¡Estoy de vuelta!

Sí, sí, ya sé que está muy corto. Pero elijan: ¿más largos, y duro meses en actualizar, o cortitos pero actualizo más seguido?

Pero bueno, éste capítulo es un poco más... interesante que los demás, creo.

Ahora sí, a leer:


Disclaimer. Personajes y demás pertenecen a ChiNoMiko y Beemov.


Capítulo ocho.

—Entonces, como pueden ver en el cuadro que acabamos de hacer, las mujeres tienen tres posibilidades: enfermas, portadoras o sanas. En el caso de los hombres, es más limitado: enfermos o sanos.

Y sí, estaba en clase de biología.

La verdad era que prefería cosas más prácticas, como química o física, pero genética no estaba nada mal. Al menos no era un libro entero de teoría y nombres extraños, sino puras probabilidades. Lo cual me gustaba… Pero no podía concentrarme.

A mi lado, Violeta, me miraba con una sonrisilla. Ya había visto la bolsita con el libro en mi bolso, y estaba esperando pacientemente a que me decidiera a dárselo a Nathaniel. Y sí, había tenido suerte en no encontrármelo todavía. Porque, si lo veía, era capaz de tirarle el libro en la cara y salir corriendo.

Aunque prefería dejarle el obsequio en la sala de delegados, con un letrerito donde se lea «Para Nathaniel» y que él solo se enfrentara a mi vergonzosa carta. Pero me daba miedo que Melody entrara y por pura "casualidad" botara el libro y quemara la carta. O cualquier otra persona.

No sabía dónde dejárselo, y tampoco quería dárselo frente a frente.

—Podríamos decirle a Iris que se cole en la sala y lo deje donde Nathaniel pone sus cosas.

— ¿Cómo Iris sabe siquiera donde pone sus cosas?—inquirí, frunciendo el ceño— ¿Tan bien lo conoce?

—No—soltó una risita. El profesor nos miró con severidad, por lo que ambas volvimos a nuestros libros sólo por un momento—. Pero, te aseguro que será menos sospechoso que si tú te colas.

—Touché.

Al final, decidimos que involucraríamos a Iris también. No quería arriesgarme, en serio, y quería arreglar las cosas con él. Iris estaba en clase de química, con Ken, por lo que debíamos decirle en el receso. Así que pusimos atención en clase y seguimos las instrucciones para resolver los ejercicios.

El profesor siguió dando algunos ejemplos de genética y de enfermedades hereditarias, por lo que al final de la clase todo se volvió aburrido. Apuntes, apuntes, tarea, apuntes, más tarea y más apuntes. Violeta se distrajo dibujando en su cuaderno mientras yo escribía con dificultad lo que el maestro dictaba.

—Y, también, harán un resumen de su libro de texto de las páginas—un murmullo de descontento llenó la habitación—: 202, 204 y 207. En ese orden, por favor.

Y llegó, como si lo hubieran llamado, Nathaniel. Tocó la puerta y esperó que el profesor le diera permiso para abrir. Lo miré, casi suplicando que volteara a verme, pero no lo hizo. Estaba molesto conmigo, muy molesto. Mi corazón se encogió, a sabiendas de que todo era mi culpa.

—Profesor, la directora me pidió que le llevara a la señorita Natalie.

Pegué un respingo. ¿A mí? ¿Por qué? Volteé a ver a Violeta, y con un mohín le dije que hablara con Iris si no llegaba a tiempo. Me levanté de mi asiento y salí, junto a Nathaniel. Las dagas que me envió Melody no pasaron desapercibidas. Ni para él, ni para mí.

Y comenzamos a caminar hacia la oficina de la directora, lado a lado. En un silencio tan malditamente incómodo y tenso que casi podías cortarlo con un cuchillo e incluso tocarlo con la mano. Era tan incómodo que ambos mirábamos hacia lados opuestos, con tal de no mirar al otro.

¿Tanto había arruinado las cosas?

Llegamos, entonces, al despacho de la directora. Nathaniel abrió la puerta, y cuando creí que la cerraría, me miró. Me miró con sus ojos de miel por primera vez desde que le había gritado, y no parecían molestos ni ariscos. Sino heridos y algo solos. Me sonrió, ahí, frente a la directora.

—Suerte—murmuró, y me dejó entrar.

Mis entrañas se derritieron, y mi corazón se dividió en dos: culpabilidad y ternura. ¿Cómo era posible que pudiera verme de esa manera aún con lo mal que lo había tratado? Pero bueno, lo importante en ese momento no era Nathaniel, sino la directora y lo que quería de mí.

Pero grande fue mi sorpresa al encontrarme a Ken y a Ámber ahí mismo, sentados frente a la directora. Ella me ordenó sentarme, y lo hice justo al lado de Ken. Ámber parecía que, si me le acercaba a un radio de tres kilómetros, me mordería. Y prefería evitar.

—Ya que están todos presentes, me gustaría pedirle disculpas—me dijo la directora. Enarqué una ceja, ¿Qué?—. Ayer la inculpé de un altercado con el que usted no tenía nada que ver, al menos no en el sentido disciplinario, e incluso le obligué a quedarse en la sala de castigos.

—Pero…

—No he terminado—casi me gruñó—. El señor Kentin ayer me contó lo que sucedió, y el delegado principal vino a hablar conmigo antes de que comenzaran las clases—mi respiración se cortó, y Ámber soltó un bufido—. Incluso, la señorita Ámber ha venido a confesar que estuvo… haciendo cosas no tan buenas ayer.

— ¿Y eso significa?

—Que el castigo de ayer no significa nada—miró con severidad a la rubia—. Y para usted, señorita, habrá dos horas de castigo por lo que resta de la semana. Pueden irse.

Recogí mis cosas y me levanté, aún shockeada por la charla con la directora. ¿Me quitaba el castigo? ¿Se había disculpado conmigo? El mundo estaba loco, realmente. Ken caminó a mi lado, con aspecto orgulloso, y me reí. Seguro era porque había logrado salvarme de una buena regañada, pero apreciaba su esfuerzo.

Ámber, en cambio, apenas Ken se alejó de nosotras, me tomó y me pegó contra los casilleros. Tenía una expresión molesta, incluso las venas se le marcaban en su frente. Tuve miedo, lo juro. Pensé que en cualquier momento me golpearía, o mínimo me dejaría calva ahí mismo.

—Que mi hermano esté ciego respecto a ti no significa que yo lo esté—volvió a golpearme contra los casilleros, que retumbaron con fuerza junto con mi caja torácica—. Me ganaste ésta vez, pero no dudes que habrá revancha. Engañaste a la directora utilizando la manipulación, pero tengo contactos mejores y más válidos que los tuyos, espero que te prepares para…

—Ámber, ¿Qué demonios estás haciendo?

Esa era la voz de Castiel Cascarrabias, acompañada del timbre que anunciaba el inicio del receso.

Me sentí aliviada por un momento, pero luego recordé que probablemente él no haría nada para salvarme de esa bruja. Así que aprovechando el ensimismamiento de la bruja con el pelirrojo, me solté de su agarre y salí corriendo. Escuché que soltaba una maldición, pero no corrió para alcanzarme.

Me detuve justo frente a la sala de delegados, donde estaban Violeta e Iris.

Saqué la bolsita, se la di a Iris y ella con una sonrisa entró a la sala. Como si fuera lo más normal del mundo, y tan disimulada que nadie se dio cuenta de que llevaba una bolsa que decía "Lo siento :c" en las manos. Me reí con Violeta ante eso, pero esperamos a que ella saliera.

Melody apareció, doblando por el pasillo, y la sonrisa encantadora que traía se borró al verme.

— ¿Qué hacen aquí?—dijo, intentando sonar amable y alegre.

—Iris—contesté, en el momento justo en que ella salía—, estaba buscando unas cosas sobre su horario. Y ya terminó, así que… ¡Ya nos vamos!

Tomé a las dos de la muñeca y las arrastré a la siguiente clase: Lengua. Nos tocaba juntas, así que todo era más fácil. Le pregunté a Iris dónde dejó la bolsita, y solamente sonrió. No me dio buena espina, pero confiaba en ella, así que lo dejé pasar. Entramos al salón, tomamos nuestros respectivos asientos, y nos volteamos para seguir charlando.

Faltaban pocos minutos para que el receso terminara, y la maestra no había llegado.

Violeta se rió cuando conté lo de la directora, e Iris dijo que Ken era demasiado tierno. Sí, Ken era tierno; se preocupaba por todos e intentaba proteger a sus amigos a su propia manera. Pero jamás sería tan tierno como Nathaniel cuando se trababa y se ponía tan rojo como un tomate. Ante la imagen mental, solté una risita, y ambas voltearon a verme.

—Quien solo se ríe de sus maldades se acuerda—bromeó una chica, pasando a nuestro lado.

— ¿De qué te acordaste?

—De nada que ustedes no hayan visto antes.

Y la profesora llegó.

El resto del día se fue bastante rápido, aunque fue muy aburrido. Incluso una chica se desmayó en el almuerzo, y nadie supo por qué. Melody, que parecía haber superado su etapa de celos, formó equipo conmigo en matemática, cuando teníamos que resolver cinco problemas contra tiempo. ¡Ganamos, por supuesto! Más que todo porque nuestros contrincantes ni siquiera recordaban las tablas de multiplicar, pero fue divertido.

Melody era una chica agradable, y sí, costaba creer que Nathaniel la hubiera rechazado.

—Nat, espera.

Me volteé cuando escuché mi nombre. Iba de salida, ya camino a mi casa. No había manera que alguien pudiera alcanzarme a esas alturas. O quizá sí. Era Nathaniel. Ni siquiera me dio tiempo de contestar, ya que apenas llegó a mi lado me abrazó con fuerza, riendo como loco. Bien, o se había intoxicado… o estaba alucinando.

— ¿Nathaniel?

— ¡Oh!—dijo, como dándose cuenta de lo que había hecho. Me soltó de inmediato, mientras sus mejillas se coloreaban de rosa—. Yo… lo siento…

—No me estaba quejando, ¿s-sabes?—titubeé.

—Es sólo que… pensé que me odiabas—se rió—. Y gracias por el libro.

—Tú deberías odiarme—le sonreí—. Pero agradezco que no lo hagas. Y lo siento, pero no puedo quedarme mucho, así que… Gracias—me acerqué a él y besé su mejilla—, linda tarde, Nathaniel.

Y me fui, dejándolo aturdido a mi espalda.


¿Bonito, no? Me encanta eso de Nathaniel xD da el cariño pero luego se apena todo.

El próximo capítulo tendrá más sabor (?) y las cosas entre Su y Nathaniel comenzarán a avanzar más. Es decir, dejaremos de lado los sonrojos y el tartamudeo para pasar a cosas más serias (if you know what I mean) ok no. Pero la idea es ir dejando más en claro qué pasa entre ellos y por qué andan tan juntos.

Si no actualizo la otra semana, me mataron los exámenes.

¡Besos!