Débil y expuesta
Beatrix abrió los ojos lentamente, ¿en dónde demonios estaba? Revisó su cuerpo, tenía vendajes en casi todo el cuerpo; y por cómo olía esas cosas tenían un bálsamo para quemaduras. Sin contar que por primera vez desde que había llegado a aquel mundo no tenía puesto nada de equipo, ni siquiera su prótesis mecánica; estaba completamente desnuda, algo que no importaba tanto siendo poni pero de todos modos sabía que estaba expuesta. Suspiró sin ganas de nada y se incorporó.
Bajó de la cama y se incorporó con dificultad, era difícil mantenerse en pie sólo con tres patas, no digamos caminar. Pero de todos modos su cuerpo bien entrenado tenía la fuerza suficiente para resistir esa incómoda posición y tratar aunque sea arrastrarse débilmente. ¿Dónde demonios estaba? Una cama, una mesita, todo el cuarto completamente blanco; y equipo médico rudimentario en la esquina.
—Así que estoy en el hospital, ¿por qué no me extraña? Insecto del demonio.
La puerta se abrió y entró la enfermera lista para hacerle unos tests de rutina a la joven pero al verla despierta soltó un suspiro de alivio y le sonrió a Bea.
—Ah, se encuentra bien señorita Beatrix Peace. Cuánto me alegra, espere ahí mientras voy por sus amigas, han estado muy preocupadas por usted; hasta acamparon en la sala de espera.
Y salió corriendo. Bea no dijo nada, sólo siguió arrastrándose hasta una ventana para poder abrirla y que el aire fresco despejara su mente por lo menos, pero era muy difícil con sólo tres patas; hasta que lo logró, ahora tocaba otro pedazo difícil: equilibrarse en dos cascos mientras con el que tenía libre tratar de abrir la maldita ventana. Casi cae de espaldas pero era hábil y pudo mantenerse lo suficiente para alcanzar la manija y abrirla para finalmente volver a equilibrarse en sus tres patas.
—Una excelente demostración de habilidad Bea — dijo la voz de Twilight detrás de ella. — Claro que si aprendieras un poco de magia te hubiera sido mucho más fácil y no te hubieras tenido que levantar de la cama.
Sin voltearse, Bea se rio irónicamente. Sabía lo que venía pero testaruda como ella sola, alargaría lo inevitable lo más posible. Esa estrategia había salvado su vida las tres veces anteriores en que había terminado casi muerta ante una Nivel 25. Y luego de la primera vez las otras eran más fáciles de aceptar, ya no estaba aterrada; sólo asustada pero no al nivel que no pudiera seguir pensando con claridad.
—La salida fácil es para los débiles Sparkle, además un poco de ejercicio nos cae muy bien a todos. Sobre todo después de pasar no sé cuánto tiempo inconsciente en un cuarto de hospital. Y teniendo en cuenta que aún estoy en forma, no habrá sido mucho que digamos.
Finalmente Twilight entró al cuarto acompañada de sus amigas. Bea tronó su cuello y las encaró con una expresión que invitaba al desafío. Twilight la miró con tristeza.
—¿Siempre tienes que estar a la defensiva, Bea?
—Lograron quitarme el equipo militar sin matarme, eso significa que saben cómo funciona; y por tanto para qué sirve. Así que dejémonos de juegos Sparkle ahora sabes que al igual que tú he estudiado magia toda mi vida; pero para saber cómo acabarla. Yo soy Beatrix Peace, comandante en jefe de las fuerzas antimágicas de mi país y he tomado más vidas de las que puedo contar; eso sí, sólo usuarios de magia. No son más que escoria.
Para sorpresa de Bea, Twilight permaneció muy tranquila; sólo se miraba triste por ella, lo mismo que las demás. Nadie intentó objetar, nadie la insultó o le exigió que se retractara. ¿Por qué demonios no?
—¿Terminaste o quieres agregar algo más? — Suspiró Twilight por fin. — No sé qué te haya pasado a ti y a tu gente que les haya llevado al extremo de construir esas monstruosidades que tenías equipadas, pero entiende Bea: ¡este no es tu mundo! No tenías por qué andar con esas armas a todas partes.
—Bien, agregaré algo más — dijo Beatrix avanzando hacia Twilight, pero tropezándose y cayendo; rayos, necesitaba su prótesis. De todos modos no se dejó desanimar por ese revés y se puso en pie. — ¿Por qué no nos dejamos de farsas y me arrestas de una maldita vez? O mejor, ejecútame porque es la única forma de librarse de mí. Mis conocimientos me darán una forma de salir airosa de cuantos hechizos de retención pongan sobre mí y…
Twilight levantó a Bea con su magia y la depositó de regreso en su cama ante la indignada soldado. ¿Qué demonios estaba haciendo? Pero la cosa no paró ahí, Rarity incluso se tomó la molestia de taparla.
—Cariño, no sé qué te haya pasado pero te golpeaste fuerte la cabeza. Relájate, tranquilízate y recupérate, ¿no es mejor así?
Bea rechinó los dientes.
—Ni se atrevan a ser condescendientes conmigo, tampoco el ser amables servirá para que confíe en ustedes y…
—Bea, lo único que hiciste de ilegal fue andar armada en Equestria — le explicó Twilight. — Y lo más que te podría hacer sería multarte. Fuera de eso, no hiciste nada malo Bea. Ahora lo que no entiendo es por qué no puedes ser abierta con tus amigas.
—Porque no son mis amigas — fue la cortante respuesta de Bea. — Al menos tú y Belle no tienen nada que ver conmigo.
Rarity suspiró con tristeza mientras negaba con la cabeza, mientras que las demás miraban con tristeza a Bea.
—¿Sólo porque usan magia? — Preguntó Applejack. — Escucha Bea, la magia es parte de ellas y eso no las convierte en seres malvados.
—Tal vez no sean malos, Applejack, pero de todos modos no tienes idea de lo que viví. El tener un solo amigo que use magia es traicionar a mi gente y todo lo que creo. Una vez cometí esa estupidez y ahora estoy pagando las consecuencias. Ustedes tal vez puedan confiar en la magia, yo no. Me fío más de una máquina sin corazón que de los usuarios de magia.
—¿Te das cuenta que ahora tú también eres usuaria de magia? — Le preguntó Rainbow Dash.
—Y no hay día en que no lo lamente, Dash; sigo pensando que es una maldita broma de los espíritus del cielo — dijo Bea como si nada. — Por eso me niego a usar mi magia, estoy infectada pero no significa que deba cambiar de bando así como así.
—Si te niegas a usarla tu magia se descontrolará y se disparará espontáneamente sin que puedas hacer nada al respecto — dijo Rarity.
—Lo sé, un problema que no tenía que considerar antes que tenía mis escudos, cuya frecuencia electromagnética bloqueaba tanto su magia como la mía propia. Ahora lo que necesito es buscar una forma de anular mis poderes para siempre y… ¿y por qué me molesto en decirles esto?
Todas la miraron con pena, para ellas no era más que una pobre chica que había pasado por mucho y por lo tanto, estaba "rota". Pero nada más, ni una amenaza ni nada que se acercara a eso; de hecho sólo tenían una última cuestión antes de irse:
—Bueno, pronto los doctores te traerán una prótesis nueva, tal vez no sea tan novedosa como la que perdiste pero de algo servirá. Y en cuanto te recuperes la Princesa Celestia quiere hablar contigo sobre tu encuentro cercano con los changelling. Quiere saber por qué terminaste en ese estado.
Bea levantó la cabeza.
—¿Así se llaman esos insectos con esteroides?
—¿Esteroides? — Preguntó Rainbow. — ¿De esos que usan los atletas cuando quieren hacer trampa?
—No es para tomárselo literal, Rainbo Dash — dijo Bea. — Así que changellings, ¿cómo supieron qué fue lo que me atacó?
—La firma mágica que dejaron en tu cuerpo y tu equipo es inconfundible — dijo Twilight. — Pero ya nos darás los detalles, de momento queremos que te recuperes Bea. Por mucho que lo niegues, tú eres nuestra amiga y queremos verte bien.
Entonces el pequeño Spike entró al cuarto de la ingeniera entregándole su Tablet.
—Toma, pudimos salvar esto. Lástima que solamente y…
Bea tomó su Tablet y sonrió, por lo menos no todo estaba perdido.
—Spike amigo, acabas de resolver la mitad de mis problemas. Si tengo mi Tablet conmigo no tendré que empezar de cero. Tal vez sea un poco más difícil construir sin los brazos mecánicos de mi equipo militar pero no es imposible. Si no estoy en problemas deberé ponerme en marcha, y ya que estamos en estas, ¿cuánto tiempo quedé fuera de combate y en qué terminó lo de Cloudsdale?
—No más de tres días, y la noticia que fuiste atacada por changellings ya fue difundida por toda Equestria — dijo Rainbow Dash. — Así que no te preocupes, nadie está molesto contigo ni nada, hasta te encargan que te recuperes.
—Bien gracias, es reconfortante saber eso — dijo Beatrix ya relajándose. — En fin.
—Bien, te dejaremos descansar — dijo Fluttershy dulcemente mientras todos se retiraban.
Bea suspiró, estaba débil y expuesta; le urgía ya fuera fumar un cigarro o construir algo; y al estar en un hospital ni una ni otra eran una opción. Eso por un lado, por otro no confiaba en la palabra de la nivel 25 morada, ¿por qué debería? De acuerdo, los que la atacaron no eran ponis y estaba casi segura de que la razón por la que la atacaron era porque la necesitaban para atacar a los ponis, pura intuición de una veterana de guerra.
Pero eso no significaba que confiaba en los unicornios y mucho menos en los alicornios. Aunque de todos modos iría a la audiencia, desde que había llegado no estaba en posición de oponerse a la voluntad de un nivel 25; y ahora que no le quedaban armas mucho menos. Pero si intentaban algún movimiento en falso contra ella, ya verían; no se iría sin llevarse a un par con ella primero, ya que como todo soldado antimágico tenía implantada una bomba muy poderosa en su corazón y bastaba con activar el código para irse al infierno con todos los que fuera posible.
Sonrió de satisfacción, la idea de la muerte era incómoda pero no aterradora, por algo ella era una veterana militar. Entonces la enfermera entró con una armazón de plástico color vino tinto que curiosamente coincidía con su pelaje.
—Bueno señorita Peace, le traigo su nueva prótesis. Fue toda una sorpresa cuando descubrimos que necesitaba una, ¿sabe? La que tenía antes veía muy realista. Bueno, esta no es tan bonita como la otra pero la ayudará a caminar y eso es una ventaja. ¿Le agrada?
Bea examinó la pieza que ahora la ayudaría a caminar, a diferencia de la que tenía antes no podía ocultar que era una prótesis; pero ya qué, no le importó gran cosa ese detalle. En lo que no pudo evitar fijarse era la bella armazón de metal que se encontraba bajo el plástico. Era perfecta, una pieza genial y funcional diseñada para devolverle algo de movilidad y aunque no podría caminar bien del todo le ayudaría mucho.
—Si necesita algo más avíseme.
—De hecho, ¿podría traerme… — Bea sacó su Tablet, — una caja de herramientas que incluya destornilladores de relojero, un soplete, cables de cobre, espejos y…?
—Señorita Peace, ¿qué piensa construir en este hospital? ¿No cree que antes de volver a su negocio debería de acostumbrarse a su nueva prótesis?
Bea le mostró el diseño de la Tablet a la enfermera, que no pudo sino soltar un gemido de sorpresa.
—Increíble… realmente puede lograr que esta pieza ortopédica… ¿motorizar una prótesis? ¿Se da cuenta de lo avanzado de lo que hará?
—¿Qué no estuvo cuando me quitaron la anterior? De hecho era del mismo modelo que tengo en la Tablet. La tecnología poni es limitada y no será igual de funcional que la otra; pero podré caminar normalmente, claro que con un poco de cojera pero ya qué.
—Señorita Beatrix su invento podría cambiar muchas vidas — dijo la enfermera. — ¿No ha considerado que la industria hospitalaria podría darle un gran uso a su invento?
—No es mi invento, y de todos modos no creo que puedan lograrlo. Yo ya tengo el implante nervioso que logra conectar la prótesis con mi cerebro, pero no el resto de pacientes. Es un proceso delicado que…
—Contamos con neurocirujanos y gente muy competente en el área, señorita Beatrix Peace. Comprenda que necesitamos de su maquinaria, en verdad que sí. Cambiaría muchas vidas para mejor.
Bea hubiera sonreído pero a estas alturas no se confiaba demasiado, los Nivel 25 no eran de fiar, no importaba cuánto la morada asegurara que no la arrestaría. El insecto con esteroides se lo había probado, no podía bajar la guardia ni siquiera en este mundo de colores; aunque si su teoría era cierta y tenía la suficiente suerte como para que la morada estuviera diciendo la verdad, entonces tendría que aguantarse el asco y cooperar con el Nivel 25. Qué lata, no importaba cómo lo mirara, el futuro parecía un asco para ella.
—¿Entonces me traerá lo que le pido, señorita? — Preguntó Bea volviendo a la realidad.
—¡En seguida! ¿Y le molesto si traigo también al ortopedista? Estoy segura que estará más que interesado en hablar de negocios o por lo menos llegar a un acuerdo.
—¿Qué raza de poni es?
—Pegaso.
—Bien, tráigalo.
Y así al final de una larga jornada de nueve horas, Beatrix Peace tenía de nuevo una prótesis mecánica; se hubiera tardado menos de una hora de tener su equipo pero ni modo, tenía que acostumbrarse. Durante el proceso charló bastante con el ortopedista, un pobre ex deportista extremo que por desafiar a la muerte en sus acrobacias perdió un ala y ahora tenía que vivir en tierra para siempre; pero en lugar que eso lo detuviera, lo inspiró para su nueva carrera. Gente así daba mucho gusto conocer, vaya que sí.
Al día siguiente le dieron de alta del hospital. A las amigas les pareció muy raro que alguien se recuperara tan pronto de una herida así, más que ahora tenía que acostumbrarse a una nueva prótesis la cual no era mecánica como la anterior. Entonces Bea salió con el nuevo aparato, dejando a todas sin palabras. Claro, cojeaba un poco al no tener sensibilidad en esa pata pero eso no se diferenciaba de la prótesis anterior.
—¿Tan pronto de vuelta al negocio? — La felicitó Applejack. — A ti nada te detiene Bea.
—Como demonios sea, no me gusta que me dejen esperando señoritas. Si no les molesta, quisiera ir a mi juicio final de una vez por todas. Honestamente esta molestia de estar dudando sobre mi futuro me tiene harta.
—Bea, no te sucederá nada, no tienes por qué estar a la defensiva — le dijo Twilight aun dolida porque Beatrix no aprendía a confiar en ella.
—Es la palabra de una Nivel 25 contra alguien que ahora suma cuatro encuentros cercanos a la muerte gracias a los de tu clase. No ayuda mucho a tu caso.
Nadie siguió insistiendo, por lo visto ahora que no tenía nada que ocultar Bea dejó de mostrarse tímida y mostraba ya su verdadero yo: desafiante hasta el final. Pero al igual que la última vez más pensaban que necesitaba un psiquiatra en lugar de una cárcel.
—Como sea, la Princesa Celestia te espera, partimos a Canterlot de inmediato, el próximo tren parte en quince minutos.
Bea sacó su Tablet y activó un comando. Al poco tiempo su moto llegó rápidamente, a la cual Beatrix saltó con agilidad (gracias a su nueva prótesis no había mayor problema).
—Yo viajo a mi modo niñas, no se preocupen por mí.
Entonces salió disparada a toda velocidad hacia la capital. Eso sí, se detuvo primero en el Palacio de Twilight en donde fue a su habitación por unos bits, y luego pasó a la tienda de gafas más cercana a comprar unas especiales de aviación (entiéndase pegasos que les gustaba ir a gran velocidad) para proteger sus ojos cuando iba en su moto.
De reojo vio cómo las seis ponis entraban al tren, por lo que se puso en marcha. Gracias a su motocicleta, podía llegar a la capital en aproximadamente 7 minutos, mientras que el tren se tardaba hasta treinta; por lo que no tuvo mayor problema en aterrizar cerca de una cafetería y comer algo mientras mataba el tiempo. Finalmente se movió hacia el Palacio, a donde las amigas acababan de llegar.
—¡Bea! ¿Dónde estabas? — La regañó Twilight. — Por un minuto pensé que habías huido.
—Digamos que me dio tiempo de ir a comer algo para matar el tiempo — dijo Bea poniéndose en marcha detrás de las amigas. Podría huir, pero eso significaba exponerse otra vez a los insectos y de paso ganarse la enemistad de las Princesas poni; y de por sí una Nivel 25 que estuviera en su contra era lo suficientemente malo.
Sacó un cigarro, el primero que fumaba desde su encuentro cercano a la muerte, y le supo a gloria. Se iría al otro mundo con una sonrisa.
Las demás tosieron del disgusto, pero decidieron no quejarse ya que su amiga tenía mucho en la cabeza y tolerarle una vieja costumbre podría ayudarla a sentirse mejor, por muy desagradable que fuera esta costumbre claro.
—Y por cierto — dijo Rainbow Dash para hacer conversación mientras entraban a la sala principal, donde Celestia y Luna ya esperaban tomando el té. — ¿Cómo es que tu aparato se mueve por el aire a tal velocidad? No entiendo, pero es genial.
Bea se encogió de hombros.
—Porque hace exactamente lo mismo que tus amadas Princesas, pero yo le agrego una turbina de gran potencia. Por eso.
Celestia llegó a escuchar el último comentario y soltó una risita.
—Es bueno ver que te has recuperado Beatrix Peace, tanto que tienes mucho sentido del humor. Un aparato de tecnología que hace lo mismo que yo, ¿me estás diciendo que tu gente desarrolló un sistema que puede levantar el sol?
—Nunca lo hemos usado con tales fines, pero sí tenemos un dispositivo que puede fastidiar la gravedad a voluntad.
Celestia y Luna, que precisamente estaban dándole un sorbo a su té mientras Bea hablaba, casi se ahogan de la impresión. Finalmente Celestia se recuperó:
—¿Cómo sabes lo de la gravedad? ¡En serio ningún pequeño poni debería saber cómo funcionan mis podres! ¿Cómo sabes?
Bea soltó una nube de humo y desafiante como ella sola, se arregló las gafas. En sus ojos tenía un brillo de desafío bastante clara.
—Porque conozco todas y cada una de las clasificaciones de tipo de poder mágico, así como una escala para medirlo. La magia tipo gravitacional es bastante extraña, pero existe, eso sí: es un gen recesivo y hay una probabilidad entre mil que alguien nazca con este tipo de domino de poder mágico. Eso sí, todos los que la poseen están relacionados a algún nivel u otro; por lo que al tomar la muestra de ADN de su hermana y descubrir el gene, entendí perfectamente el juego de mover los astros.
Las dos Princesas intercambiaron una mirada incómoda. Se notaba que Beatrix se había decidido a provocarlas hasta el final, tenía agallas pero no pensaba bien las cosas. Por su parte Beatrix Peace comenzó a pasear por el salón ante la mirada tanto de Princesas como de Mane 6 como de guardias. Ella sacó otro puro y lo encendió.
—Vayamos al grano: ahora saben qué hacía contra la magia, ahora saben que poseo conocimientos de armas increíblemente poderosas y que he tomado más vidas de mágicos de las que puedo contar. ¿Qué harán conmigo? Porque si van a ejecutarme no entiendo por qué simplemente no me dejaron morir cuando estuve en el hospital, ¿o esta es su idea de una broma cruel?
Luna suspiró:
—Beatrix Peace: a nuestro modo de ver las cosas lo que a ti te urge es un psiquiatra, pero no ejecutamos a nadie. Nadie tiene derecho a decidir sobre la vida de otras personas.
Bea le dio una nueva calada a su cigarro, haciendo que Luna apareciera un abanico para quitarse de encima el horrible olor. Sin más, le quitó el tubito de la boca a Bea con su magia y lo aplastó.
—En serio que el horrible olor ya me tiene mareada. Para ahora mismo, de por sí tú apestas a humo.
Bea se encogió de hombros. Pensaba tomar otro cigarro para seguir desafiando hasta el final pero de todos modos se lo pensó mejor:
—Bien, si no estamos aquí para que yo sea ejecutada, ¿entonces qué quieren de mí?
—Prácticamente necesitamos que nos informes sobre lo ocurrido con los changelling — dijo Celestia con calma. — Y en cuanto a ti, te urge terapia; ordenaré que se te asigne un tratamiento psicológico por alguien competente, esta paranoia que te hace ir armada a todas partes y desafiar a la magia es algo que eventualmente será perjudicial para ti.
—¿No van a matarme o a encerrarme al menos? — Dijo Bea.
Luna negó con la cabeza.
—Spike nos enseñó a usar tu aparatito plano, Tablet creo que lo llamas. Sabemos gracias a eso que si te encerramos tienes en tu cuerpo una bomba que es capaz de acabar no sólo con tu vida sino también la de muchos inocentes. También a juzgar por el contenido de tus libros, la descripción de tus armas y ciertas notas sobre el conflicto del mundo del que vienes, no podemos culparte tampoco que seas como eres. Pero no has demostrado ser una amenaza para nadie, salvo por tu forma de ser tan grosera con los de tu propia raza poni, te has dedicado a mejorar la calidad de vida de los ponis; eso no tiene nada de malo.
—Lo que tu Cutie Mark simboliza es que lo que tú haces es construir, no destruir — dijo Celestia. — Ahora bien: aunque no toleraremos agresiones en el territorio de Equestria, también has demostrado que sólo actúas bajo provocación. No creas que no me he enterado lo que pasó con los enviados de los Electricity en varias ocasiones, pero te lo dejé pasar porque se lo buscaron.
Bea pensó en la suerte que tenía. Al ser atacada por puros terrestres se limitó a electrocutarlos para quitárselos de encima; pero de haber mandado unicornios contra ella… tal vez Celestia no sería tan benévola contra ella. De todos modos no se confiaba.
—Pero lo que nos preocupa en estos instantes es lo que concierne a los changelling — retomó Luna. — Beatrix Peace, ¿qué quieren contigo?
Bea se tronó el cuello, era la hora de la verdad.
—Al igual que las fuerzas de ustedes, las fuerzas del insecto gigante se fijaron en lo que le hice a ese grupito de matones de segunda que esos cobardes mandaron contra mí. Cuando reaccioné, mandaron una expedición de tres contra mí, a los que despaché rápido pero uno se me escapó.
Twilight tragó saliva.
—¿A qué te refieres conque los despachaste, Bea?
—Me refiero a que los maté, los hice cenizas con mi vaporizador — explicó Bea para el horror de todas las presentes. — Me iban a capturar, era una cuestión de vida o muerte. De todos modos al matar al primero los otros dos se aterrorizaron, cosa que no entiendo porque si no están dispuestos a perder sus vidas, ¿por qué son soldados?
Luna, todavía horrorizada por lo que escuchaba, cuestionó a Bea:
—¿Me estás diciendo que los soldados deben estar dispuestos a morir en combate?
—Ajá — dijo Bea. — Y llevarse con ellos a todos los que puedan. Eso he hecho yo incontables veces, ¿nadie se ha preguntado de casualidad cómo perdí mi brazo? Estaba dispuesta a morir, pero a la vez a luchar hasta el final. Y aunque no salí ilesa, mi meta de llevarme a ese tipo conmigo me permitió salir con vida y de paso acabar con él. ¿O era ella? Los soldados Sin-Rostro siempre me confunden.
Se hizo un silencio incómodo en el que Bea se preparó para lo peor.
—Así que te atreviste a matar a sus hijos, claro — dijo Celestia al cabo de unos momentos. — Spike tuvo la bondad de explicarnos tu escala de poder, y si tus equipos aseguraban que te protegerían de todo menos magia de Nivel 25 eso quería decir que te enfrentaste a Chrsyalis, ¿pero por qué ella te atacaría en persona? Bien, ahora está claro.
—¿Te das cuenta en el lío en el que estás, Beatrix Peace? — Preguntó Luna.
—¿Ahora sí me ejecutarán? — Dijo Bea.
—No, pero tendremos que hacer algo y tú nos vas a ayudar — declaró la Princesa del Sol. — En circunstancias normales te entregaríamos a Chrysalis para que ella aplique justicia sobre ti, pero teniendo en cuenta lo que tienes en tu cabeza y las armas del demonio que sabes construir; si hago eso me costará muy caro. O bien podemos entregarte, pero tú usarías tu método kamikaze y nuestro conflicto con los changelling se convertiría en una verdadera guerra.
—Esto es estúpido — dijo Bea. — ¿Se dan cuenta que no hay salida alguna a esto, no? De haberme dejado capturar ellos usarían mis conocimientos en contra suya o se desataría la guerra que dicen ustedes dos. Pero imaginemos otro escenario: bien pude haberme limitado a incapacitar, pero eso significaba que los changelling seguirían intentando con cada vez mayor intensidad. El que matara a esos scouts sólo hizo que las cosas se aceleraran porque el resultado era inevitable.
Luna asintió.
—Tia, ella tiene razón — dijo ella horrorizada de lo que estaba a punto de decir. — El único escenario en el que hubiéramos salido bien librados de esto era que Beatrix Peace los hubiera matado a todos.
Celestia sintió un escalofrío pero no había de otra, era un asunto sin salida y tal como dijo Bea, el tomar una vida sólo aceleró el proceso natural de las cosas.
—Así que no me culpen por lo que ocurrió, me atacaron y yo reaccioné a como estoy entrenada.
Otro silencio incómodo, pero más corto que el anterior.
—Bien Beatrix Peace, aunque no fue enteramente tu culpa, estamos en una situación en la que necesitamos estar más alertas que nunca. Necesitamos ocultarte…
—Olvídenlo, tengo muchas cosas que construir — dijo Bea desafiante. — Además eso es lo que los cobardes changelling esperan, que me separen de todos. Lo mejor es permanecer en público.
—Bien, pónganle una escolta — ordenó Luna. — Si algún changellin se acerca…
—¿Y cómo lo sabremos, Princesa Luna? — Preguntó uno de los soldados inclinándose. — Recuerde los poderes de camuflaje de los changelling.
Bea levantó un casco.
—Gafas N-76. Odio compartir mi conocimiento bélico con ustedes pero no hay más remedio, esas cosas están diseñadas para bloquear la magia tipo ilusoria. Si se me proporcionan los materiales, la ayuda y la promesa que no se usarán en unicornios, puedo empezar ya mismo.
—¿Sigues con lo mismo?¡Tú eres un unicornio Bea! — Se quejó Rarity.
Bea se encogió de hombros.
—No es sólo porque los deteste. Piensa bien Rarity Belle: cuando removieron mi equipo observaron que reaccionó negativamente a la magia, prácticamente si usas la magia en mis equipos lo que se logrará será activar la secuencia de autodestrucción. Un unicornio, por lo que he observado, depende demasiado de su magia por lo que cualquiera puede distraerse y usar la magia con las N-76 lo cual acabaría en tragedia.
—Buen punto — dijo Luna. — En ese caso haremos lo necesario y se te asignará una escolta en todo momento con instrucciones específicas de protegerte tanto de los changelling como los torpes de los Electricity, que prácticamente por culpa suya inició este embrollo.
—No la defiendas Luna — pidió Celestia.
—No lo hago, me limito a señalar que ellos fueron el factor que lo inició todo.
Nadie dijo nada, sólo asintieron. Bea entonces caminó hacia la puerta de salida ya más calmada.
—Y otra cosa Beatrix Peace — dijo Celestia. — La Corona te obliga a buscar un tratamiento psiquiátrico por el tiempo que sea necesario; pero como sabemos de tu situación económica igualmente cubriremos quince sesiones. Y también como pago por tus servicios de construcción hacia nosotras, te asignaremos una pequeña casa. Imagino que el vivir bajo el mismo techo de alguien a quien clasificas como Nivel 25 ha de tenerte incómoda.
Bea asintió despacio, bueno, no eran en lo absoluto malas noticias. Aunque estar vigilada le preocupaba un poco, ya que había decidido que la única forma de acabar con el maldito problema era acabar con los changelling. Cooperaría y todo, pero sólo mientras se ganaba su confianza y podía construir su maquinaria de la muerte. No era tan inteligente como su hermano mayor o su cuñada como para inventar un arma de alto poder; pero sí podía construir las ya creadas y darles mantenimiento. Con esa ventaja, la próxima vez que se enfrentara a Chrysalis estaría lista.
—Estar débil y expuesta te hace tomar medidas desesperadas, aliarme con estas dos, maldita sea.
¡Chicos! Jóvenes y jóvenas, fanes y fanas, lamento mucho el retraso pero quería concentrarme primero en terminar la última etapa del fic de Spike antes de centrarme en este otro. Con un giro de guerra, Beatrix Peace estará dispuesta a acabar con sus enemigos. Espero que les haya gustado y como siempre:
Chao; nos leemos!
(Y trataré de ir al día con mis updates semanales, hoy al ser una ocasión especial de revivir el fic me permití publicarlo fuera de temporada)
