Naruto propiedad de M. Kishimoto.

Solo la trama de esta historia es de mi autoría.

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ORACLE


IX

Quiebre

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Sus ojos vagaban por toda la habitación, recostada entre las mantas apreciaba como las velas se consumían a su alrededor, el fresco de la madrugada comenzaba a sentirse. Estaba bastante nerviosa, cualquier ruido que escuchaba la ponía en alerta, pensaba que se trataba de Ino que regresaba a la alcoba, para su desgracia se equivocaba, su hermana no aparecía y ella no podía seguir conteniendo más aquella angustia. No debió negarle a Naruto que la buscara, se reprochó arrepentida, **Naruto**, por un momento su rostro se iluminó con una gran sonrisa, ahora que él le daba su apoyo se sentía más segura.

La puerta se abrió de repente, ella saltó de la cama y se colocó frente a la desaliñada rubia. Esta la miró con una expresión nunca antes vista en ella, parecía, plena, muy feliz.

-¿Qué te pasó?, ¿Dónde estabas? –demandó molesta.

-Estaba…estuve con Itachi –explicó en murmullos y se apresuró a destender su cama, parecía que quería evitar la charla.

-¿Itachi?, ahora lo llamas así, ¿que no te referías a él como el "tirano"? –le dio alcance y la giró para que la viera a los ojos.

-Limamos asperezas y…ya tengo de él un mejor concepto –respondió mirando al suelo.

-¿Qué hiciste Ino? –su boca se abrió de asombro, negaba incrédula mientras lágrimas brotaban de sus cuencas.

-No sé a qué te refieres –continuó negando todo.

-No necesito ser el oráculo para darme cuenta de tus acciones…tu cabello desordenado, tu mirada y sonrisa, tu cuerpo…nos has traicionado –susurró mirándola con decepción.

¿Cómo pudo su hermana percatarse de lo sucedido?, no, más bien, ¿Cómo creía ella que no se daría cuenta?, habían estado juntas toda la vida, se conocían perfectamente, apostaría a que Hinata podía leer en sus ojos aquel acto que acababa de llevar a cabo.

-¿Y qué si lo hice?, dime, ¿no merezco ser feliz?, ¿no es eso lo que deseábamos en aquel oscuro monasterio?, encontrar una vida, descubrir lo que es amar, sentirnos mujeres y no simples piezas de cristal resguardadas en ese templo –por fin su carácter fuerte se abría paso.

-Claro que buscábamos eso, pero…yo creí que ninguna estaba por encima de las otras, ¿en qué momento te decidiste a pensar en ti misma y dejarnos olvidadas? –la confrontó con desilusión-. Yo también amo a Naruto, pero jamás las sacrificaría a ustedes por tenerlo a él, y sé que Sakura haría lo mismo…Sakura –la recordó con melancolía, la pelirosa llevaba aún más peso sobre sus hombros-, ¿no recordaste que era a ella a quien debíamos proteger?

-Como podría… -agachó la mirada al evocarla-. Pero, entiéndeme Hinata, cada noche, de cada día, añoraba salir de ahí, imploraba otra vida, una existencia que aunque efímera, me hubiera mostrado lo que se siente ser un mortal, lo que es realmente vivir. Hace unos momentos, descubrí eso en los brazos de él, mi conciencia se nubló, mi corazón se detuvo por instantes ante su roce, creí que moriría de tanta felicidad, ¿y sabes qué?, no me importó, habría muerto dichosa –confesó sincera.

-¿Y nuestra misión?, ¿tan poco valor tiene nuestra labor?…

-Estuve pensando seriamente en todo lo que hemos pasado hermana, y sabes, he llegado a una conclusión muy interesante –comenzó a explicar con júbilo-. Creo que la visión de Sakura era necesaria para sacarnos de ahí, para mostrarnos lo que había más allá de aquella existencia, me refiero a que, ¿Qué tal si nuestro destino era escapar y encontrar el amor? –los ojos de la peliazul la miraron sin entender- no sabemos cuándo se lleve a cabo lo que Sakura vaticina, tal vez el solo hecho de haber salido del monasterio hizo que ese futuro ya no exista…

-¿Insinúas que…?

-Exacto, recuerda, cualquier camino que tomen los implicados, puede cambiar drásticamente el rumbo de los acontecimientos. Los Dioses nos escucharon, se dieron cuenta de la infelicidad a la que nos desterraron y decidieron otorgarnos otra oportunidad, si no es así, ¿por qué otra cosa hubiéramos encontrado el amor en este lugar?, tu estarás con Naruto, y yo con Itachi –completó entusiasta.

-¿Y Sakura?, dime Ino, ¿Qué hay de ella?, ¿Cómo es que los Dioses se preocupan por nuestra felicidad y se olvidan de su elegida? –debatió más seria de lo normal.

Aquella mujer que regresó no parecía su hermana, la Ino con la que compartió tantas tristezas e ilusiones parecía otra persona, una más apegada a deseos terrenales y hedonistas, ¿tanto podía cambiar la gente en un momento?.

-No hemos visto a Sakura en días, ¿Qué tal si ella está igual de feliz?

-¿Con Sasuke?, imposible, ¿te golpeaste la cabeza? ¿recuerdas cuáles son las intenciones que él alberga hacia nuestra hermana? –reaccionó con espanto ante esa posibilidad.

-Bueno, yo también tenía una pésima impresión de Itachi, y ya ves, lo mismo pudo pasarle a ella, ¿Qué tal si él es el indicado?, olvidaste que Naruto nos ha dicho hasta el cansancio que Sasuke es un buen hombre –parecía muy convencida.

-¿Sabes que es lo que creo? –se acercó a ella con una mirada desaprobatoria-, que solo tratas de justificar tu traición, queriendo convencernos de que hagamos lo mismo que tú para no sentirte tan culpable.

Se sorprendió mucho, Hinata estaba siendo muy ruda, claro que quería a sus hermanas, pero, ¿Por qué no aprovechar que ahora si podía tener una vida distinta?, ¿Por qué no dejarse llevar por un sentimiento tan puro como el amor?, pensó que tendría un poco más de comprensión por parte de la peliazul, después de todo ella había sido la primera en traicionarlas al enamorarse de aquel General.

-¿Qué creías que sucedería Hinata?, eres tan ingenua, ¿pensaste que después de abandonar el templo y nuestras obligaciones como triada oráculo, continuaríamos siendo las mismas?, ¿que al encontrar al salvador que Sakura busca tan desesperadamente, regresaríamos a la prisión en la que fuimos colocadas como si esto hubiera sido solo un sueño?, ¿podrías tu separarte de Naruto? –la observó tragar con dificultad a la vez que negaba débilmente- lo único que deseo es que podamos encontrar lo que merecemos, nosotras no pedimos ese destino, a nosotras nos arrebataron nuestra vida, ¿¡Qué hay de malo en que yo busque recuperar lo que nos quitaron!?

Al no obtener respuesta de la de ojos perlas solo pudo suspirar, debía darle tiempo para que pudiera pensar las cosas con claridad, la vio regresar a su lecho y sentarse todavía con ceño pensativo. Se acomodó en su propia cama, estaba agotada, tanto por la discusión con su hermana tanto como por lo vivido con Itachi, apenas y podía creerlo, antes de cerrar sus parpados y descansar un poco, se dirigió nuevamente a ella.

-Ustedes son lo más importante para mi Hinata, las amo, no lo olvides –articuló quedamente.

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Se acomodaba su arrugada túnica a la vez que intentaba peinar sus rosadas hebras con sus dedos. Él no la perdía de vista desde la cama, la escudriñaba como queriendo entrar en sus pensamientos y averiguar que pasaba por su mente.

-Ahora vuelvo amo, voy por sus alimentos, para después reunirme con mis hermanas, como usted me prometió –habló con cortedad mientras daba pequeños pasos a la puerta.

-Espera –la frenó con aquella voz tan exquisita que hacía que la piel se le erizara-. Esta madrugada lucías muy angustiada, parecía que intentabas escapar de una noche de terror producto de tu agobiada imaginación –señaló poniéndose de pie.

Pronto lo sintió cerca de su cuerpo, él le rodeó con las manos su pequeña cintura y le besó la nuca, reteniéndola entre sus brazos.

-¿Qué te alteró tanto mi dulce Diosa? –preguntó con preocupación y ternura.

Se llevó las manos a su pecho y trató de serenar sus latidos, se debatió si debería contarle la verdad, tal vez él podría burlarse de ella por ser tan asustadiza, ya que ese incidente no había sido nada más que un extraño y agobiante sueño, aun así, su tacto y el interés que él le profesaba le daban calma y la inspiraban a darle una explicación.

-Fue…solo fue una pesadilla amo –respondió tranquila.

-¿Segura?, tu rostro de pánico reflejaba que era algo más que eso. ¿A quién te referías cuando me dijiste que no dejara que "él" te encontrara? –insistió girándola y mirándola a los ojos.

-Nadie en específico, en mi sueño me perseguía una bestia hambrienta, un monstruo salido de los avernos, yo corría y trataba de huir, pero me alcanzaba, por eso desperté tan desesperada…

-Tu mirada no concuerda con tus palabras, estas mintiendo, sé que me ocultas algo –advirtió hábilmente, tomó su barbilla y levantó su rostro, acercándose hasta casi tocar sus labios.

-Yo…

-Shh, está bien, aun no confías en mí, te comprendo, no te incomodaré más, pero quiero que mantengas esto presente, cualquier cosa que necesites, o cualquier molestia que asalte tu pecho, yo estoy aquí para ayudarte, ¿entendido? –ella asintió despacio- solo tienes que pedirlo –selló aquel pacto con un suave beso que ella correspondió-. Trae la comida, después tenemos algo que hacer –indicó misterioso.

-¿Pero…usted dijo que yo podría ver a mis hermanas?

-Lo harás, después de que volvamos –la soltó y le abrió la puerta para apurarla.

-¿Volver?... ¿a…a dónde vamos?

-Ya lo veras –sonrió divertido dejándola intrigada.

Al verla marcharse se quedó meditabundo, ¿Qué le pasaba con esa mujer?, peor aún, ¿Qué le pasaba a esa mujer?, ¿Qué no era de carne y hueso?, ¿Qué no corría sangre por sus venas?, ¿Cómo era posible que no hubiera caído ya ante él?, lo grave es que ya estaba al borde, sentía que a cada momento le costaba más poder resistirse a la tentación de tenerla, le juró no llegar más allá de simples besos y de dormir junto a ella, pero simplemente no podía frenar su voluntad, ella lo obligaba a actuar de manera extraña, de cuando acá él era así de dulce. Jamás haber actuado tan tierno le fue necesario, todas sus mujeres hervían por el animal que el cargaba en su interior, menos Sakura.

Se colocó un quitón azul con detalles dorados, mientras lo hacía notó como la puerta de su alcoba se abría silenciosamente, sus sentidos se agudizaron y su cuerpo ayudado de la adrenalina se puso en guardia en tan solo unos instantes, antes de que el traspasante diera un paso más, giró rápidamente tomándole por el cuello y estrellándolo contra la pared.

-¿Tu?, ¿quieres encontrar una muerte segura escabulléndote a mis aposentos? –la soltó sin delicadeza y retrocedió más calmado.

-Claro que no, solo…quería sorprenderte –argumentó con dificultad masajeándose con ambas manos la parte adolorida.

-Hmp, la próxima vez toca la puerta. ¿Qué es lo que quieres? –la apresuró cortante.

-Hace mucho que no me llamas, desde que esa… -vio en sus ojos el aviso de moderar sus palabras así que lo hizo-, esa "mujer" está aquí, no solicitas mi presencia –se acercó hasta él tomándolo por la cintura.

-Eso es porque no me interesa –ni siquiera le importó disimular un poco su apatía.

-Sasuke, antes era tu preferida, ¿Qué paso?, ¿ya no me deseas?, esa niña no puede ser mejor que yo, he escuchado por los pasillos que ni siquiera te permite tocarla –comenzó a acariciarle el rostro- si tu quisieras, yo podría…

-Amo ya estoy… -enmudeció ante aquella escena.

Sostuvo con fuerza la bandeja que cargaba, apretándola para que no resbalara de sus temblorosas manos, él permanecía observándola sin alguna reacción, mientras la mujer de cabello rojo le lanzaba una sonrisa de burla mezclada con victoria, no supo qué hacer, así que actuó por instinto, entró sin pedir permiso y colocó los alimentos en una mesa, luego hizo una reverencia y salió apresuradamente de ahí.

-¿En que estábamos? –prosiguió satisfecha luchando por alcanzar sus labios.

-En que tienes prohibido volver a acercarte a diez pasos de mí, si lo haces, pasarás el resto de tus días en una celda –la empujó sin cuidado y salió apurado de la recamara.

Caminaba velozmente, no sabía a dónde dirigirse, lo único que necesitaba era tratar de eliminar aquel dolor que ahogaba su alma.

-¡Sakura! –lo escuchó tras ella y aumentó su velocidad, intentó perderse en uno de los pasillos pero él fue más rápido y logró darle alcance-. ¿Acaso no escuchaste?, ¿Por qué no te detuviste cuando te llamé? –la asió por el brazo acorralándola contra la pared.

-Yo…pensé que quería estar solo, con…con su…su…con ella –articuló sintiendo la opresión de su garganta.

-Pensaste mal, a la próxima espera a que sea yo el que te dé la orden, ¿entendiste? –la reprendió enfadado.

Ella no le respondió, distinguió como poco a poco sus orbes se fueron humedeciendo, su delicado cuerpo estaba tan tenso que se apreciaba como hacía un esfuerzo sobre humano por contener el llanto. Acarició su cabeza y resopló sometido, ¿tan rápido había olvidado como debía acercarse a ella?, Sakura era un ser frágil, que necesitaba se le tratara con amor. La abrazó con cuidando, ella mantuvo sus brazos a sus costados, parecía no querer percatarse de lo que acontecía a su alrededor.

-Lo siento –murmuró muy apenas, no la soltó, continuó envolviéndola- en verdad lo siento, ella no significa nada –completó con sinceridad, la pelirosa fue respondiendo débilmente, hasta que finalmente correspondió a su gesto abrazándolo también.

Sus palabras le hacían tan bien a su corazón, en un momento aquellas ansias que la embargaron desaparecieron cuando él la tomó entre sus brazos, no entendía que sucedía con ella, una noche antes le aterraba que Sasuke la tocara, y ahora, no podía apartarse, ¿Qué significaba esa confusión en su cabeza?, debía detener aquello, no podría cumplir con su misión si además tenía que preocuparse también por los sentimientos que él le generaba.

-¿Tan divertido le resulta atormentarme? –se quejó cerca de su pecho.

-¿A qué te refieres?, ¿acaso te he tratado mal? –sonaba consternado ante tal acusación.

-¿Para qué actúa de esta forma conmigo?, ya dejó claras sus intenciones, sé lo que busca y el que se porte tan cordial, solo me lastima, porque demuestra lo vil que puede ser, todo con tal de que yo ceda a su objetivo…usted…usted es un embustero, endulza sus palabras con miel para encubrir lo turbio de sus pasiones. ¿Ya olvidó cuando intentó mancillarme? –se separó de él, encarándolo con firmeza.

Sí, afianzarse a esa idea la ayudaría a no caer más profundo de lo que ya estaba, pensar en Sasuke como un egoísta, incluso como un enemigo, retiraría de su alma emociones tan intensas como las que se estaban despertando al tenerlo cerca.

-No, claro que no, en ese momento admito que perdí la razón, no supe bien lo que hacía, pero en mi defensa debo decir que pensé que tu estarías de acuerdo, ninguna mujer me ha dado nunca un no por respuesta.

-Eso es lo que cree, tal vez solo es que usted no sabe escuchar más que los acordes de su propia voz –atestó aquel golpe directo al orgullo de ese hombre.

-Tal vez, pero creo que he empezado a aprender contigo. Sé que conoces mis intenciones y sé porque te resistes, ¿deseas salvaguardar tu orgullo, no es así?

-Se equivoca, no es por orgullo o dignidad, de donde vengo eso no tiene importancia, si pudiera, créame que desde hace mucho hubiera cedido ante usted, solo por el simple hecho de verme liberada de sus caprichos, pero no puedo, mi cuerpo no es mío para disponer de el –mencionó repentinamente triste.

-No comprendo…

-No es necesario que lo haga. Prosiga con su lucha, intente hacerme cambiar de opinión, pero le anticipo que no lo conseguirá, aun así, si respeta el trato que hicimos, continuaré permitiéndole lo que acordamos.

-Solo avivarás más la llama de mi deseo –advirtió aun desconcertado por la repentina actitud de Sakura.

-Entonces esperemos que no se consuma en su propio fuego –le sostuvo la mirada con valentía.

-Hmp no, a menos de que ardamos los dos –parecía que volvería a besarla.

Se aproximó hasta su boca haciéndola cerrar los ojos esperando aquella caricia, pero el beso jamás llego, en su lugar las palabras vanidosas del azabache retumbaron en sus oídos.

-No seas tan ansiosa, ya tendremos tiempo de eso y más –rio acariciando su mejilla cuando sus jades viraron por la vergüenza- andando, se hace tarde para nuestra salida –cogió su mano dirigiéndola con cuidado.

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Nada se escapaba a su apreciativa mirada, desde aquel balcón en donde fue colocado para esperar pacientemente al emperador de Suna, podía evaluarse la ciudad entera, él ya sabía que era enorme, pero presenciar tal paisaje desde aquella posición era algo irreal.

No comprendía mucho aquella invitación que el mismísimo General Sabaku No Kankuro le había hecho en persona, y menos, porque según le dijo aquel "amigable" hombre, era una orden del soberano de Suna, ¿Qué querría ese opresor de él?, ¿acaso ya sabría de sus planes de reunir información y pretendía amenazarlo?, se puso en guardia. No creía que fuera solo para darle la bienvenida a su Imperio, los lazos de Konohagakure con Suna no eran ni de cerca estrechos.

-Sai Uchiha –escuchó como llegaba aquel majestuoso pelirojo.

Su porte era realmente altivo e intimidante, y su rostro una máscara que ocultaba cualquier señal de emoción, sin duda Gaara era fascinante.

-A sus órdenes, Emperador Sabaku-No –reverenció de inmediato tratando de sonar cortés.

-Oh por favor, dejémonos de cosas superfluas, espero que te estén atendiendo como es debido. Disculpa mi tardanza, asuntos vitales requerían de mi atención –se acercó hasta él apoyándose del pretil y echando una rápida mirada por la cornisa-. Magnifica, ¿cierto? –preguntó presuntuoso refiriéndose a la ciudad.

-Realmente una belleza –concordó ligeramente sonriente-. No se preocupe, ciertamente me han dado trato de Rey.

-Por supuesto, así fue dispuesto. En fin, Sai, me enteré que llevas unos días por aquí, dime, ¿qué te trae tan lejos de tu anhelada Konohagakure? –cuestionó interesado.

-Me gusta viajar, he estado por muchas de las tierras ya conocidas por el hombre, pero mi favorita sin duda es Suna, era de suma importancia para mí recorrer nuevamente sus calles y avivar los viejos recuerdos que tenía de esta majestuosa metrópoli.

-Ya veo, me alegra que nos honres con tu presencia. Por cierto, ¿Qué tal la familia, Itachi y Sasuke siguen tan llenos de vida como siempre?

-Están de lo mejor, gracias al favor de los Dioses.

-Ya lo creo. Sai, sé que no todos tienen una buena impresión de mi, la mayoría piensa que soy un gobernante algo…como decirlo…malévolo –completó serio-. Pero en mi defensa, yo creo que solo soy decidido, no titubeo cuando de tomar decisiones se trata.

-En lo personal creo que es una buena cualidad –sonrió falsamente.

-Yo igual, me gusta que nos entendamos Sai –colocó su palma en el hombro del pelinegro.

-Claro que los gobiernos que ha derrocado lo ven como un despiadado –aportó con tranquilidad.

-Bueno, no me enorgullece ese título, pero a veces es necesario llevar un poco de orden a donde solo existe el caos, ¿me explico?. Esos pueblos no eran más que grupos de bárbaros que saqueaban las ciudades, violando mujeres y matando niños –argumentó sereno, no pareció exaltarse ante la acusación de Sai.

-Eso es lo que usted dice.

-Eso es lo que es –cerró el tema con una mirada sutil de advertencia-. Pero basta ya de preámbulos, quiero pasar directamente al motivo de tu presencia en mi palacio.

-Usted dirá, ¿en qué puedo servirle? –agudizó su oído para recibir aquellas palabras que presentía no serían nada buenas.

-Quiero que seas el primero en enterarte de uno de mis fervientes intereses –se encontraron ambas miradas, la de Sai mostraba precaución, y la de Gaara diversión-. Estoy planeando hacer un viaje a las tierras de tus primos –soltó explorando su reacción.

-¿Con qué fin? –articuló curioso.

Itachi podía tolerar la presencia de Gaara, no por nada era un Emperador excelente, sabía contenerse y actuar de forma madura, pero Sasuke, él intentaría atravesar con su espada al pelirojo apenas lo viera.

-Son tiempos difíciles, para poder superarlos hay que ayudarnos entre todos, es decir, entre más nos enfoquemos en la búsqueda de crear acuerdos de paz, viviremos más tranquilos y podremos hacer progresar a nuestros imperios rápidamente –explicó formal.

-Lo que está queriendo decir es que… ¿desea crear una alianza con Konohagakure? –preguntó incrédulo.

-No solo con Konohagakure, crear buenas relaciones con Itachi será solo el principio.

-Con todo respeto Emperador, no creo que mis primos se fíen de sus intenciones, nunca antes ellos y usted han tenido tales ideales, ¿Por qué cree que aceptarían un acuerdo de paz ahora?

-Siempre he querido acercarme a ustedes, pero temía que no creyeran en mi buena fe.

-¿Y qué ha pasado ahora para que piense que esta vez sí confiaran?

-No sé si te diste cuenta de una visita inesperada que se presentó en mi palacio.

Durante lo largo de la conversación no perdió su mismo tono amable y hospitalario, su plan era infalible, estaba confiado en que lograría envolver a Sai, y al hacerlo, él le daría la ayuda que necesitaba para llegar hasta los Uchiha.

-¿Habla del subordinado de Orochimaru? –se sorprendió un poco, Gaara parecía honesto en sus pretensiones.

-El mismo, ese tal…mn…Kabuto, si, algo así, el nombre no es lo importante, sino el mensaje que su escurridiza lengua transportaba…

-¿Puedo preguntar que quería?

-Por supuesto, después de todo, lo que él sugería involucraba directamente a tu familia –comenzó a simular preocupación-. Sai, ese hombre me planteó una muy baja proposición, él pretendía que yo, escucha esto –se acercó más a él atrayéndolo por los hombros-, me aliara a su señor Orochimaru, para nada más y nada menos que…derrocar a tus primos y apoderarnos de Konohagakure –reveló observando la reacción de aturdimiento que se generó en Sai- por supuesto que yo me negué, pero por lo que sé, la hija de ese traidor está comprometida con Itachi, ¿no es así?

-Si… -mencionó todavía bastante afectado.

-Lo que me hace pensar que no cesará en sus planes para deshacerse de Itachi, incluso de Sasuke, ayudado de sus hijas.

-No –negó angustiado, debía regresar cuanto antes y advertirles- tengo que impedir que eso suceda.

-Lo sé, es por eso que quise informarte cuanto antes, ahora que sabes que no tengo nada contra tu familia, al contrario, pretendo ayudarlos, espero que me des un voto de confianza. Propongo que partamos a Konohagakure cuanto antes, esta misma tarde si es preciso, no podemos dejar que las ambiciones de ese hombre ruin y sin honor, acaben con todo un Imperio, solo por la avaricia de poseer lo que no le pertenece…¿Qué decides Sai, aceptas mi ofrecimiento para salvar a tu familia?

-Emperador Gaara, ante esto que me ha revelado, no puedo sino más que agradecerle, por supuesto que aceptaré encantado la ayuda que pueda proporcionarme, y le aseguro que mis primos se sentirán en deuda con usted, así como me siento yo en este momento –reconoció con gratitud.

Lo sabía, aquel animal rastrero de Orochimaru tramaba algo, solo que nunca imaginó lo grave que sería, el muy avaricioso pretendía despojar a su familia de su reino, además de seguramente extinguir sus vidas. Nunca esperó encontrar un aliado en Gaara, pero presentía que era sincero, si anhelara destruir a sus primos ya lo habría hecho, hubiera aprovechado aquella oportunidad de aliarse a Orochimaru y juntos convertirse en potencias imparables, pero prefirió ayudarlos, eso hablaba muy bien de él.

-Me alegra que seas un hombre inteligente Sai, que veas más allá de los desacuerdos que anteriormente han existido entre nosotros. Debemos movilizarnos cuanto antes, estamos a casi cinco semanas por mar de Konohagakure, cada segundo es vital –lo vio asentir en aprobación.

**Pronto obtendré lo que deseo, la triada oráculo estará bajo mi poder y al fin podré apoderarme de todo**, pensó malicioso.

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-¿Entonces…estas segura?

-Sí –respondió reservada.

Escucharon como alguien llamaba a la puerta, ambas se miraron con detenimiento, exhalaron al tiempo y luego se brindaron una sonrisa de cariño. La rubia se levantó dirigiéndose a la puerta, era algo tarde, había amanecido desde hacía mucho, pero no quería enfrentarse a Itachi antes de estar segura de lo que haría, y Hinata parecía no ser requerida por Naruto ya que él no la llamaba aun.

Al abrir, su boca lanzó un suspiro de asombro, los ojos perlas de la peliazul se iluminaron con entusiasmo. Se hizo a un lado viendo como entraba con alegría sujetando unos envoltorios, ella se colocó frente a ambas que la contemplaban con devoción.

-Sakura…luces… -expresó Hinata recorriéndola de arriba abajo.

-Pensamos que no podíamos verte, que Sasuke te tenía prohibido acercarte… ¡pero mírate!, Hinata tiene razón, te ves…tan diferente.

-Sasuke insistió en comprarme este vestido, y otros más, pero eso no es lo que importa ahora, ¿acaso no me han extrañado?, ¿no tienen ganas de abrazarme como yo a ustedes? –el llanto corrió rápido por sus mejillas.

Las otras dos reaccionaron después de sus palabras, corrieron hacia ella y la rodearon en un abrazo lleno de espera. La pelirosa soltó los bultos y las apretó de igual manera.

-No puedo creerlo, dime, ¿cómo lo convenciste? –se separó la rubia mirándola alegre.

-Él…eso no importa, lo único que hay que tener en cuenta es que ya no estaremos alejadas –expresó contenta.

No creyó necesario informarles a sus hermanas los términos de aquel trato, solo lograría inquietarlas, era mejor que pensaran que Sasuke era bueno con ella, y no que aún continuaba firme en su propósito de convertirla en su concubina.

-Hermanas, sé que estamos felices por el reencuentro, pero el tiempo apremia, ya tendremos oportunidad de ponernos al día, por ahora lo principal es discutir nuestra misión –mencionó con apuro.

-Sakura, sobre eso… -ambas mujeres se miraron evitando sus ojos jades.

-¿Qué pasa?...

-Hinata y yo estuvimos discutiendo algunos puntos que creo debes escuchar –resaltó grave la mayor.

-¿A qué te refieres Ino?

-A que…hemos decidido…Sakura –tomó sus manos apretándolas con fuerza- no continuaremos con esta misión, Hinata y yo…estamos enamoradas, y queremos vivir nuestras vidas libres de las ataduras del pasado, es decir…la triada oráculo, tiene que dejar de existir…

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Que malditas, ¿verdad?, hahaha, no se crean, supongo que tienen sus razones y su derecho a querer una vida normal.

Hola, tanto tiempo, ojala aun recuerden de que va este fic. Que les pareció el capítulo?, cuéntenme con confianza, harían lo mismo?, pobre Sakura, esperemos que lo tome de la mejor manera. Nuestro Gaara cada vez más cerca de su objetivo.

Bueno, me despido ya, para irme a continuar con las otras historias. Espero que les haya gustado, muchísimas gracias por el apoyo =), les deseo lo mejor, cuídense mucho, un abrazote, y seguimos leyéndonos espero que pronto!