramente era una niña popular en la escuela y consentida en casa, torpe y poco inteligente. Y como descubriría a partir de ese momento, todo lo relacionado con ella era misterioso y completamente impredecible.
Ella no tuvo que esforzarse. Su falta de conocimientos era compensada y superada por su enorme poder, su torpeza era corregida por su voluntad y todo eso quedaba opacado por una personalidad que me hacía sentir tonto y desarmado, como… pues como un niño enamorado, resultaba tan atrayente y cautivadora que era irresistible el tratar de procurarla y cuidarla.
Y tal vez fuera un error de apreciación mío, pero había ciertas conductas, gestos y actitudes que sólo tenía conmigo… nunca me vio como alguien inferior aun cuando su verdadero potencial era evidente, sino que siempre me dio el respeto y el trato de un igual, y fue la primera persona fuera de mi familia que se preocupó legítimamente por mi bienestar, y sin importar cuan mal pudiera estar ella para sí misma, siempre tuvo una sonrisa para mí.
"¡Voltea a verme!" era lo que mi mente gritaba cada vez que se aparecía casualmente por donde estaba. Quería existir en su mundo, ser parte de sus pensamientos, y estar involucrado en todo lo que hacía, que siempre tuviera esa maravillosa sonrisa para mí, y sólo para mí, y me volvía loco el hecho de que no me resultaba para nada difícil obtener justo ese premio, y no saber qué hacer, cómo reaccionar o qué decirle. Así que huía, le daba la espalda antes de demostrarle cuán feliz me hacía sólo con ese gesto. A partir de ese momento todo se hizo simple: yo debía ser su protector, su heraldo y proveedor, era un deber que podía y quería asumir, y así lo hice. Me negué por mucho de ese tiempo a reconocer el porqué de mi interés en su éxito, a pesar de que todo mundo lo sabía, salvo por ella en su ingenuidad, Me mataba verla sonreír y sonrojarse por aquél que le gustaba, y ver como pensaba en él sin esperanzas, tal como me pasaba a mí con ella. Así que también asumí el rol de hombro para llorar. Era duro, dolía de verdad, pero al menos estaba con ella.
Fue Daidoji quien me hizo pensar un poco más en mí mismo. Quien me hizo darme cuenta que la única forma de ver algún cambio era si hablaba, si declaraba con firmeza cuánto me gustaba y cuánto me importaba… al final, el trabajo estaba hecho, las Cartas Clow habían elegido a su dueña, no tenía nada que perder, me decidí y se lo confesé al final de la batalla definitiva, no me dijo si me correspondía o no en ese momento, no esperé su respuesta, yo debía volver a casa, y probablemente no nos volveríamos a ver. Era una circunstancia cruel, pero al mismo tiempo me daba la tranquilidad de que fui valiente al final, y ella sabría lo que me hacía sentir y cuánto me hacía desear mejorar.
La vida dio vueltas. Poco menos de una año después pude volver a verla, y saber que ella me correspondía fue lo mejor que pudo haberme pasado, sabía que debíamos despedirnos nuevamente, pero esa vez juré que volvería para estar junto con ella de forma definitiva. No fue fácil hacerle saber eso a mi familia, pero estaba decidido.
—¿Sabes que eres menor de edad, verdad?— Había preguntado mamá cuando pedí audiencia para hacerle saber mis intenciones, ella prácticamente botó todo el trabajo que había sobre su escritorio y me miró de tal forma que sentí que me atravesaría.
—Sí. Pero según todos me han contado, entre ellos tú si no lo recuerdas, tú y papá se conocieron y comprometieron apenas siendo un poco mayores que yo.
—Sí, pero…
—Y a escondidas.
—Esa era una época diferente, Xiao-Lang—. Ni siquiera honré ese comentario con una respuesta, sólo levanté las cejas. Mamá estaba muy ofuscada, muy pocos privilegiados podemos ver ese gesto en alguien de su temple—. ¿Y acaso tienes intenciones de comprometerte?
—En realidad no había pensado en eso.
—Entonces supongo que esto responde más a un capricho… un enamoramiento juvenil, no sé si sería una buena idea respaldarte—. Dijo recuperando parte de la calma—. Mantener a un miembro de la familia fuera del país es costoso…
—Bueno, para una familia acomodada de Hong-Kong como es esta, apoyar económicamente a uno de sus miembros no dejaría en banca rota al "banco local del mundo"—. Dije aludiendo al negocio familiar, cuyo edificio podía observarse desde el amplio ventanal en la oficina de mamá—. Alcanzando los dieciséis puedo independizarme económicamente. Además, mis intereses en Japón y con Sakura no sólo son los que tú crees.
Mamá se reclinó en su silla, haciendo aún más penetrante su mirada.
—¿Qué sabes tú que yo no?
—Me he mantenido en contacto constante con Eriol Hiiragizawa.
—¿La reencarnación de Clow?
—El mismo. Él cree que ella puede estar en peligro, al ser una fuente de poder tan grande, alguien podría intentar aprovecharse de ella, y no sólo ponerla en riesgo, sino también a todo lo que esté cerca de ella, e ignoramos a qué nivel. Es también un deber de nuestra familia salvaguardar al mundo de amenazas mágicas, ¿no es así?
Se mantuvo seria y en silencio por varios minutos sin dejar de verme, tal vez tratando de encontrar el mínimo rastro de duda en mi determinación. Se dio por vencida luego de un rato, sonriendo sutilmente. Una sonrisa apenas perceptible, ahora veo de donde obtuve yo ese gesto.
—Eres igual que tu padre. Si una idea se metía en su cabeza, no había forma de quitársela. Por eso lo amaba tanto—. Se levantó y dio vuelta al escritorio, alcanzándome, y puso una mano en mi coronilla, cosa que no hacía desde hacía mucho tiempo—. Terminaremos esta discusión en la cena—. En un acto totalmente inesperado alborotó mi cabello, haciendo que la mirara a la cara—. También heredaste de tu padre su buen gusto. Es una chica muy bonita.
En la cena no hubo siquiera discusión. Más bien me pidió que arreglara todos mis asuntos académicos y que preparara toda mi papelería, y apenas eso quedara resuelto, volaría nuevamente a Japón, pero esta vez por tiempo indefinido.
Cumplí mi objetivo de sorprenderla con mi regreso. Ella se veía tan feliz que por un tiempo eso me bastó, pero tuve que protegerla a hurtadillas, sin informarla. Su tranquilidad me hacía tanto bien que no quería interrumpirla con nada. Un gran poder suele ser el causal de la desdicha, todos los que lo portamos lo sabemos, la ignorancia es felicidad. Pero pensaría eso después, había otra cosa que tenía que resolver.
Desde que nos conocimos hubo alguien que, si bien no se opuso a mí abiertamente, siempre estuvo a la defensiva en mi presencia. No lo culpo, la primera vez que me vio, yo estaba tratando de quitarle a la fuerza las Cartas Clow a Sakura, y poco faltó para que termináramos a los golpes, y sabía que eso era algo que a ella no le gustaba. Tenía que haber un cambio, y lo haría yo. Se lo debía.
Esa mañana tuve que tomar algunos autobuses y el tren para llegar a mi destino. No quería perder ni un poco de tiempo, así que no desayuné y comenzaba a lamentar esa situación mientras caminaba entre los edificios abarrotados de jóvenes del Instituto Tecnológico de Tokio. No busqué mucho, en realidad hice un poco de trampa y sólo tuve que seguir el rastro mágico de Yue, sabía que si encontraba al guardián, encontraría a mi objetivo.
Llegué a uno de los comedores públicos del campus, e hice un barrido visual, buscándolos. Tsukishiro fue el primero en verme y me saludó felizmente agitando la mano sobre la cabeza. Touya, mi cu… el hermano de Sakura me daba la espalda. Y no volteaba no porque no me hubiera visto, seguramente sintió mi presencia desde mucho tiempo antes, pero no quería verme. A decir verdad, yo tampoco sentía deseos de verlo, pero cumpliría mi misión. Me acerqué a la pareja y accedí a la atenta invitación de Tsukishiro de sentarme con ellos.
Saludé. Uno me respondió con amabilidad, el otro apenas si hizo un mohín sin despegar los ojos del libro en el que fingía estudiar. Tuvimos una "charla" sobre trivialidades por algunos minutos, hasta que Touya no pudo seguir pretendiendo que yo no existía.
—Sé claro. ¿Por qué estás aquí?— Me increpó aún sin volverse a verme. Cerrando su libro con irritación.
—Por Sakura—. Respondí en el acto. Traté de mantener la calma todo el tiempo, algo que no era fácil, el sujeto realmente me exasperaba.
—Ya tienes lo que buscabas con ella, ¿no?
—En realidad, no. Ahora que vivo aquí y soy su… bueno, que estoy cerca de ella, quiero quitarle la mayor cantidad de problemas y procurar que esté lo más tranquila y feliz posible. Pero no puedo hacer eso yo solo.
—Al grano.
—Vine a hacer una tregua. Ella no estará a gusto si nosotros tratamos de matarnos con comentarios hirientes o miradas incriminatorias cada vez que coincidimos. Ignoro y respeto el tipo de relación que tú tengas con tu hermana, por abusivo o grosero que puedas llegar a ser con ella, no soy quien para meterme o tratar de cambiarte, pero si puedo corregir mi trato hacia ti.
—¿Qué sugieres?
—Sólo que seamos civilizados. No hay ninguna necesidad de que demostremos algún tipo de rivalidad mientras estemos con ella, aquí, ahora y en cualquier lugar donde ella no esté presente puedes odiarme todo lo que quieras, pero por la felicidad de Sakura, quiero hacer un tratado de paz contigo.
Él cruzó los brazos y se recargó en el respaldo de su silla dignándose a mirarme por primera vez.
—Tú, un buen día llegas a nuestras vidas, maltratas a mi hermana, siendo que soy el único con la autoridad para hacer eso, llegas a mi casa cuando se te antoja, te atreves a cortejar a la misma niña que martirizaste por no sé cuánto tiempo con tu actitud pendenciera, la haces llorar con la noticia de que simplemente te largas, ¿y ahora me pides que sea piadoso contigo mientras ella está presente?
—Sí. No te pido que tengas concesiones conmigo, sino con ella. Lo único que me interesa es su bienestar.
Hizo un ademán que sugería que me quería decir algo hiriente. Algún insulto sobre mi estatura o mis secreciones nasales como acostumbraba. Tsukishiro tocó su mano con delicadeza, interrumpiéndolo.
—¿Podrías traerme algo de tomar?— Le preguntó con una sonrisa radiante que desarmó totalmente a su acompañante quien se quedó quieto por unos segundos, y obedeció luego de hacer un bufido, dejándonos solos. Cuando Touya estuvo lejos, retomó: —Me alegra mucho que tú y la pequeña Sakura puedan estar juntos al fin.
—Gracias.
—Yo en lo personal, los respaldo completamente. La pequeña Sakura es como una hermanita para mí, sé que eres un buen chico, y no dudo que sabrás honrar la confianza que depositamos en ti. Y no sólo hablo por mí. Muy a su pesar, Touya también sabe el tipo de chico que eres, él es así contigo porque estás tomando algo que es precioso para él, y descubrir que su hermana ya no es una niña pequeña lo lastima. No lo juzgues, como podrás darte cuenta, no es muy hábil en las relaciones con las personas.
—No toda la responsabilidad es suya. Yo tampoco he sido el más cortés con él, y no creo en realidad que sea una mala persona. Tal vez si yo tuviera hermanas menores me comportaría igual.
—¿Ves? Te dije que era un gran chico—. Dijo viendo algún punto a mis espaldas. Touya estaba quieto como poste a un par de pasos de mí, con una pequeña bolsa en las manos. Pensar en que le hice un cumplido me hizo desear que la tierra me tragara.
Sin embargo, su reacción fue un inicio al fin: de la bolsa extrajo el jugo solicitado originalmente, otro para él mismo, y finalmente, con mucho recelo, un último para mí. Cualquiera hubiera pensado que era simple cortesía, pero los presentes ahí sabíamos que era más como fumar la pipa de la paz.
—Ah… tengo un mensaje para ti—. Dijo Tsukishiro de la nada. Un momento después, sus ojos marrones se hicieron violáceos y con rendijas por pupilas, su siempre afable expresión se volvió seria y fría como el hielo, y la voz de Yue sonó a través de su boca: —Yo también lo apruebo, pero si por cualquier motivo o de cualquier forma mi ama llega a padecer cualquier tipo de sufrimiento provocado por ti, personalmente me encargaré de encontrarte y te arrancaré el corazón con mis propias manos.
—Ese es mi chico—. Dijo Touya por lo bajo, levantando una palma para que el otro la chocara con él, luego de eso, agregó: —Y yo le ayudaré. Podría hacerlo incluso sin esperar tanto.
En adelante, todo marcharía bien. Era mi responsabilidad hacer que marchara bien. Pero debía ser cuidadoso, no quería asustar a Sakura, aunque no tenía claro cuál debería ser el ritmo a llevar… sí, ella sabe que la quiero, y yo sé que me quiere… ¿después de eso qué sigue? Nuestro trato mutuo apenas si cambió después de eso, y yo siento ganas de ir más lejos… no sé, tal vez tomar su mano mientras caminamos, abrazarla espontáneamente, invitarla a salir… ¿pensaría que soy atrevido si lo intento? El otro día tuvo un sobresalto cuando retiré un pétalo de su hombro… ¿y si se siente incómoda con el contacto físico? No quisiera asustarla o hacerla pensar que soy un pervertido…
—Eres un muchacho muy atento y amable. También eres muy culto e inteligente, y estás dispuesto a hacer lo que Sakura diga todo el tiempo—. Me decía Daidoji unos días después.
—Pues gracias.
—No es un cumplido—. Respondió confundiéndome—. Está bien todo eso, pero es aburrido. Algo que a Sakura siempre le gustó de ti era tu espontaneidad.
—No me considero una persona espontánea—. Y en serio no lo creía.
—Claro que lo eres. Esos momentos en los que te sonrojabas al verla, que actuabas torpemente y que tartamudeabas para hablarle te daban un enorme encanto.
—Pero no puedo hacerlo más… estaría fingiendo…
—Porque ambos han crecido desde esa época hasta hoy. Hoy debes ser espontáneo de otra forma. Podrías intentar tener más iniciativa, recomendar actividades para hacer juntos, ayudarla con las materias en las que ella no es buena y tú sí como las matemáticas, interesarte en sus gustos…— Se acercó un poco y poniendo una mano sobre mi oreja, me susurró al oído: —Tal vez robarle un beso.
—¡Eso sería demasiado!— Dije casi en un grito, retrocediendo mientras veía reír a la chica, sintiendo que me daría un golpe de calor de un momento a otro.
—A veces, una chica buena e inocente necesita a un chico malo y osado que no le tenga miedo a lo desconocido, y que demuestra seguridad.
Gracias a esa charla, tenía sobresaltos cada cierto tiempo cuando recordar me llevaba hasta ese pensamiento, desde entonces implantado en mi mente. Habría un festival en otoño, tal vez ese día me atrevería. Tal vez esa noche reuniría el valor para preguntarle si podemos considerar que somos algo más que amigos… tal vez iría por todo esa noche.
En el festival, después de las actividades, Daidoji se encargó de llevarse a Cerberus lejos de nosotros, dejándonos solos en el templo, bajo la intermitente luz de los fuegos artificiales. Sakura estaba junto a mí, miraba con esos ojos llenos de asombro las luces en el cielo, haciéndome recordar por qué me gustaba tanto. Todo pasó por mi mente, pensé a tocar sus dedos con los míos fingiendo un roce accidental, y si no le molestaba, tomaría su mano; si eso tampoco la molestaba me acercaría más, y entonces la abrazaría… y finalmente…
Y finalmente no hice nada de eso, no di ni el primer paso, me acobardé. No valía ni la ropa que traía puesta.
Pero no importa. No es como si el mundo fuera a desaparecer, había una vida por delante, tendría tiempo y oportunidad para dar el primer paso.
La esperaría el tiempo que fuera necesario.
Sakura abrió los ojos finalmente. En efecto, sentía un poco de náusea, pero era soportable. Se sentó sin saber cómo había llegado hasta el futón donde despertó, en el cuarto de reposo del templo donde tuvieron su primera entrevista a la llegada a Japón feudal. La única ventana del recinto hacía posible ver el cielo a través de ella, mostrando las primeras nubes arreboladas de la tarde. A unos pasos de ella, Tomoyo también yacía tendida en otro futón, con el rostro relajado, aparentemente dentro de su horario normal de sueño.
A la distancia sonó un bostezo, Arashi despertaba también, pero ella había dormido sentada y recargada en un muro, descruzó los brazos y dio un par de golpes en el muro que hicieron venir a un par de escoltas de la sacerdotisa.
—¿Cuánto tiempo pasó?— Preguntó Sakura mientras se tallaba los ojos.
—La evocación de Tomoyo comenzó cerca de la media noche, fueron poco más de dieciséis horas—. Respondió ella mientras estiraba los brazos—. No debemos despertarla, este tipo de ejercicio mágico le quita muchísima energía, en cosa de un par de horas ella despertará, pero definitivamente necesitará más reposo. Tal vez lo mejor sea que duerma toda la noche, por lo que te pediría que tú hicieras lo mismo en casa.
Ante esas palabras, Sakura bajó el rostro, entristecida.
—Tal vez ahora mismo ya no tenga una casa a la cual llegar…— Las vivencias selectas de Xiao-Lang aún estaban frescas en su mente, vívidas, con esa misma sensación conmovedora que se tiene luego de un sueño muy intenso. Tomoyo no le advirtió que una experiencia así podría ser tan emocional, en especial porque muchos de los sentimientos no sólo fueron percibidos, sino internalizados por la maestra de cartas—. Anoche me sentía tan herida porque Xiao-Lang me mintiera y ocultara cosas, pero ahora puedo ver que mucha de la culpa no fue suya, sino mía… si yo no fuera tan despistada, tan torpe y miedosa habría descubierto lo que él hacía y habría comprendido desde mucho antes todo lo que pasaba. Fui tan egoísta que nunca me detuve a pensar en las cosas y los sacrificios que él hizo por mí y que yo simplemente obvié… él fue quien vino hasta este país desde lejos, dejando detrás a su familia y todo lo que conocía para estar conmigo, me acompañó en medio de las crisis, se presentó con valentía ante mi familia, y lo único que yo debía hacer era reconocerlo de alguna manera por todo eso… él sólo necesitaba algo de cariño… y yo me la he pasado dándole migajas.
Faltó poco para que hubiera un nuevo derramamiento innecesario de lágrimas, por fortuna, había un adulto cerca para corregir ese problema. Arashi caminó hasta Sakura, con la fuerza que sólo un guerrero puede mostrar apretó sus mejillas, haciéndola suplicar clemencia sólo unos segundos después.
—Basta de llanto, señorita. Las cosas no se arreglan llorando. Y te apuesto mi espada que ese no es un conocimiento nuevo para ti.
—No lo es. Es una de las cosas que justamente Xiao-Lang me enseñó cuando éramos niños.
—Pues ahí lo tienes. Seca esas lágrimas de culpa, ve a casa y recupera lo que es tuyo. Es cierto que te equivocaste, pero él también lo hizo, y aun así tú estás dispuesta a darle una segunda oportunidad, ¿no es así?
—¡Por supuesto!
—¿Qué te hace pensar que será diferente con él? Si realmente es como me lo acabas de describir, te estará esperando casi con la misma euforia que tú me estás mostrando. Caer y levantarse es parte de crecer, y créeme, es mucho mejor cuando hay alguien junto a ti dispuesto a ayudarte a ponerte de pie.
Sakura dio una inspiración profunda y recuperó la tranquilidad casi de inmediato, se sentía bien, contenta, con nuevas energías, lo que contrastaba con su estado físico, pues la evocación también la había agotado. Se levantó de un salto, las guardias del templo ya para ese momento la trataban con un respeto semejante al que le guardaban a Tomoyo y solícitas trajeron algo de agua y paños para que se aseara y espabilara un poco.
Terminado ese tratamiento, miró hacia la puerta, la misma que la llevaría de vuelta a la villa y a buscar con Xiao-Lang una redención mutua. Y se quedó congelada.
—No tengas miedo—. Susurró Arashi a su lado, poniendo una mano sobre su hombro.
—No es miedo… o tal vez sí, no lo sé… ¿crees que las cosas cambien después de esta noche?
—Espero que sí.
—Por cierto… ¿sabes qué fecha es hoy? En calendario de los extranjeros… —La pregunta obedecía a que según sus cálculos, siendo el inicio del verano, estaba cercana una fecha importante para ella.
—Desde luego—. La samurái indicó la fecha en calendario gregoriano, haciendo que la sonrisa de Sakura aumentara.
—Entonces me marcho, volveré mañana por la noche… o tal vez hoy un poco más tarde, dependiendo del resultado.
—¡Sakura!— Exclamó una voz al momento en que la chica llegaba al umbral, ella se dio la vuelta para atender, Tomoyo levantó un puño, abriendo sus ojos sólo por un instante. —¡Gambatte!
—¡Sí!— Exclamó la maestra de cartas y abandonó el lugar.
Xiao-Lang se quedó mirando con aprehensión la casa que había sido su hogar las últimas semanas. Estaba vacía, igual a como la había dejado cuando salió en la madrugada. Como pudo resistió el nudo en la garganta, y luego de pensarlo mucho, se decidió finalmente a entrar y confrontar al destino, aún si el único disponible para él era la soledad.
Se descalzó y sin mucho afán atravesó la estancia hasta la hoguera, ahora llena de cenizas, las cuales limpió y sustituyó por nueva leña que al poco hacía una buena llama y el chico se dispuso a preparar algo de té. No tenía hambre. Siendo totalmente honesto no tenía ganas de nada más que echarse a dormir y con suerte no tener la necesidad de levantarse nunca más.
Derrotado al fin, golpeado por una depresión hasta ese momento desconocida para él, cubrió su cara con las manos, regresando a la pregunta que lo había mantenido en vigilia y lastimado: ¿cómo había podido hacer todo tan mal? Sin descubrirse el rostro, pensó en qué hacer. En si debía ir a buscarla al templo o si debía dejar que ella volviera por voluntad propia, al menos para decir adiós. Pero todo sonaba horrible y descorazonador, y temía seriamente que no podría soportarlo. Pensó en ese momento que moriría si no escuchaba su voz al menos una vez más.
—Lo lamento tanto, Sakura…
—Yo también.
Li miró hacia la puerta, evitando apenas que su corazón saliera por su boca de la sorpresa, encontrando a Sakura de pie en el umbral, con las manos juntas oprimiendo su pecho mientras miraba al suelo.
—¿Puedo pasar?— Preguntó la chica.
—Es tu casa…
Ella se hizo camino con timidez hasta quedar sentada a un lado de él, sin atreverse a mirarlo a la cara, y él hacía otro tanto, rascándose la cabeza en confusión. Por un par de minutos apenas si podía escucharse su respiración y el crepitar del fuego ante ellos, que a su vez era ya la única fuente de luz. El sol tenía unos minutos de haber caído por el horizonte.
Ambos tomaron aire al mismo tiempo para comenzar a hablar, interrumpiéndose mutuamente. Sakura concedió la palabra al gaijin.
—Sé que debes estar muy decepcionada de mí—. Comenzó él—. Y puedo comprender perfectamente si es que no quieres saber más de mí en el futuro… pero con todo y eso, quiero ayudarte a lograr que volvamos a casa, y en general para lo que desees… sé que me porté horriblemente contigo, fui desconsiderado y estúpido, y no sé de qué forma enmendarme contigo si es que hay modo de hacerlo…
—Xiao-Lang…
—No debí haberte guardado secretos, ni debí haberte mentido—. Continuó mientras su voz comenzaba a perder composición.
—Xiao-Lang…
—Debí compartírtelo todo y así resolverlo juntos, ¡Por todo lo sagrado! ¡Eres una hechicera más poderosa de lo que yo nunca seré! ¡Y en mi estupidez asumí que necesitabas mi inútil protección…!— Levantó la voz, abatido.
—¡XIAO-LANG LI!— Lo reprendió, sorprendiéndolo, al mismo tiempo que tomaba su rostro con fuerza entre sus manos, obligándolo a verla directo a los ojos—. Es suficiente. No quiero que te disculpes más. Ambos nos equivocamos, ambos fuimos igual de tontos y egoístas, pero también ambos podemos corregirlo. ¿De verdad crees que quiero que salgas de mi vida? ¡Ahora más que nunca es que necesito que estés a mi lado! Lo que hiciste, a pesar de que estuvo mal, tenía una justificación totalmente legítima… tú no eres el único que debe disculparse esta noche. Yo también me porté mal contigo, fui negligente al no notar tus esfuerzos, y fui muy ingrata con todo lo que tuviste que hacer para protegerme y cuidarme, en especial desde que llegamos aquí… y quiero retribuirte por eso. Hoy haremos un nuevo compromiso. ¿Qué tienes para ofrecerme, Xiao-Lang?
El chico parpadeo un par de veces, confundido. Esa chica ante él era Sakura sin lugar a dudas, la misma apariencia, tono de voz, incluso su aroma era el mismo… pero era como si hubiera madurado sólo en un día, llena de determinación, segura y audaz… y le encantaba.
—Yo… yo te doy mi total honestidad a partir de hoy, nunca más un secreto o una mentira, también te doy todos mis conocimientos, mundanos y mágicos. Podría ofrecerte mi corazón también… pero ya eres dueña de él—. Respondió, poniendo sus propias manos sobre las de la chica, que seguían en sus mejillas.
—Gracias… yo, por mi parte…— Pensó justo en aquello que descubrió en la evocación. Nunca le dijo todo lo que él era para ella, y ese era el momento de hacérselo saber: —Te doy mi disposición y mi agradecimiento, siempre estaré ahí para ti; te doy mi reconocimiento, porque eres la persona más valiente y aguerrida que conozco, y al mismo tiempo puedes ser el más tierno y amable—. Hizo una pequeña pausa y continuó con voz más baja, conmovida: —Te ofrezco mi futuro, un camino que pueda recorrer sólo contigo.
—Sakura…
—¿Sabes qué día es hoy?— Preguntó de pronto la chica, cambiando totalmente su actitud, ahora mostrándose alegre a pesar de los ojos humedecidos y su voz ligeramente temblorosa. Sus manos en las mejillas de él ahora lo tomaban con delicadeza.
—No…— Respondió él con sinceridad, sabía que no tenía más de un mes de comenzado el verano, pero nada más, no era un conocimiento precisamente necesario en el campo.
—Hoy es trece de julio—. Dijo ella, radiante—. Así que… ¡feliz cumpleaños!
—¿En serio?
—Sí… y por eso, te tengo un regalo—. Bajó los ojos un momento, —Es algo muy pequeño en realidad, y sé que puede resultarte insignificante, pero es algo que sólo podría regalarte a ti, y quiero que lo tengas… y una vez que lo recibas, nunca podrás devolverlo.
—¿Sakura…?— Preguntó sintiendo que su estómago trataba de ocultarse en algún lugar de su abdomen, quitándole momentáneamente la capacidad de respirar. —¿Y qué es…?
Ella volvió a mirarlo, sus ojos verdes mostraban un color muy curioso en combinación a la moribunda luz del fuego cercano. Su respuesta fue un susurro apenas audible:
—Mi primer beso.
Fue demasiado el tiempo que le tomó al chico comprender las palabras de la jovencita. Cualquier pensamiento o idea al respecto fue interrumpida, desechada de inmediato, innecesaria. La iluminación lo alcanzó en un momento de éxtasis espiritual, mientras trataba de comprender por qué el rostro de Sakura estaba tan cerca del suyo, porqué podía sentir su respiración a tal proximidad y sus lágrimas rodando por sus propias mejillas, cómo es que su esencia había entrado tan profundo en sus pulmones… como es que la sensación en sus labios lo hacía sentir que podría morir en ese mismo momento sin ningún tipo de arrepentimiento. Cerró los ojos, tratando de extender al infinito esos segundos únicos, para que cada sensación quedara tatuada en sus sentidos.
El corazón de ella latía con tanta fuerza que temió en serio que se detendría de un momento a otro, a menos claro que estallara primero, sentía como si alguien hubiera tomado su estómago y lo hubiera llevado al tejado de la casa, estaba mareada y su cara ardía… y aunque todo esto pueda sonar como una pesadilla sensorial, era lo más gratificante que había sentido en su corta vida, la textura, el sabor y la torpe interacción de labios que nunca habían coincidido con otros, le hicieron sentir escalofríos recorriendo su espalda, era como estar en la montaña rusa, pero no tenía deseos de que el viaje terminara jamás.
Fueron pocos segundos. Pero en esos breves instantes, en el beso más delicado, cálido y enternecedor del mundo, una parte de la niñez de ambos se despedía para siempre.
Ella se separó, alejándose unos centímetros, esperando algún tipo de reacción. Cuando él abrió los ojos, no atinaba a decir o hacer nada, no le era siquiera legible una expresión. Ella pensó entonces que se había pasado de la raya, empezó a sentir algo de miedo… ¿y si había ido demasiado lejos? ¿Qué tal si él no estaba preparado para un paso tan importante? ¿Era una falta de respeto en la cultura china que una chica te besara…? Si su mente pensaba en una pregunta más, huiría en ese mismo momento al templo, declarando que todo había salido terriblemente mal.
Y antes de que Sakura pudiera echar un vistazo a la habitación para buscar la mejor ruta de escape, los brazos de Xiao-Lang ya la habían tomado por la cintura con firmeza, con la fuerza precisa, con amabilidad pero con determinación. Ella, incapaz de resistirse, principalmente porque esa nueva actitud de él le gustaba mucho, permitió que el abrazo la guiara, de tal suerte que quedó acomodada en su regazo, y fue él esta vez quien inició el segundo beso. Para ella fue un poco sorpresivo, intempestivo incluso, pero no fue malo en absoluto… y rendida ante las recién descubiertas agallas del futuro líder del clan Li, correspondió con pasión equiparable, atando su cuello con los brazos. Ninguno de los dos había besado antes, así que ambos pensaban que el otro lo hacía bien, y simplemente se dejaron llevar.
Después de unos minutos, él, incapaz de mantener la posición, cayó sobre su espalda ruidosamente, soltando un quejido ahogado. Sakura no pudo evitar reír, rió con ganas durante un par de minutos, tumbada sobre su pecho.
Ella se levantó sólo un poco para poder apreciarlo. Él hizo otro tanto mirándola con infinita dulzura mientras acariciaba ese rostro siempre sonriente como en sus sueños. Ella se recostó nuevamente sobre su pecho, buscando un nuevo beso. Él correspondió.
Y no sólo era el hecho de que eso los hiciera felices… era el hecho de que no había dudas en sus corazones de que eso era lo correcto.
Capítulo 8.
Fin.
¡Gracias de antemano por sus comentarios! ¡Hasta la acualización!
